¡He vuelto!

Lo sé, lo sé. Hace mil que no publico/actualizo. Pero ya estoy aquí, aprovechando que hay parón de Glee hasta el 2015 para finalizar todas las historias Samcedes que tengo abiertas. En twitter dije que el "Estudiante" sería la primera que actualizaría, pero al final me he decidido por darle un final a ésta. Al fin y al cabo, un Santa Claus en Junio no tiene mucho sentido, y si seguía esperando para cerrarla, os ibais a morir de la espera. No me gusta mucho el acabado final, pero era publicarlo o seguirle dando vueltas durante otro mes, así que ya sabéis, tomates a mí.

Antes de dejaros con el desenlace, quiero agradecer a todos aquellos que me habéis estado dejando reviews estos meses, y aquellos que me habéis preguntado cuando volvería. Me hace muchísima ilusión saber que aún tiempo después de haberlas acabado, la gente me sigue comentando cuánto le gustan mis historias.

Gracias también a todos los que habéis seguido al "TeamSamcedes" en twitter y tumblr. Éstos han sido unos meses muy bonitos informando de spoilers, tuiteando escenas y citas, organizando trends. No sabemos todavía qué nos deparará la sexta temporada en referencia a Samcedes, pero intentaré estar ahí para informar, como lo hice en esta quinta temporada. Sigo creyendo que ellos son endgame y que como dice Sam, están destinados a estar juntos, pero habrá que esperar para ver cómo acaba todo. ¿Qué os parecieron las escenas de la quinta en general? ¿Os esperabais tantas cosas de repente? ¿Tantos besos? ¿Tantos abrazos? Yo no. Y estoy completamente feliz de que nos hayan regalado todo eso. Lo que me faltó fue un dueto, eso sí xDD

Y para aquellos a los que os gustan los roleplays, deciros que Ale ("A-l-3-j-a-d-r-a" en fanfiction) y yo hemos hecho uno nuevo Samcedes. En él yo soy Sam y ella es Mercedes. Sam es fotógrafo y Mercedes es editora, y ambos trabajan para el NY Times. Os contaría más, pero sería spoiler, así que ya sabéis, si queréis leer su historia, os invito a pasaros por sus tumblrs, solo tenéis que poner en google: "photographevans" y "publishermercedes" y os saldrán sus links.

Y no os molesto más, que siempre me enrollo como una persiana en las notas de autor xD A disfrutar del final y... Nos vemos, pronto.


Disclaimer: Glee no me pertenece.


Un Santa Claus diferente

Parte Dos:

Mercedes Jones estaba completamente segura de que ese día llegaría tarde a todas partes. Y no es que hubiera sido precisamente su culpa. Puede que se hubiese quedado dormida por la mañana, sí, y puede que también se hubiese olvidado, un poco, de que su hermano iba a dejarle a su sobrino para que ella le llevase a ver a Santa Claus. Pero de lo que no tenía culpa era de que éste hubiera terminado siendo un impresentable. Él había sido el causante de que ella hubiese acabado llegando tarde al trabajo. Y como consecuencia, había sido también el causante de que ella saliese tarde de él, corriendo a toda prisa para llegar a casa y cambiarse para asistir a la apertura de un nuevo local del que se hablaba en toda la ciudad.

La gran pregunta era: ¿Tenía ganas de ir? Por supuesto que no. ¿Acabaría acudiendo? Sí, si quería tener algo que escribir en su columna al día siguiente.

—A veces odio mi trabajo —le habló al teléfono, recibiendo risas del otro lado.

—No, no lo haces —oyó responder.

—En serio, Kurt. Deberías estar aquí conmigo.

—Nope. De eso nada. Tengo cena familiar. La que tú también estarías teniendo si te hubieses pedido unas vacaciones.

—Te odio. Te odio mucho —dijo, dándole el dinero al taxista y bajándose ya del coche. Con el vestido que llevaba apenas podía moverse, y aquellos tacones tampoco le ayudaban—. Última vez que te hago caso.

—Seguro que estás preciosa. Y que ligas mucho —Su amigo no pudo evitar reírse de nuevo haciendo que la chica suspirase resignada.

—Ya he llegado. Tengo que colgar —habló, mirando el diseño exterior del local.

—Está bien. No mates a nadie, ¿vale? Y si lo haces, llámame para ver que hacemos con el cadáver.

—Muy gracioso, Kurt... Te llamaré luego, ¿vale? Te quiero.

—¡Te quiero! —le oyó chillar del otro lado de la línea antes de colgar.

Bueno... Sola ante el peligro...

Pensó, mientras veía cómo uno de los trabajadores le abría la puerta y le daba la bienvenida.

—Mercedes Jones —dijo, entregándole la tarjeta y dejando que el joven le guardase el abrigo.

—Disfrute mucho de su noche, Señora Jones —dijo el chico, animándola a seguir adelante.

—Señorita —le corrigió.

—Disculpe. Disfrute mucho de su noche, Señorita —volvió a decir el chico, cohibido.

—Lo haré. Muchas gracias —dijo, continuando su camino y sintiéndose un poco insegura sin aquel abrigo que la resguardaba del frío.

Sus ojos no tardaron en comenzar a inspeccionar el local, observando la decoración, la disposición de las mesas. Cada una de las cosas sobre las que hablaría al día siguiente en su columna. Los invitados, el servicio... Había demasiada gente y eso en cierto modo no le gustaba.

Buscar las salidas de emergencia fue lo siguiente que hizo, junto a comprobar las medidas de seguridad del local en caso de accidente. Definitivamente, su jefe no podría reprocharle el no hacer bien su trabajo.

—Me gusta —dijo en voz alta, dándose la vuelta de repente mientras avanzaba hacia la pista de baile. Había cambiado de opinión y había decidido comprobar la disposición de la barra cuando aquel giro hizo que su vestido se mojase y ella se chocase con el hombre que portaba la copa de champán que había causado aquel desastre.

—Oh... ¡Oh, joder! Lo siento mucho —le oyó decir, mientras ella trataba de secar con sus dedos las gotas de champán.

—No, fue... Fue mi culpa. Iba hacia... —No pudo completar la frase, porque aquella voz... ¡Aquella fastidiosa voz!

—¡Ho, ho, ho! ¡Pero mira a quién tenemos aquí! —Exclamó él, sonriéndole de oreja a oreja.

Era él. El Santa Claus del centro comercial. ¡El impresentable que le había estafado veinte dólares!

—Esto tiene que ser una pesadilla —las palabras de la chica salieron de su boca haciéndole reír.

—O definitivamente mi día de suerte —El muy idiota no había dudado en guiñarle un ojo—. ¿Cómo has sabido dónde encontrarme?

—¿Perdón?

—Perdonada —rió él, agarrando su mano y empezando a tirar de ella entre la gente—. Ven, tómate una copa conmigo.

—¿Una copa? —La chica había tratado de deshacer su agarre pero solo había conseguido que él entrelazase sus dedos para no dejarla marchar—. ¡Ni de broma!

—¿Tienes miedo de emborracharte? —Le preguntó, soltándola por fin y apoyándose en la barra a su lado.

—Yo no me emborracho —respondió ella, esperando que él se diese cuenta de las ganas que tenía de matarle.

—Claro que no...

—¡No!

¿Hablaba en serio? ¡Menudo idiota!

—Ni tampoco fumas, a juzgar por cómo pisoteaste mi cigarrillo esta mañana —dijo, divertido, a la vez que llamaba al camarero que se encontraba en la otra esquina de la barra.

—No, no lo hago.

—Una chica saludable... Me gustan —dijo, sonriente, sacando su cartera del bolsillo de sus pantalones.

—Bien por ti —respondió ella, sin saber aún qué era lo que hacía que no se hubiese marchado aún de aquella barra y de aquel local. Oh sí... Su columna del día siguiente.

—Charlie, ponle una copa de lo que quiera a...

No sabía su nombre, y Mercedes se encargaría de que nunca lo llegase a saber.

—No quiero nada, gracias.

—Oh, vamos. De alguna manera tendré que devolverte tus veinte dólares de esta mañana.

—Podrías haber empezado por no aceptarlos —respondió ella, haciéndole reír una vez más.

—Vamos... ¿Qué quieres beber? Yo invito.

—Y yo no pienso aceptar nada que venga de ti —respondió, empezando a impacientarse. ¿Le había vaciado una copa de champán por encima, es que acaso no pensaba disculparse?

—Oh... ¿Por qué no? —Preguntó, poniendo cara triste.

—Porque eres un impresentable.

Vamos, Mercy. Tú puedes. Dile lo que es. No te dejes hipnotizar por sus bonitos ojos o su perfecta sonrisa. O lo sexy que es que te guiñe el ojo y... ¡Demonios! ¡¿Qué te pasa?! ¡Céntrate!

—Auch... Eso ha dolido, princesa. ¿Qué he hecho para ganarme ese honor?

—¿Te parece poco aceptar mis veinte dólares?

—Hey... Tú me los ofreciste, ¿recuerdas?

—Pero no para que tú los aceptases —respondió, haciéndole reír aún más. Era un impresentable, un idiota y un grosero—. ¿Qué es lo que tiene tanta gracia?

—Que Santa Claus no va a traerte regalos siendo tan mala.

—¿Estás de broma? ¡Deja de reírte! —Chilló, tratando de calmarse. Lo único que le faltaba era hacer un escándalo y salir en las noticias.

—¿Vas a decirme tu nombre?

—No.

¿Es que acaso no se rendía? ¡Ella no pensaba decírselo ni en un millón de años!

—¿Por qué no? —Preguntó de nuevo, viéndola resoplar.

—Ya te he dicho porqué no.

—¿Porque soy un impresentable? —Dijo, arqueando las cejas.

Dios, ¿cómo puede ser tan sexy haciendo eso?

—¡Y porque no me gustas! —Elevó la voz, dejándoselo claro a él y a todos los que la rodeaban en aquella barra.

—Además de mala, mentirosa. ¿Eh? —Si Mercedes pensaba que aquella frase le había hecho rendirse, estaba completamente equivocada. El chico volvió a guiñarle un ojo, haciendo que ella quisiese tener a mano una sartén para golpearle.

—Eres un idiota.

—Monada, no eres la primera que me lo dice —le contó, a la vez que negaba con la cabeza.

—No me llames así —le exigió, asesinándole con la mirada. Si volvía a llamarla así él conseguiría que ella le rompiese una botella en la cabeza, y luego ella se sentiría mal por haberlo hecho y tendría que curarle y cuidarle y...

¡Mercedes, céntrate!

—Te llamaría por tu nombre, pero no quieres decirme cuál es. Así que... No sé. Prefieres que te diga... ¿Princesa? ¿Muñeca? Tía Mercy resultaría demasiado incestuoso.

—Eres un... —Sus palabras murieron al darse cuenta de lo que aquello implicaba.

¿Tía... Tía Mercy? ¿Cómo sabía que...? ¡Tommy! ¡Tommy y él habían hablado de ella!

Sus pies se movieron por fin, decidida a salir de allí. Decidida a dejar de babear por un impresentable. Decidida a hacer su trabajo y marcharse cuánto antes de allí. Pero él no se lo permitiría.

—¿Un qué? ¿Qué es lo que ibas a decir? —Preguntó, deteniéndola y girándola hacia él.

—Un... Un maleducado.

—Se te están acabando los adjetivos, ¿lo sabes? —Preguntó, atrayéndola hacia él al tiempo que empezaba a moverse con la canción que sonaba de fondo.

—¿Qué se supone que estás haciendo? —Las manos del chico habían rodeado su cintura y la habían pegado por completo a él. Si realmente había querido marcharse, ahora lo tenía prácticamente imposible.

—Bailar contigo —respondió él, rápidamente, dedicándole una sonrisa. Y por primera vez, Mercedes Jones no había deseado matarle. Quizás fuese el brillo con el que la miraban sus ojos, o el hecho de que aquella sonrisa que le había regalado no se pareciese en nada a las otras. Lo único que Mercedes sabía era que ella tenía que separarse de él. Antes de cometer una auténtica estupidez.

—Yo... Yo no quiero bailar contigo —dijo, al tiempo que él les separaba y la hacía dar una vuelta.

—Entonces, no bailemos —susurró, levantando su cabeza y sosteniendo su barbilla para que ambos mirasen hacia arriba.

Unas hojas de muérdago colgaban del techo y les saludaban sobre sus cabezas. Unas hojas de muérdago que la chica pronto odió.

Mercy... No. No le beses. No dejes que te bese, Merce.

Ojalá fuese tan fácil. Pensó ella, viendo cómo el chico comenzaba a cerrar sus ojos y a inclinar su cabeza para unir sus labios con los de ella.

Oh, Dios Santo. Perdóname por ser tan frágil.

Iba a dejar que lo hiciese. Iba a dejar que el impresentable Santa Claus que le había estafado veinte dólares esa mañana la besase. Le estaba permitiendo que la tocase, y sus manos... Éstas habían estado acariciando su espalda todo ese tiempo, haciendo que miles de cosquillas recorriesen su piel. ¡Demonios! Seguramente era de los que conseguían desnudar a las mujeres a base de palabras.

Estaba tan cerca... Sus narices se habían rozado y las manos de él habían subido para encontrarse con sus mejillas, acariciándolas suavemente. Ella se estaba volviendo mantequilla entre sus dedos. Parecía una niña esperando su regalo de Navidad. Parecía...

—Sam... Mamá y papá acaban de llegar. Dicen que... Oh, la chica de Santa Claus —oyeron decir a su lado, haciendo que ambos rompiesen aquel contacto. No habían llegado a besarse y ahora el chico miraba a la recién llegada con ganas de asesinarla lenta y dolorosamente.

—Todavía no, Stace. Gracias a ti.

—Quiero decir... La chica de esta mañana —se corrigió, rápidamente—. ¿Qué haces aquí? Además de enamorando a mi hermano.

—¿Tu...? ¿Tu hermano?

—Sí. Oh... Lo siento. No me he presentado. Me llamo Stacy, Stacy Evans. ¿Y tú eres...?

—Mercedes Jones —respondió rápidamente, saludándola con la mano, dándose cuenta al momento que con ello le había dado a él lo que llevaba buscando toda la noche.

—¿Mercedes Jones? ¿La columnista? —Preguntó Stacy, maravillada.

—¿Quién? —Oyeron decir a Sam, confuso.

—La columnista, Sam. La chica a la que le mandó mamá las entradas para la fiesta.

—¿En serio? Qué pequeño es el mundo —rió, mirándola de arriba abajo.

—Lo que mi hermano ha querido decir es, muchas gracias por haber aceptado la invitación, Mercedes —dijo Stacy, dándole un codazo a su hermano sin contemplación.

—¡Au! Sí. Eso es lo que he querido decir. Muchas gracias por haber aceptado la invitación, Mercedes —habló, recibiendo una risita por parte de la chica. Una que le hizo mirarla fijamente a la vez que ella sentía cómo sus mejillas se ruborizaban.

—Mamá le recomendó que estaría bien que el local saliese en la columna, pero Sam es demasiado olvidadizo para los detalles.

—No para todos —les aseguró él, sin dejar de mirarla.

—Un momento... ¿El... el bar es tuyo? —¿Cómo no se había dado cuenta antes? ¿Cómo no había podido ver que eso era lo que chica estaba tratando de decirle? ¡Mercedes Jones seguía completamente hipnotizada por aquellos ojos verdes que la miraban!

El bar era de él. Tenía un bar. Le había estafado veinte dólares y él tenía un bar.

¡Un bar!

Si se hubiese fijado en algo más que en qué bien le sentaba aquel traje que llevaba, podría haberse dado cuenta de que éste era de marca. Que no era barato, y que no todos podían llegar a pagar un traje como aquel. Pero Mercedes no había conseguido fijarse más allá de su sonrisa. Claro que no.

—Sí. Es de él. ¿No te lo había dicho? —Respondió Stacy en su lugar al ver que ellos no dejaban de mirarse.

—No salió en el tema de conversación —dijo él, encogiéndose de hombros.

—¡El bar es tuyo! —Repitió Mercedes, asustando a la chica y haciéndola dar un respingo.

—Creo que va a ser mejor que le diga a mamá que estás ocupado —Stacy no perdió oportunidad, marchándose de allí lo más pronto posible. Si iban a discutir, ella no quería estar presente en medio de aquel lío.

—No puedo creer que tengas un bar y no me lo hayas dicho.

—No salió en el tema-

—¡No vuelvas a decir que no salió en el tema de la conversación! ¡Este es tu bar! ¡Tienes un bar y te dedicas a estafar billetes de veinte!

—¿A eso se debe todo esto? ¿Es por el billete de veinte? —Preguntó, sacando su cartera y buscando entre los billetes para devolvérselo—. Toma tu billete. Ahora estamos en paz.

—Dios Santo... ¡Eres un idiota! Eres un... ¡No puedo creer que durante un segundo hubiese querido besarte! —Chilló, empezando a alejarse de allí a toda prisa.

Genial, Merce. ¿Tenías que gritarlo para que todos te oyesen?

—¡Espera! ¡Espera, Mercedes, por favor! ¡No te vayas! —Él la perseguía. Él no la dejaría salir de allí.

—¡Déjame ir! Ya te has reído lo suficiente de mí, ¿no crees? —Dijo, tratando de deshacerse de su agarre, pero resultándole imposible.

—Escúchame, por favor —le pidió, bajando ya la voz, mientras ella advertía que se encontraban en un pasillo, lejos de la fiesta y a la vez, lejos de la salida. ¿Dónde demonios se encontraba? —¿De verdad quisiste besarme? ¿Lo dijiste en serio?

—No —respondió ella, tratando de soltarse de nuevo. Logrando únicamente que él la rodease por la cintura como lo había hecho antes.

—Mentirosa... —le oyó decir, haciendo que ella le mirase. El chico le sonreía. Le estaba sonriendo con cariño y ella no entendía cómo su cuerpo había dejado de luchar por separarse y ahora aceptaba sus caricias en su espalda una vez más—. ¿Aún quieres? —Susurró, mirándola a los ojos.

—No —volvió a responder, aún sabiendo que le estaba mintiendo. Aún sabiendo que eso era lo que quería. Lo que deseaba. Pero no podía. No con él, y no después de...

Sus pensamientos murieron rápidamente cuando sintió las manos de él dejar su cintura y acariciar sus mejillas a la vez que su rostro se acercaba centímetro a centímetro al de ella.

—Qué pena que estemos debajo de otro muérdago —le oyó decir, sin darle tiempo a comprobar si aquello era cierto antes de sentir sus labios por fin uniéndose a los suyos.

Estaba en el paraíso y él era la serpiente. La que la estaba tentando con aquellos labios que besaban tan bien. Con aquellas manos que la acariciaban con cariño. La que la hacía temblar y no querer marcharse de allí a pesar de saber que aquello que estaba haciendo no estaba bien. Para nada bien. Y debería parar. Detenerlo. Pero no podía.

—Sam... No... —Trató de hacerlo, posando sus manos sobre las de él.

—¿No?

—No... —Respondió, sabiendo que debía separarle, dejar de besarle, pero sin poder lograrlo.

Es un impresentable, Merce. ¿Qué estás haciendo?

—Siento... Siento lo de antes —dijo él, separando sus labios y uniendo sus frentes, respirando un mismo aire—. Siento...

—¿Te estás disculpando? —Preguntó, abriendo los ojos y mirando los de él.

—Derribé una copa de champán sobre ti y te estropeé este vestido con el que estás preciosa. Así que sí, me estoy disculpando.

Había sido mucho más que eso, muchísimo más, pero Mercedes se calló, al oír aquellas últimas palabras.

—¿De verdad? —Preguntó, con voz suave.

—¿De verdad qué? ¿Qué estás preciosa o que me estoy disculpando? —Dijo él, dejándola libre y separándose un poco de ella. Pero no lo suficiente por miedo a que ella se marchase.

—Ambas —respondió Mercedes, levantando su cabeza a la vez que comprobaba que del techo no colgaba ni una hoja de muérdago—. Me mentiste...

—Lo sé... Y lo siento también por eso. Pero no podía dejar que te marcharas —admitió, rodeándola de nuevo con sus manos—. Dime, ¿crees en el destino?

Mercedes negó con la cabeza, no pudiendo evitar reírse con aquella frase.

—Lo que creo es que deberías cambiar tus técnicas de ligue —respondió.

—No. Hablo en serio —dijo, haciendo que ella le mirase de nuevo—. Piénsalo. ¿Cuántas posibilidades había de que nos encontrásemos esta mañana en aquella terraza? ¿O que nos volviésemos a ver esta noche? ¿O de que yo acabase besándote y tú quisieses golpearme?

—De eso último un cien por ciento —dijo ella, riéndose como una niña pequeña.

¿Qué se supone que estás haciendo, Mercedes? ¡Para!

—Si hubiera sido así, habría merecido la pena —admitió él, sonriente, a la vez que recibía un golpe no muy fuerte de ella—. ¡Au! Tía Mercy está siendo muy mala —susurró, sin malicia, a la vez que se inclinaba para rozar de nuevo sus labios con los de él.

—No... No puedo. Yo... tengo que irme —dijo, deteniendo su boca con su mano, a la vez que se echaba atrás y empezaba a correr, alejándose de allí.

—Mercedes, espera. ¿He hecho algo malo? ¡Mercedes! —El chico la perseguía pero ella había conseguido despistarle entre la multitud.

Había corrido sin detenerse, aún con aquellos tacones que amenazaban con hacerle caer. Había corrido y le había dejado atrás. Él había querido volver a besarla y ella no había querido dejarle. No otra vez. No nunca más. Había caído una vez con sus palabras, él había conseguido engañarla con sus gestos y sus disculpas. Pero aquella vez había sido la última. No regresaría a aquel bar. No volvería a pisar un pie en él. Porque si lo hacía. Volvería a caer. Y ésa vez, sería mucho más que con un beso.

¿Por qué siempre me fijo en los impresentables?

Se preguntó, subiéndose a un taxi y marchándose de allí sin mirar atrás.


Mercedes permanecía cabizbaja, mientras revolvía la salsa que su madre había dejado al fuego y Kurt Hummel le daba el sermón.

—Y simplemente te fuiste. Así, sin más. Sin ninguna explicación. Huiste a la carrera sin decirle adiós —dijo, decepcionado.

—¿Qué esperabas que hiciese? ¿Qué le dejase que me volviese a besar?

—No lo sé. Debió de gustarte lo suficiente si dejaste que lo hiciese una primera.

—Me engañó —se excusó, apagando el fuego de la olla y dejando la cuchara encima de uno de los platos. Saliendo segundos después de la cocina, con Kurt persiguiéndola hasta el salón—. Me hizo creer que había muérdago encima de nuestras cabezas.

—Oh, vamos, Merce. Si no hubieses querido que lo hiciese, no le hubieses dejado. Les has pegado a otros por mucho menos —dijo, sentándose a su lado en el sofá—. Lo que tienes es miedo de sentir algo por él.

—¡Pero si acabo de conocerle, Kurt!

—Por eso mismo —le dijo, pidiéndole que le mirase—. Te ha gustado de verdad y no quieres que te hagan daño.

—Él es un impresentable —se excusó nuevamente. Kurt no lo entendía. Nadie parecía entenderlo—. Un maleducado, un grosero.

—¿Por no haberte dicho que tenía un bar?

—¡Por haberse reído de mí! —Explotó, levantándose del sofá y alejándose un poco de su mejor amigo.

—¿Por aceptar tus veinte dólares? —Preguntó, levantándose él también.

—Es más que eso, Kurt. Es... mucho más que eso.

—Claro que lo es. Te gusta. Te gusta mucho y estás buscando estúpidas excusas para no darle una oportunidad.

—No son estúpidas —dijo, enfadada, viendo cómo el pequeño Tommy bajaba por las escaleras de la mano de su abuela—. Ya hablaremos de esto luego.

—No sueñes con que me voy a olvidar del tema —le aseguró Kurt, al tiempo que veía cómo Tommy corría hacia él y sus brazos lo atrapaban en el aire—. ¡Hey, grandullón! ¿Cómo está mi sobrino, preferido?

—¡Genial! Ayer Tía Mercy y yo fuimos a ver a Santa Claus —dijo el pequeño, chillándole junto al oído.

—¿En serio? ¿Y te trajo muchas cosas?

—Sí —respondió él, bajándose ya al suelo y yendo a saludar con la misma efusividad a su tía—. Y también trajo un regalo para Tía Mercy.

—¿Para mí? —Preguntó, Mercedes, mientras miraba a su madre, extrañada.

—Sí. Está arriba, ¡ven! —Chilló, tirando de ella y haciéndola subir las escaleras casi de dos en dos. Kurt y la señora Jones no tardaron en unírseles, viendo cómo ambos se detenían en la habitación del pequeño y éste le tendía un oso de peluche enorme a su tía—. Es para ti. De Santa Claus.

—¿De... De Santa Claus? —Balbuceó, mirando a Kurt y luego a su madre—. Mamá, ¿lo has comprado tú? —Susurró, en busca de respuestas.

—No, cariño. El propio Santa Claus le dio el dinero para que te lo comprase.

—Me dio dos billetes de veinte y me dijo que te hiciese un regalo tan bonito como tú —dijo ilusionado el pequeño.

—¿Eso dijo, eh? —Habló Kurt, arqueando las cejas, divertido.

—Tommy, no se dice lo que valen los regalos, cariño. No está bien —Le explicó la abuela, mientras Kurt miraba fijamente a su mejor amiga, y ésta permanecía completamente callada.

—¿Y bien, Mercedes Jones, cuál va a ser tu excusa ahora? —Dijo su mejor amigo, con una sonrisa de oreja a oreja.


"Sé que soy un impresentable, un grosero y un maleducado

y que probablemente no quieras volver a verme

pero me gustas de verdad, Mercedes Jones

y sería el hombre más afortunado del mundo

si me dejases vivir a tu lado la llegada del nuevo año.

PD: ¿Un beso a medianoche sería mucho pedir, no?

PD 2: Era broma... Simplemente, ven por favor.

PD 3: Te estaré esperando dentro de unos días.

Seré el impresentable Santa Claus tras la barra."

—Me equivoqué, Kurt —suspiró, sosteniendo entre sus manos aquella tarjeta.

—Un ramo de rosas. Dos entradas y una tarjeta. Jesús, Merce. Si que has tardado en darte cuenta —Dijo, tendiéndole aquel ramo de flores para que ella las oliese—. Sin olvidar el enorme oso de peluche que Santa Claus te trajo por Navidad.

—Puede que no sea como me lo había imaginado. Puede que...

—Puede que tengas que ir para conocerle realmente, ¿no crees? —La animó, sentándose en la silla de su oficina e inclinándose sobre la mesa para alcanzar su mano—. Vamos, yo iré contigo. No estarás sola por si al final resulta sí ser un impresentable. De hecho, yo mismo le pegaré un puñetazo si se pasa contigo.

—¿En serio? —Mercedes sonrió, acariciando su mano con cariño. ¿Qué haría sin Kurt? ¿Sin su mejor amigo? Aún no podía creerse la suerte que habían tenido de que a ambos les aceptasen para el mismo periódico. Se conocían desde niños y Mercedes no sabía lo que era la vida sin Kurt Hummel. Realmente esperaba no llegar a saberlo nunca.

—Claro que sí —Él también sonrió, apretando su mano para darle fuerzas—. Aunque algo me dice que no nos vamos a equivocar yendo a verle.

—Eso espero, Kurt. Eso espero —suspiró Mercedes, soltando su mano y atrayendo de nuevo hacia sí las rosas para olerlas.


Y allí estaba de nuevo. Con un vestido diferente, unos tacones diferentes pero un mismo final.

—¿Vas a hacer esto cada vez que nos encontremos? —Preguntó la chica tratando de secarse las gotas de champán que él había derramado de nuevo sobre ella. Solo había entrado y caminado hacia él y Sam se había girado demasiado rápido como para poder evitarlo.

—Yo... Lo siento. No... Lo siento mucho —Tartamudeaba, tratando de ayudarla a secarse también.

—Estoy bien. Solo es champán —le aseguró, alejando sus manos de ella y girándose hacia dónde estaba Kurt.

—Has... Has venido y... Acompañada —consiguió decir, mirando ahora al chico que venía con ella.

—Sam, este es mi mejor amigo, Kurt. Kurt, este es...

—El guapo Santa Claus. Es un placer conocerte, Sam. Me han contado muchas cosas de ti —Kurt no vaciló en tenderle la mano para que él se la estrechase.

—Supongo que todas malas —respondió el rubio, divertido, aceptando su mano.

—De hecho... No.

—Kurt...

—Ya me voy, ya me voy. Estaré en la barra o haciendo amistades por ahí. No os preocupéis por mí —les dijo, no tardando en desaparecer.

—Siento haberte arruinado otro vestido —se disculpó una vez más, mordiendo su labio inferior, nervioso.

—Se te está haciendo costumbre —dijo ella, sonriéndole. Quizás fuese el hecho de que él se había disculpado. O lo nervioso que él parecía estar, pero ella no podía dejar de pensar que se veía adorable.

—Creí que no vendrías. Después de cómo te engañé el otro día.

—Deja eso atrás, Sam. No hagas que me arrepienta de haber venido —Estaba pidiéndole que empezasen desde cero. Estaba allí para conocerle, para darle esa oportunidad y esperaba que él no lo estropease de nuevo.

—Lo siento. Yo... Stacy creyó que las flores funcionarían, pero yo... No estaba tan seguro y... —El chico suspiró profundamente antes de seguir hablando—. Muchas gracias por venir.

—Sam, no estoy aquí por las flores. Ni por la tarjeta.

—¿Ah no?

—No —respondió, regalándole una sonrisa—. Estoy aquí por Tommy.

—¿Por Tommy? No entiendo.

—¿Por qué no me dijiste que le habías dado dinero para hacerme un regalo?

—Porque yo no se lo di. Fue Santa Claus —respondió rápidamente, haciendo que ella sonriese todavía más.

—No tenías porqué hacerlo. Santa Claus no tenía porqué hacerlo.

—"Santa Claus le trae regalos a las personas buenas y Tía Mercy lo es." —dijo él, imitando la voz del pequeño, provocando que ella rompiese a reír—. ¿Te gustaría bailar conmigo? Prometo no pisarte, ni propasarme. No esta vez.

—Me encantaría —respondió, aceptando su mano y dejando que el chico volviese a rodearla por la cintura. Ella no tardó en colocar sus manos alrededor de su cuello, mientras se perdía en sus preciosos ojos verdes. Puede que él fuese un impresentable, pero era el impresentable más adorable que había conocido en toda su vida.

—Eres preciosa —susurró él, con una sonrisa, sin poder apartar su mirada—. ¿Te lo había dicho ya?

—Preguntó, recibiendo un no de ella como respuesta. Un no que le haría volver a decírselo más de una vez aquella noche.

—¡Mercy! Oh, Dios, Mercy —Tan enfrascada estaba en su baile que ni siquiera se dio cuenta de que su mejor amigo Kurt había vuelto y la zarandeaba para que le prestase atención—. Mer-ce-des. He visto... He visto... Siento molestar, chicos.

—¿Qué has visto, Kurt? —Preguntó Mercedes, asustada. En otra ocasión hubiese querido asesinarle por interrumpir un momento como aquel, pero algo le sucedía a Kurt y si él no hablaba pronto, ella le sacaría las palabras a golpes.

—El pianista, Merce. Es...

—Kurt Hummel, respira y acaba tu frase —le dijo, apuntándole con el dedo.

—Es guapísimo, Merce. El pianista.

—Oh, es mi mejor amigo —Oyeron hablar a Sam de repente, girando sus cabezas hacia él.

—¿Perdón? —Dijo Kurt, regresando su respiración a la normalidad.

—Perdonado —respondió Sam, haciendo reír a Mercedes—. Te decía que es mi mejor amigo. El pianista. Puedo presentártelo si...

—¿En serio? —Preguntó el chico, mirándole como si estuviese loco.

—Sí... Claro —Sam asintió con la cabeza, feliz de por fin poder hacer algo bien.

—¡Genial ¿Podría ser ahora? —Le pidió Kurt, ilusionado.

—Sí, si a Mercedes le parece bien —El hecho es que él no quería alejarse de ella, quizás fuese por el temor de que ella se marchase de nuevo o se arrepintiese de haber ido en un primer lugar.

—Claro que sí, adelante —respondió ella, animándoles con una sonrisa.

—Mercedes Jones, cásate con este chico. Es una orden —le oyó decir a Kurt antes de ver cómo Sam se veía arrastrado por él hacia el piano.

¿Había hecho bien en acudir a la fiesta? ¿Había hecho bien en darle una oportunidad? Miles de preguntas la asaltaban y solo una respuesta se formaba en su mente.

Sí.

Hacía mucho que no sentía algo como lo que él había provocado con sus roces. Con sus palabras. Con sus gestos. Algo que había sentido la otra vez y que le había hecho salir huyendo, temiendo el volver a salir lastimada. Kurt había tenido razón. Ella tenía miedo. Miedo de que él le hiciese daño. Miedo de volver a creer en alguien.

Miedo de enamorarme.

Pensó, mientras notaba unos toques en su hombro, y éstos hacían que se girase para ver quién era la persona de la que se trataba.

—Viniste —le habló Stacy, con una sonrisa enorme.

—Sí...

—Él creyó que no lo harías. No sabía cómo disculparse, es un desastre —rió la chica, buscando a lo lejos a su hermano.

—Gracias por las flores. Eran preciosas —Mercedes le sonrió, agradecida. Girándose también para observar la escena que tenía lugar a lo lejos.

—Oh, yo solo le di la idea. Él las eligió —le contó Stacy, quitándole importancia.

—Stacy... ¿Puedo hacerte una pregunta?

—Claro que sí, dispara —Respondió, risueña, esperando su pregunta.

—¿Qué... Qué hacía él trabajando aquella mañana en el centro comercial? Es decir, tiene este local y-

—Oh... Nosotros no estábamos trabajando —la chica negó con la cabeza, efusivamente—. ¿Creíste que nos habían contratado? No, no. Es algo que hacemos todos los años.

—¿Todos los años? ¿Por...? ¿Por qué? —Mercedes sabía que estaba preguntando demás. Pero no podía detenerse. Cada pregunta que hacía le llevaba a otra y a otra.

—Porque es lo bonito de estas fechas, ¿verdad? Hacer felices a los niños —respondió Stacy, viendo como Sam regresaba ya.

—Sí, sí lo es —dijo Mercedes, notando la mano de Sam de nuevo en su cintura, y cómo miles de mariposas traicioneras revoloteaban en su estómago.

—¿No estaríais hablando mal de mí? —Preguntó él, moviendo su mano en círculos y enviando descargas por todo su cuerpo. Descargas que la hicieron reír y sentirse viva por primera vez en mucho tiempo.

—De hecho, no, hermanito. Te has salvado esta vez. Mercedes me estaba preguntando qué hacías aquella mañana en el centro comercial vestido de Santa Claus.

—Conocerte —respondió él sin dudar, mirándola a los ojos y sintiendo cómo éstos se derretían con los de él.

Mercedes ni siquiera pudo darse cuenta del momento en el que Stacy desapareció de dónde ellos estaban. No cuando aquellos ojos verdes la miraban como si la necesitasen para seguir viviendo. No cuando ella misma lo hacía, impidiéndole separar sus miradas, y sus manos que ahora la rodeaban.

—Sam Evans... —No tenía palabras. Ninguna podía describir lo que estaba sintiendo. Lo que él la hacía sentir. Ninguna podía expresarle cómo él conseguía que su cuerpo se estremeciese con el contacto de sus manos. Como conseguía que sus ojos la hipnotizasen hasta el punto de sentirse perdida. Hasta el punto de no desear nada más que besarle, y recordar cómo sus labios se amoldaban con los de él, como la otra vez. Aquella en la que ella había huido. Aquella que no se volvería a repetir.

—¿Aún dudas que el destino exista? —Susurró él, alejando ya sus manos de su cintura y acariciando con cariño sus mejillas.

—Ya no —Respondió ella, besándole por fin. Uniendo sus labios con los de ella. Atreviéndose a dar ese paso. Ahora creía. Ahora sabía que aquel momento tenía que suceder. Cada uno de ellos. Aquella mañana, aquella noche. Todos tenían una razón de ser, y ésa eran ellos. Su beso. El momento que estaban compartiendo.

—¡Me he ganado un beso y todavía no son las doce! — Exclamó, regalándole una sonrisa de oreja a oreja—. Este es sin duda mi día de suerte.

—Shhhh. Calla —le pidió, volviendo a besarle. Tenía miedo. Seguía teniendo miedo a enamorarse. Pero era un miedo contra el que ya no lucharía.

—Lo que tú digas, princesa —respondió él, riéndose en el beso. Oyendo cómo a la vez la cuenta atrás hacia el nuevo año estaba llegando a su fin.

"Tres..."

Un año nuevo empezaría.

"Dos..."

Una nueva vida comenzaría.

"Uno..."

Una nueva vida a su lado.

"Cero..."

—Feliz año nuevo, Sam —susurró, mientras él la abrazaba y acariciaba sus labios y sus mejillas. Dejando en ellos besos dulces, besos que la hacían creer en un futuro junto a él.

—Feliz año nuevo, Mercedes —respondió él, sintiendo cómo ella llenaba su corazón de amor con sus risas.

FIN.


Y hasta aquí este One Shot o Two Shot o Mini Fic, como queráis llamarlo. ¿Qué os pareció? ¿Os esperabais un final así? Hacedme feliz y animaos a dejar un review, que los echo mucho de menos. ^.^

Agradecimientos:

Gracias a amberrileyrules (Siento haber tardado tanto en escribir la segunda parte, ojalá te guste ^.^), a Ale (jajajaja Me mataste con el "Para: Tía Mercy De: Santa. Yo también querría un regalo así omg xDD Ojalá te guste el final Ale :D); a Stephany Cribb (Muchas gracias por tus reviews y por pasarte a leerla :D Ojalá te guste el final de la historia ^.^); a Rosa Elena (Espero haber resuelto todas tus dudas con este final. Muchas gracias por tu review, siempre me dejas con una sonrisa después de leerlos :D); a Cassandra Overs (A mí me encantaría sentarme en las piernas de este Santa xDD Jejeje Tercera y cuarta no, pero al menos hubo segunda parte. Ojalá te guste Cass ^.^) y a María Elena (Espero que te haya gustado el final ^.^ En cuánto al fic con Derek que siempre mencionas en los reviews, todavía sigo sin decidirme a hacerlo, pero en la nota de autor he hablado sobre un rp del que soy parte y en el que a lo mejor puede salir Derek como midgame para Mercedes.)

Un beso enorme para todos y, nos vemos pronto ^.^