Aclaración:

1-Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestado para poder adaptar esta historia.

2-La historia es una adaptación a SasuSaku, ya que la original esta escrita por Johanna Lindsey se titula "El amor del pirata" por lo que ESTE FIC NO ME PERTENECE.

3-La narración esta de parte de Sakura, al igual que los pensamientos.

Advertencias:

CATEGORÍA: "M".

Esta historia contiene:

AU- LENGUAJE UN POQUITO VULGAR- LEMON- LIME- VIOLACIÓN…

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Capítulo once:

El matrimonio de Yuri y Ryan fue bendecido en medio de la peor tormenta de la temporada, y lamentablemente, la lluvia los atrapó en el camino de vuelta desde el pueblo. Estaban empapados cuando llegaron a la casa, pero tan absortos el uno en el otro que apenas se daban cuenta.

Ryota estaba de muy buen humor, porque Yuri era su esposa y ahora nada los separaría, cuando entraron en el salón ni siquiera la actitud resentida de Sasuke pudo afectar su estado de ánimo.

—Veo que no has perdido el tiempo en hacer cosas honorables —comentó Sasuke cuando Yuri subió a cambiarse sus ropas mojadas.

—Es lo que yo quería hacer, muchacho —replicó Ryota. Se quitó su camisa húmeda y fue a pararse junto al fuego.

—¿Qué habrías hecho si el padre Hidan no hubiera podido darte su bendición, Ryota? —dijo Sasuke—. Después de veinte años de separación de esta señora, ¿te habrías reprimido hasta haber encontrado un sacerdote?

—Es difícil decirlo. Pero me alegro de no haber tenido que pasar esa prueba. Ahora como somos casi del mismo tamaño, muchacho, ¿qué te parece si me prestas unas ropas secas?... Dejé mis cosas en el barco.

—Debería dejar que te murieses de frío.

—Bien, ¿así tratas al abuelo de tu hijo? —rió Ryota.

—¡Por Dios! No hace falta que me recuerdes que mi hijo te tendrá a ti como abuelo —gruñó Sasuke—. Y no creo que puedas decir nada aquí que concierna al niño.

—Olvidas, Sasuke, que Sakura se marchará a final de año, y el niño se irá con ella.

—¡Maldito seas, Ryota! ¿Es necesario que me des una puñalada cada vez que vuelves? —se enfureció Sasuke, y dio media vuelta dejando a Ryota con una sonrisa alegre en los labios.

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Sakura no recordaba haber visto a su madre tan feliz. Estaban todos sentados alrededor de la mesa todavía, aunque habían terminado de comer un rato antes. Pero Ryota, mientras retenía una mano de Yuri entre las suyas, relataba lo que le había sucedido en esos últimos veinte años, y que lo mantuvo alejado de Francia.

Ya había hablado de los primeros cinco años que le llevó amasar una pequeña fortuna. Hasta Sasuke escuchaba con atención, porque nunca había oído hablar a Ryota del pasado. Sasuke recordó que había pasado la mayor parte de su tiempo dedicado a ahorrar suficiente oro como para comprar el "Dama Alegre". Sólo que, sus metas eran completamente diferentes. Mientras Ryota había amasado su fortuna por amor, Sasuke había ahorrado con odio, porque sólo con su propio barco podía buscar a Katsu a voluntad.

—Y así, después de cinco años, emprendí el regreso a Francia —continuó Ryota—. Pero después de siete semanas en el mar, me asaltó la peor tormenta que haya visto jamás. Durante dos días y una noche el pequeño navío recibió los embates de la tormenta, con grandes daños. Cuando terminó la tormenta, se descubrió que seis hombres habían caído al agua, y que el barco navegaría a muy poca velocidad durante el resto del camino. Entonces, dos días después, tuvimos la desgracia de ser avistados por el primer barco. Eran turcos, y despiadados. Al ver el estado en que nos encontrábamos, no perdieron tiempo en atacamos, y en menos de una hora nos abordaron, se desilusionaron al ver la pequeña carga que llevábamos, y rápidamente ordenaron vender a todos los que estuviesen vivos, para que su aventura valiese la pena. Los nueve años siguientes fueron infernales, y sólo nuestra voluntad de volver a Francia me mantenía vivo al comienzo. Pero el estar atado a los remos de un navío egipcio por lo que parecía una eternidad disminuyó lentamente mi voluntad de vivir. Sin embargo, finalmente llegó la oportunidad de escapar, y la aproveché, junto con el resto de las pobres almas que apenas podían llamarse hombres. Habíamos elegido el momento adecuado, porque ese barco llevaba una fortuna en oro y joyas ese día. Cuando se dividió entre los que quedábamos, descubrí que era más rico que cuando los turcos nos atacaron. Tardé un año en recuperar las fuerzas, pero en el fondo de mi corazón sentía que era demasiado tarde para volver a Francia. Compré un barco, y durante tres años libré mi propia guerra personal contra cualquier navío turco o esclavo que encontrara. Pero luego perdí mi gusto por la venganza. De manera que en estos últimos dos años alquilé mi barco para llevar carga a las colonias, y luché con algunos barcos que tenían intenciones de atacarme, pero seguí buscando cualquier barco que llevara esclavos, para atacarlo y liberar a los pobres diablos que viajaban adentro.

—Si al menos no hubieras sido tan orgulloso cuándo éramos jóvenes, Ryan, podríamos haber estado juntos todo este tiempo —dijo Yuri con pena, pensando en todo lo que había sufrido Ryota, y en todo el tiempo que ella había dedicado a un matrimonio sin amor.

—Lo hecho, hecho está —replicó Ryota, llevándose la mano de ella a sus labios—. Ahora estamos juntos, de manera que olvidemos el pasado. —Miró a Sasuke y sonrió amablemente. -Si no fuera por ti, muchacho, jamás habría vuelto a encontrar a Yuri. Te agradezco profundamente que la hayas traído aquí.

—Eres un maldito hipócrita, Ryota —replicó Sasuke, aunque sin dureza—. Tu señora sólo está aquí porque traje aquí a su hija. ¿También me agradecerás que haya traído a Sakura aquí?

—¿No puedes olvidar tu resentimiento, Sasuke, y comprender que lo que hago sólo lo hago por el bien de Sakura?

—Lo que veo es que no tuviste reparos en hacer el amor con una mujer casada, dejarla encinta, y luego abandonarla —dijo Sasuke con amargura—. ¿Dónde estaban entonces tus altos principios?

—Yo amaba a Yuri y su matrimonio no era feliz. Si hubiera tenido los medios, la hubiera llevado conmigo entonces, pero no lo hice. Siempre quise casarme con ella, de manera que aun entonces mis intenciones eran honorables. ¿Puedes decir lo mismo? —preguntó Ryota con calma.

—¿Por qué estás tan obsesionado con el matrimonio? —preguntó Sasuke, exasperado—. Yo me he ocupado de Sakura y he respondido a todas sus necesidades. Los dos estábamos contentos con las cosas como estaban... hasta que tú llegaste.

—Respóndeme a esto, Sasuke. Si tuvieses una hija… y es posible que pronto la tengas... ¿permitirías que algún joven malandrín la convirtiera en su mujerzuela?

—¡Sakura no es una mujerzuela! —explotó Sasuke, con el rostro lívido.

—Tampoco está casada.

—¡Casada! Estoy harto de oír esa maldita palabra —se enfureció Sasuke, con sus ojos tan peligrosos—. ¿Acaso el matrimonio garantiza que un hombre y una mujer sean fieles entre sí? ¡No! ¿Es testimonio de un amor eterno? En la mayoría de los casos, no. Permite que a un niño no se le llame bastardo, pero hay demasiados bastardos en este mundo, en todo caso.

—Para ti es fácil hablar mal del matrimonio, Sasuke, porque sólo la mujer es condenada por vivir ¡legalmente con un hombre —le recordó Ryota.

—¿,Quién condena aquí a Sakura? —preguntó con furia Sasuke—. ¡Vive entre amigos!

—Los amigos serían los primeros en tenerle lástima —respondió Ryota.

—¡Basta, por favor! —gritó Sakura, que ya no podía seguir escuchando. Se levantó de la mesa y fue a pararse junto a la chimenea, mirando las movedizas llamas amarillas.

—Sakura tiene razón, Ryan –regañó Yuri en un susurro—. Si tú y Sasuke insisten en hablar tan francamente de ella sin pensar en sus sentimientos, tendrán que hacerlo cuando ella no pueda oírlos.

—Su consejo es innecesario, madame, porque no habrá más discusiones sobre el tema —dijo fríamente Sasuke.

Se levantó de la mesa y se aproximó lentamente a Sakura, que estaba junto al fuego. Cuando quedó detrás de ella apoyó sus manos en los hombros de la muchacha, y sintió que ella se endurecía.

—¿Estás bien, pequeña? —preguntó Sasuke en voz baja.

—Sí.

Su respuesta fue sólo un suspiro y dejó dudas en su mente. La obligó a volverse para mirarla y vio que sus ojos verdes estaban llenos de lágrimas, y sintió un dolor en el corazón. Enjugó sus lágrimas, y retuvo el rostro de Sakura entre sus manos.

—Lo siento, Sakura. No quiero que pienses que como no quiero casarme contigo, no te deseo ya. Te deseo más que nunca. ¡Pero el matrimonio me asusta mortalmente! He vivido mi vida en forma independiente, sin responsabilidades... Sin necesitar a nadie.

—No tienes que dar explicaciones —dijo Sakura con una sonrisa. Y ahora sus ojos eran profundamente verdes—. He llegado a quererte mucho, Sasuke. En realidad, creo que estoy enamorada de ti. Pero no quiero que te cases conmigo si no lo deseas con todo tu corazón. Es suficiente que lo desees

Él la besó tiernamente, sintiendo que se le había concedido su mayor deseo, pero sintiéndose a la vez inseguro. Sabía que deseaba a Sakura, pero no sabía si la amaba o no, como nunca había estado antes enamorado de una mujer, no estaba seguro de que lo que sentía por ella fuera amor o solamente deseo. Pero se sentía muy feliz de que ella lo amara.

—Sakura, cuando el año haya terminado, ¿quieres quedarte aquí conmigo... vivir conmigo como hasta ahora? —aventuró Tnstán.

—Si fuera solamente por mí, me quedaría. Pero no creo que Ryota me lo permita

—replicó Sakura.

—¡Otra vez Ryota! Tu maldito padre estirará demasiado la cuerda —dijo Sasuke con dureza mientras la soltaba.

—No puedo decir nada, Sasuke. Es mi padre, y sólo desea lo mejor para mí.

—¡Lo que él considera lo mejor!

—Tal vez, pero está en su derecho —replicó Sakura, bajando los párpados.

Echó a andar, pero él le tomó la mano para retenerla.

—¿Adónde vas?

—Todos se han acostado ya, iba a hacer lo mismo.

Él vio que el salón realmente había quedado vacío; entonces volvió a mirar a Sakura, con un ruego en los ojos.

—Si no podemos ir arriba juntos, quédate aquí conmigo un poco más.

El dolor de Sakura ante el estallido de Sasuke desapareció con sus tiernas palabras. Permitió que la condujera al sofá, donde él se acostó junto a ella rodeándola con sus brazos. Mientras la abrazaba suavemente, oían los truenos afuera, y el crujido de los leños en la chimenea.

—¿Si voy en mitad de la noche, no gritarás? —preguntó Sasuke.

—Será difícil porque mamá ha llevado sus cosas a la habitación contigua a la tuya, y Ryota llevó tu arcón a la habitación de mamá. Quiere que estemos lo más separados que sea posible.

—¡Ya ni siquiera soy dueño de mi propia casa! —exclamó Sasuke, exasperado—. ¿Tú no puedes hacer nada, Sakura?

—Mañana hablaré con mamá y le pediré que hable con Ryota. Tal vez logre que él cambie de opinión.

—Supongo que tendré que contentarme con eso por esta noche. Pero será mejor que Ryota ceda.

Sakura se despertó con un estremecimiento, diciendo el nombre de Sasuke con voz atormentada. Miró el lugar vacío de la cama junto a ella, y la pesadilla que la había despertado persistía vívidamente en su mente. Hacía años que soñaba en entregarse a Sasuke, en brindarle todo su amor, y de pronto él la dejaba sin pensarlo dos veces porque otra mujer lo atraía. Lo que Sasuke había dicho en su sueño revivía en su mente:

—Debes recordar que nunca nos casaremos. Esto tenía que terminar alguna vez.

Ella miró a su alrededor en la habitación, muy oscura por la tormenta de afuera, y de pronto se sintió deprimida y al borde de las lágrimas. Sasuke la deseaba, estaba segura, pero ¿por qué no podía amarla también? Finalmente había admitido ante sí misma y ante Sasuke que ella lo amaba, y comenzaba a darse cuenta de la intensidad de ese amor. Le había dado una oportunidad de declarar lo que sentía por ella, pero sólo le había pedido que se quedara con él.

El no hablaba de una emoción mayor que el deseo. ¿Sakura podría contentarse con eso? ¿Soportaría darle todo su amor y no recibir amor como retribución? Pero, por otra parte, ¿podría soportar dejarlo y no volver a verlo nunca?

Sakura apartó las mantas para levantarse, y tembló cuando una brisa fría entró por la ventana abierta. Habría sido una mañana perfecta para quedarse en la cama, disfrutando del calor de Sasuke. Esperaba que él la echara de menos tanto como ella a él. También esperaba poder hablar con Ryota y terminar con la separación.

Sakura se puso lentamente un vestido celeste con mangas anchas y largas para mantenerse abrigada durante ese día de tormenta. El cielo estaba cubierto de pesadas nubes grises, y no sabía qué hora de la mañana era, pero esperaba encontrar sola a su madre en su dormitorio.

Después de dar unos pasos para llegar a su habitación, se desilusionó al encontrarla vacía. Pero al comenzar a bajar la escalera, apareció su madre en el extremo del corredor.

—Es tan tarde que comenzaba a preocuparme por ti —dijo Yuri.

—Me he dormido —dijo Sakura—. Me quedé despierta hasta muy tarde anoche. —Sakura se mordió el labio, preguntándose si su madre le sería útil para hablar con Ryota. —Mamá, ¿podemos hablar en mi habitación?

—Sí, por supuesto.

Entraron y Sakura indicó a su madre que se sentara, mientras ella misma se acercaba a la pequeña cuna de madera que Sasuke había hecho la semana anterior. La tocó suavemente, y la puso en movimiento; luego se volvió a mirar a su madre.

—Mamá, debes saber que estoy muy contenta de que tú y Ryota os hayáis reencontrado, de que finalmente estés casada con el hombre que siempre has amado.

—Tú no pareces tan contenta, ma chérie –replicó Yuri con una ligera sonrisa.

—Estoy contenta por ti, mamá, pero creo que empiezo a tener pena por mí misma. Tú encontraste la felicidad cuando Ryota llegó aquí, pero yo perdí la mía.

—Sé que estás alterada me sorprendí cuando Ryan prohibió que tú y Sasuke compartierais la habitación. Pero tal vez esta separación sea lo mejor para ti, Sakura. Ryan está seguro de que si Sasuke se ve impedido de estar contigo durante suficiente tiempo, hará lo que debe hacer. Hablamos de esto largo tiempo anoche.

—Sasuke y yo también hablamos, mamá. El no se casará conmigo, porque teme un compromiso tan total. Pero me ha pedido que me quede aquí con él, sería lo mismo que si estuviésemos casados, sólo que sin los juramentos.

—¡Pero él podría dejarte en cualquier momento!

—También podría hacerlo si estuviéramos casados.

—Un hombre siente una responsabilidad diferente hacia su esposa —replicó Yuri.

—Lo sé. Pero Sasuke está en contra del matrimonio, y no admitirá que nadie lo empuje a él. Pero yo le amo, mamá, y quiero permanecer aquí con él.

—Entonces finalmente lo has admitido. Sabía que le amabas, aunque seguías hablando tan intensamente de tu odio —dijo Yuri con un gesto de asentimiento.

—Tal vez ya le amaba entonces, pero estoy segura de amarle ahora. ¿Hablarás con Ryota? —pidió Sakura esperanzadamente—. No deseo esta separación, mamá. Sólo ha sido una noche, y ya echo terriblemente de menos a Sasuke. Quiero estar junto a él por la noche. Quiero la seguridad de que aunque mi embarazo está tan adelantado, él aún desea que yo esté con él.

—Hablaré con tu padre en cuanto estemos solos —dijo Yuri. Se puso de pie, tomó a Sakura en sus brazos, y la abrazó—. Pero si Ryan no cede, no abandones la esperanza, Sakura. Creo que subestimas el poder que tienes sobre Sasuke.

Sakura bajó a cenar esa noche con el corazón atribulado, su madre había hablado con Ryota por la tarde, y había dado su respuesta a Sakura. Ryota confiaba en que si se le daba suficiente tiempo para pensar en ello, Sasuke vería que el matrimonio era el único camino. Sakura sólo deseaba poder compartir parte de la confianza de Ryota. Pero ahora tendría que decir a Sasuke que su madre no había logrado hacer cambiar de idea a Ryota.

Aunque Sakura comía con lentitud deliberadamente, el tiempo parecía volar y, muy pronto, llegó el temido momento. Yuri llevó a Ryota a su habitación e hizo una señal a Chiyo de que subiera porque sabía que Sakura y Sasuke necesitaban privacidad.

Sasuke había estado cordial durante todo el día, y Sakura sabía que esperaba que ella le dijera que Ryota había cedido. ¿Se pondría furioso nuevamente?

Sakura se levantó de la mesa sin esperarlo, y fue hacia el sofá. Además de la perspectiva de discutir con Sasuke, esa noche se sentía incómoda, y le dolía la espalda.

El torrente de lluvia había continuado todo el día y aún seguía golpeando sobre la casa, se veían relámpagos desde las ventanas altas, y de vez en cuando un trueno rompía el silencio en el gran salón.

Sakura miraba el fuego concentrándose en las llamas danzarinas. Sasuke estaba sentado en el sofá frente a ella y le tomó la mano.

—¿Tu madre habló con Ryota? —preguntó a Sakura.

—Sí

—¿Y?

Sakura respiró profundamente.

—No ha cambiado de idea, Sasuke. Por alguna razón, confía en que quien cambie de idea seas tú.

—Entonces esto es un desafío —dijo Sasuke con calma. Sakura sabía que era una orden. Y él agregó—. Eres ya una mujer, Sakura. Tienes edad como para hacer lo que te parezca.

—Si mi padrastro nos hubiera prohibido vivir juntos, haría lo que tú me pidieras, porque Nibori no me quería. Pero Ryota es mi verdadero padre y me quiere. No lo hace para molestarle, Sasuke, porque eres su amigo, a pesar de lo que tú puedas pensar. Piensa que hace lo correcto, y yo no me opondré a sus deseos.

—¿Esta es tu voluntad? —preguntó Sasuke, herido.

—Detesto dormir sola en tu cama, Sasuke. Te deseo allí conmigo, cuando te dije ayer que creo que estoy enamorada de ti, tendría que haber sido más explícita. Te amo con todo mi corazón, Sasuke. Eres mi vida —dijo Sakura, y se interrumpió. Luego prosiguió: -Dale tiempo a mi padre, Sasuke. Cuando vea que tú no cedes, tal vez él cederá.

Sasuke no respondió, pero la sorprendió tomándola en sus brazos y recostándose con ella en el sofá. Sin hablar, la retuvo abrazada largo tiempo hasta que oyeron que terminaba la tormenta a altas horas de la noche.

El mes de agosto estaba avanzado; era la época del año en que frecuentes huracanes asolaban el Caribe. Anko tendría su hijo a fin de mes. El último mes, sin ser feliz, había sido tranquilo. Sasuke no había vuelto a discutir con Ryota, y se le veía alegre, sorprendentemente, hasta había asistido a la celebración de la doble boda de Aleia y Kaino.

Sasuke estaba ocupado durante el día porque había decidido limpiar una gran área del bosque para plantar caña de azúcar. Como la mayoría de sus hombres deseaban establecerse y constituir una familia, estaban interesados en ayudar a limpiar la zona y a sembrar para luego participar en los beneficios. También habría que construir una pequeña refinería pero esto se haría después de la siembra.

Las cuatro últimas semanas habían sido muy lentas para Sakura. El peso del bebé la cansaba, y envidiaba a Anko que no tendría que esperar tanto. Pero también echaba de menos a Sasuke.

No podía dormir con él, y por la noche Sasuke estaba agotado después de trabajar todo el día. A menudo se dormía con ella en sus brazos. Entonces ella lo despertaba, caminaba con él hasta la escalera, pero allí, con un beso tierno, se separaban e iban a sus respectivas habitaciones.

En mitad de la noche, Chiyo despertó a Sakura para decirle que Anko tendría su bebé antes del momento esperado. Kakashi había terminado su casa que quedaba a menos de un kilómetro de la gran fortaleza de piedra y él y Anko se habían mudado a ella un mes antes.

Kakashi había venido a buscar a Chiyo, porque tenía mucho respeto por la vieja y deseaba que actuara como partera en lugar de una de las mujeres del pueblo. También despertó a Sasuke, y Chiyo, Sakura y Sasuke salieron rápidamente hacia la casa de Kakashi.

Chiyo examinó el estado de Anko, y luego salió del dormitorio para informar que pasarían muchas horas antes del nacimiento. Chiyo dijo a Sasuke que pusiera ollas de agua a hervir, y Kakashi, como no estaba en condiciones de ayudar en los preparativos, fue al pueblo a buscar a la madre de Anko.

El cielo ya estaba azul cuando Kakashi volvió a la casa. Sasuke, al ver el estado en que se encontraba, le alcanzó un jarro de ron. Era la primera vez que Kakashi asistía al nacimiento de uno de sus hijos, y no sabía qué hacer.

A medida que avanzaba la mañana, la madre de Anko se ofreció a preparar una comida, pero nadie tenía ganas de comer. De manera que llevó a los otros tres niños al patio para que no estorbaran a los demás. Cuando llegaron los primeros gritos del dormitorio, Sasuke vio palidecer a Kakashi y aún más con cada grito que se oía. El mismo se sentía mal porque nunca se había dado cuenta de cuánto sufría una mujer para dar a luz un niño. ¿Sakura tendría que soportar el mismo dolor?

Cuando llegó el último grito atormentado, Kakashi rogó a Dios que protegiera la vida de Anko, pensando que ella podría morir por tanta angustia. Hasta Sasuke se puso blanco, y se quedó inmóvil durante el silencio que siguió, hasta que se oyó claramente el llanto de un bebé. Entonces se calmó y palmeó la espalda de su amigo, pero Kakashi entró corriendo a la habitación, sordo a las felicitaciones que le ofrecían.

Minutos más tarde, Chiyo salió del dormitorio, riendo.

—¿Anko está bien? —preguntó Sasuke con impaciencia.

—Está bien —respondió Chiyo, tratando de no reír—. Y su hijo también. Fue un parto difícil.

—¿Y qué es lo divertido?

—Tu amigo Kakashi —volvió a reír Chiyo—. Dice que jamás volverá a tocar a su esposa. No quiso escuchar cuando le dijimos que probablemente nunca volverá a ser tan duro.

Sasuke se echó a reír con una franca carcajada, ahora que todo había terminado.

Durante los días siguientes, para diversión de todos, Kakashi no quería salir de la casa, porque se negaba a apartarse de Anko. Y Sasuke tomó una decisión que, según pensaba, era la única posible. No podía seguir agotándose cada día para luego no descansar bien de noche.

—Creo que me he portado como un tonto, ¿verdad? —dijo Kakashi cuando finalmente fue a ver a Sasuke.

—Lo menos que se puede decir —rió Sasuke—. Hasta he oído que has dicho que no piensas volver a tocar a tu señora.

Kakashi rió tímidamente.

—Bien, he cambiado de idea. Anko está muy bien. Esta mañana ya se ha levantado.

—¿Y tu hijo?

—Parece muy pequeño y frágil, pero me aseguran que así son los recién nacidos. Es tan pequeño que tengo miedo de tocarlo.

—Ya superarás eso, estoy seguro —replicó Sasuke con una sonrisa—. ¿Ya le han dado un nombre?

—Sí. Isamu... Isamu Hatake.

—Un hermoso nombre —comentó Sasuke; luego miró pensativamente a Kakashi—. He decidido que es hora de que salga para España. Katsu tuvo ocho meses para ocuparse de sus asuntos en el Caribe, y estoy seguro de que esta vez lo encontraré allí. Además traeré las máquinas que se necesitan para la refinería de azúcar.

—Muy bien. ¿Cuándo nos marchamos?

—Quiero que tú te quedes aquí, Kakashi —replicó firmemente Sasuke.

—¡Es demasiado peligroso que vayas solo! Aunque ahora no estamos en guerra, de todas maneras estarás en la patria de Katsu. ¡El tendrá esa ventaja!

—¡Por una vez, Kakashi, haz lo que te pido! Necesito que te quedes aquí más de lo que necesito que vengas conmigo. Tal vez no vuelva hasta el comienzo del nuevo año, y tú eres el único en quien puedo confiar. Sakura quiere quedarse, pero si Ryota trata de llevarla con él, debes impedirlo. No correré riesgos innecesarios si puedo estar seguro de que Sakura me esperará.

—Esto no me gusta, Sasuke —gruñó Kakashi—. Nunca has buscado a Katsu sin mí.

—¿Harás lo que te pido?

—Supongo que sí —respondió Kakashi de mala gana.

—Bien, sólo necesitas decir a Ryota que he ido a buscar las maquinarias, porque probablemente objetará lo demás. Me llevaré a los hombres que deseen ir, y también algunos de la tripulación de Ryota. Diré la verdad a Sakura, para que no se preocupe por mí a medida que pasan los meses. Si Ryota se muestra ansioso y comienza a insistir en que estoy muerto y no volveré, puedes decir por qué me he demorado.

—A Ryota no le gustará el riesgo que piensas correr cuando en su opinión deberías establecerte y casarte con su hija.

—El viejo oso está convencido de que lo haré tarde o temprano.

—¿Cuándo? —aventuró Kakashi, con sus ojos pardos fijos en el rostro de su amigo.

—Lo dudo —replicó rápidamente Sasuke, y luego, con una media sonrisa, agregó—. Sabes lo que siento con respecto al matrimonio. Has estado conmigo el tiempo suficiente como para conocerme bien.

—Sí, conozco tus opiniones sobre el matrimonio, pero recuerda también lo que dijiste cuando encontraste a Sakura, que sólo querías retenerla por poco tiempo.

Pronto cambiaste de idea sobre eso.

—No quería retenerla tanto tiempo porque sabía que apartaría mi mente de Katsu. Lo ha logrado, pero este viaje borrará a Katsu de mi mente para siempre.

—¿Cuándo piensas partir?

—Mañana por la mañana.

—¿Se lo has dicho a Sakura? —preguntó Kakashi.

—No, todavía no la he visto sola, pero...

—Entonces lo mejor será que termines con esto —interrumpió Kakashi viendo a Sakura que bajaba la escalera—. Os dejaré solos.

Sasuke se volvió y vio a Sakura. De pronto la idea de dejarla le pareció absurda, pero había tomado su decisión y la cumpliría.

Cuando ella se acercó a él, con el rostro iluminado de placer al verlo, él tomó su mano y la llevó a sus labios. Luego la condujo a su lugar favorito frente a la chimenea. Decidió que sería mejor ir directamente al grano, y hacerlo rápido, antes de que él mismo cambiara de idea.

—Saldré para España mañana por la mañana, Sakura. Y antes de que te opongas, debes saber que se trata de algo que no puedo dejar de hacer. Debo ver muerto a Katsu antes de que acepte establecerme.

—¿Entonces no estarás aquí cuando nazca tu hijo?

Sasuke se sorprendió de que ella tomara la noticia con tanta calma.

—No, pero esa es la única razón por la que me voy ahora. No creo que soporte pasar por lo que pasó Kakashi.

Ella sonrió débilmente.

—Te echaré de menos, Sasuke, pero no más que lo que te he echado de menos en este último mes. Tal vez será más fácil de esta manera. ¿Te irás por mucho tiempo?

—Sí, pero tú tendrás al niño para ocupar tu tiempo... los meses pasan rápidamente. Cuando yo vuelva, estarás esbelta nuevamente, y si tengo que raptarte de mi propia casa para hacer el amor contigo, lo haré.

Ella rió.

—Entonces esperaré con muchas ganas que me raptes.

—Yo también, pequeña. En realidad, la idea me sostendrá en los meses que vienen.

Sakura dominó cuidadosamente sus emociones al decir adiós a Sasuke, lo mismo que el día anterior, cuando él le hablara de su partida. Pero en cuanto el barco partió estalló en lágrimas.

Sentía en el fondo de su corazón que pasaría mucho tiempo antes de que él volviera, porque no encontraría a don Katsu. En algún momento Sasuke terminaría su viaje y volvería a casa, pero volvería a marcharse nuevamente para buscar a ese hombre que jamás encontraría. Pero Sakura no deseaba que Sasuke tuviera éxito. Prefería sufrir sus largas ausencias y no que encontrara a don Katsu y tal vez también a su propia muerte.

Durante dos días, Sakura se preocupó por don Katsu y el misterioso lugar donde estaría, interrogó a Kakashi sobre esto, pero como Sasuke no le había dicho nada, tampoco se lo diría Kakashi. Lo único que podría pensar era que tal vez Katsu fuera el responsable de la cicatriz que Sasuke llevaba en la cara. Pero, ¿cómo podía Sasuke odiar tanto al hombre por la cicatriz que ni siquiera menoscababa su apostura?

Era como si al pensar tanto en don Katsu, Sakura lo hubiese atraído a la isla, porque en la tarde del segundo día entró audazmente en la pequeña bahía. Nadie sabía que había venido hasta que entró como una tromba por la puerta de la casa de Sasuke, seguido por doce hombres armados.

Sakura lo vio mientras bajaba la escalera, y al ver a don Katsu, se sintió forzada a sentarse por un repentino mareo. Ryota estaba a la mesa con Yuri, y se puso de pie rápidamente, listo a luchar aunque no estaba armado.

Yuri miró con sus grandes ojos a don Katsu, reconociéndolo, porque recordaba la conversación que había tenido con Sakura sobre Sasuke y podía adivinar muy bien la razón de Katsu para estar allí.

Don Katsu se quitó el sombrero e hizo una reverencia muy formal a Yuri.

—Es un placer volver a verla, madame —dijo en francés.

—¿Quién es usted, monsieur? —preguntó furiosamente Ryota en el mismo idioma, antes de que Yuri pudiera decir una palabra.

—Don Katsu —dijo él con una sonrisa sin humor.

—¡Katsu! Entonces usted es el que busca Sasuke.

—Sí, y he venido aquí para terminar con su búsqueda —replicó don Katsu. Desenvainó la espada y dijo—: Bien, ¿dónde está ese joven que quiere verme muerto?

—Llega usted demasiado tarde, porque Sasuke partió hace dos días. No volverá hasta dentro de por lo menos un mes —replicó Ryota. Caminó alrededor de la mesa para enfrentarse con el hombre.

—Vamos, monsieur —dijo don Katsu con impaciencia—. ¿Debo buscarlo por toda la isla? Su barco está anclado en la bahía. Por consiguiente, debe estar él allí.

—¡Ese barco es mío! —replicó acaloradamente Ryota—. No tengo razones para mentirle, Katsu. ¡Nada me importa de su discusión con Sasuke!

Sakura bajó lentamente el resto de la escalera y atrajo la atención de don Katsu.

—Ah, mademoiselle Haruno. Veo que no ha podido escapar a Sasuke otra vez.

—Ya no deseo escapar de él, monsieur —replicó Sakura, tratando de permanecer tranquila.

—Gaara se sentirá desilusionado —dijo don Katsu.

Miró el gran vientre de Sakura y preguntó:

—¿Sasuke es el padre de su hijo?

—¡Eso no le concierne! —gritó Ryota.

Don Katsu dejó escapar una risita.

—Sí, seguramente Gaara quedará desilusionado. Pero, ¡basta! No tengo intención de esperar aquí el regreso de Sasuke. —Miró a Sakura y sonrió, aunque no había calidez en sus ojos—. Usted, mademoiselle, recoja rápidamente sus cosas. Vendrá conmigo.

Yuri dejó escapar una exclamación, y Ryota se puso lívido de furia.

—¡No llevará a mi hija a ninguna parte!

—¿Su hija? Yo pensaba que el padre de ella había muerto.

—Su padrastro, sí, pero yo soy su verdadero padre...

—Esto es divertido, pero no me interesa —dijo don Katsu. Hizo una señal a sus hombres para que capturaran a Ryota—. Ella vendrá conmigo, y estoy seguro de que Sasuke la seguirá. Tengo una pequeña residencia en Santo Domingo, y esperaré allí a Sasuke. No se preocupen, porque no haré ningún daño a esta muchacha si todo marcha bien. Después de terminar con Sasuke, entregaré a su hija a Saint Martin.

—¡Pero ella no puede viajar en ese estado! —logró decir finalmente Yuri mientras Ryota luchaba por apartar a los hombres que lo retenían.

—No tardaremos mucho en llegar a Santo Domingo. A la muchacha no le sucederá nada.

Don Katsu se volvió hacia uno de sus hombres y le dijo que vigilara a Sakura mientras recogía sus cosas. Lo único que podía hacer era ir con él. Lamentablemente, Kakashi y el resto de los hombres estaban a muchos kilómetros de la casa, todavía limpiando las nuevas zonas para sembradíos, y tardarían horas en volver.

Cuando hicieron bajar la escalera a Sakura, don Katsu se volvió hacia Ryota con una última advertencia.

—No trate de rescatar usted mismo a esta muchacha, monsieur. Si viene alguien que no sea Sasuke, la mataré. Y él debe venir, ¿entienden?

Don Katsu salió de la isla sin pérdida de tiempo. Ya en el barco, llevó a Sakura a un pequeño camarote que sólo contenía una hamaca, una mesita y una silla. Cuando se cerró la puerta y Sakura se quedó sola, se sentó, sintiéndose mareada. ¿Cómo podía estar sucediendo esto? Ella tendría que haber dicho algo. Tendría que haber dicho a don Katsu que Sasuke no volvería hasta cinco o seis meses después, pero don Katsu se habría limitado a volver al lugar cuando Sasuke estuviera en casa, y entonces se habrían enfrentado. Y Sakura quería evitarlo.

Don Katsu esperaba que Sasuke llegara a Santo Domingo para rescatarla en el término de dos meses o menos. Pero Sakura sabía que Sasuke se había ido a España y que no volvería en muchos meses. Comenzó a pensar en un plan, y decidió contar una historia a don Katsu. Aunque no fuera cierta, ella debería lograr que él la creyera. Cuando el sol se puso Sakura fue invitada por don Katsu a cenar con él en su camarote.

Fue de buena gana, porque estaba ansiosa por poner en marcha su plan, se había resignado a la posibilidad de no volver a ver a Sasuke, pero haría lo posible por salvar su vida.

Cuando Sakura entró en la cabina de don Katsu, vio que su propia habitación era muy pequeña comparada con la de él. La habitación estaba lujosamente amueblada, pero en ella no se veía ninguno de los instrumentos ni cartas que generalmente se amontonaban en el camarote de un capitán. Obviamente don Katsu no dirigía su propio barco sino que pagaba a alguien para que lo hiciera.

No hablaron hasta que el sirviente personal de don Katsu se marchó de la habitación. Entonces la curiosidad de Sakura la ayudó a comenzar la conversación.

—Desde el mar, esa isla parece deshabitada. ¿Cómo sabía usted que era Sasuke quien vivía allí? —preguntó Sakura, tratando de no parecer muy interesada.

—Tenía un mapa —respondió don Katsu mientras observaba su rostro—. Aunque hasta que encontré esa bahía escondida comenzaba a pensar que iba por mal camino.

—¡Pero Gaara quemó el mapa que le di! ¿Dónde ... ?

—De manera que usted lo sabía —interrumpió don Katsu riendo—. Bien, el mapa que tengo fue dibujado por una mano femenina.

—¡Eso es imposible!

—Por el contrario, es muy posible. Yo había buscado por todas partes el barco que la rescatara a usted de la isla, pero no tuve suerte. Luego el mes pasado encontré una mujer notable... una tal Ino Yamanaka, se sintió muy feliz de poder ayudarme a buscar a Sasuke.

Sakura hizo lo que pudo por ocultar su enojo y su desprecio. Le subieron los colores a las mejillas y tuvo ganas de maldecir a Ino por traicionar a Sasuke. En cambio, comenzó a preguntar otras cosas.

—¿Por qué quiere encontrar a Sasuke?

Don Katsu la miró sorprendido.

—Usted conoce la respuesta tan bien como yo, mademoiselle Haruno. Usted misma me dijo que Sasuke quiere verme muerto. Sabiéndolo, no podía esperar que él me encontrara sin estar preparado.

—Si es esa la razón, entonces me temo que ha creado un montón de dificultades por nada, monsieur Katsu. Sasuke ya no lo busca —dijo Sakura.

Don Katsu rió.

—Debe usted creer que soy tonto. Ese hombre ha pasado la mayor parte de su vida persiguiéndome. Es inconcebible que abandone la búsqueda.

—Le aseguro que es así —replicó Sakura—. Sasuke piensa que es una pérdida de tiempo seguir buscando a un hombre que de todas maneras pronto morirá.

—¿Morir? Me quedan muchos años. ¿Qué tontería es ésta? —preguntó don Katsu, alterado.

—Es por mí, monsieur. Cuando Sasuke me raptó de Saint Martin, yo estaba furiosa. Lo único que él deseaba en el mundo era matarlo a usted. Yo lo sabía, y le dije que nunca debía hacerlo. Le dije que me había encontrado con usted y que usted estaba muy viejo, que en realidad estaba muriendo de una enfermedad incurable. A propósito destruí sus esperanzas para conservarlo conmigo.

—¡Usted le mintió!

—Sí, pero Sasuke me creyó. Mi madre también juró que era cierto. Sasuke estaba furioso por no tener la satisfacción de matarlo, pero pronto olvidó todo... y se olvidó de usted. Decidió que no sería ningún placer matar a un moribundo.

—Bien, se sorprenderá al encontrarme tan fuerte cuando venga —replicó don Katsu con buen humor.

—No vendrá a buscarme. En realidad, probablemente le agradecerá que me haya tomado en sus manos —dijo Sakura con toda tranquilidad. Bebió un sorbo del vino tinto que él le había servido.

—¡Ahora sé que usted miente! —replicó furiosamente don Katsu—. ¡Es la madre de su hijo!

—Soy la madre de su bastardo, y a él eso le importa muy poco. En cuanto concebí, Sasuke me dejó por otra. Se había cansado de mí, de todas maneras. Y como yo ya no tenía que soportar sus atenciones, no vi razones para volver a escapar... la isla era un lugar placentero para vivir.

—Si todo esto es cierto, ¿por qué su padre no la llevó con él? —Preguntó don Katsu.

—Eso iba a hacer en cuanto yo diera a luz.

—Por alguna razón no le creo, mademoiselle Haruno —dijo él.

—Al ver que Sasuke no viene, usted se dará cuenta de la verdad de mis palabras. Y cuando se canse de esperar, monsieur, ¿qué piensa hacer conmigo?

—De una manera u otra, la llevaré a Gaara como regalo.

—Ya veo —susurró Sakura con los ojos bajos.

Ryota no vendría a buscarla por temor a poner en peligro la propia vida de Sakura, y Sasuke no volvería hasta después del año nuevo. Entonces Sakura estaría viviendo en Saint Martin, con Gaara, y Sasuke no querría recuperarla, pensó sintiéndose muy desdichada.

Sakura se encontraba prisionera en la pequeña casa de don Katsu. La casa estaba en las afueras de Santo Domingo, el vecino más cercano vivía a un kilómetro y medio de distancia, y la casa se hallaba rodeada por altos muros de estilo español. La única puerta en la pared del frente se abría a un largo corredor que servía como sala. A la derecha de este corredor había dos dormitorios, con un pequeño distribuidor entre ellos. La cocina y el comedor estaban en el lado opuesto de la casa.

Las puertas externas y las pesadas persianas de madera sobre las ventanas estaban siempre cerradas con llave. Sakura sabía que había un patio amurallado frente al dormitorio, pero ni una vez le habían permitido salir a caminar, para sentir la suave brisa en su rostro. Tenía libertad de andar por la casa durante el día, pero prefería quedarse en su habitación. Y por la noche, la puerta de su habitación estaba cerrada con llave.

La habitación de Sakura era pequeña, pero con muebles agradables. La cama era grande, con dosel, y muy cómoda, junto a la puerta había un armario tallado a mano, y una hermosa silla tallada en un rincón junto a la cama. Había varias mesas, y contra la pared restante, frente a la ventana, una enorme biblioteca con algunos libros y muchas estatuillas de mármol, coral y marfil.

Las pequeñas esculturas tenían menos de treinta centímetros de altura, y representaban distintos animales.

Sólo había dos sirvientes en la casa, una cocinera y una criada, pero don Katsu había dado estrictas órdenes de no conversar con ella. Aunque lo hubieran intentado, habría sido inútil, porque las dos mujeres sólo hablaban español. Sakura sólo vio una vez a la cocinera pero la criada le traía las comidas y agua para los baños. Muchas veces Sakura trató de hablar con la criada, de comunicarse con las manos, pero la vieja la ignoraba por completo.

Sakura se deprimía cada vez más a medida que pasaban los días.

Sólo veía a don Katsu por las noches, cuando cenaban juntos. Él pasaba todo el día en los muelles, observando cuidadosamente cada barco que llegaba. Todas las noches, Sakura repetía que Sasuke no vendría; luego no decía nada más. Aunque ansiaba poder hablar con alguien, no toleraba hablar tranquilamente con ese hombre. Sabía que le estaba tendiendo una trampa a Sasuke, pero don Katsu no le decía nada al respecto. Y Sakura no podía pensar en ninguna forma de advertir a Sasuke, si éste llegaba a la isla.

Hacía tres semanas que Sakura estaba en casa de don Katsu. Se acercaba el final de septiembre y ella seguía preocupada por Sasuke. Al menos no tenía tiempo de preocuparse por el hecho de que el niño nacería una semana después. Muchas veces pensaba que había llegado el momento, porque tenía calambres y sentía presión en el vientre. Pero los calambres desaparecían y Sakura se desilusionaba, porque deseaba que se produjera el nacimiento. Estas pequeñas incomodidades eran tan frecuentes que pronto dejó de advertirlas. Una mañana, al despertar, sintió que la presión en su vientre era mucho más fuerte, pero supuso que se trataba de otra falsa alarma.

Cuando la criada abrió la puerta y entró en la habitación con el desayuno, Sakura observó que la mujercita parecía más alegre que de costumbre. La habitación estaba a oscuras por las persianas cerradas, pero la mujer, generalmente hosca, tarareaba una alegre melodía mientras encendía las velas. Sakura supuso que la criada anticipaba la fiesta que ella y la cocinera tendrían ese día. La noche anterior don Katsu había dicho a Sakura que daría el día libre a las criadas para que se divirtieran en la ciudad.

Recordaba haber pensado en ese momento que le había hablado intencionalmente sobre la fiesta para hacerla sentir aún más deprimida, porque dijo que era una lástima que ella tuviera que quedarse sola en la casa. Pero el tratamiento silencioso y frío que recibía de la criada la hacían sentir que de todas maneras estaría mejor sola.

Ese día no sería diferente de los demás, pensó Sakura mientras comía algo, y luego apartaba la bandeja y se levantaba para vestirse. Pero en cuanto se puso de pie, se tocó el vientre, con miedo de moverse. Los calambres que había sentido mientras estaba en cama parecían doblemente fuertes.

En cuanto pudo moverse, Sakura salió de su habitación, rogando en silencio que las criadas estuvieran aún en la casa. Fue directamente a la cocina, esperando encontrar allí a la cocinera, pero no había nadie. Sakura se negó a alarmarse, pero buscó rápidamente en el resto de la casa. Pero a medida que entraba en las habitaciones y salía de ellas, encontraba cada vez más difícil mantenerse tranquila, cuando abrió la puerta de la última habitación, el dormitorio de don Katsu, sintió un pánico dentro de ella que nunca había experimentado antes.

Sakura supo sin ninguna duda que había llegado el momento al volver a sentir la presión, y romper aguas, que corrieron por sus piernas, y formaron un charco a sus pies. Sakura se levantó la enagua con manos temblorosas: estaba empapada. El pánico que sentía no era el temor de dar a luz, sino el hecho de tener que hacerlo sin ayuda. ¿Por qué precisamente ese día la habrían dejado completamente sola en la casa?

Se acercó a la silla más cercana y se sentó, mareada. Sólo podía pensar en los gritos de agonía de Anko al dar a luz a su hijo. Pero luego otra contracción la hizo concentrarse en su propia situación, y en cuanto pasó se levantó, y comenzó a mirar por todas las ventanas, y por las puertas para ver si alguien, por descuido, había dejado alguna sin llave. Deseaba salir de esa casa, ¡deseaba ayuda! Pero pronto volvió a la razón, y se dio cuenta de que estaba perdiendo un tiempo precioso.

El tiempo pasaba rápidamente porque ella no sabía cuánto duraría lo que estaba soportando. En las horas que pasaron, Sakura logró hervir el agua que necesitaría y llevarla a su habitación. Entre las contracciones ahora cada vez más frecuentes, encontró sábanas limpias y cambió las de su cama, y trajo también una tela limpia para envolver al bebé. Encontró y limpió el cuchillo que necesitaría para cortar el cordón umbilical. Luego, mientras todavía podía moverse, se cambió la ropa interior y secó el agua que había perdido antes. Todos sus esfuerzos eran lentos porque tenía que detenerse y esperar a que pasara cada contracción. Pero ahora ya era por la tarde, y los espasmos de dolor se habían vuelto tan frecuentes y tan insoportables que ya no podía contener su agonía, y sus gritos hacían eco en la casa vacía.

Cuando Sakura oyó abrirse la puerta y luego cerrarse de un golpe, se sintió aliviada. Ahora no tendría que dar a luz sola. Por más distancia que hubiera entre ella y las criadas, éstas también eran mujeres y no se negarían a ayudarla. Pero se dio cuenta de que la fiesta en la ciudad aún no habría terminado, y seguramente alguna de las mujeres sólo habría venido a buscar algo que había olvidado. Sakura tendría que llamar a la mujer antes de que volviera a marcharse. Luchó por salir de la cama donde estaba acostada pero en cuanto se puso de pie, tuvo otra contracción. Comenzó a gritar.

De pronto, se abrió la puerta de la habitación y entró don Katsu con una máscara de furia en el rostro. Fue a grandes pasos hacia ella, y antes de que Sakura pudiera hablar, le dio una fuerte bofetada. Sakura cayó en la cama, y el movimiento repentino le provocó una agonía aún peor, pero su orgullo le impidió gritar.

—¡Mentirosa! —gritó don Katsu, apretando los puños—. ¡El está aquí... Sasuke está aquí!

—¡No... no puede ser! —tartamudeó ella—. El está..

—¡Basta de mentiras! —dio media vuelta y salió de la habitación, pero Sakura lo oyó gritar en la habitación contigua—. ¡Pensar que había comenzado a creer tus mentiras, a creer que nunca vendría! Descuidé mi vigilancia, y ahora es demasiado tarde para la trampa que pensaba tenderle. —Volvió a entrar en la habitación con una delgada cuerda en la mano, y miró a su alrededor como si buscara algo.

—Pero, ¿por qué está tan seguro de que es Sasuke? —preguntó frenéticamente Sakura—. ¡Seguramente... seguramente usted se equivoca!

Don Katsu la miró con una mezcla de miedo y furia en los ojos.

—Yo mismo lo vi caminando entre una multitud en la calle. Corresponde a una descripción que tenía de él, y cuando me acerqué, el hombre corpulento que lo acompañaba me llamó por mi nombre. Están preguntando a los campesinos dónde vivo. Y es inteligente ese Sasuke. No entró con el barco en el puerto como yo esperaba, sino que lo ha ocultado en la costa para poder entrar en la ciudad inadvertido. No tuve tiempo de reunir a mis hombres... ¡Debo enfrentarme solo a Sasuke!

Sakura miró a don Katsu con rostro inexpresivo. Realmente Sasuke estaba en la isla. ¿Cómo podía ser? Debería estar en el otro extremo del mundo. Y, Dios mío, ¿por qué vendría ahora? ¿Por qué no ayer, o mañana en cualquier momento menos éste, cuando ella estaba a punto de dar a luz y él no podía ayudarla de ninguna manera?

—Usted no tiene que enfrentarse a él —dijo rápidamente Sakura. -Puede escapar antes de que él llegue.

—Terminaré con esto de una vez por todas. Tengo la ventaja de ser un excelente espadachín. Nunca me han vencido, y no me vencerán hoy.

La tomó de la muñeca, la arrancó de la cama, y la arrastró hasta la pesada biblioteca. Ella lo miraba estúpidamente mientras él comenzaba a atar la delgada cuerda en su muñeca izquierda.

—¿Qué hace? —preguntó.

—Estoy asegurándome de que no me des una puñalada por la espalda mientras me ocupo de Sasuke.

Ella había olvidado momentáneamente al bebé pero ahora sentía el comienzo de otra contracción. El terror apareció claramente en los ojos de don Katsu mientras aseguraba una muñeca y ataba la otra a un estante bien arriba de la cabeza de Sakura.

—¡No puede hacer esto! —gritó Sakura—. Estoy de parto... desde media mañana. Mi bebé...

No pudo decir nada más mientras su cuerpo se retorcía en agonía, y gritó con voz aguda. Trató desesperadamente de bajar las manos para sostenerse el vientre, pero don Katsu las había atado fuertemente por encima de su cabeza. El estante de libros se inclinó peligrosamente hacia adelante.

—Excelente... ¡mejor de lo que yo había pensado! —rió don Katsu con malevolencia—Tus gritos distraerán a Sasuke y actuará descuidadamente.

Cuando el dolor disminuyó, Sakura levantó la mirada con los ojos llenos de lágrimas.

—¡Por el amor de Dios, déjeme tenderme en la cama!

—Esta es la única cuerda que encontré, y es demasiado corta para atarte a los pilares de la cama.

—Nada puedo hacer en mi estado. ¡Mi bebé está a punto de nacer! —gritó Sakura.

—Obviamente tú amas a Sasuke, porque de otra forma habrías mentido como lo hiciste para evitar nuestro encuentro —dijo don Katsu con impaciencia. -Y las mujeres pueden hacer cosas milagrosas por amor. No puedo correr ese riesgo.

—Entonces enciérreme en esta habitación si no confía en mí, pero, por favor… ¡debo acostarme! –rogó Sakura.

—Lamentablemente, la llave no está en el lugar habitual, y no tengo tiempo de buscarla. Y, lamentablemente, querida mía, no soy lo suficientemente caballero como para poner tu comodidad por encima de mi propia vida. Además, con la puerta abierta, tus gritos sonarán mucho más fuertes, y ayudarán a llevar a Sasuke a una muerte más rápida.

—¡Pero... pero mi bebé también morirá de esta manera! ¡Debo tener las manos libres! ¡Juro por Dios que no le haré daño, pero, por favor, por favor libéreme! —rogó Sakura, mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas.

—¡No! Será mejor que el bebé muera. No quiero a otro Sasuke que me persiga en mi vejez —replicó duramente don Katsu y luego salió de la habitación dejando a Sakura con los ojos desorbitados de horror.

Ahora Sakura sólo podía rogar que Sasuke llegara rápidamente, que venciera a don Katsu y que la ayudara antes de que el bebé encontrara su muerte. Pero sabía que estaba pidiendo lo imposible. Ahora sus dolores eran tan insoportables que se daba cuenta de que llegaba el final.

Sakura trató de retorcer sus muñecas en un esfuerzo por liberar sus manos, pero la cuerda no cedía. Pensó en hacer caer el pesado estante, pero, al mirar hacia arriba vio que había tres estantes más por encima de su cabeza. El estante de libros caería sobre su cabeza, y aunque ella no temía por su propia vida, el bebé moriría.

Nuevamente la invadió la agonía, y tuvo que gritar. Cuando llegara Sasuke, si llegaba a tiempo, Sakura sabía que tendría que ahogar sus gritos. Tendría que soportar... ¡Tendría que hacerlo! No podía permitir que Sasuke supiera que estaba a punto de dar a luz, porque él tenía que estar alerta y pensar solamente en don Katsu y en la batalla que se avecinaba. Por Dios, que Sasuke tenga habilidad y fuerza y que sea el vencedor...

Cuando Sakura se relajaba sentía el sudor que corría por sus sienes, por sus costados y entre sus pechos. Movió la cabeza para secarse la frente con el brazo levantado, luego miró con desesperación los recipientes de agua en la mesa junto a la cama. Había preparado todo lo que recordaba que Chiyo había pedido para Anko, pero sus esfuerzos no habían servido de nada. Miró el cuchillo que habría usado para cortar el cordón umbilical y dar vida a su bebé aparte de la suya, su bebé tendría mejor posibilidad de sobrevivir, pensó, si hundiera ese cuchillo en el corazón de don Katsu.

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Después de interrogar a innumerables dominicanos de habla española, finalmente Sasuke se acercó a un hombre que había estado en Francia en su juventud y que conocía un poco del idioma. El viejo le dio indicaciones para ir a la casa de Katsu, y después de perder tiempo discutiendo con Kakashi, que quería ir también, Sasuke partió solo hacia las afueras de la ciudad.

El caballo alquilado era lento como una mula, e igualmente caprichoso, lo cual aumentó la frustración de Sasuke. Se daba cuenta de que probablemente caería en una trampa, pero no se atrevía a hacer peligrar la vida de Sakura, ni la del niño, que seguramente ya habría nacido. Kakashi le había transmitido la advertencia de Katsu, y no le quedaba otra opción que ir solo.

Era el atardecer cuando Sasuke llegó a la casa de Katsu, se aproximó lentamente a la puerta principal, pero comenzó a pensar que tal vez el viejo le había dado indicaciones equivocadas cuando advirtió las ventanas con persianas. La casa parecía desierta desde afuera, pero cuando intentó abrir la puerta, se abrió fácilmente y vio un corredor bien iluminado. Miró rápidamente a su alrededor buscando signos de una emboscada, pero la habitación estaba vacía y en silencio.

Dejando la puerta abierta tras él, Sasuke dio unos pasos dentro de la habitación, y sus pasos sonaron como los de un gato en el piso lustrado.

—¡Katsu, muéstrate! —gritó Sasuke con furia. Un momento después, se enfrentó con el hombre que había invadido sus sueños durante tantos años.

Hacía por lo menos quince años que Sasuke no veía a este hombre, pero había cambiado poco desde entonces. Estaba más delgado tal vez, y sus rasgos eran más acusados por la edad, pero de todas maneras era el mismo.

—De manera que por fin nos encontramos, Sasuke —dijo don Katsu con tono ligero al entrar en la habitación, con su espada en una mano y una daga en la otra.

—¿Me reconoces? —preguntó Sasuke llevando su mano inmediatamente a la empuñadura de la espada.

Pero Katsu lo desilusionó con su respuesta.

—No, pero te vi antes en la ciudad y oí que me llamabas por mi nombre. Tal vez si supiera tu nombre completo, podría...

—¡Nunca supiste mi nombre, Katsu! —dijo duramente Sasuke—. No te importó entonces, de manera que ahora tampoco tiene por qué importarte. —Miró rápidamente las puertas que llevaban a otra habitación; luego volvió a mirar a Katsu, con los ojos helados—. ¿Dónde está Sakura?

—Allí —respondió don Katsu, señalando una puerta abierta.

—¿Y mi hijo?

Katsu rió maléficamente.

—Está dando a luz a ese bastardo ahora.

Sasuke palideció y echó a andar hacia la habitación de Sakura, pero don Katsu le cortó el paso. Sasuke sacó la espada y retrocedió y Katsu hizo lo mismo, con una sonrisa maliciosa en los labios.

—¡Sakura! ¡Sakura, ¿estás bien?! —gritó Sasuke.

—Sí, sí. No te preocupes por mí.

Los rasgos de Sasuke mostraron alivio al reconocer la voz de Sakura. No había oído gritos, de manera que suponía que estaba en la primera etapa del parto y que no había prisa en ayudarla.

Don Katsu sonrió.

—Esa muchacha tiene más coraje de lo que yo pensaba —dijo sacudiendo la cabeza—. Es una lástima que no vivas para volver a verla.

—Ya veremos quién queda vivo para ver el final de este día —replicó Sasuke. Había adoptado la actitud tradicional del esgrimista, preparado para lanzarse hacia adelante.

Pero don Katsu sonrió. Estaba cómodo, con los brazos cruzados sobre el pecho y la espada que tenía en la mano apuntaba hacia el cielo raso.

—Antes de comenzar, te refrescaré la memoria. Tal vez yo ni siquiera sea el hombre que buscaste durante todos estos años. Algún otro puede haber usado mi nombre y...

—Eso es posible —interrumpió Sasuke, bajando la espada al suelo—. Pero no es el caso. Aunque supe tu nombre aquella maldita noche en que entraste en mi vida, fue tu rostro el que quedó grabado en mi mente. Has cambiado poco, Katsu. Tú eres el que busco.

—Pero yo no te recuerdo —dijo don Katsu con calma.

Sasuke se acercó un paso y se tocó la mejilla.

—¿No recuerdas esta cicatriz que hiciste a un muchacho de doce años?

Don Katsu sacudió lentamente la cabeza mientras contemplaba la delgada línea en la mejilla de Sasuke.

—He dejado marcas en muchos.

—Entonces tal vez recordarás las palabras que dijiste en ese momento, después de abrirme la mejilla con la punta de tu espada. "Esto te enseñará a no levantarte contra un oponente más poderoso. Tu padre era un pescador, como lo serás tú también, y un pescador no es digno de batirse con un señor". Nunca olvidé esas palabras, Katsu, y como puedes ver, predijiste falsamente mi futuro. Puedo batirme contigo en pie de igualdad.

—A menudo decía esas cosas en mi juventud —replicó don Katsu—. ¿Supongo que no me habrás perseguido todos estos años por esa cicatriz?

—¿De manera que no se acuerda de mí? —preguntó Sasuke. Su furia comenzaba a crecer.

—No. Tu nombre y tu rostro no tienen significado para mí, ni tampoco lo que me has dicho hasta ahora.

—Entonces le relataré lo que ocurrió aquella noche, porque yo lo recuerdo como si hubiera sucedido ayer. Era una noche de verano, hace unos quince años, cuando usted y sus nobles amigos vinieron a mi pueblo en la costa de Francia. La mayoría de los hombres del pueblo habían salido a pescar. En diez minutos usted había matado a todos los hombres que trataban de proteger su hogar. Luego se divirtió con las mujeres. Esa noche mi padre se había quedado en casa, y él fue el último que murió por su espada, Katsu. Yo lo vi matarlo desde la ventana de la casa de mi padre. Mi madre me obligó a esconderme bajo la cama cuando usted se acercó a nuestra casa, Katsu. Lo vi a usted y a sus nobles amigos arrojarla al suelo y violarla, muchas veces. Usted mató a mi madre y escupió sobre su cuerpo sin vida. Yo salí de mi escondite y corrí detrás de usted. Lo ataqué con los puños, y usted me abrió la mejilla con la punta de la espada y me dio un puntapié que me hizo caer al suelo, a pocos pasos del lugar donde yacía mi padre, diciéndome que yo no podía molestarle. Ahora sabe por qué he jurado matarlo, Katsu. Cuando usted asesinó a mis padres, fue un error dejarme vivo —dijo Sasuke, mientras los fuegos del pasado brillaban en sus ojos—. ¡Ahora mis padres serán vengados!

—O irás a reunirte con ellos —replicó tranquilamente don Katsu.

—¿Ahora me recuerda?

—Lo que me has descrito sucedió en muchas oportunidades. No te recuerdo, pero recuerdo vagamente haber matado a una mujer rubia que se abalanzó sobre mí con un cuchillo, confieso que he llevado una vida pecadora, pero, ¿acaso soy diferente de ti? —preguntó don Katsu, con una mueca—. ¿No violaste tú a Sakura Haruno?

—Tal vez la violé, pero no maté a su marido para poseerla, ni la compartí con mi tripulación ni la maté después. La conservé conmigo, y tendrá mi hijo y será mi esposa.

—Qué bien —río don Katsu con sarcasmo—. Pero si insistes en ponerte a mi altura, probablemente nunca será tu esposa. Tal vez yo haya llevado una vida cruel, pero no pienso que termine hoy.

Katsu se acercó, con el brazo extendido, y las espadas chocaron. Katsu no había alardeado falsamente de su capacidad, y con rápidos golpes y movimientos, inmediatamente puso a Sasuke a la defensiva. Pero a Sasuke no le faltaba habilidad, y rápidamente enfrentó la espada de Katsu hasta que el viejo, con un rápido movimiento de su muñeca, derramó sangre por primera vez.

Katsu retrocedió un paso, con una sonrisa en los labios, al ver la sangre que manaba del pecho de Sasuke. Los dos hombres describieron círculos cautelosamente; luego el choque de las espadas resonó otra vez en el aire. Sasuke tomó la ofensiva, forzando a Katsu a retroceder hasta el otro extremo de la habitación con un furioso ataque. Katsu se cansaba rápidamente, y la espada de Sasuke dio en el blanco una y otra vez.

Sasuke era como un toro salvaje que se lanza sobre la capa del torero, que era la camisa de Katsu, teñida de rojo por su propia sangre. Tenía la fuerza de la juventud y la rapidez de una cobra, y con un repentino movimiento hacia adelante, arrancó la espada de Katsu de su mano.

La punta de la espada de Sasuke se apoyaba contra el pecho del hombre mayor, y por un momento brilló una locura en sus ojos que congeló la sangre de don Katsu. Pero antes de inclinarse hacia adelante Para poner fin a la vida del hombre que lo había torturado, Sasuke se distrajo por un gemido angustioso que venía de la habitación contigua.

Su rostro quedó sin color, y comenzaron a temblarle las manos. Olvidando a Katsu, que lo miraba con los ojos muy abiertos, Sasuke se volvió y corrió hacia la puerta de la habitación donde estaba Sakura. A sus espaldas, viendo una posibilidad de vencer, Katsu sacó su daga y levantó los brazos para lanzarla contra la espalda de Sasuke.

De pronto hubo una explosión de pólvora en la habitación. Sasuke se dio la vuelta y vio caer al suelo a Katsu, con la daga todavía en la mano. Luego sus ojos se volvieron hacia la puerta que había quedado abierta, y vio la figura corpulenta de Kakashi Hatake parado allí, con su gran pistola humeante.

Sasuke sonrió débilmente.

—Supongo que debo agradecerte por esta vez ser el francés terco que se niega a obedecer órdenes.

—Realmente creo que debes estar agradecido —gruñó Kakashi mientras se paseaba por la habitación—. Lo tenías a tu merced, y en lugar de atravesarlo con la espada como se merecía, le das la espalda como espléndido blanco. En este momento deberías estar en medio de un charco de sangre. Pierdes la cabeza de tal manera con esa muchacha que corres en cuanto ella grita. Esa muchacha te llevará a la muerte.

—¡Sasuke!

El grito de Sakura fue como un cuchillo que atravesara el corazón de Sasuke, olvidó completamente a Kakashi y entró en la habitación. La cama estaba vacía y miró frenéticamente a su alrededor.

—¡Madre de Dios!

Corrió hacia ella, con el rostro tan pálido como el de Sakura, con un solo rápido movimiento cortó la cuerda con su espada, luego la dejó caer y levantó a la muchacha en sus brazos. Ella gritaba con los movimientos repentinos, que le provocaban fuertes dolores, pero en dos rápidos pasos la llevó a la cama y la colocó allí con suavidad. Ella abrió los ojos que ahora estaban tranquilos, llenos de alivio, y lo miró.

—Dios mío, Sakura, ¿por qué no me lo dijiste? ¿Por qué has dejado que me demorara tanto con Katsu? —preguntó. Enjugó la sangre del mentón de Sakura, la sangre que ella misma se había hecho al morderse los labios para no gritar.

—Él quería que oyeras mis gritos, pensando que te alterarían y que te descuidarías. No podía permitir que eso sucediera. Lamento haber gritado cuando lo hice pero yo...

—Deberías haber gritado antes, ¡demonios! Tengo que ir a buscar ayuda —dijo con severidad, con el rostro lleno de aprensión.

—Es tarde para eso, Sasuke. Tendrás que...

Sasuke se horrorizó cuando los gritos de Sakura llenaron nuevamente la habitación, Kakashi se acercó a la habitación pero al ver a Sasuke junto a la cama, y a Sakura aferrándose a su mano, cerró la puerta sin ruido y los dejó solos. Pocos minutos después, Sasuke trajo a su hija al mundo.

Sakura miraba maravillada el diminuto bebé que Sasuke le había puesto en los brazos. Observó orgullosamente el cabello oscuro y el color ónix de sus ojos que se veía entre los párpados medio cerrados. Luego levantó la mirada hacia Sasuke y frunció el ceño.

—Ah... lamento no poder darte el hijo varón que deseabas —dijo con un ronco suspiro.

Sasuke se sentó en el borde de la cama y se inclinó a besarle la frente, luego sonrió, sacudiendo la cabeza.

—¿Qué importa que nuestro primer bebé sea una niña? Habrá otros, muchos otros, y yo los querré a todos. Pero ésta, esta niñita diminuta con la carita roja, tendrá un lugar especial en mi corazón.

Sakura veía en la expresión de sus ojos que no estaba desilusionado, y que su corazón estaba lleno de alegría. Con un suspiro de alivio mezclado con satisfacción, Sakura se durmió.

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Ya había amanecido cuando Sakura despertó. Finalmente habían abierto las persianas de su habitación y el sol entraba a raudales. La sensación de paz y felicidad que había sentido antes de caer agotada volvían ahora mientras sentía moverse a su hija en la cama junto a ella. En la siguiente media hora, experimentó el placer de todas las madres al poder alimentar a su hija con sus pechos henchidos. Mientras sostenía al bebé en brazos, la criatura parecía dormir si no fuera por la constante succión de su boquita.

Sasuke entró en la habitación un rato después y se sentó en el borde de la cama, tomando la mano de Sakura entre las suyas, sus ojos eran tiernos mientras miraba a Sakura y a su hija dormida.

—¿Cómo te sientes? —preguntó él.

—Feliz.

—No me refería a eso, y tú lo sabes —dijo él con una voz que trataba de hacer parecer severa, sin lograrlo.

—Estoy bien, realmente —dijo ella con una cálida sonrisa, y vio que la tensión desaparecía del rostro de él. Pero entonces le tocó tiernamente la mejilla—. Sasuke, ¿lo que dijiste a Katsu, sucedió realmente?

—Sí —respondió él, y en sus ojos ya no había odio como siempre que mencionaba el nombre de Katsu.

—Debe haber sido terrible vivir todos estos años con ese recuerdo, y eras tan pequeño cuando sucedió. ¿Cómo te las arreglaste después de eso... O prefieres no hablar de ello?

—Ya no me importa hablar de ello, pero creo que ahora debes descansar —replicó él.

—¡No quiero descansar!

Él sacudió la cabeza ante su terquedad, pero sonrió. Esta era una parte de Sakura que siempre estaría allí, como su terrible genio. Pero eran características suyas que la convertían en lo que era... La mujer que él amaba.

—Muy bien, pequeña. Yo conocía a Kakashi desde siempre, porque vivía solo en la casa junto a la nuestra, ya que sus padres se habían muerto unos años antes. Afortunadamente, esa noche estaba lejos de la costa y cuando volvió, se convirtió en mi guardián. Me ayudó a enterrar mi dolor. Pero nada pudo hacer con el odio que quedó dentro de mí. Dos años más tarde, él y yo salimos del pueblo y viajamos hacia el norte hasta llegar a una gran ciudad de la costa con un puerto lleno de barcos de países amigos. Kakashi quería ir al mar, y lo único que yo deseaba era encontrar a Katsu. De manera que nos enrolarnos en el primer barco que partió, que era un navío inglés.

—Y ahora tu búsqueda finalmente ha terminado.

—Sí, pero ya había terminado antes de que llegara aquí. Nunca fui a España. Después de estar sólo una semana y media en el mar, me di cuenta de que podía olvidar el pasado, olvidar a Katsu. Viré para volver a casa. Sabía que eras lo único que me importaba. Te amo, Sakura, tanto que es como un dolor. Tendría que haberme dado cuenta de ello la primera vez que te dejé, cuando no sentí deseos por ninguna otra mujer que no fueras tú. Te has convertido en una parte de mí, y no puedo vivir sin ti.

—Ay, Sasuke, ¡cuánto he rogado para oírte decir esto! —gritó Sakura, con lágrimas de alegría en los ojos—. Cuando me trajeron aquí, pensé que tal vez no volviera a verte nunca. Y ahora estás aquí y me dices que me amas y yo te amo.

—Nunca te liberarás de mí, pequeña. Fui un tonto al dejarte para ir en busca de Katsu; sólo que me di cuenta cuando era demasiado tarde. Kakashi vino tras de mí en el barco de tu padre y me encontró en camino a casa. Cuando me dijo lo que había sucedido, vinimos aquí de inmediato. Durante dos días sólo pude pensar en matar a Katsu. Pero luego mis pensamientos fueron reemplazados por el temor de que pudiera dañarte, o de que tal vez no estuviese aquí. Aun entonces, sabiendo que estaba a punto de enfrentarme finalmente a Katsu, sólo podía pensar en ti. Pero ahora todo ha terminado. El pasado está muerto. Nunca volveremos a separamos, mi pequeña flor, y nos casaremos en cuanto lleguemos a casa.

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No llegaron a su isla hasta finales de octubre, porque Sasuke demoró la partida desde Santo Domingo hasta que Sakura recuperó sus fuerzas. Se detuvieron en un lugar, sin embargo, para comprar lo que se necesitaba para la plantación de azúcar, porque Sasuke no pensaba salir de la isla durante mucho tiempo.

Anclaron el barco en una pequeña entrada, seguidos de cerca por el barco de Ryota. Sakura estaba en la cubierta del "Dama Alegre", y el brazo de Sasuke rodeaba su cintura. La niñita, Umiko, dormía en sus brazos. Sakura miraba la montaña a lo lejos, porque era como si la viera por primera vez, envuelta en espesas nubes grises, pero con un rayo de sol en el centro, sentía que la montaña le daba la bienvenida a su regreso al hogar, diciéndole que sólo encontraría felicidad en la pequeña isla, sonrió yse apoyó un poco más en Sasuke.

Ryota y Yuri los recibieron antes de que llegaran a la casa. Yuri dejaba escapar lágrimas de alivio, y Ryota dio palmadas en la espalda a Sasuke, diciéndole que, siempre confió en que su hija se salvaría, lo cual no era cierto, porque había estado horriblemente preocupado.

Umiko se despertó con todo el ruido, ycomenzó a gemir atrayendo la atención de todos. Yuri tomó a su nieta de los brazos de Sakura y exclamó que era una belleza. Y era realmente un hermoso bebé, con rizos oscuros en la frente y grandes ojos tan negros como la noche más oscura.

—Se parece a su padre —comentó Ryota, mirando por encima del hombro de Yuri a Umiko mientras Yuri los llevaba al salón. Se volvió hacia Sasuke, que venía detrás con Sakura—. Supe que durante un tiempo pensabas que el bebé no era tuyo —rió Ryota, con un guiño en sus ojos verde claro—. ¿Aún lo dudas?

—El bebé es tan mío como la madre —replicó firmemente Sasuke.

Yuri sonrió. Veía qué orgulloso estaba Sasuke de que Umiko tuviera su color de cabello y de ojos.

Chiyo vino corriendo de la cocina y estalló en lágrimas al ver a Sakura con su bebé. Anko se reunió con ellos, trayendo a su bebé en los brazos, y Kakashi, después de saludarla, bajó al sótano a traer bebidas para celebrar la llegada. Sakura no deseaba apartarse del alegre grupo, pero Umiko comenzaba a pedir su alimento. La tomó de los brazos de Yuri, quien sintió pena por tener que dársela tan pronto, luego Sakura comenzó a subir la escalera diciendo a Sasuke que no tardaría.

Sasuke la miró ir, con los ojos brillantes de amor. Pero entonces Ryota le puso un vaso de ron en la mano riendo con ganas.

—Te advertí que tal vez tendrías una hija, ¿verdad? —dijo Ryota—. Quizá puedes entender ahora por qué te mantenía apartado de Sakura, pero tal vez sea demasiado pronto para que sientas lo que un padre siente por su hija, y además, tal vez no verás crecer a la pequeña —sonrió Ryota—. ¿Estarás aquí para perseguir a los muchachos que deseen a Umiko, o dejarás eso a mi cargo para que cumpla con esa tarea en mi vejez?

—Estaré aquí, viejo zorro —replicó Sasuke, sonriendo—. Y seré peor que tú cuando se trate de proteger el honor de mi hija. Deja de preocuparte, porque hoy me casaré con ella.

—Sabía que lo harías, muchacho —dijo Ryota con una sonrisa. Luego se volvió hacia su esposa—¿Has oído eso, Yuri? ¡Se casarán hoy!

—¡Pero Sakura no tiene traje de novia! —dijo Yuri—. Quiero que mi hija tenga una boda que siempre pueda recordar.

—Yo me ocuparé del vestido —dijo Sasuke.

—Bien, entonces, todo queda arreglado.

—¡Pero hay tanto que hacer! —protestó Yuri, considerando que las cosas marchaban con demasiada rapidez—. La boda puede esperar... al menos unos días... para darme tiempo...

—¡No! —dijo Sasuke, implacable, haciendo reír a Ryota.

—Bien —suspiró Yuri, haciendo un gesto de resignación-. Sólo me queda ocuparme de los preparativos para la fiesta.

Entonces Yuri sonrió, porque aunque ese día no era como ella siempre lo había soñado, de todas maneras era lo que su hija deseaba. Sakura se casaría con el hombre elegido por ella, y era feliz. Esto era lo que importaba.

—Todo arreglado —dijo Sasuke al entrar en la habitación y encontrar a Sakura jugando con Umiko en la cama—. Ryota ha ido a buscar al padre Hidan. —Se sentó junto a ella en la cama, con Umiko entre los dos, pero al mirar a Sakura le sorprendió su expresión entristecida—. ¿Tienes dudas sobre si quieres casarte conmigo, pequeña?

—¡Por supuesto que no! Sabes cuánto te amo.

—Entonces, ¿por qué no eres tan feliz como yo?

—Lo soy —dijo débilmente ella—. Sólo que me gustaría llevar un traje blanco.

—Lo tendrás —replicó Sasuke, levantándole el mentón con un dedo—. Kakashi te lo traerá en seguida.

Mientras lo decía, Kakashi entró por la puerta abierta con un gran baúl que dejó a los pies de la cama. Sakura reconoció de inmediato el baúl, y se volvió hacia Sasuke, que miraba con furia a Kakashi.

—¡Te pedí que esperaras hasta que pudiera decírselo, demonios! —dijo Sasuke, furioso.

—Bien, su madre insistió en que lo subiera del sótano Ya mismo. Dijo que era necesario extender el traje, por si tenía arrugas —replicó Kakashi—. Si miras a Sakura verás que te preocupas por nada.

Sasuke se volvió hacia Sakura y vio la felicidad en su rostro. Se inclinó hacia adelante y la besó con ternura.

—De manera que me mentiste al decir que habías dejado atrás mi ajuar —le regañó, con una sonrisa en los labios.

—Sólo lo hice por ti —replicó él rápidamente—. Necesitabas algo de qué ocuparte mientras estabas en el barco, y hacer nuevos vestidos era la solución perfecta.

—Pero, ¿por qué no me devolviste mis baúles después de quedarme aquí?

—¿Cómo habrías reaccionado entonces si yo hubiera hecho eso?

Ella rió, sabiendo muy bien que se habría puesto furiosa.

—Por eso la puerta del sótano estaba siempre cerrada... para que yo no encontrara allí mis baúles.

—¿Estás enojada?

—No, querido. Necesitaba un vestido, pero no quería retrasar nuestra boda para hacerlo. Tú ibas solucionado el problema. ¿Por ese motivo te negaste a darme el raso blanco cuando te lo pedí?

—No, simplemente no soportaba la idea de darte la tela para un vestido que usarías para casarte con otro hombre. Creo que entonces ya te amaba.

—Pero yo hice este vestido para el mismo fin. ¿No te molesta?

—Hiciste ese vestido para casarte con un hombre a quien nunca habías visto. Yo soy ese hombre.

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Sakura dejó la celebración para alimentar a Umiko por última vez esa noche. Fue a la habitación de Yuri, porque, por insistencia de la madre, Umiko había sido trasladada a la habitación de sus abuelos por esa noche. Estaba muy despierta cuando Sakura entró en la habitación, lanzando grititos desde su cuna. Como había estado despierta la mayor parte de la noche, había buenas probabilidades de que durmiera bien hasta la mañana, y Sakura esperaba pasar una noche tranquila con su marido.

Alimentó a Umiko en silencio, perdida en felices pensamientos sobre lo sucedido ese día. Recordaba qué hermosa había sido la boda, las palabras que la habían unido a Sasuke, la expresión del rostro de él, el amor que vio en sus ojos. Era un día que recordaría siempre, y aún vendrían días mejores.

Una vez que Umiko estuvo alimentada y dormida, Sakura volvió a dejarla en la cuna y cerró la puerta sin ruido. Sasuke se encontró con ella al pie de la escalera, y sin dar oportunidad a Sakura de despedirse de los demás, la tomó de la mano y la obligó a subir la escalera hasta el cuarto de los dos. La levantó en brazos antes de abrir la puerta para llevarla adentro, y luego la cerró de un puntapié. Cuando estuvieron solos, sus movimientos se hicieron más lentos, como si deseara saborear cada segundo que pasaba con ella.

El suave golpeteo de la lluvia se oía en las ventanas, y una brisa fresca y fragante agitaba las cortinas, hinchándolas como la vela de un barco. Sasuke dejó a Sakura en el medio de la habitación, en la oscuridad. Los dedos de él lucharon para desabotonar el vestido de bodas, y finalmente Sakura tuvo que apartarle las manos para hacerlo ella misma, porque Sasuke era como un joven nervioso a punto de conocer por primera vez el amor.

Sin hablar, porque las palabras eran innecesarias, Sasuke fue a encender una única vela, luego se volvió a tiempo para ver a Sakura que se quitaba su traje de raso y el resto de la ropa. Apenas podía creer que fuera ella, y que finalmente podría tenerla de nuevo. Durante el último mes, había evitado el contacto con ella para darle oportunidad de recuperarse totalmente del parto. Esperaba ese momento como si fuera la primera vez que tendría a Sakura, y sonreía, pensando qué tonto había sido al tener miedo del matrimonio. Porque al tener a Sakura como esposa, sabía que estaría ligada a él para siempre, y eso hacía que se llenaba de una inexplicable satisfacción. La amaba más allá de toda razón, y sabiendo que ella lo amaba a él, sentía una constante euforia... Nunca había soñado que podía ser tan feliz.

Al ver el resplandor de la luz de la vela en la piel de marfil de Sakura parada de espaldas a él mientras se soltaba los cabellos, Sasuke se desvistió rápidamente, arrojando sus ropas al suelo. Cuando se volvió, quedaron fascinados por un momento, mirándose a los ojos.

—Te amo tanto, Sasuke —murmuró Sakura. En sus labios había una sonrisa soñadora mientras anudaba sus manos alrededor del cuello de él.

—¿Entonces mi fierecilla está domada? —preguntó él burlonamente.

—Bastante —replicó ella, con sus ojos brillantes como esmeraldas a la luz de las velas—. ¿Me echarás de menos?

Los ojos de Sasuke brillaron de amor cuando respondió.

—Es una aventura navegar por aguas turbulentas, pero yo prefiero los mares serenos. La arpía ya no existe, y en su lugar está mi esposa.

Los labios de Sasuke encontraron los de Sakura y la besó con fervor. Mientras su boca aún ardía contra la de ella, la levantó en sus brazos y la llevó a la cama. Allí, en un estallido de pasión que unió sus cuerpos, su amor ascendió a las alturas del éxtasis.

Fin…

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Umiko: Significa, la hija del mar.

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Gracias a todos aquellos que me apoyaron y siguieron a lo largo de la historia =)

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