¡Hola!

Se que demoré, pero aquí está el nuevo capítulo.

Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen, son obra de Masashi Kishimoto.

Quiero agradecer de todo corazón a las personas que apoyan esta historia. ¡Sin ustedes el número de capítulos no hubiera llegado tan lejos! ¡Gracias!

Y bueno, a lo que vinieron.

Disfruten la lectura.

Capítulo 9. Cuando la brisa nos trae más


Había decidido de una vez por todas y se iba a mantener firme, simplemente eso. Después de un tiempo deliberando para decidirlo, logró llegar a un punto de paz consigo mismo, ya no soportaba ese extraño limbo en el que se había colocado a propósito, y aunque no se podía permitir tomar la iniciativa por obvias razones, esperaría por una señal abierta. Así de simple. Esperaría a que ella le diera tarjeta blanca para seducirla. ¡Ugh! 'Seducción' Palabras demasiado fuertes incluso para alguien como él. Sentía como la piel en su nuca se erizaba ante tal declaración. ¡Él, Hatake Kakashi! ¿Seduciendo a alguien? Usualmente las cosas no funcionaban así para él. Pero ya había esperado suficiente, y quizá no haría algo demasiado notorio como para asegurarle su despido, pero sí como para darle a entender a su alumna que sus sentimientos eran correspondidos…

… Y ahí vamos de nuevo. ¿Qué era eso que comenzaba a sentir? ¿Culpa? ¿Ansiedad? Sentía unas inmensas ganas darse de topes contra la pared y continuar hasta que algo de razón le entrara a esa dura cabeza. Pero ¡nada! La maldita cordura se había encargado de evitarlo a toda costa. Y como podrán imaginárselo se había dado a la tarea de sucumbir ante sus deseos. ¡La cordura lo había obligado! –o al menos la falta de ella.

"Hacía tiempo que no me levantaba con dolor de cabeza" murmuró con voz ronca para sí mientras veía el pequeño bulto de Pakkun, su perro de raza dudosa, sobre su cama. Acarició levemente la cabeza del canino antes de quitarse las sábanas, aún rugosas, de encima.

Su camino hasta la ducha fue interrumpido por el insistente tintinear de su celular, había decidido ignorarlo hasta que vio el número de la persona que llamaba. No iba servir de nada no atender.

"¿Si?" murmuró contra el micrófono de su celular con la voz aún ronca, pero con su usual tono despreocupado.

¿Acabas de levantarte? ¿En serio, Hatake?

"Di qué quieres" ordenó con voz calmada mientras se revolvía un poco el cabello plateado.

Hola, buenas tardes, Hatake. Estoy bien, gracias. ¿Qué tal tú?

No le respondió simplemente porque tenía dolor de cabeza. Y porque discutir con ella por teléfono solo significaba aumentar el malestar.

Escuchó un suspiro exasperado antes de captar su voz de nuevo. ¿Qué harás? Hoy es la celebración por mi reintegración al conservatorio, piensas asistir, ¿no?

¡Ah, era por eso! Se volvió hasta su cama y mientras se sentaba buscó en su buró un pequeño calendario, el porta retrato a su lado capturó su atención. Lo observó mientras seguía cada línea de la figura de esa mujer. Una sonrisa se dibujó en sus labios, casi imperceptible. Incluso para él.

"Lo pensaré" susurró aún con la vista sobre el porta retrato.

Mmm, de acuerdo. Avísame con tiempo ¿sí? Porque te juro que si me dices que vas a ir y llegas tarde te haré comprarme un regalo de los caros.

De verdad que lo consideró, pero al final terminaría rechazando la oferta, había algo más que tenía que hacer solo. Se despidió de Nuriko antes de colgar. Dejó el porta retrato en su lugar, y el teléfono a un lado.

Lo había olvidado completamente, su mente había sido ocupada por tantas cosas, que su vida personal había comenzado a salírsele de las manos. Pero aún estaba a tiempo de hacerlo. Suspiró un poco antes de ponerse de pie y volverse a encaminar al baño.

Había cosas que sencillamente no podía permitir olvidarse. Y esa era una de ellas.

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"Cariño ¿podrías traerme el bloqueador solar que está en el baño?" pidió su madre "Creo que lo he olvidado" estaban en el marco de la puerta, su padre hablaba con el taxista mientras metían las valijas en el maletero.

"Sí lo empacaste, mamá" le recordó con una sonrisa paciente. Hacía media hora que se lo había pedido por tercera vez. "No entiendo por qué estas tan nerviosa".

Su madre suspiró mientras acariciaba su cabello con cariño expreso. "Siempre que vamos a viajar me pongo así, prefiero estar ansiosa porque me falte algo, que estar tranquila y darme cuenta allá que he olvidado algo importante"

Lógicamente no tenía sentido, pero igual no se lo dijo. "Todo va a estar bien, tú y papá lo disfrutarán, se lo merecen".

Su mamá le sonrió algo insegura. "No sé si sea bueno dejarte sola".

Sakura suspiró tomando la mano de su madre, dedicándole una sonrisa que esperaba calmara su ansiedad. "Mamá, ya estoy grande, tú y papá necesitan esto, y además no puedo faltar a clases ahora, estoy haciendo trabajos finales". Soltó su mano y pasó ambos brazos por la cintura de su madre, recargando la mejilla en el hueco de su cuello. "Tú tranquilízate, solo será por un tiempo, pero espero que sea un tiempo que disfrutes, sino, le pediré a papá que no te deje regresar".

Su madre le palmeó la cabeza mientras reía un poco. "Conociendo a tu padre, sería capaz" se separó un poco de su hija y la miró con un poco de preocupación aún prendada de sus orbes verdes "prométeme que te cuidarás y que no te meterás en problemas en mi ausencia".

"Mamá, es solo una semana, ¿Qué problemas podría tener?" le sonrió.

"De acuerdo" asintió su madre, volviéndose por un momento hacia su esposo dedicándole unas señas afirmativas. "Tu padre y yo estaremos en contacto, el celular disponible en todo momento, ¿De acuerdo?". Le dijo una vez que regresó a su vista a su hija. Esperó a que asintiera firmemente antes de besarle la frente.

_o_

El aire era fresco y amigable con el verde del césped a su alrededor, amaba esa estación del año que hacía el clima tan relajado y libre de estrés. No podía creer que en esa misma estación del año la había perdido. Miró la tumba frente a él, aún a pesar del tiempo sin ella, siempre se encontraba extrañando su presencia, no era una persona abierta a demostrar su dolor, pero si existía alguien que le hubiera dolido, esa era ella.

Hatake Mikami, Esposa y Madre.

Llevó su mano a través de la fría lápida, no hacía falta dedicarle ninguna palabra y no, no es que su mente pudiera crear alguna apropiada. Tampoco había traído flores esplendorosas, estaba ahí, solo, leyendo su nombre una y otra y otra vez. Siempre esa época del año era algo difícil de sobrellevar, y era precisamente la tumba al lado de la suya la que le daba un sabor amargo a todo ese proceso, pero no podía siquiera dignarse a volver la vista al nombre escrito en esa tumba, no había podido antes y menos ahora.

"Hatake-san" escuchó una voz algo gastada y ronca a su espalda, suspiró mientras intentaba recuperar el ánimo para volverse a la anciana.

"Chiyo-sama" le devolvió el saludo con una sonrisa forzada bajo su máscara.

"¿Ha venido a visitar a su mujer?" preguntó mientras se acercaba un poco y lo miraba con un poco de incredulidad.

Kakashi casi dejó escapar una risa algo deshecha, no se atrevió a decir nada más. Solo pudo continuar sonriendo para ella, llevando una mano tras su nuca mientras rascaba un punto incómodo en su cuello.

"Su tumba siempre está tan silenciosa y solitaria, suelo venir y dejarle algunas flores cada vez que vengo a visitar a mi hijo". Las palabras estaban cargadas de un alto sentido de pesar.

Kakashi desvió la vista de la anciana cuando detectó el dolor en sus facciones, era cierto, había perdido a su hijo y a su nuera en un trágico accidente, ella había quedado a cargo de su nieto Sasori, y aunque la viejecita pudiera ser un poco excéntrica a veces, había hecho de su nieto una persona muy provechosa y amante del arte, lo había conocido anteriormente en un evento que había realizado el conservatorio sobre la compartición de arte entre los diferentes planteles y museos dedicados a la música y entre tantas otras más. Habían hablado un poco después de la exposición, su arte era un tanto excéntrica, suponía que había tomado esa habilidad de su abuela, pero finalmente era una persona muy tranquila y agradable.

Ver a la anciana sacar una flor de su ramo y depositarla en la tumba frente a él lo sacó de su estupor.

"No hace falta que—".

"El color le sienta más a Mikami" lo interrumpió mientras le dedicaba una sonrisa de comprensión.

Él asintió sin ganas de contradecirla.

"¿Qué tal ha sido la vida de padre, Hatake-san?" preguntó con un tono lo más dulce posible.

Sonrió para sí mientras recordaba un poco los años pasados. Difícil, no era suficiente para describir cada uno de los eventos transcurridos en su vida desde la muerte de Mikami. Pero eso no era necesario de compartir, y aún a pesar de los buenos deseos de la anciana, prefirió guardárselo.

"Todo ha ido bien, gracias, Chiyo-sama" asintió para ella.

Ella se acercó para palmearle el hombro con empatía y entonces la vio continuar su camino no sin antes dedicarle una sonrisa mientras se despedía. La atmósfera que había traído con ella le dio un poco de nostalgia, no, no era el momento para ponerse exactamente sentimental, pero había algo en él que le decía que algo más faltaba. Y aún así, no pudo observar la tumba a lado. Aún no podía permitirse mirarlo.

_o_

Continuó caminando por la calle mientras sentía la brisa acariciarle los hombros, no había llevado una chaqueta porque el clima estaba perfecto, el sol comenzaba a ponerse y al viento previo al sereno era el mejor, dejó que le despeinara los cabellos y que rozara sus mejillas. Un pie delante del otro marcando el paso calmado de su corazón, quizá no al mismo ritmo, pero ¿quién se fija?

Pero su andar se detuvo, al igual que su corazón se congeló en su pecho. ¡No podía creerlo!

Corrió lo más rápido que pudo hacia la casa en demolición. ¡Debía ser un error! ¡Tenía que serlo!

"¡Deténgase!" pidió en un grito afectado por lo agitada de su respiración. "¿Qué cree que hace?" le preguntó al obrero más cercano.

"Jovencita, no puede estar aquí, es peligroso" le ordenó el sujeto con mirada sebera. "Esto es propiedad privada".

"No puede demolerla" miró la casa con inmenso pesar y con las lágrimas de desesperación atrapadas en sus ojos, amenazando con salir al mínimo descuido.

"Señorita, le repito que no puede estar aquí" el sujeto intentó tomarla del brazo para hacerla entrar en razón, pero ella lo sacudió de un tirón. "Tenemos órdenes de demoler esta casa, según tengo entendido pasó a ser propiedad del gobierno hace mucho".

"No pueden hacer eso" susurró con voz rota. Memorizó la fachada, las ventanas, los balcones e incluso el color ya desteñido por los malos climas y por la falta de mantenimiento. No podía permitirlo, no podía permitirse olvidarla.

_o_

"¿Nuriko?" preguntó al colocarse el teléfono en la oreja. "¿En qué lugar están?".

¿Siempre sí decidiste venir? Tienes qué apurarte, Gai apostó con Asuma a que no puede pasar la siguiente hora sin fumarse un cigarrillo o sino pagará la siguiente ronda, han pasado diez minutos y te juro que ya está color verde. Kurenai está como loca.

"¿De verdad?" intentó imaginárselo, el solo cuadro que Nuriko le había descrito le había levantado el espíritu. Colocó una mano sobre la lápida antes de ponerse de pie. "Entonces no hay que dejar que algo así se desaproveche".

Estamos en el bar de siempre. Recuerda que si llegas tarde, es decir, más de quince minutos, tú pagarás la ronda que nos prometió Asuma.

Diablos, esa mujer sí que sabía sacarle la alegría a la vida. Le aseguró que llegaría a tiempo, por primera vez, antes de colgarle. Caminó por el cementerio con un paso tranquilo, después de todo se sentía mejor, siempre la venía a visitar en esa fecha, y no era para festejar el aniversario de su deceso, sino más bien para recordarse a sí mismo que ella había existido y recordarse también, que la mayoría de todas las cosas que había hecho en su vida eran precisamente para rendirle honor. Y quizá no estaría muy feliz con lo que últimamente le había estado sucediendo, no con tremenda alumna metiéndose en su cabeza y jugueteando con sus sentimientos. Bueno quizá eso era una burda exageración, pero por el momento se sentía libre para culparla y no había nadie que pudiera reprocharle tal acción, así que se dejaría ser tan egoísta como pudiera, al menos por ahora.

Llegó hasta la calle y caminó un poco más hacia la parada del autobús. Esperaba que llegara a tiempo, Nuriko no era conocida por ser muy piadosa, actitud extraña ya que ella se encontraba gozando de una segunda oportunidad en el conservatorio.

Justo había llegado a la parada de autobús, cuando su teléfono volvió a sonar, se sintió un poco agobiado por la insistencia de la mujer que lo fastidiaba. ¡Ya le había asegurado que llegaría a tiempo! ¡¿Qué más necesitaba?! Sacó el teléfono un poco atosigado y contestó sin revisar el número.

"Creí decir que voy en camino, Nuriko". Le espetó un poco fastidiado, aún sin perder la calma en su tono.

Solo hubo silencio por unos momentos, extrañado, miró el número, pero no venía registro alguno, no era ella, era de alguna institución privada. ¿El banco quizá? Diablos, aún debía una mensualidad de su tarjeta. ¡Maldita sea! ¡Todo era culpa de Nuriko! Carraspeó un poco llenando el silencio del otro lado de la bocina.

"Sé que me he atrasado un poco con los pagos, pero—".

Siendo tú, no me sorprende que te atrases.

Silencio.

¿Qué? Esa voz le sonaba tan parecida a… pero no podía ser, no podía ser ella, él tenía su número, y él había visto que la llamada estaba siendo hecha de un número privado. ¿Qué estaba pasando?

Kakashi, necesito tu ayuda. Por favor, por esta vez, deja tus otros planes de lado.

"¿Sakura?" preguntó inseguro. No podía creerlo aún. "¿Está todo bien?" no se había dado cuenta de que estaba preocupado hasta que notó lo atropellado de su pregunta.

Necesito que pases por mí.

Lo sopesó por un momento, Nuriko probablemente lo mataría, pero eso no importaba ahora. Ya no tuvo ninguna duda, Sakura estaba en problemas y él no podía pensar en otra cosa más que en ayudarla. Era un simple impulso. ¿Lo era? O quizá era el indicio de que había algo más. Por el momento no podía detenerse a pensar en eso. Por ahora, solo podía pensar en ella. Y en nada más.

"Dime exactamente dónde estás y yo iré".


Se que puede ser un poco corto, es más bien un capítulo dividido en dos, pero me pareció el momento adecuado para cortarlo.

Además, las cosas se ponen muy, pero muy, interesantes a partir de aquí.

Aún me encuentro editando y agregando cosas al siguiente capítulo, así que por eso mismo decidí subir solo esta parte.

Bueno, muchas gracias, de nuevo, a las personas que me escriben reviews, ponen en favoritos esta historia y a aquellos que la siguen. La verdad su apoyo lo aprecio mucho.

Sé que quedaron muchas cosas sin explorar, pero esa es la finalidad, presentar cosas que en el futuro podrán entenderse, así que si sienten que no entendieron algo mientras leían, no se preocupen, todo tendrá sentido más adelante.

Y bueno, esto salió muy largo.

¡Gracias por leer!

Lilith D. Dram