Buenas a todos mis lectores. Voy a escribir los últimos capítulos del fic para cerrarlo. Espero mucho que hayáis disfrutado. En el próximo nos despedimos.
Disclaimer: Shingeki no kyogin pertenece a un señor japonés que se complace de matar y desmembrar personajes, pero que si me perteneciera a mi no variaría mucho el argumento y el nivel de muertes (para que engañarnos, no hay más que mirar capítulos de este fic atrás).
Esta serie no tiene porque suceder en la historia real, pero si está basada en ella. Si la pareja de Hanji y Rivaille te produce asco o directamente no te gusta, no sigas leyendo, en serio, lo digo en todos los capítulos. No leas lo que no te gusta, no te obligo, busca otra cosa mejor que leer u otra pareja que si te agrade.
La habitación que se le había asignado era más pequeña de lo que habituaba. Una pequeña cama. Un armario diminuto y un pequeño escritorio. No había demasiada diferencia de las habitaciones de la milicia. A excepción de una gran ventana que daba al exterior y una mayor intimidad.
Corrió las cortinas permitiendo que entrase la luz. De esa manera el sitio parecería menos lúgubre.
Su nuevo hogar.
Se sentó sobre la cama acariciando su vientre bastante hinchado. La única alternativa que habían conseguido para mantenerla alejada de aquel peligroso distrito era trasladarla a un hospital militar.
Viviría cerca del cuartel de la tropa de reconocimiento, y podría visitar a Erwin a menudo. Pero, a cambio, había tenido que renunciar a su antigua vida.
Sus amigos, sus familiares, sus padres. Ni siquiera había podido hablar a sus padres de su embarazo. Todo había surgido con demasiada rapidez. El comandante sabía bien como mover los hilos a su antojo.
Apenas había podido rozar sus lápidas para despedirse de ellos.
- Adiós, papá, mamá.- Fue todo lo que alcanzó a susurrar.
Pero ahora podría formar su propia familia, y aquella sensación de soledad que la había colmado durante demasiado tiempo desaparecería.
Sus padres murieron a sus tiernos 14 años. Asesinados frente a sus ojos por militares ebrios. Los propios miembros de la policía estacionaria a los que pidió ayuda cuando descubrió a los culpables la empujaron con desprecio sin creerla.
Al intentar llevar a su madre que aún respiraba al hospital más cercano, se encontró con un batallón malherido que fue atendido mucho antes que su madre. Para cuando consiguió introducirla en el hospital llevaba varias horas muerta.
La sangre le hervía de rabia. Odiaba a los militares. Se formó y procuró que mientras ella estuviese en su puesto se otorgase prioridad a los ciudadanos en lugar de a los ebrios patanes que acostumbraba a ver por la ciudad.
Ni siquiera ningún militar la socorrió mientras aquel criminal que huía la golpeó con fuerza haciéndola caer sobre su vientre y matando a su hijo.
Solo un militar había llegado a cambiar su visión. Y había sido capaz de arrastrarla a su mayor tormento. Vivir rodeada de militares.
- Más te vale que tú nunca te unas al ejército – acarició su vientre con dulzura y se levantó de la cama.
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Había cierto nerviosismo en el ambiente. Desde que Helenka se instalase como miembro del personal médico militar, podían verla a menudo. Debido a su estado podía permitirse pasear por las instalaciones cuanto se le antojase.
Muchos cadetes se habían fijado en la bella mujer encinta. Que a cada mes de embarazo rezumaba más feminidad. Aquellas miradas indiscretas no parecían agradar a su comandante, forzándolos a hacer trabajos cada vez más y más extenuantes.
La última misión había sido igual de fatídica que las anteriores. No conseguían muchos avances. Sus ojos miraron hacía atrás viendo como sus compañeros entregaban los miembros recuperados a sus familiares.
Una escena horrible. Hanji permanecía pensativa a su lado mirando aquel viejo diario gastado. Parecía ignorar los constantes insultos que provenían de su alrededor.
Llevaba tiempo replanteándose algo seriamente. Y su determinación crecía mientras observaba el arrojo de la chica apuntando cosas en una hoja de papel.
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- ¿Por qué nos has llamado? - dijo con su habitual tono cortante – Si es una reunión de equipo, ¿por qué no está Hanji?
- De momento, prefiero que ella no sepa de esta reunión. - Se sentó sobre una silla y miró fijamente a sus dos mejores armas humanas. Los dos hombres más fuertes de toda la humanidad.- Seré claro, voy a dejar mi puesto.
Rivaille bebió tranquilamente de su taza como si la respuesta de su comandante no le sorprendiese. A imitación de su compañero, Mike mantenía su calma ante la situación.
- Supongo, que es para poder encargarte de tu hijo y tu esposa, ¿no? - Clavó su mirada en su superior que no parecía pestañear.- Ella saldrá de cuentas dentro de poco, así que querrás pasar más tiempo con ella.
- No es esa la razón. - respiró profundamente y comenzó a hablar. - El gobierno ha estado atento a ella desde que la introduje como miembro del personal médico militar. Y comienzan a sospechar de nuestra relación. Posiblemente intenten utilizarla como moneda de cambio.
- …..
- Pero, Erwin, para eso la trajimos aquí, para protegerla. Mientras esté en esta área podremos...
- No, hasta ahora he pedido a nuestros subordinados que cuiden de ella mientras hemos estado fuera. Pero no puedo seguir dependiendo de ellos, no puedo arriesgarme más. – sus manos se entrelazaron con fuerza – No permitiré que nadie se acerque a mi hijo o a mi esposa sin mi permiso.
- ¿Realmente crees que el gobierno intentará chantajearte con tu esposa para que trabajes y hagas lo que a ellos les plazcla? - casi sin darse cuenta, Mike se había levantado de la impresión de su silla.
- Ya lo han hecho antes...
- ¿Qué quieres decir?
- Hanji.- su voz cortante sonó de nuevo. - No es la primera vez que le chantajean con ella.
- De acuerdo, Erwin, apoyo tu decisión. Pero, ¿abandonarás tu puesto? ¿Permitirás que tu hijo crezca bajo la sombra de estas horribles murallas?
- No. - sus ojos azules se reflejaban en el líquido contenido en su taza. - Simplemente, no saldré más en misión. Lucharé desde dentro.
- Un comandante que no participa en la guerra, ridículo.- su aguda voz parecía más fría que nunca.
- Voy a trasladar mi puesto a otra persona. Permaneceré en este escuadrón bajo un rango más bajo.
- Solo hay una manera de bajar tu rango voluntariamente y abandonar tus responsabilidades...- Mike contemplaba con preocupación la idea de su superior. - dime que es una broma y no piensas pedirnos que te lesionemos.
- Mi mujer. Mi hijo, ellos van primero. Sea lo que sea necesario arriesgar.
- ¿¡Por esa razón no has llamado a Hanji!? ¡Ella no permitirá nunca que te lesiones de por vida! - su voz se había alzado y sus palabras inundaban la habitación.
-...
- No, Mike, no la ha llamado por esa razón – sus ojos grisáceos miraron con reproche al hombre de cabellos rubios mientras leía su pensamiento – él quiere que Hanji sea su sucesora.
- Ridículo, ella nunca aceptará ese puesto – agarró con fuerza la camisa de su comandante y lo elevó hasta su altura - ¡Si incluso entró a este batallón de suicidas siguiéndote a tí, maldita sea!
- Se bien que no aceptará tan fácilmente. Pero es la más adecuada para el cargo. Mejor incluso que yo. Si ella os lidera, se bien que alcanzaremos nuestro objetivo tarde o temprano.
- Erwin, ¿estás oyendo lo qué estás diciendo? Hanji nunca aceptará esa responsabilidad. ¡No mientras tú estés aquí! – el agarre de su camisa disminuyó - ¿Pretendes fingir tu propia muerte?
- ….- Rivaille observaba la escena sin expresión alguna
- Ella es una mujer fuerte, podría superarlo...- sus labios se movían con lentitud. - Es la mejor para ese puesto, es inteligente, trabajadora, entregada – fijó su mirada en el pequeño hombre que le miraba fijamente – Y nunca cometería los mismos errores que yo.
- Entiendo – Se levantó de su sitio y se acercó hacia los dos hombres que permanecían en pie – Pero la conoces lo suficientemente bien para saber que ni con esas razones aceptaría tu puesto. ¿Debo creer que me has llamado a mí para que la convenza?
- No. No preciso de ninguno de vosotros para convencerla de ello.
- ¿Se puede saber en qué estás pensando ahora? Ella te admira demasiado como para pretender sustituirte. - el agarre de su cuello volvió a hacerse más notable.
- Eso no es ningún problema. Su admiración hacía mí ha sido creada por una cadena de acontecimientos fortuitos. - bajó su vista hasta el suelo y cerró los ojos – Por supuesto, me he encargado de que todo ocurriese así.
- No me extraña que alcanzases este puesto – Su mano blanquecina acarició la madera del escritorio mientras hablaba – Para llegar alto, siempre se requieren buenos peones y presas. No somos más que peones en tu plan. Ella no es distinta a nosotros.
- No pareces sorprendido.
- Es algo que asumí hace tiempo. Aunque no me molesta. Se cuales son tus objetivos, y son los mismos que los míos. Utilizar a las personas que sea necesario para ello no es una mala estrategia.
- Erwin, dime que éste estúpido enano está bromeando – Manteniendo el agarre lo estampó contra la pared - ¡Dime que no te has aprovechado de una chica enamorada de tí para salvar a esta inmunda sociedad de la extinción! ¡Dímelo!
- Al principio... así era.
- ¿Era? - las manos de Rivaille se habían interpuesto entre el agarre de su compañero intentando separarle.
- Sí, la primera vez que ella estuvo en peligro de muerte recapacitaste sobre tus actos, ¿no? Aquella cueva...- Sus ojos cristalinos parecían afirmar sus palabras – Y entonces conociste a esa mujer.
- Así es. He jugado muchos años con Hanji para convertirla en un arma más, al igual que vosotros. - sus manos se cerraron sobre las de su subordinado – Y me arrepiento de ello. Por esa razón deseo que ella ocupe mi puesto. Ella no necesita utilizar a nadie, por ello se que será una líder mejor.
Mike soltó su agarre y se sentó sobre su silla. Su comandante había afirmado que para él ellos eran piezas de su enorme estrategia. Eran soldados, no era algo que debiese sorprenderle. Pero, el hecho de reconocer, que precisamente por abandonar su humanidad estaban fracasando, le abrumaba.
Y para que su plan funcionase, necesitaban que fuese diseñado por un alma más emocional y analítica. Sin duda, era extremadamente perfecto. Se mordió el labio con impotencia. Llevaba toda la razón.
- Erwin, has dicho que te has encargado de que las cosas sucediesen según tu plan previsto para que ella estuviese a tu merced. No obstante...- cerró sus labios antes de pronunciar sus palabras.
- Sí, durante los 10 primeros años que estuvo en este ejército ha sido mi marioneta. Y he sabido bien como manejarla. - Sus palabras eran duras, pero sinceras. Sentía una opresión en el pecho al recordar cuanto se había aprovechado de aquella niña.
- Solo se me ocurre una razón por la que Hanji sería capaz de seguirte a cualquier parte – su mirada penetrante le atravesaba el alma.
- Fue difícil de ocultar al principio. Pero sí. Es cierto. Los padres de Hanji aún siguen vivos.
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Las ruedas del carro hacían un sonido tintineante sobre el asfalto de piedra. El gobierno no parecía gastar demasiado de sus impuestos en arreglar sus calles. Preferían engordar los estómagos de los altos miembros de la corte.
- Disculpa. Quizás hubiera sido mejor que hubiésemos venido a caballo. - su voz parecía sonar en tono de disculpa.
- No te preocupes. En tu estado sería peligroso venir a caballo.- Le sonrió alegremente – Además, Erwin me matará si cojo uno de los caballos del cuartel. Él no sabe que estamos aquí.
- Disculpa también por eso, pero... necesitaba ver a mis padres antes de que él nazca. Al menos una última vez.
- Helenka... ¿estás enfadada por esta decisión de Erwin? Quiero decir, eres suficientemente capaz de criar a tu hijo sola. Vivir en el cuartel no es agradable.
- Aquí no me queda nada. También deseo vivir una nueva vida. No creo que el cambio sea tan malo. Además, los muchachos del cuartel son muy amables.
- No te fíes de ellos... No creo que su amabilidad sea por educación – Hanji reía con sarcasmo – Aún así, creo que Erwin los tiene bien controlados en ese aspecto.
Las dos mujeres reían con alegría mientras el carro avanzaba su camino. Finalmente divisaron la pequeña casa donde la mujer había pasado las últimas décadas a solas. Las tejas de color cobrizo estaban gastadas y caían una a una a través del canalón.
Un pequeño y gastado suelo de madera. En la zona occipital, se divisaba un diminuto jardín. En medio de aquel pequeño amasijo de musgo y malas hierbas se encontraban tres pequeñas losas clavadas en el suelo sin inscripción ninguna.
La chica de cabello rubio se arrodilló frente a ellas y las acarició con lástima.
- ¿Están realmente...?
- Sí. No tenía dinero para proporcionarles un entierro digno. Así que yo misma sepulté sus cuerpos.
- Debió de ser duro – se arrodilló con ella y sujetó su mano otorgándole protección – Yo también he tenido que enterrar a muchos de mis camaradas. No me imagino lo que debió ser hacer esto sola – Sus dedos se deslizaron por la última losa de piedra.
- Esa es la tumba de mi hijo – sus puños se cerraron con fuerza recordando aquel fatídico día – Apenas pesaba mientras lo sostenía entre mis manos. Tenía una expresión tan dulce que me costaba creer que estuviese muerto.
- Lo siento mucho. Yo... no se lo que es eso – sus propias manos se fueron hacia su estómago.
- Hanji, Rivaille y tú... ¿habéis hablado de tener hijos? - sus mejillas se sonrojaron sin poder acertar con una respuesta.
- B-bueno, nuestros puestos nos mantienen muy ocupados. Y tampoco hemos pensado nunca en ello. De hecho, si llego a formar una familia, prefiero hacerlo cuando esta guerra acabe.
- Ya veo...
- No quiero decir que Erwin y tú estáis equivocados, es solo que... Quiero que mis hijos nazcan en otro mundo, no aquí. Mientras eso no cambie, no quiero pensar en ese término.
- Te comprendo, yo también quiero eso – Hanji parecía extrañada ante su comentario – Verás, te he pedido que me acompañes hoy aquí por otro motivo.
- ¿Qué ocurre? - parecía detectar un cierto amago de nerviosismo en sus palabras.
- Creo que Erwin pretende delegar su responsabilidad solo para cuidarme.
- ¿Estás segura? No creo que él...
- Estoy completamente segura de ello – su mirada se torno seria y decidida – No pienso ser un estorbo para él, tan solo a causa de nuestro hijo. Yo tampoco deseo que él viva entre estas paredes. Y si Erwin renuncia a su puesto, se que eso no se logrará.
- No entiendo bien que intentas decirme.
- Hanji, he tomado una decisión. Voy a entrar en el ejército.
- ¡¿Cómo?! Pero en tu estado...
- Mi hijo solo dependerá de mi en lo primeros meses de su vida. Luego se perfectamente quién podrá atenderlo mientras yo no esté. No quiero que se crie eternamente aquí encerrado. Quiero luchar junto a mi marido para poder dar un futuro mejor a nuestro hijo. Aunque tenga que dar mi vida.
Su última frase le atravesó como un puñal. Recordó al instante a aquella mujer de cabello rubio y suelto que esperaba un hijo. Su cuerpo desmembrado. Aquella pequeña mano que sujetaba fuertemente su dedo.
Sintió una fuerte opresión en el pecho. ¿En eso consistía la paternidad? No estaba segura de poder afrontar ella misma ese riesgo por alguien que ni siquiera había nacido. Pero, ¿no se arriesgaba día a día por millones de personas que no conocía? Debía ser algo parecido a eso.
Su mente estaba algo difusa cuando comenzó a notar el tacto de la mujer sobre su hombro.
- Hanji, Hanji, ¿estás oyendo eso?
- Sí, parecen... ¿gritos? - A través del torrente de edificios no podía contemplar bien lo que pasaba. Pero parecía haber cundido el pánico – Helenka, entra en la casa, voy a echar un vistazo al tejado.
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La gruesa goma que cubría el empeine de sus botas apenas rozaba el suelo. Prácticamente flotaba mientras corría. Debía de ser una broma. Pero aún sostenía en su cabeza las palabras que había oído hace escasos minutos.
- Esto no puede estar pasando– Pensó.
Abrió la puerta del despacho de una patada, completamente exhausta. Su jefe, y sus dos superiores inmediatos se encontraban confusos ante la aparente movilización de las tropas sin previo aviso.
- Comandante, se requiere la participación de todas las fuerzas disponibles en la ciudad – De su fino cabello rubio caían gotas de sudor - ¡Es urgente!
- Relájate, Nanaba, ¿qué ha ocurrido? - colocó sus manos sobre su subordinada y la obligó a sentarse - ¿Qué está ocurriendo hay fuera? ¿Por qué están todos tan alterados?
- D-dicen que se ha avistado un titán en la muralla – Los tres hombres la miraban sin comprender sus palabras, ver titanes acercarse a la muralla era algo común – Uno de más de 50 metros.
-¿Más de 50 metros? Menuda estupidez. Debe ser alguna broma de los nuevos reclutas.
- N-no señor, no es ninguna broma – Tragó saliva al comprobar que su garganta le ardía – Hemos sido atacados por los titanes.
- Rivaille, Mike, reunid a vuestras tropas de inmediato y reuniros con el equipo de apoyo que se encuentre en la ciudad – Recogió su chaqueta que colgaba del respaldo de su silla y se dirigió nuevamente a su subordinados – Yo tengo que asegurarme que está a salvo. Me reuniré enseguida con vosotros.
- Nanaba, ¿dónde está Hanji? - dijo exasperado Rivaille mientras su comandante cruzaba la puerta - ¿No está contigo?
- No, señor, llevo varias horas sin verla. La vi hablar esta mañana con la señora Helenka y...
Erwin se detuvo justo en el marco de la puerta. Se giró violentamente hacia la chica y la zarandeó.
- ¿Qué quieres decir con que no las has visto desde hace horas? ¿Dónde están Hanji y Helenka?
- N-no lo sé. Petra ha ido a buscar a la capitana a su habitación hace un rato...
- Repetiré la pregunta, ¿ellas están dentro del cuartel? - ahora era Rivaille quién parecía alterado.
- Creo que no.
- Suficiente – Erwin se colocó su chaqueta y se dirigió hacia sus subordinados – Mike, dirígete con el escuadrón de Rivaille y el tuyo a ayudar al traslado de la población. Levi, tu vendrás conmigo.
- ¿Acaso vas a buscarlas por todo el cuartel?
- No. Si han salido de aquí, creo que se donde pueden estar. Solo hay un sitio que ella querría visitar antes de tener a nuestro hijo.
- De acuerdo. Confiaré en tí.
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La gente corría despavorida a su alrededor. La peor pesadilla que pudiera pasar por la mente de aquellas personas se estaba haciendo realidad. Una extraña y colosal figura se había cernido sobre la ciudad, derribando parte del muro.
Como si esperasen pacientemente su turno, los titanes habían comenzado a aparecer en todas direcciones. Los cuerpos aplastados y desmembrados de los ciudadanos adornaban en aquellos instantes las calles.
No había un patrón fijo de huida, y muchas personas eran aplastadas por aldeanos confusos y temerosos. Una pequeña niña agarrada a un pequeño muñeco de trapo yacía inconsciente cerca suya. Retrocedió hacia atrás por el callejón que habían atravesado.
Ese lugar no era el más idóneo para ir con una mujer embarazada.
- Tenemos que buscar otra alternativa de huida – Se introdujo dentro del callejón evitando ser avistada por uno de clase de 4 metros. Si tan solo no les hubiesen robado su transporte.
Aunque viendo el caos que reinaba, huir en caballo, no era la mejor alternativa. Dirigió su mirada hacia arriba. Quizás por los tejados.
- Helenka, sujétate bien, vamos a subir arriba – Antes de que ella pudiera protestar la sujetó fuertemente por la cintura y disparó sus ganchos hacia el cielo.
Enseguida consiguieron alcanzar otra perspectiva. No podía creer que el campo de batalla que estaba habituada a ver se hubiese reproducido con exactitud dentro de la muralla.
Al observar a aquellas personas huyendo sin sentido pareció advertir un amargo recuerdo. Sacudió su cabeza rápidamente. No podía dejarse llevar por las emociones en ese momento.
Pensó detenidamente mientras avanzaban con lentitud entre las cornisas. Evitando zonas demasiado expuestas y ocultándose tras las chimeneas.
La puerta quedaba demasiado lejos para ir andando. Su equipo de maniobras era la opción más rápida, pero el gas se acabaría antes de llegar al muro. Demasiado peso que elevar.
La mejor opción era llegar lo más cerca posible del muro andando y preservar su equipo para la llegada.
Observó a sus compañeros de la policía estacionaria que se habían comenzado a manifestar en los tejados de alrededor. Contempló por unos instantes la posibilidad de pedirles que la trasladasen a un lugar segura y ella unirse a la batalla.
Entonces, sintió la mano de la mujer agarrarse a su chaqueta con miedo. No podía dejarla sola. No se lo permitiría.
Agarró su mano y comenzó a correr por aquellas zonas inclinadas. Intentando evitar que se resbalase debido a las tejas que se iban soltando.
Intercalaba los momentos de huida con esconderse y atacar. La mujer temblaba detrás de ella. Podía sentir el agarre de su mano cada vez más fuerte. No podía dejar que ella se uniese a la legión.
Ella no sobreviviría fuera de las paredes.
Mientras corría paró un momento contemplando el panorama y volvió a avanzar. Pero algo la detuvo, el agarre de la mujer se volvió más fuerte.
- Helenka, tenemos que avan- sus palabras se cortaron al observar a un hombre y una mujer entrados en años sosteniendo un cuchillo y apuntándolo al cuello de la chica de cabellos rubios.
- U-usted es un miembro del ejército, ¿no? ¡Sáquenos de aquí! - ordenó el hombre con la voz temblando.
Hanji contempló al hombre durante unos instantes. Una fina línea canosa atravesaba sus sienes. La mujer que había a su lado llevaba su pelo castaño, también con ligeras canas cubriéndolo, recogido en un pequeño moño. Ambos parecían asustados.
- Por favor, cálmense. Diríjanse al punto de evacuación y la policía estacionaria los ayudará a ponerse a salvo.
- No mienta. Entonces, ¿por qué está escoltando a esta mujer? - apretó más el cuchillo contra el cuello de la embarazada haciendo que una pequeña gota de sangre manchase el cuchillo - ¿Qué la hace a ella especial?
- ¿Acaso es imbécil? Es evidente que está embarazada, por supuesto que no puede trasladarse por sí sola.
- No me haga reír – la mujer de cabello castaño alzó al final su voz – Vosotros, los del ejército utilizáis a las personas a su antojo. ¡He visto niños morir aplastados mientras solo os preocupabais de salvar vuestro propio trasero!
El hombre cernió aún más el cuchillo en el cuello de la mujer.
-Mi mujer y yo saldremos hoy de aquí, ya sea a costa de la vida de ella – giró el cuchillo en dirección a Hanji y la amenazó – o de la suya.
La joven soldado resopló con fuerza mientras veía como el torrente de sangre que manaba de su cuello se hacía cada vez mayor.
Si la dejaba morir allí, nunca se lo perdonaría. No le quedaba más remedio que soportar a esa pareja de ciudadanos egoístas.
- De acuerdo, les acompañaré a un lugar seguro. Haréis, todo lo que yo os diga, ¿de acuerdo? - Él hombre aceptó con resignación y la mujer le indicó que bajase la presa de su cuchillo - ¿Cómo se llaman?
- Yo me llamo Adèle y el es mi marido Claude Zoe.
- ¿Zoe? ¿Ha dicho Zoe? - no podía creérselo. Sus ojos se abrieron tanto que sentía como si se le fuesen a caer - ¿Papá? ¿M-mamá?
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Uffffffff, que de tiempo sin dejaros con la intriga. Me apuesto lo que sea a que nadie se acordaba de sus padres. Y mira que el propio Erwin mintió a Hanji diciéndole que ellos habían huido en otra dirección. Jummmm, él sabía de ellos todo este tiempo, pero para sus propios fines guardó esta información.
¿Cómo reaccionará Hanji ante esto?
El capítulo siguiente será el último y este fic quedará en el olvido por siempre.
Espero vuestros reviews y espero que os guste como termine el fic. Muchas gracias por el apoyo.
