Aclaración:

1-Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestado para poder adaptar esta historia.

2-La historia es una adaptación a SasuSaku, ya que la original esta escrita por Johanna Lindsey se titula "El amor del pirata" por lo que ESTE FIC NO ME PERTENECE.

3-La narración esta de parte de Sakura , al igual que los pensamientos.

Advertencias:

CATEGORÍA: "M".

Esta historia contiene:

AU- LENGUAJE UN POQUITO VULGAR- LEMON- LIME- VIOLACIÓN…

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Capítulo ocho:

En algún momento en medio de la noche, Sakura se despertó, oía llover en la galería y supuso que se había desatado una tormenta. Con pocas ganas, bajó de la cama y se encaminó a la puerta ventana porque ahora el aire estaba frío y ella había dejado las ventanas abiertas. La habitación estaba completamente a oscuras, y la lluvia borraba todos los otros ruidos.

Por suerte, no había muebles entre la cama y las ventanas que podrían haber hecho tropezar a Sakura, pero antes de que hubiese terminado de cruzar la habitación, alguien la tomó de los cabellos y la oprimió contra su cuerpo húmedo. Abrió los labios para gritar pero alguien le puso un trapo húmedo sobre la boca. Rápidamente le ataron los brazos a la espalda y, antes de que pudiera quitarse la mordaza, le colocaron otra tela sobre la boca que ataron detrás de la cabeza, tirándole de los cabellos. Trató de correr hacia adelante, pero la empujaron al suelo y le ataron los pies con una cuerda.

Sakura estaba enferma de terror, seguramente era Kazuki Suzuki, aunque ella había hecho lo posible por olvidarlo y no había imaginado que fuera tan loco como para raptarla de la plantación del conde.

El hombre la dejó tendida en el suelo por unos momentos, pero había vuelto y se inclinaba sobre ella. Algunas gotas de agua cayeron sobre el rostro de Sakura de los cabellos mojados de él, pero no pudo distinguir sus rasgos en la oscuridad.

—Lamento haberte atado, pequeña, pero te has portado mal y no quiero correr riesgos contigo. Llueve mucho, de manera que te envolveré en una manta. No sé por qué tengo que ser tan considerado después de lo que hiciste.

Sakura sintió explotar la furia dentro de su cabeza. ¿Qué hacía Sasuke allí? Seguramente había salido de la isla uno o dos días después que ella, y la había buscado durante días, semanas... ¿Por qué? ¿Por qué había venido a buscarla... por qué? De todas maneras pensaba traerla a Saint Martin uno o dos meses después.

Sasuke la envolvió en una pesada manta, y después de asegurarse de que ella podía respirar, la levantó en sus brazos y salió con ella por la puerta ventana. Sakura no oía nada excepto la lluvia mientras él caminaba por la galería y luego bajaba algunos escalones. Sentía gotas de lluvia en su cabeza, y sus pies se estaban mojando, pero cuando él se detuvo y la obligó a pararse, dejó de sentir la lluvia.

—Esperaremos aquí, —dijo—hasta que llegue Kakashi. Te hemos buscado por separado para ahorrar tiempo. Debemos llegar al barco antes del amanecer, y me ha costado mucho encontrar este lugar.

Sakura maldijo a quien le había dado las indicaciones para encontrarla. Pero cuando, por la mañana, descubrieran su ausencia, su madre se daría cuenta de lo sucedido, e insistiría en que Gaara fuera a buscarla, su madre haría lo necesario para rescatar a su hija.

—Sasuke, la he encontrado.

—No sé a quién tienes, Kakashi, pero no es Sakura. Yo la tengo aquí

Sasuke la rodeaba con sus brazos, obligándola a apoyarse en su pecho.

—Pero yo encendí una vela como sugeriste. Esta mujer tiene largos cabellos rosas —dijo Kakashi.

—Yo hice lo mismo, y tedigo que esta es Sakura —afirmóSasuke con creciente impaciencia.

—¿Has visto su rostro?

—No, pero... —se interrumpió, ySakura sintió sus brazos que la rodeaban—. ¡Maldita sea esta infernal oscuridad! Las llevaremos a las dos. No hay más tiempo que perder... quiero salir de este puerto antes de que avisten el barco. Quien quiera sea la otra, una mujer más en nuestra isla no nos vendrá mal.

Sakura trató de gritar, pero ningún sonido escapó de sus labios. Sabía que Kakashi había capturado a su madre también, pero no podría hacer nada al respecto. Ah, Dios mío, ¿cómo la rescatarían ahora? Gaara ya no tenía el mapa. Y Sasuke había dicho que no quería correr más riesgos con ella. ¿Qué quería decir con eso?

Levantó a Sakura del suelo, y la colocó sobre su hombro. Echó a andar con rapidez, casi corriendo. Pronto comenzaron a dolerle los brazos y se le enfriaron los pies,y sentía una creciente frustración al no poder mover los brazos ni las piernas. No era necesario que Sasuke la atara, pensó con resentimiento, porque su fuerza siempre había demostrado ser superior a la de ella. La había atado como a una esclava fugitiva sólo para humillarla.

Las ramas y las hojas húmedas rozaban sus pies desnudos, y la lluvia seguía cayendo en furioso torrente. Le dolía el estómago al estar siempre apoyada sobre el hombro de Sasuke, y cuando por fin élse detuvo, la lluvia había empapado la manta.

Sasuke flexionó las piernas y la dejó en el suelo, y ella supo, por el movimiento, que se encontraban en un pequeño bote. El bote se movió aún más cuando subió Kakashi, y Sakura sintió que colocaban a su madre junto a ella. En muy poco tiempo estarían a bordo del "Dama Alegre" y una vez más quedaría completamente a merced de Sasuke.

Sakura tenía una creciente sensación de miedo y desesperación, pero era completamente incapaz de hacer nada. Su madre debía estar aterrorizada. Seguramente Yuri había escuchado la conversación entre Sasuke y Kakashi, igual que Sakura, y ahora sabía adónde las llevaban... y quiénes. Pero Yuri no sabía que Gaara había destruido el mapa. No sabía que nadie las rescataría.

Sasuke levantó a Sakura y la puso otra vez sobre su hombro. Sakura sintió que ascendían, y después de unos minutos, supo que estaban en el camarote de Sasuke. Él la dejó en el suelo y le quitó la manta.

Sakura lo miró con furia, sin poder moverse de su lado. Sus ojos eran del color verde más claro, y si pudieran haber matado, Sasuke habría sido la víctima. La miró unos instantes; luego rió con ganas.

—Sabía que eras tú,pequeña. Tu fragancia es inconfundible.

Kakashi llevó a la madre de Sakura al camarote, también envuelta en una manta. La obligó a pararse y le quitó solamente la manta. La furia de Sakura creció aún más, recordando la rudeza con que la había tratado Sasuke.

—Veo que tútenías a la verdadera Sakura, Sasuke —dijo Kakashi con una sonrisa mientras comenzaba a desatar a Yuri—. Esta parece de mi edad. Tal vez no le molestará compartir mi camarote.

Sakura trató de protestar y luchó por sentarse, pero no pudo. Sasuke la miró y sonrió. Era obvio que no pensaba desatarla por el momento.

Yuri se frotó los brazos cuando se los liberaron, pero permaneció quieta, aun cuando le retiraron la mordaza. Sakura veía el miedo en los ojos de su madre, y se sintió enferma de furia por no poder consolarla.

—¿Quién es usted, madame? —preguntó Sasuke.

Se paró frente a Yuri, con las piernas separadas y las manos en las caderas. Yuri era una mujer pequeña, yjunto a ella Sasuke parecía un gigante amenazador.

—Soy Yuri Haruno, y...

—¡Al diablo! —rugió Sasuke, haciendo que Yuri se apartara de él—. ¿Sabes lo que has hecho, Kakashi? ¡Esta mujer es la madre de la muchacha!

—¿Y?

—Tendré doble trabajo con esta víbora. ¡No necesito a su madre para pelearme con ella!

—Es culpa tuya que la muchacha sea difícil de manejar —replicó Kakashi—. Te dije hace tiempo lo que debías hacer con ella, pero no quisiste escucharme. Eres demasiado blando con las mujeres, Sasuke. No veo ningún problema en tener también a su madre.

Sasuke miró el color pálido y los grandes ojos verdes de Yuri, su rostro se ablandó considerablemente, y también su voz cuando volvió a hablar.

—Lamento haberla asustado, madame, pero fue una sorpresa encontrarla aquí. Sakura me ha hablado de usted, y yo suponía que vivía en Francia. —Como Yuri no respondiera, Sasuke continuó—: No pienso hacerles daño ni a usted ni a su hija. Puede estar tranquila en ese aspecto.

—Entonces, por favor desátela, monsieur —dijo tímidamente Yuri, sin saber qué pensar de este hombre corpulento.

—Todavía no.

—¿Seguramente no pensará castigarla por escapar de usted? —preguntó Yuri.

—¿Entonces ella le habló de mí, eh?

—Estoy seguro de que no pintó un cuadro muy bonito —interrumpió Kakashi con una risita.

—¿No tienes nada que hacer, Kakashi? —le regañó Sasuke.

—En este momento, nada —replicó Kakashi. Fue hacia la mesa y se sentó.

—Sakura me contó todo —dijo Yuri con un poco más de coraje.

—¿Todo? —preguntó Sasuke, con una expresión divertida en su rostro.

—Sí.

—Bien, puedo asegurarle, madame Haruno, que no soy el pirata monstruoso que ella quiere pintarle.

—Entonces, si es usted un hombre honorable, nos dejará ir. También liberará a Chiyo Dauvet.

—Madame, he dicho que yo no soy un monstruo, no que fuera un hombre honorable —dijo Sasuke—. Sakura me pertenece. Le dije que no tratara de escapar, y como no prestó atención a mis palabras, la trataré como se merece.

—Monsieur…

—No he terminado —la interrumpió Sasuke—. No toleraré interferencia alguna de usted. Si desea permanecer con su hija, le sugiero que cuide sus palabras. Lo que hago con Sakura es asunto mío, ¿está claro?

—Muy claro —susurró Yuri.

—Bien. Puede dormir en el camarote de Kakashi. Él lo dispondrá para usted, estoy seguro, ya que no le gustará que su esposa se entere de que está con otra mujer.

—Bien —replicó Kakashi con pocas ganas.

Sasuke fue hasta la puerta con ellos y luego susurró a Yuri sin que Sakura lo oyera.

—No le haré daño, madame, de manera que no tema por ella.

Yuri se quedó tan asombrada por las palabras suaves de Sasuke, que le sonrió esperanzadamente antes de que Kakashi la empujara a su cabina.

Sakura miró a Sasuke cuando éste cerró la puerta, se apoyó en ella, y le sonrió, sus cabellos estaban empapados, y tenía las ropas pegadas al cuerpo, de manera que se percibían sus músculos en los brazos y el pecho. Seguía totalmente afeitado, pero la cicatriz apenas se veía, porque su rostro estaba un poco bronceado por el sol.

—Tu madre es una mujer notable, muy hermosa, por cierto. Se nota que tú eres su hija —dijo Sasuke. Se apartó de la puerta y se acercó al lavabo junto a la cama. Se quitó la camisa y la arrojó sobre las dos mantas húmedas apiladas en el suelo. Luego tomó una toalla del lavabo y comenzó a frotarse el pelo enérgicamente. Maldición, ¿cuándo la desataría?

—Ah, Sakura, ¿qué puedo hacer contigo? —El estaba frente a ella, secándose el pecho con la toalla—. Admito que me enfurecí cuando descubrí que te había ido de la casa. Tienes suerte de que no te haya encontrado esa mañana, porque probablemente te habría dado una buena paliza como Kakashi cree que necesitas pero he tenido tiempo de calmarme.

Cuando Sasuke caminó hasta la mesa y se sirvió un vaso de ron, Sakura comenzó a temer que la dejaría allí tirada en el suelo. Había dicho a su madre que la trataría como le pareciera bien. ¿Qué pensaría hacer?

Él la miró con sus brillantes ojos negros.

—¿Qué castigo merece tu crimen, Sakura? Te dije que serías mi prisionera si tratabas de escapar, y eso haré. Pero no sólo trataste de escapar, lo lograste... por un tiempo. Tu único error fue dejar salir los caballos del corral, porque uno de ellos cruzó el patio corriendo y me despertó. Cuando salí a buscarte, el caballo blanco salio corriendo del bosque como si fuera perseguido por el demonio. ¿Te golpeaste al caer? Lo dudo, porque esa mañana tuviste suerte. Llegué a la costa cuando subías al maldito barco. Habría estado aquí un día antes, pero hubo una tormenta que me apartó de mi rumbo.

De manera que así la había encontrado. Tendría que haber cerrado el corral; tendría que haber sabido que los caballos no irían muy lejos.

—Entonces, ¿cuál será tu castigo, pequeña? —Fue hacia ella nuevamente y se acurrucó a su lado, levantándole la cara con un dedo—, siempre podría darte una paliza. Kakashi piensa que esa sería la solución.

Ella apartó la cabeza. Pero luego sintió la mano de él sobre su pecho, y fue como un fuego, aun a través de la tela de su enagua.

—¿Por qué escapaste de mí? —preguntó con voz profunda y burlona.

Bajó la mano. Ella trataba de apartarse de él, pero ya estaba apoyada contra la cama y no podía moverse más. Ahora tenía miedo. ¿Cómo la castigaría él?

Desátame, quería gritar. Y luego sus ojos se agrandaron de terror cuando él sacó su cuchillo. Trató de gritar, Pero su voz no pasó a través de la mordaza. Él sonrió, aunque en sus ojos no había calidez.

—Acepta tu destino, Sakura, porque he decidido cuál es el mejor castigo para ti.

Ella miró con horror cómo Sasuke sacaba el cuchillo de su vaina. El cortó la tela de la enagua en los hombros y la apartó de su cuerpo. Se puso de pie, dejó a un lado la enagua y el cuchillo, y miró su desnudez, sus ojos examinaron cada centímetro de su cuerpo, y Sakura sintió subir el rubor a su cara.

El acercó una silla, se sentó frente a ella, y siguió mirándola en silencio. Sakura no veía emoción en su rostro, ni siquiera lujuria. Quería morir... no, no quería morir. ¡Quería que él muriera! ¡Si al menos pudiera gritar su odio por él! Le arrancaría los ojos cuando la desatara.

Cerró los ojos, pero no podía soportar que él observara su cuerpo desnudo. Pero después de unos minutos, Sasuke se acercó a ella con el silencio de un gato. La levantó y la colocó suavemente en la cama, y luego se sentó en el borde junto a ella. Ella lo miró, y los ojos de él se ablandaron nuevamente. Ya no estaba furioso, pero ella sabía lo que él pensaba hacer.

—Por una vez voy a hacer lo que quiera, sin tener que sujetarte o escuchar tus insultos —murmuró, comenzó a acariciar su piel con las dos manos, haciéndola arder con el contacto—. De esto te escapabas, Sakura. Luchas por negarte esto.

¡Basta! Basta, basta, gritaba Sakura dentro de su cabeza, pero Sasuke hundió el rostro en su cuello. Ahora la rozaba con sus labios, con su lengua, y dejaba una huella de fuego mientras su boca descendía a sus pechos, su deseo crecía venciendo su resistencia.

—Lo que sientes ahora no es rechazo, florecilla. Es placer, puro y simple... tú lo sabes, y yo también. Me maldijiste, pero me deseas. Tu pasión es superior a tu odio, y tu cuerpo exige lo que sólo yo puedo darle.

Sasuke se puso de pie y se quitó los pantalones y las botas. Luego la obligó a volverse suavemente y le desató los pies, pasando su mano por la pierna y por el trasero cuando terminó. Sakura trató de levantarse, pero él presionó su rodilla en la mitad de su espalda, obligándola a quedarse quieta. Le desató las manos y luego rápidamente volvió a atárselas sobre la cabeza. La dio la vuelta, y luego le separó las piernas antes de que ella pudiera dar puntapiés, y ella ya no pudo razonar ni resistirse. Él le quitó el trapo que le cubría la boca, y se besaron ansiosamente. A ella no le importaba. No le importaba nada excepto el fuego que Sasuke había encendido y que debía terminar. ¿Por qué le había atado los brazos? Quería abrazarlo, aferrarse a él, sentir sus músculos, pasar sus manos por sus cabellos húmedos. Pero lo único que podía hacer era sentir cómo él penetraba en su cuerpo, y era enloquecedor pero ardientemente excitante. Nada más le importaba en ese momento... nada más.

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Habían dejado atrás la tormenta, y el sol de la mañana brillaba por la única ventana abierta del camarote. Sakura estaba tendida en la cama, cubierta por una fina capa de sudor que se secaba lentamente con la brisa marina. En su cuerpo aún vibraban los efectos del amor por Sasuke.

¿Cómo hacía Sasuke para que ella lo deseara tan apasionadamente a pesar de que lo odiaba? La humillación que había sentido antes no era nada comparada con el éxtasis y el placer que sintió después. ¿Era ella tan libertina que el contacto de un hombre podía hacerla temblar y un beso podía hacerla renunciar a todo?

Pero Gaara no la afectaba con su beso, sólo Sasuke encendía el fuego dentro de ella.

¿Qué le sucedía? No era culpa suya, sino de Sasuke. El era un demonio, y tenía poder para despertar la magia con sus dedos. Al fin y al cabo, ella nunca iría a pedirle que hicieran el amor, sólo después que él la tocaba y seguía tocándola ella lo deseaba, seguramente él era un demonio. ¿De qué otro modo podía tener la fuerza de diez hombres, un rostro tan increíblemente atractivo y un cuerpo tan magnífico?

Miró a Sasuke, parado frente a la ventana abierta que daba al mar. Parecía preocupado. Bien.

Sakura esperaba que tuviera un millón de preocupaciones, y que ella fuera una de las principales.

Sakura comenzó a levantarse, pero recordó que Sasuke todavía no la había desatado. Frunció el ceño. Suponía que la humillación a la que él la obligaba era el castigo del que hablaba, pero...

—Sasuke, desátame —pidió.

Él la miró arqueando las cejas, con una media sonrisa, y ella se ruborizó por su desnudez. A él le brillaban los ojos, y su cabello caía lacio en sus sienes. Ahora que el sol los iluminaba tenían un color azulado muy brillante.

—¿Has dicho algo, pequeña?

¡Ah! Ella sabía muy bien que él la había oído. Bien; le haría su juego y se humillaría, pero sólo, lo necesario para obtener la libertad.

—¿Puedes desatarme, por favor? Me... me duelen los brazos —dijo—. ¿Piensas torturarme sólo porque escapé de ti? ¡Maldito seas! Te dije que te dejaría si volvías a violarme. ¡Y lo hice! Me habría quedado en tu isla si no me hubieras molestado.

—Estoy seguro de que sí. Estoy seguro de que te habrías quedado tranquila si yo no hubiera vuelto a tocarte, como lo hice hace un rato —dijo él—Pero eres demasiado tentadora, Sakura. Si quiero besarte, lo haré. Si quiero hacer el amor contigo, también lo haré. Olvidas lo que le dije antes a tu madre... me perteneces.

—Quiero ver a mi madre —dijo Sakura.

—¿Cómo, así como estás? —rió él.

Sakura volvió a ruborizarse, pero trató de controlar su furia.

—¿Me desatarás o no?

—Supongo que sí. Pero sólo con algunas condiciones.

—¿Bien?

—Dejarás de luchar contra mí, y...

—Siempre las negociaciones y las condiciones. ¿No eres lo suficientemente hombre como para manejarme, Sasuke? —se burló ella, sintiendo que era una perfecta, oportunidad de atacarlo—. Gaara lo sabía.

—De manera que ahora es Gaara, ¿verdad? —preguntó él con frialdad—. ¿Ya tienes tanta intimidad con él dos días después de conocerlo?

—Más que intimidad —replicó Sakura, apartando los ojos de él.

—¿Qué significa eso? —Preguntó él. Fue hacia ella y levantó el rostro de la muchacha hacia el suyo—. ¡Respóndeme!

—Primero desátame.

—¡Primero me responderás, maldita seas! —dijo Sasuke con furia.

—¿Sí? —Preguntó Sakura, con voz melosa. Quedó sorprendida y encantada de que la mención de Gaara enojara así a Sasuke—. Puedo ser muy terca, Sasuke. ¿Quieres ver cuán terca puedo ser?

El se apartó de ella dándose un golpe con el puño en la mano y murmurando maldiciones. ¿Sasuke estaba celoso de Gaara?, se preguntó Sakura. ¿Cómo reaccionaría si ella mentía y le decía que estaba enamorada de Gaara? Tal vez ya no la desearía si pensaba que otro hombre se había acostado con ella.

Sasuke se volvió hacia Sakura, y sin decir palabra le desató las manos. Dio un paso atrás mientras ella se frotaba las manos y las muñecas, y luego, lentamente, ella tomó la manta de la cama y se envolvió con ella.

Como no hablaba, Sasuke perdió la paciencia. La obligó a volver el rostro hacia él y observó que el color de sus ojos oscuro estaba más negro que de costumbre, si es que eso era posible.

—Te he liberado: ahora responde a mis preguntas. —Hacía un esfuerzo por hablar con tranquilidad.

—¿Qué preguntas? —inquirió Sakura con inocencia.

—Si tienes ganas de jugar, Sakura, no te gustarán mis juegos. ¡Ahora respóndeme!

—¿Qué deseas saber, Sasuke?

—Dijiste que tuviste algo más que intimidad con Sabaku no. ¿Qué quisiste decir?

—Creo que lo que dije fue perfectamente claro.

—¡Quiero una respuesta directa! —se enfureció Sasuke—. ¿Te violó?

Sakura rió.

—Me asombras, Sasuke. ¿Cómo puedes pensar que Gaara me violaría? Es mi prometido. Ya te dije antes que me sometería a él de buena voluntad.

—¡Después que estuvieses casada! ¿Esperas que crea que fuiste ansiosamente a la cama del hombre el primer día que lo conociste?

—No me importa lo que tú creas —replicó ella. Había ido demasiado lejos como para volver atrás.

—¿Le permitiste que te hiciera el amor?

—¡Sí! —gritó Sakura.

El rostro de Sasuke se puso lívido de furia, Y apretó los puños. Recorrió a grandes pasos la habitación, cerró la puerta de un golpe tras él, y Sakura dejó escapar un suspiro de alivio. Pero Sasuke volvió un minuto después.

—¡Mientes! —gritó—. Jamás habrías hecho el amor con él. ¡Sobre todo porque tu madre estaba en la misma casa!

—Sucedió... Sucedió antes de que yo supiera que mi madre estaba allí... antes de que ella supiera que yo había llegado. Gaara entró en mi habitación. Dijo que había esperado demasiado tiempo, y que me amaba —dijo Sakura, tratando de que su mentira sonara plausible—. Íbamos a casarnos pronto. Yo no veía razones para esperar. Al fin y al cabo, no soy virgen... gracias a ti. Y pensé que no podía negarle nada a mi futuro marido.

—¡Sigues mintiendo! ¡Jamás caerías en los brazos de un desconocido, aunque se trate de tu prometido! —gritó Sasuke, paseándose furioso por la habitación.

Sakura tenía miedo. Nunca había visto a Sasuke tan enojado antes. Decidió admitir la verdad, pero dejarle algunas dudas en la mente.

—Para tu ego sería miedo creer que miento. Muy bien, todo lo que dije es un invento, sólo para enfurecerte. Mentí. ¿Estás contento ahora?

—¿Por qué habría de creer cualquier cosa que digas?

—¿Por qué? —preguntó ella, decidida a atacar—. Vamos, Sasuke. En primer lugar no tenías motivos para enfurecerte. A menos, por supuesto, que me ames. ¿Me amas, Sasuke? ¿Por eso me seguiste?

—¡Yo... maldita seas! Ya te dije que en mi vida no hay lugar para una mujer, ni para el amor.

—Entonces llévame de vuelta a Saint Martin.

No... Primero terminaré contigo —dijo él con frialdad.

—Escapé dos veces de ti, Sasuke. ¡Volveré a hacerlo!

—Fuiste una tonta al intentarlo esta última vez. Podrían haberte asaltado piratas, vagabundos o asesinos.

Ella ni siquiera lo había pensado.

—Bien, pero no sucedió. Avisté un barco mercante, y el capitán tuvo la bondad de llevarme a Saint Martin... sin recompensa. Aún quedan hombres decentes en este mundo.

—Tal vez, pero no te daré oportunidad de que vuelvas a escapar. Te advertí que te tendría prisionera.

—Quiero ver a mi madre —dijo Sakura cambiando rápidamente de tema.

—No.

—Pero ella se preocupará por mí. Quiero consolarla.

—He dicho que no. Bien, ¿quieres comer algo?

—Lo que necesito es aguja e hilo, si tú...

—Nuevamente la respuesta es no —interrumpió él.

—¿Pero por qué no?

—Porque sin ropa, no te sentirá tentada de salir de mi camarote.

—¿No?

—Creo que no —replicó él con una media sonrisa, y salió de la habitación.

Sakura fue rápidamente a su arcón, pero cuando lo abrió, su rostro enrojeció de furia. Estaba vacío. En la cabina no tenía nada para ponerse.

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Sakura se paseaba, temerosa por el camarote envuelta sólo en una manta. Eran las últimas horas de la tarde, y hacía una hora que el barco estaba anclado en la pequeña bahía. Sakura había perdido la paciencia y estaba totalmente furiosa. ¿Qué esperaba Sasuke?

Las últimas dos semanas habían sido pésimas para ella. Se la había obligado a permanecer en la cabina sin absolutamente nada que hacer. No le permitían ver a su madre, y Sasuke le traía todas las comidas. Él fue la única persona que vio en estas dos semanas.

Se abrió la puerta y Sakura se volvió bruscamente. Sasuke entró en la habitación. Ella lo miró con expresión asesina, con sus grandes ojos brillantes como esmeraldas.

—¿Cuándo me llevarás a la costa? —preguntó con voz aguda.

—Ahora, si lo deseas —replicó él con tranquilidad—. Puedes ponerte esta ropa, ya que tanto te gusta usarla.

Sakura tomó las ropas que Sasuke le extendía; luego se apartó y se puso los grandes pantalones y la camisa, y usó un trozo de cuerda que él le entregó como cinturón.

—No tengo zapatos —le recordó ella con voz dura.

—Qué lástima, pequeña. No podía buscarlos a tientas en la oscuridad, supongo que tendré que llevarte en mis brazos cuando bajemos a la costa.

—¡No será necesario! —dijo ella—. ¿Dónde está mi madre?

—Ya está en la isla, ven.

Después de veinte minutos lentos e instantes, Sasuke acercó el pequeño bote a la costa y, con ayuda de dos hombres que estaban con él, lo llevó a la playa y lo colocó junto al otro bote. Seguramente había llevado algunos hombres con él para que acompañaran a Sakura, porque no había quedado nadie en el "Dama Alegre". Sakura también advirtió que el barco del capitán Ryota ya no estaba en la bahía.

Sasuke le tomó la mano y la arrastró con él, cuando llegaron al bosque la levantó en sus brazos, y a pesar de sus protestas llegaron al césped frente a la casa. Luego la dejó en el suelo.

Yuri y Chiyo la esperaban junto a la puerta principal, pero cuando Sakura trató de correr hacia allá, Sasuke la obligó a permanecer en su lugar y la mano con que la retenía parecía de acero. No la soltó en ningún momento, y cuando llegaron a la puerta de la casa, la hizo entrar, sin permitirle que se detuviera a hablar con su madre ni con su criada por un momento.

—¡Suéltame! —gritó ella, tratando de apartarse de él.

Pero Sasuke ignoró su orden y siguió subiendo la escalera, arrastrándola detrás de él. Cuando llegó a su habitación, empujó adentro a Sakura y luego cerró la puerta dejándola sola. Ella oyó la llave en la cerradura y trató de abrir la puerta pero le fue imposible. Lo oyó alejarse. Golpeó la puerta furiosamente, y luego volvió a escuchar, pero Sasuke se había ido.

¡Diablos! Él cumpliría su palabra y la mantendría encerrada. Ya no podía soportar el confinamiento, viendo solamente a Sasuke, con su maldita exigencias libidinosas.

Comenzó a pasearse por la habitación. Pasó una hora, luego otra. ¡Quería salir! Se quedó helada al oír la llave en la puerta: luego la puerta se abrió, y entró Sasuke con una bandeja de comida, volvió a cerrar la puerta con llave y dejó la bandeja en la mesita junto a la cama.

—¿Cuánto tiempo piensas mantenerme encerrada en esta habitación? —preguntó ella, tratando desesperadamente de parecer tranquila.

—Hasta que me des tu palabra de que no volverás a escapar —respondió él con voz curiosamente paciente.

—¡Maldito seas, Sasuke! —gritó Sakura. Dio un puntapié de furia—. ¡No puedo seguir soportando esto!

—Entonces dame tu palabra.

—¡Vete al infierno!

—Qué genio —rió él—. Tu criada me dijo que eras una muchacha amable y cariñosa. ¿Soy sólo yo el que provoca este genio terrible?

—Hasta que te conocí, nunca tuve razones para enfurecerme —replicó ella con desprecio.

—¿No? Me dijeron que viviste la mayor parte de tu vida furiosa. —Sonrió cuando ella lo miró con sorpresa—Sí, tu criada me habló de ti y de tu padre. ¿Soy sólo un reemplazo de tu padre, Sakura? ¿Has vivido tanto tiempo furiosa que necesitas a alguien contra quién dirigir esa furia?

—¡Basta, Sasuke! —gimió con voz quebrada—. ¡Mi padre está muerto!

En el rostro de Sasuke apareció una expresión preocupada.

—Yo... lo siento, Sakura.

—¡No me interesa tu lástima! —soltó ella, furiosa.

Sasuke suspiró.

—Realmente tendrías que tratar de dominar tu terquedad, Sakura. Yo no la toleraré mucho tiempo más.

—¿No? ¿Qué harás? ¿Me atarás y me amordazarás otra vez? ¿O esta vez me pegarás? Te diviertes haciéndome sufrir, ¿verdad?

—No, sólo quiero darte placer —replicó él con suavidad—. Tú sola te provocas el sufrimiento.

Sakura acercó una de las sillas tapizadas de terciopelo a la ventana que daba a la montaña y se sentó allí mirando los colores cambiantes del cielo. El sol se había puesto mucho tiempo antes detrás de la montaña, pero la masa oscura de la montaña se recortaba contra los rosados, los púrpuras y los rojos del cielo.

Una leve brisa soplaba por la ventana abierta, y Sakura se envolvió un poco mejor con la manta. Poco tiempo antes, Sasuke le había traído la cena, pero ella la ignoró hasta que él volvió a bajar la escalera para beber con Kakashi.

Había pasado una semana desde el regreso a la isla, y ella seguía encerrada en esta habitación sin absolutamente nada que hacer. Sasuke le había quitado la ropa que le permitiera usar para ir a la costa, y se había llevado sus ropas y las de él de la habitación.

Mantenía la puerta cerrada con llave durante la noche. Dejaba la llave debajo del poste de su lado en la cama mientras dormía. Le había propuesto que la quitara de allí cuando él la colocaba en ese lugar, diciendo que era libre de levantar la cama con él acostado en ella. Pero Sakura no podía y él lo sabía.

Después del primer día, Sakura se negó a hablar con Sasuke. Hacía seis días que no le había dirigido la palabra en absoluto. Ni siquiera podía luchar contra él cuando él le hacía el amor, y esto sorprendía un poco a Sasuke, cuando la tomaba, ella evitaba responderle hasta los últimos minutos; luego su cuerpo se adueñaba de ella. Después, ella volvía a enfriarse.

Pero en los últimos días, Sakura comenzaba a esperar las visitas de Sasuke. Estaba hambrienta de compañía, y le preguntaba qué estaba sucediendo en cuanto entraba en la habitación. Pero él le decía poco, y absolutamente nada sobre su madre.

Pero esa noche, ella decidió dar un paso adelante.

El volvería pronto, de manera que no tendría mucho tiempo, se levantó y acercó la silla a la puerta. Luego acercó el pesado arcón español ylo colocó también contra la puerta, apoyando la silla contra él. Luego hizo lo mismo con la otra silla, y con la mesita de noche, sólo deseaba tener fuerzas suficientes para mover la cama.

Se sentó en la cama y esperó. No pasó mucho tiempo hasta que oyó girar la llave en la cerradura, saltó de la cama y se apoyó en la tosca barricada. Sasuke trató de abrir la puerta una y otra vez, pero le fue imposible.

—¡Sakura, abre esa puerta... ahora!

—¡Cualquier día la abriré!

El se lanzó nuevamente contra la puerta, y esta vez comenzó a abrirse. Sakura hacía fuerza por su lado, sintiendo que sus pies resbalaban sobre la alfombra. Pero oyó alejarse a Sasuke y luego volver con ayuda.

—¿Cuántas veces debo decírtelo, Sasuke? Es necesario poner a esa arpía en su lugar —dijo Kakashi de mal humor.

—¡Sasuke, no estoy vestida! —gritó Sakura, perturbada. Tomó la manta, se envolvió en ella y la ató sobre sus pechos, para el caso de que lograran abrir la puerta.

—Sugiero que te tapes con las mantas, Sakura y que te escondas —gritó Sasuke. Kakashi se echó a reír. Sakura no se escondió, e hizo fuerza contra la barricada nuevamente cuando los dos hombres comenzaron a lanzarse sobre la puerta. Esta vez sus pies realmente resbalaron en la alfombra y estuvo a punto de caer de bruces cuando se abrió la puerta.

Sasuke entró y cerró la puerta, y Sakura oyó reír a Kakashi que volvía a su habitación. Retrocedió al ver acercarse a Sasuke y miró cómo colocaba los muebles en su lugar.

—Bien, ¿por qué no hablas? —preguntó Sakura—Adelante. Quiero ver cuán furioso estás.

—No estoy furioso. Fue un buen intento, Sakura. Al menos has recuperado tuenergía. Empezaba a pensar que te habías vuelto dócil.

—Sasuke, debo salir de esta habitación. ¡No puedo soportar más!

—Sabes lo que exijo por ello.

—¡Muy bien! Prometo no volver a escaparme si me dices cuándo me dejarás ir.

—No estás en situación de negociar pequeña —replicó él, sentándose en la silla que acababa de volver a colocar en su lugar.

—Pero, ¿por qué no quieres decirme cuándo me devolverás a Saint Martin?

—¿Estás ansiosa por volver a ver a tu Gaara? —preguntó él con frialdad.

—No. Tú... puedes llevarme a cualquier isla, siempre que me permitan entrar. No es necesario que sea Saint Martin —dijo ella, tratando de apaciguarlo.

—Entonces irás a Saint Martin. ¿Qué diferencia hay?

—Me dijiste que en tu vida no hay lugar para las mujeres. No puedes seguir teniéndome aquí si dijiste la verdad.

—No te tendré aquí para siempre, Sakura. Es que aún no he decidido cuánto tiempo será.

—No te pido una fecha Sasuke, sólo una cantidad de tiempo. ¿Un mes, dos, tres?

—Digamos un año, tal vez menos.

—¡Un año! —explotó ella—. ¡No... es demasiado! ¿Piensas no volver al mar en todo ese tiempo?

—Probablemente no. Podría dejarte sola aquí de vez en cuando, pero sólo si me das tu palabra de que no escaparás.

Sakura le volvió la espalda y rechinó lo dientes. ¡Un año era tanto tiempo! ¿Cómo soportaría un año con él? Pero él dijo que se marcharía de vez en cuando. Tal vez estaría ausente durante la mayor parte del año. Y como ella había descubierto qué clase de hombre era Gaara, no podía volver a él. Realmente no tenía prisa por ir a ninguna parte. Pero tenía que salir de esa habitación.

—¿Consideras el tiempo que ya he pasado contigo como parte de ese año?

—Si insistes.

—Muy bien, Sasuke —dijo ella con tono desvalido.

—Dame tu palabra.

—Te doy mi palabra de que no escaparé con la condición de que me dejes libre dentro de un año... o menos.

El rió, triunfante.

—Ven aquí, Sakura.

—Someterme no era parte del trato —replicó ella con agudeza.

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Cuando Sakura despertó vio que era una hermosa mañana, y que el sol entraba a raudales por la ventana y los pájaros cantaban en el cielo. Estaba impaciente por levantarse y caminar. Obligó a Sasuke a salir de la cama pidiéndole que fuera a buscar su ropa. El se puso los pantalones de mala gana e hizo lo que ella le pedía. Cuando volvió con la ropa de Sakura subió a la cama sin una palabra y volvió a dormirse.

Sakura había olvidado que su enagua estaba rasgada, pero no perdería tiempo en coserla. Quería ver a su madre. Sus dos vestidos eran de tela suave, de manera que no importaría si llevaba enagua o no.

Eligió el de algodón color lila y se lo puso rápidamente. Salió de la habitación, sin preocuparse siquiera por sus cabellos, que colgaban sueltos en su espalda. Sus pies descalzos sintieron el frío del suelo cuando corrió por el corredor y bajó la escalera.

Vio a Chiyo sentada ante la larga mesa del comedor con su madre, hablando alegremente. Chiyo miró a Sakura con sorpresa, pero Yuri se levantó de inmediato y fue a abrazarla cuando se acercó a la mesa.

—Ah, mi amor. ¿Estás bien? —preguntó Yuri mientras besaba a Sakura—. Él dijo que no te haría daño, pero no me permitía verte.

—Estoy bien... ahora —replicó Sakura, y llevó a su madre de vuelta a la mesa.

—¿Sasuke...? ¿Sasuke sabe que has salido de su habitación? De otro modo...

—Lo sabe, mamá —interrumpió Sakura—. Hice un trato con él anoche. Di mí palabra de que me quedaría aquí durante un año, contando el tiempo que ya he pasado con él, en realidad serán menos de once meses.

—¿Aceptaste eso?

—No tenía otra opción. Él estableció el tiempo, y yo tuve que dar mi palabra de que no escaparía para poder salir de esa habitación. Ya no soportaba estar encerrada allí.

—Hiciste una tontería al volver a escapar —le regañó Chiyo—. Sasuke estaba como loco cuando me dijo que te habías marchado. Casi enfermé de preocupación por ti.

—Lo lamento, Chiyo. Pero quería volver a buscarte. No me habría ido si no hubiera sabido que serías rescatada.

—Ah, yo estaba bien pequeña —replicó Chiyo—. En realidad, esto ha comenzado a gustarme. Ya no debo trabajar en la cocina pero sigo supervisando a las dos muchachas que sirven aquí siempre que Sasuke está en casa.

—¿Quienes son esas muchachas? —Preguntó curiosamente Sakura.

—Aleia y Kaino —respondió Chiyo—. Su hermana mayor, Anko, está casada con Kakashi.

—¿Casada? Sí, oí decir a Sasuke que Kakashi tenía una esposa aquí.

—Una esposa que le ha dado tres hijos. Lindas criaturas, son... todas niñas.

—¿Y Sasuke también tiene una esposa e hijos aquí? —preguntó Sakura con sarcasmo.

Chiyo y Yuri cambiaron miradas curiosas, y Chiyo dijo:

—Sasuke nunca ha tomó en serio a ninguna de las mujeres del pueblo. De vez en cuando visita a las rameras, pero eso es todo. Muchos hombres de su tripulación se han casado con muchachas del pueblo, y han construido sus propias casas en visitas anteriores. El resto de la tripulación vive en el pueblo.

—¿Entonces hay un sacerdote que ha celebrado esos matrimonios? —aventuró Sakura—. Me gustaría verlo para confesarme.

—No, las parejas recibieron su bendición del jefe del pueblo. Eso es todo. Pero creo que he convencido a Kakashi de que traiga un sacerdote aquí para dar a esos matrimonios la bendición de Dios.

—¿Por qué te preocupas por esto, Chiyo? —preguntó Sakura.

—Los hombres de Sasuke se casaron honorablemente con esas muchachas nativas; no piensan abandonarlas. Creo que deben casarse corno Dios manda.

—En realidad piensas en Kakashi. Honestamente, Chiyo, eres imposible. ¿Es necesario que te conviertas en la madre de todos? Kakashi no merece tu preocupación.

—He venido aquí a conocerlo también, Sakura —dijo Yuri—. Me resulta difícil creer que se trate del mismo hombre que estuvo a punto de azotarte hasta la muerte.

—Es el mismo hombre, y todavía le gustaría que me azotaran. Si yo hiciera algún daño a Sasuke, Kakashi sería el primero en desnudar mi espalda.

—Ella tiene razón, Yuri —dijo Chiyo de mala gana—. Tú no estabas aquí el día que estuvo a punto de matar al capitán, Kakashi es capaz de convertirse en un demonio salvaje, pero sólo cuando se trata de Sasuke; lo protege como una madre protege a su hijo.

Yuri frunció el ceño y miró tristemente a Sakura.

—Me temo que no te he protegido como debía, machérie.

—Ah, no, mamá, no debes culparte. Nada puedes hacer por mí sin hacer peligrar tu propia vida. Ya me las arreglaré... Sólo será por un año.

—Parece que hubieras capitulado, Sakura; no será un año. El conde Sabaku no tiene el mapa que le diste. Nos rescatará —dijo Yuri.

Sakura suspiró y contó a su madre la conversación que había oído entre Gaara y Katsu.

—De manera que pasará un año, a menos que Sasuke decida dejarme libre antes —terminó Sakura.

—¿Sasuke sabe que ya no piensas casarte con el conde? —preguntó Yuri en voz baja.

—No, y las dos debéis prometerme que no se lo dirán ni a él ni a nadie —replicó Sakura, y esperó el gesto de asentimiento de su madre y Chiyo.

—Pero si lo supiera tal vez se casaría contigo —replicó Yuri.

—Mamá, mis sentimientos por Sasuke no han cambiado desde la última vez que te hablé de él, sigo odiándolo, y jamás, jamás me casaré con él. Y él también ha dicho que no se casará conmigo. No cambiará de idea.

—Pero un año es mucho tiempo Sakura, si das un hijo a Sasuke, seguramente él...

—¡No! ¡Ni lo pienses! —gritó Sakura—. ¡Eso no sucederá!

—¡Cálmate, mi amor! Por supuesto que no sucederá. No quería alterarte —dijo rápidamente Yuri, deseando estar tan segura como aparentemente lo estaba Sakura.

—Lamento haber gritado, mamá. He gritado mucho últimamente —dijo Sakura con una débil sonrisa.

—Y con buenas razones, me imagino.

—Muy buenas, razones —rió suavemente Sakura. —Si al menos hubiera vuelto Ryan, nuestras vidas habrían sido muy diferentes —dijo Yuri con ansiedad.

—¿Ryan? ¿Quién es este Ryan? —preguntó Chiyo. El rostro de Yuri se ruborizó ligeramente.

—Trae a Sakura un poco de ese pan caliente que horneó Aleia por favor Chiyo, y un poco de leche.

—¿Nunca le hablaste a Chiyo de Ryan? —preguntó Sakura una vez que la vieja salió.

—No, pero creo que ella sospechaba que había alguien en mi vida durante todos estos años. Sabía que durante un tiempo fui muy feliz. Pero de nada serviría contárselo ahora.

—Supongo que tienes razón. Pero no te he preguntado cómo te ha ido, mamá. ¿Alguno de esos hombres... te molestó?

—¡Por Dios, no! —rió. Yuri—. ¿Para qué querrían esos hombres a una vieja como yo?

—Mamá, éste no es un asunto para tomar a la ligera. No eres una vieja, y lo sabes muy bien y eres hermosa —la regañó Sakura.

—No te preocupes por mí. Tu capitán ha cuidado muy bien de mí.

—¡Ah, sí! —exclamó Sakura—. Pero no me decía nada, ni siquiera si tenías un techo.

—No me parece un hombre tan malo, aunque te obligue a dormir con él, y en ese aspecto me ha recordado que no interfiera. Pero me ha brindado su protección. Le oí dar la orden de que te dejaran sola y te respetaran.

—Las acciones honorables no encajan en su molde —dijo Sakura con sarcasmo.

—Sasuke ha sido más que generoso conmigo —replicó Yuri—. Me dio la habitación junto a la de Chiyo. Y me ha proporcionado mucha tela para vestidos, y muy costosas. También me encontró un par de zapatos cuando vio que no habían traído los míos.

—¿Sasuke hizo todo eso sin que se lo pidieras?

—Sí. Yo no esperaba que me tratara con tanta bondad. Pero creo que lo hacía por ti, porque soy tu madre.

—Más bien lo habrá hecho para no tener que enfrentarse con mi furia —replicó Sakura con amargura.

—No, Sakura. Creo que realmente le importas. No le gusta mantenerte encerrada.

—Esto es absurdo. ¡Se divierte haciéndome sufrir! —saltó Sakura, y sus ojos se pusieron verdes claro al mencionar el confinamiento de tres semanas.

—Muchas veces echó a andar muy decidido por la escalera, y luego se detuvo, indeciso, como si luchara consigo mismo. Daba unos pasos más, luego se volvía bruscamente y salía corriendo de la casa. No sabía que yo lo veía, pero creo que comenzaba a subir la escalera para liberarte.

—Interpretas sus acciones según lo que quieres creer —replicó Sakura—. Te gustaría creer que Sasuke es un hombre honorable y que me quiere. Bien, no es honorable, y no me quiere. Sólo desea satisfacer su lujuria nada más.

—¿Sasuke habla francés? —preguntó Yuri, cambiando bruscamente de tema.

—No. Es un marino inglés que sólo habla su lengua nativa —replicó Sakura con desprecio.

—No me habías dicho que era un hombre tan apuesto.

—¿Qué importa si su alma está negra de pecado?

—¿No lo encuentras irresistible? —aventuró Yuri.

—¡Por supuesto que no! Sasuke puede ser un demonio, pero su poder no ablandará mi corazón.

—Sólo deseo que seas feliz, Sakura.

—Seré feliz cuando me vaya de esta isla, y no hasta entonces —respondió Sakura.

—Pareces un ángel cuando hablas en tu idioma, pequeña —dijo Sasuke con suavidad.

Sakura se sobresaltó y se volvió, y vio que Sasuke estaba parado detrás de ella.

—¿Por qué entras tan silenciosamente? —preguntó—. ¿Cuánto hace que estás parado allí?

—Unos minutos. No quería interrumpir tu conversación con tu madre. Estoy seguro de que tienes mucho que contarle —dijo Sasuke. Se sentó en la silla junto a ella.

Sakura se volvió hacia su madre con sus grandes ojos furiosos.

—¿Por qué no me dijiste que estaba aquí?

—Me hizo una señal para que no te dijera nada. Por eso te pregunté si hablaba francés. No sabía si querías que él se enterara de lo que sientes por él. Pero su rostro no cambió cuando hablaste de él... no entendía.

—Él sabe lo que siento, mamá... Sabe que le odio.

—Ya has tenido tiempo de quejarte a tu madre —dijo Sasuke con acritud—. Ahora puedes hablar en inglés.

—Sólo le decía a mi madre cuánto te odio —replicó Sakura rápidamente.

—¿Cuánto crees que me odias?

—¿Qué quieres decir? ¿Piensas que ni siquiera sé lo que me sucede? —preguntó Sakura acaloradamente.

—Creo que te engañas. ¿Es odio lo que sientes cuando te aferras a mí en la cama? —preguntó él con una sonrisa.

—¡No hables así frente a mi madre! —gritó Sakura.

—¿Por qué no? ¿Quieres hacerle creer que me odias todo el tiempo?

—¡Eres un demonio, Sasuke! —se enfureció Sakura—. No soy responsable de la magia que creas en la cama, pero no afecta lo que siento por dentro en mi corazón. Si no te odiara, ¿le habría pedido a Gaara que te matara? ¡Y te odio aún más desde que me trajiste de vuelta aquí!

Sakura se puso de pie y fue hasta la puerta, pero Sasuke corrió tras ella y la detuvo. Se quedaron junto a la puerta abierta, en la cálida luz del sol, en un lugar donde Yuri no podía oírlos.

—¿Adónde vas?,—preguntó él, frunciendo el ceño.

—¡Me aparto de ti! —saltó ella, y salió por la puerta, pero él la retuvo por un brazo y la obligó a detenerse.

—¿Quieres que pruebe ante tu madre la verdad de mis palabras... que finalmente te sometes a mi abrazo? —preguntó él, con voz fría e implacable.

Sakura no pudo detener las lágrimas que nublaban sus ojos.

—Basta... por favor. Ya me has humillado frente a ella. ¿Debes seguir haciéndolo?

—¡Deja de llorar maldita sea! Te mereces esto por tu estallido. ¿Dónde está ahora tu mal genio?

Sakura siguió llorando a la vez que lo empujaba. Se sentía muy tonta.

—Déjame. —Trató de que su voz sonara desafiante, pero fracasó patéticamente.—Dije todo a mi madre. Le dije lo que me sucede cuando me violas... la forma en que me traiciona mi cuerpo. No es necesario que se lo pruebes.

—No, pero tal vez tenga que probártelo a ti —replicó él con voz ronca.

Sakura decidió curiosamente probarle algo a él. Miró hacia la mesa y vio que su madre, con todo tacto, se había marchado a la habitación. Rodeó a Sasuke con sus brazos, acercó sus labios a los de él, y lo besó apasionadamente. Puso todo su sentimiento en el beso, acariciándolo con las manos, apretando su cuerpo contra el de él. Sus propios sentidos se despertaron, pero cuando sintió que comenzaba el deseo, se apartó de él.

Tuvo ganas de reír al ver la expresión desconcertada de Sasuke pero rechinó los dientes y recordó por qué lo había besado.

—Ahora lo sabes, Sasuke, sabes lo que podría darte si no te odiara. Puedes exigir pasión de mi cuerpo cuando me violas, pero todavía hay una parte mía que no está afectada por tu contacto. Esa parte jamás la tendrás, porque sólo yo puedo dártela, jamás tendrás mi amor.

Sakura dio media vuelta y subió corriendo la escalera a su habitación, ignorando la comida que Chiyo había dejado en la mesa para ella.

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