En fin, como muchos estabais esperando (o al menos eso quiero creer) os traigo el último capítulo de este fic.

Disclaimer: Snk no me pertenece, quizás en universo alternativo donde los cerdos vuelan y las ranas cantan baladas de amor.

Si crees que Levi y Hanji nunca podrán ser pareja, o no te gusta simplemente verles juntos no sigas leyendo. Como en cada capítulo te invito a buscar otra cosa de mayor interés.

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Sus pies temblaban bajo el peso de sus piernas. No pensaba que pudiese hallarse en otra situación menos propicia. Podía sentir el calor que despedía el pequeño artefacto que contenía el gas que la propulsaba por el aire.

Su cuerpo estaba tan helado que si en ese instante una estrella cayese del cielo, no notaría el calor que desprendería su impacto.

Cerró sus ojos lentamente. Cuando los volviera a abrir, estaría en su cama del cuartel. Nanaba la despertaría como cada mañana. Desayunarían juntas con Petra y luego iría a entrenar.

Nada de lo que estaba pasando se le antojaba real. En primer lugar, unos titanes hasta la fecha desconocidos, habían invadido las murallas, permitiendo el paso de otras amenazas. Los ciudadanos huían bajo sus pies.

Por otro lado, una mujer de un aspecto similar al suyo le miraba con cierto pavor. Su nariz algo pronunciada era idéntica a la de la mujer. Su cabello, era más oscuro y recogido. Pero no había duda. El hombre que sostenía sus cuchillo apuntando hacia el suelo sudaba con impaciencia ante el reciente descubrimiento.

La mujer embarazada sujetaba su vientre intentando hacer conexiones en esa situación. Hanji, que se supone, debía protegerles, en ese momento se encontraba en un estado de shock. No parecía responder.

La zarandeo intentando encontrar respuesta. Pero permanecía callada con su mirada fija en el suelo. Debía de ser duro encontrar a sus padres encontrar a sus padres en esas condiciones. Se giró ante sus previos atacantes.

Uno de clase de 9 metros se acercaba corriendo. Un excéntrico. No podían huir. Morirían allí. Agarró con más fuerza su vientre abrazando a su hijo que aún no había nacido. Pensó en el hombre que la esperaba en el cuartel.

¿Dónde estaban los refuerzos? ¿Y los miembros del escuadrón estacionario? La mayoría muertos. Otros huyeron, despavoridos. No estaban acostumbrados al combate real.

Solo el equipo de reconocimiento estaba realmente preparado para esa situación. Y tardarían en llegar.

- ¡Hanji!¡Hanji!¡Tenemos que huir de aquí!¡Eres una soldado!¡No decaigas!¡No has llegado a líder de escuadrón por venirte abajo ante la mínima adversidad! - Los gritos de la mujer la hicieron viajar al pasado. Otra persona ya la había animado de esa forma - ¡Da igual quiénes sean tus padres!¡Tú eres tú!¡Y nadie puede reemplazarte! - otro recuerdo afloró su memoria.

- Sí, lo soy – su rostro se tornó serio y estudió la situación con cautela.

A unos escasos 15 metros se encontraba el titán que los vigilaba con diversión. Seguramente mascullando la manera más idónea de asesinarlos. No podían huir todos por arriba.

El ataque cuerpo a cuerpo no podía ni contemplarlo. Necesitaba almacenar la mayor cantidad de gas para un caso particular o excesivamente concreto.

La mejor opción era separarse. Pero no podía ponerles en peligro. No podrían evitar un posible ataque. Mientras examinaba la zona con seriedad su mirada se topó con un brillo. Un cristal. A unos 5 metros desde su posición.

Un tragaluz. Si lo rompían podrían entrar dentro de la casa y resguardarse mientras observaban el mejor camino a seguir. Necesitaba tiempo para pensar. Para planear una estrategia de huida.

Se acercó rápidamente al cristal. Parecía bastante débil. Con un ágil movimiento se quitó su capa y envolvió su brazo con ella. De un fuerte puñetazo hizo que el cristal se agrietase. Dos puñetazos más y los pedazos de cristal cayeron hacia el interior.

- ¡Bajad por aquí! ¡Deprisa!

La pareja se quedó inmovilizada sin hacer nada. Aún petrificados. Helenka se acercó a ellos y tiró de sus brazos.

- "En situaciones de peligro o bajo riesgo de ataque, los militares podrán usar su autoridad sobre los civiles para evitar accidentes o heridos" . ¡Así que moveos de una vez y bajad por esa entrada! - Con un fuerte tirón los acercó hasta la chica que aún permanecía de pie sobre el agujero que acababa de crear.

Comenzó a soltar metros y metros del cableado de su equipo. Agarró el gancho y lo ofreció al hombre.

- Tú bajarás primero. Luego ella – señaló a la mujer embarazada – Y por último ella.

- Hanji, nosotros...

- Ya habrá tiempo de hablar después – agarró la mano del hombre y le hizo sujetar el cable con fuerza - ¡Bajad deprisa, vamos!

Tan solo armada con su propia fuerza, fue bajando poco a poco el cable. El tragaluz se encontraba a 5 metros de altura sobre el suelo. Bajar a un hombre adulto no era fácil.

Por otro lado, los cables habían comenzado a dejar manchas rojizas en sus manos. Notó que él estaba abajo cuando el peso disminuyó.

Repitió el mismo procedimiento con las dos mujeres. Por último descendió ella. Observó la sala. Un viejo comedor de madera. No sería muy resistente si algún espécimen atacaba o percibía su presencia en el interior.

- Bajad por las escaleras y permaneced siempre lejos de las ventanas y las puertas.

Mientras recorría la estancia, puedo constatar que no había nadie dentro de ella. La mayoría de los habitantes de esa zona estaban muertos en mitad de la calzada. Quizás los primeros y más aventajados hubiesen conseguido llegar al punto de evacuación.

Volvió hacia aquella pequeña cocina donde sus tres acompañantes permanecían inquietos. La mujer de cabello oscuro miraba a su marido con cierto pavor. Resopló con resignación. La chica con cabello rubio se acercó a ella y observó con pasividad sus manos.

Suciedad, sangre. Si nos las limpiaba inmediatamente podría infectarse.

- Tenemos que curar estas heridas.

- Solo son magulladuras, primero hay que salir de aquí – el hombre la miraba fijamente sosteniendo su mirada.

- Hanji, hazme caso – Cogió una pequeña sábana cercana y la hizo tiras – Necesito agua...

Echó un vistazo a su alrededor y encontró una vieja botella de vino.

- Menudo desperdicio. Mike haría buen uso de ella – comentó mientras el líquido caía sobre sus heridas.

- Deja de decir tonterías – intentó arremangar su chaqueta para tener más visibilidad de la herida, cuando Hanji hizo un amago de dolor - ¿Qué te pasa en el brazo? ¿Te has cortado antes?

- Puede ser – observó las marcas de cortes bajo su ropa que comenzaban a emitir un tinte púrpura.

Su chaqueta y su camisa en el suelo. Su equipo a su lado. La joven enfermera le practicaba los primeros auxilios y la pareja permanecía en una esquina pensativos.

- Ahora que tenemos un momento de paz ..– la mujer mayor se mordió el labio ante el comentario – Creo que me debéis una explicación. ¿Soy o no soy vuestra hija?

- …..Nosotros...- comenzó a decir Adèle pero sus palabras se entrecortaron.

- No te preocupes. Yo lo diré – consoló a su mujer que había comenzado a llorar en su hombro – Nosotros no tenemos hijos – su respuesta fue fría y dura.

- ¡Por el amor de dios Clàude, claro que somos sus padres!¡Yo le dí a luz! Hanji, nosotros... - una fina lágrima salada corrió por su mejilla – Renunciamos a tí aquel día. No podemos considerarnos ya tus padres.

- ¿Renunciasteis? - su voz sonaba ahogada. Mantener una actitud seria y fría se le hacía cada vez más difícil.

- Elegimos nuestra vida antes que la tuya – la respuesta se le clavó como un puñal – No supimos del incendio... hasta que habíamos cruzado las puertas de la ciudad.

- ¿Qué significa eso? - tragó saliva mientras Helenka fingía no oír la conversación y envolvía su brazo en vendas.

- Nosotros te abandonamos. Vimos una ruta de escape y la aprovechamos. No queríamos morir en aquel lugar, con el hambre acechándonos.

-...

- Solo... hicimos lo que era mejor...- la mujer volvió a hablar – Era la mejor opción. Huir y volver a la seguridad de las murallas. Solo éramos un número más. Nadie se daría cuenta.

- Pero no me llevasteis con vosotros – Ambos callaron – Dejadme que os lo pregunte, ¿cómo conseguisteis huir de allí?

Se formó un extraño silencio que duró varios minutos. La mujer comenzó a temblar. El padre de Hanji agarró su mano con firmeza.

- Asesinamos a un oficial al mando. Cogimos su caballo y salimos de allí sin más demora.

- Debió ser una decisión precipitada - ¿Decía eso por que pretendía agarrarse a un clavo ardiendo de que no la habían abandonado realmente o porque preveía su siguiente respuesta?

- Llevábamos planeandolo varias semanas.

- Y yo no entraba dentro de esos planes.

-...

- Suficiente – Se levantó con su brazo ya vendado y se dirigió a la ventana – Saldré a observar la situación.

- No vas... ¿no vas a decirnos nada? - Hanji se paró ante el comentario. Sus puños se cerraron con fuerza haciendo que la sangre volviera a emerger de ellos.

- ¡¿Qué queréis que os reprenda?!¿¡El porqué abandonasteis a vuestra propia hija!?¿¡El porqué nunca volvisteis a por mí!? - se mordió el labio con fuerza haciendo que surgiera la sangre. No podía retener más las lágrimas.

- Si volvimos...- su cara se torció hacia la mujer que permanecía sentada en una esquina – Si volvimos …. a por tí.

- ¿Acaso intentáis compensar lo que hicisteis con mentiras? - lloraba sin parar mientras Helenka la abrazaba desde atrás intentando tranquilizarla.

- No son mentiras. Es la verdad. Intentamos volver a por tí al cabo de varios meses, cuando supimos del incendio que se había generado. ¡Nos dijeron que estabas viva!

- Si eso fuera verdad no estaría llevando esta ropa... - la mitad de su uniforme yacía en el suelo manchado de sangre.

- Un militar... que llevaba el mismo uniforme que tú...

- Habíamos asesinado a uno de los suyos. Podrían ejecutarnos fácilmente – La presión de sus puños disminuyó – Nos ofreció un pacto a cambio de su silencio.

- ¿Un pacto? ¿Qué clase de pacto?

- Él vio potencial en tí. Creyó que podría formarte para que fueses una poderosa aliada. Quería que renunciásemos a tí.

- ¿Él? ¿Quién era ese militar? ¿¡Quién!?

- Ojos azules y cabello rubio corto...

Solo una persona pasó por su cabeza.

- Erwin...

Al pronunciar ese nombre la mujer embarazada cayó al suelo detrás suya.

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Una nube de polvo marcaba el paso de toda la tropa. Dos figuras avanzaban en la delantera ajenas a la formación del resto de sus compañeros. Mike miraba con atención a aquellos dos hombres. En otro tipo de circunstancias habría reprendido a su comandante por usar la fuerza de su mejor soldado para buscar a dos mujeres.

Pero, conocía bien a aquellas dos mujeres. No se veía capaz de negarle eso a Erwin. Y más en la situación que se encontraba. Su comandante siempre había manipulado a la gente a su antojo.

No por mero capricho o por puro egocentrismo, sino para salvar la vida de millones de personas. No era un mal objetivo, para logar una gran victoria siempre era necesario abandonar tu humanidad. Pero, aquellas dos mujeres, le habían hecho recuperarla.

Finalmente, consiguieron llegar a la muralla que aún les separaba del desastre. Un reducido grupo de las tropas estacionarias escoltaba a unos pocos y asustados ciudadanos, prosiguiendo con la evacuación. Su labor no estaría allí, sino en la ciudad.

Para apoyar y garantizar el traslado de los refugiados debían evitar la mayor cantidad de amenazas posibles. Habían diezmado su número desde la expedición en la que habían regresado hace relativamente poco. Aquella misma mañana.

Paró un momento para revisar sus órdenes mentalmente. Tendría que ocupar el puesto del comandante en aquella intervención. Fijó su vista en el hombre de ojos azules antes de que escalara la muralla.

- Tráelas de vuelta – alcanzó a decir en voz baja.

Como si hubiera podido leer sus labios, asintió con la cabeza y ascendió por la pared de roca seguido de otra pequeña figura.

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Aquella vieja y ruinosa casa se encontraba cerca de de las murallas. Numerosos fragmentos del muro habían caído sobre las casas. Rezó para que el hogar de su esposa no hubiese sido uno de los afectados.

Avanzaba en silencio hasta que vislumbró la vivienda. No parecía haber sufrido daño alguno. Derribó la puerta de una patada y comenzó a registrar todas las habitaciones.

- ¡Helenka!¡Hanji!¡Contestad!

- Erwin...

- ¡Maldita sea!¡Salid!¡Tenemos que volver a la base!

- Erwin...

- ¡Se qué estáis ahí, salid de una vez!

-...

Sujetando una de sus espadas la clavó junto a su cabeza obligándole a pararse. Sus ojos destilaban la rabia acumulada que llevaba sintiendo desde hacía varias horas.

- ¿Qué haces? ¿Acaso vas a aprovechar este momento para cumplir tu venganza?

- No sería mala idea. Nadie encontraría jamás tu cadáver. No me das más que razones para ello – sus fríos ojos a través del reflejo plateado de la hoja parecían fulminantes – Dime Erwin, ¿qué más has ocultado? ¿A quién más has ocultado secretos?

- Si deseas vengarte, puedes hacerlo, pero solo una vez haya constatado que ella está bien – intentó virar la espada con su mano pero Rivaille volvió a clavarla con fuerza en la pared - ¿Es esta la razón por la que te uniste a la tropa de reconocimiento?

- Sí, para tener el momento fortuito y poder matarte – sus palabras no parecían sorprenderle.

- Pensaba que serías más estúpido, pero veo que eres bastante avispado... Hice bien en reclutarte en mi equipo.

- Aquel militar... al que robé por error. Toda aquella condena... ¿lo maquinaste tú?

-...

- De que otra manera podría ser posible si no, ….. Solo un gran estratega pondría a un vil chaval de la calle entre la espada y la pared para aceptar unirse al ejército – una extraña risa ahogada salía de su boca.

- No pareces sorprendido.

- Lo comprendí una vez vi tu método de trabajo. Siempre muestras esa extraña máscara. Esa sonrisa me da ganas de vomitar – arrancó su espada de la pared – Aunque no te lo reprocho. He vivido muchos años aprovechándome de las demás personas. Tan solo, no te lo perdono.

- Hanji – enunció secamente.

- Hiciste que se enamorara de tí a propósito, ¿verdad?

- No creo que sea el único que sepa como embaucar a las mujeres. Era necesario. Al menos, eso pensaba.

- No pienso cedértela en la vida. Me da igual si la humanidad se condena y terminamos todos siendo devorados por los titanes. No pienso... dártela – su manó sujetó aún más fuertemente la empuñadura – Mientras esté viva será mía, ¿está claro?

- …...

- Y mientras tú vivas, no vas a abandonar tu puesto. ¡Te has aprovechado de muchas personas para alcanzarlo! - con la espada aún en su mano la colocó sobre su cuello – Acarrea con las consecuencias de tus actos. Una mujer embarazada no es escusa. Un hijo tampoco.

-...

- Y ahora piensa detenidamente. Tú le has enseñado a Hanji todo lo que sabe. No puede cargar a esa mujer en brazos con el equipo continuamente, podría hacerle daño. ¿Cómo llegaría hasta las murallas?

Erwin paseó por la sala desierta pensativo. La puerta del patio trasero estaba abierta, dejando entrever unas pequeñas flores colocadas esa misma mañana. Se marchitaban según pasaban los minutos. Irónicamente, la menos marchita era la que estaba situada sobre la lápida más pequeña.

- Los tejados. Hanji iría por los tejados. Tendría más rango de acción y podría defender a Helenka – Su subordinado escuchaba con atención las teorías de su superior – Aún así, seguramente se habrá refugiado en sitios cubiertos para evitar llamar demasiado la atención de los titanes.

- Hanji puede correr, pero tu mujer no. De acuerdo, va corriendo por los tejados y parando en sitios cubiertos, como casas o entrantes. Aún así debería estar cerca de las murallas ya o deberíamos haberla visto en algún momento. Es lo suficientemente terca como para seguir viva en medio de todo este alboroto.

- A no ser que esté herida.

- Imposible. La he visto seguir adelante con una pierna rota. Eso no la detendría. Tiene que haber otra cosa. Algo que la retenga y por lo que no haya podido avanzar – Sus pensamientos comenzaron a volar en su imaginación. Había un dato que habían obviado. Helenka.

- Están ayudando a otras personas a salir de allí. Hanji simplemente los mandaría con cualquier grupo de apoyo. Helenka no. Ella es enfermera, no dejaría que nadie saliese herido.

- ¿Y como las vamos a localizar si van avanzando escondidas?

- Habrá que buscar pistas

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Sentía los pasos de la colosal bestia cada vez más cerca. Sobre su espalda descansaba la mujer de su comandante, que previamente se había desmayado. Detrás suya, sus padres, cuya pervivencia le era desconocida hasta hacía unos instantes.

Necesitaba encontrar otro refugio. No podía defenderlos mientras cargase con la mujer encinta. Si al menos pudiese dejarlos en un lugar a salvo...

Miraba frenéticamente a ambos lados, variando su mirada hacia atrás en ocasiones para constatar que sus padres la seguían de cerca. Afortunadamente la figura que les perseguía no parecía tener prisa por devorarlos y avanzaba lentamente destruyendo algunos edificios.

Una ventana, una puerta, lo que sea, pero lo necesitaba ya. El dolor en su brazo crecía por momentos. El vendaje no servía en absoluto, la sangre volvía a manchar su chaqueta.

Una ventana, una puerta, algo.

Su cabeza pesaba más y más intentando comprender todo lo sucedido aquel día. Hizo un repaso mental de todo lo sucedido. Sus padres la abandonaron siendo una niña para vivir más cómodamente y sin el cargo de un menor.

Por otro lado, cuando se arrepintieron de sus actos, su comandante les chantajeo obligándoles a separarse aún más de ella. Con el paso de los años había llegado a temer al Erwin manipulador que en pocas ocasiones se mostraba tan abiertamente.

No guardaba muchas dudas de que ella fuese uno de sus peones. Pero no sabía que lo hubiese sido desde tan pequeña. No sabía si sentir rabia, odio, o cualquier otra emoción de contenida ira. Solo podía pensar en ese mismo momento en la supervivencia.

- Hanji... - la voz de su recién recuperada madre sonaba dura detrás de ella – No mantengas nuestro paso. ¡Huye!

- No digáis estupideces. Como líder de escuadrón no puedo abandonar a nadie. Además...- se negaba a perder a sus padres de nuevo.

Clàude Zoe se adelantó a su esposa y se colocó frente a su hija. La figura tras ellos se había parado momentáneamente a jugar con el torso de una niña que yacía en suelo. Desmembradolo poco a poco.

- ¡Hanji! No puedes vigilar más tus espaldas. Si llevas tanto tiempo siendo un soldado deberías saberlo mejor que nadie.

- No pienso... dejar a nadie – Un bofetón cruzó su cara.

- Tanto si te agrada como si no, somos tus padres – Sus manos fueron agarradas con fuerza por su esposa – Sabemos que si sigues cargando con nosotros no podremos salir ninguno. La mejor solución es separarnos, ¿cierto?

-...

- Hanji...- ahora era la mujer quién hablaba – Estamos orgullosos de ti. Sabemos que nuestra hija contribuirá al futuro de la humanidad.

- ¿Qué es lo que intentáis...? - sus ojos se posaron en sus manos libres que hicieron un recorrido por su espalda en la zona de la costura del cinturón del hombre. El cuchillo - ¡No! ¡Parad!

- No seremos más una carga para tí. Lamentamos mucho... haberte abandonado... Esperamos que no nos guardes rencor.

El hombre dirigió el cuchillo a su cuello y la mujer hizo el mismo gesto con un pedazo del cristal que rompió anteriormente.

- ¡No, no, no, no, no, no , no, no, noooooooooooooooooooooooooooooooo! - antes que pudiese llegar hasta su posición habían hundido las armas en sus cuellos.

Cayeron al suelo retorciéndose en un charco de sangre. Sus ojos aún permanecían abiertos. En su mente pudo oír una frase lejana "Si es por nuestro hijo, daremos nuestra vida si es necesario para preservar su futuro".

Sus padres se habían suicidado para liberarla de tener que ocuparse de ellos.

Depositó a Helenka, que aún permanecía desmayada en el suelo. Se acercó a los cuerpos sin vida de sus padres. Se preguntaba si ella tendría ese aspecto cuando muriera. Acercó sus dedos a sus párpados y los cerró.

No había sido culpa suya. Renunciaron a ella imbuidos por el miedo. No todas las personas podían mantener su cordura en aquella guerra. Muchos soldados perdían la cordura en la batalla y atacaban a sus propios aliados.

Ellos solo intentaron vivir. Seguramente se habrían arrepentido toda su vida. Acarició las muñecas de la mujer. Unas horribles marcas de cortes. No era la primera vez que planeaba acabar con su vida. El shock de haberla conocido fue suficiente para tomar su posición.

Al menos murieron por su propia mano y no siendo devorados por su enemigos.

- Mamá,...Papá... no os odio...no os guardo rencor...- sus lágrimas se habían secado. No necesitaba llorar más ese día - Vosotros accedisteis a abandonarme de nuevo a cambio de qué el no me permitiese morir, ¿cierto?

No le respondían. Permanecían tumbados mientras el líquido rojizo tiznaba más y más la estructura del tejado.

Una vez más debería dejar sus cuerpos atrás. Como en cada batalla que llevase a cabo. Volver con los cuerpos de sus camaradas era un lujo que pocos se podían permitir.

Intentó moverse, pero no podía. Aquel día estaba siendo muy irreal. Demasiado fatídico como para poder soportarlo. Debía salir de allí. Pero no podía abandonarles.

No podía enfrentarse a su comandante. No sola. Unos brazos se cernieron en su cuello. Podía reconocer por el tacto la suave piel de Helenka.

- Hanji...debemos proseguir – Hanji cerró los ojos y los volvió a abrir dirigiéndose de nuevo a la mujer.

- Lo se.

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No tardaron mucho en encontrar su primer rastro. Su capa envuelta en sangre. Prefería no saber en que tipo de situación se había visto envuelta como para que hubiesen encontrado eso así.

- Parece que han estado aquí. Hanji, Helenka y dos personas más. Han salido hace bastante rato. Hay bastante polvo sobre sus huellas – Volvió a subir por el tragaluz y se reunió con su subordinado – Una mujer y un hombre.

- De acuerdo, tenemos que buscar un grupo de 3 mujeres y un hombre caminando por los tejados de la ciudad. Maldita Hanji – agarró con más fuerza su capa – No se que clase de herida tiene pero no creo que pueda desplazarse por demasiado tiempo.

- Habrá perdido sangre.

- En estos momentos me alegro de que se encuentre junto a una enfermera – dijo en un tono sarcástico – De acuerdo. ¿A dónde debe haber ido ahora?

- A la derecha imposible. Está plagado de titanes. Y si va acompañada habrá dado un rodeo. Quizás ha seguido de frente por esta calle principal y habrá torcido en algún momento por algún sitio estrecho para no llamar la atención.

- Su sangre aún está húmeda. No deben haber pasado más de 15 minutos desde que salió de aquí. Está cerca. ¿Alguna noticia de Mike?

Sin contestar a su pregunta disparó una extraña pistola hacia el cielo. Explotó en el punto más alto mostrando un humo azulado.

En la lejanía pasados varios minutos se observó una humareda blanca en respuesta.

- Por ahora no parece haber problemas. Reza porque Hanji recuerde el protocolo de señales.

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Primero una humareda azul, luego una blanca. La azul parecía estar relativamente cerca. La blanca salía desde el muro al que intentaba llegar. El equipo de reconocimiento había llegado.

- Esas señales... ¿los miembros del equipo ya están aquí? ¿Erwin está aquí? - La mujer con cabellos rubios intentaba otear la zona. Habían subido hasta un viejo campanario para intentar vislumbrar la zona de alrededor.

Distinguir a alguien desde aquella altura era imposible, pero, no obstante podrían determinar mejor la dirección del proyectil.

Parecía provenir de donde habían entrado por aquel tragaluz.

- Helenka. Quédate aquí. Está lo suficientemente alto como para que no te ataquen. Iré a por ellos y volveremos todos juntos ¿de acuerdo?

- Hanji... ¿odias a Erwin...?

-...

- De acuerdo. Permaneceré aquí.

La joven soldado bajó rápidamente por la torre. No había demasiada distancia entre sus compañeros y ella. Podrían volver todos. Aquel día había sido muy duro.

Hubiera deseado pasar más tiempo con sus padres antes de...

Quizás fue porque era demasiado optimista y había olvidado que estaba en un campo de batalla, o por la pérdida de sangre, o por todos los sentimientos que la abrumaban. Pero no consiguió verlo.

Desde la altura privilegiada en la que se encontraba, Helenka pudo ver aquel extraño titán. Todos los que estaba viendo a lo largo del día guardaban unas características parecidas. Pero aquel era distinto.

Corría a gran velocidad mientras poco a poco iba generándose una coraza que ralentizaba su avance. La calle principal temblaba a su avance. Como si fuese ciego o no percibiese con demasiada objetividad su alrededor comenzó a estamparse contra los edificios que le rodeaban. Generando grietas por doquier.

El suelo que pisaba Hanji en esos instantes parecía a punto de ceder. Aunque, si saltaba justo en ese momento sería arrollada por ese extraño titán.

Se tiró sin pensarlo hacia abajo. Aterrizó sobre sus pies de forma dolorosa, recibiendo un fuerte golpe en la espalda. Tragó sus lágrimas intentando no pensar en la vida que posiblemente ya hubiese matado.

Agarró del brazo justo a tiempo a su compañera.

- ¡No saltes ahora! - justo delante de ellas la figura pasó a su lado sin prestar mucha atención a su presencia, precipitándose directamente contra el muro. Un enorme terremoto sacudió la zona.

- G-gracias, Helenka, por poco – su sonrisa triunfal devolvió los ánimos a la mujer – Formamos un buen equipo, ¿eh?

- Ah, mira allí – su dedo señaló justo enfrente. Dos figuras conocidas se aproximaban con rapidez.

- ¡Levi!¡Erwin!¡Aquí! - no percibió como el suelo crujía bajo sus pies. El paso de aquel extraño titán daba ahora sus frutos.

Solo pudo reaccionar lo suficientemente rápido como para empujar a la mujer hacia el interior precipitándose ella hacia el suelo.

Mientras caía veía a la mujer con cabellos rubios gritando su nombre.

- Mi-mis ganchos – antes de poder pensar siquiera en dispararlos notó una extraña y protectora figura que la recogió metros antes de precipitarse contra el suelo – Levi...

Dirigió su vista hacia arriba mientras los cables que salían de la cintura del muchacho los balanceaban como si de un péndulo se tratase.

El campanario parecía comenzar a quebrarse. Podía oír los crujidos que salían de la base.

No tuvo tiempo siquiera de decir su nombre cuando la torre se partió aplastando a la chica. La sangre goteaba por las rocas esparcidas por aquel tejado. Su tizne carmesí manchaba su cara.

Sintió finalmente el suelo firme bajo sus pies. Habían vuelto a aterrizar sobre el tejado. Ahora prácticamente hundido debido al impacto de la torre. Erwin ya estaba encima de aquellas rocas apartándolas con sus manos desnudas.

Dejó que sus rodillas se rindiesen a su peso. La última roca que había apartado su comandante por fin le permitía ver los largos cabellos de Helenka. Le había salvado la vida hacía pocos minutos.

Sintió unas frías manos posarse sobre su cara tapando sus ojos.

- No mires esto – aquella voz que tan bien conocía.

No necesitaba mirar para saber lo que iba a encontrar. La cabeza de ella estaba quebrada, con riesgo de separarse de su cuerpo. Su hijo no nato aplastado por el peso del derrumbamiento. Una alianza dorada.

Era una escena ya vivida para ella antes. Aún recordaba el tacto de aquella pequeña mano.

Las lágrimas silenciosas de Erwin la sacaron de sus recuerdos. Demasiado duro. Se agarró al brazo de Rivaille y dejó fluir sus sentimientos hasta que la presión del día acabó con ella y perdió la consciencia.

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Se despertó sobresaltada en su cama. Habían pasado 4 días desde todo lo ocurrido. Infinidad de personas habían perdido la vida en aquel desastre. Ella había sido una de las privilegiadas que aún la conservaba.

A su lado, exactamente igual que la última vez que perdiese así la consciencia dormía su agotado compañero. Su brazo parecía perfectamente vendado, al igual que otras magulladuras que había sufrido.

No podía vivir en sus sueños por más tiempo. Le tocaba enfrentarse a la realidad.

Ambos se encaminaron al viejo despacho en el cual por años habían habitado y compartido tantas experiencias. Mike ya se encontraba allí. Permanecía sentado y callado.

Rivaille y Hanji tomaron asiento uno al lado del otro.

- Seré franco, hemos tenido numerosas bajas. Este golpe... - su voz sonaba algo difusa. Sus ojos mostraban tremendo cansancio. El aspecto enrojecido de sus ojos la abrumaba – Este golpe ha sido demasiado duro. Ya sabéis mi postura ante esto.

- …...

- Si queréis no queréis continuar en el ejército se os concederá la amnistía. No seréis penados. Es vuestra decisión.

Hanji dirigió una mirada a su alto compañero que parecía acariciar el emblema en su pecho con cuidado. Él se quedaría.

Erwin también se quedaría.

Rivaille probablemente también, necesitaba esa acción.

La decisión final era suya. El ejército la necesitaba. Necesitaban su inteligencia. Ahora era un caso personal. No tenía nada que la reteniese en ese mundo. Lo daría todo por que la sociedad prosperase.

Mientras ella estuviera viva, no descansaría hasta averiguar hasta el último ápice de información de aquellas figuras sedientas de sangre.

Miró de soslayo a su compañero el cual hizo un gesto de asentimiento con sus ojos. Como si poseyeran unas manos invisibles previamente entrelazadas se soltaron poco a poco. El pasado no podría retenerla más.

Ni siquiera hicieron falta palabras para tomar aquella decisión.

Se acabarían las charlas hasta altas horas de la madrugada. Los encuentros, las caricias. Estaban en guerra, y se había encargado de recordarlo. No podían vivir más tiempo bajo aquel universo alternativo donde lograr la felicidad es algo plausible.

- Me quedo.

Su voz sonó directa y concisa. Ya sabia en que consistía su rutina, la había aceptado. Su día a día era solamente la vida de un soldado.

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La pequeña figura azabache se acercó hacia el jardín blanquecino lleno de lirios. Una pequeña flor comenzaba a germinar. Una pequeña amapola amarilla. Escarbó un poco en la tierra y metió su mano en el bolsillo de su chaqueta. Extrajo una pequeña pieza metálica de forma ovalada y con una abertura en el centro.

La colocó sobre el pequeño agujero y volvió a llenarlo de tierra.

- Hasta que todo esto acabe – susurró.

FIN

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(ACLARACIÓN) : La amapola del final representa la tumba de Helenka, que pretendía unirse al ejército y murió antes de entrar.

Bueno, espero que os haya gustado el capítulo final. Como habréis podido observar. Todos los recuerdos que he relatado en el fic atacan a Hanji en estas últimas y tediosas horas de asedio en la ciudad.

Yo no se vosotros, pero yo he llorado mientras lo escribía.

En cuanto a la continuación sobre los 5 años del entrenamiento de Eren y compañía, pues, si lo pedís muchos lo intentaré.

Espero vuestros reviews finales y espero que hayáis disfrutado leyéndolo tanto como yo escribiéndolo. Es la primera vez que hago un fic y menos tan largo. Ha sido muy lioso, pero muchas piezas han ido encajando poco a poco.

Gracias por leerme y nos vemos pronto!