Aclaración:

1-Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestado para poder adaptar esta historia.

2-La historia es una adaptación a SasuSaku, ya que la original esta escrita por Johanna Lindsey se titula "El amor del pirata" por lo que ESTE FIC NO ME PERTENECE.

3-La narración esta de parte de Sakura , al igual que los pensamientos.

Advertencias:

CATEGORÍA: "M".

Esta historia contiene:

AU- LENGUAJE UN POQUITO VULGAR- LEMON- LIME…

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Capítulo cuatro:

Sakura se despertó bruscamente. Había estado soñando con Sasuke, y su primer pensamiento fue que había tenido una horrible pesadilla. Pero cuando miró a su alrededor y vio donde estaba, supo que no se trataba de un mal sueño.

Todo era cierto. Realmente estaba en un barco pirata. Realmente estaba a merced de un hombre de quien no sabía nada, un hombre que había gozado teniéndola en su poder. Y lo había disfrutado. Ella había visto placer en sus ojos, lo había oído en el tono de su voz. Era un hombre que sólo se preocupaba por sus propios deseos, y nada sobre los sentimientos de ella.

Con un suspiro de desesperación, Sakura hizo a un lado las mantas yse sentó en el borde de la estrecha cama. Veía su vestido violeta arrugado junto a la mesa, y se dio cuenta de que había dormido sin ropa. En sus diecinueve años, no recordaba haberse acostado jamás sin camisón.

Miró a su alrededor en la pequeña habitación, esperando encontrar algo qué ponerse aparte del vestido destrozado, y vio un hermoso arcón tallado a mano contra una pared. Fue hacia él, sabiendo instintivamente que debía contener ropas del capitán, y lo abrió. Su primer impulso fue destrozar el contenido hasta convertirlo en harapos, pero rápidamente abandonó la idea. Sabía muy bien cuales serían las consecuencias. Examinó cuidadosamente las ropas, esperando encontrar alguna bata, pero tuvo que decidirse por una camisa de color celeste.

Se la puso por encima de la cabeza, y observó que el amplio cuello dejaba ver parcialmente sus jóvenes pechos erguidos. El borde de la camisa no le llegaba a las rodillas, pero la prefirió a los pantalones de Sasuke. El hombre era demasiado grande. Ya encontraría hilo y aguja para arreglar su vestido antes de que volviera. Mientras Sakura estudiaba el resto de la cabina, se detuvo ante un golpe a la puerta. Su primera idea fue encontrar algo para cubrir sus piernas desnudas, porque temía que fuera Sasuke o algún hombre de la tripulación, pero se tranquilizó al ver entrar a Chiyo. Llevaba una pequeña bandeja de comida que dejó en la mesa.

—¿Estás bien, Sakura? —preguntó Chiyo—. Estaba muy preocupada de que el capitán pudiera hacerte algún daño.

—No me pegó, como ves —respondió Sakura, sintiéndose nuevamente furiosa—.Este Sasuke exige su venganza en forma mucho más sutil.

—No comprendo.

—¡Por supuesto que comprendes! —saltó Sakura, furiosa, pero se sintió avergonzada al ver la expresión de tristeza en el rostro de su criada—. Lo siento. Mira, el capitán ha amenazado con azotarme si me resisto o lo desobedezco en cualquier forma. No me deja otra posibilidad sino someterme como si estuviera bien dispuesta. ¡No puedo soportarlo! Quiero luchar contra él, pero temo al látigo más que a cualquier otra cosa.

—Ah, me alivia oírte decir eso, pequeña.

—¿Cómo puedes decir eso, Baa-sama? —preguntó Sakura, asombrada—. ¿Cómo puedes sentirte aliviada de que yo deba someterme a ese... ese monstruo?

—Simplemente no quiero que te hagan daño —dijo Chiyo con tono herido—. Haría cualquier cosa por evitar que ese hombre te tome, Sakura, pero nada puedo hacer. Nada puedes hacer tú, tampoco.

—Yo podría hacer algo si él no me amenazara azotarme.

—Sí, y por eso me siento aliviada, Sakura. Conozco tu genio. Recuerda aquella vez que peleaste con muchacho del establo cuando eras una niñita y que ser el muchacho que tu padre deseaba. El niño se burló de ti y tú no cejaste hasta que lo dejaste tendido en suelo. Te conozco bien, pequeña pero ninguna de nosotras conoce a este Sasuke. No tengo dudas de que te dañaría si trataras de luchar contra él.

—¡No me importa! —saltó Sakura.

Chiyo suspiró.

—Yo habría deseado que tu primera experiencia con un hombre fuera más feliz. Pero el daño está hecho Sakura. Las cicatrices de la mente eventualmente se olvidan. Pero las cicatrices en tu cuerpo están siempre allí para recordarte esta desagradable experiencia.

—¡Desagradable! Eres demasiado amable —declaró Sakura—. Están llenas de terror, son como pesadillas, sí, pero desagradables... esto mal puede llamarse "experiencia desagradable".

—Pero no es más que eso, una experiencia por 1a que atraviesas. Pronto todo terminará, te casarás con conde, y...

—¿Me casaré? —preguntó Sakura con escepticismo.

—Claro que sí.

—¿Y si el conde Sabaku no, no quiere casarse conmigo cuando sepa que me han deshonrado? ¿Y si ocurre algo aún peor, que no quiera pagar mi rescate? ¿Qué no sucederá entonces?

—Debes dejar de pensar en eso, Sakura. El es francés. Es una cuestión de honor. Pagará el rescate y además se casará contigo. Ahora ven, come antes que la comida se enfríe.

Sakura pensó que Chiyo debía tener razón. Ya habría tiempo para preocuparse por el conde más adelante. Ahora, su principal preocupación era el capitán y cómo evitar una nueva violación.

Chiyo había traído dos recipientes con espesa sopa, y comieron en silencio. Sakura terminó primero se apoyó en el respaldo de su silla para estudiar el rostro de Chiyo. Su vieja niñera parecía cansada.

—Debes perdonarme, Baa-sama. Estaba inmersa en auto conmiseración; ni siquiera me había preguntado cómo estabas tú. ¿Te cuidan? ¿Tienes un lugar para dormir? -Chiyo levantó la mirada y sonrió.

—No te preocupes por mí, pequeña. Nada debo temer de estos hombres si les gusta cómo cocino.

—¿Tu cocina? ¿Tú preparaste esta sopa?

—Sí —rió Chiyo—. Temporalmente soy la cocinera del barco. No me molesta, me da algo que hacer. No hay muchos alimentos en la bodega, pero puedo parar una comida mejor que el tonto a quien reemplacé.

—Estoy segura de que sí, Baa-sama.

—Y el primer oficial me dejó su camarote, de manera que tengo un lugar para dormir.

Sakura tembló al oír mencionar al hombre corpulento que quería azotarla hasta la muerte.

—No debes juzgar a Kakashi por lo sucedido —dijo Chiyo—. Anoche cené con él y no es mal hombre.

—Pero quería matarme. Y lo habría hecho si... —Sakura se interrumpió. No quería admitir que Sasuke la había salvado de ese horrible destino.

—Sí, te habría matado —dijo Chiyo—. Y si lo hubiera hecho, yo habría tratado de matarlo a él. ¿No te das cuenta, Sakura? Dadas las circunstancias, tú o yo habríamos reaccionado de la misma manera. Kakashi pensó que habías matado a su amigo. Me dijo anoche que Sasuke es como un hijo para él, o más que un hermano, porque sólo se llevan diez años de edad. Sasuke perdió a sus padres cuando era apenas un niño, y Kakashi lo adoptó y lo crió. Desde entonces están juntos. Están muy, muy unidos. ¿No habrías actuado tú de la misma manera que Kakashi si pensaras que alguien a quien quieres había sido asesinado?

—Supongo que sí —admitió Sakura de mala gana. Sabía que Chiyo tenía razón, pero Kakashi le daba miedo.

—El destino nos puso a merced de estos hombres —continuó Chiyo—. Y eso es lo que debemos recordar... Que estamos a su merced. Aún temo que harás daño a Sasuke, y entonces Kakashi...

—No, no volveré a tratar de matarlo. Al menos no hasta que estemos seguras.

—¿Qué quieres decir?

—Me vengaré. Sasuke me ha deshonrado, me ha humillado... ¡Me ha engañado!

—Pero Sakura, es un pirata. Se libró una batalla y nuestro barco perdió. El capitán te desea, y para su manera de pensar, tiene derecho sobre ti como ganancia de esta batalla. Estos piratas podrían matamos si lo decidieran, y probablemente lo harían si no fuera por el rescate —dijo Chiyo.

—Supongo que tienes razón.

—De modo que no debes oponerte al capitán, porque él tiene tu vida en sus manos.

—¡Pero yo lo odio! ¡Lo veré muerto! —replicó acaloradamente Sakura.

—Sakura, ¿qué te sucede? En general aceptas las situaciones cuando son inevitables. ¿Por qué no tratas de aprovechar esto lo mejor posible? No durará mucho tiempo.

—Un día es demasiado para estar bajo el poder de ese hombre. ¡Es una bestia arrogante! Se divierte humillándome.

—¡Sakura, por favor! Tienes mucho que vivir una vez que esto haya terminado. ¡No pongas tu vida en peligro!

—No te preocupes por mí, Baa-sama.

—¿Cómo puedo no preocuparme por ti cuando te oigo hablar así? Sasuke dejó libre a la tripulación de "Canción del Viento" en un acto de piedad, pero podría matarte todavía si lo enojas. Tú no sabes...

—¿Qué quieres decir con eso de que liberó a la tripulación? —interrumpió Sakura—. ¡Los mató, los asesinó a todos!

—Ya debes saber que no fue así, Sakura —dijo Chiyo.

—No lo sé... No sé nada —admitió de mala gana—. No fui capaz de mirar a mí alrededor mientras me llevaban por la cubierta. Supuse que estaban todos muertos.

—No era así. Yo los vi respirar. Muchos estaban inconscientes, y la mayoría heridos, pero creo que en realidad no hubo muertos.

—¿Para qué les permitiría vivir?

—No lo sé, querida. Me pareció extraño en ese momento. Los piratas suelen ser hombres crueles que matan fácilmente por placer o por lograr un botín.

—Son ladrones, y atacaron a "Canción del Viento", ¿verdad? Tal vez Sasuke se sentía bondadoso ayer, pero sigue siendo un pirata, y yo trataré de que muera por lo que me ha hecho.

—Ah, Sakura —suspiró Chiyo—. ¿Por qué no podrías ser más parecida a tu dulce madre? Acepta la verdad de que los hombres gobiernan este mundo y de que nosotras las mujeres nada podemos decir. Sería mucho más fácil para ti si lo hicieras. Así como tú obedeces las órdenes de tu padre en tu casa, ahora debes obedecer las de Sasuke. Y cuando te cases, obedecerás al conde. Los hombres castigan a las mujeres que no cumplen sus deseos. ¿No aprendiste eso cuando eras joven rebelde? Te enviaron a la escuela, a pesar de que tu madre deseaba que permanecieras en la casa. Tu padre os castigó a las dos enviándote allí. ¿Nada has aprendido de tus errores?

—Pero eso era distinto.

—Sí, supongo que sí. Legalmente un pariente de sexo masculino gobierna tu vida. Sasuke no es un pariente, pero ahora estás bajo su dominio, y las leyes de la sociedad no están aquí para evitar que te hagan daño. Recuerda eso, pequeña, por tu propio bien. Abandona esta venganza de que hablas.

—He dicho que no lo mataré hasta que estemos seguras, pero entonces encontraré la forma de hacerlo.

Chiyo dejó las cosas como estaban. No tenía sentido tratar de llamar a Sakura al sentido común si sentía las cosas tan fuertemente.

—Ahora debo ir a preparar el almuerzo. —Chiyo metió la mano en un bolsillo y sacó una aguja e hilo—. Conseguí esto para arreglar tu vestido. Pensaba hacerlo yo misma, pero creo que necesitas algo que hacer.

—Sí; y gracias, Baa-sama, siempre piensas en todo. —No en todo, porque de otra manera habría pensado en la forma de mantener a ese hombre apartado de ti.

—Ya lo pensaré yo misma —replicó Sakura.

Chiyo sacudió la cabeza y se levantó, para retirarse.

—Volveré más tarde, Sakura, si puedo. Tal vez esté demasiado ocupada, sin embargo, si las provisiones que el capitán prometió llegan esta tarde.

—¿Qué provisiones? —preguntó Sakura sorprendida.

—Las que Kakashi compró en la costa. Partió esta mañana.

—¡Fue a la costa! —exclamó Sakura—. Entonces estamos cerca de tierra...

—Creí que lo sabías. El barco echó anclas a medianoche. Estamos en el puerto de Tórtola.

Sakura finalmente advirtió que el barco estaba inmóvil. Después de estar tanto tiempo en el mar, tendría que haberse dado cuenta al despertar de que el barco no se movía, pero sus tumultuosos pensamientos le impedían percibir nada.

—¡Ahora podemos escapar! —dijo rápidamente Sakura, levantando la voz por la excitación.

—Eso es imposible, Sakura. Necesitamos un bote, porque el barco está lejos de la costa. Y la tripulación los ha usado todos.

—¡Podemos nadar!

—Yo... no sé nadar –admitió Chiyo de mala gana.

—Ay, Baa-sama –casi gritó Sakura. Luego sus esperanzas resurgieron—. Iré sola. Traeré a las autoridades, y estos piratas serán arrestados y ahorcados. ¡Quedaremos libres!

—Es una buena idea, pequeña, pero jamás podremos llevarla a cabo. El capitán está en el barco. Jamás te dejará escapar.

Las esperanzas de Sakura se hicieron pedazos con estas simples palabras.

Decididamente con un día largo, y así le pareció a Sakura. Después de terminar de arreglar su vestido y su ropa interior, se ocupó en poner en orden el camarote. Advirtió que las dagas y el látigo habían desaparecido, pero eso esperaba. Apiló los libros del capitán; todos trataban sobre el mar, y no tenían interés para ella. Luego encontró lugar para guardar todas las cosas pequeñas de manera que cuando terminó, la habitación tenía un aspecto completamente distinto. Pero esto no le llevó mucho tiempo, y pronto se encontró paseando de un lado a otro buscando algo que hacer.

Decidió salir de la cabina para respirar aire fresco y para mirar la isla donde habían anclado. Pero en cuanto salió de la habitación, un individuo corpulento le gritó que no tenía permiso para estar en cubierta. El hombre parecía no estar dispuesto a admitir discusiones, de manera que Sakura volvió a su prisión temporal y cerró la puerta de un golpe.

Como no tenía nada que hacer, Sakura trató de dormir, pero la habitación no estaba aireada. Trató de abrir la ventanita, pero estaba atrancada y fue imposible moverla. Deseaba salir a cubierta y dejar que la brisa fresca desordenara sus cabellos. Pero no, esto no le estaba permitido, por orden del capitán, estaba segura. La idea de que podría tratar de escapar seguramente había pasado por la mente de Sasuke.

Sakura de todas maneras pensaba escapar y, mientras se movía con inquietud por el camarote durante el día, fue madurando una idea que le dio nuevas esperanzas.

Sakura se levantó para encender las velas cuando el camarote quedó a oscuras al acercarse el ocaso. El aire fresco de la noche acariciaba sus mejillas, y se volvió para ver a Sasuke parado en la puerta abierta.

—¿Me echabas de menos, pequeña? —preguntó, con un atisbo de risa en su voz.

Sakura retrocedió cuando él cerró la puerta y comenzó a desanudar el látigo que llevaba colgado en el pecho, con el mango sobre un hombro.

—No me has contestado.

—Si nunca volviera a verte, sería la mujer más feliz del mundo.

—Me alegro de ver que sigues tan dulce como siempre —dijo él con sarcasmo.

—Y tú, por lo que veo, sigues siendo un cobarde. Tienes miedo de estar en la misma habitación conmigo sin el látigo para protegerte —soltó Sakura con más coraje a medida que se enojaba.

Sasuke le sonrió y dejó caer el látigo sobre la mesa.

—Pronto probaré que no necesito este látigo para domarte.

Sakura no lo comprendía. Pero cuando se oyó un golpe a la puerta, pronto olvidó lo que estaba pensando. Un joven camarero trajo una gran bandeja de comida y la colocó sobre la mesa. Miró tímidamente a Sakura, antes de partir, dejándola nuevamente sola con el capitán.

Comieron en silencio, y Sakura no apartaba los ojos del plato. Sabía que Sasuke la observaba. Nuevamente tardó todo lo que pudo en terminar la comida, pero esta vez a él no pareció importarle. Quizás estaba cansado, pensó ella esperanzadamente, yno le pediría nada esa noche.

—¿Te gustaría salir a dar un paseo?

Sakura levantó la mirada, y se encontró con sus sonrientes ojos negros.

—Hoy quería salir, porque hacía mucho calor aquí. ¿Por qué no me lo permitieron? —preguntó Sakura, tratando de mantener su voz tranquila.

—Porque no quiero que salgas a cubierta durante el día —replicó él.

—¿Pero por qué? En el "Canción del Viento" tenía que quedarme abajo para evitar tentar a la tripulación. Pero tu tripulación ha ido a la costa, y no habría nadie para verme si saliera a cubierta —¿Aún tienes miedo de que escape? —preguntó Sakura con malignidad.

—No, no escaparás, Sakura, de manera que quítate la idea de la cabeza. Aunque lograras llegar a la costa, no tendrías adónde ir. Yo te encontraría.

—¿Entonces por qué debo permanecer en la cabina? Al menos déjame la libertad de andar por el barco mientras no está la tripulación, con eso no puedo hacer ningún daño.

—No toda la tripulación está en la costa, Sakura. Y hay muchos barcos en el puerto. Los muelles están llenos de hombres. Prefiero que no te vean a bordo de mi barco.

—¿Tienes miedo de que me rescaten y de que te ahorquen por Pirata? —preguntó ella.

—No es eso, pequeña —Sonrió él—. Algún traficante de esclavos podría subir a mi barco durante la noche y raptarte. Tu destino sería mucho peor de lo que es ahora.

—Dudo de que pudiera ser peor —replicó ella, echándole una mirada despreciativa—. Muy bien, entonces. ¿Cuánto tiempo estarás en este puerto?

—No mucho. Un día más, quizá.

—Yde aquí ¿saldrás hacia saint Martin?

—Sí.

—Entonces ¿una vez que salgamos, podré... ?

—¡No! —El la interrumpió, anticipando la pregunta—. Eres demasiado tentadora, Sakura.

—Eso es ridículo. No soy diferente de ninguna otra mujer, y tus hombres seguramente ya están saciados en este momento.

—Sí, seguramente están saciados y satisfechos de sí mismos. Pero si te permitiera salir a cubierta todos los días, habría dificultades. Eres muy deseable, Sakura, y no quiero que mis hombres se tienten al verte.

—Tus hombres ya me han visto.

—Sí, y saben que eres mía. Recordarán que eres hermosa, y dirán que el capitán es un hombre afortunado. Pero si te vieran todos los días, alguno podría arriesgar su vida por poseerte.

—¿De qué manera?

—No comparto mis mujeres, Sakura. Mataré a cualquier hombre que te toque —respondió él.

Sakura se estremeció, recordando al hombre que había estado a punto de morir en el "Canción del Viento" a causa de ella. Pero no importaba, porque ella no estaría en ese barco al día siguiente. Sólo trataba de ganar tiempo, porque aún tendría que luchar con Sasuke esta noche.

—No eres razonable, capitán. No tengo nada que hacer en tu camarote. Tus libros no me interesan, no tengo nada que hacer, y esta habitación es insoportablemente calurosa. ¿Al menos no podría salir durante el día? Tú puedes vigilarme.

Sasuke suspiró y se apoyó en el respaldo de su asiento.

—Tengo que dirigir el barco. No puedo concentrarme en mi barco y preocuparme por ti al Mismo tiempo. Si estás aquí, sé que estás segura. Además, el hecho de que yo te mire o no, no te oculta de la vista de mi tripulación. En cuanto al calor, sólo necesitas abrir la ventana.

—La ventana está atrancada —replicó Sakura con frivolidad.

Sasuke se puso de pie, fue hasta la ventana, y la abrió fácilmente.

—Creo que no eres tan fuerte como piensas, pequeña. Ahora, ¿te gustaría dar ese paseo?

Sin responderle, Sakura se levantó y salió de la cabina. No esperó a Sasuke, sino que echó a andar hasta llegar a la barandilla de la cubierta delantera. Allí quedó, maravillada por la belleza de la luna llena tropical brillante en el horizonte, que iluminaba el agua negra. El mar estaba sereno y una brisa fresca desordenaba los cabellos de Sakura, tranquilizándola.

A lo lejos la isla se veía bañada por la luz de la luna. Sakura veía el perfil de las altas montañas al fondo, pero la ciudad frente a ella podía haber sido un puerto de cualquier lugar del mundo. No veía nada de la belleza tropical que esperaba encontrar en el nuevo mundo. Pero por supuesto era de noche, y lo único que veía eran los edificios que bordeaban el muelle.

Era una noche cálida y hermosa... una noche para el amor. Sakura sabía que podía esperar muchas noches así cuando llegara a Saint Martin, y esperaba que allí encontraría el amor... un amor que le haría olvidar esta pesadilla que estaba viviendo.

Sentía la presencia de Sasuke detrás de ella. Mirando hacia abajo, vi o las manos de él aferradas a la barandilla, a ambos lados de su cuerpo, que no le dejaban lugar para escapar. Estaba parado tan cerca que su cuerpo tocaba el suyo; luego ella sintió sus labios contra su cuello. Se le erizó la piel, y todo su cuerpo se estremeció, y se dio cuenta de que debía liberarse de estas sensaciones antes de que fueran más intensas.

—¿Por qué me hiciste creer que habías matado a toda la tripulación de "Canción del Viento"?

El rió suavemente y le rodeó la cintura con sus brazos, oprimiéndole contra él.

—Querías creer lo peor de mí, y yo no veía razón para negarte esa satisfacción, ya que era todo lo que tenías. Lamento desilusionarte, pero no soy tan carnicero como piensas.

—¡Pero eres un pirata! —exclamó ella, volviéndose para mirarlo.

—No exactamente. Otra vez debo desilusionarte. Soy un marino que actúa bajo las leyes de Inglaterra. Sólo asalto navíos españoles... barcos que llevan oro de vuelta a España. ¿Sabes cómo obtienen los españoles ese oro, Sakura? —preguntó Sasuke, con voz repentinamente dura—. Matando hombres, mujeres y niños. Los españoles esclavizaron a los nativos de las islas caribes que conquistaron, y los hicieron pasar hambre para luego matarlos porque no trabajaban lo suficientemente rápido. Y cuando los indios nativos quedaron exterminados, los españoles trajeron esclavos negros y no los trataron mejor. No amo a España y me satisface arrebatarle su oro y llevarlo a Inglaterra. Tal vez te sorprenda enterarte de que hay bucaneros franceses que hacen lo mismo, y llevan el oro a Francia.

—¡Mientes! Todo lo que haces es mentir. Si sólo asaltas a los españoles, ¿por qué asaltaste a "Canción del Viento"?

—Quería subir a bordo y hablar contigo, o negociar con el capitán para saber adónde te llevaba. "Canción del Viento" hizo fuego primero, y yo jamás he escapado a una pelea, Sakura, sin embargo, como la batalla continuaba, di órdenes de evitar las matanzas. Subí al barco, te tomé, y desaparecí.

—¡Pero eso es piratería!

—Ese es el resultado de una batalla.

—¡No tendrías por qué haberme violado!

—No, es cierto, pero eras demasiado tentadora, pequeña. Creo que no tuve voluntad para resistirte. —Daba la impresión de que se burlaba de ella. Luego la atrajo hacia él y sus labios oprimieron los de la muchacha. Cuando ella trató de apartarlo, él la oprimió más fuerte, apretando su cuerpo contra el de ella.

Ella sentía su deseo, y sabía adónde conduciría ese beso. ¿Qué podía hacer esta vez? ¿Cómo podía luchar contra el placer que ya sentía en su cuerpo?

Sasuke la dejó repentinamente, y Sakura cayó contra la barandilla, respirando pesadamente. Contempló su expresión divertida, claramente iluminada por la luz de la luna, y se enfureció que jugara tan claramente con sus sentidos.

—Ven —dijo él, tomándole la mano y llevándola mientras volvía a su camarote.

En la privacidad de la pequeña cabina, Sasuke cerró la puerta, y Sakura corrió hasta el otro extremo de la larga mesa. Al ver el maldito látigo allí, lo tomó y lo arrojó por la ventana abierta, una vez hecho esto enfrentó a Sasuke con expresión desafiante.

Pero él obviamente estaba divertido.

—No pensarás resistirte, ¿verdad, pequeña? He pensado todo el día en este momento. —Sus suaves ojos oscuros se encontraron con los ojos color verde de ella—. Quítate el vestido, Sakura. Llegó el momento.

¿Qué puedo hacer?, pensó Sakura sintiéndose muy desdichada. ¡Qué cobarde soy! Temo más al látigo que a la muerte misma. Tendría que haber saltado por la borda hoy, pero ahora es demasiado tarde.

—¡Ahora! —rugió Sasuke.

Ella gritó su furia y su frustración. El desgarró nuevamente el vestido zurcido, y luego le arrancó las mangas, destrozándolo aún más. Ella se quitó la enagua por encima de la cabeza y se la arrojó a Sasuke. Luego se tendió en la cama y esperó.

Sasuke se desvistió rápidamente y fue hacia ella. Cuando se acostó a su lado, ella lo miró salvajemente, con los ojos verdes muy abiertos y ardientes.

—Te odio, Sasuke, con todo mi ser. Detesto tu contacto, de manera que si has de violarme, que sea rápido —dijo Sakura.

Pero él no le prestaba atención.

—Esta noche no, Sakura. Esta noche descubrirás la alegría de ser mujer.

—Tu orgullo es grande, monsieur. —Sakura rió amargamente—. Se necesitaría un hombre mejor que tú para enseñarme esas alegrías.

Cuando el rostro de él se oscureció, ella supo que su recurso había tenido éxito.

Él le separó las piernas y la penetró con crueldad, pero ella prefería el dolor. Esta vez estaba demasiado desesperada como para sentir placer, y sólo cuando él terminó logró relajarse.

—¿Por qué haces esto, Sakura? ¿Por qué te niegas el placer que puedo darte?

Ella abrió los ojos y lo vio contemplándola, y se dio cuenta de que el peligro no había terminado.

—No me niego nada. Sólo dije la verdad —replicó, con voz llena de desprecio.

—Eres una molestia.

—Y tú, monsieur, eres el demonio encarnado.

La habitación se llenó con la risa de él.

—Sí lo soy, hacemos una buena pareja, tú y yo.

El bajó de la cama y se puso los pantalones y luego sirvió vino en su vaso. Antes de beber, se inclinó, recogió el vestido de ella y lo colocó sobre la silla.

—Tendrás que cuidar mejor tus ropas, pequeña. No te quedarán tan bien las mías.

—Tengo otros vestidos —replicó ella.

—¿Sí? ¿Y dónde podrían estar?

—En mis baúles, por supuesto.

—No hemos traído baúles a este barco, Sakura. Sólo a ti, a tu criada y a tu dote.

Los ojos de ella se abrieron muy grandes. —¡Mientes otra vez!

—¿Por qué habría de mentirte sobre esto?

—¡Pero mi ropa estaba en uno de esos baúles! —gritó ella.

—Estoy seguro de que tu futuro marido te comprará otro ajuar.

—¡Pero yo no quiero otro! —Sakura sentía que iba a llorar, y no podía contener las lágrimas—. Trabajé un mes en mi vestido de bodas. Era un hermoso vestido y tú... tú... —se echó a llorar, ocultando el rostro en la almohada.

—¡Madre de Dios! No lloras por la pérdida de tu virginidad, y lloras por un vestido perdido. ¡Malditas sean todas las mujeres y sus lágrimas! —Sasuke tomó su camisa y salió del camarote, cerrando la puerta de un golpe.

Sakura estaba tendida en la estrecha cama, contando silenciosamente los minutos que pasaban. Al menos habían pasado tres horas desde que dejara de llorar. Llorar era muy tonto, sólo las mujeres débiles derramaban lágrimas, o las que querían obtener la simpatía de otro. Pero ella no era débil, y juró que jamás otro hombre la vería llorar.

Sus lágrimas habían estropeado sus planes y habían hecho que Sasuke saliera furioso del camarote. Aún no había vuelto, y ella no tenía manera de saber si volvería o no. Tal vez había ido a tierra y estaría durmiendo en otra parte, pero ella no podía salir hasta saber exactamente dónde estaba él. ¡El debía volver a la cabina!

Pasó otra hora, luego dos más, pero Sakura seguía sola, Ya era más de medianoche, y Sakura tenía cada vez más dificultades en mantener los ojos abiertos, pero no podía levantarse para luchar contra la modorra. Quería que si Sasuke volvía creyera que ella estaba durmiendo.

Cuando finalmente se abrió la puerta del camarote, Sakura cerró los ojos y se quedó perfectamente inmóvil. La habitación estaba a oscuras, y sólo un resplandor plateado se colaba por la ventana. Sakura no vio a Sasuke, pero lo oyó cuando avanzó tambaleándose hasta la cama, murmurando una maldición al tropezar con la mesa. Un momento después, Sasuke se dejó caer en la cama junto a ella, y su brazo se desplomó como una pesada tabla sobre su pecho, quitándole el aliento. Pero él no parecía oírla.

Sakura percibió el olor a alcohol, y se sonrió. Esto era mejor de lo que ella había esperado. El ya dormía, dormiría como un tronco durante el resto de la noche, y probablemente aún estaría durmiendo cuando ella trajera a las autoridades a arrestarlo.

Sakura retiró ruidosamente su brazo, y rápidamente se levantó de la cama, tratando de evitar despertarlo. Fue directamente al arcón de Sasuke y sacó dos prendas que puso sobre las otras.

Había decidido que tendría que usar estas ropas, porque el vestido de terciopelo sería demasiado pesado como para nadar con él. Eligió el color más oscuro, para que fuera más difícil distinguirla.

Trenzó sus cabellos rosas y metió la trenza bajo la amplia camisa azul. Y para ocultar la parte superior de la cabeza, se vio obligada a tomar el único sombrero de Sasuke. Era un sombrero de ala ancha, con una gran pluma, un sombrero que estaba de moda pero que Sakura no podía imaginar en la cabeza de Sasuke. Esta clase de sombrero era usado por los caballeros que llevaban largos rizos, y Sasuke, con sus cabellos rebeldes y lacios, no era un caballero.

Aseguró los amplios pantalones negros en su cintura con una tira de tela arrancada a su ropa interior, y estuvo lista para partir.

Sabía que su aspecto debía ser totalmente ridículo, pero no podría hacer otra cosa. Abrió la puerta, la cerró cuidadosamente tras ella y casi se desesperó al ver la luz que había afuera. La luna iluminaba todo como si fuera de día.

No tenía deseos de salir de las sombras, pero tenía que encontrar la forma de descolgarse por el costado del barco y escapar en silencio. Sería más fácil correr hasta la barandilla y saltar, pero seguramente alguien oiría el choque de su cuerpo en el agua, y no sería conveniente.

Examinando la cubierta, Sakura no vio a nadie. Todo estaba en silencio. Probablemente alguien vigilaba, pero Sakura sólo podía rogar que no la vieran. Se apartó lentamente de la puerta pero de pronto se sintió invadida por el pánico y corrió hasta la barandilla. Miró aterrada a su alrededor, y vio una escalera de cuerda que caía al costado del barco, Seguramente usada por alguno de los grupos que habían ido a la costa. Momentos después, se deslizó fácilmente en las aguas oscuras y cálidas.

Le llevó treinta minutos nadar hasta los muelles, porque debió pasar alrededor de otros barcos anclados en el puerto y tenía que tratar de no perder el sombrero de Sasuke. Cuando por finencontró una escalera de madera que llevaba al muelle, estaba agotada, sus brazos eran como pesos muertos, y sabía que unas horas después le dolería todo el cuerpo. Pero valía la pena ver ahorcar a Sasuke, y ella no saldría de la isla hasta que las autoridades lo enviaran al infierno.

Sakura tuvo ganas de reír al pensarlo, pero en cambio miró hacia el barco. Se veía claramente la cubierta a pesar de la distancia, pero todo estaba inmóvil, y Sakura estaba a salvo. Se volvió y miró hacia la ciudad; luego tembló ligeramente. Todo seguía muy tranquilo, y Sakura estaba sola en el muelle. Pero llegó un leve sonido de música mezclado con risas a sus espaldas. Caminó en esa dirección esperando encontrar gente que pudiera llevarla a las autoridades.

A medida que la música se hacía más intensa, Sakura comenzó a oír los gritos de los borrachos que la acompañaban, y se detuvo bruscamente al ver la taberna iluminada. A sus pies se formó un charco del agua que caía de sus ropas empapadas, mientras meditaba en su problema. Era posible que algunos hombres de la tripulación de Sasuke estuvieran en la taberna. Si entraba, era posible que no la reconocieran, por la forma en que estaba vestida, pero no podía correr ese riesgo. Además, tenía que encontrar ayuda, y no había nadie en la calle. Si entraba en la taberna y la reconocían, siempre podría escapar.

Sakura caminó hacia uno y otro lado de la calle, tratando de tomar una decisión, seguía esperando que alguien saliera de la taberna o que alguien pasara por la calle, alguien que podría brindarle ayuda. Pero no aparecía nadie.

Podía encontrar alguna callejuela donde esconderse hasta la mañana siguiente, cuando las calles estaban llenas de gente, pero entonces seguramente Sasuke ya habría enviado a su tripulación a buscarla. Y además, quería llevar gente al barco antes de que Chiyo se despertara y comenzara a preocuparse por ella.

Lentamente, Sakura fue hacia la puerta abierta de la taberna. Se detuvo allí y miró nerviosamente dentro de la habitación para ver si reconocía a algún hombre de la tripulación de Sasuke. Pero era imposible. Había muchos hombres de espaldas a ella y otros dormían con la cabeza apoyada en las mesas.

También había mujeres en la habitación, camareras que servían bebidas, a quien los hombres consideraban mujeres fáciles para tocar y pellizcar.

Sakura respiró con desagrado el olor del lugar, que llegaba hasta la puerta, pero supo que tendría que entrar en la taberna para buscar ayuda. Fue rápidamente hasta la mesa más cercana, donde tres hombres estaban entregados a un juego con varillas de madera.

—Monsieur —aventuró, pero ninguno de los hombres la miró—; Monsieur, busco un gendarme.

—¿Hablas inglés, eh? —dijo uno de ellos. Le echó una rápida mirada, y luego abrió desmesuradamente los ojos—. ¡Por Dios! ¡Miren esto!

Los otros dos hombres la miraron con ojos voraces, y Sakura dejó escapar una exclamación al ver la camisa húmeda casi transparente, colgando sobre sus pechos. Rápidamente apartó la tela de su piel pero era demasiado tarde, porque por lo menos media docena de hombres habían visto ya el claro perla de sus pechos perfectos.

—¿Cuál es tu precio, muchacha? Lo pagaré, sea cual fuere —dijo uno de los hombres. Se levantó de su silla.

—Siéntate, compañero —dijo otro—. Yo la vi primero.

—¡Fuera de aquí! —gritó un hombre corpulento detrás de la barra—. Con esto comenzará una pelea, maldita seas.

Pero la pelea ya había comenzado entre los dos hombres que habían hablado primero. Otros se acercaron, por el solo gusto de ver una buena pelea, y en cuestión de segundos, el lugar estuvo lleno de hombres borrachos pendencieros. Sakura comenzó a retroceder para escapar, pero una mano gigantesca aferró su hombro.

—¡Pagarás por esto! —gritó el dueño del lugar en su oído—. ¡Pagarás por los daños!

Sakura se liberó rápidamente y corrió hacia la puerta, pero el dueño del bar la seguía de cerca. Corrió frenéticamente por la calle, y se metió en la primera callejuela que encontró, donde cayó sobre pilas de basuras al tratar de seguir adelante. Salió a una plaza iluminada, vio un guardia uniformado del otro lado, y corrió hacia él. Oía al hombre gordo que gritaba a sus espaldas.

—Monsieur, ¿es usted un gendarme? -peguntó, al llegar al hombre.

—¿Qué?

Sin saber por qué Sakura había pensado que esta ciudad estaba bajo dominación francesa.

—¿Es usted un funcionario de la ley? —preguntó en inglés.

Pero el hombre uniformado se distrajo al ver llegar al dueño del bar que corría por la plaza hacia ellos.

—¿Qué has hecho, muchacha? –preguntó.

—No he hecho nada –replicó ella—. Buscaba a algún representante de la ley cuando...

—¡Arréstala! –gritó el dueño del bar acercándose a ellos.

—¿Qué ha hecho?

—Entró... entró en el bar de esa manera –respondió, señalándola—. Y provocó una pelea. ¡Hay daños!

—¿Es cierto, muchacha? —preguntó severamente el oficial.

—Sólo buscaba ayuda. No encontré a nadie en la calle —replicó Sakura.

—¿Ayuda para qué? —Preguntó el oficial.

—Hay piratas en el puerto. Me tenían prisionera. Escapé para encontrar a las autoridades, y... —se interrumpió cuando los dos hombres rieron ante su respuesta. ¿Qué les divertía tanto de su historia?

—De nada te servirá decir mentiras —dijo el oficial—. Ahora, ¿puedes pagar por los daños que causaste? De otra manera, te arrestaré.

—¡Pero yo digo la verdad! —exclamó Sakura. —¿Puedes pagar por los daños?

—Volvió a preguntar el oficial, con creciente impaciencia.

—No.

—Entonces vamos. —La tomó del brazo y comenzó a guiarla por la calle.

—¿Y los daños? —gritó el dueño del bar.

—Se pagarán en cuanto vendan a esta muchacha.

—Debe usted escucharme —rogó Sakura.

—Hablarás con el magistrado —dijo el oficial mientras la llevaba a un viejo edificiodel otro lado de la plaza.

—¿Cuándo podré verlo?

—Dentro de una semana o algo así. Hay otros antes que tú.

—¡Pero entonces los piratas ya se habrán ido!

El la obligó a mirarlo, y no había compasión en sus ojos.

—En nuestro puerto no tenemos barcos piratas, muchacha. Y si cuentas esa ridícula historia al juez, probablemente te venderá por siete años, como mínimo, si dices la verdad, las cosas serán más fáciles para ti.

—¿Fáciles?

—Te dejará que sirvas en su casa durante unos años. Al viejo magistrado le gustan las muchachas bonitas para calentar su cama.

Llevó a Sakura a un gran patio, con celdas en tres de sus lados. Ella sintió náuseas por el olor del lugar. El hombre abrió una celda vacía y la empujó adentro, y luego cerró la puerta de un golpe.

—Por favor, ¡debe creerme! —rogó ella, pero él se alejó, dejándola sola en la celda oscura y maloliente. Volvió un momento después y le arrojó una manta a través de los barrotes.

—Será mejor que te quites esa ropa mojada. De nada valdrá si te mueres.

Ella quedó sola nuevamente. No veía nada a su alrededor, pero oía gemidos y llantos. Trató de luchar contra la auto conmiseración, pero no pudo contener las lágrimas. ¿Por qué no la habían creído?

Sakura arrojó al suelo el sombrero de Sasuke y lo pisoteó. ¡Esto era culpa de él! Al escapar de él, sólo se había creado problemas mayores. Podía decir la verdad y pasar siete años de servidumbre, o decir una mentira creíble y terminar en la cama de un viejo. Y entre tanto tendría que pasar una semana en esta celda inmunda, donde ni siquiera había una cama para dormir.

Con una terrible sensación de desvalimiento, Sakura se quitó las ropas mojadas y se envolvió con la tosca manta. Luego se acurrucó en un rincón de la celda y dejó que el sueño calmara su desesperación.

¿CONTINUARA?...

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Hola :D

Lamento mucho la demora pero aquí les traje la conti, espero que les haya gustado y prometo que ahora voy a estar más pendiente con todos los fics y actualizare todos lo más pronto posible.

En cuanto al capítulo, sé que muchos quieren que empiece el romanticismo, no desesperen falta poco, pero la verdad que entiendo a Sakura, con todo lo que le ha hecho Sasuke no se puede enamorar de un día para el otro :D Pero lo hará, es decir quien no caería enamorada de Sasuke-kun *_*.

Cuídense, SAYO!... xD

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LES AGRADEZCO A TODOS LOS QUE DEJARON SUS COMENTARIOS O QUE SÓLO LEYERON, Y QUE TAMBIÉN PUSIERON ESTA HISTORIA EN SUS FAVORITOS Y ALERTAS… ¡MUCHAS GRACIAS!...=)

*Candice Saint-Just*

*Damii 3*

*DULCECITO311*

*Elaine Haruno de Uchiha*

*Zembre98*

*Evangeline siK*

*Allemande10*

*Lexy of Night*

*Anne BlackRose*

*Sakuita 01*

*Golden Queen Galatea*

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Por favor dejen sus "REVIEWS", positivos o negativos, esa es mi forma de saber si continuo o no… ONEGAI… :) no necesitan tener una cuenta para poder comentar. Hasta pronto.

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"…SaKu-14…"