Aclaración:
1-Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestado para poder adaptar esta historia.
2-La historia es una adaptación a SasuSaku, ya que la original esta escrita por Johanna Lindsey se titula "El amor del pirata" por lo que ESTE FIC NO ME PERTENECE.
3-La narración esta de parte de Sakura , al igual que los pensamientos.
Advertencias:
CATEGORÍA: "M".
Esta historia contiene:
AU- LENGUAJE UN POQUITO VULGAR- LEMON- LIME- VIOLACIÓN…
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Capítulo seis:
Era cerca de mediodía, y Sasuke trataba de dominar su furia. Las miradas sorprendidas y los murmullos de la tripulación, como si les costara reconocerlo sin su barba, le destrozaba los nervios. Tenía ganas de ordenarles a todos que se afeitaran, ¡entonces verían quién se reiría!
De este talante estaba Sasuke cuando golpeó a la puerta de Kakashi. Chiyo
Dauvet abrió la puerta, Y luego dio un paso atrás, con los ojos llenos de miedo. Con el ceño fruncido, Sasuke entró en la cabina y encontró a Kakashi sentado en la mesa bebiendo una taza de café negro humeante.
—¿Por qué tardas, Kakashi?
—Estaba tratando de asegurar a esa mujer que no castigaste a su señora anoche. ¿No puedes hacer que esa maldita muchacha deje de aullar de esa manera?
—¿Quieres que le ponga una mordaza? Con eso sólo se intensificaría la pobre opinión que tiene de mí, aunque no sé por qué me preocupa eso. —Se volvió hacia Chiyo, molesto—. Ve con tu señora, verás que no está peor que ayer. En realidad, debería estar muy contenta.
Sasuke miró salir de la cabina a la vieja; luego cerró la puerta y miró a su amigo. Kakashi reía abiertamente.
—¡Diablos, Kakashi! —dijo Sasuke—. Ya te has divertido bastante a mis expensas. Tal vez si te afeitaras no te resultaría tan gracioso.
—No es tu rostro lo que encuentro divertido, sino tu ojo negro —rió Kakashi. Sasuke se tocó la zona dolorida debajo del ojo e hizo una mueca. De manera que tenía un ojo negro además de los arañazos en la espalda. Había olvidado el golpe que Sakura le había dado en la mejilla.
—¿Por qué dejas que esa muchacha te domine? —preguntó tranquilamente Kakashi—. Unos buenos azotes la pondrían en su lugar. Anoche tuve que encerrar a la vieja criada cuando la muchacha comenzó a gritar. Quería correr a ayudarla.
—Yo manejaré a esa muchacha como mejor me parezca. La domaré, y he decidido conservarla por un tiempo –dijo Sasuke sonriendo.
—¿Qué diablos estás diciendo?
—Sólo que pienso disfrutar de la compañía de Sakura Haruno por más tiempo del que pensaba. Anoche cambié el rumbo y vamos hacia nuestra isla —replicó Sasuke.
—Pero, ¿y el rescate?
—Obtendremos el rescate... pero todavía no. El conde puede esperar. Y, ¿puedes decirme honestamente que no estás impaciente por volver con tu Pequeña Anko? —Tienes razón. Pero Sakura y Chiyo piensan que van hacia Saint Martin. ¿Qué sucederá cuando descubran que su destino ha cambiado? —preguntó Kakashi .
—No tienen por qué enterarse hasta que lleguemos. Sakura será la única que ponga el grito en el cielo, pero nada podrá hacer al respecto.—Sasuke hizo una pausa y se quedó pensativo—. ¿Por qué no preguntas a la tripulación, a ver qué dicen? Estos últimos dos años han dejado muchas ganancias. No les molestará perder su parte del rescate por el momento.
—No, estoy seguro de que con todo gusto aceptarán tu decisión –dijo Kakashi—. Estarán ansiosos por volver a sus mujeres.
—Una cosa más. Hagas lo que hagas, no permitas que la vieja se entere de esto. Advierte a la tripulación que no deben hablar del asunto cuando ella está presente.
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—Sakura, ¿estás bien? —preguntó Chiyo. Cerró la puerta y se sentó frente a la muchacha.
—Sí, ¿por qué lo preguntas?
—Oí tus gritos anoche. Pensé que él...
—No fue nada —respondió rápidamente Sakura—. Sólo gritos de frustración, nada más.
Chiyo estaba perpleja. Sakura apretaba los labios mientras cosía su vestido violeta. Sólo tenía puesta su enagua blanca, y Chiyo advirtió el zurcido en la parte delantera. No era propio de Sakura coser tan mal.
—Vi al capitán —aventuró Chiyo—. Dijo que deberías estar contenta, pero no lo pareces.
Sakura levantó la mirada, con los ojos brillantes como esmeraldas.
—De manera que ahora el capitán piensa que puede predecir mis sentimientos. ¡Realmente es un tonto!
Ella, también, había pensado que estaría contenta al poder combatir con Sasuke. Pero perderlo había significado una profunda humillación. No podía dejar de pensar en la forma degradante en que él la había violado... levantándole las piernas sobre sus hombros.
Se había despertado muy temprano, aliviada al encontrarse sola. Se había frotado la piel con una esponja sumergida en agua fría del lavabo, y luego había comenzado a remendar su enagua. Pero con cada puntada, volvían las escenas de la noche anterior. Todavía tenía los labios hinchados por los furiosos besos de Sasuke. Y había pequeñas marcas en sus muñecas, testimonio de la fuerza del capitán.
Decidió dejar de arreglar la ropa todas las mañanas. Se pondría las ropas de Sasuke, y si él insistía en arrancárselas todas las noches, sería problema suyo.
Ahora Sakura sonrió a su criada.
—Debo preguntar a Sasuke si hay raso blanco en la bodega. Debo comenzar a hacer un nuevo vestido de bodas lo antes posible. —Había un cierto brillo en sus ojos verdes.
—Pero todavía tienes que terminar el vestido de seda que comenzaste ayer —le recordó Chiyo, contenta de ver sonreír nuevamente a Sakura.
—El vestido verde no me llevará mucho tiempo. Y cuanto antes termine el vestido de bodas, antes podré casarme con el conde.
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Hacía once días que Sakura estaba a bordo del "Dama Alegre", y pensaba que el tiempo pasaba con una lentitud asombrosa cuando una deseaba que volara. Sasuke no entraba en el camarote durante el día, pero todas las noches que pasaba con ella incrementaban su furia y sus ataques.
Ella recordaba claramente la primera noche, una semana atrás, cuando Sasuke había entrado en la cabina y la había encontrado con sus pantalones y una camisa dorada. Aún oía su risa. No le llevó mucho tiempo saber que a él le divertía arrancarle las ropas casi sin esfuerzo, porque las prendas grandes se deslizaban fácilmente. Pero siguió poniéndose la ropa de Sasuke todas las noches para salvar sus vestidos de la ruina.
Una noche en particular persistía en su recuerdo. Sasuke le había dedicado mucho tiempo, acariciándose manteniéndola inmóvil mientras llevaba a cabo su magia. Y luego, más tarde, en lugar de reír, besó suavemente las lágrimas que corrían por las mejillas de Sakura. Ella detestó su suavidad más que su crueldad.
Sakura cortó el hilo con que cosía el dobladillo y levantó el vestido. Era un vestido simple, sin mangas y sin adornos, de algodón de color lila. No era un vestido a la moda, pero con él estaría fresca durante esos días calurosos. Sasuke le había traído raso blanco, pero se ha negado a dárselo cuando supo que lo quería para un nuevo vestido de bodas. Sakura no comprendía.
—¡Sakura, hemos llegado!
Sakura se estremeció violentamente cuando Chiyo entró corriendo en la habitación, dejando la puerta abierta tras ella. Tenía el rostro sonrosado y sus cabellos canosos estaban húmedos en las sienes por su trabajo en bodega.
—Me has asustado. ¿Qué ... ?
—¡Hemos llegado, pequeña! —respondió Chiyo. -Vi la isla cuando subí a la cubierta para respirar fresco. Hemos llegado...
Antes de que pudiera continuar, Sakura salió corriendo de la habitación, cruzó la cubierta, y llegó a la barandilla. Ni siquiera oyó a Chiyo que la seguía.
—No se parece a lo que yo esperaba de Saint Martin —dijo Chiyo en voz baja—. Esto parece una isla desierta. Pero es hermosa, ¿verdad?
Realmente no podía decirse que fuera hermosa. Estaban rodeados por una playa blanca, porque el barco estaba en una pequeña bahía, completamente oculto del vasto mar. Había palmeras a lo largo de la playa, y una densa jungla verde más allá. En la isla había una magnífica montaña de dos picos, cubierta de follaje verde y rodeada de nubes de color gris oscuro. Una profunda hondonada entre los dos picos llegaba al corazón de la montaña, donde los rayos del sol de la mañana iluminaban nubosidades blancas.
Sakura se volvió hacia su criada, con los ojos verde claro brillantes de placer.
—¡Nunca soñé que Saint Martin seria este hermoso... paraíso! —exclamó Sakura.—Ah, me encantará.
—Creo que a mí también —sonrió Chiyo—. Aunque parece extraño todo ese verde en medio de la nieve.
—Sí, ¡me imagino cómo será en primavera y en verano!
—Yo ni siquiera puedo imaginario —rió Chiyo.
—¿Dónde estarán todos los nativos? –preguntó Sakura—. No veo casas, tampoco.
—Probablemente este es el lado desierto de la isla.
—Por supuesto —replicó Sakura—. Sería peligroso entrar con un barco pirata en un puerto enemigo lleno de gente.
—Sí. Pero hay otro barco en la bahía. Ven a verlo.
—¿Qué barco? —preguntó Sakura.
—Ya estaba aquí cuando llegamos. Pero no se ve la tripulación.
Cruzaron la cubierta, para ver el otro barco. Tenía tres mástiles desnudos y parecía hermano del "Dama Alegre".
—Me pregunto dónde estará la tripulación —dijo Sakura.
—Seguramente en la isla —dijo Chiyo—. Tal vez la ciudad no esté lejos, después de todo. Probablemente está escondida en la jungla.
—¿Tú crees?
—Por supuesto, No llevará mucho tiempo ponerse en contacto con el conde Sabaku no. Probablemente estará en su plantación hasta la tarde.
Sakura se regocijó. ¡Por fin la libertad! No más Sasuke, no más violaciones ni humillaciones. Y pronto, la venganza.
—¡Ay, Chiyo, por fin ha terminado esta pesadilla!
—Sí, pequeña, por fin.
Sakura se volvió para regresar a su cabina, y tropezó con Kakashi. Dejó escapar una exclamación y dio un paso atrás con los ojos llenos de terror.
—Si las señoras vuelven a sus camarotes y recogen sus pertenencias, bajaremos a la costa enseguida —dijo cortésmente. Luego miró a Chiyo y su voz se ablandó.—Apresúrense, por favor. Ya han bajado el primer bote, madame.
—¿Dónde... dónde está el capitán? —aventuró Sakura. Era la primera vez que veía a Kakashi desde el día en que había tratado de azotarla, y a pesar de que Chiyo había hablado en su defensa, Sakura aún le temía.
—Sasuke está ocupado.
—Pero dijo que el intercambio tendría lugar a… ¿Por qué bajarnos a la costa? —preguntó Sakura.
—Ha cambiado el plan.
Kakashi se volvió y se apartó de ellas, dejando desconcertada a Sakura. ¿Por qué Sasuke había cambiado de idea con respecto al intercambio?
Sakura dejó a Chiyo y volvió al camarote.
Sólo le llevó un minuto doblar sus dos vestidos, dejar el peine de plata que le había dado Sasuke porque seguramente el conde Sabaku no, le daría lo que necesitaba. Pero luego cambió de idea. Era un objeto costoso, y se lo llevaría aunque sólo fuera para impedir que Sasuke lo vendiera. Más tarde se desaría de él, como pensaba hacer con los dos vestidos que había hecho a bordo del "Dama Alegre".
Con una mirada final al odiado camarote, Sakura volvió a cubierta, con su vestido de seda verde ondeando con la brisa. Llegó a la barandilla y se desilusionó al que ahora las nubes bloqueaban la visión de la hermosa montaña. Tal vez nunca volvería a ver ese juego luces, en que sólo el corazón de la montaña quedaba iluminado en la hondonada. Pero tal vez era una buena señalde bienvenida, una promesa de muchas cosas maravillosas que aún no había visto, de la vida feliz que tendría junto al conde.
Se sintió feliz, y el sol iluminó su rostro al aparecer tras las nubes.
—¿Estás lista, pequeña?
Se volvió bruscamente al oír la voz profunda de Sasuke. Sasuke estaba en cubierta con las piernas separadas y las manos unidas a la espalda y una cálida sonrisa en sus labios. Se le veía muy apuesto, y elegantemente vestido con una camisa de seda blanca, con frunces en el cuello y los puños, pantalones blancos, un chaleco de cuero negro, cerrado, y botas altas hasta la rodilla.
—Hace once días que estoy preparada —respondió Sakura con altivez—. ¿Cuánto tiempo pasará hasta que se haga el intercambio?
—¿Estás tan ansiosa por separarte de mí?
—Qué pregunta tan ridícula, Sasuke. Espero que pronto todo esto quede borrado de mi memoria —respondió Sakura con voz helada.
—Tu cabello es sorprendente cuando recibe el brillo del sol —dijo él con tono juguetón.
—¿Por qué cambias de tema?
—¿Preferirías ira mi camarote, donde podremos hablar del tema con más privacidad? —aventuró él, guiñando un ojo.
—¡No! —respondió ella—. Estoy lista para bajar.
—Entonces ven conmigo, mi amor —respondió él, tomándola del brazo y llevándola por la cubierta al lugar donde esperaban Chiyo y Kakashi—. Puedes dejar tus pertenencias a bordo si lo deseas. Mis hombres las llevarán a la costa más tarde —dijo Sasuke.
—No; quiero bajar ahora, con todo.
—Como quieras.
Sasuke ayudó a Sakura a subir a uno de los dos pequeños botes para llegar a tierra. Chiyo estaba junto a ella, y Sasuke atrás, en el timón, junto con seis hombres de la tripulación. Kakashi subió al otro bote. Los hombres remaban enérgicamente hacia la playa.
Al ver las olas que lamían los costados del bote, Sakura se preguntó por qué Sasuke no había tratado de acostarse con ella por última vez esa mañana. Si algo había aprendido de él en los últimos once días, era que Sasuke exigía mucho, ¿por qué dejaba pasar entonces esta última oportunidad?
Pero, se dijo Sakura, debía estar agradecida de que él estuviera ocupado en otra cosa y de que la pesadilla hubiera terminado.
Llegaron a la costa, y el hombre llamado Davey saltó al agua para arrastrar al pequeño bote a la arena. Sasuke ayudaba, y luego insistió en llevar a Sakura a la arena seca, donde Chiyo se reunió con ella.
Sakura echó a andar por la playa, pensando que tardarían algún tiempo en llevar a toda la tripulación a la costa pero Sasuke la detuvo después de dar unos pasos.
—Vamos, ahora.
Ella se volvió al oír su orden, y vio que ambos se volvían hacia el barco. Kakashi se había quedado atrás y llevaba a Chiyo y a diez hombres de la tripulación al borde de la playa. Sasuke tomó a Sakura por brazo.
—¿No esperarnos al resto de tu tripulación? —preguntó Sakura mirando hacia el barco—. ¿No los necesitas?
—Vendrán luego —dijo él, y la condujo hasta donde estaban los otros.
—Pero, ¿dónde vamos?
—No es lejos.
Sakura se detuvo.
—¿Por qué eres tan evasivo? ¡Quiero saber donde nos llevas!
—Hay una casa cerca de aquí. Te gustaría bañarte, ¿verdad?
Sakura sonrió. Hacía mucho tiempo que no se daba un verdadero baño en una bañera. Y realmente deseaba estar limpia cuando se encontrara por primera vez con el conde.
Sasuke la tomó de la mano y la llevó hacia el bosque por un sendero. El bosque no era tan espeso como Sakura había pensado. Los árboles estaban muy espaciados, y había pocas malezas; la tierra era arenosa, con hierba que crecía aquí y allá.
Pronto llegaron a la casa que había mencionado Sasuke, que más bien parecía una especie de fortaleza. La construcción era grande, de pesadas piedras blancas. La parte baja era cuadrada, con una palmera a cada lado de la pequeña puerta del frente. El primer piso tenía forma de U, y formaba un patio abierto en la parte del frente. En este patio había una pequeña jungla de hermosas flores y plantas en macetas, algunas de las cuales llegaban al techo, y otras caían por el borde del patio. Las palmeras formaban un marco a esa jungla y eran más altas que la casa. La casa estaba rodeada por extensiones de césped, inmaculadamente cuidadas. Las flores más hermosas, con capullos rojos, amarillos, anaranjados, púrpuras y azul crecían en el borde de los canteros de césped y contra las paredes. La casa parecía sólida y amable, y Sakura casi deseó que perteneciera al conde Sabaku no, porque le gustaba la idea de vivir en ella.
De pronto, un hombre alto abrió la puerta del frente. La puerta era desproporcionada con respecto al resto de la casa, y el hombre corpulento parecía ocupar totalmente la entrada. Estaba parado con las piernas separadas y las manos en las caderas, y parecía muy enojado.
Sasuke se detuvo, y Kakashi se acercó. Estaban a poca distancia del hombre parado en la puerta y Sakura sentía tensión en el ambiente.
—Creo que no te reconocería, Sasuke, si no fuera por tu perro guardián.
—Veo que no has cambiado, Casey —replicó duramente Sasuke.
—No. Todavía soy lo suficientemente joven como para dominarte, muchacho.
—Pero primero tendrás que luchar conmigo, Casey —gruñó Kakashi.
—¡Es suficiente! —gritó Sasuke—. Es hora de que este viejo lobo de mar y yo nos enfrentemos.
Sakura se quedó sin aliento cuando vio embestirse a los dos hombres, pero en cambio se abrazaron y se echaron a reír.
Eran como niños jugando tontamente pensó Sakura con furia. ¡Eran amigos!
El hombre a quien llamaba Casey sonreía ahora abiertamente. Se paró junto a Sasuke y saludó a Kakashi con un apretón de manos.
—¡Qué tontería!
—¿Qué? —preguntó Sakura a Chiyo.
—¡Pensé que se me detenía el corazón! —respondió Chiyo—. Soy demasiado vieja como para presenciar tanta estupidez.
—¿Por qué te alteras? —preguntó Sakura, olvidando su propia perplejidad.
—Kakashi...
—¡Kakashi! -exclamó Sakura, y de pronto recordó cómo se había ablandado la voz del hombre corpulento al hablar a Chiyo—. ¿Qué es él para ti?
-Nada —replicó Chiyo—. Pero me dijo que yo le recordaba a su madre. Me pareció conmovedor. Me trata con bondad, y le encanta mi cocina.
—Honestamente, Chiyo-baasama, ¡parece que lo hubieses adoptado!
—Sólo estaba preocupada por él. Ese hombre a quien llamaban Casey parecía malo.
—Kakashi tiene la misma altura, es más joven, y pesa por lo menos dos veces más que el otro —replicó Sakura, irritada—. No hay razón para que le tengas miedo. Y...
—¿Esta es otra integrante de tu harén, muchacho? —preguntó una voz de hombre.
Sakura se volvió y observó que Casey la miraba directamente. Sintió que la sangre se agolpaba en sus mejillas.
—No tengo harén, Casey, como bien sabes —sonrió Sasuke—. Sólo puedo manejar a una dama peleadora cada vez.
Kakashi rió, comprendiendo a quién se refería Sasuke. Pero Casey se quedó perplejo, pensando que Sasuke se refería a su barco.
—¿Entonces esta mujer es casada? –preguntó Casey.
—No, pero está prometida, de modo que no pongas tus ojos en ella —dijo Sasuke.
—Y yo que pensaba que tendría buena suerte. ¿No hay posibilidades de negociar?
—Ninguna —respondió Sasuke—. De manera que advierte a tu tripulación que no debe acercarse a ella.
Sakura estaba furiosa, y se endureció cuando Sasuke se aproximó a ella.
—¿Quieres tomar ese baño ahora o preferirías comer algo antes? —preguntó.
—Ninguna de las dos cosas, si esta casa pertenece a ese hombre —replicó Sakura, con sus ojos centelleantes, ahora color verde oscuro.
Sasuke rió.
—No es la casa de Casey, pero lo has juzgado mal. Es un hombre bueno, y sólo bromeaba. Su tripulación está en el pueblo, pero él raramente va allá.
—¿A qué distancia queda ese pueblo?
—A aproximadamente un kilómetro y medio.
—¿Es allí donde el conde Sabaku no, tiene su plantación? —preguntó esperanzadamente.
—No.
—Entonces dónde...
—Vamos —dijo él, interrumpiéndola—. Te mostraré una habitación donde podrás bañarte.
—¿cuánto tiempo estaremos aquí?
—Algún tiempo —respondió él secamente, y condujo a Sakura al interior de la casa. Kakashi ya había hecho pasar a Chiyo, y Casey había desaparecido.
Todo el piso bajo formaba una gran habitación oscura y fresca. Sólo había algunas ventanas en tres de las paredes, oscuras y altas, que dejaban pasar muy poca luz. En la pared de la derecha había un hogar de piedra, que parecía usarse para cocinar, junto a la chimenea había algunas sillas de madera y un simple armario con platos y fuentes.
En el centro de la habitación se veía una enorme mesa de madera sin pulir, con veinte o más sillas a su alrededor. Sobre la mesa, y extrañamente fuera de lugar en esa gran habitación, había una gran araña de cristal con velas a medio consumir. No había otros muebles y ningún adorno en las paredes de piedra. Una tosca escalera de madera sin barandillas llevaba al primer piso.
—Hay seis habitaciones arriba, tres a cada lado de la casa. Puedes usar la primera habitación de la derecha —dijo Sasuke a Sakura.
—¿Después de que me bañe nos iremos?
—Primero comeremos. Pero puedes tomarte tu tiempo, porque debo ocuparme de las provisiones.
Sasuke ordenó que calentaran un caldero de agua en el fuego, y se fue. Sakura trató de superar su preocupación por su actitud evasiva, y se volvió hacia Chiyo.
—El capitán dijo que podíamos usar la primera habitación de la derecha. Será bueno tomar un baño después de estar tanto tiempo en el mar.
—Ya lo creo que sí —replicó Chiyo—. Pero primero quiero ocuparme de la comida.
—Muy bien —dijo Sakura y echó a andar hacia la escalera. Al llegar arriba encontró un corto corredor brillantemente iluminado por ventanas a ambos lados, uno de cuyos lados daba a un hermoso jardín, y el otro lado a extensiones de césped detrás de la casa. El corredor continuaba en las dos alas, y las puertas de los dormitorios daban a un lado del pasillo. Del otro lado había ventanas al jardín.
Sakura entró en el gran dormitorio que Sasuke le había asignado. Parecía cómodo, pero todo estaba cubierto de polvo, incluso el espeso cobertor de la cama, verde y amarillo. Había una gran alfombra oriental de los mismos colores, que cubría el suelo casi totalmente. A los pies de la gran cama con dosel había un gran arcón marinero, y dos sillas cubiertas con terciopelo color verde claro junto a una pared.
En la habitación no había chimenea, pero Sakura supuso que no sería necesaria en un clima tan cálido. La ventana que daba a la extensión de césped permitía una hermosa vista de la montaña. Pero Sakura se sintió desilusionada al ver que la montaña todavía estaba oscurecida por las nubes.
Abrió el arcón que estaba a los pies de la cama; lo encontró vacío. En un rincón de la habitación había un biombo tallado que ocultaba una bañera bastante grande. Sakura pasó el dedo por el borde del biombo para quitar el polvo, y luego colgó allí sus vestidos. Puso su peine de plata sobre la mesa junto a la cama, retiró el cobertor y lo sacudió, mirando las partículas de polvo que flotaban en el aire, volvió a poner el cobertor y quitó el polvo del resto de los muebles con las manos, hasta que el joven Daiki, el asistente de la cabina del barco, entró en la habitación con los primeros baldes de agua tibia, seguido por Chiyo, con toallas y jabón.
Por la puerta abierta, Sakura oyó risas de mujeres que llegaban desde el piso bajo.
—¿Hay otras mujeres aquí? —preguntó sorprendida.
—Sí. Un par de muchachas del pueblo acaban de llegar —replicó Chiyo—, para ayudar en la cocina. Son muchachas bonitas, de piel morena y cabellos oscuros. Hablan español.
—¿De veras? —dijo Sakura—. Pensé que Saint Martin sólo estaba ocupada por franceses y holandeses.
—Aparentemente no, pequeña.
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El agua tenía una temperatura muy agradable, y Sakura contemplaba perezosamente las burbujas de jabón, pensando que podía quedarse ahí durante horas. No oyó la puerta que se abría, y se estremeció cuando Sasuke movió el biombo y lo puso contra la pared. La miró unos momentos, pero los cabellos de Sakura flotaban a su alrededor, ocultando todo lo que él esperaba ver.
—¡Vete de aquí! —saltó Sakura. Pero él fue hasta la cama y se sentó allí frente a ella. Ahora ella deseaba no haber quitado el polvo al cobertor.
—¡Vete ahora o... gritaré!
Sasuke rió de buena gana.
—Ya deberías saber que de nada te ayudarán tus gritos. Pero he venido aquí a hablar... nada más.
—No tenemos nada de qué hablar —dijo ella—, excepto que debes devolverme a mi prometido. Y eso puede esperar hasta que termine de bañarme. De manera que por favor, vete.
—Esta es mi habitación, y pienso quedarme.
—¿¡Tu habitación!?
—Sí. Y preferiría que permanecieras donde estás.
—¿Por qué? —preguntó ella.
—Porque estás en desventaja, y así es como te prefiero.
—No comprendo.
—Mira, Sakura, esto no es solamente mi habitación. Esta es mi casa. Y aquí te quedarás por un tiempo.
—Pero tú... ¡debes estar loco para decirme esto! Sabes que informaré al conde, y que él te perseguirá.
—¿Cómo? —preguntó Sasuke, divertido.
—Vives en la misma isla. No me será difícil encontrar su casa.
—Ah, Sakura —Sasuke suspiró—. ¿Es tan difícil para ti aceptar lo obvio? Nadie podrá jamás encontrar mi casa. Esto no es Saint Martin, sino apenas una pequeña isla incivilizada entre muchas.
—¡No! ¡Mientes otra vez!
—Digo la verdad... te doy mi palabra. Hace una semana que cambié de curso. Sé que no te gusta pero tendrás que aceptarlo. Nos quedaremos aquí un mes... tal vez dos.
—¡No... no! ¡No me quedaré aquí contigo! ¿Por qué cambiaste el rumbo? ¿O nunca pensaste en llevarme a Saint Martin?
—Al principio no te mentí. Simplemente cambié de idea y decidí venir a mi casa por un tiempo. Veníamos hacia aquí cuando avistamos tu barco. Hace dos años que estamos en el mar, y mi tripulación necesita un descanso. Sin embargo, te llevaré a tu prometido si lo deseas. Pero debes considerar que por el momento ésta es tu casa.
—¡No... no me quedaré aquí!
—¿Dónde irás, pequeña?
—Hablaste de un pueblo... iré allí —respondió Sakura con altivez.
—No encontrarás ayuda en el pueblo, Sakura. Los Awawak son granjeros pacíficos, pero desconfían de los blancos. Hace ciento cincuenta años, los españoles los usaron despiadadamente en las minas de plata, y sólo sobrevivieron algunas familias que lograron escapar. Cuando la isla perdió su valor, agotadas las minas, los españoles se fueron, y los que habían huido volvieron al pueblo abandonado. Cuando encontré esta isla, tome esta casa como propia. Nos entendemos bien con los indios y hacemos trueque con lo que necesitarnos. Hablan un poco de español y han aprendido un poco de inglés desde mi llegada, pero no te ayudarán. Y si lo hicieran, yo te encontraría, y te traería de vuelta aquí.
—¿Por qué decidiste traerme aquí, Sasuke? —preguntó Sakura tratando de conservar la calma—. Sólo hubieras perdido dos semanas sí me hubieras llevado a Saint Martin, y habrías ganado mucho oro. Mon Dieu, yo era tan feliz... pensando que nunca volvería a verte. ¿Por qué cambiaste de idea?
—Veníamos a casa en busca de placer y descanso, y tú eres mi mayor placer —replicó él con suavidad, y luego se levantó para marcharse—, Termina con tu baño, pequeña y luego baja. La comida estará lista.
—Sasuke, no tendrás más placer a mis expensas —dijo ella, con los ojos oscuros llenos de odio.
—Veremos —replicó él.
—¡No, no veremos nada! Si insistes en volver a violarme, encontraré los medios de escapar de ti. ¡Te doy mi palabra!
—Y yo te doy mi palabra de que serás mi prisionera —gritó Sasuke, perdiendo finalmente la paciencia. Salió de la habitación y cerró la puerta de un golpe.
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El cabello de Sakura todavía estaba húmedo cuando bajó las escaleras una hora más tarde. Había trenzado sus cabellos y llevaba su vestido de algodón color lila.
Chiyo se levantó de la mesa y fue recibirla al pie de la escalera.
—Kakashi me dijo que nos quedaremos aquí un tiempo –murmuró— Lo siento mucho, Sakura. Debes estar terriblemente alterada.
—No tengo por qué estar alterada —dijo Sakura con calma—. No tengo que quedarme aquí.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que si ese estúpido arrogante vuelve a tocarme, me escaparé. —Echó una mirada a Sasuke, que estaba sentado a la mesa mirándola, y le sonrió con coquetería.
—Sakura, no debes hacer ninguna locura —dijo Chiyo con temor.
—¡Ni lo pienso! —saltó Sakura, pero se interrumpió al ver el terror en el rostro de su criada—. Perdóname, Chiyo-baasama. Siempre te hago objeto de mi furia. Debes perdonarme.
—Lo sé —dijo Chiyo—. Has cambiado mucho desde que estás con el capitán, y comprendo por qué. Preferiría que descargaras siempre tu enojo en mí. Si se lo demuestras a él, puedes poner tu vida en peligro.
—Nada temas, Chiyo-baasama. No me matará. Es que me enfurece tanto, que tendrá que pagar un precio por ello. A veces mis emociones son tan fuertes que me asustan.
—Pero, Sakura, ¿por qué lo odias tanto?
—¿Por qué? Yo... no importa. Vamos, se está impacientando.
Caminaron hasta la larga mesa, y Sakura ocupó la silla vacía junto a Sasuke. Chiyo fue al sector de la cocina, dejando a Sakura con Sasuke, mientras el hombre llamado Casey se sentaba a la derecha de la muchacha, y Kakashi frente a ella.
—Sakura, quiero presentarte a mi buen amigo, el capitán O'Casey.
Sakura echó una mirada a Sasuke, y se volvió hacia el hombre alto sentado junto a ella quien le dedicó una sonrisa amistosa. Casey era aún un hombre apuesto, aunque parecía doblarla en edad, pensó Sakura. Sus cabellos rojizos estaban ligeramente grisáceos en las sienes, pero su cuerpo era fuerte y musculoso.
—He hablado con su criada, mademoiselle, y me dice que ustedes son francesas —dijo Casey en ese idioma.
A Sakura le encantó oír su lengua nativa, aunque el hombre la hablaba con un extraño acento irlandés. Le sonrió seductoramente mientras se le ocurría una idea.
—¿Es su barco el que vi en la bahía, capitán O'Casey? —preguntó.
—Sí, señorita. Pero, por favor, lléname Casey, como hacen mis amigos.
—Con mucho gusto, Casey. ¿Te quedarás aquí mucho tiempo? —continuó Sakura.
—Un día o dos. Iba camino a Tortugas, cuando tuve un encuentro con un galeón español. Me detuve aquí para hacer algunas reparaciones.
—Cuando te vayas, ¿podrías llevarme contigo? —preguntó Sakura, siempre en francés.
—¿Pero por qué quieres marcharte? —preguntó Casey, frunciendo el ceño.
—Por favor... ¡No puedo quedarme aquí! —rogó Sakura —. Si me llevas a mi prometido, él te pagará muy bien.
—¿Y cuál es el nombre de ese hombre afortunado?
—¡Basta! —rugió Sasuke, sobresaltando a Sakura. Ella se volvió, advirtiendo el rostro pálido de Chiyo y la expresión divertida de Kakashi, pero Sasuke estaba decididamente furioso.
—Si deseas continuar tu conversación, tendrás que hacerlo en inglés —dijo.
—Pero, ¿por qué? —preguntó inocentemente Sakura.
—¡Porque no confío en ti, pequeña!
La risa de Kakashi fue estridente.
—¿Qué encuentras tan gracioso, Hatake?
Ignorando a Sasuke, Kakashi se volvió hacia Casey.
—Mi joven amigo tiene buenas razones para no confiar en la muchacha —dijo—. Una vez trató de matarlo, y probablemente pensó que podría aliarse contigo para volver a intentarlo.
—No exactamente —diijo Sasuke, ahora sin furia—. Ha pensado en huir, y no tengo duda de que tratará de obtener tu ayuda, Casey. Por razones particulares, a esta señora no le gusta mi compañía. Yo, por otra parte, disfruto de la suya. Ahora puedo decirte que es mía por derecho de captura. Es un botín de guerra, más o menos.
—¡No lo soy! —gritó Sakura, poniéndose de pie.
—¡Siéntate, Sakura! —ordenó duramente Sasuke—. ¿Preferirías que explicara la situación en términos más simples?
—¡No!
—Como te dije, Casey, es mía —continuó Sasuke—. Nadie la toca, y nadie la aparta de mí.
—¿Piensas casarte, muchacho? —preguntó Casey.
—No. Debes saber que en mi vida no hay lugar para el matrimonio —replicó Sasuke.
—Lo sé. ¿Entonces aún no has encontrado a don Hatake? —preguntó Casey.
—No,
—¿Cuántos años hace que lo buscas?
—Doce. No es que los cuente. Comienzo a pensar que alguien puede haber llegado a él antes que yo. Tiene muchos enemigos.
—Es cierto, pero creo que aún está vivo –replicó Casey—. Hablé con un marinero en Port Royal, que escapó de una prisión española por la gracia de Dios. Relató una historia horrible, pero el hombre que lo envió a ese agujero de la muerte era el mismo hombre que tú buscas.
—¿El marinero dijo algo más? —preguntó Sasuke, con la voz llena de excitación—. ¿Dónde vieron por última vez a Hatake?
—El juicio tuvo lugar en Cartagena hace tres años.
Y desde entonces el hombre no ha vuelto a ver a Bastida.
—¡Demonios! ¿Dónde encontraré a ese asesino? ¿Cuándo? —exclamó Sasuke.
—No lo encontrarás aquí, muchacho. De eso estoy seguro —dijo Casey mirando a Sakura,
—No, tienes razón, no lo encontraré aquí –replicó suavemente Sasuke. Contempló a Sakura un largo rato, con una extraña mezcla de emociones en su rostro—. Pero la búsqueda, puede esperar unos meses.
La conversación cesó cuando las dos muchachas indias que servían trajeron grandes bandejas de comida a la mesa. Eran tan bonitas como había dicho Chiyo, con largos cabellos negros y sedosos y brillantes ojos negros. Llevaban amplias faldas de colores vivos y blusas muy escotadas. Iban descalzas. Eran muy parecidas, probablemente hermanas, pensó Sakura, y las dos la miraron curiosamente mientras colocaban la comida en la mesa.
Sakura centró su atención en la comida. Toleraba la pobre dicta del barco, pero ahora se regocijaba con las frutas frescas y exóticas que nunca había probado antes.
Los hombres de la tripulación entraron, uno por uno, para compartir la comida. Sakura se preguntó quién sería este Bastida, y pensó que debía preguntarse lo a Sasuke más tarde.
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Sakura preguntó a Sasuke si podía, caminar por el jardín, y se sorprendió al ver que él asentía. Salió por la puerta principal, caminó hacia un lado de la casa y dio la vuelta alrededor de ella. Al mirar el borde de un bosque en un claro más allá de los árboles, caminó hasta allí lentamente, saltándose los cabellos para dejarlos secar con la brisa.
En el borde del bosque, un sendero llevaba hasta el corral. Dentro de él había siete caballos, y uno de ellos, muy hermoso, atrajo su atención. Sakura lo llamó, pero el caballo se asustó de ella igual que los otros.
Sakura deseó saber cabalgar. Su padre, Nibori, insistía en que no era una actividad adecuada para las mujeres. Pero no sería difícil aprender, pensó Sakura, si los caballos eran mansos.
El crujido de algunas ramitas puso tensa a Sakura, que se volvió bruscamente, pensando que encontraría a Sasuke. Pero un hombre de cabello negro como el carbón se acercaba rápidamente por el sendero del bosque. Pasó junto a ella, y se detuvo bloqueando el sendero que llevaba a la casa.
—Creo que este es un día bueno para mí —dijo el hombre—. ¿De dónde vienes, muchacha?
—Vengo... vengo del...
—No Importa —rió él—. No debo hacer preguntas a un regalo del cielo.
Echó a andar hacía ella con las manos extendidas, y Sakura se aterrorizó Era un hombre corpulento, de brazos macizos, un poco más alto que ella. No era difícil adivinar su intención, y Sakura pudo gritar antes de que él llegara hasta ella y le tapara la boca con la mano.
—¿De qué tienes miedo, muchacha? No te dañaré. Lo que pienso hacer no hace daño a nadie —rió, oprimiéndola fuertemente—, caminaremos un poco más entre los árboles, ya que alguien puede venir por el camino.
Ahora Sakura estaba desesperada. Sólo podía pensar en una cosa que la protegería, y rogó que diera resultado. Apartó la cabeza del pecho del hombre.
—Usted no comprende, monsseur... ¡soy la mujer de Sasuke!
El hombre la soltó y retrocedió con temor, con los ojos llenos de incertidumbre,
—El capitán Sasuke no está en la Isla —dijo nerviosamente; luego la miró de arriba a abajo y sonrió.
—El… está en la casa. Llegamos esta mañana —dijo apresuradamente Sakura.
—Creo que mientes, muchacha.
—¡Por favor, monsíeur! No quiero que usted muera por mi causa.
—Morir ¿Por qué?
—Sasuke ha jurado matar al hombre que me toque.
-No me parece propio del capitán Sasuke. Nada le importan las mujeres, y eso prueba que mientes, muchacha. De todas maneras, tal vez valga la pena morir por ti.
Volvió a acertarla entes de que ella tuviera oportunidad de echar a correr, Sakura luchó con todas sus fuerzas golpeando al hombre cm los puños mientras él buscaba sus labios. Luego, de pronto, el hombre fue apartado de ella y arrojado al suelo.
—¡Te mataré!... —gritó el hombre, pero se interrumpió al volverse y ver a Sasuke parado junto a él, furioso.
—No me hizo nada, Sasuke —dijo rápidamente Sakura—. ¡No puedes matarlo sin razón!
—¡Ha tratado de violarte! ¿No crees que sea una razón?
—Pero no lo ha hecho —replicó Sakura débilmente.
—¿Qué tienes que decir, Brown?
—Ella dijo que usted había llegado esta mañana, capitán, pero no le creí. Ningún hombre de su tripulación ha estado en el pueblo, creí que mentía cuando dijo que era su mujer. Honestamente, capitán Sasuke, si hubiera sabido que era suya, no la habría tocado.
—¿Entonces no has visto a tu capitán?
—No. Acabo de llegar del pueblo.
—Muy bien, como eres el contramaestre de Casey dejaré las cosas como están. Pero te lo advierto, Brown. No vuelvas a acercarte a ella —dijo Sasuke, señalando a Sakura con un gesto. Ahora ve a buscar a tu capitán. Creo que ha tomado el otro sendero hacia el pueblo.
—Gracias, capitán Sasuke —dijo Brown. Se alejó rápidamente, sin volver a mirar a Sakura.
—Quiero darte las gracias, Sasuke, por llegar a tiempo —dijo Sakura en voz baja.
Él se acercó a ella lentamente, obligándola a apoyarse en la cerca. La tomó en sus brazos, y sus labios se encontraron con los de ella en un beso duro y dominante. Sakura se confió a sus brazos por un momento, permitiéndole hacer lo que quisiese con ella. Pero luego recuperó el control y lo apartó.
—No escapé a una violación, Sasuke, para ponerme en peligro y caer en otra —dijo Sakura, furiosa consigo misma por haber respondido.
—No escapaste a la violación, pequeña; te rescataron de ella, sólo pensé que podrías agradecérmelo adecuadamente.
—Ya te lo he agradecido.
—Así es. Ahora dime, ¿por qué defendiste a Brown que estuvo a punto de violarte, cuando querías matarme por hacer lo mismo? —preguntó Sasuke.
—Porque él no me violó. Pero tú sí... muchas veces. Me engañaste, me mentiste, y me usaste. Te odio, Sasuke, con todo mi ser, ¡y me vengaré! —gritó ella, con sus ojos brillantes y peligrosos.
—¿Nuevamente debo temer por mi vida, pequeña? —preguntó Sasuke, sonriéndole.
—No me tomas en serio, Sasuke, pero algún día tendrás que hacerlo. En cuanto a mi venganza, tendrás que esperar hasta que escape de ti.
El rió burlonamente.
—¿Y cómo te propones realizar esa venganza?
—Ya encontraré la manera.
—Cómo me odia mi mujer. Y según tus propias palabras... eres mi mujer —le recordó él.
—¡No lo soy!
—¿Qué? ¿Ahora lo niegas? ¿Lo admites ante cualquiera menos ante mí?
—Sabes por qué le dije eso. Pero parece que no eres tan temido como te gusta pensar, capitán Sasuke, porque el hombre insistía —dijo Sakura. Se volvió y se apartó de él, echando a andar hacia la casa.
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—Chiyo-baasama, ¿quieres quedarte conmigo esta noche? —preguntó nerviosamente Sakura. Estaba sentada en el centro de la gran cama de bronce, con las manos enlazadas sobre la falda—. Si me obliga a dormir nuevamente con él, juro que me escaparé.
Sakura había llevado sus cosas a la habitación en el extremo del pasillo. Habían limpiado esa habitación por la tarde mientras las dos muchachas indias limpiaban el resto de la casa. Sakura habría preferido trasladarse al ala opuesta, pero Kakashi había tomado una habitación, y el capitán O'Casey y Chiyo las otras. Sasuke quería privacidad en su parte de la casa.
—Me quedaré contigo si puedo, Sakura, pero no creo que el capitán lo permita.
—Puedes decirle que estoy enferma —aventuró Sakura—. Que algo de lo que comí me sentó mal.
—Podría decir eso, pero Sasuke sospecharía. No pareces enferma —dijo Chiyo.
—Entonces no le permitas entrar la habitación.
—Sakura, él es el capitán aquí, y aunque no le temo tanto como antes, olvidas que él es el que manda. Nuestras vidas están en sus malos.
—¿Cuántas veces debo decirte que no nos matará? —dijo Sakura con exasperación—. Ha dicho que me llevará a Saint Martin.
—¿Por qué sigues resistiéndote a él, Sakura? —preguntó Chiyo, cambiando de tema—. Es un joven apuesto. Ni siquiera el conde Sabaku no, es tan apuesto y viril como éste. Sería mucho más fácil para ti si cedieras. Y no sería ninguna humillación, pequeña, ya que él no te da opción.
Sakura estaba asombrada.
—¡Usa mi cuerpo, aunque sabe que lo detesto! Preferiría cualquier otro hombre en vez de él.
—Te viola porque tú te resistes. El te desea, eso es todo. Pensé que ya habrías aceptado esta situación ahora —dijo Chiyo, ignorando la furia de Sakura—. Sasuke te trata mucho mejor que un marido... te da mucho. Hasta sigue afeitándose la barba por ti, Kakashi me dijo que Sasuke estaba furioso cuando se afeitó la barba.
Sakura sonrió a pesar de sí misma, porque ésta era una batalla que había ganado casi sin quererlo. Recordó la noche en que Sasuke se había afeitado la barba, y la mirada furiosa que tenía al ver las marcas rojas que le habían quedado al afeitarse. Las marcas rojas desaparecieron poco tiempo después y no molestaban, pero Sasuke no lo sabía, se enfureció con ella por obligarlo a afeitarse en primer lugar, y murmuró que tendría que seguir haciéndolo. Tendría que afeitarse o abstenerse de hacer el amor hasta que su barba estuviera suave otra vez. Ahora se afeitaba a última hora del día cuando deseaba estar con Sakura, de modo que Sakura lo tomaba como una advertencia. Y ese día Sasuke se había afeitado antes de la cena.
—Por favor, Chiyo-baasama, quédate conmigo esta noche —rogó Sakura, volviendo al tema.
—Aunque Sasuke me permita quedarme esta noche, ¿qué sucederá mañana?
—Para mañana pensaré otra cosa. Es esta noche la que temo —replicó Sakura—. Ahora vete y dile a Sasuke que estoy enferma. Dile que quieres quedarte conmigo. Pero vete antes de que venga a buscarme.
—Muy bien —suspiró Chiyo—. Lo intentaré. Será mejor que te metas en la cama mientras me voy.
Chiyo cerró la puerta y respiró profundamente antes de echar a andar por el corredor escasamente iluminado. No podía entender por qué Sakura odiaba tanto a Sasuke. Parecía encontrar un verdadero placer en odiarlo... Cobraba vida siempre que discutían como si le gustaran las peleas.
Chiyo ayudaría a Sakura si quería, pero dudaba de que tuviera éxito. Sakura se había convertido en una obsesión para el joven capitán, y cuanto más se resistiera, más la desearía.
Chiyo bajó la escalera y se aproximó lentamente a la mesa donde estaban los hombres. Dos hombres de la tripulación de Sasuke vaciaban grandes jarros de ron, y el hombre llamado Jake Brown, a quien había conocido antes, estaba sentado junto al capitán O'Casey.
—¿Dónde está Sakura? —preguntó Sasuke cuando vio a Chiyo parada junto a su silla.
—Está en la cama... no se siente bien —respondió Chiyo, secándose las manos en la falda.
—¿Qué le sucede? —preguntó Sasuke, arqueando una ceja.
—Creo que le ha sentado mal algo que comió. Pero insisto en que me permita quedarme con ella esta noche. Me necesita.
—Te necesita, ¿eh? Bien, no lo creo —replicó Sasuke. Se levantó de su silla y comenzó a subir la escalera. —
-Pero, capitán...
—¡Siéntese, madame! -Interrumpió Kakashi bruscamente—. Su señora es responsabilidad de Sasuke. Si necesitan que la cuiden, él lo hará. Aunque no creo que sea eso lo que necesite.
—Usted sigue insinuando que Sakura necesita azotes —dijo curiosamente Chiyo—, supongo que le gustaría ser usted quien los aplique.
—Vamos, vamos, cálmese —dijo Kakashi sorprendido ante el estallido de Chiyo—. Jamás tocaría a su señora. Sasuke me haría cortar la cabeza. Pero creo que es demasiado blando con ella. La deja hacer lo que quiere, y ahora ella piensa que siempre se saldrá con la suya.
—Olvida usted que Sasuke aún debe violarla —susurró Chiyo de manera que nadie más la oyera.
—Exactamente. Por eso digo que necesita una buena paliza.
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Sasuke abrió la puerta de su habitación, pero al encontrarla vacía, imaginó el juego de Sakura. Fue hasta la habitación contigua a la suya y la encontró también vacía. Luego fue hasta la última puerta y la abrió lentamente. Sakura estaba acurrucada bajo las mantas en el lado más alejado de la cama, con la cabeza apoyada en una mano. Pero se sentó al oírlo entrar, y sus cabellos cayeron gloriosamente sobre sus hombros.
—Este no es tu dormitorio, pequeña —dijo él en voz baja. Cerró la puerta y se apoyó contra ella.
—¿Prefieres que duerma afuera? —respondió fríamente Sakura.
—No, prefiero que duermas conmigo —replicó él con una lenta sonrisa en sus labios.
—Bien, Sasuke, ¡no lo haré! —saltó Sakura, con sus ojos jades llenos de furia.
—Tu criada me ha dicho que no te sientes bien —dijo Sasuke—. Pareces demasiado furiosa como para estar enferma. —Su sonrisa se amplió, y fue hacia la cama, sentándose en el borde—. ¿Estás realmente enferma, Sakura?
—¡Sí! —siseó ella con furia—. Pero no hablaré contigo de mis sufrimientos.
—Creo que me estás mintiendo. Pero como me queda alguna duda de que no es así, te haré traer un poco de leche agria. Aliviará tu estómago en muy poco tiempo.
—Gracias, no quiero —replicó ella, levantando el mentón con actitud desafiante—. Preferiría dormir si no te molesta... y sin que me molesten.
—Pero insisto en que necesitas medicinas, Sakura.
—Guarda tu insistencia para tu tripulación —dijo ella moviéndose hacia el lado opuesto de la cama—. Ya te lo dije antes, Sasuke, no aceptaré órdenes tuyas. Ahora, ¿dónde está Chiyo-baasama? Quiero que se quede conmigo esta noche.
—Está abajo, pero no se quedará contigo esta noche. Ni ninguna otra noche. Sería un poco incómodo que los tres nos acostáramos en mi cama —rió Sasuke.
—Yo me quedaré aquí.
—Ya deberías haber aprendido que de nada sirve discutir conmigo. Bien, vendrás por las buenas, o tendré que transportarte a mi habitación.
—Ya deberías saber que de nada te servirá hacer esa pregunta. ¡Jamás iré por las buenas a tu cama! ¡Jamás! —gritó. Trató de desembarazarse de las mantas.
Pero Sasuke extendió una mano, tomó sus flotantes cabellos rosas, y la arrastró nuevamente a la cama. Con un rápido movimiento de sus brazos, la levantó en el aire y la llevó rápidamente a su habitación. La dejó caer en su cama, y luego volvió a cerrar la puerta. Cuando se dio la vuelta, vio saltar a Sakura de la cama, buscando frenéticamente un lugar para esconderse.
Por un momento, ella parecía un conejo asustado, y Sasuke se sintió tentado de olvidar su necesidad de ella por esta noche. Pero el brillo asesino en sus ojos lo golpeó como una bofetada y renovó su determinación de poseerla.
—No hay forma de escapar, Sakura —dijo, y comenzó a quitarse la ropa.
Ella corrió hacia la ventana; luego volvió a mirarlo, y su rostro era una máscara de furia.
—¡Saltaré!
—No, no lo harás. Todo te tienta a vivir, incluso el hecho de vengarte de mí. —suspiró, sacudiendo la cabeza—. ¿Por qué te peleas tanto conmigo, Sakura?
—¡Porque tú engañas, mientes, y sigues violándome!
—Acabas de mentirme al decir que estabas enferma, pero no busco vengarme de ti.
—¿No? ¿Entonces por qué me retienes aquí, Sasuke? —preguntó ella.
—Créeme que no es por venganza —replicó él—. Si te ofreciera matrimonio... ¿qué?
—¡No me casaría contigo aunque me ofrecieras todas las riquezas del mundo! —Respondió ella acaloradamente, y luego agregó con voz curiosamente tranquila—: Pero tú no me ofreces matrimonio, Sasuke.
—No, claro que no. Pero no te castigo, Sakura, y te doy todo lo que necesitas, sólo te pido que me dejes hacerte el amor. Sabaku no, no te trataría mejor que yo. —En su voz había una sorprendente nota de ternura.
—Tal vez no. Pero al menos él no tendrá que violarme —replicó ella.
Sasuke entrecerró los ojos, y luego la miró oscuramente.
—Aún no te posee, Sakura.
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La pálida luz de la luna tocaba la alfombra junto a la ventana y llenaba la habitación con un reflejo gris cuando Sasuke apagó las velas. Pasó mucho tiempo hasta que se durmió. Sakura se sintió agradecida de que se hubiera dormido de espaldas, porque el ruido de sus ronquidos cubría sus movimientos en la habitación. Bajó de la cama sin perturbarle y se puso rápidamente el vestido violeta, sin apartar sus ojos de Sasuke.
—Te dije que me escaparía si me violabas otra vez —pensó Sakura—. Pero tú no me creíste. No, tuviste que forzarme nuevamente a aceptar tu lujuria. Bien, cuando despiertes por la mañana yo me habré ido. Y jamás me encontrarás, Sasuke.
Sakura cerró la puerta sin ruido y cautelosamente bajó la escalera. Imaginó que tendría que pasar sobre los cuerpos dormidos de los hombres de la tripulación en el gran salón, pero ninguno de ellos estaba allí. Supuso que estaban en el pueblo o durmiendo en el barco.
Sakura echó a andar por el césped, impulsada porsu furia y su fuerte determinación. Le sorprendió claridad de la luna. Pero tuvo una repentina prevención al ver la masa negra de los árboles frente a ella sabiendo que tendría que dirigirse hacia allí.
La luna estaba ligeramente detrás de ella, iluminando el amplio sendero que conducía al bosque, pero una vez que estuviera dentro, sólo algunos pálidos rayos iluminarían el suelo con manchas grisáceas. Apenas había luz para ver el corral y los siete caballos.
Sakura tuvo que detenerse a pensar. Tenía que elaborar algún tipo de plan. Volvió a mirar entre los árboles y vio la gran casa con toda claridad. No se veía luz en ninguna de las ventanas, y todo estaba en silencio.
Obviamente Sasuke dormía profundamente, y era probable que siguiera durmiendo hasta la mañana, pero Sakura necesitaba mucho tiempo para poner distancia entre los dos. El tomaría uno de los caballos para perseguirla, y la atraparía rápidamente si ella iba a pie. De manera que tendría que usar uno de los caballos para ella.
Sakura se peinó rápidamente los cabellos en dos largas trenzas y las ató con un nudo en la parte posterior de su cabeza. Luego cruzó hasta la cerca del corral y buscó una salida. La cerca estaba hecha de largas planchas de madera clavadas a postes y formaba un gran círculo, pero no se veía ninguna puerta. Trató de levantar la plancha de arriba, pero fue imposible. Respirando profundamente, Sakura intentó mover las dos planchas siguientes, pero esta vez se movió la de arriba. Era muy pesada, y tuvo que usar ambos brazos para levantar la tabla de los postes que la sostenían y bajarla hasta el suelo.
Uno de los caballos relinchó, y luego otro, y Sakura se asustó. El ruido parecía venir de una trompeta en el aire tranquilo. Miró a su alrededor nerviosamente, tratando de ver entre las sombras negras del bosque; luego volvió a mirar hacia la casa, pero allí no había señales de vida. Ahora percibía otros sonidos: susurros de las hojas, zumbidos de mosquitos, cantos de los grillos, y otros que no podía identificar.
Coraje, Sakura. Sasuke seguirá durmiendo... debe seguir durmiendo, pensó Sakura. Saltó sobre la madera más baja y entró en el corral. El caballo blanco formaba una sombra gris en la oscuridad, y Sakura se le acercó muy lentamente. Este se espantó, y todos los caballos se movieron peligrosamente hacía la abertura de la cerca. Por un momento Sakura temió que escaparan, pero luego permanecieron en sus lugares. Esto no sería fácil, pensó Sakura, casi a punto de abandonar la idea. No tenía monturas, ni siquiera una cuerda. Tendría que atrapar al caballo por la crin, luego montarlo y esperar sostenerse en el lomo. Afortunadamente el animal no era muy grande, pero, ¿cómo podría agarrarlo si el animal seguía espantándose?
Volvió a intentarlo, moviéndose con más lentitud esta vez, hablándole con suavidad. Extendió suavemente la mano y tocó el pescuezo del caballo, hablándole al mismo tiempo. Luego se acercó un poco más y le frotó la suave nariz, permitiéndole percibir su olor.
Sakura siguió hablando con el caballo durante un rato mientras le acariciaba el cuello esperando que se relajara y no saltara cuando ella tratara de montarlo. Consiguió que el animal diera unos pasos hacia la abertura de la cerca. Los otros caballos se apartaron cuando ellos pasaron, y Sakura rogó que su caballo no saliera corriendo cuando retirara la plancha que quedaba. Pero el caballo permaneció detrás de ella, y casi absolutamente inmóvil cuando lo tomó por la crin. Con un salto, Sakura montó el caballo, levantó una pierna para pasarla sobre el lomo, y se sentó bien erguida.
Sakura ya había decidido no cerrar la cerca, esperando que los otros caballos escaparan durante la noche. Así Sasuke no tendría caballo para seguirla.
Con una sensación de triunfo, Sakura levantó sus faldas y las colocó bajo sus piernas, y luego impulsó el caballo hacia adelante. Estuvo a punto de caer cuando el caballo dio el primer paso, y se aferró rápidamente a él, casi decidida a escapar a pie. Pero el caballo siguió caminando lentamente por el sendero, y vio que no era difícil mantenerse sobre su lomo.
Mirando hacia atrás, vio que el resto de los caballos salían del corral y la seguían. Estaba segura de que su huida era posible, y pensó adónde iría ahora. El lugar obvio sería el lado opuesto de la isla. De manera que lo quedaban dos opciones... ir hacía el lado izquierdo o hacia el lado derecho.
Pero primero debía localizar la villa. No tenía sentido tratar de encontrar ayuda allí, y además, el pueblo probablemente sería el primer lugar donde la buscaría Sasuke. Pero podía llevarle una semana o más avistar a algún barco que pasara y necesitaba estar lejos de los que pudieran verla e informar a Sasuke del lugar donde estaba.
El sendero doblaba bruscamente a la izquierda, pero aún era suficientemente amplio como para que la luz de la luna llegara entre los claros de los árboles. Sakura miró hacia atrás. Ya no veía la casa ni el corral, sólo la espesa oscuridad que la amenazaba por todos lados. Los otros caballos ya no la seguían, sino que se habían perdido en el bosque.
Sakura se sentía como se fuese la única persona en toda la isla. Luchó contra el pánico, recordándose por qué había escapado. Luego se dio cuenta de que dejaba detrás a Chiyo.
Inmediatamente trató de desandar el camino hecho, pero cambió de idea y dejó que el caballo siguiera hacia adelante por el camino. No podía llevar a Chiyo con ella. Su única posibilidad de éxito era permanecer perfectamente sola en esta aventura. Chiyo no tendría el coraje para escapar. La aterrorizaban los caballos y trataría de disuadir a Sakura para que no se fuera y tal vez hasta denunciaría sus planes a Sasuke.
Sakura decidió alejarse lo más posible y narrar su historia al conde Sabaku no. Entonces él iría a rescatar a Chiyo, y así tendría su venganza al mismo tiempo. Chiyo estaría segura en esta isla durante un tiempo. A pesar de su furia Sasuke no la castigaría.
Los quince o veinte minutos que el caballo anduvo por el sendero le parecieron horas. Sakura forzaba los ojos por ver lo que tenía adelante, pero el bosque era demasiado denso. Luego el sendero doblaba ligeramente a la derecha. Había un gran claro, bañado por la luz plateada de la luna, y Sakura veía una docena de cabañas muy próximas unas a otras.
Rápidamente hizo cambiar el curso al caballo y siguió a paso lento, por la oscuridad del bosque.
Ahora llevaba una dirección definida, el lado derecho de la isla. Ya no había un sendero que seguir, y los árboles eran tan densos en esta parte del bosque que el caballo se veía forzado a andar al paso. Sakura esperaba que el animal tuviera mejores ojos que ella, porque apenas veía unos centímetros más adelante.
El caballo caminaba bordeando árboles y matorrales, nunca en línea recta, pero Sakura lo mantenía dirigido más bien hacia la izquierda. De esta manera llegaría al lado derecho de la isla, alejándose de Sasuke.
Pasó una hora y después muchas más. Sakura no tenía idea de cuánto tiempo faltaba para el amanecer, pero sabía que tenía que ganar mucha distancia antes de que Sasuke despertara. Esperaba que durmiera hasta tarde. Nadie le molestaría y cualquiera que se levantara supondría que ella también estaba en la habitación de Sasuke.
Pasaron dos horas más, y Sakura llegó a un lugar donde había muchos bananeros, demasiado densos como para pasar entre ellos. Ahora la luna estaba al otro lado de la isla, pero Sakura veía el cielo cada vez más claro. Azuzó al caballo para que diera un rodeo alrededor de los bananeros.
Esperaba que Sasuke no pudiera avanzar a más velocidad que ella. El podía seguir la línea de la costa, pero allí no tendría idea de donde detenerse y buscarla. Al llegar a la costa, Sakura se escondería en el bosque y esperaría el paso de algún barco, Sasuke jamás la encontraría, por más que la buscara.
Ahora distinguía los colores. Rojos oscuros y amarillos... flores que había olido antes pero que no veía. Sakura levantó la mirada y vio zonas de cielo azul claro, teñidas de rosado y de anaranjado. Los pájaros comenzaban a despertar, y pronto el bosque estuvo lleno de suaves usos. Sería un hermoso día.
Luego, inesperadamente, un pequeño animal corrió frente al caballo; éste se encabritó, arrojando a Sakura al suelo. Cuando por fin pudo incorporarse, el caballo se había alejado.
Sakura se sentía al borde de las lágrimas. Se puso de pie y se sacudió las hojas y las ramitas del vestido. Estuvo desorientada hasta que vio la montaña de dos cumbres a través de una abertura entre los árboles. Siguió el camino hacia la playa, y pronto advirtió que iba mucho más rápido a pie, ahora que veía por donde caminaba.
Después de una hora de andar y correr, entre despierta y dormida, Sakura oyó un ruido de olas a poca distancia. Corrió lo más rápido que pudo, bordeando los árboles y los arbustos. Luego el sol la deslumbró cuando salía del bosque. Cayó de rodillas en la arena fría.
Sakura bajó la cabeza y unos momentos después oyó su pesada respiración. Al mirar nuevamente hacia arriba no pudo creer lo que veía. A la izquierda del sol naciente había un barco, a sólo un kilómetro y medio de la costa.
Sin pensarlo dos veces, Sakura se puso de pie de un salto y agitó frenéticamente los brazos. Dio gritos, pero luego lo pensó mejor, porque de todas maneras, no la oirían. El barco se movía en dirección del sol y luego hacia otro punto en la isla.
Sakura seguía moviendo los brazos, temiendo que nadie la vería desde el barco. Luego éste giró y fue hacia la costa. Sakura se dejó caer en la arena y se echó a llorar.
Miró impacientemente cómo bajaban un pequeño bote. Contemplando la brillante playa blanca, Sakura temió que Sasuke pudiera aparecer antes de que el bote llegara a la playa. Pero después de quince minutos agónicamente cortos, Sakura quedó a cargo del capitán Ryusei Mori y en camino al barco de éste.
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LES AGRADEZCO A TODOS LOS QUE DEJARON SUS COMENTARIOS O QUE SÓLO LEYERON, Y QUE TAMBIÉN PUSIERON ESTA HISTORIA EN SUS FAVORITOS Y ALERTAS… ¡MUCHAS GRACIAS!...=)
*DULCECITO311*
*SASU saku 15 ITA*
*Elaine Haruno de Uchiha*
*Candice Saint-Just*
*Sakuita 01*
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Por favor dejen sus "REVIEWS", positivos o negativos, esa es mi forma de saber si continuo o no… ONEGAI… :) no necesitan tener una cuenta para poder comentar. Hasta pronto.
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"…SaKu-14…"
