Aclaración:

1-Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestado para poder adaptar esta historia.

2-La historia es una adaptación a SasuSaku, ya que la original esta escrita por Johanna Lindsey se titula "El amor del pirata" por lo que ESTE FIC NO ME PERTENECE.

3-La narración esta de parte de Sakura , al igual que los pensamientos.

Advertencias:

CATEGORÍA: "M".

Esta historia contiene:

AU- LENGUAJE UN POQUITO VULGAR- LEMON- LIME- VIOLACIÓN…

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Capítulo siete:

—Yo mismo la llevaría a la costa, mademoiselle Haruno, pero ayudarla a subir y dejarla aquí me ha retrasado —dijo el capitán Mori—. Y es bueno respetar un horario.

—No es necesario, capitán. Usted ha sido muy amable conmigo. Estoy segura de que no tendré problemas para encontrar la plantación del conde Sabaku no.

—No, no dudo de que la encontrará. Es una de las más grandes de la isla, según me han dicho.

Estaban en la cubierta mientras bajaban el pequeño bote que llevaría a Sakura a la costa. Había llegado a querer al capitán Mori en las dos semanas de viaje hacia Saint Martin. Era un hombre amable de poco más de cincuenta años, un capitán de barco mercante que transportaba ron y tabaco a las colonias americanas y traía los objetos necesarios que no podían obtenerse en las islas.

Sakura le había mentido respecto a la forma en que había llegado a la isla de Sasuke. Había dicho que había caído de la borda del barco que la llevaba a Saint Martin y que había nadado hasta la costa. El se había maravillado de que hubiera podido llegar viva a la costa, ya que había muchos tiburones y barracudas en esas aguas.

Sakura pidió al capitán Mori que le dibujara un pequeño mapa mostrándolo cómo llegar a la isla. El explicó que era un hermoso lugar y que algún día podría mostrárselo al conde Sabaku no. Sakura llevaba el pequeño mapa escondido en el dobladillo de su vestido, que llevaba en sus brazos junto con su enagua y sus zapatos.

—Sin embargo, no sé por qué insiste usted en que use estas ropas —dijo Sakura señalando los pantalones largos hasta la rodilla y la amplia camisa blanca que el capitán le había dado esa mañana.

El capitán Mori sonrió.

—Las ropas de Ryusei te quedan muy bien, niña.

—¿Muy bien? Son enormes.

—Esa era la idea. Son lo suficientemente amplias como para ocultar tu belleza. Vestida de esa manera, no tendrás problemas con, los marineros que andan por los muelles. —Hizo una pausa, mirándola enigmáticamente—. ¿Cómo diablos lograste esconder todo tu hermoso cabello bajo ese pañuelo rojo?

—No pude —rió Sakura—. Está suelto bajo esta camisa... ah... y sostenido bajo los pantalones, esperaba no tener que volver a usar nunca más ropa de hombre.

Ahora el capitán rió.

—Bien, al menos no es visible.

—Pero es muy incómodo.

—No tardarás mucho tiempo en encontrar a tu prometido, y entonces podrás cambiarte de vestido. Bien, el bote ya está abajo, Rask te llevará a la costa. Ab... este... no olvides agacharte cuando caminas. No tiene sentido mostrar lo que tratas de ocultar.

Sakura sonrió y besó al capitán en la mejilla, haciendo que éste se ruborizara considerablemente. Él la ayudó a deslizarse sobre la barandilla mirando el pequeño bote que esperaba abajo.

Sakura se alejó lentamente del muelle atestado, asombrada por tanta actividad. Estaban descargando muchos barcos. Unos carros tirados por fuertes caballos andaban de aquí para allá. Cuatro niños pequeños perseguían a un gato flaco alrededor de una pila de basura, Este muelle estaba mucho más concurrido que el de Tórtola.

Sakura trató de detener a un marinero, pero él ni siquiera la miró. Lo intentó una vez, otra vez y fracasó. Nadie le prestaba la menor atención.

Deteniéndose para pensar qué haría, Sakura examinó los muelles. Vio a dos hombres que observaban a tres jóvenes que pedían limosna frente a una tienda, aguardando a los clientes cuando entraban y salían. Se acercó a los dos hombres, porque al menos ellos no tenían prisa por ir a ninguna parte.

—Perdón —aventuró.

Los dos se volvieron a mirarla. El más alto de los dos tenía la altura de Sakura, y ojos de color castaño claro que se iluminaron al mirarla. El otro era sólo unos centímetros más bajo, con ojos como cuentas de collar y nariz ganchuda, desproporcionado a su rostro.

—Creo que eres lo que el capitán me pidió —dijo el hombre más alto con entusiasmo.

—Sí, Shawn —dijo el otro, mirando a Sakura de pies a cabeza.

Sakura comenzó a retroceder. Miró a un hombre, y luego al otro.

—Espera muchacho —dijo el hombre llamado Shawn rápidamente—. Te ofrezco el trabajo de camarero para mi capitán.

—Ustedes no comprenden —dijo Sakura, pero el hombre la tomó por un brazo.

—Bien, no me digas que no te gustaría navegar por el mar. Es una buena vida, te lo aseguro.

—No —replicó firmemente Sakura. Trató de zafarse de su brazo, pero el hombre se lo aferraba.

—¿Dónde está tu sentido de la aventura, muchacho? Serás perfecto para la tarea. No hemos encontrado ningún joven que valga la pena últimamente; ninguno duraría un sólo viaje. ¿Qué dices a esto?

—¡No! —replicó ella nuevamente con creciente alarma—. ¡Ahora déjame!

Pero él la obligó a volverse, torciéndole el brazo hacia atrás dolorosamente. Ella no podía creer que esto, estuviera sucediéndole con toda esa gente alrededor.

—Es una lástima que hayas decidido mudarte, muchacho, pero es lo mismo.

—Ustedes no...

—Una palabra más y sentirás mi espada en tu espalda —gruñó el hombre, y le torció el brazo un poco más. Sakura pensó que se desmayaría por el dolor—. El capitán Mike nos envió a buscar un muchacho adecuado, y tú eres el único que hemos visto. Te acostumbrarás pronto a la tarea, porque el capitán Mike es fácil de complacer. Ya me lo agradecerás algún día, porque la vida en el mar es una buena vida.

Entonces echaron a andar, uno a cada lado de ella sosteniéndola por los brazos. Sakura sentía la punta de un cuchillo en la parte baja de su espalda. La llevaron al barco que estaba cargando mercaderías y preparándose a levar anclas. La tripulación estaba demasiado ocupada como para mirarla mientras los dos hombres la hacían subir a bordo, y el miedo comenzó a crecer en ella. ¿Y si no podía salir de esto?

La llevaron al camarote del capitán. El hombre llamado Shawn la empujó adentro, pero se detuvo antes de cerrar la puerta, su rostro se mostraba hosco mientras desenvainaba su daga.

—Al viejo Mike no le gustará enterarse de que no tienes ganas. Te advierto —dijo con voz peligrosa—, que si te dices que no quieres salir a navegar, te degollará. Espero que comprendas, muchacho, porque te vigilaré.

Cuando se cerró la puerta y Sakura se quedó sola, corrió hacia la puerta. La abrió, pero Shawn y su amigo estaban parados junto a la cabina, de manera que cerró la puerta rápidamente. Esto era ridículo. La habían secuestrado nuevamente porque pensaban que era un muchacho. ¿Por qué terminaba siempre con problemas peores cada vez que escapaba de Sasuke?

Sakura comenzó a pasearse por la habitación. Deseaba que este capitán Mike apareciera pronto. Su única esperanza era explicarle todo y esperar que le permitiera marcharse. Pero, ¿si el barco salía antes de que él volviera a la cabina? Los minutos pasaron y se convirtieron en horas. Sakura intentó abrir la puerta nuevamente, pero Shawn seguía afuera, vigilando como dijo que haría. ¿Realmente la matarían si ella le decía al capitán que la habían traído aquí por la fuerza? Pero no podía transformarse en un camarero. El capitán pronto descubriría que era una mujer.

¿Por qué la desdicha la atraía como el fuego a una polilla? Primero Sasuke, luego la cárcel, luego Sasuke nuevamente, y ahora esto. Y su prometido estaba aquí, en esta misma isla, y ella ni siquiera podía pedir su ayuda. ¿Y si este capitán era otro hombre como Sasuke? La puerta se abrió bruscamente, y un hombre alto de cabellos rojos entró en la cabina. La miró atentamente mientras, cruzaba la habitación y se dejaba caer en una silla, junto a un escritorio lleno de cosas. Era un hombre apuesto de mediana edad, pero parecía muy cansado.

—De manera que tú eres mi nuevo asistente —suspiró. Hasta su voz parecía cansada.

—No, monsieur —respondió débilmente Sakura, sin saber si debía temerle o no.

—¿Entonces qué haces aquí?

—Dos de tus hombres me trajeron aquí.

—¿Para qué? —preguntó él, mirándola fijamente con sus ojos verdes.

—Me trajeron aquí para que sea su asistente en el camarote, pero...

—Pero has cambiado de idea —respondió él por ella—. ¿Puedo persuadirte para que vuelvas a considerarlo? El último muchacho que tuve cayó al mar durante una tormenta, pero era un buen muchacho. Tú... tú pareces más fuerte que él, y no hay tiempo de encontrar otro tan bueno como tú, ya que nos iremos esta noche. ¿Qué puedes decir?

—Es imposible, capitán.

—Si estás preocupado porque eres francés, no tienes motivo —dijo el hombre con un toque de impaciencia en la voz—. He tenido a otros francesitos en el barco, de manera que no estarás solo. Y hablas inglés bastante bien. Y participarás en las ganancias, y tendrás posibilidades de progreso.

—Si yo fuera un muchacho, capitán, seguramente me tentara su oferta.

—¿Si fueras un muchacho? ¿Qué tonterías son estas?

—No soy un muchacho —replicó rápidamente Sakura—. Cuando sus hombres me trajeron aquí, no me dieron posibilidad de explicarles capitán. Soy una muchacha.

—¿Una muchacha? —preguntó él sin poder creerlo.

A Sakura le irritó la duda, y se quitó lentamente la bufanda mostrando sus cabellos.

—Sí, una muchacha.

La repentina carcajada del capitán Mike sobresaltó a Sakura, que lo miró, confundida.

—Me parecía que tu rostro era demasiado bonito para ser el de un muchacho, pero he visto otros con esas caras, de manera que lo dejé pasar. Deberías vestirte con las ropas que corresponden a tu sexo, niña, para evitar confusiones.

Había reflejos verdes en sus ojos, mientras hablaba

—No tengo el hábito de vestir ropa de hombre, capitán. Me aconsejaron que me vistiera de esta manera para no atraer la atención.

—Pero de todas maneras la atrajiste. ¡De manera que mis hombres impresionan a las jovencitas! Lamento el inconveniente, niña.

—¿Entonces puedo irme?

—Sí, y vete rápido porque olvidaba que estoy muy cansado. Pero oculta nuevamente tus hermosos cabellos, querida, será mejor que te vean marcharte tal como viniste.

Sakura hizo lo que le pedía y se sintió aliviada al atarse la bufanda en la cabeza. El capitán se puso de pie y la acompañó hasta la puerta; luego le tomó una mano y se la besó tiernamente.

—Esto ha sido un placer que recordaré largo tiempo, niña. Date prisa.

Cuando Sakura salió a la luz del sol, recordó de pronto a Shawn y la advertencia que le había dado. Miró rápidamente su vestido y lo vio de pie a poca distancia de ella. Sus ojos se agrandaron ante su mirada furiosa, y volvió a mirar hacia el camarote del capitán, pero él ya había cerrado la puerta.

—¡De manera que se lo dijiste! —gruñó Shawn.

Sacó su daga y la sostuvo rígidamente en su mano derecha mientras se aproximaba a ella.

—Te lo advertí, muchacho. Te lo advertí.

Sakura jadeó, y su rostro se puso pálido. Los hombres en cubierta dejaron su trabajo, creyendo que presenciarían una sangrienta pelea, pero Sakura no lo advirtió. Ni una palabra salía de su boca, ni siquiera un grito, mientras estaba allí, paralizada. El hombre llamado Shawn parecía moverse lentamente. "Corre", gritaba algo dentro de la mente de Sakura. ¡Corre, por Dios, corre!" Finalmente sus piernas se movieron y siguieron moviéndose con un pánico ciego, como si no formaran parte de su cuerpo. Corrió por la pasarela y por el muelle, pero seguía oyendo al hombre a sus espaldas. Entonces tropezó y cayó, pero el hombre estaba tan cerca que tropezó con ella y cayó también a unos metros de distancia. Sakura se puso de pie con la velocidad de un rayo y corrió hacia la ciudad, chocando con la gente en su huida. Ni siquiera podía detenerse para pedir ayuda, porque estaba segura de que el hombre la acuchillaría antes de que pudiera decir una palabra. Tenía que correr más rápido que él. Tenía, que encontrar un lugar para esconderse.

Corría por las calles, hacia el centro de la ciudad, pero cuanto más corría más desiertas encontraba las calles, y seguía oyendo al hombre que jadeaba y gruñía detrás. ¿Por qué no abandonaba la persecución?

Entonces Sakura cayó en los brazos de otro hombre.

—¡Dejadme! —gritó, luchando frenéticamente, pero este nuevo hombre la oprimía fuertemente contra él.

—Tú —susurró asombrado el hombre que la retenía.

Sakura lo miró, y sus ojos se agrandaron al reconocerlo. Era el marinero francés a quien habían azotado por su causa en el "Canción del Viento". Antes de que pudiera hablar, él la empujó hacia atrás y sacó un brillante cuchillo. Shawn los había alcanzado, y con toda su furia lanzó la daga hacia el francés. Sakura supo que ahora debía escapar, pero quedó paralizada ante una casa, hipnotizada por las hojas de los cuchillos al sol. El marinero que había sufrido tan cruelmente por su causa ahora la protegía, y ella no podía abandonarlo.

El francés era más alto que Shawn y más corpulento, y Shawn estaba agotado por la persecución. Pero el hombre más bajo estaba furioso, y decidido a ganar. La sangre surgió del cuerpo de los dos hombres. Luego el puñal del francés se hundió en el hombro de Shawn, inutilizándole el brazo derecho, un puñetazo en la mandíbula de Shawn envió a éste contra la casa, donde cayó hecho un bulto en el suelo.

—Ven. —El francés tomó a Sakura por la mano y la llevó por la calle hasta llegar a una vieja construcción. La hizo entrar, y sin prestar atención a nadie la obligó a subir por una escalera a una habitación del primer piso.

Sakura no podía creer que estuviese a salvo. Había estado próxima a morir, y se echó a temblar de alivio. Se desplomó en la única silla de la habitación.

Cuando su respiración y su corazón retomaron su ritmo regular, observó el lugar que la rodeaba. La habitación era muy pequeña y oscura, y además de la silla de madera en que estaba sentada, había un lavabo y una cama estrecha con' sábanas arrugadas, una ventana daba a una estrecha callejuela, pero la siguiente construcción bloqueaba toda la luz del sol.

El marinero francés encendió una vela en el lavabo. Tenía muchos pequeños cortes en los brazos y el pecho, y la sangre manaba de su mano derecha, donde uno de los dedos estaba casi cortado. Sakura estaba aterrada y se levantó rápidamente para ayudarlo. El bulto que tenía en la falda cayó al suelo, y le extrañó observar que aún estaban sus ropas en él. Levantó el bulto y lo colocó en la silla, luego se aproximó al francés.

—Monsieur, su mano necesita un vendaje.

El la miró con sus ojos castaño oscuro, y ella se sorprendió por el odio que vio en ellos.

—Por causa tuya en mi espalda hay cicatrices que no se borrarán. ¿Qué te importa un dedo? Ya pagarás por él —dijo el hombre con voz débil—. Soy Kazuki Suzuki, mademoiselle, por si desea conocer al hombre que la matará.

Sakura sintió terror cuando comprendió el significado de sus palabras. Corrió hacia la puerta, pero el hombre no hizo movimiento alguno para detenerla. La puerta estaba cerrada. Se volvió para enfrentarse con él, con los ojos agrandados de miedo.

—Abra la puerta —gritó aterrorizada.

El se rió de ella, con una risa cruel y despreciativa.

—Ahora ya sabe lo que se siente cuando a uno lo atan al mástil. No es una sensación agradable, ¿verdad, mademoiselle?

—¿Por qué hace esto? ¿Por qué?

—Es una pregunta tonta, señora, pero la responderé con mucho gusto. Yo he soñado con matarla. He rogado que el destino la pusiera en mis manos, y ahora sufrirá usted diez veces más que yo. No la mataré, de inmediato, mademoiselle Haruno, porque eso sería demasiado piadoso, y yo no siento piedad. Usted me rogará que termine con su vida, pero su muerte será lenta, vendrá por hambre y torturas. Pero primero obtendré aquello que deseaba y por lo cual me azotaron.

La mente de Sakura se negaba a aceptar sus palabras. Esto era una pesadilla.

—¿Por qué lo azotaron, monsieur Suzuki?

El la miró con sorpresa.

—Eres tranquila, pero la tranquilidad no te durará mucho tiempo. Me azotaron por mis intenciones, por algo que nunca llegué a hacer. Pero ahora quiero el pago, y luego algo más.

—¿Pero por qué debe matarme también?

—Porque usted podía haber logrado que no me azotaran, ¡pero no lo hizo! —gruñó él.

—Pero yo traté de impedirlo. ¡Rogué al capitán!

—Las mentiras acuden fácilmente cuando la vida está amenazada. No me tome por tonto, mademoiselle —gritó él y comenzó a quitarse el cinturón.

Sakura lo miraba espantada, y algo se agitó dentro de ella.

—¡Bien... vióleme! —gritó, con los ojos agrandados y vidriosos—. ¡Máteme! Debía haber muerto en la calle bajo la espada de Shawn, de todas maneras. Ya no me importa. ¿Me oye? ¡No me importa! -Sakura se echó a reír, con voz histérica, inhumana, que resonaba en la pequeña habitación. Kazuki Suzuki se apartó de ella con cautela.

—¡Estás loca! —dijo con voz quebrada mientras se acercaba a la puerta—. Aún no has sufrido nada, pero tu mente ya no funciona bien. No habrá placer en comenzar ahora. Esperaré a que hayas recuperado el sentido, para que tengas conciencia de todo lo que pienso hacer. Volveré —chilló entre sus dientes apretados, salió de la habitación y cerró la puerta tras de sí.

Sakura cayó de rodillas en el suelo. Violentos sollozos sacudían su cuerpo. Pasó largo tiempo hasta que se tranquilizó y quedó gimiendo. Era una niña otra vez, y se imaginaba en una gran habitación del convento, con muchas camas. Se acostó en una de ellas en la oscuridad, llorando silenciosamente su soledad porque su madre no había podido evitar que la enviaran al convento, vino una monja y le habló en voz baja con palabras dulces y comprensivas. Finalmente se quedó dormida.

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Miles de estrellas como velas temblorosas brillaban en el terciopelo negro del cielo. En algún lugar, en Saint Martin, el marinero Kazuki Suzuki bebía para olvidar, pero en su alojamiento en la parte más miserable de la ciudad, Sakura seguía durmiendo sin que la perturbaran los insectos y los ratones que había en la habitación.

Hacía rato que había amanecido cuando Sakura abrió los ojos. Miró confundida el extraño lugar en que se encontraba. ¿Esta habitación estaba en aquella fortaleza donde Sasuke la había llevado? Pero ella había escapado de esa hermosa isla, ¿verdad? Sí, había escapado y la habían traído a Saint Martin. Había ido en búsqueda de su prometido, pero luego... luego...

—¡No! —gritó al recordar todo. ¡Dios mío, no!

¿Por qué tenía que recordar? Habría sido mejor perder todo recuerdo, mejor que estar sentada allí y contar los minutos hasta que volviera Kazuki Suzuki. ¿Qué clase de horribles torturas planeaba para ella? Ya estaba débil por el hambre, y ¿él la dejaría morirse de inanición? No, él quería una revancha más completa que esa, volvería.

—Ah, Sasuke, ¿por qué no puedes salvarme esta vez? Pero me temo que fui demasiado inteligente. Estás a cientos de kilómetros de distancia, buscándome en la isla, si es que no has abandonado ya la búsqueda.

¿Qué estaba pensando? ¡Ella no quería que él la rescatara! Sakura miró la miserable habitación y sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas, cualquier cosa sería preferible a lo que Kazuki Suzuki planeaba para ella, incluso la vida con Sasuke. Pero Sasuke no estaba allí para ayudarla, y esto sólo le dejaba una alternativa: una muerte rápida.

Con la mente concentrada en su única solución, Sakura se levantó y caminó lentamente hasta la ventana abierta. No había balcón afuera, sólo un antepecho que podía conducir a otra ventana.

Debajo, a la derecha, había un pequeño toldo sobre una puerta, pero directamente debajo de la ventana había una pila de leños. La pila era grande, con ramas cortadas que apuntaban en todas direcciones como lanzas. Si se arrojaba allí moriría con seguridad, de una muerte rápida. Sakura levantó las piernas para sacarlas por la ventana y se quedó allí un momento, sintiendo los últimos minutos de su vida. Sonrió irónicamente, pensando que había escapado del hombre más apuesto que jamás había conocido. Lo había dejado por esto.

—Ay, Sakura, qué tonta has sido —se dijo en voz alta con un fuerte suspiro.

Se soltó de la ventana y respiró profundamente. Todo lo que debía hacer era inclinarse hacia adelante, y ese sería el una parte de ella se aferraba aún a la vida, aunque esa vida significara una tortura prolongada; volvió a la habitación.

"Tienes que saltar, Sakura." No puedo. "Podríagritar pidiendo ayuda." "No, con eso sólo conseguiría que volviera Kazuki Suzuki, y de todas maneras tendría que saltar." "Entonces salta procurando no caer sobre la pila de ramas.

Volvió a mirar por la ventana, pero la pila era demasiado grande como para evitarla.

—¡El toldo!

Sakura arrojó el bulto de sus ropas por la ventana; luego se descolgó ella misma hasta quedar precariamente colgada de las manos en el antepecho. Trató de llegar al toldo con el pie, pero le fue imposible. Ahora veía su error. Debió haberse detenido en el antepecho y saltar hacia el toldo. Pero era demasiado tarde, porque ella se sentía demasiado débil como para volver a subir.

Una mano se deslizó, y el cuerpo se apartó de la pared. Buscó frenéticamente con el brazo libre, yse agarró del antepecho mientras la otra mano resbalaba. Su cuerpo se torció hacia el otro lado, dándole una visión clara del toldo. Parecía imposible llegar allí desde su posición, porque estaba por lo menos a un metro y medio más abajo y a treinta centímetros más afuera. Pero tenía que alcanzarlo. Era su única posibilidad de sobrevivir.

Esta vez le resultó más difícil volver al lugar desde donde alcanzaría el antepecho, pero finalmente lo logró. Sabía que sólo le quedaban pocos segundos antes de que sus dos manos cedieran, pero conservaba la calma. Usando los pies se apartó de la pared de la casa, y quedó balanceándose hacia atrás y hacia adelante.

Aún tenía miedo de dejarse caer, pero se consoló con la idea de que, de todas maneras habría muerto. Se balanceó una vez más, y luego hacia su blanco. Se soltó. Cayó de rodillas en medio del viejo toldo de tela y rápidamente se asió a los costados, pero su peso venció los soportes podridos y golpeó con todas sus fuerzas contra la puerta cerrada, para luego caer el corto trecho que la separaba del suelo.

Sakura jadeaba, sin saber si reír o llorar. Ahora se preguntaba por qué había tenido tantos reparos en intentar la huida. Luego miró hacia arriba, hacia la ventana que estaba tan alta y se burló de su propia audacia. Pero, gracias a Dios, estaba libre y viva. Rogó poder encontrar al conde Sabaku no, sin encontrarse con más hombres malvados.

Sakura se puso de pie, tomó su bulto de ropas y corrió hasta el extremo de la callejuela. Cautelosamente miró a su alrededor. Kazuki Suzuki bebía en una taberna en esa misma calle. Sakura bajó la cabeza y se apretó contra la pared de la casa, contuvo el aliento mientras esperaba que Suzuki pasara por la callejuela. Finalmente el hombre apareció, avanzó, tropezó y cayó a poca distancia de ella. Sakura creyó que se desmayaría mientras esperaba que él se pusiera de pie.

Lo hizo con lentitud, y siguió hacia la entrada de su casa, sin siquiera mirar en dirección a Sakura. Ella dejó pasar unos minutos antes de entrar en la vieja taberna, con lo cual también logró tranquilizarse un poco. Luego salió corriendo de la callejuela y siguió por la calle en la dirección por la que había venido Suzuki. Detuvo a la primera persona que vio, un joven, y le pidió indicaciones para ir a la plantación Sabaku no. Él le dijo que estaba en las afueras de la ciudad, pero le informó orgullosamente que había visto al conde en los muelles esa misma mañana.

Sakura siguió hacia los muelles, deseando salir de la ciudad. Al llegar al muelle, fue hacia un viejo apoyado en un cajón vacío, y que se sostenía con un corto bastón.

—Perdón —aventuró Sakura—. ¿Sabe usted dónde puedo encontrar al conde Sabaku no?

—¿Qué quieres de él, muchacho?

—Es un asunto importante —replicó Sakura. Juró que jamás volvería a ponerse ropas de hombre.

—Allí. —Señaló un gran barco—. Sabaku no, está dando órdenes.

Sakura se apresuró, aliviada de poder encontrar tan rápidamente al conde. Vio que el barco que el hombre le señaló no estaba descargando cajones como los otros, sino una carga humana; negros con las manos y los pies encadenados. Al acercarse, un olor fétido asaltó su nariz, provocándole náuseas.

Vio al hombre que daba órdenes, un hombre de mediana estatura, con lacios cabellos rojos, pero de espaldas a ella. Sakura lo llamó por su nombre. Él la miró con obvia irritación, y ella vio sus ojos turquesas claro y su rostro fuerte y apuesto, pero luego él volvió a lo que estaba haciendo.

Bien, ¿qué esperaba ella, vestida como estaba? Todos la tomaban por un muchacho. Caminó lentamente hacia él.

—¿Es usted el conde Sabaku no? —preguntó, obligándolo a volverse hacia ella.

—¡Fuera de aquí, muchacho!

—¿Es usted ... ?

—¡Vete, ya te lo dije! —interrumpió él bruscamente.

—¡Soy Sakura Haruno! —gritó ella, perdiendo la paciencia.

Él rió y se apartó nuevamente. Ella se arrancó la bufanda de la cabeza, dejando ver sus cabellos, que cayeron en su espalda.

—Monsieur —llamó dulcemente. Cuando él se volvió una vez más, Sakura arrojó la bufanda a su rostro y se apartó de él.

—¡Sakura! —gritó él, corriendo tras ella, pero ella no se detuvo. Cuando él la alcanzó, la obligó a volverse, con el rostro asombrado—. Debes perdonarme, Sakura. Pensé que estabas muerta. Nara volvió con mi barco y me dijo lo que había sucedido. Ahora pensé que eras un muchacho, y que venías a molestarme. Toda la ciudad sabe que te esperaba, y saben lo que sucedió.

Su enojo pasó tan rápidamente como había venido, y sonrió cálidamente al joven parado ante ella.

—Lamento haberte arrojado la bufanda.

—He sido una bestia al gritarte como lo hice. No hablemos más de esto. Ven —dijo él, conduciéndola a un carruaje que estaba a poca distancia—. Ahora te llevaré a casa. Hablaremos más tarde, y tengo una sorpresa para ti.

—¿Una sorpresa?

—Sí, y creo que te gustará mucho —respondió él con una sonrisa perezosa—. Pero ahora dime una cosa, ¿cómo has logrado llegar hasta aquí?

—En un barco mercante.

—¿Pero no fue un barco mercante el que atacó a "Canción del Viento"?

—No —respondió Sakura—. Tengo mucho que contarte, pero como bien dices podemos hablar más tarde. Ahora deseo bañarme y cambiarme de ropa.

—Por supuesto, ma chérie. No tardaremos mucho en llegar a la casa.

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—Ah, madame Haruno. Me alegro de ver que hoy se siente mejor —dijo Gaara Sabaku no, mientras Yuri Haruno entraba en su estudio sin anunciarse—. Para usted fue un golpe no encontrar aquí a su hija cuando llegó ayer.

—No me siento mejor, monsieur. Pero me niego a creer que mi hija esté muerta. ¡Debemos encontrarla!

—Por favor, siéntese, madame —dijo Gaara, señalando una silla junto a su escritorio—. He encontrado a su hija... o, más bien, ella me encontró a mí. A Sakura se le ha asignado la habitación junto a la suya. En este momento se está bañando.

—¡Pero por qué no me lo ha dicho de inmediato! —exclamó Yuri, y salió corriendo de la habitación.

—¡Madarne Haruno! —llamó Gaara, deteniéndola antes de que llegara a la puerta—. Insisto en que debe esperar antes de ver a Sakura.

—Pero, ¿por qué? ¿Le sucede algo?

—No... creo que está bien. Aún tengo que averiguar lo que le sucedió después de ser raptada en el "Canción del Viento". Debo pedirle que me deje hablar con ella primero.

—¡Pero soy su madre!

—Y yo soy su prometido. Hay ciertas cosas que debo saber antes de...

—¿Qué quiere decir, monsieur? —le interrumpió Yuri—. Es suficienteque Sakura esté aquí y que esté viva.

—Si Sakura ha de convertirse en mi esposa…

—"¡Sí!" —casi gritó Yuri—. Permítame informarle, conde Sabaku no, que yo estuve en contra de este compromiso desde el comienzo. Siempre quise que Sakura eligiera su propio marido. Aún lo deseo. Ahora que Nibori está muerto, Sakura no tiene por qué respetar el acuerdo que la hace su esposa. Vine aquí para decírselo.

—Por favor, madame Haruno, usted me entiende mal —dijo Gaara, molesto.

—Creo que le he comprendido perfectamente, monsieur. Si Sakura ya no es inocente, no es culpa suya. Y si usted no desea casarse con ella, me llevaré a Sakura y saldremos de su casa inmediatamente.

Gaara estaba molesto pero logró ocultarlo. No debería haberle dicho a esa mujer que su hija estaba allí pudiendo haberla hecho marchar y conservar a Sakura como amante sin que su madre lo supiera. Ahora toda la ciudad sabía lo que le había sucedido a Sakura Haruno, pero él no podía casarse con ella. Sin embargo, tampoco podía dejarla ir. Era demasiado hermosa como para perderla.

—Madame Haruno, lamento haberme expresado mal. Tengo todas las intenciones de casarme con Sakura. Pero como seré su marido, supongo que le gustará contarme primero su historia. Al fin y al cabo, vino a mí. Después, se regocijará al verla a usted, y olvidará todo lo que ha pasado. Yuri se calmó y comprendió lo que el hombre decía.

—Muy bien, monsieur. Esperaré en mi habitación.

—¿No irá a ver a Sakura?

—Esperaré a que usted haya hablado con ella. Pero deseo que me llame inmediatamente una vez que haya terminado.

—Le informaré yo mismo.

Gaara la miró salir de la habitación y rechinó los dientes, con el ceño fruncido. Le habría gustado matar de un tiro al capitán Nara por permitir que los piratas capturaran a Sakura. Aunque todavía fuera virgen, nadie lo creería. Ahora tendría que ganar tiempo y pensar en alguna forma de liberarse de la madre, se sentía seguro de poder manejar a Sakura si la dejaban a su cuidado.

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—Sakura, eres aún más hermosa de lo que te recuerdo —dijo Gaara al entrar en la sala y cerrar las puertas.

—Es usted muy amable, monsieur —replicó ella delicadamente. Se sentía un poco culpable.

—Llámame Gaara, pequeña, ya que...

—¡No me llames "pequeña"! —respondió duramente Sakura—. Sasuke me llamaba así, y no quiero volver a oír esa palabra.

—Lo siento, Sakura.

—Perdóname tú a mí —dijo rápidamente Sakura, sintiéndose, tonta—. No quería reaccionar así. Sucede que el recuerdo de, ese hombre, aún vive en mi mente.

—¿Quién es este hombre del que hablas?

—Sasuke es el capitán del "Dama Alegre", el barco que luchó contra 'Canción del Viento".

—Es un pirata, ¿verdad? —preguntó Gaara, mientras sus claros ojos observaban el rostro de Sakura.

—Dice que trabaja bajo la protección de Inglaterra.

—Pirata o particular... es lo mismo, más o menos. ¿El... bien ... ?

—¿Quieres saber si me violó? Sí, muchas veces —dijo Sakura sin ruborizarse—. Me mintió y me engañó también. Me dijo que me traía aquí para obtener un rescate. Pero en cambio nos llevó a mí y a mi criada a una isla que dice ser suya. Me habría retenido allí durante meses si yo no hubiese escapado.

—Esa isla, ¿tiene un nombre?

—No lo sé. Desde un barco parece desierta. Hay nativos que viven tierra adentro, y hay una gran casa lejos de la costa que construyeron los españoles hace mucho tiempo.

—¿Y cómo lograste escapar de ese Sasuke? —preguntó Gaara.

—Dejé la casa mientras él dormía, y pude llamar a un barco que pasaba al amanecer. ¡Pero debemos volver para rescatar a mi vieja niñera!

—¿Tu criada todavía está en esa isla?

—Sí.

—Pero probablemente ya esté muerta, Sakura.

¡No! Sólo la dejé porque pensé que tú la rescatarías. Y quiero vengarme de Sasuke. Debe morir.

Gaara la miró sobresaltado.

—Sakura, esto es absurdo. Los piratas que asolan estas aguas son crueles. Pueden degollar a un hombre con toda facilidad. No sabes lo que pides.

—Pido venganza y que se rescate a mi criada. Si no puedes hacer esto por mí, encontraré quien lo haga —dijo Sakura, tratando de dominar su furia.

—Muy bien —dijo Gaara, sacudiendo la cabeza—. Pero no tengo barcos aquí en este momento; llevará algún tiempo.

—¿No era tu barco el que estaban descargando hoy? —preguntó Sakura.

—No. Pertenece a un viejo amigo mío. Lo conocerás esta noche durante la cena. Yo sólo me ocupaba de la carga de esclavos que compré, pero eso no te concierne. —Hizo una pausa, mirándola pensativamente. -¿Podrías volver a encontrar esa isla?

—Tengo un mapa. —Sakura le entregó el pedazo de tela doblado que le había dado el capitán Mori.

—Bien, al menos con esto no habrá que ir muy lejos —dijo Gaara, poniéndose el mapa en el bolsillo.

—Pero yo deseo ir contigo —dijo acaloradamente Sakura—. Debo ver con mis propios ojos la muerte de Sasuke.

—Ya veremos. Pero ahora, si esperas aquí, tendrás la sorpresa que te mencioné antes. —Salió de su habitación, esperando que su madre pudiera disuadir a Sakura. La sola idea de atacar la fortaleza de un pirata era ridícula.

—¡Mamá!

Sakura no podía creer lo que veían sus ojos cuando vio aparecer a su madre en la puerta. Corrió hacia Yuri y se abrazó a ella, temiendo que sólo fuera una ilusión.

—Ahora todo está bien, querida mía. Estoy aquí.

Yuri hablaba con suavidad, acariciando el cabello de Sakura.

Al oír las tiernas palabras de su madre, Sakura perdió la compostura y estalló en lágrimas. Se sentía una niña pequeña que pide amor y protección a su madre. Las lágrimas se convirtieron en fuertes sollozos que Sakura no podía contener aunque lo intentara. Su madre estaba allí, y ahora todo marcharía bien. Sakura ya no estaba sola.

Pasó mucho tiempo hasta que cesaron las lágrimas. Madre e hija estaban sentadas en el sofá, pero Yuri seguía abrazando a Sakura.

—No debes hablar de esto si te resulta penoso, Sakura.

—No, quiero contártelo, mamá. Debo saber si me equivoco en mi manera de sentir. Estoy llena de tanto odio que a veces pienso que me he convertido en otra persona.

Sakura contó a su madre todo lo que le había sucedido, desde el momento en que "Canción del Viento" avistó por primera vez al "Dama Alegre", hasta el momento de su huida de la isla y su conversación con Gaara. No omitió nada de lo sucedido con Sasuke, y aun admitió que su cuerpo la había traicionado muchas veces haciéndola disfrutar de su amor con él.

—Chiyo no podía entender por qué odiaba tanto a Sasuke. Y Gaara cree que es tonto que yo desee la venganza. El es mi prometido... él también debería desear la venganza. Pero creo que Gaara prefiere olvidar todo el asunto. —Sakura se interrumpió, mirando a su madre con un ruego en sus ojos.—¿Me equivoco en odiar así a Sasuke? ¿Está mal que desee verlo muerto?

—Este hombre te violó continuamente, y tienes todo el derecho de odiarlo. Pero estás viva, Sakura. Podría haberte violado una vez y luego haberte matado, pero no lo hizo. Está mal desear la muerte de alguien. Con la vida que lleva, este Sasuke morirá pronto. No dejes que su muerte sea obra tuya. Buscar venganza es destruirte a ti misma.

—Pero sólo he pensado en verlo muerto.

—Eso no es bueno, amor mío. Debes olvidar a ese hombre. Debes dejar tu odio y tu recuerdo de él a un lado. Lo que ha sucedido no puede cambiarse. Es un destino que cae sobre muchas mujeres, pero sobreviven, como te sucederá a ti —dijo Yuri, apartando los cabellos del rostro de Sakura—. Tienes suerte, ma chérie, porque puedes decidir qué hacer con tu vida. Puedes casarte con el conde si lo deseas o, una vez que rescatemos a Chiyo, podemos volver todas a Francia.

—Pero yo pensaba que todo estaba arreglado... que debía casarme con el conde Sabaku no.

—Ya no, Sakura. Nibori hizo ese arreglo, pero... pero Nibori está muerto.

—¿¡Muerto!?

—Sí, murió el día que volvimos del puerto. Fue un desdichado accidente. Cayó de su caballo y se golpeó la cabeza.

Sakura tembló, recordando su propia caída del caballo blanco. Aunque Nibori no era su verdadero padre, era el único que había conocido, y sentía pena.

—Lamento tener que darte esta noticia después de lo que has pasado —dijo Yuri.

—Está bien, mamá. Debe haber sido duro para ti, quedarte sola.

—Tengo que ser honesta contigo, Sakura. Ya te dije antes que nunca amé a Nibori. Vivir con él estos años no ha sido placentero. Y cualquier cariño que hubiese tenido por Nibori quedó destruido hace muchos años cuando comenzó a exigirme un hijo varón. Me conmocionó su muerte, pero no lo lloré. Sólo tuve una sensación de libertad.

—Debe haber sido terrible vivir todos estos años con un hombre que no amabas.

—Vivía para ti. Tú me diste felicidad –replicó Yuri.

—Pero todavía eres joven, mamá. Puedes encontrar un amor.

—Lo dudo, ma chérie —sonrió Yuri—. Pero ahora soy una viuda rica, muy rica. Nunca sobé que Nibori fuera tan rico. Puedo darte cualquier cosa que desees, para compensar todos estos años que estuviste separada de mí. Pero esto significa que no tienes que casarte con el conde Sabaku no, si no lo deseas. Podemos quedamos aquí un tiempo, y si le amas, os daré mi bendición, si no, nos marcharemos.

—Me he acostumbrado tanto a pensar en Gaara Sabaku no, como mi futuro marido que es difícil imaginar otra cosa —dijo Sakura con una media sonrisa.

—Bien, al menos Nibori eligió un joven para ti. Y es apuesto.

—El hecho de ser joven y apuesto no lo convierte en un hombre bueno —dijo Sakura, recordando la apostura de Sasuke—. Pero como dices, podemos quedamos aquí un tiempo. Necesitaré tiempo para conocer mejor a Gaara.

Siguieron hablando hasta que el conde Sabaku no, vino a anunciarles la cena. El comedor estaba ocupado por una enorme mesa de caoba pulida, puesta para cuatro personas, un hombre alto de cerca de cincuenta años, con rizados cabellos negros y ojos gris oscuro, estaba sentado en un extremo de la mesa. Se puso de pie cortésmente cuando entraron en la habitación.

—Este es mi otro invitado, el dueño del barco de que hablamos, Sakura. Hace algún tiempo que está conmigo, esperando el regreso de su barco.

El hombre tomó la mano de Sakura e hizo una reverencia ante ella.

—Don Katsu

—Mademoiselle. Es un honor...

—¡Katsu! —jadeó Sakura—. Usted... usted es el hombre que busca Sasuke.

El hombre se puso pálido.

—¿Conoce a ese Sasuke?

—Sí, lamentablemente sí. ¿Puede decirme, monsieur, sólo por curiosidad, ¿por qué quiere matarlo? —preguntó Sakura.

—Yo habría hecho la misma pregunta, mademoise¡le. Varias personas me han dicho desde hace años que un joven llamado Sasuke me busca, pero nadie puede decirme por qué. ¿Usted dice que quiere matarme?

—Eso es lo que entendí por una conversación que oí. Sasuke mencionó que lo buscaba desde hace doce años y que temía que usted moriría antes de que él lo encontrara. El... dijo que usted era un asesino.

—¡Un asesino! —rió don Katsu—. Seguramente me confunde con algún otro. Pero me gustaría conocer a este Sasuke. ¿Sabe usted dónde está ahora, mademoiselle?

—Di al conde Sabaku no, un mapa que muestra su escondite.

—Don Katsu, esta conversación no es muy apropiada para la hora de la cena —intervino rápidamente el conde.

—Lo siento, Gaara. Tienes razón, por supuesto. Perdónenme, señoras, porque no suelo cenar en tan amable compañía. Olvidé mis buenos modales.

—Está bien, monsieur Katsu —replicó Yuri, contenta de que el conde hubiese interrumpido la conversación, aunque Sakura no parecía tan alterada.

—Usted es español, monsieur Katsu. ¿Cómo se explica que hable francés con tanta fluidez? —preguntó Sakura.

—He estado muchas veces en Francia durante mis viajes. Además tengo trato con muchos de los colonos franceses aquí en el nuevo mundo. Es necesario aprender su idioma.

—Debo felicitarlo, monsieur. Lo ha aprendido muy bien.

La conversación continuó con otros temas durante la cena, y después de ella, cuando pasaron a la sala. Don Katsu era un hombre encantador, y parecía muy atraído por Yuri. Sakura observó que su madre estaba muy distinta desde la última vez que la viera en Francia. Entonces Yuri estaba agobiada por el hecho de que su hija debía partir de la casa. Pero ahora parecía mucho más joven y muy bonita con sus sedosos cabellos trenzados alrededor de la cabeza, y un vestido de terciopelo verde que destacaba sus ojos color verde oscuro.

El conde Sabaku no, parecía preocupado siempre que Sakura lo miraba. Dos veces ella advirtió que fruncía el ceño, pero él lo ocultaba rápidamente con una sonrisa perezosa cuando veía que ella lo miraba. Era un hombre apuesto, aunque no tan gallardo como Sasuke. Incluso con la cicatriz que le cruzaba la mejilla, sin embargo... ¿Por qué Sakura no podía dejar de pensar en Sasuke?

Como se hacía tarde, Sakura dijo que se retiraría. En realidad no estaba cansada, pero quería estar sola. Gaara insistió en llevarla a su habitación, y cuando llegaron allí, la siguió y cerró la puerta.

—¿La habitación es satisfactoria? —preguntó, acercándose por detrás.

—Sí —dijo Sakura, mirando los lujosos muebles—. Tu casa es muy hermosa por lo que he visto de ella.

—La hice amueblar nuevamente cuando decidí casarme contigo. Mañana verás el resto. Ah, Sakura, cuánto tiempo he esperado que vinieras. —La hizo volverse y la estrechó contra él, cubriendo su boca con sus labios duros y exigentes.

—Por favor, Gaara, es tarde y...

—No me pidas que me vaya, Sakura —interrumpió él sin dejar de abrazarla—. Pronto nos casaremos, y... y yo te deseo.

—¡Gaara! —gritó Sakura, apartándolo de ella. El rostro de él se tomó furioso, casi cruel.

—¡No puedo soportar la idea de no haber sido el primero en poseerle! —dijo Gaara acaloradamente. Luego su rostro se ablandó y siguió rogando—: Por favor, Sakura, sé buena, te haré olvidar a ese Sasuke.

Sakura estaba alterada por la conducta de Gaara pero también furiosa de que él pensara que podía saltar a su cama sin que antes se casaran.

—¿Entonces piensas violarme? —preguntó con voz dura.

—Por supuesto que no —replicó él.

—Entonces vete de mi habitación, Gaara. Es tarde y estoy cansada.

—Perdóname, Sakura. Has tenido un día agotador, y yo sólo pensaba en mí mismo.

Ella permitió que volviera a besarla, esta vez con suavidad, y luego él salió de la habitación.

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Por más que lo intentaba, Sakura no podía dormir. La desagradable escena con Gaara volvía a ella disgustándola cada vez más, sólo porque ya no soy virgen, pensaba, él se creía con derecho a suponer que dormiría conmigo antes de casarnos.

Había oído ir a su madre a su habitación unos minutos antes. Sakura estaba muy contenta de que su madre estuviese allí. No dependía del conde ahora, y, como decía su madre, no tendría que casarse con él si no lo deseaba.

Había pasado una hora desde que Sakura se acostara, pero no podía dormirse. Hacía demasiado calor en habitación y tuvo ganas de quitarse la enagua y dormir desnuda. A pesar de que las grandes ventanas estaban abiertas, la brisa corría entre los árboles y no llegaba la habitación.

Sakura salió a la amplia galería. Toda la casa estaba apoyada sobre cortos pilares, y completamente rodeada por la galería.

Espesas nubes cubrían el cielo y ocultaban la luna llena. Sakura pensaba que pronto llovería. Tal vez entonces la habitación estaría más fresca.

Caminó un poco por la galería, mirando las luce de la ciudad en la distancia, pero se detuvo al oír voces. Se dio la vuelta, y vio que estaba parada frente a la sala, y que se encontraba casi frente a las puertas abiertas. Muy poca luz salía a la galería, porque sólo había una vela encendida en esa espaciosa habitación.

—Realmente eres un hombre, afortunado, Gaara —decía don Katsu—. Si yo tuviera diez años menos, trataría de quitarte a Sakura Haruno. Pero soy demasiado viejo: como para hacer feliz a una muchacha joven y bonita. Su madre, por otra parte, sería una esposa adecuada para mí. Es asombroso qué joven se la ve a la viuda, a pesar de que tiene una hija ya mayor. Pero tal vez hasta Yuri me encontrará demasiado viejo para satisfacerla.

—Tonterías, Katsu, tú estás tan bien como siempre —replicó Gaara—. ¿Por qué no te quedas un poco más y tratas de conquistar a la hermosa viuda? Es una buena oportunidad.

—¿Qué? ¿Estás tratando de liberarse de la suegra antes de la boda? —rió don Katsu.

—No habrá boda —dijo Gaara con amargura.

Sakura contuvo el aliento, se acercó un poco más a la pared y permaneció inmóvil junto a las puertas abiertas, oyendo la conversación con tanta claridad como si estuviera dentro de la habitación.

—Ojalá sólo estuviera bromeando —dijo Gaara con pena y furia en la voz—. Tú has estado en la ciudad. Has oído hablar de Sakura. Cuando el "Canción del Viento" entró en el puerto y la tripulación difundió la historia, en seguida comenzaron a llamar a Sakura "la mujerzuela del pirata", porque no se hizo ningún intento de cambiarla por un rescate. Ahora ya no puedo casarme con ella.

—Realmente eres un tonto si renuncias a ella sólo por lo que dice la gente.

—Tú no vives aquí, Katsu —replicó Gaara—. Esta es una isla pequeña y no podría tolerar continuas habladurías sobre mi esposa. Me traería dificultades interminables.

—¿Entonces dejarás que esa perla se escape de entre tus dedos? Si yo estuviera...

—Por supuesto que pienso conservar la perla —interrumpió Gaara-, sólo que aún no sé muy bien cómo.

—¿Piensas conservarla como amante? —preguntó don Katsu, sorprendido.

—Desde luego. Como tú dices sería un tonto si renunciara a ella.

—Pero, ¿Cómo te propones lograr esto? Yo tenía la impresión de que Sakura Haruno esperaba ser tu esposa. Su madre también lo espera.

—Sí, bien, la madre debe marcharse y dejar a Sakura a mi cuidado. Entonces no me llevará mucho tiempo llevar a Sakura a la cama, y después le explicaré por qué es imposible que nos casemos.

—Eres un libertino, Gaara —rió don Katsu—. Tendrás todas las ventajas de una bella esposa, y sin la trampa del matrimonio.

—Bien, yo no esperaba que las cosas fueran así. Quería a Sakura por esposa. Podía haberla convertido en una reina si... ¡si este hombre Sasuke no la hubiera forzado a ser su mujer!

—Es irónico que este mismo hombre haya afectado las vidas de los dos, y que ninguno de los dos lo conozca —dijo don Katsu.

—¿Entonces realmente no sabes por qué te busca?

—No; he pasado muchas noches sin dormir tratando de comprender por qué me busca. Me han dicho que es un hombre joven, moreno, y muy alto. Al principio pensaba que tal vez era un bastardo cuya existencia yo no conocía pero cuanto más sé sobre él, menos probable me parece esto. Realmente no sé.

—¿Decías que es joven?

—Esto no te gusta, ¿eh? -rió don Katsu—. Pero, ¿qué importa su edad? Dudo que haya tratado a Sakura con compasión. Los piratas son despiadados. Yo lo sé, en mi juventud también lo fui.

—Nunca lo habías mencionado —dijo Gaara, asombrado.

—Fue hace mucho tiempo, yhay muy pocas personas que lo saben. Me mezclé con gente mala, y asolábamos todo lo que podíamos. Y como esto nos daba ganancias, yo seguí mí... bien, micarrera, durante varios años. Pero ahora he cambiado... es mejor olvidar todo eso.

—Bien, yo no revelaré tu secreto.

—Eso no me preocupa, pero este Sasuke sí. Hasta anoche, siempre pensé que solamente quería encontrarme para arreglar alguna deuda. Pero gracias a tu Sakura, ahora sé que tengo un peligroso enemigo. El mapa del que ella habló, ¿por qué te lo dio?

—Ah... quiere que vaya a la isla donde Sasuke la capturó para rescatar a su vieja criada, que todavía está allí, y para matar a Sasuke —rió Gaara con desprecio—. Desea vengarse por lo que él le hizo a ella.

—Es una muchacha activa... no lo habría pensado al conocerla anoche. Pero, ¿por qué no me das el mapa, y te ahorraré el problema de hacer lo que ella pide?

—Lo quemé.

—¿Lo quemaste? —explotó don Katsu.

—No tenía intención de ir allí... mis barcos no están armados para la batalla, mis tripulaciones no incluyen soldados. Pensaba decir a Sakura que había perdido el mapa y con esto terminaría todo. Pero, ¿por qué deseas ir allá?

—No soy hombre que se siente a esperar a sus enemigos. Debo encontrar a Sasuke primero.

—Sakura vino aquí en un barco mercante. El capitán debe saber dónde está la isla. Él le dio el mapa a Sakura —dijo Gaara.

—¿Y él está aquí? ¿Su barco está anclado en el puerto? —preguntó don Katsu esperanzadamente.

—Sakura fue simplemente llevada a la costa. Pero le preguntaré el nombre del capitán y su destino por la mañana si aún deseas encontrar al pirata antes de que él te encuentre a , en mi opinión, es una aventura tonta.

—No es a ti a quien este hombre desea matar, de manera que averigua lo que puedas. Yo puedo vivir sin que Sasuke me encuentre jamás, pero no puedo correr ese riesgo.

Aun después que los dos hombres se acostaran, Sakura seguía paralizada junto a la sala, apoyada contra la pared. La conversación entre los dos hombres se repetía en su mente, se sentía desdichada y usada, ¡y Gaara era tan despreciable! ¡Pensar que su intención era convertirla en su amante y que iba a mentirle con respecto al mapa! Pensaba liberarse de su madre, y luego la obligaría a someterse a su voluntad o, sin duda, la arrojaría a la calle...

Sakura tembló a pesar de que la noche era cálida y volvió de puntillas a su habitación. Estaba furiosa. Sí, furiosa. Quería contarle a su madre todo lo que había oído. Quería salir de la casa de inmediato. Pero era tarde, y su madre probablemente dormía ya. Sakura tendría que esperar hasta la mañana para terminar con los horribles planes de Gaara.

¿Por qué todos los hombres eran tan despiadados... por qué se aprovechaban de las mujeres a causa de su debilidad? Sakura no quería pensar en lo que le habría sucedido si no hubiera oído la conversación entre Gaara y don Katsu. Pero la había oído, y al día siguiente ella y su madre podrían buscar alojamiento, en la ciudad.

De pronto Sakura recordó a Chiyo. Aún había que rescatarla antes de poder volver a Francia. Pero don Katsu iría a la isla de Sasuke. ¡Por supuesto! Haría que su madre le pidiera a don Katsu que rescatara a Chiyo. El se ocuparía de matar a Sasuke, de manera que Sakura no tendría por qué sentirse culpable de su muerte. Sasuke moriría, a don Katsu se le pagaría por hacer algo que habría hecho de todas maneras, y Chiyo sería rescatada. Sí, todo funcionaría a la perfección.

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LES AGRADEZCO A TODOS LOS QUE DEJARON SUS COMENTARIOS O QUE SÓLO LEYERON, Y QUE TAMBIÉN PUSIERON ESTA HISTORIA EN SUS FAVORITOS Y ALERTAS… ¡MUCHAS GRACIAS!...=)

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"…SaKu-14…"