Capítulo 15. Gracias por el apoyo, se hace lo que se puede.


Aún sigo traumatizada por el pobre Erwin, y los capítulos que se avecinan a continuación van a tratar un poco sobre él. Ya lo había pensado antes mientras comenzaba la serie. Pero espero que os guste lo que iré escribiendo en estos días. Un saludo al grupo de fb!


Disclaimer: Shingeki no Kyogin no me pertenece, si lo hiciera, ya haría tiempo que habría canonizado la pareja.


Advertencia: si no te gusta la pareja o eres de mente pura o sensible. No sigas leyendo.

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El polvo que se despedía al cabalgar le molestaba. Sin duda ensuciaría las espuelas de su caballo. Tendría que volver a limpiar las herraduras de su montura al volver. Tierra y piedras acumuladas, algo realmente difícil y arduo de quitar.

Sus ojos grisáceos se posaron sobre el hombre rubio que montaba a su lado. De 500 hombres que habían salido apenas 3 días atrás volvían solo con 18 miembros menos. Todo un récord dadas las últimas estadísticas.

Su comandante llevaba bastante tiempo relajado y con una posición bastante óptima. Los titanes no osaban atacar aquella fortaleza, donde los ciudadanos vivían en paz. Poco a poco dominaban las tierras de alrededor de los muros.

Quizás con el tiempo consiguieran ampliar sus territorios. Tener más tierras de cultivo no vendría mal para paliar el hambre. Y la población podría finalmente crecer. Pobres incrédulos ahogados en sus propias mentiras. En apenas un año serían conscientes de la auténtica realidad. Del futuro que les ampararía hasta el fin de sus vidas.

Su mirada se posó en el gesto del hombre, sonreía con alegría y acariciaba una pequeña caja de terciopelo azul que había sacado de su chaqueta. Sabía perfectamente lo que contenía aquella caja y para quién iba dirigida.

Una mujer de cabellos rubios y alargados que esperaba a su superior con su eterna sonrisa sarcástica. ¿Cuándo se lo pediría? Se preguntaba. Hacía más de dos meses que su compañera había acudido con él a comprar el anillo. No sabía a qué estaba esperando. ¿Una verdadera victoria?

- Matrimonio - pensó para sí.

Dirigió la vista hacia atrás comprobando nuevamente que solo había habido una baja en su equipo. Desvió la mirada hacia la izquierda observando al equipo de investigaciones especiales. Una mujer con una coleta alta y corta señalaba a Moblit, su subordinado, riendo alegremente. Tal vez por algo sucedido en la batalla que en esos momentos le resultaba realmente gracioso.

- Matrimonio - volvió a repetir.

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El cepillo pasó entre sus mechones con dificultad. Conforme iba creciendo iba costando cada vez más desenredarlo.

- Quizás debería volver a cortarlo - observó los cabellos rotos en el peine debido a los enredos - Era más fácil de manejar cuando era más corto y no necesitaba recogerlo.

Su pelo caía gentilmente sobre sus hombros. Una corta melena que apenas cubría su espalda. Hacía poco que había comenzado a volver a usar sus coletas altas. Sin duda era más cómodo para su trabajo, pero cuidar su pelo era un fastidio. No tenía tiempo para eso.

-Yo creo que como mejor le queda el pelo a Hanji-san es algo largo - contestó Petra ayudándola a cepillarlo - Solo tienes que cuidarlo y cepillarlo más a menudo.

Petra volvía a llevar su corta melena que le daba un aspecto más pequeño y femenino. Tenía una figura bastante envidiable. A pesar del uniforme sus pechos y sus caderas se marcaban saludablemente.

Nadie en su sano juicio la confundiría con un hombre. Al contrario que a ella.

- Lo cuidaría más si pudiese pasar más tiempo entre mujeres - parecía frustrada, con resignación. En su equipo solo habían entrado hombres. Cosa que solía dejarla un tanto apática. Casi un año siendo líder de su propio escuadrón y todas las solicitudes de entrada eran de hombres - Petra, aún estás a tiempo de cambiarte a mi escuadrón. Te trataría como una reina. Sustituirás a Moblit y serás mi mano derecha.

- No, gracias. Estoy bien donde estoy - su sonrisa amable mostraba como siempre su clásico rubor.

- Señorita Zoe - interrumpió Nanaba de pronto.

- Nanaba, no hace falta que me llames así. Llámame Hanji, llevas meses siendo mi vigilante, ya es hora que nos tratemos con más confianza.

Era cierto, por designios del juez se le había encomendado un vigilante. Su eterna vigía para asegurarse que no trascendía normas, que cumplía su deber y que no provocaba altercados que pudiesen alterar el tranquilo ritmo de vida de aquellos obsesos ciudadanos que se hacían llamar gobierno.

Debido a su posición no le estaba permitido tener ningún tipo de relación. No obstante, y durante los últimos meses había aprendido como mantener encuentros con su amante sin que ella lo notase.

Aunque, desde su punto de vista, seguramente ya habría notado algunos de esos encuentros, solo que callaba al verse identificada con ella. Como fuera, más que a su vigilante la había llegado a considerar su amiga.

- Hanji, ¿con el pelo largo es difícil combatir? - su pregunta le sorprendió bastante.

- No, no necesariamente. Al menos para mí es más cómodo tener el cabello recogido. ¿Quieres dejarte el pelo largo? - la imaginó por unos momentos con el pelo largo y su visión fue algo parecido a la novia de su comandante.

La sonrisa turbia de Hanji asustó a la chica. Ponía esa misma cara psicótica que hacía cuando observaba a sus presas.

- Dejatelo largo, te quedará bien. Estarás muy sensual - ¿salía sangre de su nariz?

- Vaya Nanaba, no pensaba que quisieras verte más femenina - observó Petra mientras recogía su cabello con unos pasadores - ¿Es por algo en especial? - El rostro de Nanaba se torno rojizo.

- Oi, es cierto Nanaba. Me lo estaba preguntando. ¿Siempre has tenido el pelo tan corto?- A pesar de su aspecto varonil, Nanaba se diferenciaba bastante de Hanji en su comportamiento y su manera educada de hablar.

Sin duda, era mucho más femenina que la chica que portaba gafas a su lado. Independiemente de su aspecto.

- No, tenía una cabellera parecida a la suya al entrar en el batallón de reclutamiento. Pero lo corté al terminar mi entrenamiento - señaló a Hanji que terminaba de recoger su cabello en la coronilla de su cabeza sin mucho cuidado.

-¿Por qué razón lo cortaste? - sus cejas se enarcaron con sorpresa - Si entrenaste con el pelo así ya deberías saber como recogerlo adecuadamente.

- Yo... admiraba a alguien y quise tener un peinado como el suyo - su vista se posó en el suelo y el rubor apareció de nuevo - Aunque creo que esa persona no se ha fijado nunca en mí - jugaba con los cortos mechones de su pelo con la cabeza cabizbaja.

-Tu peinado...- comenzó a decir Hanji con la mirada perdida. Nanaba se sonrojaba pensando en si la habría descubierto - Me recuerda a una cáscara de plátano. Como una banana...¿Banana? Jajajaja Banana, ¡sí! Ese será tu apodo desde ahora...¡Banana!

Nanaba la miraba horrorizada, se había ganado un mote sin querer. Para colmo un mote tan estúpido que fácilmente era confundido con su propio nombre. Al menos sus risas constantes la distraerían de preguntarle nada más embarazoso.

- Hanji-san, no seas cruel. Tu cabello es muy bonito Nanaba, no hace falta que lo cambies. Eres muy guapa tal y como eres - intentaba disimular Petra su risa ante el curioso apodo – Bana... digo Nanaba, si quieres puedes llevar un lazo o una cinta para parecer más femenina.

-¿Una cinta?

- Sí, podemos ponerte una cinta alrededor de tu cabello. Aunque se te caería cuando estés usando el equipo 3-D. Tendrás que quitártela cuando salgas - sacó un pequeño lazo de su neceser y lo anudó en su cabeza.

- Petra, tu eres muy femenina- abrió sus ojos con admiración - ¿tienes novio?- preguntó con cierta timidez.

- No, ah, yo no, no tengo nada de eso. N-no, nunca...- se sonrojó al instante - Ya sabes que esas cosas están prohibidas en el ejército - sin querer miró a Hanji que sonrió con culpabilidad - Aunque si encontrase a alguien para mí, supongo que también obviaría las normas como hacen todos...

- Vaya, ¿qué tipo de hombre te gusta Petra? - Hanji intentó mirar a la pared. Sin duda Nanaba no sabía nada de la situación de la chica. Y preguntaba con completa inocencia.

- Pues... me gustan los chicos fuertes y serios - comenzó a describir- con una mirada seria y la piel clara. Y que tengan la zona de cabello de la nuca más corta y un flequillo caiga hacia los lados. Un porte aristocrático y elegante...- sin querer había descrito a su capitán. Calló instintivamente al darse cuenta.

- Esa descripción me suena...- Hanji y Petra se miraban la una a la otra horrorizadas. Nanaba se daría cuenta - Ya lo recuerdo. ¿No había alguien así en tu escuadrón?

Petra sudaba espantada. No quería decir claramente que quería a su superior. Y mucho menos explicar como había llegado a llevarse tan bien con la persona que más cercanía tenía con el mismo. Un tipo de cercanía que solo podía soñar con que llegase a existir con ella.

- No, no creo que haya nad- intentó cambiar de tema.

- Sí, era uno de los que se incorporó contigo ¿no? Me ha parecido verlo en alguna expedición. Auruo Bossard, ¿te gusta ese chico? - Hanji no pudo evitar contener la risa y Petra hizo una mueca de horror.

Durante unos minutos callaron mientras Petra se reponía pensando en aquel cadete. Lo había conocido durante su período de entrenamiento. Siempre era tan vulgar y creído. Y desde que comenzaron a formar parte del mismo escuadrón, la molestaba continuamente, como un niño pequeño. Y, por desgracia estaba aquella primera misión en la cual los dos... No quería ni recordarlo, un minuto en que ambos sintieron miedo y sirvió eternamente para que el resto de su escuadrón le tomasen el pelo continuamente.

Luego estaba su aspecto, no le desagradaba que fuese más alto que ella y no creía que tuviese un mal fisico. Ciertamente, parecía que imitaba el estilo de su sargento. Pero... ¿ella y ese tío que se mordía la lengua al cabalgar? Inaudito. Nunca, se forzó a pensar.

- ¡No, no! A-Auruo no. Ni hablar. Él es tan idiota que... - se trabó la lengua al hablar – Qu-quiero decir que es un buen soldado, p-pero a veces es realmente insufrible y nunca terminaría con alguien como él. Tendría que estar muy loca para...

- Tranquila lo entiendo, perdona por insinuarlo. Bueno, Hanji y ¿y cual es tu tipo?

-¿Mi tipo? - se detuvo a pensar. Él único hombre por el que ella se había sentido atraída antes que Levi era su comandante - Quizás me gustan los chicos amables y cariñosos.

-¡¿El sargento Rivaille es amable y cariñoso?! - la cara de la chica rubia mostraba auténtico espanto.- No puedo ni imaginármelo. - Hanji reía complacida.

-¿Y tú Nanaba?- sus mejillas tornaron escarlata y se quedó muda de asombro.

-M-m-m-me gustan los hombres sencillos y leales. Con un gran sentido del deber. Y con grandes habilidades de combate - se ocultó la cara tras las manos para no mostrar su sonrojo.

- Ahora que lo pienso, tu peinado me recuerda al del capitán Zakarius...- comentó Petra. Hanji torció el gesto. Era algo de lo que ya se había dado cuenta y había preferido no comentar.

-Terminemos de vestirnos. Aún quedan cosas que hacer antes de la próxima expedición. - cambió de tema súbitamente - Y yo quiero pasar mis días de permiso sin trabajo acumulado. Vamos, ¿mi guardiana?

- Sí, vayámonos – aceptó la sugerencia inmediatamente. Antes de salir vio aquella pequeña cinta, algo que nunca le quedaría bien. La guardó en el bolsillo de su pantalón y la estrechó entre sus dedos.

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Se sentía el repiqueteo de unos dedos sobre la mesa. Sin duda nerviosismo. La reunión estaba siendo demasiado larga. El mismo tipo de estrategias aplicadas a otras zonas. No había nada nuevo.

Pero, era imposible no advertir esa zona abultada en su chaqueta. Una pequeña caja cuadrada. Nadie prestaba atención a sus explicaciones. Los tres cabos miraban atentamente la zona cuadrada confusos.

Una bola de papel le golpeó la cabeza. La alisó y miró hacia Mike que le hacía gestos para que la leyera.

"Fuisteis a comprar el anillo hace tres meses,

¿cuándo se lo va a dar?"

Rivaille miraba desde su esquina con su aparente insensibilidad. Todos estaban algo exasperados. Habían sido testigos de la intención de su superior de querer casarse. Pero no parecía demasiado preocupado, su vida sentimental debía esperar. Antes había otras priorioridades que debía cumplir antes de casarse.

Volvió a arrojar la bola de papel hacia los dos hombres.

"Es más complicado de lo que pensáis,

no puede hacerlo tan fácilmente"

Su mente viajó hacia atrás tres meses. Mientras andaban por las calles de la ciudad entrando en pequeñas joyerías. Un pequeño paquete envuelto en papel gris se había depositado en el bolsillo de su gabardina.

- Entonces, ¿es oficial? ¿Te vas a casar? - preguntaba con cierta curiosidad. Su comandante sonreía satisfecho dando pequeñas palmaditas en el bolsillo a la altura de su cadera - ¿Tendré que llamarla "mamá"a partir de ahora? - repuso con sarcasmo.

- No, bueno. Aún no puedo pedírselo oficialmente. - sonrió con ternura mientras sacudía su cabeza.

- ¿Cómo?- respondió dramáticamente- ¿Entonces para qué hemos ido a comprarlo?

- Quería tenerlo ya en mi poder para cuando sea el momento oportuno.

-¿Y qué momento va a ser ese?- se inclinaba sobre él con cierta malicia.

- Verás, ¿me guardarás un secreto? - Hanji asintió y se acercó a su comandante - Lo cierto es que ya me declaré hace varios años y me rechazó.

- ¿¡Cómo!? ¿¡Has intentado pedirle matrimonio antes!? - sus gritos alteraron a la gente que había a su alrededor. Erwin le puso una mano en la boca y la llevó a un lugar apartado.

- No grites, por favor. No podemos ir alarmando a los civiles con esta situación.- se serenó.- Está bien te lo contaré.

"Helenka es una enfermera de hospital. Por lo que tras cada misión, lo primero que tenía que hacer era dirigirme a su puesto a estimar las bajas o pedir traslado de heridos. Más de una vez hemos tenido que trasladar cadáveres juntos.

Nunca ha sido agradable compartir ese tipo de experiencias con ella. Aunque fue una de las razones por las que llegamos a estar más unidos. A conocernos mejor y a experimentar el trabajo del otro. Supongo que eso ha hecho que nos respetemos más. Tanto su trabajo como el mío pueden resultar muy crueles en estos momentos.

Aquel día, había tomado mi día de permiso y cenamos juntos en su casa. El clima era perfecto. Así que hinqué mi rodilla en el suelo y le pedí la mano.

- No - contestó ella secamente - No me casaré contigo.

-¿C-cómo? - estaba confuso. Pensaba que todos aquellos años de relación habían sido frutíferos. Que realmente había llegado a ahondar en su corazón tanto como ella lo había hecho en el mío.

- Lo que oyes. No eres lo suficientemente hombre para mí. No me das más que trabajo – decía con una mirada penetrante.

-¿Trabajo? Helenka,- la abracé contra mí - si me haces el honor de ser mi esposa juró que haré cuanto esté en mi mano para hacerte feliz.

- He dicho que no.- repitió drásticamente.

Me senté confuso cruzando mis dedos. Ella se sentó enfrente y comenzó a hablar tranquilamente.

- Cada vez que te vas de una de tus expediciones tengo que soportar el horrible clima de no saber si volverás o no. Me niego a ser una joven viuda más de las que ya abundan en la ciudad - agarró la copa de vino que tenía frente a ella - Aparte, en cada expedición aumentan el número de heridos y fallecidos. Y todos llegan a mi hospital de una u otra manera.

- Es complicado hacer a esta sociedad avanzar sin salir fuera de las murallas. Es imposible que no haya bajas.

- No digo que no salgas.- bebió de la copa vaciándola - Cuando seas capaz de volver de una misión sin bajas me casaré contigo. Mientras, me negaré a ser la mujer de un comandante tan incompetente."

Erwin terminó su relato y observó los ojos abiertos de admiración de su vieja amiga.

- Creo que me he enamorado – comentó con la mirada perdida - Si al final no te casas tú con ella lo haré yo. Sin duda es toda una mujer. La admiro. Yo de mayor quiero ser como ella.

- Ya, bueno. A veces es bastante dominante. No me hubiese fijado en ella si fuese como cualquier otra.- miró nostálgico hacia el cielo - Así que así está la situación.

- Sin bajas, ¿eh? - pensó – Eso va a ser realmente complicado.

Su mente volvió al presente. Donde sus compañeros terminaban de recoger mientras Erwin limpiaba la pizarra dónde había estado explicando. Los tres cadetes salieron juntos hacia el comedor mientras Hanji le explicaba la historia.

- Eso va a ser difícil.- comentaba Mike - Cuando menos bajas hemos tenido han superado las 10.

- Cómo sea, ¿dónde está Erwin?

- Se ha quedado solo en la sala repasando sus notas. Si se quiere casar tiene que mantener a todo el cuerpo de recononocimiento vivo, más le vale trabajar duro.

- Puf, comienza a darme pena. Además del estrés de tener que dar la cara ante el juzgado por sus fracasos, tiene que paliarlos para estar con la mujer que ama.- todo resultaba muy complicado. Y sería aún más complicado en cuestión de tiempo. ¿Tan horrible era ser humanos durante al menos cinco minutos?

- Hanji- cambió Mike de tema - ¿qué tal te va en tu vigilancia? ¿Es Nanaba demasiado estricta? ¿Quieres qué hable con ella? Desde que se unió a mi escuadrón siempre ha sido muy seria, la más seria de todos. Más que yo. Tal vez vuestros caracteres choquen, y ella es una fiel seguidora de las normas. Tanto, que me imagino que debe agobiarte por eso.

- No, ella es muy inocente y creo que a veces no se da cuenta de nada - cruzó una mirada con Rivaille - Tampoco creo que quiera decir nada inoportuno. ¿Y a vosotros como os va? Pasar las veinticuatro horas del día con Rivaille debe de ser divertido – escupió con sarcasmo.

- Verás - Mike se atusó el bigote y pasó un brazo por encima de Rivaille que le lanzó una mirada infernal ante aquel contacto - Me paso el día observando como se dedica a limpiar todo el cuartel mientras pone a correr a su tropa durante horas. Es un demonio.

- Nuestros escuadrones entrenan juntos. Así que tú también eres un demonio.

- Pero a mi no me espera una cama caliente y una bonita chica todas las noches - balbuceó señalando a Hanji - A mi me esperan decenas de soldados borrachos y sudados. Creo que voy a vigilarte también cuando vayas a verla, tal como se me ordenó – argulló con rabia.

- Ni se te ocurra - le amenazó.

- No creas que eres el único que espera que pasen rápido los 6 meses de vigilancia.

- No es mi problema que la única compañía que tengas para pasar las noches sean los mocosos de tu escuadrón.

- Eso, es verdad, Mike, hace mucho que no te veo con ninguna mujer- Antes solía verte con algunas chicas o con las cocineras del comedor, pero últimamente no ¿a qué se debe? - Hanji entrecruzó sus manos nerviosamente. Intentar hacer de celestina no era su fuerte. Alzó la vista para comprobar que Nanaba aún continuaba cogiendo su comida junto a Petra.

- Las mujeres del cuartel van todas detrás del enano que me toca vigilar a diario.- recibió un fuerte codazo en las costillas - El caso es que, - su voz sonaba entrecortada por el dolor - Erwin me ha inspirado para buscar a mi mujer ideal. Y ya no me conformo con cualquier chica bonita y alegre. Quiero una mujer auténtica, solo para mí. No me importaría que me esperase también cuando llegase cansado de ver como el demonio de Rivaille maltrata a su escuadrón – gruñidos por parte del damnificado.

- Vaya, ¿y cual es tu mujer ideal? - Hanji se retorcía nerviosa mientra vigilaba a lo lejos a la chica de cabellos rubios. Rivaille la miraba extrañado ante tanta atención e interés.

- Me gustaría poder despertarme cada mañana junto a una chica que huela como la fruta. Dulce y tierna. Instándome a saborearla cada día.- sonrió con aprobación.

- Eso suena muy pervertido, pero digno de tí, Mike - reía Hanji.

Palmeó su espalda con aprobación sin dejar de contener la risa, dos figuras femeninas se aproximaron con sendas bandejas de aquella bazofia indescribible poblando sus platos. ¿Algún día se esforzarían en cocinar mejor para aquellos que perdían la vida porque ellos pudiesen manetener la suya? Una buena comida antes de morir horriblemente, al menos.

- Buenas tarde capitanes – Petra se sentó junto a Hanji que hizo una mueca de asco al ver su comida - ¿qué tal fue la reunión?

- Poco productiva. Habrá que entrenar aún más. A partir de mañana doblaremos la intensidad de los ejercicios - su voz penetrante erizaba su vello al hablar. "Más horas de fatiga". Pensaba con resignación Petra.

- Vaya Petra, pareces desilusionada. No pareces demasiado entusiasmada con esta nueva rutina. Te hacía una cadete más entregada y responsable. ¿Quizás porque pensabas pasar más tiempo con alguien especial? - inquirió Mike en tono juguetón.

- No, yo no,...

-¿Es ese chico del que hablamos el otro día? Tu compañero de escuadrón - apuntó de repente Nanaba - El cabo Bossard.

-¿Auruo? - Petra miró espantada a su superior mientras decía aquellas palabras - Entiendo. Si trabajáis bien y sin vaguear, no me importa que lo hagáis juntos después.

- Que bien, eh, ¿Petra? - Nanaba sonreía a su compañera. Pero Petra se encontraba petrificada y horrorizada ante lo que le esperaba.

Hanji podía ver sus lágrimas invisibles cayendo por sus ojos. Ojalá pudiese haber dicho algo para ayudarla. Conocía poco la relación que la unía con su compañero de escuadrón, tal vez camaradería o tal vez algo más que se negase a reconocer. Fuera lo que fuese, parecía más avergonzada de que debatieran sus sentimientos hacia aquel joven chico en público que por el hecho de insinuar que pudiese gustarle.

- Hablando de parejas, Nanaba - Mike señaló a su subordinada – Hace un rato se te ha caído este lazo azul del bolsillo. Supongo que te lo has quitado para los entrenamientos, pero me pica la curiosidad ¿te has echado novio?

- No, señor. Siempre respeto las normas de la milicia. Jamás se me ocurriría - respondió seriamente - Petra pensó que estaría bien aportar un aspecto más femenino, aunque aún no he podido ponermelo, no creo que me quede bien con una melena tan corta. Quizás debería dejarme crecer el pelo o …

- No, tú pelo está muy bien. Seguro te queda muy bien la cinta, aunque quizás te lo tengas que quitar cuando salgamos fuera, para que no se te pierda. Y no podrás llevarlo puesto en el cuartel. Pero si quieres, puedo acompañarte en tu día libre para que puedas estrenar ese bonito lazo. Siempre es un placer pasear con una chica bonita - Nanaba se había sonrojado levemente, y se levantó de la mesa con brusquedad - ¿Adonde vas? ¿Te has enfadado?

- N-no, señor. Olvidé coger la fruta para el postre, señor. Preferiría evitar el escorbuto en la medida de lo posible - Mike sonrió satisfecho.

- ¡No olvides coger una banana!¡Tiene mucho potasio! - se burló Hanji – Nanaba siempre luce tan bonita, incluso hasta cuando se acaba de despertar. ¿Crees que es por alimentarse bien y dormir durante toda la noche? Quizás debería de seguir su ejemplo para parecer yo también más femenina.

- Seguro que se baña más que tú. Si empezases por ahí, hasta tú parecerías una mujer – interrumpió Rivaille sin miramientos – Aunque no se ni si con eso serviría.

- Quizás sea por eso, aunque...

- ¿Pasa algo Mike?

- No, nada. Estaba pensando que Nanaba huele muy bien – sus labios se curvaron en una sonrisa mientra aspiraba el aroma cítrico de la naranja que tenía en sus manos – Huele a frutas silvestres.

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Más de 200 espuelas reverberaban alrededor. La tierra bajo sus pies se hundía con cada paso. Varias carretas tomaban la delantera para entrar en la ciudad. Los soldados esperaban ansiosos la vuelta a su hogar.

5 meses habían pasado desde aquella conversación en el comedor. Nanaba sonreía a su lado mientras de su chaqueta sacaba aquel fino lazo y lo anudaba en su muñeca. A su espalda, Petra parecía molesta por los comentarios del chico con cabello claro y corto. Aparentemente, parecía intentar enojarla a propósito respecto a algún tema poco interesante. Desde su punto de vista le recordaba a dos niños que se pegaban el uno al otro sin razón ninguna.

Rivaille observaba a ambos con pasividad. Dos subordinados suyos más reían la escena. Un comentario olvidado atribuyendo a ambos como a un matrimonio que llevaba años casados. Ambos chicos comenzaron a chillar con un extraño fulgor cubriendo sus mejillas.

Su compañero Mike olía con satisfacción su espada manchada de sangre. Una dura batalla sin duda.

Su mano derecha, Moblit, se acercó en su caballo portando una lista.

- Recuento terminado, señorita Zoe.

- De acuerdo, vuelve a tu formación.

- Hanji, hazme un informe rápido de la situación - increpó su comandante apretando el puño al agarrar las riendas de su montura.

- 25 soldados heridos. Varias hectáreas de tierra recuperadas. Provisión de alimentos completa.

- ¿Bajas?

- Ninguna, señor.

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AHHHHHHHHHHHHHHHH, que se nos casa, que se nos casa!1 /

Sí, voy a casar a Erwin, que adoro al personaje de su novia aunque sea inventado. Y quiero darle un señor tributo que se lo merece, que es todo un hombre.

Espero que os haya gustado la introducción poco a poco en el romance de MikexNanaba. Que iré desarrollando poco a poco.

En el capítulo 16 narraré un poco sobre como se conocieron Erwin y Helenka... Nos leemos!