Hola a todos por aqui! Bien vengo a traerles capitulo y debo decir que lo escribi mas largo que de costumbre, supongo que las palabras salieron solas xD bueno, no continuo sin antes agradecer sus comentarios, en verdad me da mucho gusto verlos, ahora los dejo, disfruten la lectura :)
CAPITULO V
El nevado paisaje era encantador, los copos de nieve caían con gracia sobre sus hombros, el viento helado calaba en sus mejillas no lo suficiente para que ella quisiera buscar el calor de una chimenea, siempre le había gustado la nieve, ante sus ojos un enorme lago congelado la invitaba a acercarse, sonriendo de medio lado y cerciorándose que nadie la viera como si fuera una niña pequeña corrió hacia el lugar, con su mano derecha sacaba un extraño palo de madera y de sus labios salieron unas extrañas palabras e instantes después, de la nada unos patines llegaron flotando hacia ella, sonriendo se descalzo de sus zapatos y se puso los patines, momentos después ya se encontraba patinando sobre la congelada superficie, disfrutaba el hacerlo, desde pequeña le había gustado el hielo, riendo a carcajadas daba piruetas, no temía caerse, nunca lo había hecho; fue en ese momento que alguien la llamo logrando que perdiera toda concentración, en un instante estaba en el suelo con un dolor en la pierna demasiado fuerte, las lágrimas abordaron sus ojos sin que pudiera hacer nada por evitarlo, estaba por levantar la vista para ver quién demonios la había hecho caer cuando unas fuertes manos la tomaron por detrás, girando la cabeza se topó con un moreno de ojos verdes que la veían preocupados.
— ¿Estas bien?
— Solo es una torcedura, estoy bien.
— Hermione… ¿Por qué lo haces, sabes que esto es peligroso?
— Oh vamos, no lo es, solo me distraje… deberías intentarlo alguna vez.
La chica sonrió al ver el pánico en los ojos de aquel joven.
— ¿Te subes a una escoba y le tienes miedo al hielo?
— No es lo mismo…. es diferente.
— Claro, claro.
— Vamos Hermione, te deben curar esa pierna.
El tono preocupado en su voz la hizo sentir extrañas mariposas revolotear en su estómago.
— Gracias Harry, gracias por todo.
Se levantó de golpe con lágrimas en los ojos y con la respiración entrecortada, un nudo se había formado en su garganta impidiéndole respirar correctamente, sentía que se ahogaba, con desesperación busco el vaso de agua que sabía estaba sobre el buró; lo encontró al instante, con movimientos desesperados se lo tomo de un trago, mojo su barbilla y su pijama, esto le importo poco.
— Gracias Harry, gracias por todo.
Las últimas palabras de su sueño le pegaron con fuerza ocasionando que más lágrimas escaparan de sus ojos, negó con la cabeza mientras intentaba tranquilizarse, todo había sido un mal sueño, un muy mal sueño, el miedo se apodero de cada una de las extremidades de su cuerpo, sus músculos se tensaron y no se pudo mover por un minuto, eso no era posible, ¿Por qué ahora? ¿Por qué de nuevo?
La idea de llamar a Benjamín cruzó por su cabeza, sabía que su hermano era el único que la podría ayudar, buscó la lámpara a tientas e inmediatamente encendió la luz, sintiendo como la desesperación aumentaba a cada segundo busco el teléfono, fue entonces que se dio cuenta de la hora y la idea de llamar a su hermano dejo de tener sentido, eran las tres de la madrugada y aunque sabía que en Nueva York el horario cambiaba seguramente a esas horas él estaba en alguna junta. Como siempre Benjamín le había dado su itinerario y si recordaba bien a las 8 tenía una junta con algún ejecutivo cuyo nombre no pudo recordar.
Nunca antes había odiado tanto los viajes de Benjamín como ahora, siendo una figura tan importante en el mundo de los negocios en Londres, era obvio que tuviera esas responsabilidades, pero ella podía ser egoísta, lo necesitaba tanto.
Así que sabiendo que el único que le ayudaba con sus ya casi inexistentes crisis no estaba ahí para ella aventó el teléfono a la camia mientras respiraba profundamente, tratando de convencerse que ella sola podía con aquello.
Respiro un par de veces, entrecerró los ojos imaginando que los cálidos brazos de su hermano la protegían, en ese instante su celular comenzó a sonar causándole un buen susto, fue después de dos timbrazos que logro contestar.
— ¿Diga?
— ¿Doctora, Jean?
— Si ¿Qué pasa?
— Tenemos una emergencia doctora, perdón por despertarla, pero Adam tiene una crisis.
— Voy para allá.
Colgó el teléfono y se puso de pie rápidamente, nada mejor que el trabajo para distraer su mente; ya en unas horas llamaría a Benjamín si no es que el chico se le adelantaba, y es que aun con sus constantes viajes nunca faltaba la llamada del día para saber cómo estaba o si necesitaba algo, no exageraba cuando decía que Benjamín era un tanto sobreprotector, pero eso no le molestaba, al contrario, le agradaba sentirse cuidada, protegida.
Suspiro y aun con los nervios de punta se vistió rápidamente, dejando en el olvido ese extraño sueño, dejando atrás a ese moreno de ojos verdes que por nueve años había dejado en lo más profundo de su mente, tomo las llaves de su coche y salió de su casa.
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— Gracias Harry, gracias por todo.
El sueño dejo de ser agradable para convertirse en una terrible pesadilla, con lágrimas en los ojos de golpe se levantó de la cama, sudaba frio y un ligero temblor recorría su cuerpo, tardo un segundo en comprender que eran sus sollozos lo que lograba que su cuerpo se estremeciera de esa manera, respiro profundamente un par de veces para tranquilizar ese intenso dolor en su pecho que de la nada había aparecido, busco su varita y la encontró al instante, con un lummus ilumino su habitación.
Busco las gafas que descansaban en el buró y se las puso al instante, con pasos lentos se encamino hacia el apagador para encender la luz, una vez que esta ilumino la habitación dejo su varita de lado y camino hacia la ventana donde una intensa y estrellada noche lo saludaba, dirigió su vista hacia su reloj de muñequera, este le indicaba eran las tres de la madrugada, sorprendido por la hora y dándose cuenta de lo que eso significaba regreso a la cama, sería inútil volver a dormir, pero por lo menos quería estar descansado, después de todo ese día sería muy largo, una fiesta en su honor tendría lugar en la madriguera donde todos celebrarían sus veintiséis años. Suspiro por lo bajo mientras tapaba su cara con una almohada, era increíble que ya hubieran pasado nueve años, era tan irreal.
De la nada sintió la boca seca, bien podría con su varita hacer llegar un vaso de agua hasta sus manos, pero sabía no debería ser tan dependiente de la magia, así que se puso de pie y fue hacia la cocina donde tomo varios vasos de agua antes de apagar su inesperada sed. Una vez que lo hizo se encontró con que no tenía nada que hacer, suspiro por lo bajo mientas se sentaba en una de las sillas, estudio a detalle la cocina, se rio internamente al hacer esto, frustrado fue a su habitación a cambiarse, necesitaba urgentemente aire fresco, necesitaba huir de los recuerdos que día a día lo atormentaban.
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— Esta fuera de peligro, por ahora solo déjenlo descansar, solo se trató de una pequeña crisis por la operación, se pondrá bien.
Jean le sonrió a la preocupada mujer que al momento de escuchar el diagnostico se soltó a llorar a lagrima viva agradeciéndole que le salvara la vida a su joven hijo, la chica no pudo más que sonreírle a la mujer mientras se encaminaba a dar una pequeña ronda, era sin duda lo que más le gustaba de practicar la medicina, salvar vidas.
Después de unos minutos se dio cuenta de que ahí no había nada bueno que hacer, sus pacientes estaban estables, nadie ahí la necesitaba, pero la verdad no tenía ganas de regresar a su casa donde los viejos inventos de su mente la asaltaban de la nada, como esa noche, aun no entendía porque esa noche, suspiro por lo bajo mientras se sentaba en la pequeña salita para doctores donde una pantalla plana mostraba unos videos musicales que a ella le parecieron insultantes, negó con la cabeza y se dispuso a leer un libro, en eso estaba cuando una mano se posó sobre su hombro, al girarse se topó con un chico de ojos azules, de piel extremadamente pálida y de cabello negro azabache que le sonreía con dulzura.
— ¿Qué se supone que haces aquí?
— Leo, me has asustado.
— Esa era la idea ¿Qué haces aquí?
Sonrió de medio lado y se encogió de hombros, no podía decirle a ese amigo suyo que sus inventos de adolescente la atormentaron de nuevo esa noche, conocía muy bien a Leo, sabía que si algún día ella le llegaba a contar su más vergonzoso secreto él la comprendería, después de estar a su lado por más de seis años se podría decir que lo conocía muy bien, Leo era especialista al igual que ella, aunque él era cardiólogo y ella neurocirujana esto no les había impedido cosechar una muy buena amistad.
Con una sonrisa el recuerdo de su peculiar encuentro con Leo, aquel día llego a su cabeza y es que desde entonces habían sido inseparables, se habían convertido en muy buenos amigos —aunque a Benjamín parecía no agradarle mucho esto— Jean suspiro, nunca entendería por qué Leo no le gustaba a su hermano, pero aun con todo cuando iba de visita a la casa de ambos lo trataba con la amabilidad estrictamente necesaria.
— Adam tuvo una crisis, solo vine a ver que estuviera bien.
— ¿Lo está?
Leo tomo asiento a su lado, el tono preocupado de su voz la hizo sonreír, era eso lo que admiraba de ese joven, la preocupación que mostraba por todos los pacientes.
— Si, solo fue una complicación, pero ya está bien.
— Entonces ¿Ya te vas a casa?
Negó con la cabeza, el cansancio había llegado a ella de la nada, suspiro por lo bajo mientras recargaba su cabeza en el respaldo de la silla, por el rabillo del ojo se fijó que Leo la veía preocupado.
— No, no tengo ganas de estar ahí.
— ¿No tienes ganas?
— Me gusta más aquí. Además, Benjamín está de viaje sabes que no me gusta estar sola en ese lugar.
— ¿Te gusta más un aburrido hospital que tu casa? No sabía que la compaña de Benjamín era tan agradable.
No pudo evitar reír ante el comentario del chico, sabía que sus palabras estaban llenas de sarcasmo, él se había dado cuenta de que no era del total agrado del rubio Grey, pero esto no lo había alejado de ella en esos años, al contrario, parecía que disfrutaba la tensión que había entre ambos, ella se enderezo encarando a su joven, ahí noto como las ojeras del que fuera su amigo por años se iban marcando cada vez más, instintivamente las acaricio, Leo al sentir sus manos entrecerró los ojos.
— Tú deberías dormir, mira las ojeras que traes.
Se dispuso a alejar su mano, pero Leo se lo impidió, tomo con delicadeza su muñeca y la invito a tocar su cara.
— Eso se siente bien.
Ella no pudo evitar sonreír nerviosa, muchas veces le habían preguntado porque no había iniciado una relación con él, ella también lo había hecho muchas veces, tal vez por el miedo de que las cosas salieran mal, quería mucho a ese chico para echarlo a perder todo con un amorío, Leo no le desagradaba, incluso en ocasiones cuando él la abrazaba por alguna u otra razón, mariposas en su estómago revoloteaban intensamente.
Mientras seguía acariciando ese suave rostro y mientras su amigo disfrutaba de la caricia con los ojos cerrados, estudio a detalle sus rasgos, su intenso cabello negro que en ese momento estaba por todos lados a causa de que él nunca lo podía peinar la hizo sonreír, su pálida piel casi transparente acompañada de ese negro azabache que tenía en las cejas lo hacían lucir enfermo, muchas veces había bromeado con él acerca de que necesitaba un bronceado, sus largas y frías manos que seguían tomando las suyas se le hacían tan perfectas, en ese momento las mariposas volvieron, fue entonces que Leo abrió los ojos, mostrándole ese azul intenso que a ella tanto le gustaba, el chico sonrió logrando que ella también lo hiciera, Leo se acercó un poco a ella sin soltar su mano, su mirada la hipnotizaba, sabía lo que pasaría si Leo se seguía acercando, lo raro era que no quería alejarlo, poco a poco entrecerró los ojos, segundos después sintió los labios de su amigo rozar los suyos, las mariposas en su estómago se volvieron locas, fue entonces que lamentablemente los interrumpieron.
— ¡Lo siento tanto!
El grito de la enfermera los hizo separarse, ella estaba un tanto molesta, dirigió su vista hacia Leo que, aunque se veía también molesto, era la alegría la que predominaba en sus facciones.
— No importa ¿Qué es lo que pasa?
— Doctor Cooper, la sala esta lista.
— Gracias, voy para allá.
La enfermera apenada asintió con la cabeza y se alejó de ahí, ella enarco una ceja.
— ¿Vas a operar a estas horas?
— Si, surgió una complicación con un paciente es necesario operar.
El silencio se apodero de la habitación donde solo se escuchaba la televisión, el nerviosismo se apodero de ella, ahora empezaba lo complicado, abrió la boca para decir algo, pero Leo se lo impidió posando su dedo índice sobre sus labios.
— Tenemos mucho tiempo para hablar de esto.
— Pero…
— La cirugía será larga, pero si me quieres esperar me harás inmensamente feliz.
Sonrió involuntariamente, asintió con la cabeza sin decir palabra alguna, vio a Leo caminar unos pasos, pero no había avanzado ni medio metro cuando corriendo volvió a su lado y rápidamente beso sus labios, tan rápido que no le dio tiempo de reaccionar, después el chico salió disparado hacia quirófano, dejando en su rostro y en su estado de ánimo una felicidad que hace mucho no sentía.
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Su escoba lo invitaba a tomarla y dar ese inesperado paseo en ella, con una mueca de indecisión se detuvo unos segundos a observarla, alargo la mano para tomarla, pero al instante desistió de ello, quería caminar. Poniéndose un pequeño abrigo y guardando su varita salió de la mansión Black su ahora casa, abrió la puerta para salir y antes de hacerlo dio un rápido vistazo al recibidor, todo era tan diferente… ya no era ese oscuro lugar que recordaba de su adolescencia, gracias a la ayuda de sus amigos y a su trabajo propio la mansión Black se había convertido en un lugar muy acogedor donde él había vivido los últimos siete años de su vida, suspiro por lo bajo y termino de salir de ahí.
La noche fresca le dio la bienvenida, a esas alturas de la madrugada el frio calaba más, trato de no darle importancia, metió las manos en los bolsillos del abrigo y se dispuso a caminar, no tenía idea de a donde iría, dejo que sus pies se mandaran solos, no tenía animo alguno de ir a un lugar en específico, simplemente quería vagar por ahí.
Muchos llamarían a esa actitud locura, para él no era así, para él eso no era más que un escape de sus pecados, de sus penas, las personas que más lo conocían trataban de ayudarlo por supuesto, pero como siempre nada servía, la culpa que él cargaba era algo que jamás se iba a ir, esa culpa muchos le decían, le impedía ser feliz, pero acaso… ¿Acaso se puede ser feliz después de lo que él vivió?
Negó con la cabeza mientras bufaba por lo bajo, no podía, simplemente no podía, habían pasado ya nueve años, si, él se había convertido en un famoso auror, tenía en su currículo el honor de haber sido nombrado el Salvador, pero ¿De qué le servía todo eso?
¿De que servía todo eso cuando se sentía vacío? ¿Cuándo cargaba la culpa de haber matado a la persona que más había querido? Un nudo se instaló en su garganta mientras las lágrimas de nuevo amenazaban con desbordar de sus verdes ojos, le costó respirar y al instante busco el apoyo de una banca que milagrosamente se encontraba cerca, tomo asiento mientras trataba de tranquilizarse.
Dirigió su vista hacia el cielo donde una que otra estrella lo saludaba.
— Hermione.
El nombre salió quemando su garganta, matando su alma, hace tiempo no lo mencionaba, hace tiempo no podía decirlo, el dolor que esto le causaba era insoportable, se mordió los labios para callar un sollozo que amenazaba con salir, no podía darse el lujo de ponerse a llorar en ese lugar, entrecerró los ojos mientras se recargaba en el respaldo de la banca y sentía como la brisa golpeaba sus mejillas.
¿Por qué ella? Aun no lo lograba entender, aun pasaba horas tratando de encontrar la razón por la cual Voldemort la había escogido a ella, simplemente no le encontraba la lógica, en ese tiempo su relación con Ginny estaba en sus inicios, por lo mismo él puso todo su empeño en proteger a la pelirroja descuidando a su castaña amiga, pero en verdad él pensó no corría peligro alguno, ¡Que equivocado estaba!
Desde el día en el que la chica desapareció todo cambió para él.
— Tienes que estar listo para todo Harry, tal vez… tal vez ella ya murió.
Apretó los puños con fuerza, aun le dolían las palabras que Ron le había dicho, en ese tiempo se negaba a aceptar que su amigo fuera tan pesimista, y no solo él, todos lo estaban era como si se hubiesen resignado, él no lo hizo, siguió buscando, luchando e incluso llego a matar por obtener información del paradero de Hermione, después de nueve años seguía teniendo esperanza de encontrar a su amiga, y si era el caso de que en verdad ella hubiese muerto, desearía tener un cuerpo para llorarle, necesitaba pedirle perdón, era deprimente no tener ni una tumba a la cual llevare flores.
— Perdóname Her….
Dejo la oración a medio terminar, no podía mencionar ese nombre, simplemente no podía, fue en ese momento que su reloj dio un pequeño timbrazo, sorprendido dirigió la vista hacia el aparato para ver que ya eran las cinco de la mañana, era increíble la rapidez con la que el tiempo pasaba, se limpió las lágrimas que habían quedado varadas en su rostro y se dispuso a ponerse de pie, no tardarían en llegar las lechuzas y las visitas a su casa, casi podría adivinar lo que sus amigos le dirían cuando él les platicara sobre su singular caminata, se encogió de hombros y se dispuso a avanzar, aun con el dolor quemando su interior.
Mientras caminaba perdido en sus pensamientos bufo por lo bajo, odiaba sentirse débil y vulnerable, como diría Ron "Con esa actitud no pareces un auror", si, había conseguido su sueño de ser auror, a sus ahora veintiséis años era uno de los más aclamados, tonterías… la única verdad era que después de nueve años seguía cazando los pocos Mortífagos que aún se negaban a aceptar su derrota con el único fin de obtener información. Negó con la cabeza tratando de sacar esas ideas de su cabeza, en unas horas estaría rodeado de personas que notarían su estado de ánimo y lo hostigarían con preguntas que él no quería contestar, suspiro un par de veces tratando de tranquilizarse, por eso, y porque iba distraído no se fijó que al momento de cruzar la calle un despistado automovilista lo golpeo con fuerza de lado logrando que su cuerpo diera extrañas volteretas y por una milésima de segundo quedara suspendido en el aire, fue entonces y antes de golpearse la cabeza con el frio pavimento que se reprochó el no haber tomado su escoba donde a menos que fuera hechizado, autos no andaban atropellando gente.
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Las manos le sudaban mientras como si fuera una adolescente hacia raros experimentos con su desordenado cabello, probo con una coleta, un peinado de medio lado, el típico cabello en la cara para después darse por vencida, era inútil, con la mano acomodo su cabellera del modo habitual y aburrido, con una mueca en el rostro y mientras se veía en el espejo de aquel baño respiro profundamente un par de veces tratando de hacerse a la idea de que aquel circo no era necesario, Leo la conocía desde hace mucho y por lo que veía así como era le había gustado. Al momento que tal pensamiento cruzo su cabeza no pudo evitar sonrojarse, vio sus mejillas teñirse de un débil color carmín.
— Vamos Jean, piensa con la cabeza fría.
Segura de sí misma vio su propio reflejo en el espejo exigiéndole ser valiente, rápidamente se hecho un poco de agua fría en el rostro con el único fin de apagar ese fuego que se extendía por su cara al pensar en el fugaz beso que su amigo le había dado hace apenas unas horas. Dio un rápido vistazo a su reloj de muñequera viendo que ya habían pasado dos horas desde ese momento, no podía negar que ese tiempo se le había hecho eterno por la única razón de que moría por saber qué le diría ese amigo suyo, en su mente no podía evitar los pensamientos de poder iniciar una relación con el pálido chico, más fuego en su cara mientras se recriminaba internamente por ello ¿Qué tal que ese beso no significara nada para el cardiólogo? ¿Podría vivir como si nada hubiese pasado?
Negó con la cabeza lentamente mientras más agua bañaba su rostro; no podría hacerlo porque lo quisiera aceptar o no, desde hace tiempo Jean Grey moría por Leo Cooper.
Maldita su suerte, irse a enamorar de su mejor amigo, en ese instante su busca sonó sacándola de su ensueño trayéndola de golpe a la realidad; la necesitaban en la sala de urgencias, donde al parecer un joven había llegado bastante herido a causa de un automovilista que manejaba en estado de ebriedad.
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Todo le daba vueltas, estaba lo suficientemente consciente como para notar que era trasladado en alguna ambulancia, quiso levantarse y pedir que simplemente lo llevaran a su casa, pero por supuesto no fue capaz de hacer esto, al intentarlo el mareo aumento y un par de manos le impidieron levantarse.
— No hagas eso, te hace mal.
Abrió la boca para decir algo, pero un punzante dolor en su cabeza logro que toda idea de hablar desapareciera para dejarle paso a un grito.
— Te lo dije.
Sintió como algo caliente bajaba por su cabeza, había vivido lo suficiente para saber que aquello era sangre, al parecer su pequeño accidente era más grave de lo que pensaba, fue en ese momento que se le ocurrió que seguramente aquella ambulancia lo trasladaría a un hospital muggle, donde para su mala suerte no contaban con magia para curar sus heridas.
Más rápido de lo que imagino el movimiento en aquel vehículo se detuvo, sin saber exactamente qué pasaba sintió como era bajado de la ambulancia y muchas voces se dejaban escuchar, logro captar algo de atropellamiento y algo de alguna hemorragia, algo le decía que la hemorragia era de él y venia de su cabeza.
— Solo… solo llévenme con Luna.
Justo ahora sabía que el que su amiga fuera una exitosa medimaga le sería de gran ayuda, se imaginó el cálido y sonriente rostro de la rubia mientras que, con un simple movimiento de varita, unas cuantas pociones y alguna que otra recomendación acabaría con aquel maldito dolor que le taladraba la cabeza.
Supo el momento exacto en el que entraron al hospital, esto por el olor a desinfectante y la intensa iluminación que simplemente lo cegó, se vio obligado a cerrar los ojos mientras el maldito dolor en su cabeza no paraba.
Más voces se unieron al murmullo, él simplemente apretó los labios para no gritar, ya que en ese momento sintió como si un taladro estuviera entrando en su cabeza, por si fuera poco, las otras extremidades de su cuerpo también clamaban atención y lo demostraron con punzadas de dolor casi tan fuertes como las que le atacaban la cabeza.
— Párenlo, solo párenlo…
Alguien cargo todo el peso de su cuerpo y fue puesto en lo que a él le pareció una camilla, otras manos le tocaban la sangre de su cabeza mientras otras más checaban su pulso, un pinchazo en la vena de su mano lo hizo maldecir, como si aquello se tratara de una tortura, alguien sin el menor cuidado tomo sus parpados y atacándolo con una molesta lucecilla lo cegó por segunda ocasión en aquel rato.
— No quiero, déjenme... no quiero… mi varita, quiero mi varita.
— ¿Qué tenemos aquí?
Una nueva voz se dejó escuchar, al parecer aquella mujer que había llegado tenía cierto rango respecto a los demás, ya que todos guardaron silencio dejando hablar solo a la persona que antes le había hablado en la ambulancia.
— Joven de unos veinticinco años, fue atropellado, serios golpes en todo el cuerpo, posibles fracturas de brazo, costillas y pierna, aunque la más grave está en la cabeza, ha perdido mucha sangre, tiene un grado alto de desorientación y alucinaciones.
¿Todo aquello por una simple caminata? Internamente se prometió jamás volver a hacer algo así, para la próxima usaría su escoba, que sin duda era más segura.
— No se ve bien, creo que la herida de su cabeza puede necesitar cirugía, prepárenlo de inmediato.
¿Cirugía? Aquello sin duda era una terrible broma, haciendo un esfuerzo sobrehumano abrió sus ojos para suplicarle a aquella persona que simplemente lo dejaran hablar con alguien, eso era todo lo que necesitaba, pero no fue capaz ni siquiera de abrir la boca.
Una vez que se acostumbró a la iluminación, aquello que vio ocasiono que se olvidara el cómo hablar, incluso se le olvido el dolor que aquejaba su cuerpo. Ya que frente a él y viéndolo con evidente preocupación estaba una chica, una chica que él había dejado de ver hace nueve años, había cambiado eso era evidente pero no se podía equivocar, aquella castaña era su amiga… su Hermione.
— ¿Her… Hermione?
Vio como el semblante de aquella mujer cambiaba por completo, vio un sinnúmero de sentimientos en su rostro, todo paso en un segundo, todo para al final dejar en aquel añorado rostro frialdad, solo frialdad, y como si aquello solo fuera una pesadilla, su amiga le contesto algo que logro que su corazón se rompiera en dos.
— Mi nombre es Jean, no Hermione… creo que me estas confundiendo.
No, aquello no era una confusión, esa mujer era Hermione, su mejor amiga Hermione.
Bueno como les prometí en el capitulo anterior, aqui tenemos el encuentro Harry/Hermione... ¿Que creen que pasara ahora? ¿Como creen que reaccione Hermione ante esto? ¿Seguira creyendo que Harry Potter es un invento de su mente aun cuando lo tiene ahi y él la llamo Hermione? ¿Que hara Harry? Espero en verdad que les haya agradado el capitulo, ya saben cualquier duda o jitomatazo en un review... si les gusto o incluso si no les gusto, espero lo comenten.
Los reviews son gratis ya saben :B que la santa cachucha los proteja. Hasta la próxima
