Hola mi gente linda! por fin ando por estos lugares y es que entre clases y Pottermore acaban con mi tiempo, pero hoy me di a la tarea de escribir y aquí les traigo el resultado, no quiero continuar sin antes agradecer sus comentarios y por poner la historia en favoritos, gracias en verdad pero bueno los dejo leer, disfruten la lectura.
CAPITULO VIII
Algo raro estaba pasando.
Ese era el segundo día que se pasaba por aquel hospital y ella no aparecía, apretó los labios hasta dejarlos en una línea muy delgada mientras enarcaba una ceja, ¿Qué ocurría?
Le preocupaba, aquel comportamiento en Granger, no era normal, la había conocido lo suficiente como para decir que con o sin magia, la chica seguía siendo una insufrible sabelotodo y malditamente responsable, por su cabeza paso la idea de irse a dar una vuelta por la oficina de Draco, pero sabia que el chico no estaba en el país, sabía que él se encontraba en un viaje en los Estados Unidos, ¿Era por eso que "Jean" no se aparecía por aquel hospital? ¿Extrañaba tanto al rubio?
Ante tal pensamiento, lo único que pudo hacer fue ignorar el malestar que se instalaba en su estómago cada vez que pensaba en aquella situación. Habían pasado ya nueve años, se suponía había tenido tiempo suficiente para acostumbrarse pero no era así, aun le molestaba verlos caminar juntos, aun sentía asco al ver como se abrazaban, besaban y tomaban de las manos como los buenos "hermanos" que eran.
Suspiro negando con la cabeza mientras trataba de alejar la frustración que atacaba su sistema en momentos como aquellos, no era sano pasarse la vida lamentándose un hecho que simplemente ya no tenia arreglo, porque le gustara o no, como estaban las cosas era lo mejor para todos.
Con esta idea hizo lo único que podía hacer… irse de ese lugar, camino lentamente hacia la salida de aquel hospital mientras se perdía en sus recuerdos, fue hasta que estuvo fuera de aquel edificio que se topo con una de las personas que tanto había seguido esos años.
Draco, abandonaba también el hospital y se coloco a su lado en la calle, tenía dibujada en su rostro una mueca de enojo y evidente frustración, no pudo controlar sus sentimientos y pudo sentir como sus ojos se bañaba el lágrimas, no esperaba verlo aquel día, no siempre estaba así de cerca de él… lo necesitaba tanto.
Tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no lanzarse a los brazos del rubio, sentía unos temblores en su mano, era consciente de cómo esta quería cobrar vida propia y acortar la distancia que los separaba, era tan pequeña… unos centímetros y podría tocarlo, solo quería hacerlo una vez mas… solo una, habían sido nueve largos años de soledad, solo necesitaba…
Pero en ese instante todo pensamiento abandono su cabeza, fue en ese momento que una pelirroja paso corriendo muy cerca de donde ellos estaban logrando que un gélido escalofrió recorriera su columna, solo bastaba que la chica girara la vista para que los viera, solo un poco de atención y entonces todo estaría expuesto, retuvo la respiración mientras aquella pelirroja pasaba junto a ellos con la vista de frente, era obvio que había estado llorando.
Noto como Draco, prestaba un poco de atención a la chica enarcando una ceja al verla en ese lamentable estado. La menor de los Weasley traía el maquillaje corrido y su cabello era un desastre, Draco negó con la cabeza y desvió la vista de aquella chica para mirar al frente.
— Eso fue demasiado teatro ¿No lo cree?
Su mundo se detuvo por un segundo, Draco, le hablaba.
Fueron los instantes mas largos de su existencia, las lágrimas regresaron a sus ojos y resbalaron por sus mejillas, un temblor en sus labios apareció de la nada y sintió su garganta seca… muy seca, reunió la fuerza suficiente para girar la vista y toparse con aquella platinada mirada que tanto conocía, Draco, al ver las lágrimas le dedico una mirada cargada de confusión, tal vez pensando que había hecho algo malo.
— No quería…
— Nunca sabes lo que una mujer, esconde bajo sus lágrimas.
Con estas ultimas palabras y antes de cometer alguna estupidez se alejo de aquel chico, sintiendo que con esto dejaba la poca vida que le quedaba. Habían pasado nueve años desde la última vez que él le hablo, nueve años… nueve largos años y ahora lo único que podía decir eran aquellas tontas palabras. Pero sin duda lo que mas le preocupaba era el ver visto a la chica Weasley en aquel hospital ¿Qué demonios hacia ahí? ¿Acaso ella…?
No, imposible… nadie sabía que Hermione Granger y Draco Malfoy seguían vivos, aquello seguramente era una terrible coincidencia. Continuo su camino hasta encontrarse en un abandonado callejón, respiraba agitadamente a causa de la impresión de volver a hablar con Draco, aun sentía el escalofrió en su espalda por sentirse tan cerca de Ginny Weasley, estuvo a solo una mirada de que todo se hubiera descubierto.
Necesitaba respuestas, tenia que averiguar que es lo que hacia Weasley ahí, y sabia quien se las podía dar.
-OOOoooOOO-
Algo en su pecho se rompió.
Fue perfectamente consciente de cómo su corazón se hizo añicos mientras por fuera tuvo que fingir una gran y alegre sonrisa.
— ¿Y qué te parece?
Él la veía con tanta esperanza, con tanta felicidad que lo único que pudo hacer fue tragar saliva y decir la mentira más grande del mundo.
— Me parece genial, no sabes el gusto que me da saber que por fin regresaron.
Un brillo especial en aquellos verdes ojos basto para que una solitaria lágrima viajara por sus mejillas, él se dio cuenta y por supuesto que se preocupó, no fue necesario que lo preguntara, lo vio en su mirada, lo supo como muchas otras veces.
— Estoy tan feliz Harry, en verdad me alegro por ti y por Ginny.
Mentirosa.
El moreno la abrazo con fuerza depositando un beso en su mejilla, ella tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no girar la cara y hacer que sus labios se tocaran, sería una estupidez después de todo ella solo era la mejor amiga.
La mejor amiga enamorada que estaba condenada a pasar una vida de desdicha e infelicidad. Porque ella era Hermione Granger, la sabelotodo que había cometido el error de entregarle su corazón a alguien que ya tenía dueño.
Sin duda su vida era patética…
Abrió los ojos de golpe sintiendo el fantasma de un dolor lacerante en su pecho, las lágrimas ya escapaban de sus ojos sin que ella se diera cuenta, espasmos de dolor recorrieron su cuerpo entero logrando que se abrazara a sí misma en un intento de hacerlos desaparecer.
¿Qué había sido eso?
Parpadeo un par de veces limpiando las lágrimas con su mano, tardo un segundo en darse cuenta que se encontraba en su cuarto, giro la cabeza buscando a Benjamín por la habitación, al no encontrarlo se sintió aún más miserable, aquello no le gustaba.
No es que fuera la primera vez que sus sueños se volvían tan reales, pero aquel sueño en especial se le hacía tan irreal, era la primera vez que algo así pasaba por su cabeza, era la primera vez que la posibilidad que su invento llamado Hermione, sintiera algo más que amistad por Harry Potter.
Se asustó.
Se aterro.
Desde que había tenido aquel encuentro en el hospital con ese chico que la había llamado Hermione, todo se había ido al demonio.
No podía decir con exactitud cuánto tiempo se la había pasado llorando en aquella sala, lo último coherente que recordaba era el protector abrazo de Benjamín, después lo único que venía a su cabeza eran vagas imágenes de un rubio evidentemente preocupado por ella no se despegaba ni un segundo de su lado.
Ante tal recuerdo se sintió terriblemente mal por su hermano, sintió vergüenza por ella misma. ¿Qué le había pasado? ¿Tan débil era?
Respiro profundamente, pero entonces las imágenes de su sueño la golpearon con tal fuerza que se vio obligada a tumbarse en la cama de nuevo y entrecerrar los ojos mientras respiraba profundamente tratando de tranquilizarse.
Nada era real.
Solo era un maldito sueño.
Estuvo así por lo menos diez minutos, repitiéndose una y otra vez que nada de lo que pasaba por su cabeza existía.
— ¿Her… Hermione?
El recuerdo de aquel chico llego entonces a sus pensamientos, era como si su cabeza le quisiera jugar una broma muy cruel, primero aquel sueño tan extraño y ahora esto.
Al momento que la imagen de aquel joven apareció en su mente, la desesperación se apodero de sus sentidos, sintió las lágrimas queriendo desbordarse de sus castaños ojos, y en verdad tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no ponerse a llorar. Su vida no podría ser menos patética.
Era tan débil, tan tonta.
Ella, la gran Jean Grey derrumbándose por un hecho que bien podría ser mera coincidencia… que ella supiera en este mundo el nombre de Hermione, era muy común ¿Cierto? También era coincidencia que un chico de ojos verdes la llamara así, después de todo no solo Harry Potter tenía ese característico color, todo se trataba de una absurda coincidencia.
Abrió los ojos convencida de que los últimos días de su vida habían sido un total desperdicio, una mueca se dibujó en sus labios mientras se ponía de pie, necesitaba hacer algo para arreglar aquel desastre.
Así que lo primero que hizo fue levantarse de esa cama y limpiar un poco su cuarto, con un rápido vistazo al reloj se dio cuenta de que ya iba a ser medio día, no sabía dónde estaba su hermano pero esperaba poder prepararle algo rico de comer antes de que él llegara, se lo debía.
Termino de arreglar su cuarto, se dio un bañó tratando de que el agua se llevara su debilidad y estupidez, una hora después estaba en la cocina tratando de preparar algo, sabía que el pollo en salsa chipotle era el favorito del rubio, así que comenzó a prepararlo, no llevaba ni media hora en la cocina cuando escucho la puerta abrirse, instantes después Benjamín, con la sorpresa dibujada en el rostro la encontró en la cocina.
— ¿Jean, qué haces?
Sonrió a su hermano tratando de tranquilizarlo, sabía que su sorpresa no era para menos, después de todo se había pasado los últimos dos días encerrada en su cuarto llorando y lamentándose porque Harry Potter la había encontrado, sacudió su cabeza tratando de ahuyentar esos pensamientos.
— Cocino, ¿No se nota?
Quiso inyectarle un poco de humor a la situación, pero Benjamín, no sonrió, la siguió mirando como si esperara que de un momento a otro ella se fuera a derrumbar de nuevo, esto la incomodó.
— Ya estoy bien.
Benjamín, enarco una ceja y dio unos pasos hacia ella.
— ¿Bien? ¿Según tú que es estar bien? Jean, aun tienes los ojos hinchados y tus ojeras no ayudan mucho.
Se giró hacia su hermano, tenía que hacerle entender que en verdad todo estaba bien, tenía que pensar la manera de convencerlo de que nada estaba mal con ella.
— Lo sé, pero hoy tuve una revelación, nada de lo que paso fue real, o bueno todo se trató de una terrible coincidencia.
— Ni siquiera me has dicho que paso, pero saque mis propias conclusiones y ya le fui a advertir a Cooper que te deje tranquila.
Abrió los ojos sorprendida y dejo caer el cuchillo que sostenía con su mano ante estas palabras ¿Leo? ¿Qué tenía que ver Leo en todo esto? ¿Y qué quería decir Benjamín, con que "ya le advertí"?
— Benjamín ¿Qué hiciste?
— Solo fui a poner en su lugar a ese idiota, no permitiré que te haga daño, creí haberte dicho que él no te convenía, y ahora el tiempo me da la razón.
Lo único que pudo hacer fue negar lentamente y maldecir por lo bajo, el recuerdo del beso compartido con Leo, llegó a su cabeza así como también la llamada que le había hecho el chico y la cual ella había atendido de la manera más grosera posible, no le sorprendería para nada que el chico ahora la odiara, y por si fuera poco Benjamín había ido a decirle cosas que sabía no eran para nada agradables.
— Leo, no tuvo nada que ver.
Abatida, suspiro tristemente y respiro profundamente, era necesario que Benjamín supiera lo que en verdad había pasado, era indispensable que él entendiera que nada tenía que ver con Leo, no necesitaba que su hermano tuviera más motivos para odiar al joven.
— Alguien me llamó, "Hermione".
Ante la evidente confusión de su hermano comenzó su relató, le conto desde aquel sueño hasta el momento en el que aquel desconocido la llamó de esa manera, Benjamín enarcaba una ceja y dibujaba una extraña mueca en sus labios conforme avanzaba en su relato, por supuesto que no le menciono el beso con Leo, no quería que le fuera a partir la cara a su amigo, no era para nadie desconocido que Benjamín, no soportaba a Leo Cooper.
Para cuando termino, Benjamín tenía la vista perdida en la nada y ella respiraba agitadamente, las lágrimas quisieron hacer acto de presencia de nuevo, pero no las dejó. Ya no más. Le dirigió una mirada nerviosa a su hermano, tenía miedo de lo que le fuera a decir.
Escucho un débil suspiro por Benjamín, y después algo que simplemente la dejo helada.
— Creo que debemos hacerle una visita al Doctor Patterson.
No pudo evitar abrir la boca ante la sorpresa, si alguien había en el mundo que no era del agrado de Benjamín, ese era el doctor Patterson, que él dijera eso era una clara señal de que su situación era lamentable, trago saliva mientras el recuerdo de un viejo y bondadoso rostro aprecio en su cabeza, el doctor Patterson por alguna razón siempre le había parecido escalofriante.
-OOOoooOOO-
— Estoy bien.
Esa era la decimocuarta vez que decía aquellas palabras en un lapso de una hora, tanta atención le estaba llegando a hartar. Después de que Luna, Ron y Ginny lo sacaran de aquel hospital muggle y lo fueran a encerrar a San Mungo, todos se comportaban con él como si fuera una muñequita de porcelana.
No mentía cuando decía que estaba bien, después de que Luna, hiciera su trabajo y le sacara aquellos metales del cuerpo, después de unas cuantas pociones en verdad asquerosas, unos cuantos hechizos en verdad dolorosos y después de pasar todo el día en aquella cama, se sentía perfectamente bien.
La única evidencia de que Harry Potter había sido atropellado, operado y tachado de loco en un hospital muggle, eran unas pequeñas e insignificantes punzadas en su cabeza, bueno y los calambres que le daban de la nada en las piernas y brazos, pero de ahí en más estaba perfectamente.
Sin duda, Luna era muy buena medimaga.
— No es por fastidiarte Harry, pero necesito que me digas la verdad, no sabemos que tanto te hicieron esos muggles.
El recuerdo de las agujas en su piel, los dolores insoportables en su cuerpo lograron que un pequeño espasmo recorriera su cuerpo.
— No fue nada del otro mundo, estoy bien, en verdad, lo único que quiero es irme de aquí.
— Pues eso no será posible, al menos no por ahora, tienes que quedarte en observación.
Un gruñido escapo de sus labios ante la negativa de la rubia. Lo único que quería era abandonar aquel hospital para ir a buscar a Hermione, y es que después de su huida de aquel hospital, donde unos cuantos Obliviate a las personas indicadas fueron necesarios, lo habían sacado sin hacerle caso a nada de lo que decía.
— Ron, Luna… Hermione está aquí, yo la vi… por alguna razón no me recordó, ella me negó su identidad pero yo sé que es ella, tiene un hermano… o eso me dijo la enfermera, y por alguna razón usa Jean como nombre, por favor…
— Luna, creo que está peor de lo que aparenta.
— ¡No estoy mal, yo la vi maldita sea!
— Harry, por favor hazme caso, necesitas descansar.
No se preocupó en contestarle a la rubia, mientras ella abandonaba la habitación lo único que pudo hacer fue maldecir entre dientes y recostarse con fuerza en aquel mullido colchón, escucho como Ginny le preguntaba algo a la rubia seguramente queriendo pasar a verlo, no tenía ganas de verle la cara a su novia, así que fingió que dormía.
La pelirroja entro a la habitación, escucho su expresión de desilusión al descubrirlo dormido, unos pasos y después un roce sobre sus labios, era claro que la chica quería despertarlo, pero él no le dio ese gusto, siguió con los ojos cerrados esperando el momento en que ella se fuera.
Después de unos interminables minutos la menor de los Weasley se dio por vencida y abandono la habitación, cuando lo hizo él abrió los ojos y fijo su vista en el techo.
Necesitaba salir de ahí, había encontrado a Hermione y no le importaba si alguien le creía o no, él sabía que era su castaña, su amiga… y haría todo por recuperarla, tenía que averiguar qué es lo que había pasado con ella todos esos años, quería saber porque fingió no conocerlo… quería saberlo todo.
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Una semana había pasado ya y aun no podía asegurar todo volvía a la normalidad.
Se encontraban en el hospital que por un año fue su hogar, no podía decir que le agradaba estar ahí, estar en aquel lugar le causaba escalofríos ya que le hacía recordar la tragedia que él y Jean habían vivido.
Se removió incomodo en aquel sillón de cuero logrando que Jean, levantara la vista de la revista que leía y le dedicara una mirada interrogante. Lo único que pudo hacer fue encogerse de hombros y tratar de sonreír.
— Podemos irnos.
No pudo evitar sonreír sinceramente ante el ofrecimiento de Jean, si por él fuera lo aceptaba con todo gusto, pero no podía hacerlo, esa era la tercera vez que estaban ahí esa semana y no podía echar a la borda los pocos avances que Jean, había tenido.
Porque le gustara o no, Patterson, era la única solución a las alucinaciones de su adorada hermana, y es que después de dos sesiones Jean, volvía poco a poco a ser ella, ahora estaba convencida de que el incidente en el hospital era simplemente una coincidencia causada por un chico que estaba muy poco consciente de sus actos, si le preguntaban a él aquello era muy poco probable pero no decía nada por temor a preocupar a Jean, estaba seguro que ahí había algo más, la idea de que todo era un plan de Patterson para hacerlos volver era su teoría más fuerte.
Odiaba a ese doctor.
Tenía ganas de partirle la cara cada vez que lo veía sonreír, cada vez que se atrevía a acariciar la mejilla de su hermana. Estuvo tentado a pedirle a Jean cambiar de psiquiatra pero sabía que aquello no era justo para ella, después de todo a ese idiota ambos le debían su recuperación.
— Jean y Benjamín Grey.
La sonriente asistente de Patterson, los nombro y ambos se pusieron de pie, esa era la primera vez que ambos entraban al consultorio, generalmente Patterson se limitaba a atender solo a Jean, pero en aquella ocasión quería hablar con los dos.
Entraron y no pasó desapercibido para él, el escalofrió en Jean al estar en aquella habitación, sabía que le traía recuerdos muy amargos.
— Jean, Benjamín, que gusto verlos por aquí.
Los años en Patterson, no habían pasado en balde, las canas se hacían presentes en aquel bonachón rostro, las arrugas se hacían más prominentes, como fuera a él le seguía pareciendo repulsivo. Con un beso en la mejilla saludo a Jean, mientras a él le dio un caluroso abrazo.
— Pero siéntense por favor.
Ambos lo hicieron y esperaron que Patterson, hablara.
— Y dime Jean, ¿Cómo te has sentido?
Su hermana se enfrascó en una descripción de lo que había sido su vida los últimos dos días, él la escuchaba a medias ya que estaba un poco perdido observando el rostro y reacciones de Patterson, podía ver preocupación, nerviosismo y algo más que no pudo descifrar.
Ese viejo no le gustaba.
Paso una hora sentado en aquel lugar escuchando a su hermana y a Patterson, conversar, de vez en cuando él se limitaba a contestar con monosílabos las preguntas que el doctor le hacía.
— Creo que vamos por buen camino Jean, pero ahora quiero que me respondas algo con sinceridad.
— Claro que sí.
— ¿Sigues inyectándote la droga que te recete?
Un silencio incomodo se apodero del ambiente de aquel lugar, tanto él como Jean, sabían que la respuesta era "No", hace tiempo ambos habían acordado que seguir contaminando su sistema con aquella droga no era necesario.
— Pues…
Supo que Jean, no podría contestar así que él tomó las riendas de la situación.
— Decidimos que no era necesario que continuara haciéndolo, después de todo pasaron años sin ningún ataque, ni sueño, no le vimos el caso a seguir contaminándola con esa droga.
Patterson, apretó los labios hasta dejarlos en una línea muy delgada, y él supo que se había enfadado.
— ¡Y se puede saber quién les dio el derecho de decidir algo así!
Patterson, se había levantado de su asiento y había golpeado su escritorio con fuerza, logrando que tanto él como Jean, se sorprendieran de su reacción y al parecer él tampoco esperaba esta actitud de su parte, ya que inmediatamente tomo asiento de nuevo y se disculpó con ambos.
— Lo siento, no tenía que reaccionar así, pero entiendan lo que hicieron estuvo muy mal, esa droga era la que mantenía la cabeza de Jean en orden, no me sorprende que tuviera este ataque, ahora es vulnerable.
Abrió la boca para contestarle a aquel inútil, ese incidente de Jean, había sido aislado estaba seguro que no volvería a pasar, pero Patterson no lo dejo hablar. Se inclinó a uno de sus cajones y saco unas jeringas y unos frascos con una sustancia que él conocía muy bien.
— Necesito que Jean, vuelva a inyectarse esto, es por su bien… es por el bien de todos.
— Pero…
— Jean, querida créeme cuando te digo que es por tu bien.
Jean, intercambio una mirada con él, lo único que pudo hacer fue apretar su mano indicándole que él estaría con ella, ya tendrían tiempo de hablar, no podía decir lo que pensaba frente a Patterson. Fue entonces que se dio cuenta la hora de consulta había terminado, sin importarle mucho las formalidades tomo a Jean de la mano y se la llevo de ahí. Creyó escuchar una despedida por parte de Patterson, pero no se molestó en contestarla, arrastrando a su hermana mientras esta sostenía las inyecciones que Patterson le había dado, pagaron la consulta y se encaminaron a la salida, iba tan entretenido arrastrando a Jean que no se fijó en una persona que se cruzaba en su camino y sin poderlo evitar su cuerpo colapso con esta.
— Lo siento, yo…
Ese rostro se le hacía en verdad conocido, tardo un segundo en recordar que era la mujer que había visto aquel día fuera del hospital donde Jean, trabajaba. Fue claro que ella también lo reconoció, ya que abrió los ojos sorprendía y los vio como si se hubiera topado un fantasma.
— ¿La conozco?
Noto como la mujer negaba enérgicamente con la cabeza mientras bajaba la mirada, la vio apretar los labios y salir huyendo de ahí.
— ¿Quién era?
— No lo sé.
Y en verdad que no lo sabía, trato de restarle importancia al asunto y continuo con su camino, tenía que llegar cuanto antes a casa para así poder contarle a Jean, de sus sospechas hacia Patterson, para él era claro que no permitiría que su hermana se inyectara aquella porquería.
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Llevó las manos hacia su pecho donde parecía que su corazón quería salir huyendo, aquel encuentro en verdad que la tomo por sorpresa, no esperaba verlos en aquel lugar, tuvo que tragar saliva para ahuyentar las lágrimas que amenazaban con escapar de sus ojos.
Respiro profundamente un par de veces mientras trataba de entender que es lo que hacían aquellos dos en aquel hospital, pasaron unos minutos hasta que se sentido capaz de continuar, llego al consultorio de Patterson y sin importarle los reclamos de la asistente de aquel inútil entro sin pedir permiso, al verla Patterson, enarco una ceja, era obvio que no esperaba verla por ahí.
— ¿Qué demonios…?
— ¿Se puede saber que hacían aquí?
No tuvo que aclarar de quien hablaba, fue claro que aquel idiota lo entendió.
— Tuvo una crisis, sus sueños volvieron, dejó de inyectarse la poción.
Una maldición escapo de sus labios mientras se sentaba en aquel sillón, ¿Por qué había hecho aquello?
— Chiquilla estúpida.
— No fue del todo su culpa ¿Sabes? Draco la incito a hacerlo.
— ¡No lo culpes a él, fue culpa de Granger, seguramente!
— Te ciegas demasiado, querida.
Apretó sus manos con furia, las llevo a los bolsillos de su túnica tentada a tomar su varita y hacer pagar a aquel inútil, pero él se dio cuenta de sus intenciones a tiempo.
— Yo no haría eso.
Gruño por lo bajo y desistió en su idea de maldecir a aquel tonto, respiro profundamente un par de veces tratando de tranquilizarse, tenía que pensar con la cabeza en frio, los acontecimientos de la última semana venían a amenazar su perfecto plan, no permitiría que todo se fuera al demonio, no ahora, no después de tantos años.
Abrió la boca para decir algo, pero en ese momento alguien toco la puerta, la tonta asistente asomo la cabeza anunciando que alguien había llegado preguntando por Patterson, no hubo terminado de hablar cuando un chico entro hecho una furia al consultorio.
— ¡Se puede saber qué demonios pasa aquí!
— Mimi, por favor cancele todas mis citas de esta tarde.
La muggle asintió lentamente mientras cerraba la puerta, el joven que acababa de llegar la miro con furia paseándose por la habitación.
— Eso es lo que te quiero preguntar, por eso te cite aquí.
— Y yo que voy a saber.
— Tú debías vigilarlos, si ahora todo se va al demonio será tu culpa.
— ¿Mi culpa? ¡Por merlín! ¡Yo no soy la que se la pasa siguiéndolos a todo lugar al que van!
Sus palabras calaron hondo, sabía que su comportamiento no era aceptable, pero aquel idiota no tenía que decirle como tenía que hacer las cosas.
— ¡No te permito que me hables así! ¡Yo sé porque hago las cosas! ¡A ti no te importa!
— ¡Por favor, ahora resulta que te preocupa tu adorado retoño!
La furia se apodero de sus sentidos, de manera inconsciente tomo la varita de su bolsillo y apunto a aquel que tanto daño le hacía con sus palabras ¿Cómo se atrevía? ¿Cómo se atrevía a poner en tela de juicio su amor por él? ¿Cómo, después de todo lo que había hecho por protegerlo?
— ¡Idiota, tú eres el que menos derecho tiene de hablar! ¡Tú que la engañas de esta manera! ¿No era tu amiga? Entonces ¿Por qué demonios le mientes así?
— Por favor, paren ya.
Las palabras de Patterson, lograron que ambos giraran la vista hacia él.
— Ahora lo único que importa es saber cómo vamos a arreglar todo esto, por lo que me contaron alguien la encontró, Harry Potter dio con ella, y como verán mis estimados compañeros, tenemos un problema grave.
Harry Potter.
Escuchar aquel nombre basto para que perdiera las fuerzas y se fuera a sentar de nuevo en aquel sillón, así que era por eso que la chica Weasley había ido al hospital, era Potter el que había estado en aquel lugar. Sin duda estaban en un grave problema. Dirigió una vista hacia aquel joven que estaba igual o más sorprendido que ella, era claro que no sabía de la vistita de Potter.
— Fue tu culpa.
Ahora aquel joven no se preocupó en defenderse, era claro que estaba muy preocupado.
— Yo diría, nuestra, mi querida Narcisa.
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Nunca antes había agradecido tanto el ser auror. Desde pequeño esta carrera había llamado su atención, pero jamás le había visto los beneficios de ser un defensor del mundo mágico, hasta ahora.
Mientras se escabullía en los archivos de aquel hospital un pinchazo en sus costillas lo obligo a detenerse en seco. Aun no estaba del todo bien, con una mueca de dolor respiro profundamente y trato de encerrar ese malestar en lo más recóndito de su mente, no era momento de sentirse mal, después de todo había esforzado mucho para escaparse de San Mungo y del ojo vigilante de Luna.
Sabía que en cuanto regresara le esperaba un buen regaño, pero no le importaba, ahora lo único que le importaba era averiguar algo de Hermione. Y es que después de intentar una semana y ver que nadie le creía supo estaba solo en aquella misión, así que ahora ahí se encontraba escondido en aquel cuartito tratando de acceder a los datos de su castaña amiga por medio de aquella computadora.
Para llegar ahí, tuvo que hechizar a unos cuantos muggles, borrar algunas memorias y mentir otro tanto, es por eso que agradecía ser auror, si alguien le preguntaba diría que todo lo hacía por el bien del mundo mágico.
Era un alivio que hace tiempo hubiera tomado aquel curso de capacitación en artefactos muggles, si no fuera por eso ahora estaba seguro no sabría qué hacer con aquella computadora, también era una suerte que aquellos muggles no vieran necesario proteger los datos de sus empleados con una contraseña.
Busco la base de datos y en cuanto la encontró probo buscar con "Hermione Granger", por supuesto no encontró nada, pero para su buena suerte aquella enfermera le había dado la mejor pista que jamás pensó encontrar, "Jean Grey" fue su siguiente búsqueda. Ante sus ojos una pantalla entera de información apareció como si fuera magia, en la parte superior de la pantalla una fotografía de una chica logro que su corazón latiera desaforadamente, era ella, no había duda.
Sintiéndose satisfecho con su descubrimiento paso los siguientes quince minutos leyendo la información disponible de su amiga, era extraño que Hermione, hubiera cambiando su nombre y según aquella pantalla en efecto tenía un hermano.
Enarco una ceja ante esta información, que él supiera Hermione, no tenía hermanos, paso de leer su situación familiar hasta la académica de su castaña, sintió un pinchazo de orgullo cuando leyó que ella había sido de los mejores promedios en la facultad de medicina, un nudo se formó en su garganta al darse cuenta de lo mucho que se había perdido, no entendía y estaba seguro no entendería hasta que Hermione le aclarara todo, ¿Por qué se había apartado de esa manera?, ¿Porque había cambiado su nombre?, ¿Porque se había ido de su vida…?
Llegó al final de la página, donde gracias a merlín estaba la dirección de Hermione, con las manos sudadas copio la información en un papel que estaba a su alcance, cerro la página y sigilosamente abandono aquel hospital, sentía el nerviosismo en su interior al saber que estaba a minutos de reencontrarse con su amiga. Moría por verla, abrazarla… sentirla a su lado.
En un abrir y cerrar de ojos estuvo en la dirección que había apuntado, una hermosa y elegante casa de dos pisos fue lo que encontró al aparecerse, se veía era cálida, hogareña… era una casa linda sí, pero muy muggle a su modo de ver las cosas, respiro profundamente mientras tragaba saliva, bastaba que él cruzara la calle para poder encontrarse con su amiga, sentía el sudor en su nuca y manos, su respiración agitada y su corazón queriendo salirse de su pecho no ayudan demasiado, trato de controlarse, trato de convencerse de que todo estaba bien, estaba a punto de dar un paso hacia aquella casa cuando un lujoso automóvil se estaciono frente a la casa.
Por poco se va de espaldas.
Del choche bajaron dos personas, a la distancia pudo reconocerlas, una de ellas era su Hermione, la conocería a kilómetros, su rostro se mostraba serio mientras un chico rubio se bajaba también.
Draco.
Un nudo se instaló en su estómago, aquello tenía que ser una broma.
Pero sin duda todo empeoro cuando vio cómo su castaña amiga tomaba la mano de aquel chico que había visto hace una semana en aquel hospital. Su corazón se detuvo cuando este tomo el rostro de Hermione entre sus manos y después la abrazaba.
Sus puños se cerraron con fuerza mientras la pareja se adentraba a la casa, fue hasta que aquella puerta se cerró que sintió las cálidas lágrimas viajar por sus mejillas, aquello tenía que ser una broma.
Una maldita broma.
¿Hermione Granger y Draco Malfoy juntos? ¿Qué hacían dos personas que según todos estaban muertos, juntos? ¿Qué pasaba ahí?
Y eso es todo por hoy ¿Qué les pareció? ¿Les gustó? ¿Qué piensan del capitulo? Espero poder ver sus comentarios en un review, en verdad que si, ver que leen la historia y que comentan me anima mucho a continuar.
Este fue hasta hoy el capitulo más largo que eh escrito para esta historia. Y como pudimos notar aquí se revela quien era esa persona que seguía a nuestros Hermanos Grey... lo sospechaban? yo se que algunos si, lo supe por sus comentarios :) como ven algunos tenían razon en no confiar en Patterson, él no es bueno :O pero se revela una identidad y aparece otra incógnita...¿Quien es el complice de Narcisa y Patterson? ¿Alguna teoría?
Y Harry encontró a Hermione... pero como vimos no le gusto la situación en la que la vio o.O yo también me traumaba si veía a dos personas oficialmente muertas y en esa situación o.O ¿Qué piensan que hará Harry ante esto? :O
Me retiro, como ya dije espero ver sus comentarios en verdad que si, hasta la próxima... me voy a hacer mi poción de Pottermore :B
