- ME VUELVES LOCA -

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El teléfono de Naruto sonó a las seis en punto de la madrugada. Nadie le llamaba a esa hora. Nunca. Salió de la cama y se las ingenió para dar con el teléfono, y se sorprendió al descubrir que era Shion quien le llamaba.

-Hola- dijo ella -¿No te abre despertado?.

-No- repuso Naruto, ahogando un bostezo que le humedeció los ojos- ¿Por qué iba a estar durmiendo, a estas horas?

-Lo siento. Se disculpó ella. –Estoy en la calle, corriendo, quería despejarme la cabeza.

-Ah, qué bien.

También su cabeza estaba confusa, pero por nada saldría de la cama a las seis de la mañana para despejar sus preocupaciones por medio del deporte. Naruto era de la opinión, que una agradable taza de café y un desayuno sustancioso, surtirían el mismo efecto, aunque era verdad que Shion siempre había recurrido al deporte en sus momentos de estrés.

-Me alegre de verte anoche.

-Si. – respondió Naruto.

A continuación se produjo un prolongado silencio, tan solo interrumpidos por un suspiro de Shion.

-Naruto- dijo ella- ¿quieres reunirte conmigo, en el parque junto al lago?

-Claro.

-Me refiero ahora mismo.

-Ah, ¿Por qué?

-Hay cosas que quiero explicarte y no puedo decírtelas por teléfono.

- De acuerdo – Naruto se preguntó si debería ducharse y afeitarse o si era preferible darse prisa y optar por la imagen neandertal. –No iras a decirme que estas embarazada ¿verdad?

Con tono horrorizado, Shion pregunto:

-¿Qué te hace pensar eso?

-Nada, estaré ahí en 15 minutos.

Tardo más de 25 minutos en llegar, pero más que nada, se tardó por que tratar de salir de la casa de sus padres, era una de las cosas más difíciles que había hecho y no quería saber que haría su madre si descubría que se iba a encontrar con Shion a las 6 y media de la madrugada. Cuando llego al lago, la encontró sentada en una de las bancas verdes, que se encontraban enfrente del lago, mirando lo que parecían un grupo de gansos.

-¿Damos un paseo?- propuso ella.

-Si.

Mientras paseaban, ambos mantenían una prudente distancia, caminando codo a codo, pero sin rozarse. Poco tiempo atrás hubiera tomado entre sus manos, los dedos congelados de su mujer y los habría frotado para sacarlos del entumecimiento o bien, los habría metido dentro de sus bolsillos. Caminaron por el sendero de grava que bordeaba el lago.

-Anoche no pegue ojo- comento Shion. –Tenia mucho que pensar.

Naruto había dormido como un bebe. ¿Acaso el encuentro con su mujer la noche anterior debería haberlo mantenido despierto?. No había sido asi tal vez aquello tenía un significado.

-Naruto- espeto con voz enérgica- no se me ocurre ninguna otra forma de decirlo …

Naruto noto que el corazón se le aceleraba e ignoraba si era a causa de la esperanza o del terror. No sabía a ciencia cierta si quería escuchar lo que Shion tenía que decirle.

-¿Qué te parecería, intentarlo otra vez? ,Me refiero a nosotros.

Naruto se quedó con la mente en blanco.

-Quiero detener el proceso de divorcio- se apresuró a continuar Shion. –Puede que hayamos cometido un error.

-¿"Hayamos" dices?

-Naruto, quiero que vuelvas- los ojos de su mujer, estaban cuajados en lágrimas. –Quiero que volvamos a empezar.

Shion le miro con ojos suplicantes. Si por lo menos el consiguiera articular palabra…, pero seguía mudo. ¿No era justo lo que había estado esperando? Todos aquellos meses soñando con escuchar esas palabras – además de Chouji es una mierda en la cama . Ahora, sinembargo, se sentía más confuso que nunca.

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Estoy sentada en el escritorio, revisando a ritmo lento pero seguro todos los documentos. A cargo de las bebidas un día mas, Naruto remueve su te con aire pensativo.

-Bueno- le dijo levantando la vista de los documentos- parece que van a volver.

Naruto se encoje de hombros. –Eso parece.

-Podrías mostrarte un poco más entusiasta.

-Ya lo estoy. Naruto acompaña su afirmación con un suspiro desdichado apenas audible. –Es increíble, estaba casado y de pronto me encuentro en trámites de divorcio. Ahora, vuelvo a estar casado otra vez.

-Así que le ha dado una patada a Chouji el carnicero.

-No exactamente.

-¿A qué te refieres?

-Shion no quiere precipitarse. Voy a quedarme en casa de mis padres un poco más.

Involuntariamente mis cejas se fruncen.

-Es que necesita encontrar el momento adecuado, para comentárselo con delicadeza.

-¿Acaso tuvo la misma atención contigo?

-No exactamente.

-Humm, entiendo. Asi que tu sigues durmiendo en tu antigua y estrecha cama en casa de tus padres, mientras que el sigue compartiendo con tu mujer, tu cama doble y tu atractiva residencia.

-Por ahora si.

-¿Y qué sales ganando tú con eso?

Naruto frunce el ceño.

-Aun no estoy seguro.

Suelto un bufido sarcástico.

-Suena exactamente igual que las jugarretas de mis ex maridos. Kiba se las ingenió para convencerme de que nuestra relación se fortalecería si tuviéramos un matrimonio abierto. Lo que venía a significar que el tenia pase libre para salir todas las noches por ahí a echar un polvo como un loco, mientras que yo tenía que quedarme en casa a cuidar de… -Note que me sonrojaba-, del gato.

Naruto se mostró sorprendido.

-¿Tienes un gato?

-Ya no- me apresure a decir en un intento por disimular mi vergüenza por casi confesar la existencia de mis hijos. –Desapareció el mismo día que mi marido. Eran tal para cual, dos machos sin castrar.

Nos echamos a reír al mismo tiempo.

-Me gusta que estés en la oficina – comenta Naruto.

- Y a mí me gusta estar.

-Esta mañana me he dado prisa por llegar – admite el, mientras un tenue rubor cubre sus mejillas. Dios santo, adoro a los hombres que se sonrojan, cada vez escasean más. –Hacía mucho tiempo que la idea de venir a trabajar no me entusiasmaba tanto.

No entiendo muy bien las implicaciones de sus palabras, pero es verdad que se le ve un poco desaliñado esta mañana, aunque eso no le resta ni un poco su atractivo, debo confesar.

-Juntos podemos hacer grandes cosas- continua

-¿En la oficina?

-¿Dónde si no?- se extraña él.

Claro, ¿Dónde si no?

-En fin… vuelve a suspirar- ¿Qué me aconsejas?

-Hablas con la persona menos adecuada para ofrecer consejos de pareja. Mi marcador actual es el siguiente: Cabrones, dos puntos; Hinata, cero puntos.

-¿Estas segura que en la descripción de puesto no se encuentra la de organización personal de vida de tu jefe?

-Te la tendrás que arreglar tu solo.

No quiero que me echen la culpa de lo que pueda pasar, entre Naruto y su mujer, aunque me muero por decirle con señales, lo que tiene que hacer. Y eso sería mandar a la mierda a la encantadora y caprichosa Shion.

- ¿Sabes?. Le daré tiempo para que se organice, no quiero apresurarla- me mira melancólicamente- el tiempo es lo único que me sobra …

-Naruto- le interrumpo. -¿te han dicho que eres demasiado bueno para este mundo?

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Sakura se encontraba sentada en el sofá viendo un programa de televisión. Ryu, Yumi y Ayami estaban acurrucados a su lado, dormidos como troncos. Varios de los participantes, estaba siendo entrevistados en un absurdo concurso por un presentador gay, que se había pasado con la cirugía plástica.

-¿Y qué aficiones tienes?- pregunto el conductor de televisión.

-¿Qué aficiones tienes, Sakura?- coreo ella- ¿Yo?- puso con voz más femenina –lo que más me gusta es pasarme el día, quitando las manchas de ropa de los hijos de mi amiga y ver programas de mierda como este.

Sakura contemplo el teléfono móvil con nostalgia. ¿Sería tan malo llamar?. Mordisqueándose el labio con nerviosismo, agarro el móvil. Detuvo los dedos, antes de marcar el número de Sasuke, que ya se sabía de memoria. Mientras marcaba el número, Ryu soltó un gemido y acto seguido se puso a vomitar.

-Vamos, tesoro- alzo al niño con cuidado y lo llevo a la cocina- está claro que mi destino es pasarme la vida, recogiendo las porquerías que van soltando los hombres.

Le limpio la cara y le cambio su ropa.

-Eres un niño precioso, pero por desgracia, me recuerdas a tu padre. Confió en que no heredes sus peores defectos, o harás sufrir mucho a alguna pobre mujer, esperemos por el bien de tu madre que tu papa no vuelva a aparecer nunca más.

-Papa- coreo Ryu

-Espero que no hayas entendido más que eso. Dime ¿no prefieres a un hombre como Naruto?

Ryu dio una palmada y sonrió.

-¿Te encuentras mejor?

-Caramelos- dijo Ryu.

-Sí, estas mejor.

Sakura lo llevo en brazos al salón y lo acurruco hasta que se quedó dormido. Pronto sus hijas despertarían y querrían una nueva dosis de comida. Era ahora o nunca. Antes de pensárselo mejor, marco el número de Sasuke.

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Hinata se había quitado la chaqueta del elegante conjunto rojo y Naruto pensó que la fina blusa negra que llevaba debajo era la prenda más sensual que jamás había visto en aquella oficina. Llevaba toda la mañana esforzándose en dejar de mirarla, pues no era la conducta más adecuada para un hombre que estaba a punto de volver con su mujer. Pero es que la blusa era provocativa a mas no poder. Había que estar ciego y no solo casado para no darse cuenta.

Hinata se había pasado al ordenador, al parecer se había dado una tregua con todos los papeles que se había puesto a archivar y los cuales, seguían esparcidos por todo el lugar. Naruto no pudo evitar una sonrisa. Lo que a Hinata le faltaba en conocimientos de secretariado, lo compensaba con su empeño y dedicación y el hecho de que fuera una mujer deliciosa, no mermaba en modo alguno sus talentos. Hinata se pasó la lengua por los labios en señal de concentración al tiempo que clavaba la vista en la pantalla del ordenador, y semejante actitud provocaba una serie de alteraciones en la anatomía de Naruto que resultaban una tortura. Concluyo que estar de nuevo en su dormitorio de adolecente, también le había vuelto a esa fase de la vida, pues no podía negar que tenía ciertos pensamientos en donde se la llevaba la cama. Pero claro, no estaba bien en pensar esas cosas ahora que iba a regresar con Shion.

Naruto consulto su reloj.

-Tenemos que marcharnos- anuncio- El señor Jiraya es un fanático de la puntualidad y quiero darle una buena impresión.

Hinata abandono el ordenador.

-¿Seguro que no te importa que te acompañe?

-No, nada de eso, será genial.

Hinata se aliso la falda, y gracias a dios, se volvió a poner la chaqueta. Si su ayudante permanecía, completamente vestida, quizás el seria capaz de concentrarse en el trabajo. Hinata agarro su bolso y le paso su maletín a Naruto.

-¿Necesitas haces pis antes de que nos marchemos?- pregunto Hinata.

Naruto parpadeo en un intento por ocultar su sorpresa. El rostro de su ayudante adquirió un atractivo tono remolacha.

-¿Pis?

-Puede que el camino sea largo- repuso ella con voz quebrada.

-Si es largo, vamos al otro lado de la cuidad, en un restaurante elegante llamado Ichirakus, favorito del señor Jiraya.

Hinata se mostró horrorizada.

-Sabía que íbamos a un lugar elegante, pero no tanto. ¿seguro que voy bien arreglada?

-Para mi estas muy bien. Dijo el aclarándose la garganta- perfecta, diría yo.

-Gracias.

-¿Te parece si llevamos mi coche? Está en una condiciones ligeramente mejores. Ya que tu otro coche se lo quedo tu mujer.

-Podríamos coger uno de esos- lanzo una mirada a las hileras de autos usados.

-No tenemos tiempo de quitar todas esas pegatinas.

-De acuerdo.

-¿Sabes? Tienes que pensar en tu imagen, tu eres el dueño y necesitas conducir un coche como es debido.

- Tienes razón. Pero también deberías mejorar el tuyo. Alli hay un pequeño corsa que puedes utilizar.

-¿Un coche nuevo?- sintió que le iba a dar un infarto.

-¿Te gustaría?

-Estaría en deuda contigo, eternamente.

-Decidido- concluyo Naruto. Corre bien y es de fiar. También tenemos que pensar en tu imagen. Mañana lo organizaremos todo.

-Si, ahora será mejor que nos pongamos en marcha.

-¿Sabes?- dijo Naruto- Creo que voy a hacer pis, después de todo.

-Buena idea- aprobó ella- y yo voy a calentar el motor del montón de chatarra.

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Sonaron tres timbrazos antes de que Sasuke contestara el teléfono, tiempo suficiente para que Sakura flaquease de valor, a pesar de las promesas a Hinata, tenía que hablar con él una vez más. Solo una más y punto.

-Aquí Sasuke Uchiha.

Su voz sonaba enérgica y formal. Sakura le imaginaba en su elegante oficina urbana, enfundado en un traje urbano y la visión resultaba muy diferente a la que guardaba de su noche de pasión con el.

-Soy yo- dijo con tono vacilante.

-¿ de que yo en concreto se trata? – Su timbre era suave y se preciaba una nota de burla.

-Yo, la de anoche. Ha sido una mala idea llamar, lo siento.

-No, nada de eso- susurro Sasuke. –Ni siquiera es la hora de comer y ya de echo de menos.

-Solo quería darte las gracias.

Sasuke se rio. – De nada. El placer fue mío, Bueno … no solo mío, me da la impresión.

Sakura suspiro.

-Eres estupendo, Sasuke.

-En ese caso, queda conmigo para comer.

-¿Para comer?- ahora le tocaba a ella echarse a reír. –No soy la clase de mujer que queda para comer.

-Pues quizá deberías empezar a serlo. Una hora- suplico el- no tardaremos más.

-Sasuke…

-Venga, vive peligrosamente una vez.

Sakura levanto la vista hacia el televisor. En la pantalla se veía un anuncio de detergente de lavadoras en el que se exponían las virtudes de las toallas blancas que hacían que tu familia te quisiera más. Un famoso de segunda categoría sostenía un paquete de detergente y decía : como toda ama de casa sabe, no hay mayor alegría en la vida que otorgarle a tus toallas el resplandor ultra-white.

A Sakura se le ocurrían muchas otras cosas para proporcionarle alegría en la vida que no tenía nada que ver con el detergente para lavadoras. Y una de ellas se encontraba al otro lado del teléfono. El estómago se le encogió.

-De acuerdo- hizo un gesto de asentimiento- nos vemos para comer.

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Al subirme en el coche, retiro el reproductor de casetes de mis hijos y las lanzo al asiento de atrás. ¡Hacer pis!¿ Cómo se me ha podido ocurrir? No debo hablar a mi jefe, como a mi niño de 2 años. Repítelo varias veces. Sobre todo cuando mi jefe desconoce la existencia del niño en cuestión. Me golpearía la cabeza en el volante por lo estúpida que soy.

He metido a presión una percha de ropa en el agujero de la antena para poder sintonizar una estación de radio. Me asusta pensar que, incluso en este estado lamentable, mi coche es mejor que el de Naruto. Pero eso va a cambiar. Voy a tener un coche nuevo. Siento ganas de ponerme a bailar para celebrarlo. Empleo nuevo, coche nuevo… lo único que me hace falta es un hombre nuevo. Fuerzo a mi subconsciente a no mirar en dirección a Naruto. Mi vida progresa, asciende. Soy una persona intrépida y ambiciosas y no una madre sin pareja pisoteada. ¡Hurra!.

Naruto sube al carro y no menciona el asunto del pis y yo no le pregunto si ha estado en el cuarto de baño ni si ha hecho popo en vez de pipi, ni le regaño por no lavarse las manos, Tampoco le advierto que no pienso pararme por el camino, para que valla otra vez, ni le doy instrucciones para que se ponga el cinturón de seguridad, sino que partimos en un amigable silencio.

Naruto se acomoda en el asiento del acompañante y entorna los ojos. ¡Que a gusto me siento con este hombre! Es tan encantador que resulta imposible no quererlo. Habría que tener un corazón de piedra para hacerle daño, como sin duda lo hizo Shion. Aunque solo la conozco desde hace unos días, sé que volver con ella es lo peor que puede hacer. Le iría mucho mejor con otra mujer que lo cuidara. Como yo, por ejemplo.

-¡Que a gusto estoy!- comenta- ¿también aparece la palabra chofer en la descripción de tu puesto de trabajo?

-Imagino que si- le brindo una sonrisa- ¡Ahí va! ¡Mira! ¡Un tractor!- antes de que pueda ponerme freno a mi misma por todo lo que dije, señalo uno de los campos por los que pasamos.

Naruto me mira de reojo durante un buen rato y siento como las mejillas se me encienden.

-Si- responde- Un tractor grande y rojo.

-Me gustan los tractores- replico .

No puedo ver la expresión en la cara de Naruto, pero apuesto que está aguantándose la risa.

-A mí también- coincide el.

Me concentro en la carretera y trato de pasar por alto que Naruto me mira las piernas mientras conduzco. Y en cuanto entremos en ese restaurante voy a cortarme la lengua.

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Ichirakus es un establecimiento tan sofisticado que no doy crédito a mis ojos. Nunca había puesto el pie en un sitio ni remotamente parecido. Todo es acero, metal, como y cristal esmerilado y mis tacones producen un sonido hueco en el suelo de madera. El comedor vibra con el bullicio de animadas charlas, Anunciamos nuestro nombre al jefe de sala y nos encaminamos a la barra del bar. No encajo en absoluto en el ambiente, contrario que todos los demás. Da la impresión de que la gente que me rodea en este momento acude aquí a comer a diario y caigo en cuenta que, en términos generales, mi vida es aburrida. Empiezo a temblar de miedo y emoción. Naruto actúa como si nada, examina la barra en busca del señor Jiraya.

-Perfecto- dice frotándose las manos- Somos los primeros. Podemos tomarnos una copa y relajarnos.

¡RELAJARNOS¡ ¿Es que está loco?

-Tengo que conducir- alego yo- para mi agua mineral.

Cuanto más alejada del alcohol mejor. No se me ha olvidado lo que ocurrió la última vez. Naruto pide un Martini, especial de la casa.

-Prueba un poco.

Me ofrece la copa, nuestros dedos se rozan y Naruto se ruboriza un poco. El coctel esta delicioso y me alegro de mi decisión de abstenerme al alcohol, porque podría beberme media docena de estos. Encontramos asiento mientras esperamos y Naruto dice:

-Quiero que todo salga a la perfección. El señor Jiraya, tiene toda la intención de establecer un concesionario oficial. Quiere el terreno del que soy propietario; yo quiero su dinero y, además, asociarme con el- me mira con ojos fervientes.- Es muy importante para mi.

A pesar de mi estado de nervios, esbozó una sonrisa.

-Nada de presiones, por lo que veo.

Naruto se echa a reír.

-Se tu misma- dice- Seguro que estarás maravillosa.

Y ahora ha llegado el momento de poner sus palabras a prueba ya que el señor Jiraya efectúa su entrada sonriendo y haciendo reverencias sin parar. Las rodillas me tiemblan de manera alarmante. Ahora estamos sentados en la mesa y encuentro que el señor Jiraya es un acompañante sociable y encantador, aunque siento que me mira el busto de vez en cuando. La carta me parece aterradora: no hay más que comida japonesa, lo que no es del todo descabellado en un restaurante japonés. Dado que los clientes acuden aquí a diario no veo ni rastro de unas breves explicaciones que puedan socorrer a los absolutamente ignorantes como yo. Debo de estar clavando una mirada de incomprensión en la carta, por que el señor Jiraya se inclina hacia delante y me pregunta:

-¿Me permites que te ayude a elegir?

-Si, por favor. No he probado la comida japonesa.

-¿Nunca?- El señor Jiraya, suelta una carcajada. –En ese caso, estamos en el lugar perfecto para empezar. ¿Te gusta el pescado?

-Si claro.

-Recomiendo el bacalao negro- dice nuestro importante invitado- Es la especialidad de la casa. Sublime.

El señor Jiraya apiña los dedos de una mano y los besa para demostrar que el plato es sensacional. Miro a Naruto y me brinda una sonrisa alentadora. Se muestra muy tranquilo, a pesar de que, en mi opinión, estoy haciendo el ridículo. Por alguna razón mis pensamientos se desplazan a Ryu y me pregunto si se encontrara bien. Apenas he tenido tiempo de pensar en el. ¿Qué clase de madre soy, me escapo a almorzar mientras mi hijo se encuentra enfermo? Pues una madre trabajadora, claro. Y cuanto antes me acostumbre mejor. Noto una punzada de remordimiento, quizá debería escaparme al lavabo y comprobar si tengo algún mensaje en el móvil, o llamarle a Sakura para preguntarle por el.

Justo cuando estoy acopiando valor para ausentarme en la mesa, llega nuestra comida y veo que mi bacalao, tiene en efecto, una pinta deliciosa. El señor Jiraya ha pedido un filete de proporciones exquisitas y Naruto tiene un plato unas gambas enormes en presentación artística. Empiezo a relajarme, pero aún me muero por otro sorbo del Martini de Naruto.

-Y dime, Hinata- El señor Jiraya me sonríe- ¿Cuánto tiempo llevas trabajando para Naruto?

-Bueno ..- empiezo a decir- El nivel de ruido aumenta por momentos y me inclino hacia delante para escucharle mejor- se trata de un cambio de rumbo relativamente reciente…

Una expresión de horror se extiende por el rostro del señor Jiraya, que clava la vista en su plato.

Yo prosigo un tanto distraída:

-Forma parte de un plan de expansión…

Dirijo la vista a mi jefe en busca de apoyo, pero Naruto también se ha quedado helado de puro horror. Sigo su mirada y la garganta se me contrae en el acto.

Sin darme cuenta. He empezado a cortar el filete del señor Jiraya en pedazos diminutos, como si fuera para Ryu. Detengo el cuchillo en seco.

-¡Cielo santo- mascullo con la voz entrecortada- lo siento!- miro al señor Jiraya y luego a Naruto, después de nuevo al señor Jiraya- Lo siento mucho, muchísimo.

Empujo los pedazos de filete con el tenedor, tratando de componer lo que hice, mis dos acompañantes están demasiado estupefactos como para hacer movimiento alguno, están como estatuas, clavando los ojos en la carne partida.

Los ojos se me cuajan en lágrimas.

-Esto se considera un gran honor, en la zona de la que procedo. – les explico con voz débil y vuelvo mi cuchillo a mi propio plato.

El señor Jiraya logra salir de su ensimismamiento y recupera la compostura.

-Ah ¿si? y ¿Qué zona es esa?

-Konoha- le respondo.

Giro mi agonizante rostro hacia Naruto con la esperanza de encontrar un poco de respaldo, pero el continua en estado catatónico, con los ojos como platos y la boca abierta de par en par.

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A través del escaparate del restaurante, Sakura diviso a Sasuke sentado en una mesa. Antes de que el valor la abandonara por completo entro a toda prisa, provocando una pausa al relajado ambiente. Sasuke levanto la vista. Sakura capto su propia imagen en el espejo. El cabello inmaculadamente arreglado se había ido al demonio en su carrera calle abajo.

-Sakura- dijo el

Ella bajo la vista hacia la sillita de paseo. Yumi y Ayami se encontraban peleando por un pato amarillo de peluche. Empujo hacia adelante a sus hijas. Sasuke se quedó boquiabierto.

-Esta es mi vida- anuncio ella con tono desolado.

-Entiendo- Sasuke se pasó una mano por el cabello, dejándolo mas encantadoramente despeinado aun. –En ese caso, será mejor que pidamos una mesa más grande.

El camarero ligeramente perturbado les cambio la mesa, era evidente que aquel no era un establecimiento acostumbrado, a la presencia de los niños. Gracias a dios, los pasaron en una parte donde no había ventanas, lo cual era bueno, pues no sabía lo que haría si alguien la viera en esa situación.

-Me alegro de que hayas venido- comento él.

-Pues no lo entiendo- Sakura miro a los niños.

-Como tú misma has dicho, esta es tu vida y si quiero involucrarme en ella, tengo que aceptar tus compromisos, en los que se encuentran tus hijos.

-Me gustaría aclarar que no todos son míos, a uno me lo prestan durante el día. –Entonces se mordió la lengua, por que recordó que Naruto, el amigo de Sasuke, ignoraba que Hinata era la madre de dos robustos retoños. – Y no puedes involucrarte en mi vida, solo ha sido cosa de una noche y así tiene que quedarse.

-Ya lo has dicho antes.

-Y estaba convencida… cuando lo he dicho.

-¿Por qué hacemos esto? – suplico ella.

-Porque somos dos fuerzas que se atraen irresistiblemente entre si.

-No está bien.

-¿Por qué?- Sasuke extendió sus manos. – Estamos disfrutando de una agradable comida rodeado de niños. ¿Qué tiene de malo?.

-Es que no estoy pensando en los niños.

-Yo tampoco- coincidió Sasuke y tomo la mano de Sakura. -¿Alguna vez pasaremos tiempo a solas tu y yo?

-No- Respondió ella

-Si de verdad lo deseamos, encontraremos la manera.- Replico el.

-Imposible.

-Habrá momentos buenos y momentos malos.

-No los habrá, Sasuke. No habrá nada. No puede ser.

-¿Entonces por qué has venido?

-Por qué padezco demencia transitoria.

- A mi me suena a algo bueno- observo Sasuke, mientras le brindaba una sonrisa.

Y a Sakura le sonaba a algo peligroso, muy peligroso.

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Nos encontramos en la calle, despidiéndonos del señor Jiraya, quien parece haberse recuperado de su terrible experiencia sufrida con mis inapropiados cuidados maternales. Observamos como se sube a un taxi y se despide de nosotros. Naruto y yo giramos por la calle lateral en la que esta estacionado el coche y caminamos en silencio. Mi jefe espera con las manos en sus bolsillos mientras abro el vehículo y luego nos subimos en el. En su rostro se adivina una expresión sombría. Me acomodo en el asiento el conductor, agarro el volante, mirando el frente en todo momento.

-Dime ¿Cuántos hijos tienes?- Pregunta Naruto.

-Dos- confieso yo.

Nos mantenemos callados unos instantes, mientras reflexiono sobre la manera en que he arruinado la imagen de negocios de Naruto.

-Debería habértelo contado- me disculpo. – Sé que debería haberlo hecho – agacho la cabeza. -Pero quería aparentar que era alguien que no soy.

Naruto se frota las sienes.

-¿Me lo aclaras?

-Quería que me tomaras por una mujer atractiva, soltera y sin ataduras.

-Dos de tres, no esta tan mal.

Suspiro con desconsuelo.

-Temía que si te enterabas de que en realidad soy una divorciada desesperada con dos hijos a mi cargo no me darías el empleo.

-Me dijiste que no eras secretaria y aun así, te di el trabajo.

-Porque eres demasiado bueno.- razono yo.

-No es verdad. –Naruto se gira en su asiento para mirarme. –Es que tenia otros motivos.

Ahora me toca a mi quedarme perpleja.

-Esa falda tuya es tan escandalosamente corta, me gustaba la idea de tenerla en la oficina, sobre todo si tu la llevabas puesta.

-Ahora va a resultar que eres un libidinoso repulsivo.

Naruto esboza una amplia sonrisa.

-Peores cosas me han llamado, solo que no recuerdo cuando.

-Naruto, me he portado como una autentica idiota, y eso que la cita era muy importante para ti.

-Y ni que decir que el señor Jiraya da por sentado que me acuesto contigo.

-Me siento tan humillada, de verdad lo siento mucho, no quiero ni pensar que pensara de mí.

-No lo sé, pero me dijo que tengo muy buen gusto.

Mi jefe suelta una carcajada y, sin poder evitarlo, me echo a reír también.

-¿De verdad que le corte el filete?

-Si- responde Naruto- de verdad.

A los dos nos entra un ataque de risa, Naruto sacude su cuerpo de tanto carcajearse y a mí las lágrimas me correen por las mejillas, No recuerdo haberme reído de esa manera desde hace mucho tiempo. Cuando consigo recuperar el control le digo:

-Lo siento, Naruto, lo siento muchísimo.

-Si te sirve de consuelo, al señor Jiraya, le pareciste encantadora.

-¿Y tú qué opinas?

-Le doy la razón.

-Me alegro- tengo la voz temblorosa- ¿Vas a despedirme?

-Ni loco, eres demasiado divertida como para perderte, además mi propuesta fue razonable y confió en que todo siga en pie.

Suspiro aliviada.

-Yo también.

Deseo besarle, o hacer algún gesto en señal de agradecimiento. En cambio, nos quedamos inmóviles un momento y luego intercambiamos una tímida sonrisa. Arranco el motor y me adentro poco a poco en el denso tráfico. Naruto se acomoda en el asiento del acompañante.

-Entonces- dice el- ¿Cuándo vas a presentarme a esos hijos tuyos?

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¡HOLA! Una disculpa, no había tenido tiempo de subir el capítulo, es que ya formo parte de la población con un trabajo ( MUAJAJAJAJA) , no la verdad es que ya saben la crisis es muy difícil y tengo un hámster y una perrita que alimentar :B

En fin, muchas gracias por sus comentarios, espero si les esté gustando, y bueno respecto a los nuevos tomos en el canal, los subiré, pero aun no, no es porque me guste hacerlos sufrir, la verdad todavía no los termino, ando en exámenes y me tengo que dividir entre mis tareas y mi trabajo, comprendan un poco ¿vale?. Los quiero, les mando muchos saludos y besos. Nos leemos pronto.