Aclaración:

1-Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestado para poder adaptar esta historia.

2-La historia es una adaptación a SasuSaku, ya que la original esta escrita por Johanna Lindsey se titula "El amor del pirata" por lo que ESTE FIC NO ME PERTENECE.

3-La narración esta de parte de Sakura , al igual que los pensamientos.

Advertencias:

CATEGORÍA: "M".

Esta historia contiene:

AU- LENGUAJE UN POQUITO VULGAR- LEMON- LIME- VIOLACIÓN…

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Capítulo nueve:

Sakura pasó muy mal la noche, y molestó mucho a Sasuke. Ahora todavía estaba cansada, pero sabía que pronto sería mediodía y que debía levantarse... no podía seguir postergándolo.

Mecánicamente se puso una enagua y un vestido color rosado. Había pasado un mes y tres semanas desde que Sasuke la trajera de vuelta a la isla. Debía haber tenido el período una semana después que Sasuke la liberara de su habitación, pero no lo había tenido. Sin embargo, no podía creer lo obvio. Pero ahora había pasado la fecha del segundo período, y ya no podía negar la verdad. Estaba embarazada de dos meses.

¿Qué hacer? ¿Cómo soportaría tener el hijo de un hombre que despreciaba? ¿Odiaría también al niño? No, no podía odiar a su propio bebé, estaba segura de eso. Pero probablemente Sasuke tenía bastardos en todo el Caribe. El hijo de Sakura no sería diferente de los demás.

Sakura comenzó a desenredar sus cabellos, pero se detuvo y arrojó el peine al suelo. Salió corriendo de la habitación y comenzó a bajar la escalera.

Sasuke estaba sentado a la mesa, leyendo unos papeles. Cuando Sakura lo miró, sintió surgir el odio en su cabeza. Juntó las manos para tratar de que no le temblaran; luego bajó corriendo el resto de la escalera y se paró detrás de Sasuke. Él se puso de pie y se volvió al oírla acercarse, y cuando hizo esto, Sakura le dio un fuerte puñetazo en la mejilla.

—¿Por qué diablos haces eso? —gruñó Sasuke, frotándose la cara.

—¡Vete al diablo, Sasuke! —gritó Sakura—. ¡Estoy encinta!

—Por Dios, ¿ésa es una razón para atacarme? —gruñó él—. No me molesta una bofetada de una mujer si ella cree que la merezco, pero ¡tú siempre usas los puños!

—¡Debería haber esperado encontrar una daga para clavártela en el corazón!

—No sé por qué estás tan enojada —rió él—. Deberías haber sabido que esto te sucedería más tarde o más temprano. Además, si es sólo un mes, ¿cómo puedes estar segura?

—¡Porque son dos meses... dos! —gritó ella, subió corriendo la escalera antes de que él pudiera responderle.

Sasuke oyó la puerta de un golpe, y soltó una risita. Pero su rostro se oscureció corno una nube de tormenta cuando se dio cuenta de que un poco más de dos meses antes Sakura estaba en Saint Martin.

Subió corriendo la escalera y entró en la habitación golpeando la puerta contra la pared. Sakura retrocedió al ver la violencia en el rostro de Sasuke. Él la aferró cruelmente por los hombros y la sacudió.

—¿De quién es el niño? —gritó.

—¿Qué?

—¡Maldita seas, mujer! ¿De quién es el niño que vas a tener?

Ella lo miró con incredulidad.

—¿Te has vuelto loco? El niño es...

Sakura se interrumpió bruscamente. Recordó la duda que ella había puesto en la mente de él, y se echó a reír.

Él volvió a sacudirla, violentamente, hasta que ella dejó de reír.

—¡Responde!

—El niño es tuyo... por supuesto —replicó ella con voz burlona—. ¿Quién más podría ser el padre?

—¡Sabes muy bien quién!

—Vamos, Sasuke. Ya te dije que te mentí acerca de Gaara. ¿No me creíste? —se burló ella.

—¡Quiero tu palabra de que ese niño es mío!

—¡No la tendrás! No te daré esa satisfacción —replicó Sakura, enojándose otra vez—. No importa si el niño es tuyo o no. Una vez que me vaya de aquí, jamás volverás a verlo. Y si te molesta tanto que esté embarazada, ¡déjame ir ahora!

—Cuando bajaste la escalera estabas muy alterada y me atacaste a mí.

—¡Has arruinado mi vida! Podía haberme casado con Gaara si no fuera por ti. Me obligaste a quedarme aquí contra mi voluntad y a dar a luz a un bastardo. Tengo razones para estar alterada, pero tú no.

—¡Tengo derecho a saber de quién es el niño que tendrás!

—¿Qué derecho tienes a saberlo? No eres mi esposo; no eres mi amante, sólo eres el hombre que me viola. ¿Qué derecho tienes?

Sasuke la atrajo hacia él y la besó salvajemente, lastimándola; luego la apartó de él con furia.

—¡Vete al diablo, Sakura! ¡Eres una bruja!

—Entonces déjame ir. Por favor, Sasuke. Pronto engordaré, y tendrás que buscar otra para satisfacer tu lujuria, de todos modos. Libérame ahora —rogó Sakura.

—No. Pero ahora debo marcharme. Me has embrujado y me impides cumplir mis propósitos.

—¿Cuáles son tus propósitos? ¿Entregar tu oro robado a Inglaterra? —preguntó ella con sarcasmo, apartándose de él.

—El oro ya ha sido entregado.

—Entonces irás a robar más oro. Eres un pirata, Sasuke, aunque te escondas tras los ingleses para que te protejan.

—Y tú sólo ves las cosas como deseas verlas. Pero este viaje no es por provecho... es por razones personales.

—Pero hablaste de un propósito. ¿Qué propósito?

—No es nada que te interese saber —dijo Sasuke y se volvió para marcharse.

—¿Vas a buscar a don Katsu? —preguntó Sakura.

Sasuke se volvió y miró a Sakura con suspicacia.

—¿Cómo…?

—Debes recordar que yo estaba allí cuando hablaste de don Katsu con el capitán Ryota —interrumpió Sakura—. Don Katsu...

—¡Deja de decir su nombre con tanta familiaridad! —dijo bruscamente Sasuke, con sus oscuros ojos negros llenos de un fuego que llegaba de su propia alma—. Es Katsu... ¡El asesino!

—¿Por qué lo buscas? —aventuró Sakura.

—Por algo que sucedió hace mucho tiempo. Algo que no te concierne.

—Pero ni siquiera don Katsu sabe por qué lo buscas. Nunca te ha visto.

—¿De qué diablos estás hablando? ¿Qué te hace pensar que él no sabe?

—Cené con él en la casa de Gaara. Dijo...

—¿Katsu estaba allí? —preguntó Sasuke sin poder creerlo.

—Sí.

—¡Madre de Dios! Estaba tan cerca... tan cerca. ¡Maldición, Sakura! ¿Ves lo que me has hecho?

—¡Yo no te he hecho nada! —gritó ella con indignación.

—Si yo no hubiera tenido tanta pasión por encontrarte, habría preguntado a la gente del pueblo de Saint Martin lo mismo que he preguntado en todos los puertos. Habría encontrado a Katsu por fin... —dijo Sasuke con vehemencia—. ¿Todavía está allí?

—Me culpas porque no encontraste a don Katsu, y no era culpa mía. No responderé tus preguntas sobre él.

Sasuke se acercó a ella con dos rápidos pasos y la tomó fuertemente del brazo.

—Sobre esto me responderás, Sakura, ¡o por Dios que te daré una paliza terrible!

Ella palideció, porque no dudaba de que él pensaba hacer lo que decía.

—No... No creo que siga estando allí. Esperaba el regreso de su barco, que llegaría el día después de mi partida. Entendí que sólo se quedaría unos días más.

—¿Sabes adónde iba o dónde vive?

—No.

—¿Y su barco? ¿Sabes su nombre?

—Sólo sé que traía una carga de esclavos comprados por Gaara.

—Hasta ahora, no me has dicho nada útil. Supongo que le hablaste de mí. ¿Qué dijo él? —preguntó Sasuke con voz más tranquila.

—Sólo dijo que estaba enterado de que lo buscas, pero que no sabe por qué. Cree que debes confundirlo con alguna otra persona porque él no te conoce —replicó Sakura. Tal vez don Katsu encontraría primero a Sasuke y terminaría con los sufrimientos de Sakura. Ella no pensaba advertirle que ahora Katsu lo buscaba.

—De manera que Katsu cree que no me conoce —reflexionó Sasuke, soltando el brazo de Sakura—. Bien, me conoce, sólo que no lo recuerda. Pero antes de que lo mate, me aseguraré de que sepa por qué lo mando al infierno.

—¿Por qué quieres matarlo? ¿Qué te ha hecho?

—Te dije que no es asunto tuyo.

—¿Alguna vez has pensado que él podría matarte a ti? Es posible que sea mayor que tú, pero aún es un hombre poderoso. Tal vez seas tú quien muera.

—Eso te haría feliz, ¿verdad? —preguntó Sasuke con frialdad.

—¡Claro que sí! Sólo me has causado sufrimientos. Sabes que te odio, y ahora sé que tú me odias también. Me habrías pegado, aunque estoy encinta, sólo para obtener información sobre don Katsu.

—No te habría pegado, Sakura —dijo Sasuke con un suspiro—. Jamás levantaré la mano contra ti... ya deberías saberlo. Fue una amenaza vacía, y estaba lo suficientemente furioso como para hacerte creer que lo haría. Pero tenía que saber lo que podías decirme. Debo encontrar a Katsu. He jurado matarlo, y no descansaré hasta que lo haga. —Se volvió y salió de la habitación.

Sakura estaba confundida. Todavía no sabía por qué Sasuke quería encontrar y matar a don Katsu.

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La taberna era pequeña y las mesas amontonadas en la habitación estaban vacías a esa hora de la noche. Era el lugar de la ciudad donde mejor se comía, pero el burdel en el piso alto recibía más clientela. Sasuke estaba sentado ante una de las mesas con expresión divertida, mirando a los marineros y los comerciantes que subían y bajaban las escaleras al fondo de la habitación.

—Sasuke, es una locura permanecer aquí —dijo Kakashi, echando miradas furtivas por la habitación—. Comienzo a pensar que has perdido el juicio. Podemos comer en el barco, vamos.

—Tranquilízate, Kakashi. Aquí no hay peligro —dijo Sasuke, apoyándose en el respaldo de la silla.

—¡No hay peligro! Ese hombre Sabaku no, probablemente ha ofrecido una recompensa por tu cabeza. Después de lo que le dijo Sakura de ti, seguramente sabrá quién se la llevó. ¿Estás cansado de vivir?

—Comienzas a hablar como una vieja. Nadie nos conoce aquí.

—En primer lugar, yo no quería venir a Saint Martin, pero tú estabas seguro de que te enterarías de algo sobre Katsu aquí. Bien, todo lo que sabes es que se fue de prisa. Nadie sabe nada más.

—El conde Sabaku no, lo sabrá. Sabrá en qué dirección partió Katsu, y tal vez sepa también su destino.

—¡Madre de Dios! Has perdido la cabeza. ¡No pensarás ir a su plantación a preguntárselo!

—¿Por qué no? Si puede decirme dónde está Katsu ahora, valdrá la pena el riesgo.

—Entonces iré contigo —replicó Kakashi.

—No —respondió Sasuke, implacable.

—Eres un joven tonto. No es por Katsu por lo que quieres ver a Sabaku no. Es porque esa arpía rosadita quiere casarse con él. Admítelo.

—Tal vez tengas razón.

—¿Se te ocurrió que tal vez él no la quiere ahora que vuelve encinta?

—¿Cómo sabías que está encinta? —preguntó furiosamente Sasuke, inclinándose hacia adelante.

—Oí a Sakura cuando te dio la noticia. No te lo mencioné antes porque has estado de mal humor desde que salimos de la isla.

—Bien, Sakura puede estar encinta, pero yo tengo dudas de que el niño sea mío. ¡Puede traer a su hijo a Sabaku no, cuando vuelva a él! —dijo Sasuke con amargura.

—Pero eso es imposible —rió Kakashi—. Sólo estuvo aquí dos días.

—¡De manera que no es imposible! –respondió Sasuke, con crueldad en los ojos.

—Pareces celoso. No me digas que te has enamorado de esa muchacha.

—Sabes que jamás me he enamorado de una mujer. Sólo hay una cosa en mi corazón... odio. Pero ver a Sakura con un hijo que puede ser de Sabaku no... la duda es como un puñal en mi vientre.

—Entonces renuncia a ella.

—Ese es el problema. Todavía no estoy cansado de ella. Ella…

Sasuke se interrumpió y miró hacia la puerta con asombro, Kakashi volvió la cabeza y vio a un hombre vestido lujosamente en seda gris. Su capa y su sombrero eran de terciopelo negro, y su porte denotaba nobleza. El hombre cruzó la habitación y se aproximó a la mujer regordeta que estaba detrás del mostrador para hacer arreglos sobre las muchachas del piso alto.

Cuando la madame vio al caballero, su rostro se iluminó con una sonrisa de bienvenida.

—Ah, conde de Sabaku no, ha vuelto usted pronto.

—Me gustaría volver a ver a Colette —dijo él.

—Mi muchacha nueva lo atrae, ¿verdad? Pobre Jeanie se desilusionará cuando sepa que ha encontrado usted una nueva favorita.

Kakashi tenía miedo de mirar a Sasuke, pero cuando se volvió, vio que aparentemente parecía sereno, pero sus nudillos estaban blancos. Sasuke se puso de pie lentamente como un león hambriento que persigue a una presa desprevenida.

—Por amor de Dios, Sasuke —susurró Kakashi furiosamente—. El te reconocerá.

—Tú quédate aquí y deja de tener esa cara patibularia —dijo Sasuke con frialdad. Se volvió y se aproximó a Sabaku no—. Monsieur, ¿podría hablar con usted?

Gaara Sabaku no, se detuvo al pie de la escalera con una mano en la barandilla, molesto por la demora. Pero cuando vio al corpulento desconocido que avanzaba hacia él, todos sus pensamientos sobre Colette y sobre el placer se desvanecieron. El hombre era notablemente alto, con cabellos azabaches con reflejos azulados y lacios. Estaba vestido como un marinero común, con pantalones muy estrechos, camisa abierta en el cuello con mangas anchas ajustadas en las muñecas. Sobre un hombro llevaba una espada envainada, y su mano derecha descansaba en la empuñadura.

Gaara tenía un vago presentimiento, pero sabía que si alguna vez había visto a ese hombre antes, se habría acordado. Sus ojos lo miraban con cautela y esperaba que el hombre hablara.

—He oído a esta señora dirigirse a usted como conde Sabaku no, si realmente es usted el conde, tal vez podría ayudarme —dijo Sasuke con tono amable.

Sus ojos eran como la noche más oscura, y su sonrisa muy rígida.

—¿Cómo puedo ayudarlo, monsieur?

—Busco a un amigo mío —dijo Sasuke. Me han dicho que fue huésped suyo últimamente.

—¿De quién habla? —preguntó Gaara—. Tengo muchos huéspedes en mi plantación.

—Don Katsu. El...

—¿Cuál es su nombre, monsieur? —interrumpió Gaara, llevando lentamente la mano hacia su espada.

—Perdóneme. Mi nombre es Matisse. Tal vez don Katsu le habló de mí. Me salvó la vida años atrás en una batalla.

—Don Katsu no mencionó ninguna batalla mientras estuvo conmigo, ni tampoco su nombre.

—Bien, supongo que no es hombre de alardear de sus hechos —rió Sasuke, sintiéndose inquieto. Habría preferido desenvainar la espada, pero no podía matar al hombre porque tal vez Sakura sería la madre de su hijo—. ¿Puede decirme dónde encontrar a don Katsu? Es importante para mí.

—¿Por qué? —preguntó Gaara con escepticismo, aunque estaba seguro de que ese Matisse no podía ser la persona que él pensaba. No, el pirata que había raptado a Sakura no se atrevería a acercarse a él.

—Como le dije, don Katsu salvó mi vida. Me gustaría agradecérselo... Tal vez convertirme en su guardia personal para poder salvar su vida algún día.

—Bien, lo lamento, pero no puedo ayudarle. Don Katsu se fue un poco repentinamente hace más de tres meses, y yo estaba demasiado preocupado por un asunto personal como para pensar en su destino.

—¿Entonces no tiene idea de dónde puede estar?

—Me imagino que don Katsu está todavía en algún lugar del Caribe. Quería resolver algunos negocios antes de volver a España.

—¿Dijo de qué clase de negocios se trataba? —Preguntó esperanzadamente Sasuke—. De esa manera podría encontrarlo.

—Lo dudo, monsieur Matisse. Los asuntos de don Katsu no lo retienen mucho tiempo en ningún puerto —dijo Gaara—. Ahora debo decirle buenas noches... Alguien me espera.

—Por supuesto —dijo Sasuke, y se volvió para caminar hacia su mesa. La sonrisa de sus labios se desvaneció tan rápidamente como si se apagara una vela, pero el fuego seguía ardiendo en sus ojos.

—Me sorprende que no le hayas preguntado directamente si se había acostado con Sakura. Eso deseabas hacer, ¿verdad? —preguntó acaloradamente Kakashi cuando Sasuke se sentó.

—Sí, pero no podía esperar que me dijera la verdad sobre el tema. ¿De manera que oíste mi conversación?

—¡No pude evitar oírla! Fuiste un tonto al hablar con el conde. Vi su cara cuando le dijiste que buscabas a don Katsu. Por un momento creo que adivinó quién eres realmente. Me sorprende que haya creído el cuento que le contaste sobre Katsu.

—Bien, lo creyó —replicó secamente Sasuke—. Te dije que no había de qué preocuparse.

—Sí, pero corriste el riesgo por nada. Aún no sabemos dónde está Katsu. Podríamos buscarlo en estas aguas toda la vida sin encontrarlo.

—Supongo que quieres abandonar...

—Bien, me gustaría volver a la isla por algún tiempo —respondió Kakashi.

—Sólo hace un mes que nos hemos marchado y sólo hemos tocado cuatro puertos hasta el momento. Si echas tanto de menos a tu esposa, deberías haberte quedado con las mujeres como te pedí.

—No me preocupa su seguridad. Joco y los hombres que dejamos las protegerán. Pero no soy el único que piensa en volver a casa. El resto de la tripulación también... y también tú, amigo mío. No viniste a Saint Martin a averiguar sobre Katsu. Viniste a ver cómo es el prometido de Sakura. ¿Te desilusiona descubrir que el conde no es viejo y picado de viruelas?

—¿Por qué habría de molestarme? —preguntó Sasuke con calma. Luego, de pronto, explotó—: ¿Qué diablos hace en un prostíbulo? Si yo estuviera en su lugar, buscaría en todas las islas desde aquí hasta las colonias. Pero, ¿dónde hace él su búsqueda? ¡En la cama de una prostituta! Estoy seguro de que no tiene ningún barco a la búsqueda de Sakura.

—¿Eso es lo que quieres que haga? ¿Quieres que la encuentre?

—No.

—Bien, ¿entonces?

—Simplemente no entiendo por qué no lo intenta —dijo Sasuke con más tranquilidad.

—Tú no sabes si lo intenta o no. Pero no esperaremos para preguntárselo cuando baje. La comida se ha enfriado, de todas maneras. Propongo volver al barco... ahora.

Sasuke rió.

—¿Qué te ha sucedido, viejo amigo? Antes no te molestaba correr pequeños riesgos.

—Sí, pero sólo comienzo a conocer a mi nueva hija. Y Anko está encinta nuevamente. Sólo he tenido niñas hasta ahora, me gustaría ver un hijo varón antes de morir.

Sasuke frunció el ceño mientras salían de la taberna, acordándose de las noches atormentadas e insomnes que había pasado el último mes, pensando en Sakura y en el bebé que crecía dentro de ella.

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La casa estaba agradablemente fresca durante la mañana, y sólo el persistente sol de la tarde calentaba las gruesas paredes de piedra blanca. Sakura bajaba lentamente las escaleras una tarde, un mes y medio después de la partida de Sasuke, con un cómodo vestido sin mangas de algodón amarillo y una gran toalla en un brazo.

En Francia, Sakura sólo usaba las ropas más a la moda, aunque las detestaba. Pensaba que la ropa debía ser atractiva pero también cómoda. Pero Nibori nunca le había permitido vestirse con una indumentaria tan simple. Pero en esta isla tropical, Sakura abandonó las dos enaguas, la bata y la falda que siempre se revelaban bajo la vestimenta externa. Simplemente cosía la falda a la bata de sus vestidos, en lugar de dejarlos abiertos en la parte delantera.

Con una enagua era suficiente para el pudor, y no necesitaba usar los grandes cuellos de encaje y las mangas abullonadas.

Al principio había decidido no abullonar sus faldas porque le ensanchaban las caderas. Que Sasuke mirara sus caderas estrechas, para que luego le atrajeran otras más redondeadas. Esa era su esperanza, pero a Sasuke no parecía importarle que Sakura no tuviese demasiadas curvas.

Sakura contempló el gran comedor con una sonrisa.

Los tapices de colores brillantes que Joco había traído del sótano estaban ahora colgados sobre la chimenea, y había hecho cortinas blancas para las pocas ventanas. Las ventanas eran demasiado pequeñas y demasiado altas como para dejar entrar mucha luz en la habitación, y Sakura decidió que había que agrandarlas, pero tendría que esperar y hablar del asunto con Sasuke. Cinco sillas tapizadas en colores claros fueron agregadas a la habitación, y en esos momentos Joco estaba en los sótanos de la casa construyendo un sofá.

Por suerte, Sasuke nunca había dispuesto del botín del último barco español capturado, y Joco pudo encontrar muebles y telas para mejorar todas las habitaciones de la casa.

El botín estaba en el sótano, y a ninguna de las mujeres se le permitía bajar, sino que tenían que llamar a uno de los hombres si necesitaban algo. Sakura sólo advirtió después de la partida de Sasuke que la habitación estaba cerrada con llave en todo momento. Joco le aseguró que no había nada misterioso en el sótano, sólo bienes capturados, trastos, y una provisión de comida. Pero le parecía extraño que Sasuke pudiera traerle un par de zapatos que fueran exactamente de su tamaño, y un par para su madre.

Sakura había pasado la mañana en su habitación con Anko. Se habían hecho amigas, y como Anko también estaba encinta, tenían mucho en común. Tejían mantitas para los bebés, pero aunque Sakura disfrutaba de las mañanas que pasaba cosiendo y charlando, no podía apartar totalmente a Sasuke de sus pensamientos.

Un mes atrás, Anko había comenzado a engordar por el niño que llevaba en su vientre. Daría a luz sólo dos semanas antes que Sakura, pero la figura de Sakura seguía tan esbelta como siempre.

No dudaba de que estuviera encinta, pero esperaba perder pronto su figura. Deseaba estar enormemente gruesa antes de que Sasuke volviera de la isla, para que él tuviera que buscar satisfacción para su lujuria en otra parte.

Sasuke se había ido enojado, y se había llevado sólo a la mitad de los hombres. Ni siquiera le había dicho adiós a Sakura, sino que se había ido el mismo día de la agria discusión. Pero ella no lo echaba de menos, o eso se decía continuamente. No sabía cuándo volvería pero esperaba que no volviera en mucho tiempo... o mejor, nunca.

Sakura pasó por la zona de la cocina y se quedó allí un momento, aspirando el aroma del pan que se horneaba. Luego salió por la puerta trasera y caminó por el patio. Se detuvo junto a un joven corpulento de rizados cabellos rubios que trabajaba en la estructura del nuevo sofá. Sonrió con aprobación a Joco cuando él la miró.

—Tienes talento para la carpintería, Joco —dijo Sakura, contemplando su trabajo—. ¿Este ha sido alguna vez tu oficio?

—Soy carpintero de barcos, mademoiselle. Me gusta trabajar en madera.

—¿Cuánto hace que estás con el capitán Sasuke?

—Desde que compró el "Dama Alegre". Nunca vi razones para desear navegar en algún otro barco. El capitán trata con mucha equidad a su tripulación. Pero ahora tengo una esposa y dos hijos, y he pensado abandonar el mar.

—¿Entonces piensas establecerte? —preguntó Sakura. De manera que había hombres honorables entre la tripulación de Sasuke, pensó.

—Renunciaré al mar, sí, ahora que mis dos hijos son lo suficientemente grandes como para necesitar un padre. Iba a preguntar al capitán Sasuke si podía quedarme aquí. Tengo una pequeña cabaña en la costa norte que puedo mejorar, y esta isla es ideal para criar una familia.

—Supongo que sí —dijo Sakura, contemplando toda la belleza tropical que la rodeaba—. Bien, hasta luego Joco.

Sakura se alejó y cruzó el césped del fondo hasta llegar al bosque. Iba a un lugar secreto que había encontrado un día que había salido a explorar sola, iba allí a menudo, porque en esa área recluida, Sakura podía imaginar que la isla era su hogar, que los meses pasados eran sólo un sueño, y que jamás había conocido a un hombre llamado Sasuke. Pero por más que intentara concentrarse en cosas agradables, Sasuke siempre se introducía en sus pensamientos.

Era primavera, y la isla era dos veces más hermosa que cuando Sakura la viera por primera vez. El cielo estaba claro, y el sol ardiente no tenía lugar donde ocultarse; la alta montaña se elevaba, sola, sin la niebla que generalmente la rodeaba.

Sakura vio a Kenta Tanaka arrancando hierbas en un cantero de flores que había plantado alrededor de un árbol que llamaba lluvia de oro. El árbol había florecido recientemente en un estallido de capullos y pétalos amarillos. Sakura se maravillaba por el césped y los canteros inmaculados, pero había conocido a Kenta Tanaka después que Sasuke le diera libertad para andar por la isla y se había enterado de que era el responsable de los hermosos jardines.

Sakura saludó con la mano a Kenta antes de entrar en el bosque y echar a andar por el sendero. Durante la mayor parte de su vida, Kenta Tanaka fue jardinero jefe en alguna gran heredad inglesa, pero siempre deseó ser marinero y visitar otras tierras. Había llegado al nuevo mundo en un barco mercante, pero luego, había conocido a Sasuke y se había convertido en miembro de la tripulación del "Dama Alegre'. Cuando encontraron esa isla con su injuriosa jungla cinco años antes, había querido quedarse. Sasuke asintió, y en cinco años Kenta había convertido el terreno que rodeaba la casa en jardines dignos de un palacio. Era feliz allí... Se le veía en la cara, y a Sakura le gustaba hablar con él.

Pronto salió del sendero y tuvo que abrirse camino alrededor de los árboles cubiertos por enredaderas y entre la maleza. Siguió hacia la montaña y hacia el centro de la isla. La montaña era su destino el día que por primera vez decidió explorar. Pensaba trepar por las colinas hasta llegar a las nubes grises. Deseaba perderse en ese esplendor primitivo, deseaba que un solo rayo de sol apareciera entre las nubes y la tocara como había tocado el corazón de la montaña en su primer día en la isla. Pero nunca cumplió con ese deseo, porque encontró otra maravilla en la isla ese día.

Sakura pasaba junto a palmeras de todas las alturas y variedades que crecían junto a altos pinos, cuyo perfume llenaba el aire. En el suelo había cocos, y por todas partes se veían magníficas flores... azules, lilas, amarillas y rosadas.

Pronto oyó el murmullo del agua... un arroyo que bajaba de la montaña, unos pasos más y finalmente llegó a su pequeño paraíso... un estanque escondido formado por la corriente. Había lirios en la orilla opuesta, grandes flores del tamaño de su mano abierta. Eran de color rojo y amarillo brillante, y había una sola flor blanca, que ella seguramente recogería antes de volver a la casa.

Sakura llegó al sol ardiente que cubría la orilla izquierda del arroyo. Dejó la toalla que traía, y comenzó a desvestirse.. A su izquierda, unas piedras como peldaños parecían subir a la montaña misma, y una cascada en miniatura resbalaba sobre ellos formando un estanque de agua cristalina. El estanque estaba rodeado por altos árboles, espesos helechos y flores, y sobre el arroyo caían pesadas ramas desde uno y otro lado, que casi tocaban el agua. Sakura estaba oculta como si estuviera en una pequeña habitación.

Al entrar en el agua fría, Sakura se preguntó fugazmente si podría conservar en secreto este paraíso cuando Sasuke volviera. Luego se regañó a sí misma. ¿Por qué no podía dejar de pensar en ese hombre, aunque fuera por un momento?

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¿Estás aquí conmigo, Sasuke, o tu mente ha vuelto a la isla? —preguntó Kakashi.

—¿Qué has dicho? -Preguntó Sasuke levantando la mirada con sus soñadores ojos negros. Luego se oscurecieron de furia al mirar a su alrededor en la habitación atestada y llena de humo. El hedor de los cuerpos sin lavar asaltó sus fosas nasales. —Tortuga es la tierra del demonio —dijo con desagrado—. ¿Por qué no podría estar aquí Katsu, con el resto de los asesinos?

—Antes te gustaba venir aquí y hacer un pequeño infierno. Al menos aquí sabías en qué situación estabas.

—Has recuperado el coraje, ¿eh?

—Prefiero este agujero a caer en manos de tus enemigos.

—Lamento haberte dado ese susto en Saint Martin —dijo Sasuke con tranquilidad.

—Tú te habrías arriesgado, yo no. Tres puertos desde Saint Martin, y aún no sabemos nada del paradero de Katsu. ¿Cuándo abandonarás la búsqueda, Sasuke?

—Cuando lo encuentre —replicó Sasuke, terminando su segundo vaso de ron.

—Sabes, los hombres me hablaron antes de entrar al puerto. Están ansiosos por volver a sus casas.

—¿Por qué? ¿No les he dado permiso en todos los puertos? Han tenido muchas mujeres.

—Quieren volver a casa con un sacerdote.

—¿Qué? —preguntó Sasuke sin poder creerlo.

Kakashi rió.

—Parece que muchos de nuestros compañeros de navegación desean casarse como Dios manda.

—¡Qué montón de estúpidos! La bendición del viejo jefe les resultaba suficiente antes. ¿Supongo que tú estás de acuerdo con esto?

—En realidad, sí. Chiyo me persigue —respondió Kakashi con humor—, jura que estoy viviendo en pecado con Anko.

—De manera que eso es lo que piensa... Yo tendría que haberlo sabido. ¿Dónde encontrarás un sacerdote, de todas maneras? Y si lo encuentras, ¿crees que querría venir con nosotros? — preguntó Sasuke.

—¿Por qué no? Una vez que sepa cuántos hombres y mujeres viven en pecado en nuestra isla, hasta podría elegir quedarse.

—Bien, si tú y los hombres tenéis la suerte de encontrar un sacerdote dispuesto, no me negaré a vuestros deseos. Pero sigo pensando que es ridículo.

Por un momento Kakashi parecía pensativo.

—¿Harás una visita a la viuda mientras estemos aquí?

—No lo había pensado —dijo Sasuke—. La hermosa viuda Hyuga ni siquiera se me había pasado por la cabeza, aunque vivía a poca distancia de esta taberna, y yo siempre la visitaba cuando venía a Tortuga.

—¿Qué excusa tienes para no encontrar una buena compañera de cara por un par de noches? —preguntó a Sasuke con expresión inocente.

—¿Necesito una excusa?

—No es propio de ti dejar pasar la oportunidad de acostarte con una muchacha.

—Pienso en otras cosas. ¿Debo recordarte que este es un viaje de trabajo y no de placer? —preguntó Sasuke, irritado.

—No, pero sin la ayuda de la viuda, no habrías comprado un barco para buscar a Katsu. Y ella probablemente sabe que el "Dama Alegré" está en el puerto. Se sentirá desilusionada si no la visitas.

—Si tratas de hacerme sentir culpable, amigo, no te molestes. Ya he pagado mi deuda a la viuda.

—Le estabas muy agradecido cuando te vendió el "Dama Alegre" por una suma tan pequeña.

—Eso sucedió hace seis años y olvidas que Hinata Hyuga es una mujer muy rica —dijo Sasuke—. Su marido le dejó media docena de barcos al morir. Estaba muy dispuesta a cederme el Dama Alegre por esa pequeña suma.

—Te quería a ti.

—Me halagas, Kakashi. Esa señora ha tenido innumerables amantes desde que la conocí, simplemente le gustan los hombres. Además, la viuda exigiría demasiado de mi tiempo. No nos quedaremos tanto aquí.

—Podrías encontrar el tiempo —replicó ligeramente Kakashi.

—Podría, pero no pienso encontrarlo.

—¿Qué te sucede, Sasuke? —preguntó Kakashi—. Sabes que la viuda conoce todos los barcos que entran en el puerto. También sabe que buscas a Katsu. Una visita a ella sería más conveniente que horas de recorrer los puertos buscando información.

—¿Por qué tienes tanto interés en que vea a la viuda? —preguntó Sasuke, exasperado.

—Hace dos meses que buscamos a Katsu, y sin embargo tus pensamientos están ocupados por Sakura Haruno. Yo esperaba que la viuda lograra que la olvidaras por un tiempo —respondió Kakashi

Kakashi tenía razón. Sakura y su hijo habían perseguido a Sasuke noche y día en los últimos meses. Dudaba de que la viuda pudiera hacerle olvidar a Sakura pero tal vez podría decirle algo sobre Katsu.

Sasuke suspiró profundamente.

—Muy bien. Nos veremos en el barco dentro de unas horas.

—Tómate tu tiempo, amigo mío. No hay prisa —replicó jovialmente Kakashi.

Sasuke sonrió y sacudió la cabeza. Salió de la taberna llena de humo al sol deslumbrante; entonces volvió a suspirar. No tenía verdaderos deseos de ver a la viuda, aunque siempre había estado ansioso por visitarla antes. Era una mujer hermosa, sólo tres años mayor que él, y muy apasionada.

Sasuke pasó frente a una pequeña joyería y decidió entrar. Un collar de perlas apaciguaría el genio de la viuda cuando le dijera que no podía quedarse con ella esa noche. Pero... caramba, ¿por qué no habría de quedarse esa noche con ella? Un día perdido no importaría, y sería hermoso hacer el amor con una mujer que no gritaba constantemente su odio, que abría los brazos y las piernas de buena gana.

Sasuke salía de la joyería, ya que ahora no había necesidad de comprar un regalo para Hinata, cuando vio un par de pendientes. Eran esmeraldas, pequeñas piedras montadas en oro, y suspendidos en el centro había esmeraldas de color verde oscuro que recordaron a Sasuke los ojos de Sakura cuando era feliz. Le habría gustado ver ese color todo el tiempo, y mentalmente imaginó las esmeraldas colgando de las orejas de Sakura, un hermoso contraste con sus cabellos color rosa, y haciendo juego con sus ojos verdes oscuro.

Compró los pendientes y también un largo hilo de perlas... por si acaso.

Hinata Hyuga vio llegar a Sasuke por la calle empedrada hasta su casa de tres plantas. Antes de que él pudiera golpear a la puerta, la puerta se abrió y Sasuke fue recibido por unos furiosos ojos de color perla. Pero la ira desapareció rápidamente, y Hinata echó los brazos al cuello de Sasuke y lo besó intensamente, oprimiendo su cuerpo suave contra el suyo.

—Ah, Sasuke, cuánto te he echado de menos —susurró ella en su oído. Luego le hizo entrar a la casa y cerró rápidamente la puerta—. Me enojé tanto cuando no viniste esta mañana —le regaño —.Pero ahora que estás aquí, no puedo seguir enfadada contigo.

Le tomó la mano para llevarle arriba, pero él la obligó a entrar en la sala.

—No has cambiado, Hinata —rió él con suavidad.

—Pero tú sí… de varias maneras. Antes me llevabas en brazos por la escalera hasta mi cama aun antes de que pudiera saludarte. ¿Has estado con otra mujer esta mañana? ¿Por eso no viniste? —Preguntó excitada.

—No, me detuve a comprarte un regalo —dijo él con ligereza, y sacó las perlas del bolsillo de su abrigo.

Ella demostró gran alegría, y levantó sus largos cabellos morados para que él pudiera colocarle las perlas alrededor del cuello. Volvió a enfrentarse con él y sonrió mientras tocaba amorosamente las Perlas.

—Sé que no te llevó toda la mañana comprarlas, pero no te hago más reproches. —Le tomó la mano y lo condujo a un sofá negro y dorado.—Ahora dime, ¿por qué te has afeitado tu hermosa barba? No es que me importe, pero te diré Sasuke, que pareces mucho más joven sin ella.

—Tenía que hacerlo. Y desde entonces me he acostumbrado a no usarla.

—¿Por qué tenías que afeitarte? Es ridículo —replicó ella.

—Es una larga historia, Hinata, y creo que no tengo tiempo de contártela —dijo Sasuke—. Partiré dentro de unas horas.

—¿Pero por qué?

—Sabes que no puedo descansar hasta que encuentre a Katsu. Y aunque robar oro a los españoles es muy provechoso, hace que pase demasiado tiempo en el mar. Si he de descubrir a ese asesino, tengo que dedicar todo mi tiempo a perseguirlo, y eso es lo que he decidido hacer.

—¿Por qué no abandonas la idea, Sasuke? Probablemente nunca encontrarás a Katsu.

—Nuestros caminos se cruzarán un día, de eso estoy seguro —dijo Sasuke con la voz llena de amargo odio.

—Entonces te lo diré. Katsu estuvo aquí hace dos meses.

—¡Demonios! —explotó Sasuke, dándose un puñetazo en el muslo—. ¿Por qué no habré venido antes aquí? Ya podría haberlo encontrado dos veces, ¡pero mi mente estaba en otra parte!

—Dudo que lo hubieras encontrado aquí, Sasuke. Sólo estuvo unas horas. Parece que él también busca a alguien o a algo.

—¿Qué puedes decirme?

—No mucho, creo. Katsu preguntaba por un barco mercante, y sólo se quedó hasta asegurarse de que no estaba en el puerto.

—¿Por qué un barco mercante?

—No tengo ni idea. Pero si busca en cada isla como tú, y sólo se detiene un día en cada una, es improbable que lo encuentre hasta que uno de vosotros se dirija casualmente al mismo lugar que el otro —replicó Hinata

—Tal vez tengas razón.

—¿Entonces te quedarás aquí un tiempo? —preguntó ella, acariciándole el pecho.

—No —respondió él, y se puso de pie con rapidez—. Debo marcharme.

—Hay otra mujer, ¿verdad? —preguntó ella, haciendo un esfuerzo por sonreír.

Sasuke decidió decirle la verdad.

—Sí, supongo que túpodrías decir eso.

—¿Es bonita? Claro que sí —dijo Hinata—. Cuando decías que tu mente había estado en otra parte, te referías a esa mujer. Debes amarla mucho.

—No la amo, pero la deseo. Me obsesiona —replicó él con irritación.

—¿Y qué siente ella por ti?

Sasuke rióbrevemente.

—Me detesta, y sin embargo no puedo culparla. Tal vez porque me odia la deseo aún más. Es un desafío.

—Me resulta difícil creer que alguna mujer pueda odiarte, Sasuke. —Se puso de pie y lo besó ligeramente en la mejilla—. Pero si estás seguro de que no la amas, yo puedo esperar hasta que la apartes de tu vida.

—Bien, no abandones a tus innumerables amantes mientras esperas —se burló él.

—Sabes que jamás podría hacerlo —rió ella—. Al menos que desees casarte conmigo, por supuesto. Renunciaría a cualquier hombre si te tuviera, Sasuke. Seguramente valdría la pena.

Sasuke salió de la casa de la viuda con mejor ánimo. Había pensado pasar la noche con Hinata, pero por algún motivo no podía. El viejo deseo por ella había desaparecido. No sabía qué le sucedía, y no quería preocuparse por ello en ese momento.

No tenía sentido continuar la búsqueda de Katsu ahora. Esperaría hasta que Katsu encontrara a la persona que él estaba buscando y volviese a España. Pero por ahora... por ahora Sasuke volvería a su casa.

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Después de dos meses y medio de ausencia, Sasuke apenas podía contener su excitación al avistar la isla. Qué tonto había sido al dejar a Sakura después de enterarse de que tendría a su hijo. La había añorado continuamente. Ahora ya llevaría cuatro meses y medio de embarazo, pero él rogaba que no estuviera demasiado gruesa como para hacer el amor con él.

Sasuke se paseaba nerviosamente por la cubierta hasta que el barco llegó a la pequeña bahía y echaron anclas. Luego, con voz fuerte, atronadora, informó a la tripulación que podían marcharse de inmediato, ordenaría a los hombres que se habían quedado en la isla que vinieran a asegurar el barco. Si los hombres de a bordo estaban tan ansiosos por ver a sus mujeres como él a Sakura, tendría un motín si los demoraba en el barco.

El padre Hidan andaba por allí, mirando a los hombres que bajaban los pequeños botes. Se preguntaba si debía hablar con el capitán sobre la necesidad de mantener a estos hombres apartados de sus esposas hasta que se celebrara el matrimonio. Pero al ver la alegría en los rostros de la tripulación, dudaba de que atendieran a sus razones.

No, bastaría con que los ojos y rogaba que las ceremonias tuvieran lugar pronto. Además, el capitán Sasuke no le ayudaría. El sacerdote sabía que Sasuke tenía una mujer francesa en la isla, y el joven había aclarado al padre Hidan que no toleraría que tratara de interferir en su forma de vida. Pensaba que era absurdo que algunos de sus hombres desearan casarse ya que no tenían necesidad de hacerlo, y no tenía intención de casarse con esta señora.

En menos de veinte minutos, los botes llegaron a la costa y después de otros diez minutos de trayecto, caminando, corriendo, Sasuke llegó a la puerta de su casa, completamente asombrado por los cambios que veía.

—Parece que las mujeres han estado ocupadas durante nuestra ausencia —dijo Kakashi acercándose a Sasuke—. Creo que hay un verdadero progreso. Han convertido esta vieja fortaleza en un hogar. Y, ¡mira, hasta han puesto cortinas!

Sasuke miró las cortinas blancas y sonrió. Al menos Sakura no había hecho un vestido de bodas con la tila como deseaba.

Sonrió mientras su tripulación hacía un barullo terrible al pasar frente a la casa para llegar a sus hogares. Los gritos y las risas atrajeron a Anko a lo alto de la escalera, y Sasuke se quedó con la boca abierta al ver cómo había engordado. Nunca se habían quedado en la casa el tiempo suficiente como para ver a las mujeres en una etapa avanzada del embarazo, y Sasuke rogaba que Sakura no estuviera tan gruesa todavía. Pero se preguntaba por qué no aparecía.

—Te veré más tarde, Sasuke... Mucho más tarde —dijo Kakashi por encima de su hombro mientras comenzaba a subir la escalera.

Sasuke sonrió mirando a Kakashi que se reunía con su mujer. Davey se ofreció a llevar al padre Hidan al pueblo, donde él había querido estar, y Sasuke se sintió aliviado al saber que el padre no dormiría en la habitación contigua a la suya.

Echó a andar hacia la escalera, y luego comenzó a correr.

—Capitán, ella no está en su habitación.

Sasuke se detuvo bruscamente y dio media vuelta al ver a Yuri parada en la puerta de la cocina. Fue hacia ella con el ceño fruncido, imaginando lo peor.

—¿Dónde está? —preguntó bruscamente.

—No hay razón para que usted se altere. Sakura ha salido a caminar... Como hace todas las tardes —dijo Yuri con calma.

—¿Dónde?

—No tengo idea en qué dirección va. Siempre sale sola.

—Me alegro de verlo de regreso, capitán —dijo Joco Martel que venía desde el fondo de la casa—. ¿Ha tenido éxito su viaje?

—No, pero te dejé a cargo de esto, Joco, y será mejor que te escondas si no puedes decirme dónde está Sakura ahora —rugió Sasuke.

—Está en el bosque, capitán —replicó débilmente Joco—. Siempre va por el mismo camino, sale del sendero en el punto en que éste dobla hacia el pueblo.

—¿Sigue en línea recta o dobla hacia la derecha?

—En línea recta.

—Y ahora dime, ¿por qué diablos la dejas ir sola al bosque?

—Usted se lo permitía antes de marcharse, capitán, y ella se enfurecía cuando yo le decía que alguien debía acompañarla. Insistía en ir sola, y realmente yo no veía nada malo en ello —respondió nerviosamente Joco.

—¡Demonios! Esa mujer no tiene derecho a insistir en nada, y yo te di instrucciones antes de partir. ¡Debías cumplir mis órdenes, no las de ella! —gritó Sasuke.

—Mi hija ya no es una niña, capitán. Puede cuidarse sola. Y siempre le ha gustado su privacidad. En Francia, daba largos paseos por el campo, sola —dijo Yuri.

—¡Esto no es Francia, madame! Aquí hay cerdos salvajes al pie de la montaña. Si Sakura fuera demasiado lejos, podrían atacarla y matarla.

—¡Matarla! —Yuri se puso pálida.

—Nunca salió durante el tiempo suficiente para llegar a la montaña, porque yo habría ido detrás de ella —respondió rápidamente Joco.

—¿Cuánto hace que se fue?

—Sólo una hora —replicó Joco.

Sasuke no dijo nada más, pero salió de la casa por la puerta del fondo. Corriendo, sólo tardó unos minutos en llegar al lugar donde doblaba el sendero. Al salir del sendero y seguir hacia la montaña, se preguntó si Sakura habría encontrado el mismo estanque donde él solía ir. Si era allí donde iba en sus caminatas, podía comprender su deseo de privacidad.

Cuanto Sasuke vio que las huellas llevaban hacia el arroyo, comenzó a andar más lentamente y decidió sorprender a Sakura. Pero cuando llegó a los árboles que bordeaban el arroyo, fue él quien se sorprendió. Sakura estaba tendida en la hierba junto al estanque, completamente tranquila y desnuda.

La sangre corría rápidamente por las venas de Sasuke mientras sus ojos la miraban. Todo su cuerpo tenía un color dorado. Estaba tendida de espaldas y el sol la acariciaba, y sus cabellos húmedos estaban extendidos sobre la hierba. Sasuke miró unos momentos su vientre ligeramente prominente y otra vez surgieron sus dudas. Allí había un niño, pero, ¿de quién era ese niño? Pero apartó esos pensamientos de su mente, porque lo que importaba ahora era su deseo.

—¡Sasuke! —jadeó Sakura al abrir los ojos cuando lo encontró mirándola.

El la contempló durante un tiempo que parecía una eternidad, sin poder decir nada. Ella sentía el deseo que crecía en ella, casi como un dolor. Él estaba parado, con las piernas separadas y las manos en las caderas. El sol iluminaba sus cabellos, y ella deseaba acariciárselos, tocar sus mejillas bronceadas, apretar sus labios con los de ella.

Sakura miró con ansiedad cómo Sasuke se quitaba la camisa, y luego las botas y los pantalones. Pero cuando él estuvo desnudo y ella vio la expresión de triunfo en su rostro al inclinarse sobre ella, finalmente salió de su trance. Rápidamente se apartó de su alcance, tomó su vestido para ocultar su desnudez y se puso de pie, con el vestido ante ella.

Sasuke rió con ganas.

—Si has tardado tanto tiempo en recordar que me odias realmente no me odias, ¿verdad, Sakura? ¿Por qué no te entregas a lo que sentías hace unos momentos?

¡Ay, Dios mío! ¿Por qué lo había mirado durante tanto tiempo? Seguramente él había visto el deseo en sus ojos.

—¡No sé de qué hablas! —replicó Sakura. Sus mejillas se habían puesto de un rosado intenso pero se dominaba.

—Sí que lo sabes, pequeña —dijo él con voz ronca y comenzó a aproximarse a ella.

—Sasuke, no te acerques —gritó ella retrocediendo—. ¡No te acerques a mí!

—Voy a hacer el amor contigo, Sakura, y lo sabes. Lo deseas. Entonces, ¿por qué no dejas de fingir? —preguntó él con suavidad.

—¡Estás loco! —gritó ella, llena de miedo—. Si deseara tocarte, ¿te pediría que te apartaras? Todavía te odio, Sasuke... no lo dudes.

—Mientes, Sakura, especialmente te mientes a ti misma —dijo él con voz tranquila, saltó hacia adelante y la tomó por la cintura.

—¡Sasuke, por favor! —rogó ella mientras él la llevaba a la sombra y la colocaba en el suelo—, si tengo que luchar contra ti, dañarás al bebé.

El se colocó sobre ella a pesar de sus ruegos, y mantuvo sus brazos extendidos a sus costados mientras se inclinaba sobre su cuerpo.

—No lucharás contra mí, pequeña. He pensado en este momento todos los días que estuve lejos de ti, y sabes que nada me detendrá de poseerte ahora. —Soltó los brazos de ella y se apoyó en los codos, cuidando de no oprimirla con todo su peso; la besó con suavidad, luego le sonrió perezosamente—. Tendrás que abandonar tu resistencia por un tiempo, por el bebé. El niño te dará una excusa para no luchar contra mí, de manera que relájate y disfruta de esto mientras puedas.

—¡Pero yo no quiero una excusa! ¿Por qué no usas tú esa excusa y encuentras a otra para obligarla a someterse a ti? —preguntó Sakura acaloradamente.

—Es a ti a quien deseo... y a ti te tendré. Tú no quieres seguir luchando contra mí, Sakura. Es sólo tu orgullo el que te hace continuar.

—¡No es verdad! —gritó ella indignada.

—¿Por qué eres tan terca? —preguntó él exasperado—. Ahora tienes una razón para ceder... Sin perder tu orgullo. Por Dios, ¡no me burlaré de ti por eso!

—¡No!

Entonces Sasuke la besó apasionadamente, tapándole la boca. Penetró en ella, profundamente. Sintió sus uñas que se clavaban en su cuello, y se puso tenso, esperando el dolor. Pero entonces ella recorrió sus cabellos con sus dedos y le acarició la espalda. La pasión que siempre había entre los dos crecía, y mientras el placer flotaba dentro de Sasuke, la besó intensamente, elevándose a alturas que sólo podía alcanzar con esta mujer.

Cuando Sasuke se tendió a su lado sobre la hierba, Sakura se sentó y se abrazó las rodillas, mientras sus cabellos cubrían su cuerpo como una capa de seda. Miró, malhumorada la pequeña cascada.

—Te he echado de menos, Sakura —dijo Sasuke con suavidad a sus espaldas. Le desordenó los cabellos y le acarició la espalda—. He pensado en ti constantemente... todos los días, y especialmente de noche, cuando estaba en mi camarote recordando cómo lo compartíamos.

—Estoy segura de que fuiste a la costa y encontraste compañeras adecuadas para aliviar tus sufrimientos —replicó ella con sarcasmo.

—Pareces celosa, pequeña —rió Sasuke.

—¡Qué absurdo! —respondió ella con furia volviéndose hacia él—. Ya te he dicho muchas veces que encuentres otra.

—Es bastante fácil de decir, aunque no sé qué significa. Piensa en tus verdaderos sentimientos, Sakura. Tú también me has echado de menos, ¿verdad?

—Por supuesto que no. ¿Cómo podría echarte de menos cuando rogaba que nunca volvieras? ¿Por qué has vuelto tan pronto? ¿Encontraste a don Katsu?

—No, he decidido esperar algún tiempo antes de continuar la búsqueda.

—¿Cuánto tiempo? —preguntó ella.

—Estos meses que he estado lejos de ti me parecieron una eternidad. He decidido quedarme aquí hasta que se cumpla el año que prometiste.

—¡Pero... pero no puedes! —dijo ella—. Cuando te di mi palabra de que me quedaría un año aquí, era sólo porque tú dijiste que no estarías aquí todo el tiempo.

—Y no he estado. Ya has pasado dos meses y medio sola, y es suficiente.

—Entonces supongo que debo agradecerte estar encinta, porque me liberarán de tus avances cuando se acerque el momento. Entonces tendrás que encontrar otra —replicó ella con agudeza, poniéndose de pie para vestirse.

Sasuke frunció el ceño al oír estas palabras, mientras buscaba su propia ropa. ¿Y si el niño nacía con cabellos rojos? Peor aún, ¿si el niño tenía los cabellos rosas de Sakura y ojos jades? Entonces nunca sabría la verdad.

—Pareces preocupado, capitán —se burló Sakura mientras se inclinaba a recoger un ramillete de flores de color violeta—. ¿Encuentras difícil decidir quién me remplazará?

Él la miró unos momentos, y sus ojos se detuvieron en su cintura. Ahora que estaba vestida, su forma parecía la misma que cuando la dejara.

—Vi a Anko en la casa -comentó Sasuke, ignorando la pregunta—. Ya ha engordado mucho, y tú has cambiado muy poco. ¿Estás segura de que hace cuatro meses y medio que estás encinta?

Sakura rió alegremente, y sus ojos verdes brillaron.

—Te gustaría creerlo, ¿verdad? Entonces no tendrías dudas de que el niño es tuyo. Bien, lamento desilusionarte, Sasuke, pero mis cálculos son correctos. Ahora, si no te molesta, regresaré a la casa.

Él la tomó de los brazos mientras ella trataba de seguir adelante, dejando caer las flores que llevaba.

—¿Pero dices que el niño es mío? —preguntó.

—Te he dicho que sí.

—Dijiste que mentías sobre Sabaku no, pero en realidad podrías estar mintiendo ahora.

—Puedes creer lo que quieras, Sasuke. Ya te dije antes que no me importa.

—¡Pero sí que importa! —Su voz se hizo más aguda, y sus manos apretaron los brazos de Sakura—. ¡Por amor de Dios, Sakura! No puedo seguir soportando esta duda. ¡Júrame que ese niño es mío!

Había dolor mezclado con rabia en sus ojos, y Sakura sintió un fuerte deseo de ver en ellos el alivio que sólo ella podía darle. Pero entonces recordó por qué había sembrado la duda en su mente al principio. Quería hacerlo sufrir, y sufría. No eliminaría la duda para darle paz del espíritu. Esta era una venganza por todo lo que él la había hecho sufrir.

—Todas las veces que te di mi palabra, Sasuke, fue porque no me diste otra opción. Pero ahora la tengo, y elijo no darte mi palabra sobre esto. Te dije que este niño es tuyo... esto es suficiente.

—¡Maldita seas, mujer! —se enfureció él, y sus ojos se convirtieron en cristales de hielo—. Si no lo juras, es porque no puedes hacerlo. ¡Ese niño debe ser de Sabaku no!

—Puedes creer lo que quieras —susurró Sakura. Su corazón latía tan fuertemente que ella pensaba que él debía oírlo.

Sasuke levantó la mano para golpearla, pero luego la bajó.

—¡Vuelve a la casa! —ordenó con voz fría y amenazadora, y le volvió la espalda.

Sakura pasó junto a él sin decir palabra, y siguió por el sendero. Poco después, miró hacia atrás para ver si él la seguía, pero en el sendero no había nadie, sonrió para sí triunfante. Había pasado lo peor de la tormenta, y el resto sería agradable. Él estaría enojado y frustrado, tal vez tanto que no desearía compartir una habitación con ella... Eso esperaba Sakura. Sentía que su libertad se acercaba.

Joco Martel la esperaba ansiosamente junto a la puerta del fondo.

—¿Vio al capitán? ¿Todavía... todavía está enojado porque la dejé ir sola al bosque? —preguntó rápidamente.

—¿Por qué habría de estar enojado por eso?

—Tenía miedo de que usted se acercara a la montaña porque allí hay cerdos salvajes —replicó Joco.

—El capitán estaba tan alterado, que logró alterar a otros —rió Anko—. Tu madre está preocupadísima desde que te fuiste.

—Esto es ridículo. Yo estaba perfectamente bien... hasta que Sasuke me encontró —dijo Sakura con irritación.

Anko volvió a reír.

—Será mejor que se lo digas a tu madre. Está en el salón grande con Chiyo y con Kakashi.

—Ya voy. Y no te preocupes, Joco. Dudo de que el capitán hable de esto. Cuando vuelva, seguramente estará enojado, pero por algo completamente distinto.

Cuando Sakura entró en el comedor, vio a su madre paseándose frente a la chimenea. Chiyo estaba en el nuevo sofá con Kakashi, regañándole por dejar ir a Sasuke detrás de Sakura sabiendo que estaba tan enfadado.

—¡Sakura! —gritó Yuri cuando la vio—. Gracias a Dios, estás bien, si hubiera sabido que había animales salvajes en esta isla, jamás te habría dejado ir sola.

—Nunca me he acercado a la montaña, mamá, de manera que no había nada que temer. Siempre fui a un pequeño estanque que encontré en uno de los arroyos, pero no volveré a ir. —No después de lo que acaba de suceder allí, agregó con pena para sí misma. Era un hermoso lugar donde podría encontrar paz y olvidar a Sasuke.

—¿Dónde está Sasuke? —preguntó Kakashi distraídamente.

—Se quedó arriba... para tranquilizarse, creo.

—De manera que pelearon por el niño, ¿eh? —aventuró Kakashi, con un cierto brillo en sus ojos.

—¿Cómo... por qué piensa eso? —Preguntó Sakura.

—Sabía que sucedería, aunque pensé que él esperaría hasta después de...

—¡Kakashi! —gritó Chiyo—. ¡No hable así!

Kakashi miró a Chiyo, ySakura y Yuri hicieron lo posible por contener la risa. Kakashi no estaba acostumbrado a aceptar órdenes de una mujer, ni siquiera de una que le recordara a su madre.

—Bien... Creo que subiré a mi habitación a descansar un rato —dijo rápidamente Yuri—. Me reuniré más tarde con ustedes para la cena —añadió y se fue.

Sakura sonrió.

—Ahora que mamá se ha ido arriba, puede usted continuar con lo que iba a decir, monsieur. Y tú cállate, Chiyo.

—Ahora... ahora ya no me acuerdo —dijo Kakashi, incómodo y se puso de pie—. Y tengo cosas que hacer, de manera que...

—Vamos —interrumpió Sakura—. Terminemos nuestra conversación. Usted iba a decir que pensaba que Sasuke esperaría hasta que se hubiera acostado conmigo.

—¡Sakura! —exclamó Chiyo.

—Ah, silencio, Chiyo. Sé que de estas cosas no se habla, pero no estamos exactamente en un salón de Francia. —Sakura se volvió hacia Kakashi—. Tenía usted razón, monsieur, ¿cómo sabía que discutiríamos?

—Hace meses que Sasuke está atormentado. El joven tonto teme no ser el padre del bebé, yesto le preocupa mucho, sospeché que hablaría de ello con usted en cuanto volviera. —Kakashi se interrumpió, yse mostró un poco molesto—. Él... él es el padre, ¿verdad?

Sakura riócon suavidad.

—Por supuesto que sí, se lo dije, pero creo que prefirió no creerme.

En ese momento, oyeron la voz furiosa de Sasuke, y un momento después el mismo Sasuke abrió la puerta de un golpe, estrellándola contra la pared. El golpe hizo eco en el salón, se detuvo y miró con furia a los que estaban junto a la chimenea; luego se acercó a la mesa y se sentó pesadamente en una silla, dándoles la espalda.

Sakura decidió no enfurecerle más con su presencia, y subió en silencio la escalera, esperando que él no lo advirtiera. Chiyo, asustada, siguió a Sakura. Kakashi se dejó caer en una silla junto a su amigo.

—Sakura dice que tú no crees que el niño sea tuyo —aventuró Kakashi.

Sakura oyó a Kakashi, y se detuvo a escuchar en lo alto de la escalera, escondida por la pared del corredor. Cuando Chiyo llegó al corredor, se sorprendió al encontrar a Sakura parada allí, pero cuando la joven le hizo señas de que guardara silencio, ella también permaneció allí para escuchar la conversación en el salón.

—¡Sé que ese niño no es mío! —gruñó Sasuke, con su rostro convertido en una máscara de amarga frustración.

—No eres razonable, Sasuke.

—¡Sí que lo soy! Esa mujer miente según le conviene, lo mismo que yo. Pero cuando da su palabra, sé que es cierto, y en este caso no quiere darla.

—La has insultado pidiéndole su palabra —exclamó Kakashi.

—¡Ja! ¡Haré algo más a esa mujer que insultarla! Hoy quería pegarle para que me dijera la verdad, y aún pienso hacerlo.

—No puedo permitirte que lo hagas, Sasuke —dijo Kakashi con calma.

—¿No puedes? —dijo Sasuke asombrado—. ¿Desde cuándo defiendes a esa arpía? Me has dicho muchas veces que necesita unos azotes.

—Cuando los necesitaba, sí, pero ya no los merece. Y aunque así fuera, tendría que detenerte, por su estado. Podrías dañar al niño... a tu hijo... y yo no puedo permitírtelo.

-¡Te digo que no es mío! Sé que Sakura miente, sólo que no sé por qué. Cuando nazca el niño, verás la verdad de mis palabras. Y tal vez entonces descubrirás el juego de Sakura.

—¡Tal vez entonces verás que has sido un tonto! —dijo Kakashi con dureza.

Más tarde, cuando Sakura bajó a cenar, pasó junto a Kakashi en la escalera. Se detuvo frente al hombre corpulento y le dio un ligero beso en la mejilla para agradecerle el haberla defendido. Kakashi se sonrojó considerablemente, y Sakura siguió bajando la escalera mientras él sacudía la cabeza, desconcertado.

Sasuke estaba solo en la cabecera de la mesa. No había visto a Sakura besar a Kakashi, y la miró con furia cuando ella se sentó junto a él en el lugar habitual. No dijo nada mientras rápidamente llenaba su plato. Ella esperaba que él volviera a regañarle, de manera que se sintió aliviada por su silencio.

Sasuke no tocó la comida, pero bebió una enorme cantidad de ron aunque, sorprendentemente parecía permanecer sobrio. Cuando llegaron los demás, la comida continuó en silencio, y Sakura comió rápidamente para poder volver a su habitación.

Después de varias horas tratando inútilmente de dormir Sakura oyó pasos en el corredor frente a su puerta. Estaba segura de que Sasuke no quería compartir su cama con ella esa noche, pero a medida que pasaban los minutos, comenzaba a sentires inquieta, preguntándose por qué él seguiría parado frente a la puerta.

Luego la puerta se abrió de pronto, golpeando contra la pared, y Sakura se sentó rápidamente en la cama. Cuando vio la expresión de Sasuke, supo que había golpeado la puerta a propósito, para asegurarse de que ella estaba despierta, cerró la puerta silenciosamente y la miró con frialdad unos momentos antes de aproximarse lentamente a la cama. Se apoyó contra el poste y siguió mirándola.

Furiosa y molesta, ella comenzó a hablar, pero él la detuvo con su propia voz profunda.

—Quítate la enagua, Sakura. A pesar de todo lo que has dicho y hecho hoy, te haré el amor. —Hablaba con tranquilidad, pero sus ojos tenían un color oscuro muy frío.

Sakura no podía creer lo que oía. Él estaba furioso y sin embargo la deseaba. ¿O sólo quería castigarla?

Ella comenzó a protestar, pero él la interrumpió antes de que pudiera decir una palabra, con voz amenazadora.

—Esto no es un ruego Sakura, sino una orden. ¡Quítate la enagua!

Sakura temblaba, aunque en la habitación hacía calor. Sasuke había dicho a Kakashi que quería arrancarle la verdad, y Sakura se dio cuenta con temor de que ni Kakashi ni nadie podían protegerla ahora.

Sakura se quitó la camisa, y luego subió las mantas para cubrir su desnudez. Podía soportar cualquier cosa, pero tenía que pensar en su bebé y protegerlo de cualquier daño.

Aunque había hecho lo que él quería no había satisfacción en el rostro de Sasuke. Su expresión era fría, aun cuando le arrancó las mantas y comenzó a quitarse su propia ropa con deliberada lentitud.

—Quiero que comprendas que yo no toleraré tu fingida resistencia, Sakura —dijo con dureza—. Te he tratado con cuidado porque eres hermosa y porque no quería estropear tu belleza. He sido blando contigo, y ese fue mi error.

Se tendió a su lado en la cama y la atrajo hacia él, desafiándola a que se resistiera. Su voz era un susurro mortal mientras continuaba.

—Eres mía. Tendría que haberte azotado la primera vez que mostraste tu terrible genio. Tendría que haberte encadenado a mi cama para que no pudieras escapar. Pero, sobre todo, jamás tendría que haber puesto mis ojos en ti. De esa manera no tendría este dolor que me consume. Y, Dios mío, aunque sé que llevas al bastardo de Sabaku no, no puedo dejar de desearte.

Sus labios se posaron en los de ella lastimándola con su salvaje presión. Sakura sabía que Sasuke estaba destrozado. La odiaba, la odiaba por muchas razones, pero inevitablemente, su necesidad de ella superaba su odio. Y después de unos momentos, también ella se perdió en el deseo.

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Hola ¡ ! :D

Hace mucho tiempo que no les escribo :/ Gomen. Bueno espero que estén todo bien y quiero avisarles que sólo quedan dos capis :/ Para los que leen otras de las historias que subo, quiero decirles que no abandonaré ninguna y que tengo muchas historias para compartir con ustedes, pero primero me ocuparé de las que ya están en proceso :D ¡DE VERAS !

Bueno me despido.

Cuídense, SAYO ¡ !... xD

Sasusakufan: Hola, me alegra que te este gustando la historia. Si tienes razón Sakura fue muy ingeniosa con la demostración que le hizo a Sasuke, lo amo pero se lo merecía, un poquito :D U.U No querías ver a Saku embarazada y ahora te traje la mala noticia de que si GOMEN :/ Esperó de verdad que también te haya gustado este capi. Cuídate un beso.

a92: Hola :D Gracias por comentar y estoy feliz de que te este agradando el fic xD Espero que te haya gustado este nuevo capi. Cuídate, un beso.

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LES AGRADEZCO A TODOS LOS QUE DEJARON SUS COMENTARIOS O QUE SÓLO LEYERON, Y QUE TAMBIÉN PUSIERON ESTA HISTORIA EN SUS FAVORITOS Y ALERTAS… ¡MUCHAS GRACIAS!...=)

*sasusakufan*

*nancyclaudinec*

*Sakuita 01*

*Allemande10*

*Elaine Haruno de Uchiha*

*Candice Saint-Just*

*DULCECITO311*

*alebredi*

*SASU saku 15 ITA*

*a92*

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Por favor dejen sus "REVIEWS", positivos o negativos, esa es mi forma de saber si continuo o no… ONEGAI… :) no necesitan tener una cuenta para poder comentar. Hasta pronto.

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"…SaKu-14…"