Naruto y Sasuke se encontraban al fondo del recinto de la subasta de coches. Para Naruto no era la mejor manera de pasar una noche de sábado, pero a veces el deber mandaba. Tenía que mantenerse al tanto en el sector de los automóviles y aquella era la peor manera de cumplir con eso, obligado a estar de pie, con un frio metido en los huesos y un par de billetes en el bolsillo por si se diera la remota casualidad de encontrar algún vehículo que le llamara la atención y valiera la pena.
Eran las 9 y Naruto se preguntó que estaría haciendo Hinata en ese momento y si el podría haber estado compartiéndolo con ella. Pero tenía que ver si había algo interesante para reponer las existencias de su negocio. Se había sorprendido cuando Sasuke al llamarlo a su departamento, respondió, pues el nunca se quedaba sin nada que hacer un sábado por la noche a menos que tenga a alguien del sexo contrario ocupándolo. Minutos después había recogido a su amigo y ambos se dirigieron a la autopista, para llegar al lugar de la subasta.
Odiaba admitirlo incluso ante si mismo, pero la mayor parte de placer del dia había consistido en volver a pasar un rato con Hinata. Era un persona divertida, animada, y bajo su frágil concha de protección, muy cariñosa. Solo llevaba una semana ejerciendo de ayudante de ejecutiva y quien sabe de qué más, pero Naruto ya se preguntaba cómo se las había arreglado hasta entonces sin ella. ¿Aquello era buena señal o mala?. La sonrisa de Hinata, lograba iluminarle el día, incluso en esa oficina de Naruto. Y por lo que parecía ese sería el único lugar donde la iba poder verle de ahora en adelante. Al pensar en ella, recordó el dilema de Sasuke con su amiga de Hinata. Antes de que le fallara el valor dijo:
-No es propio de ti quedarte solo un sábado por la noche, teme.
-No, me estaba poniendo al corriente con unas películas que tenia en casa. Por cierto la segunda película de matrix es una porquería, no se que le ven las mujeres a Keanu Reeves.
-¿No tenias pensado ofrecerle tu agradable compañía a alguna mujer?
-Pues no- repuso Sasuke.
-¡Que raro!
-Ahora solo existe una mujer para mi- declaro con voz monocorde. – Ya lo sabes.
-¿Te refieres a Sakura?
-¿A quien, si no?
-Entonces ¿No la has visto?
-Tiene obligaciones como sabes muy bien- lanzo a Naruto una mirada melancolica- No le resulta fácil escaparse. Tengo que aceptarlo.
-¿De modo que piensas quedarte solo en casa los sábados por la noche con la única compañía de Keanu Reeves?
-No, estoy aquí contigo, dobe.
-Estas a un paso de acompañarnos a mi madre y a mi a las clases de baile country
Para sorpresa de Naruto, Sasuke no se mostro excesivamente preocupado ante esa idea. Naruto no daba crédito a la actitud de su amigo. En condiciones normales, Sasuke no se habría quedado esperando a nadie ni siquiera una hora y ahora había detenido su ajetreada vida social, por las migajas de atención de una mujer casada.
-Hinata piensa que no deberías seguir viéndote con su amiga.
-¿Ah si?- Replico Sasuke, mostrando el poco interés que le suscitaba la opinión de Hinata.
-Creo que en parte tiene razón.
-¿Acaso a alguien le importa que yo, a lo mejor, podría haberme enamorado de ella?
-Imagino que a su marido le interesa saberlo.
-Yo no te doy consejos sobre tus relaciones de pareja.
-Porque nos las tengo.
-Pues a lo mejor deberías. Ya es hora de que te alejes de las faldas de tu madre.
-Es lo que voy a hacer- admitió Naruto- Mañana mismo- Naruto jugueteaba la suela de su zapato con un charco- Volveré a casa, con Shion.
Sasuke se quedó estupefacto, como era de esperar. El mazo volvió a sonar, alguien había adquirido un coche.
-A Chouji el carnicero, le han pegado un hachazo- prosiguió Naruto- Y Naruto, el chico bueno, el marido honesto y fiel, regresa al tablero de juego.
Sasuke no se mostró satisfecho, sino todo lo contrario.
-Dime que estas bromeando.
-Es que no lo estoy.
-¿Acaso te has vuelto loco? Pero ¿Cómo se te ocurre?- Exclamo Sasuke con un tono demasiado alto, en opinión de Naruto. –Tu ex mujer es un bruja, siempre lo ha sido.
Muchas cabezas voltearon hacia ellos. Incluso el subastador levanto la vista. Naruto les brindo una sonrisa forzada y tras varios chasquidos producidos por la lengua en señal de desaprobación, las cabezas recuperaron su posición anterior.
-Shion habla muy bien de ti.
-¡Te dejo por otro Naruto!
-En este punto ¿Me permites señalar que encuentro cierta ironía en tu argumento?
-No puedes volver con ella- insistió Sasuke- No lo permitiré. Tu y Hinata están hechos el uno para el otro.
-¿Hechos el uno para el otro?-Pregunto Naruto asombrado.-¿Te he escuchado bien? ¿Me lo esta diciendo el hombre que la semana pasada se negaba a citarse con alguien que no llevara bragas con abertura en la entrepierna?
Un coche nuevo hizo su aparición. Este parecía un buen coche, pero comenzó con un precio excesivo. De ninguna manera ese coche costaría esa fortuna.
-Las personas cambian, yo he cambiado.- dijo Sasuke
-Bueno puede que Shion también haya cambiado. Tengo que darle una oportunidad.
-Dobe, estas muy mal.
Las cabezas se giraron hacia atrás de nuevo. Un hombre cubierto de tatuajes se dirigió a ellos.
-¿No les importaría seguir su discusión de amantes en casa y dejarnos en paz?
Naruto levanto la mano "Perdón", dijo en silencio moviendo los labios.
El subastador golpeo la maza y el precio arranco un grito ahogado del veterano público. Algún idiota había comprado el coche en un precio ridículamente excesivo.
-Adjudicado al caballero de la primera fila que tiene a una bruja por ex mujer- grito el subastador al tiempo que señalaba a Naruto.
Se refería a el mismo, por lo que parecía. La multitud que les rodeaba empezó a lanzar chiflidos.
-¡Dios santo- siseo Naruto- ¿Hemos comprado ese coche?
-Parece que si- señalo Sasuke.
Naruto se quedó mirando el vehículo, ahora que prestaba toda su atención, cayó en cuenta de que le resultaba familiar. Paso a su lado. Ah, perfecto, acababa de comprar su antiguo coche, el que le había dado a Shion en un principio pero que ella le obligo a vender por que no le gusto.
-¿No ese era tu coche?- pregunto Sasuke.
-No- respondió incomodo- aunque se parece un poco.
-Es el coche que te obligo a vender Shion.
-No
-Si.
-Por favor, que el caballero que ha adquirido el coche, pase al estrado a pagar.
Naruto se llevó la mano al bolsillo posterior en busca de dinero. Ahora no solo iba a regresar a su antigua vida, sino que también lo iba a hacer montado en su antiguo coche.
-¡Mierda!- exclamo.
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El desayuno tradicional en casa de los Uzumakiz se daba inicio, el olor a salchichas y beicon frito se le metía a la nariz a Naruto y le trasporto a un tiempo en el que tratar de ingerir la comida suficiente de comida había sido su única preocupación. Su madre le planto delante un plato rebosante de comida y el apetito lo abandono instantáneamente. Minato y Kushina se sentaron a comer con entusiasmo. Naruto se limito a jugar con su tenedor.
-No hay nada que le agrade a don caprichoso- objeto su madre.
-Lo siento mama- respondio Naruto- Tiene una pinta estupenda, pero la verdad no tengo mucha hambre.
-Tonterias.
La falta de apetito era un concepto incomprensible para ella.
Naruto abandono el tenedor y se armo de valor para la conversación que estaba apunto de empeza.
-Mama- dijo- me voy.
La salchicha de Kushina se detuvo a medio camino hacia su boca.
-¿No te iras a vivir con Sasuke a su departamento verdad?. Dime que no es eso. Minato dile algo.
-Me marcho a casa- anuncio Naruto.
-Ya estas en ella, esta es tu casa.
-No, mi casa es donde vivía con mi mujer- suspiro- Y hoy mismo vuelvo con ella.
-¿Piensas volver con esa mujer?, prefiero mil veces que vivas con el mujeriego de Sasuke.
-Mama …
Kushina se fue calentando, hasta alcanzar el punto de máxima indignación.
-Te volverá a abandonar. Cuando ya se ha hecho una vez, se hace mas fácil. Mira por ejemplo a… a.. Liza Minelli.
-Shion no tiene nada que ver con Liza Minelli.
-Peor me lo pones- replico Kushina- amenos esa mujer tiene buena voz. Nunca he visto a Shion cantando.
-¿Qué fue de Chouji el carnicero? – Pregunto Minato.
-Se ha ido
-¡¿Cómo¡?- se indignó Kushina de nuevo- Espero que no se valla de la zona ¿Dónde iba a encontrar mis filetes de aguja?
-¡Por todos los santos mama, tiene que haber otras carnicerías!
-Puede que Chouji haya sido un mujeriego empedernido, pero vende unas piernas de cordero tiernas de verdad.
Naruto enterró su cabeza entre las manos.
-No me lo puedo creer- prosiguió su madre.- ¿Qué voy a decir en la clase de baile? Llevo 6 meses poniendo verde a Shion.
-Diles que tienes un hijo muy leal. Hice los votos matrimoniales, mama y aunque cueste creerlo en estos tiempos en que a nadie le importan, para mi son importantes.
-Tomo el mundo comete errores- prosiguió con voz a la defensiva.
-Y este es el tuyo.
-Creí que no querías que me divorciara.
-Es que no quiero- repuso Kushina- Pero tampoco que gusta que estés casado con una mujer que no es capaz de tratarte bien.
Los ojos de su madre se cuajaron en lágrimas.
-No llores. Deberías alegrarte por mí. Mama, me gustaría marcharme con tu aprobación.
-Y yo prefería que te macharas con dos salchichas y tres pedazos de cordero- replico ella mientras le quitaba el plato con excesiva energía- Da la impresión de que los dos vamos a sufrir una gran decepción.
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-No pienso comprarte un uniforme de enfermera.
Estoy dispuesta a mostrarme inflexible en este asunto.
-Solo lo estaba mirando- Dice Sakura. A regañadientes lo devuelve en su sitio.
Nos encontramos en uno de esos sex shops situados en las zonas comerciales, accesibles al público en general y pensados para la mujer moderna. Se encuentra en pleno centro comercial y albergo la esperanza de que nadie me haya visto entrar. Nunca me he considerado una mojigata, preferiría no pasearme por una bolsa que tenga grabada el nombre de la tienda. ¿Y si me encuentro con un vecino? O peor aún: ¡Con Naruto!.
Sakura y yo hemos salido de compras y voy a emplear el salario que he ganado estos días con el sudor de me frente en hacerle un regalo. Cuando revise el sobre que Naruto me había dado, me dio la impresión de que había muchísimo dinero, tomando en cuenta el poco tiempo que he trabajado. Cada vez que me pongo a pensar en lo encantador de ese hombre siento un remolino en el estómago. Y no está bien. Él es mi jefe. Tengo que comportarme como una profesional. A pesar del estupendo día que ayer pasamos juntos, no debo vincularme emocionalmente con él. Creo que lo escribiré 100 veces, como hacíamos en la primaria No debo vincularme emocionalmente con mi jefe No debo vincularme emocionalmente con mi jefe. Aunque sea maravilloso.
A pesar de no tener hijos propios, es fantástico con los niños. Tiene que ser un don innato, y me indigna que su miserable y escuálida ex mujer no se haya percatado de eso. O acaso si lo sabe, pero prefiere ignorarlo. Cada vez que me pongo a pensar en él, me esfuerzo por recordarme que no está libre. Es posible que vuelva con Shion. Dios nos proteja. No sería extraño pues el sigue vinculado emocionalmente a ella. También tendré que escribir es 100 veces, a ver si así se me mete en la cabeza de una buena vez. Que me lleve a mi y a mis hijos a Londres no significa que me quiera llevar al altar. Se que ama a Shion. Tiene que amar a esa bruja tramposa para plantearse la posibilidad de volver con ella, después de todo lo que le hizo. Exhalo un suspiro. Aun así me encantaría que mis hijos tuvieran a un padre como Naruto. Kiba nunca tuvo madera de progenitor, ni siquiera cuando vivía con nosotros.
-¿Por qué no te compras uno tu?- sugiere Sakura señalando un diminuto uniforme de enfermera.
-Si, claro.
Cuando termino de cuidar a los niños todo el dia lo último que me apetece es vestirme de enfermera y seguir ejerciendo el mismo papel en un hombre. Eso también incluye el disfraz de doncella y cantinera medieval. ¿Por qué todas las fantasías sexuales de los hombres giran alrededor de mujeres sumisas?.
Nos abrimos paso hasta llegar al exhibidor de vibradores- cuyos colores abargan toda la gama del arcoíris- Vemos un vibrador de color rosa –De tacto suave y realista-.¡Que horror!. Si yo fuera hombre y tuviera un apéndice que se pareciera remotamente a esa cosa, me ingresaría en la primera clínica que encontrara.
-¿Por qué no me regalas este?- suplica Sakura con un gimoteo.
Me quedo mirándola horrorizada. Ha escogido un disfraz de conejito. Es color rosa espantoso y no se parece en lo mas minimo a los adorables conejos de la vida real.
-¿O tal vez debería escoger ese vibrador purpura?
Le lanzo una mirada de horror y estupefacción.
-¡Hina!
-Aver, ¿siquiera sabes cómo se usan, o peor, se limpian?
-Se lavan con un detergente bactericida.
-¡Puf! Ya te veo cortando verduras, mientras uno de esos cachivaches se seca en el lavavajillas.
-No tienes ni una pizca de romanismo hina.
-Si que lo tengo- replico yo- por eso no quiero practicar sexo con un juguete de plástico.
-¿Qué te parece este? –Coje otro- Este es el maximixador, según dice la caja tiene 23 cm de largo.
-¿23 cm? ¿Qué se supone que tienes que hacer? ¡Es gigantesco!
-¡Nada te gusta!- replica Sakura.
Menos mal que he prohibido a mi hija entrar en este emporio de placeres eróticos, sobre todo porque puede que sepa bastante más que yo, sobre algunos de los artículos que venden aquí. La debe con mi móvil y un helado para que se distraiga mientras Sakura y yo compramos.
Doy una palmada a Ryu en la mano, para evitar que alcance unos bombones en forma de pezón. Espero que cuando crezca no recuerde nada de esto, tal vez debí dejarlo con su hermana.
-Venga Sakura, ¿Cómo vas a esconder esas cosas de los niños?
-Tienes razón-suspira ella- Además ¿Cuándo encontraría un momento de tranquilidad para usarlo?
A regañadientes lo devuelve en su lugar y con un suspiro, lo contempla por ultima vez. Acto seguido dirige su atención a la sección de lencería.
-¿Por qué este repentino interés por la lencería diminuta?- Pregunto, como si no lo supiera ya.
-Por nada- Sakura se encoje de hombros.
-Creí que habías terminado con Sasuke.
Mi amiga guarda un molesto silencio.
-¡No estás pensando comprarte ropa interior para Gaara!
Sakura me lanza una mirada furiosa.
-¡A lo mejor me la compro para mi!
Y puede que sea verdad.
-Podría matar a Gaara por el poco caso que te hace-Le susurro a Sakura- Pero, a pesar de todo, no está bien que acompañe a su mujer a comprar lencería con las que seducirá a su amante.
-Siempre has sido más puritana que yo.
-No quiero que esto nos haga discutir. –Estrecho a mi amiga en un abrazo- Pero ya te he servido de coartada con Gaara más de una vez, y no me siento cómoda con ese papel.
Sakura me abraza mas fuerte.
-Si pensara que alguna de estas prendas podía ayudarte a salvar tu matrimonio, te la compraría al instante- aclaro- sabes que es verdad. Pero no puedo por que pienso que solo ayudara a separarte de tu marido.
-Entonces, yo me las pagare. –Espeta Sakura con un tono desafiante.
-No seas así. Quiero hacerte un regalo. Has sido un ángel conmigo, si no fuera por ti, no podría haber aceptado el trabajo.
-¡Entonces quiero estos! – Sujeta en alto toda clase de lencería que no cubre ni su … ¡en fin!
Nos acercamos a la caja para pagar.
-¿Por qué no te compras algo para ti?- Me pregunta Sakura.
-¿A donde llevaría puesto algo asi?- Señalo el corpiño de leopardo.
-A la oficina- responde Sakura con una sonrisa. – Podrías darle a Naruto una agradable sorpresa, cuando te inclines sobre su escritorio.
- Menuda pervertida estas hecha- digo yo- Naruto es demasiado bueno para caer con unos trucos tan evidentes.
Aunque debo admitir que si me viene a la mente alguno que otro destello enfermizo en el que mi jefe y yo actuemos de forma indecorosa entre los montones de documentos pendientes de archivar. Humm …
-¡Venga!- Sakura me da un codazo en las costillas. Puede queme de el lujo de comprarme alguna tontería para celebrar mi primer sueldo, por ninguna otra razón. Agarro la minúscula tanga trasparente de plumas de marabú. Tiene que despertar el interés en cualquiera, me imagino.
-Esto es absurdo.
-Ahora solo tenemos que encontrar una razón para que te lo pongas.
-Ya quisiera yo.
La cajera registra nuestras adquisiciones y las mete en una bolsa donde tiene el estampado de "sex shop" por todos lados, de manera que a nadie se le puede pasar por alto, el tipo de cosas que hemos comprado.
-Mami, mira lo que hemos hecho.
Ayami y Yumi, han encadenado a Ryu con unas esposas sadomasoquistas. Mi hijo lejos de preocuparse, sonríe de oreja a oreja. Ay dios santo.
-¿Dónde está la llave? – Les pregunto.
-No lo sé.
-Lo que me faltaba.
La encargada con una expresión de aburrimiento, abre el cajo y se acerca a nosotras con paso lento, la mujer libera a mi hijo de las esposas. Entonces, y solo entonces, Ryu rompe a llorar. Me pregunto si esto dice algo de sus predicciones futuras.
-Venga, vámonos de aquí.
Agarramos nuestras bolsas de lascivas mercancías y a nuestros respectivos hijos y entre risas, salimos de la tienda.
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Una vez abandonado el sex shop, nos embarcamos a una aventura mas saludable y llevamos a los niños a los columpios de un parque cercano. Mientras los niños juegan en el carrusel, Sakura y yo introducimos nuestros traseros de tamaño adulto en los columpios de tamaño infantil y nos balanceamos al tiempo que disfrutamos unos helados.
-¿Sigues sin saber nada de Kiba?- pregunta Sakura.
-Nada- sacudo la cabeza- Aunque de vez en cuando recibo llamadas extrañas, en las que cuelgan cuando contesto.
-Me alegra de que se marchara.
No hace falta que lo diga, nunca le cayó bien, ni siquiera antes de que nos abandonara.
-No era asi como imaginábamos nuestras vidas, cuando estábamos en colegio.
-Bueno, ahora tenemos a nuestro hijos.
-Si, ahora no podríamos estar sin ellos, pero todo es muy complicado ¿no te parece?
Observamos como los niños dan vueltas sin cesar en el carrusel, riéndose como locos mientras Mei les gira a toda velocidad, protegidos y libres de preocupaciones. Amo a mis hijos, pero me dan tanto trabajo, tal ves Sakura tiene razón. He echado a pique mi propia vida para que ellos vivan la suya y me pregunto si valdrá la pena. ¿Cuándo voy a tener mi recompensa por un amor tan desinteresado? ¿De verdad aprecian lo mucho que me esfuerzo y sacrifico por ellos? Entonces veo a mis hijos que por un instante mi miran y me sonríen dulcemente, y el corazón se me ablanda.
-Confió en que vale la pena, lo mismo pienso en tu caso con Gaara.
-Tres veces al año, Hinata. Solo 3 veces al año lo hago con Gaara. Dos cumpleaños y una noche buena. Hasta el día de san Valentín se ha quitado de la agenda. No es suficiente.
-Kiba siempre estaba dispuesto- Me encojo de hombros- No era cantidad lo que nos faltaba, aunque si cierta calidad. Por lo general me sentía muy presionada.
No parecía importarle si estaba cansada, ni lo que pudiera estar ocurriendo. Kiba invariablemente exigía su derechos conyugales. Es un término anticuado pero es que Kiba, en algunos aspectos era un hombre muy tradicional. Y yo solía ceder. Pero cuando hacíamos el amor, nunca me sentía especialmente amada, tenía la sensación de ser utilizada como un artículo electrodoméstico. Resulta irónico. Ahora Sakura quejándose del poco interés que su marido le proporciona y sin embargo, a mí me habría encantado tener un marido que se interesara mucho menos por mí. Eran muses escasos las ocasiones en la que nos acurrucábamos juntos hasta quedarnos dormidos. En el caso de Kiba o se me echaba encima o no me dirigía la palabra. No me imagino a Naruto en esa actitud, mas sin embargo me estoy imaginando a Naruto en demasiadas situaciones.
-La verdad que no esta tan mal tener la cama para mi sola.
-Si existe un matrimonio que debería haber terminado desde hace mucho, es el tuyo. En comparación, yo no me puedo quejar.
-¿No es lo que siempre te digo?- respondo yo con una sonrisa.
-Estar con Sasuke fue una maravilla.
-Fue … he ahí la clave.
-Si.
-Con el tiempo te olvidaras de el.-Le brindo una sonrisa y un apretón cariñoso.
-Es que no quiero olvidarlo. Nadie me había hecho sentir de esa manera jamas. Y ahora que conozco lo que puede ser, ¿Po que tengo que conformarme con menos?
-Guarda el recuerdo. Úsalo para mejorar la vida que tienes. Ponte esa ropa provocativa, puede que consigas maravillas con Gaara.
-Unos consejos muy sensatos. Pero ¿No sería mas fácil cambiarlo por otro?
Los niños, cansados se acercan corriendo. Mei deja a Ayami en brazos de Sakura y mi amiga sonríe al contemplar a su hija con las mejillas encendidas.
-Me parece que ambas sabemos la respuesta Sakura.
-Vamos, hay que ponernos en marcha.
-¿Vas a hacer algo esta noche?
-No, será otra velada salvaje de televisión y vino barato.
-Lo mismo que yo. Igual y decido pintarme las uñas de los pies.
-La emoción de nuestras vidas es verdaderamente extraordinaria.
En este momento no puedo llevarle la contraria.
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Gaara, Yumi y Ayami estaban alineados en el sofá viendo la televisión, cuando Sakura entro poniéndose el abrigo.
-¿Sales otra vez?- Pregunto Gaara, sin levantar la vista del absurdo programa.-Los vecinos van a pensar que tienes un amante.
-Tengo que ir a casa de Hinata. –Explico- No tardare, volveré en un par de horas.
-No entiendo de que pueden pasarse las mujeres hablando horas y horas.
-De la ineptitud de los hombres- replico Sakura con brusquedad.
Sin ningún comentario. Gaara devolvió la mirada al televisor. Sakura se acercó a las niñas y les dio un beso. Sakura pensó que les debía a sus hijas, algo mas que eso.
Se encamino hacia la puerta y luego miro hacia atrás, atacada de pronto por el remordimiento.
-Hasta luego.
Gaara soltó un gruñido.
Reprimiendo una oleada de irritación, Sakura dio un portazo. Subió a su coche y apoyo su cabeza sobre el volantee. Cuando Hinata le daba consejos, todo parecía muy sencillo, pero no lo era. Arranco el coche y siguió en línea recta. 10 minutos después se detuvo a las puertas del edificio de Sasuke. Se quedo un momento observando el edifico y le dio un vuelco al estómago, al recordar la última vez que estuvo ahí. Antes de pensarlo mejor, se bajó del coche y atravesó la calle, apretó el timbre junto al nombre de Sasuke Uchiha .
-Hola.
La voz de Sasuke sonaba a través del telefonillo.
-Entrega de pizza- Dijo Sakura- Jamos y piña con extra queso.
-Sube.
Sonó un zumbido y la puerta se abrió. Sakura atravesó el umbral y subió corriendo hacia el departamento, donde Sasuke le esperaba apoyado en el marco de la puerta. El corazón se le desbocaba del pecho y no solo por culpa de las escaleras. Era una mezcla de emoción y miedo. De tentación e inquietud.
Cuando Sakura se acercó, Sasuke esbozo una sonrisa y declaro.
-No me gusta la piña.
-Da lo mismo- respondió Sakura sin aliento- no he traído pizza.
Sasuke la rodeo con sus brazos y la arrastro hasta el vestíbulo, besándola y arrancándole la ropa antes incluso de cerrar la puerta. Arrojo al aire el abrigo de Sakura, le desabrocho la blusa y luego la apoyo contra la pared, antes de bajarle la cremallera de la falta y subírsela por encima de las caderas. Sakura suspiro de placer y se alegró de llevar puesta la ropa interior de leopardo, aunque sin duda a Hinata no le hubiera hecho gracia si llegara a enterarse.
Sakura arqueo la cabeza hacia atrás mientras Sasuke le quitaba la lencería de leopardo, al tiempo que la acariciaba y le recorría el cuerpo con los labios. Sakura temblaba de deseo. La ropa interior había durado muy poco, era verdad, pero estaba claro que había valido la pena.
-Nunca he deseado tanto a ninguna mujer- murmuro Sasuke mientras le besaba el cuello.
Sakura apenas conseguía respirar.
-Definitivamente…es…la última vez…. Que esto… pasa.
-Definitivamente- coincidió Sasuke, mientras ambos se dejaban caer al suelo.
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Estoy en la sala, probando nuestro viejo estéreo, mi hija me convenció de practicar unos pasos de baile que para mi gusto son demasiado lascivos. Cuando termina la canción nos entra un ataque de risa, al ver que Ryu intenta imitarnos. Mi hija se detiene por un instante y se muestra perpleja.
-Mama, ¿Qué significa zorra cachonda?
-Eh…
Que miedo me dan estas preguntas. ¿Acaso los productores discográficos, cuando hacen sus canciones no se paran a pensar en las pavorosas escenas a las que los padres nos vemos sometidos? ¿Es que no tienen hijos en casa? Cristina Aguilera y compañía tendrán mucho que explicarme si alguna vez se presentan a mi puerta. En ese instante suena el teléfono y me entra un alivio, me he salvado por los pelos. Confió en que no sea otra de esas veces en las que cuelgan cuando contesto.
-Hola.
-Hola, Hinata.
-Hola, Gaara.
Ahora lamento que no sea ese interlocutor misterioso. Me preocupa por que Gaara nunca me llama. Nunca. Creía que era físicamente incapaz de tomar un teléfono, con lo poco que habla ese hombre. Debe de ocurrir algo grave.
-¿Va todo bien?
-¿Esta Sakura contigo?
-Eh… Sakura.
-Ya sabes. Sakura, tu mejor amiga. La misma que me dijo que iba a verte un rato.
-Si, si- balbuceo- Sakura está aquí-
Se exactamente dónde esta y solo de pensarlo me entran ganas de asesinarla
-¿Me la pasas un momento?
-Eh.. –Mierda. Maldita sea.- En este momento esta en el baño. ¿Le digo que te hable cuando salga?
-No. ¿Dices que esta en el baño?
-Si- la garganta se me contrae hasta el punto se sentir que me ahogo. -¿Le digo que se comunique contigo?
-No, déjalo. No te molestes.
Y Gaara cuelga.
Sakura entro por la puerta principal justo cuando Gaara colocaba el auricular del teléfono.
-Hola- dijo- Ya estoy en casa.
Seguían sentados en el sofá viendo la televisión, tal y como cuando se había ido 3 horas atrás. Sakura abrigo la esperanza de no parecer tan desaliñada como se sentía. Las tres horas en la cama con Sasuke habían sido el equivalente a correr un maratón sin entrenamiento previo.
-Has tardado más de lo que pensaba- el tono de Gaara era más brusco de lo normal- Empezaba a preocuparme- lanzo una mirada penetrante al reloj.
-Ya sabes cómo es Hinata.- Sakura chasqueo la lengua y elevo los ojos al techo para mayor efecto. –Le encanta platicar.
-Si- respondió Gaara.
-¿Con quién hablabas por teléfono?
-Con nadie, se habían equivocado.
-Ah.
Yumi, soltó de sopetón:
-Papa quería que compraras papitas fritas al volver de casa de tia Hinata.
-Si quieres, puedo volver y comprarlas.
Sakura atormentada por el remordimiento contemplo a su familia. Antes sus ojos pasaba a toda velocidad las imágenes de Sasuke y ella en la cama.
Gaara se levantó.
-Iré yo- suspiro- No me vendrá mal un poco de aire fresco.
-¿Aire fresco? ¿Desde cuándo necesitas aire fresco?
- Desde ahora.
Gaara se enfundo en su abrigo y sin pronunciar palabra se encamino a la salido y se marcho dando un portazo. Sakura se mordió el labio preocupada.
Me paso la mano por la frente tratando de borrarme el ceño de preocupación y como no lo consigo, me empiezo a morder la uña.
-¿Por qué dices mentiras sobre la tía Sakura? –pregunta Mei. – No está con nosotros.
-A veces los mayores hacemos esas cosas.
Busco el número de Sakura en la agenda del teléfono y pulso el botón de llamada. Tiene el móvil desconectado, dejo un mensaje diciendo que me llame, pero como es natural no puedo explicarle que su marido la está buscando. Si ha decidido ser una adultera más vale que empiece a responsabilizarse y no me utilice de tapadera para sus infidelidades sin ni siquiera avisarme.
-¿Está preocupado el tío Gaara
Y encima involucra a mi hija en sus engaños.
-Si un poco.
-Los mayores siempre están diciendo mentiras- observa Mei- En mi opinión es una tontería.
-Tienes razón- coincido yo. Doy un abrazo a mi hija. – Una tontería muy grande.
Aun así, todos seguimos mintiendo ¿o no?
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¡HOLA!
¡Pues que me he desvelado por que me entraron unas ganas de escribir! jajá (Así que si ven la mala ortografía o palabras a media, discúlpenme, me ando durmiendo xD )
Pero como mañana tengo clase, no pude hacer muy largo el capítulo, pero de todos modos espero que les guste y lo disfruten.
La próxima semana subo tomos nuevos y respecto a los que me preguntan por los que bloqueo TV. TOKIO. Aún estoy viendo como subirlos, pues no quiero hacerlos de nuevo, son demasiados y me tomaría mucho tiempo, tal vez los grabe desde algún cel y los suba. No lo se, pero sean mas comprensivos ¿vale?. Me toma bastante tiempo. Pero yo prometo y lo cumplo, lo subiré, eso ténganlo por seguro.
Muchas gracias por sus reviews, los leo todos y todos son tan lindos, me suben el ánimo y me entran más ganas de escribir, gracias por el apoyo que le están dando a la historia.
Bueno los dejo, porque aquí ya son las 2 am D: y mañana tengo clase a las 7am (pero vale la pena la desvelada) Les mando muchos saludos, besos, abrazos. ¡Les quiero y nos leemos pronto!.
