9
Dos años después
Se encontraba sentado en el alféizar de la ventana de la habitación de los chicos de séptimo de Gryffindor. Desde que se habían convertido en animagos y se lo habían revelado a Remus, muchas cosas habían sucedido, aunque la vida había seguido su curso, aunque quizás lo más importante fue el hecho de que los cuatro Merodeadores le acogieron en su grupo, casi como un quinto Merodeador, aunque Harry nunca se lo tomó en serio. Fueron y siempre serían cuatro los Merodeadores. Ni uno más ni uno menos.
Aún así, iba con ellos las noches de luna llena, ayudó a elaborar el Mapa del Merodeador, exploró los pasadizos del castillo y los que conectaban con Hogsmeade junto a ellos, aunque se podría decir más bien que fue Harry quien mostró esos secretos al grupo. Casi no se daba cuenta, pero era Harry quien estaba configurando el grupo tal y como se conoció siempre. Incluso tenía un mote, igual que ellos. Eran Lunático, Colagusano, Canuto, Cornamenta y Lechuzo. Se le hacía raro que le llamasen así, pero así era el cariz que estaban tomando los acontecimientos.
Y ahora afrontaba su séptimo año. En su quinto año, realizó sus TIMOS, de igual manera que los habría hecho estando en 1995. En sexto tomó una serie de asignaturas en función de la carrera que realizaría tras acabar la escuela. Si hubiese albergado una mínima esperanza de regresar a 1995, no se habría preocupado tanto, pero dadas las circunstancias debía labrarse un futuro. Era por eso, aunque nunca llegaría a saber por qué, que tenía pensado entrar en la Oficina de Aurores del Ministerio.
―Hola, Harry.
Fue su madre quien entró en el compartimento del tren.
―Hola, Lily.
Ya no le resultaba tan extraño llamar a su madre por su nombre. Habían pasado casi dos años desde que llegase a 1976, y por aquel entonces la sola situación de estar junto a sus padres le resultaba insólita. Ahora ya, prácticamente, se había acostumbrado a ello, incluso a llamarles James y Lily y no como siempre había querido que fuese en realidad, papá y mamá. Pero claro, muchas cosas habían cambiado.
Los veranos, Harry los pasaba en el cuartel de la Orden. Dando por sentado que Harry jamás volvería a su tiempo, Dumbledore le permitió quedarse en el cuartel, salvo las veces que podía ir a visitar a su padre a su casa y, por tanto, conocer a sus abuelos mágicos. Lo mismo ocurría con su madre, con quien había labrado una gran amistad, de modo que llegó también a conocer a sus abuelos maternos, así como encontrarse con una joven tía Petunia y, sorprendentemente, su novio Vernon, una versión casi idéntica de Dudley.
A veces sentía que era Harry y a la vez no lo era. Que era un nuevo Harry, el que había llegado a 1976 y, por tanto, adquirido una nueva identidad, dejando atrás al Harry de 1995. Se preguntaba cómo estarían las cosas en 1995, qué transcurso habría seguido la guerra, aunque también pensaba que, técnicamente, esos hechos aún no habían tenido lugar.
Y luego estaban sus padres como tal, que aún no habían comenzado su relación. Harry sabía que sería en este año cuando empezarían a salir juntos, pero temía que les ocurriese como a Frank y Alice, que fue Harry quien tuvo que dar el empujón. ¿Tendría que hacer lo mismo con sus padres? ¿Y si no quería? ¿Desaparecería sin más de la faz de la Tierra? Sea como fuere, de momento era mejor esperar. El caso de Frank y Alice fue repentino, fue Frank quien vino a él. No esperaba que su padre se presentase ante él pidiendo consejo sobre relaciones sentimentales, pero al menos dejaría que los acontecimientos siguiesen su curso.
Fue entonces que los cuatro Merodeadores entraron en el compartimento.
―Hola a todos ―saludó Remus.
―Hola, Lily ―fue su padre quien saludó a su madre, aunque Harry notó algo distinto en su actitud. Ya no se revolvía el pelo ni sonreía de medio lado. No le había llamado Evans, le había llamado Lily. Era simplemente un chico que saludaba cortésmente a una chica. Todos y cada uno en el compartimento se percataron de ello y miraron a James.
―Esto… Yo mejor me voy a buscar a Mary. Alice estará con Frank, así que no quiero molestarle. Nos veremos en el Gran Comedor.
Caminó hasta la puerta del compartimento, pero se cruzó justo delante de James. Tuvieron un momento en el que ninguno sabía dejar paso al otro, hasta que finalmente James se apartó. Tras tomar todos asientos, el silencio se hizo patente.
―Bueno… ¿Nos cuentas qué te pasa? ―preguntó Pettigrew, siempre Pettigrew para Harry, al fin.
―No sé, creo que siento que todo este tiempo no he tratado bien a Evan… digo, a Lily. Es por eso que considero que he de ser más amable. Aparte, este año los dos somos Premios Anuales y vamos a pasar más tiempo juntos ―explicó James.
Era cierto. Durante el verano su padre le escribió comentándole la gran noticia, aunque ninguno lograba entender por qué James precisamente había sido elegido Premio Anual. Sea como fuere, era cierto que tanto él como Lily iban a pasar más tiempo los dos juntos este año y, por tanto, deberían aprender a llevarse mejor. Por parte de James parecía que la cosa estaba teniendo lugar.
Por fin llegaron a Hogwarts. En el Gran Comedor tuvo lugar la Ceremonio de Selección y el banquete de bienvenida. Durante la cena, Harry miró hacia la mesa de los Slytherin. Snape se encontraba allí, igual de ausente que siempre. Había algo más que había sucedido estos años y que Harry había descubierto. Snape y su madre habían sido amigos durante años, hasta que en quinto, él le llamó sangre sucia a ella. Desde aquel entonces, su madre se había esforzado en no dirigirle la palabra a Snape. A Harry, por su parte, le resultaba muy raro que precisamente Snape fuese amigo de su madre.
Y luego estaba el hecho de que ese era su último año, seguramente en cuanto saliese de Hogwarts correría a unirse a las filas de Voldemort. Esa era una de las cosas en las que Harry, muy seriamente, había tratado de intervenir, pero siempre había una voz en su interior que le impedía hacerlo.
Tras el banquete, los prefectos, junto con los nuevos Premios Anuales, se marcharon para guiar a los alumnos de primero. Harry también logró desprenderse de Sirius y Pettigrew y caminó a solas por el castillo. Sus pasos, no sabía por qué, le llevaron hasta la puerta de la Sala de los Menesteres, que no era más que un muro, pero él sabía que detrás de ese muro era donde se encontraba aquel mágico lugar.
Suspiró.
No había intentado utilizar de nuevo la sala. Retroceder más atrás habría sido inútil, y era más que imposible intentar regresar al pasado. Se dio la vuelta y puso rumbo a la Sala Común de Gryffindor. Sin embargo…
El ruido le hizo volverse. Allá donde estaba el muro ahora se materializaba una puerta, la puerta de la Sala. Harry no entendía nada, él no había deseado ningún lugar en concreto, ¿por qué la sala aparecía? ¿Quería decir que alguien estaba saliendo de ella?
La puerta por fin se abrió. Dentro estaba totalmente a oscuras, pero pronto dos figuras salieron. Una era alta y de cabello rojizo, la otra más baja y de pelo castaño revuelto. Ambos avanzaron unos pasos y se detuvieron ante él, mirándole tan sorprendidos como lo estaba Harry.
―¿Ron? ¿Hermione? ―alcanzó a decir.
Ron sonrió.
―Hola, Harry.
Entraron en un aula en desuso, con las sillas y pupitres amontonados a un lado. Únicamente el escritorio del profesor permanecía en su sitio.
―¿Cómo habéis llegado hasta aquí? ―quiso saber Harry.
―Bueno, fue más sencillo de los que pensábamos. Lo hemos hecho igual que tú, únicamente nos concentramos en ti y la sala nos llevó hasta este momento ―explicó Hermione ― ¿Qué año es?
―1978 ―contestó Harry.
―Entonces tenías tú razón ―confesó Ron.
―¿Razón en qué? ―quiso saber Harry.
Fue Hermione quien contestó.
―En que la única época a la que podrías haber retrocedido era la de tus padres, para poder conocerles.
―Tienen mi misma edad. Se me hace raro verles como mis padres. Pero, ¿sois conscientes de lo que habéis hecho? No se puede volver al futuro, este aún no ha sido escrito.
―Conocíamos ese riesgo, Harry ―dijo Hermione.
―Pero era mejor que quedarnos en nuestra época. Supusimos que si viajábamos al pasado y te encontrábamos… Los tres podríamos arreglar este desaguisado.
―¿Desaguisado? ¿Qué desaguisado? ―Harry temía saber a qué se referían sus amigos.
―Voldemort ―confesó Hermione, sin miedo a pronunciar ese nombre.
―Ha tomado el control ―terminó Ron.
―Cuando te fuiste, el resto del quinto año transcurrió en relativa calma. Llegaban noticias de sucesos extraños y hubo fugas en Azkaban, pero el Ministerio se negaba a ver la realidad. Dumbledore se afanó por ocultar tu desaparición, pero finalmente salió a la luz. Al final del año, los mortífagos entraron en el Ministerio, aunque el motivo no es desconocido. Dumbledore llegó a tiempo y se enfrentó a Voldemort, de modo que Fudge, finalmente, aceptó su regreso ―explicó Hermione.
―El sexto año ya se sabía de tu desaparición. Dumbledore blindó el castillo, pero más allá de él todo era caos absoluto. Y... al final del año… ―parecía que Ron tenía dificultades para seguir.
―¿Qué? ―le alentó Harry.
―Dumbledore. Murió asesinado.
Harry se quedó en shock. ¿Dumbledore… muerto? Si para él era una de esas personas que siempre creía que estaría ahí.
―¿Cómo? ¿Quién?
Los dos jóvenes se miraron un momento antes de hablar.
―Snape ―confesó Ron.
―¡¿Snape?!
―Cálmate, Harry, ahora no es momento de indignarse.
Harry estaba a punto de estallar.
―¿Cómo que no es momento de indignarse? Ese hombre mató a Dumbledore.
―Harry, lo decimos para que no des un paso en falso. Para que no la tomes con el Snape de esta época ―explicó Ron.
Harry respiró furioso pero pronto se calmó. Tenían razón. Era culpa del Snape de su época, no del de la de esta.
―¿Y qué pasó después? ―quiso saber Harry.
―Con Dumbledore muerto, el castillo quedó desprotegido ―continuó Hermione ―. En el curso siguiente, Snape fue nombrado director casi al mismo tiempo que Voldemort tomó en secreto el mando del Ministerio. Pronto se inició una persecución contra la hijos de muggles y se los encarceló en Azkaban.
―¿Y vosotros? ¿Cómo lograsteis llegar hasta la sala?
―Con una ofensiva ―contestó Ron ―. Preparamos un escuadrón de ataque, con aurores que aún eran fieles y miembros de la Orden del Fénix. Pero todos sabían que era un suicidio. Las fuerzas de Voldemort pronto habían aumentado y nos superaban en proporción de tres a uno. Pero todo era una estratagema para que Hermione y yo nos infiltrásemos en el castillo y llegásemos a la sala. Hermione confiaba en poder convencer a la sala de hacernos retroceder.
―¿Y qué pasó con los que se quedaron atrás? ―preguntó Harry.
Ron no contestó, sino que bajó la cabeza y permaneció en silencio. Fue Hermione quien contestó.
―Se quedaron atrás. Lo más probables es que… ―pero no se atrevió a decir esa palabra ―. Los padres y hermanos de Ron estaban allí.
Los tres permanecieron en silencio. En última instancia, se abrazaron y permanecieron así durante unos segundos.
―Bueno, técnicamente… eso aún no ha ocurrido ―confesó Ron con una media sonrisa, aunque nadie más sonrió.
―¿Qué vamos a hacer ahora, Harry? ¿Qué ha pasado aquí durante este tiempo, has… alterado algo? ―preguntó Hermione, temerosa.
―¿Por qué piensas que he alterado alguna cosa, Hermione? ―Harry parecía algo indignado.
―Porque Peter Pettigrew existe también en esta época. Una época donde aún viven tus padres. Una época anterior a su muerte por culpa de la traición de Pettigrew. Por eso. Temía… Temía que decidieses alterar eso.
―¿Cómo? ¿Deshaciéndome de Pettigrew, Hermione? No soy un asesino, ¿de acuerdo? No soy Voldemort. Está bien, ¿quieres saberlo? Sí, durante estos casi dos años no he dejado pasar un momento sin preguntarme qué pasaría si evitase ese fatal acontecimiento. Créeme cuando te digo que lo he pensado, pero ¿habéis notado algo diferente cuando yo no estaba?
Ron y Hermione se miraron.
―Dumbledore dijo que todo parecía estar siguiendo su curso. El cambio más apreciable, tratándose de ti, habría sido el hecho de que tus padres estuviesen vivos, pero no fue así.
―Eso es porque no he alterado nada, Hermione. Al menos que yo sepa, porque me he notado un poco… involucrado en todo.
―¿Qué quieres decir? ―quiso saber ella.
―Hacer de Cupido para Frank y Alice Longbottom, alentar a mi padre, Sirius y Pettigrew a que se convirtiesen en animagos… Se supone que yo no debería hacer esas cosas.
―No, no deberías ―sentenció Hermione ―. Pero hoy es hoy, el futuro, según cómo se mire, aún no ha sido escrito. Los medios no importan si el fin va a ser el mismo.
―¿Qué debemos hacer ahora? ―preguntó Ron.
―Bueno, creo que por el momento a vosotros dos va a haber que reubicaros en esta época. Iremos a hablar con la única persona que puede ayudaros.
