5
De Lily y los Merodeadores
Se quedó mirando un momento la mano hasta que se la estrechó, a pesar de sentir un escalofrío por todo su cuerpo. Acto seguido, Snape dejó de prestar atención en Harry y se centró en la poción que Slughorn les pedía. Harry, por su parte, hizo lo mismo.
―Deberías tener cuidado con eso ―comentó Snape por lo bajo, sin mirarle.
―¿Qué dices?
―Deberías echar el acónito antes que el asfódelo o echarás a perder la poción.
Harry miró a su libro de Pociones, quien le decía que debía echar primero el asfódelo y después el acónito, pero Snape afirmaba que era lo contrario. Tampoco es que Harry fuese un hacha en Pociones, así que se dijo a sí mismo que no pasaría nada por intentar aquello que su futuro profesor le recomendaba, aunque le resultase raro seguir recomendaciones de Snape. Así pues, echó el acónito y después el asfódelo. Y de inmediato, la poción se tornó de un fuerte color anaranjado, en vez del simple tono naranja que el libro decía que adoptaría.
―Gracias ―alcanzó a decir Harry, pero Snape no respondió, simplemente se encogió de hombros y siguió trabajando con su poción.
Al rato, el profesor se paseó por todas las pociones, evaluándolas una a una. Dedicó especiales elogios a la poción de su madre, así como a la propia Lily, pero no fue tan elocuente con las pociones de su padre y Sirius, las cuales, al parecer, resultaron ser bastante mediocres. La poción de Remus era más que óptima, por lo que el joven mago se ganó también su ración de felicitaciones. El profesor apenas pasó por la poción de Peter, lo que hizo entender a Harry que el joven era un caso perdido para el profesor. Finalmente, llegó hasta el pupitre de Harry y Snape.
―Sublime como siempre, Severus. Sublime. Y, ¿qué tenemos aquí? ―miró la poción de Harry ―. Vaya, veo que nuestra nueva adquisición ha recibido algo de ayuda de nuestro experto en Pociones, ¿no es así? ―Snape bajó la mirada, avergonzado ―. No se ponga así, Severus, nadie nace sabiendo. Estoy seguro de que dio muy buenos consejos a nuestro nuevo compañero. Diez puntos para Slytherin… Y otros diez para Gryffindor.
Snape, sorprendido, sonrió. Miró un momento a Harry pero no dijo nada.
Tras acabar la clase, Harry se dirigió a su primera aula de Transformaciones. Volvería a ver a la profesora McGonagall, preguntándose de qué humor estaría esta vez.
La clase de Transformaciones era impartida junto a los alumnos de Hufflepuff de quinto, pero Harry no conocía a ninguno de ellos. Tras tomar asiento en un pupitre y sin nadie que le acompañase, esperó a que la profesora llegase. Esta no tardó en aparecer, deteniéndose un momento ante Harry.
―Quiero que sepa, señor Granger, que aunque el profesor Dumbledore nunca se equivoca, no quiere decir que siempre tenga razón. No confío en usted, pero no me queda más remedio que aceptarle en mi clase. Pero se lo advierto, no se lo voy a poner fácil.
Tras eso, comenzó la clase. Fue como tantas otras clases a las que Harry ya había asistido con esa profesora, por lo que ella se extrañó de ello, como si Harry supiese de ella, lo que para Harry no contribuyó a normalizar la situación. La profesora McGonagall podría interpretarlo como que en realidad era un espía y sabía bastante sobre ella.
El resto de la clase transcurrió dentro de la normalidad, hasta que…
―Muy buena respuesta, señor Longbottom, diez puntos para Gryffindor.
Harry miró hacia el chico que acababa de responder y que lucía los colores de Hufflepuff. Era alto y tenía el pelo negro y corto. Tenía un cierto aire a Neville, pero no era tan parecido a su hijo como Harry y su padre lo eran. Se preguntaba a cuántas más gente de la que tanto había oído hablar vería a partir de ahora.
Tras terminar la clase, Harry se dirigió al Gran Comedor para el almuerzo. En cuanto estuvo sentado, se extrañó de ver cómo cuatro chicos se sentaban con él, los Merodeadores.
Su padre se había sentado delante de él y le miraba seriamente. Sirius se puso al lado de su padre, pero su expresión era más relajada. Peter prestaba atención a lo que iban a hacer o decir, pero Remus, por su parte, se sentó y comenzó a comer, decidiendo permanecer ajeno a lo que allí iba a pasar.
―Esto… ¿ocurre algo? ―quiso saber Harry.
―Chaval, te estás metiendo en arenas movedizas ―explicó Sirius.
―¿Cómo dices?
―Si vuelvo a verte hablando con Lily Evans, tío, vas a lamentarlo.
Harry se le quedó mirando.
―¿Eres su novio o algo así?
―No, no lo son. Ella no le soporta.
―Sirius, cállate ―se quejó James. Volvió la mirada a Harry ―. Te lo advierto, Lily Evans es mía y de nadie más.
―No sabía que ahora las mujeres fueran simples propiedades.
―Por favor, ¿queréis dejarlo ya? Os estáis comportando como críos ―fue Remus quien se quejaba.
James miró a su amigo.
―Deberías apoyarme en este asunto, Remus. Sabes lo mucho que me gusta Lily Evans.
―Sí, James, lo sé. Desde hace mucho. Pero ella, siento decirlo, no siente lo mismo por ti. Y no deberías ir diciendo por ahí que es tuya. Como Harry dice, ella no es una propiedad ―contestó seriamente.
James se le quedó mirando un momento hasta que se levantó. Peter hizo lo mismo de manera inmediata, no como Sirius, que se tomó su tiempo. Únicamente Remus se quedó en su sitio, comiendo.
―¿No vienes? ―quiso saber James.
―No, prefiero quedarme aquí y hablar con Harry para conocerle mejor. Creo que no resultará tan cretino como lo son ahora mis amigos. Además, ya me he servido la comida en mi plato.
Sirius se quedó sorprendido y Peter no entendía qué estaba pasando, mientras que James se sintió realmente ofendido. Acto seguido, se dio la vuelta y se marchó a la otra punta de la mesa, lejos de ellos, seguido por Peter y Sirius.
―Gracias ―dijo Harry a Remus.
―No te preocupes, mis amigos a veces pueden ser un poco idiotas. James y Sirius son los que siempre llevan la voz cantante, aunque saben que conmigo no tienen nada que hacer. El problema es que Peter siempre les ríe las gracias y eso hace que tengan un ego más grande que sus cabezas. Y yo siempre le digo que no debería vivir tanto a la sombra de esos dos, que tiene potencial para muchas cosas, pero él no hace caso.
Harry miró a Remus sin entender ¿Era ese el mismo Remus Lupin, amigo de sus amigos y Merodeador hasta la médula? Porque más bien parecía un chico un tanto asqueado de sus amistades, de las actitudes que ellos tomaban. Harry vio que Remus lucía una insignia de prefecto en el pecho, lo cual podría explicar esa actitud. O tal vez se debía a cierta compañera prefecta que le decía que tenía que ser más inflexible con ellos.
Sea como fuere, Harry estaba ante el muchacho que un día se convertiría en su profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras y, sobre todo, amigo. Ahora era un atractivo joven de pelo castaño cobrizo que, no obstante, vivía rodeado de un aura de misterio y también, parecía estar enfermo, cosa que en realidad así era. Las profundas marcas en las cuencas de sus ojos daban fe de ello. Harry se preguntaba hacía cuántos días que hubo luna llena. Eso también le recordó hacerse la pregunta de si su padre, Sirius y Pettigrew eran ya animagos.
De repente aparecieron tres chicas. Una de ellas era su madre, pero no tenía ni idea de quiénes eran las otras dos, una chica rubia y la otra morena y de pelo corto.
―Hola, Remus ―saludó su madre.
―Hola, Lily. ¿Qué tal las clases?
―Han ido bien. Oh, hola, Harry. Te presento a mis amigas. Ella es Mary MacDonald ―señaló a la rubia, quien apenas esbozó una ligera sonrisa y saludó. Era más baja que Lily, pero Harry dedujo que debía parecer una mezcla de Lavender Brown y Parvati Patil, porque parecía una chica presumida. Iba muy bien vestida para llevar un uniforme escolar, y sabía llevar las prendas obligatorias con gracia, además de lucir una diadema rosada en la cabeza ―. Y ella es Alice Fortescue ―esta sí que sonrió y saludó con una mano. A Harry le resultaba extrañamente familiar, aunque no sabría decir dónde había visto antes a esa chica.
Las tres chicas se sentaron con ellos.
―¿Cómo es que no estás con tus amigotes, Lupin? ―preguntó Mary MacDonald con sorna.
Remus sonrió de tal manera que daba a entender que los comentarios de Mary le importaban lo más mínimo.
―Necesitan una cura de humildad, así que les he dejado a solas y he preferido comer con Harry.
Al instante, un chico apareció ante ellos, el mismo que había contestado a la profesora McGonagall en su clase. El tal Longbottom que tal vez podría tratarse del padre de Neville.
―Frank ―saludó Alice, sorprendida.
―Esto… Hola, Alice.
Mary rio por lo bajo, pero recibió un codazo de Lily a modo de reproche.
―¿Ocurre algo?
―Te… Te dejaste tu… tu… tu libro de Transforma… ci-ci-ciones en clase ―Frank tartamudeaba, no sabía Harry si porque le avergonzaba hablar con Alice o directamente porque ya era así.
―Oh, muchas gracias, Frank, a veces no sé dónde tengo la cabeza.
―Bue-bue-bueno, no-no pasa na-nada. Aquí es-es-estoy yo para tra-tra-traerlo de vuel-vuelta.
Alice sonrió complacida mientras le miraba. Se quedaron un momento en silencio hasta que Frank se dio la vuelta y se marchó tras despedirse. Harry pudo ver en su rostro que se lamentaba por algo.
Alice, por su parte, abrazó su libro de Transformaciones mientras sonreía con la mirada perdida.
―¿Por qué no le pides de salir? ―quiso saber Lily.
―Sí, Alice, porque si tienes que esperar a que Frank lo haga, puede hacerlo sentada. Con lo difícil que le resulta articular palabras ―bromeó Mary, pero a Alice no le hizo ninguna gracia. Se levantó de su silla y se marchó, sin siquiera haber comido.
―Mary… ―le reprochó Lily.
―¿Qué? Sólo era una broma ―se defendió Mary.
―A veces eres muy insensible. Frank y Alice harían buena pareja. Deberías apoyarla más, ya sabes lo insegura que es Alice desde lo de Avery.
―¿Avery? ―quiso saber Harry. Avery era apellido de mortífago.
Fue Remus quien contestó.
―Avery es un chico de Slytherin. Él y Alice estuvieron saliendo un tiempo, aunque a todos nos pareció muy mal, no sólo porque estos no son tiempos en los que una Gryffindor y un Slytherin puedan salir juntos, sino porque también sabíamos que a Avery le gusta juguetear con las Artes Oscuras. Fueron James y Sirius los que especialmente se afanaron para que Alice dejase a Avery, porque ellos detestan las Artes Oscuras, pero fue ella quien, al final, terminó con la relación, aunque ninguno sabemos por qué. Esperamos que nunca la maldijese o algo por el estilo.
―Suena horrible ―y en parte lo era. No sólo porque a Harry le parecía antinatural que una chica de Gryffindor como Alice saliese con un monstruo como Avery, aunque en esta época él sólo debería parecer un chico normal y corriente, al menos de forma aparente. También estaba el hecho de que un alumno practicase Artes Oscuras. Confiaba, en verdad, que no le hubiese hecho nada a Alice y que ella simplemente se diese cuenta de que ese chico no era lo que ella estaba buscando.
―Sí, pero en fin, eso ya pasó ―comentó Lily ―. Ahora deberíamos apoyar más que nunca a Alice, y eso empieza por no reírnos de Frank.
―Vale, vale, captado ―Mary se dio por rendida.
Entonces, fueron dos viejos conocidos los que aparecieron, Peter y Sirius.
―¿Qué ha pasado? ―quiso saber Remus.
―James anda un poco insoportable y hemos decidido dejarle solo. ¿Os importa si nos sentamos con vosotros?
Nadie se opuso a ello, así que se sentaron y comenzaron a comer. A Harry le resultaba bastante extraño estar allí, no sólo en aquella época, sino también el estar con esas personas, esa gente que únicamente conocía cuando ellos ya eran mayores. No eran esos mayores, eran jóvenes, con sus inquietudes, igual que él las tenía. Se sentía seguro entre ellos, aunque no podía evitar pensar en la realidad: él no pertenecía a esa época y, por tanto, debía encontrar cuanto antes la manera de volver al lugar que le correspondía.
