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Razones para luchar

A la mañana siguiente, los tres se encontraban en la mesa de Gryffindor del Gran Comedor. Tanto Ron como Hermione iban ataviados con el uniforme de la escuela y los colores de la Casa de los leones. La noche anterior convencieron a Dumbledore de que ambos eran viajeros del Tiempo que venían de la misma época que Harry. Dumbledore se limitó a crearles una historia, alegando que ya llegaría el momento de querer saber cosas sobre el futuro, detalles de lo que estaría por llegar, igual que hizo con Harry en su día.

―Se me hace raro, creí que nunca volvería a vestir esta ropa ―confesó Ron.

―Bueno, técnicamente esta es nuestra última oportunidad de vestirla. Ahora que no podemos volver… ―comentó Harry.

―Creo que ese es el menor de nuestros problemas. ¿Y tus padres?

Harry miró hacia la puerta.

―Llegarán en cualquier momento, con el resto. Recordad que veréis a otros conocidos, como Sirius y Remus. No podéis levantar sospechas.

Uno a uno, todos fueron llegando y siendo presentados a Ron y Hermione. Aunque les parecía raro que dos jóvenes llegasen al castillo para cursar un único año, la tapadera que Dumbledore les había brindado, la de que debían estudiar en Hogwarts porque sus familias, quienes les habían instruido durante toda su vida, habían sido ahora asesinadas por los mortífagos, resultó ser creíble.

―Así que estáis aquí para terminar vuestra educación, ¿no? ―quiso saber Remus.

―Sí ―asintió Hermione ―. Sí, así es. Tristemente, mis padres y los de Ron fueron asesinados por mortífagos. Ellos se encargaron de nuestra educación durante todo este tiempo.

―¿Y cuáles son vuestras familias?

Harry, Ron y Hermione se miraron un momento.

―Yo me llamo Ronald Wellesley.

―¿Weasley? ―preguntó Sirius.

Sin embargo, Ron negó con la cabeza.

―No, no, Wellesley, no Weasley, aunque no es la primera vez que lo confunden. Mi madre es bruja, pero mi padre es muggle.

―Ah, entiendo. ¿Y tú? ―prosiguió Sirius.

―Yo soy Hermione Thomas. En realidad me adoptaron al nacer, de modo que nunca conocí a mis padres biológicos y no sé si son magos o muggles. Thomas es mi apellido de adopción.

Tanto Ron como Hermione se aseguraron de ponerse apellidos poco o nada conocidos, de modo que tuviesen algún progenitor muggle o, como había expuesto Hermione, que fuese adoptada. Wellesley no era más que una alteración de Weasley, y Thomas había sido prestado de Dean Thomas. Apellidos puramente muggles que no despertarían sospecha en el mundo mágico.

Pronto fueron a su primera aula, de modo que Harry se mantuvo cerca de Ron y Hermione, alegando que necesitaban de ayuda para adaptarse, pues él también tuvo que vivir esa situación hacía casi dos años. Nadie puso pegas, pero coincidieron en verse en el Gran Comedor para la comida.

―¿Seguro que no te importa? Si quieres, puedes pasar tiempo con tus padres ―comentó Hermione.

Harry sonrió.

―No pasa nada, hace dos años que ya les conozco. Puedo vivir un día sin verles. Sé que vosotros no necesitaréis mucha ayuda para adaptaros, pero necesitamos pensar qué vamos a hacer a partir de ahora ―explicó el joven.

―Harry tiene razón, técnicamente estamos atrapados en esta época y sin poder volver a la nuestra, aunque no haya algo por lo que volver.

―Lo que tenemos que hacer es… no hacer nada. Llegar al momento en que todo cambió ―expuso Hermione.

―¿Te refieres a cuando fui al pasado?

Hermione asintió con la cabeza.

―Exacto. Fue esa acción lo que lo alteró todo, lo que hizo que nosotros tuviésemos que venir hasta aquí también. Tan sólo tenemos que…

―¿Esperar diecisiete años? ―terminó Ron.

Los tres se mantuvieron en silencio. Sí, tendrían que esperar todos esos años y, cuando llegase el momento, impedir que el Harry de 1995 viajase accidentalmente al pasado. Sería en ese momento cuando todo volvería a ser como antes, cuando Harry permanecería en 1995 y proseguiría con su vida y su probable destino.

―¿Qué pasará con nosotros? ―quiso saber Harry ― En fin, si impedimos que yo viaje al pasado, nuestros yos de 1995 permanecerán en esa época, igual que nosotros. ¿Qué nos sucederá?

Hermione suspiró.

―No lo sé, Harry, porque no se tiene constancia de que alguna vez haya ocurrido. Sólo se puede especular. Se cree que los viajeros del Tiempo desaparecen, son "borrados" de la línea del Tiempo, pues las acciones que les permitieron existir y que finalmente ellos mismos repararon hacen que toda su vida, su existencia, sea reparada y borrada del Tiempo, para que sus yos originales retomen su camino. Otros creen que no ocurre nada, que los viajeros siguen existiendo aun cuando impiden a su yo original que viaje al pasado. Es entonces que se afanan por no intervenir más en la vida de sus otros yos. Y hay quienes dicen que no hacen nada, que prefieren no alterar los acontecimientos por temor a desaparecer, de modo que permiten a sus homólogos viajar al pasado como ellos hicieron.

―¿Entonces es como un bucle? ¿Siempre están viajando al pasado? ―preguntó Ron.

―Exacto.

Permanecieron nuevamente en silencio.

―Bueno, tenemos diecisiete años para decidir qué haremos en 1995. Ahora debemos preocuparnos, primeramente, de este año, y luego de los que estén por llegar. Os recuerdo que ahí fuera hay una guerra ―sentenció Harry.

Se dirigieron a su primera clase. Tras pasar el día, llegó la noche y Harry y Ron se encontraban en la Sala Común de Gryffindor.

―¿Dónde está Hermione? ―quiso saber Harry.

―Me dijo que se iba a dar una vuelta.

―Ya veo… Dime, ¿cómo está la cosa entre vosotros?

Ron le miró, un tanto alarmado.

―¿Qué cosa?

―Habéis pasado casi dos años solos, ¿me estás diciendo que no ha pasado nada?

Ron estuvo callado un momento mientras enrojecía, pero la repentina aparición de Sirius, Remus y Pettigrew le evitó tener que contestar.

―Hola, ¿dónde está James? ―preguntó Harry.

―Está con Evans, haciendo la ronda. Deberías decirle a tu amiga que está prohibido pasearse por el castillo tan tarde, si no quiere ser castigada ―comentó Sirius.

―¿Por qué lo dices? ―quiso saber Harry.

―Porque la hemos visto en el pasillo del séptimo piso, rondando mientras miraba insistentemente a un muro. Bueno, al muro donde se esconde cierta… puerta ―explicó Remus, evitando tener que hacer alusiones a la Sala de los Menesteres, ya que era poco o nada conocida y los Merodeadores habían decidido usarla como lugar de reuniones.

Harry y Ron se miraron un momento, extrañados. Se levantaron rápidamente con dirección hacia el pasillo del séptimo piso.

―¡Se supone que vosotros tampoco podéis salir! ―gritó Remus.

Pero ya era tarde. Los dos jóvenes habían salido por el retrato de la Dama Gorda. Al rato, ya estaban en el pasillo del séptimo piso, frente a donde estaría la entrada a la sala. Se concentraron un momento y la gran puerta apareció.

Una vez dentro, encontraron a Hermione, sentada en el centro.

―Hermione ―dijo Harry ―. ¿Qué estás haciendo aquí?

La joven se dio la vuelta pero no les miró. Tenía la mirada perdida.

―No lo consigo.

―¿Conseguir el qué? ―quiso saber Ron.

―Regresar al futuro ―fue Harry quien contestó.

Hermione centró su atención en Harry.

―¿Cuántas veces lo intentaste?

El joven suspiró mientras se encogía de hombros.

―Perdí la cuenta.

―¿Y no lo lograste?

Harry rió por lo bajo.

―Si lo hubiese logrado, no seguiría aquí. No, no lo conseguí. Dumbledore se percató de lo que estaba haciendo en la sala y pronto vino a… averiguar qué estaba haciendo. Fue entonces cuando le conté la verdad, que era un viajero del Tiempo y que venía del futuro por accidente, y que intentaba regresar a 1995 ―tomó aire, como si le costase hablar de ello ―. Pero me dijo que sería algo imposible, porque la sala sólo viaja allá donde ha existido, no allá donde existirá. Técnicamente, para nosotros, 1995 aún no existe.

Hermione bajó la mirada mientras trataba de pensar.

―Tiene… Tiene que haber alguna manera, algún modo de que podamos volver y…

Ron caminó hasta ella y le ayudó a levantarse.

―Ya has oído a Harry, Hermione, no hay nada que podamos hacer. Sólo esperar.

―Pero… pero…

Ron la rodeó con sus brazos, tratando de reconfortarla. Harry los miró un momento, enarcando las cejas. Ron se percató de ello, pero no dijo nada, simplemente se quedó mirándolo.

―Será mejor que nos vayamos a dormir. Tenemos un largo camino por delante a partir de ahora ―sentenció el joven pelirrojo.

Minutos después se despedían de Hermione en la puerta de su habitación. Por su parte, Harry y Ron fueron hasta su propia habitación que compartían con los Merodeadores, pero antes de entrar:

―Sus padres fueron asesinados ―soltó Ron de repente.

―¿Qué?

―Semanas antes de marcharnos. Los mortífagos la buscaban, pero sólo dieron con sus padres. Y los mataron. Es por eso que desde entonces trato de reconfortar a Hermione.

―Ron, yo…

―Desde que te fuiste, Hermione y yo hemos tenido una relación cordial, una relación de amigos. En esos casi dos años, ninguno tuvimos una relación, nos mantuvimos unidos intentando averiguar qué te pasó, a dónde fuiste. Pero en los últimos meses antes de que te fueses… Bueno, todo cambió. Pasábamos más tiempo juntos, ella vivía con el miedo a ser capturada, así que yo trataba de protegerla en todo lo posible. Se trasladó incluso a la Madriguera, a vivir con nosotros. No eres el primero que pregunta si estamos saliendo, Fred y George también lo hacían mucho, dado lo juntos que íbamos siempre.

―¿Y pasó algo? ―quiso saber Harry.

―Fue pocos días después de que supiese la noticia de la muerte de sus padres. No sé cómo ocurrió, quién hizo qué pero… ―su cara se tornó totalmente roja ―. Nos acostamos.

Los dos permanecieron callados.

―Bueno, no es algo malo, ¿sabes? ―terminó por decir Harry.

Ron sonrió instintivamente.

―Es sólo que… ella es nuestra amiga. ¿No es un poco raro?

―Sería raro para mí, que es como mi hermana. Pero una amiga siempre puede ser algo más.

―Yo… la quiero, Harry, aunque aún no se lo he dicho. Pero esto no es un tonto romance, ni un cuelgue ni nada parecido. Simplemente me he dado cuenta de que siempre la he querido.

Harry no dijo nada más, simplemente apoyó una mano en el hombro de su amigo y lo apretó mientras sonreía, devolviéndole él la sonrisa. El joven e inocente Ron que ahora ya no era ni lo uno ni lo otro. Ron había crecido. En todos los sentidos en los que era posible crecer. Ahora era un hombre. Y no, ya no era un tonto. Tenía la mirada de alguien que había visto demasiadas cosas en tan poco tiempo. Por supuesto, Harry se alegraba de que Ron y Hermione estuviesen juntos, porque era algo que siempre había esperado.

―Vamos, como has dicho antes, tenemos un largo camino por delante. Mejor que descansemos.


Los días y las semanas transcurrían sin más. Ahora que se veían resignados a pasar diecisiete años esperando a que llegase 1995, tenían que cumplir sus obligaciones de la misma manera que si viviesen en su época, y eso incluía cursar su séptimo curso y prepararse para los EXTASIS, algo en lo que Hermione, como era de esperar, estaba más volcada que nunca.

―Ni siquiera en otra época dejará de ser quién es. A pesar de la que nos espera en el futuro ―se quejó Ron.

―Es Hermione, ¿qué esperas? Nos dirá que esto es lo mejor para prepararse.

―Por supuesto que esto es lo mejor para prepararse, Harry ―Hermione apareció detrás de ellos, cargada de libros ―. Los EXTASIS no sólo nos ayudarán a afrontar el mundo que ahí fuera, profesionalmente hablando, sino también la oscuridad que hay ahí fuera ―miró a su alrededor y bajó la voz ―. Voldemort.

―Por cierto, ¿qué vamos a hacer con ese tema? Quiero decir, cuando salgamos de la escuela ―quiso saber Ron.

―Bueno, supongo que nos podremos unir a la Orden del Fénix. Está operativa en este momento ―comentó Harry.

―¿Estás seguro de ello? En fin, la tasa de mortalidad de la primera Orden era un tanto… elevada.

―Sé que es un riesgo, Hermione, pero creo que será bueno para todos, ver cómo les iba a mis padres, Sirius, Remus…

―¿Pettigrew? ―dejó caer Ron.

Harry permaneció callado, haciéndose el inocente.

―¿Qué estás tramando? ―preguntó Hermione, alarmada.

―Nada. No estoy tramando nada.

―¿Entonces por qué quieres unirte a la Orden? ¿Por qué ese interés, cuando lo que deberíamos hacer, nada más salir de Hogwarts, es escondernos y esperar? ¿Acaso esperas… esperas cambiar las cosas? ¿Salvar a tus padres?

―¡Sólo quiero luchar, Hermione! ¡Luchar! Porque como tú bien dices, él está ahí fuera. ¿Cómo podría quedarme de brazos cruzados sabiendo que mis padres arriesgan sus vidas cada día? ¿No te has parado a pensar que una de las cosas que me pedirían ellos y el resto de Merodeadores sería que me uniese? ¿Acaso nuestra idea en 1995 no era también unirnos a la Orden y luchar?

―Cálmate, Harry ―le detuvo Ron.

―Claro que sí, Harry, claro que sí. Lucharíamos en su momento. Pero ahora las cosas han cambiado.

―Me da igual lo que hayan cambiado, Hermione. No me quedaré atrás mientras los demás luchan. No pienso esconderme. Vosotros podéis ocultaros y esperar diecisiete años, pero eso es algo que yo no voy a hacer. Y no pienses que esto es algo que he decidido ahora. Llevo pensando en ello desde el momento en que descubrí que no podría volver.

Hermione no dijo nada más, mientras que Harry prefirió estar solo. Se dio la vuelta y se marchó, sin rumbo fijo, caminando por los pasillos de la escuela. En algún momento, se cruzó con alguien.

―Hola, Harry.

―Hola… James ―era su padre quien había aparecido ante él.

―¿Qué haces aquí? Es un poco tarde para estar levantado, deberías volver a la Sala Común.

Harry miró a su padre, extrañado.

―¿Quién eres tú y qué has hecho con James Potter? En fin, nunca te ha preocupado demasiado que alguien incumpla las normas. No cuando tú eres el primero en incumplirlas.

James sonrió, avergonzado, mientras bajaba la cabeza.

―Ya, pero esto ―se señaló la insignia de Premio Anual ― cambia las cosas. En fin, no es que me guste, pero lo hago por Lily.

―¿Qué tal entre vosotros? ¿Va bien la cosa?

―Bueno, al menos ya no se enfada al verme, sino que es capaz de permanecer a mi lado y los dos hemos aprendido a tener interesantes conversaciones.

―Me alegra oír eso. Bueno, seguiré tu consejo y volveré a la Sala Común, pero hazme un favor, no te vuelvas tan blando.

Los dos rieron. Harry se dio la vuelta y regresó a la Sala Común. Por la noche, sin saber por qué, se despertó. A pesar de la oscuridad que imperaba en la habitación, se percató de que su padre no había llegado aún. Se levantó de la cama y caminó a tientas hasta fuera.

La chimenea de la Sala Común aún iluminaba la estancia, a pesar de que lo normal sería que apenas unas brasas quedasen. Podía oír pequeñas risas y breves e ininteligibles comentarios. Bajó con cuidado las escaleras, sin hacer ruido, hasta que llegó lo suficientemente cerca como para ver qué estaba pasando. Y entonces lo vio, a su padre y a su madre, juntos y, más aún, abrazados y besándose. Ella sonreía y él también, dándose pequeños besos de vez en cuando.

Se ocultó entre las sombras antes de que supiesen que estaba ahí. Sonrió ampliamente y decidió volver a la habitación para no interrumpirles. Se alegraba de ver por fin a sus padres juntos, y más aún de no tener que haber sido él quien les uniese.