La primera vez que alguien me apunto con un arma -y lo recuerdo a la perfección. - no pude hacer nada. Mi mente se volvió en blanco. En mi pecho sentí el frío filo de una espalda atravesando mi palpitante corazón. Así debe sentirse ser traicionada por la persona que amas, ese fue mi primer pensamiento, pues... quien me apuntaba, era nadie más que mi padre. Recordarlo es algo que me parte el alma...

Está demás decir que no me disparó, de ser así no estaría contando esto.

Ahora por segunda vez, estaba siendo apuntada. Y por un ser que no demostraba compasión alguna al matar a un animal. ¿Cómo me veía él entonces? ¿Cómo una ardilla más? ¿Por qué me apuntaba en nuestro segundo encuentro frente a frente?

Noté que el cazador apretaría el gatillo. Me encogí de hombros y tape mi rostro con mis manos.

¿Este es mi fin?

Escuché el sonido de la saeta dispararse. A continuación, el gemido de un ciervo y su trote cada vez más lejano. Incrédula bajé mis manos lentamente de mi rostro, sólo así para encontrarme con el furioso rostro del cazador.

Sentí que sólo deseaba verme muerta. O atravesada por una de sus saetas.

-Si vas a dispararme hazlo ya... ahora que no hay nadie cerca. -Sugerí luego de un suspiro de resignación. Fue algo que se escapo de mi boca.

¡Oh rayos! ¿Qué he dicho?

Don Ballesta se aproximó hasta donde me encontraba. Fue como si un toro corriera dispuesto a enterrarme sus cuernos. Sus pasos fueron como los de un gigante. Sólo Dios sabe que mi corazón palpitaba a una velocidad universal. Cuando estuvo lo suficientemente cerca de mí escupió:

-Debería metértela por el culo. - Ouch.- ¡Tú y tu maldita estupidez hicieron que no le diera al maldito ciervo! Justo ahora que consigo algo de buena comida te atraviesas. -Cada vez se acercaba más sólo para gritarme con más potencia. Retrocedí, cayendo contra el suelo lleno de hojas.

-Puedo ayudar a buscarlo.

Mi repentina propuesta provocó que respondiera al momento con un resoplido mezclado con burla. Al menos lo hice callar, pensé. Admito que se lo haya tomado en broma me molesto.

-¿Tú? ¿Alguien que apenas tiene agallas para hablar? No jodas...-Acomodó su ballesta y la colgó de su hombro. Buscando con la mirada donde estaba la saeta que le lanzó al ciervo y se dispuso a dejar la escena.

-No estoy bromeando... -Murmuré levantándome del suelo. Sacudí mi ropa y lo seguí.

He logrado seguirte hasta aquí ¿no?

Daryl siguió el rastro del animal mientras yo, como un pato recién nacido sigue a su madre, guardaba silencio entreteniéndome observándolo. Debió sentirse intimidando, pues de vez en cuando se volvía a mirar lo que hacia. Yo disimulaba que estaba mirando los árboles, sino tendría otro regaño de su parte y no era lo que quería... ahora que me estaba permitiendo seguirlo.

Como dije antes: nuestra relación es extraña.

Deje de deleitarme con su espalda y me sumí en mis pensamientos. Cuando choqué contra la espalda del cazador volví a la tierra.

-No veo más huellas -Murmuró más para sí. Sacudí la cabeza y me situé a su lado; estaba n lo correcto, no había huella del ciervo. Las hojas no parecían pisadas.

Me agaché y las revolví, pero nada. Miré alrededor buscando alguna señal del animal. El pasto había sido arrancado recientemente.

-Hey mira... -llamé al cazador con mi diestra moviéndola animosamente. -El pasto ha sido arrancado hace poco. Y si te fijas más allá... las ramas de aquel arbusto están rotas. El ciervo debió escucharnos.

El cazador no dijo nada hasta comprobar mi teoría.

-Asique la forastera tenía razón...

¿Forastera?

-¿Quien te enseño a cazar? -Oí su pregunta, pero la omití intentando descifrar el motivo de su apodo. -Al diablo...

No sé cuánto tiempo pasó. Nuestros estómagos pedían misericordia.
Daryl en el camino cazó una ardilla y me la entrego. A la media hora le disparó a otra que subía un tronco.

Se detuvo, saco su cuchillo y abrió la ardilla.

-Hola cena. -Alcancé oír antes de llevarse a la boca un trozo ensangrentado del animal.

Antes de mi siguiente acto suspiré y con el pecho inflado me acerqué hasta él. Cuando notó mi presencia junto a la suya me miro y me extendió el cuchillo. Lo recibí de mala gana, nunca me gustó abrir a los animales. Odiaba cuando mis padres me obligaban a hacerlo diciendo que "algún día me sería de ayuda"... Jaaa, ellos estaban en lo correcto.

-Con buena hambre no hay pan duro...

Deseé pensar en algo que no fuera la chiclosa carne de la ardilla. De verdad lo quise, pero fue imposible. Mis pensamientos eran interrumpidos por las fervientes nauseas.

-Di algo. -Tragué un trozo de carne (que apenas pude pasar por mi tráquea) y lo mire asqueada. -Así lograras distraerte del mal sabor... -Agregó.

-¿Algo como qué?


Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! Me bajaron las ganas de escribir a las 5 de la mañana jaa, si notan algo mal escrito disculpen, a esta hora no estoy en mis cinco sentidos... menos cuando me da hambre.

Quiero agradecer sus reviews (creo que lo escribí bien) son una de las bases de mi inspiración para continuar la historia. La otra es saber que sucederá entre la protagonista y Daryl -Sí, para mi también es un misterio-. Todo puede pasar...

Toda crítica, opinión, consejos y demás es bienvenido. Todo ayuda para ir mejorando.

Saludines~*