CAPITULO IX
Lo había engañado.
Nueve años de su vida tirados a la basura, nueve años lamentándote por una pérdida que ahora sabia nunca tuvo sentido.
A su cabeza llegaron miles de ideas, todas tratando de explicar el por qué le pasaba aquello, por qué ahora que encontraba a Hermione la veía con aquella compañía. A segundo plano había pasado el hecho de que la acompañaba alguien se suponía estaba muerto, ahora lo único importante en su cabeza era el hecho de saberse engañado, traicionado.
Y es que después de darle mil vueltas a la situación había llegado a una conclusión.
Hermione lo había abandonado para irse con el menor de los Malfoy.
Era imposible describir su tristeza, su decepción, su dolor.
Desde que había visto a la pareja perderse en la seguridad de aquella casa habían pasado unas horas, y él seguía de pie frente aquel lugar asimilando todo. Desde hace un rato sus lágrimas salían y bañaban su rostro sin que a él le importara, así como tampoco le importaba aquel dolor en sus costillas, la parte racional de su cerebro le exigía se fuera de ahí, era tiempo de ir a San Mungo de nuevo, sus heridas le estaban cobrando factura, si quería recuperarse sabia tenía que ir a enfrentar a Luna, que conociéndola seguramente en ese momento lo estaba maldiciendo, pero no podía, simplemente no se podía ni mover.
Estuvo así por un buen rato más, hasta que la oscuridad reino el lugar y en aquella casa comenzaron a encender las luces, una habitación en especial llamo su atención, por lo que pudo a ver a la distancia aquel lugar era el comedor ya que de la nada apareció Hermione, cargando una bandeja mientras que un rubio acomodaba los platos, instantes después ambos jóvenes se pusieron a cenar en un absoluto silencio, o al menos así parecía, todo cambio en un segundo ya que de la nada aquel chico que creyó muerto por años se levantó evidentemente molesto de la silla para ponerse a pasear por la habitación mientras la castaña bajaba la mirada y jugaba con sus manos.
Él se quedó ahí, de pie observando toda la escena como si se tratara de una obra de teatro, era solo un espectador. Un clandestino espectador.
Malfoy, camino con más energía frente a Hermione, y al parecer subiendo más la voz ya que instantes después las lágrimas se hicieron presentes en el rostro de la que considero por años su mejor amiga.
Por puro instinto sus pies se movieron y estuvo a punto de aparecerse dentro de esa casa a partirle la cara al rubio por hacer llorar a Hermione, pero entonces pasó algo que jamás creyó ver.
Malfoy, se puso de rodillas frente a la castaña y tomo sus manos con infinita delicadeza, él solo pudo apretar los puños mientras sentía que algo en su interior se rompía.
Entrecerró los ojos mientras el dolor en su pecho aumentaba de manera considerable, las lágrimas siguieron sin que él pudiera detenerlas, al ver como el rubio besaba la mejilla de Hermione, supo había visto suficiente, todo estaba muy claro.
Hermione, había jugado con él.
Cerro los ojos y se concentró en San Mungo, era el único lugar al que podría ir, necesitaba mantenerse ocupado, necesitaba pensar en frió, tuvo que controlar las ganas de entrar en aquella casa y exigir explicaciones, sabía que era muy fácil que perdiera el control y la verdad no estaba en su mejor momento como para perder los estribos frente aquella pareja.
Necesitaba de todas sus fuerzas para hacerlos pagar.
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Había pasado exactamente una semana, en teoría estaba lista.
En ese tiempo en el cual se había ausentado de aquel hospital le habían pasado muchas cosas, no todas agradables. Y es que después de años había vuelto a recaer en su antigua enfermedad.
Suspiro un par de veces mientras observaba la elegante estructura de aquel conocido edificio, metió las manos a uno de los bolsillos de su bata encontrando las inyecciones que Patterson, le había recetado hace unos días, inyecciones que tanto Benjamín como ella habían acordado no usaría.
Con un estremecimiento recordó la plática que habían tenido aquel día en la cena, donde Benjamín le expuso todas sus sospechas del viejo doctor.
— Espero que esa droga este ya en la basura.
Trago saliva mientras dejaba sus cubiertos de lado, termino de masticar lo que traía en la boca para después dedicarle una mirada de confusión a su hermano ¿Hablaba en serio?
— No veo porque tengo que hacerlo.
Después de sus palabras Benjamín salto de su silla y se puso a pasear como león enjaulado.
— ¿Benjamín?
No entendía, no comprendía la actitud de su hermano, primero su hostilidad hacia Patterson y ahora salía con que no quería que se inyectara lo que por años fue su salvación.
— No volveremos con Patterson.
— Pero…
— ¡Es un maldito viejo loco, Jean!
— Benjamín ¿Te sientes bien? Te recuerdo que él…
— Se muy bien lo que hizo por nosotros, Jean, pero ya no confió en él, yo…
— ¿Si?
— Creo que él se inventó todo ese show del tipo del hospital.
— ¿Es broma, cierto?
Con una mueca en los labios recordó lo que había vivido hace unos días, como su perfecto mundo se había derrumbado por un simple chico que la había nombrado de una manera que se suponía era un invento de su mente.
— Cuando me dijiste que todo se trataba de una absurda casualidad, no lo creí, pero no te dije nada para no alterarte, Jean, creo que Patterson envió a ese joven a perturbarte.
Su quijada se desencajo mientras escuchaba aquellas palabras, ¿Era eso verdad? Lo pensó unos segundos y llego a la conclusión de que aquello tenía mucha lógica. Ahora que lo estudiaba tenía mucho sentido que Patterson hubiera mandado a ese joven a jugar con ella. Pudo sentir la frustración y el enojo viajando por sus células, así como también las lágrimas no se hicieron esperar, se sentía tan estúpida.
— No entiendo que gana Patterson haciendo esto.
Hablaba con un tono de voz cargado de decepción, por años considero a aquel doctor como un padre, como su salvador, ahora se venía a enterar que la única figura paterna que tuvo por años, era un fraude.
Benjamín, dejo de pasear y se colocó frente a ella de rodillas, acaricio sus manos y limpio con delicadeza sus lágrimas.
— No lo sé, pero te juro que él no te hará daño Jean, por la memoria de nuestros padres que no lo hará.
Parpadeó un par de veces volviendo a la realidad, aun le costaba trabajo aceptar aquello que su hermano le había ayudado a descubrir, aun dolía, pero sabía que no ganaba nada con lamentarse, necesitaba retomar las riendas de su vida y que mejor que volviendo al trabajo.
Suspiro profundamente una vez más y se adentró en aquel edificio, siendo residente sabía que no podía darse el lujo de faltar y darle ventaja a todos aquellos que tenían años queriendo ganar su puesto como "la mejor nueva adquisición del hospital" era buena, incluso ella lo sabía.
Sin darse cuenta exactamente cómo estuvo en un segundo rodeada de sus compañeros que alegres le daban la bienvenida.
Le pusieron al corriente de los casos que había dejado pendientes y le dieron unos nuevos que tenía que atender, poco a poco y en medio de abrazos cada uno regreso a sus actividades dejándola a ella con una sonrisa en los labios, y al menos así fue hasta que se sintió observada, solo le basto girar un poco la cabeza hacia la derecha para toparse con Leo. Su corazón comenzó a latir con rapidez mientras con evidente nerviosismo se acercaba a su amigo, y es que desde aquella llamada donde no lo había tratado muy bien que digamos y después de aquel beso, no había vuelto a cruzar palabra con el chico.
— Hola.
Ante su saludo, el que fuera su amigo por años se limitó a enarcar una ceja y observarla con detenimiento, le pareció que la estudiaba y esto solo logro ponerla aún más nerviosa, en su cabeza repasaba una y otra vez las excusas que ya había inventado le diría, porque de algo estaba segura, la verdad no le contaría.
— ¿Cómo has estado?
Leo, se limitó a asentir con la cabeza mientras apretaba sus labios hasta dejarlos en una línea muy delgada, esto la desesperó, ¿Acaso no pensaba hablarle? Estuvo tentada a gritarle por su falta de interés en arreglar las cosas, pero sabía no podía darse el lujo de comportarse de esa manera, así que hizo lo único que podía hacer en una circunstancia como aquella. Irse.
— Entiendo, perdón por molestarte.
Era tonto que sintiera el enfado apoderarse de su cuerpo, pero así era, estaba enfadada, muy enfadada con su amigo. No había dado diez pasos cuando sintió alguien la tomaba de la muñeca, al girarse vio como Leo, trataba de sonreírle.
— Me da gusto que estés de vuelta, Jean.
Confundida se limitó a asentir con la cabeza y en cuanto Leo la soltó se alejó del chico, era extraño, cuando Leo la tocó no sintió las conocidas mariposas en su estómago, era tal vez el sentimiento de culpa y el enojo mismo lo que causaban se comportara de esa manera, pero además de eso estaba la forma en la que Leo la miraba, como si estuviera buscando algo en su rostro, como si tratara de descifrar algo en sus ojos, no le gusto… no le gusto porque sabía que el secreto que ella cargaba sobre sus hombros era muy vergonzoso.
Sacudió la cabeza un par de veces quitando esas ideas, no era sano que en su primer día se la pasara divagando en cosas que bien podrían no tener importancia, como había dicho antes, necesitaba regresar a su vida, necesitaba volver a esa realidad donde no perdía su estabilidad por el encargo de un loco doctor.
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Con la vista perdida en la nada, su amigo soltó un suspiro lleno de melancolía, él tuvo que morderse los labios para no preguntar aquello que llevaba días en su cabeza, no entendía, en verdad que no entendía por qué la actitud de su amigo.
Desde que había aparecido hace unos días en aquel hospital después de perderse de esa forma, nada había cambiado. Y es que por más preguntas que le hicieron sobre su paradero él se limitó a decir que solo había salido a dar un paseo. Todos sabían que mentía, incluso Ginny, que siempre creía en él aun por absurda que fuera su excusa.
— ¿Harry?
El moreno no respondió a su llamado, estaba seguro que ni siquiera lo había escuchado, por un segundo pensó que su distracción se debía a que aún no estaba listo para volver al trabajo, pero enseguida deshecho ese pensamiento sabía que de no haber estado listo, Luna, jamás lo habría dado de alta.
Carraspeo un poco tratando de hacerse notar, habían pasado ya varias horas desde que su amigo había llegado y se había sentado detrás de aquel escritorio, donde simplemente se limitaba a ver a la nada y a suspirar de vez en cuando, él conocía a su amigo, sabía que algo le pasaba, había algo en su mirada que no le acababa de gustar ya que era la mirada que por meses él tuvo cuando supieron que Hermione había desaparecido, y hablando de Hermione…
A su cabeza llegó la idea de que era raro que el chico no hubiera mencionado a la castaña en todo ese tiempo, era raro porque cuando lo habían encontrado en aquel hospital muggle de lo único que el chico quería hablar era de la chica, mientras trataba de convencerlos de que la había encontrado.
Tal vez era eso, tal vez Harry, se había dado cuenta de que toda esa historia de Hermione, eran ideas suyas. Sintió un ataque de comprensión y pena por su amigo, sabía lo mucho que la muerte de la castaña le afectaba, no había día en que el joven no se recriminara el hecho de no haberla cuidado lo suficiente.
Suspiro con tristeza mientras él mismo se recriminaba, no solo Harry, tenía la culpa de aquella muerte, él también era culpable, él tampoco la había cuidado, él como Harry, pensaron que la castaña era lo suficientemente fuerte como para defenderse sola.
Un nudo se instaló en su garganta al recordar a su amiga, habían sido nueve años muy duros para todos, después de la muerte de Voldemort, habían sido largos años de reconstrucción y de sanación en todos los sentidos posibles, el mundo mágico no volvió a ser el mismo, ninguno de ellos volvieron a ser lo que eran. La guerra había arrebatado muchas vidas, una de ellas la de su castaña amiga.
Sacudió la cabeza en un intento de apartar esos pensamientos de su mente, no era sano perderse en ellos, sabía que si eso pasaba lo único que lograría seria deprimirse y no podía hacer eso, ahora lo importante era averiguar qué demonios le pasaba a Harry.
— ¿Harry, me escuchas?
Repitió la pregunta con la esperanza de que el moreno lo escuchara, pero no fue así, Harry, siguió perdido en sus pensamientos, estuvo a punto de ponerse de pie cruzar la poca distancia que los separaba y hacer reaccionar a su amigo cuando alguien tocó la puerta.
— ¿Se puede?
Dean Thomas, asomó la cabeza por la puerta al tiempo que se aseguraba no interrumpía nada importante.
— Claro, pasa.
Se puso de pie mientras se acercaba al que fuera su compañero de cuarto en su estadía en Hogwarts.
— ¿Pasa algo?
Tuvo que preguntarlo, el ceño fruncido del chico le daba en que pensar, era obvio que algo le preocupaba, su pregunta logro que incluso Harry, saliera de su mundo para ponerle atención al chico.
— Lamentablemente, si, pasa algo.
La voz de Dean, estaba cargada de alarma, Harry, se puso de pie y en un segundo estuvo a su lado interrogando al chico con la mirada.
— ¿Qué pasa, Dean?
— Me acabo de enterar, yo… venía de camino a traerle estos papeles a Harry.
El chico le dio al moreno una carpeta, estuvo a punto de preguntarle que era aquello cuando Dean, continuo con su relato.
— Lo escuche por casualidad, Kingsley, tendrá que hacer una reunión urgente para comunicarles a todos pero…
— ¡Con un demonio Dean, habla de una buena vez!
Sabía que el tono de Harry, no fue del todo cortés pero no lo podía culpar, incluso a él lo estaba desesperando.
Dean, trago saliva.
— Hubo una fuga en Azkaban.
Aquellas palabras fueron seguidas de un total y absoluto silencio, no era posible.
Desde los tiempos de Voldemort, nadie había vuelto a escapar de aquella prisión, ¿Quién y Cómo, lo había logrado? Por lo que pudo notar sus preguntas eran las mismas que las de Harry, ya que el chico se le adelanto.
— ¿Quién?
Fuera cual fuera el nombre que saliera de los labios de su compañero Auror, sabia no era bueno, ya que los único con el poder o experiencia necesaria para hacer algo así, eran los ya derrotados Mortífagos.
— Lestrange.
Silencio.
Aquello tenía que ser una equivocación, aquella mujer no podía estar libre, no de nuevo.
Y es que todos sabían que el hecho de que Bellatrix Lestrange, estuviera en libertad era un problema, y uno muy grave.
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Jean Grey Simons
Fecha de Nacimiento: 19 febrero 1980
Padres: Alan Grey/ Jean Simons (fallecidos en accidente automovilístico 1997)
Hermanos: Benjamín Grey Simons
Fecha de Nacimiento: 19 febrero 1980
Familiares vivos: Ninguno.
Lugar de trabajo: Residente en el Charing Cross Hospital
Internada juntó con su hermano en –hospital desconocido- alrededor de un año después del accidente donde quedaron huérfanos. Según su historial médico ambos están en perfectas condiciones.
Médico responsable: Lucas Patterson
Repaso por décima vez la información que aquella mañana Dean, le había entregado. Como había dicho antes, adoraba ser auror, ya que podía entrometerse en los archivos muggles sin que nadie le dijera nada. Esa era una de las ventajas de que el mundo mágico aun lo considerara como el "salvador". Dentro de aquella carpeta venias varias páginas, todas llenas de información de los hermanos "Grey", más de una vez tuvo que rechinar los dientes por el enfado que sentía al leer aquellas hojas. Antes del año 1998 la información de ambos jóvenes venia incompleta, básica, era como si de la nada en ese año, después de que según el informe ambos quedaran huérfanos una nueva vida surgiera para ambos. Y él sabía porque era así.
Hermione y Draco se habían inventado toda una vida dejando atrás su pasado, dejando de lado todo lo que conocían, paso horas leyendo aquella información, con sorpresa se enteró que como Hermione, Draco había obtenido un alto promedio en su carrera Universitaria, en aquellos papeles venía incluso el número de matrícula del auto que el menor de los Malfoy tenía.
No había duda, esa era una información muy completa, sin embargo aquella no despejaba sus dudas ¿Por qué lo habían hecho?
Un suspiro de frustración escapó de sus labios al tiempo que dejaba de lado aquella carpeta, necesitaba despejarse, necesitaba pensar. Su vista se desvió un poco a la izquierda y se topó con el profeta, que anunciaba la fuga de la conocida mortífaga Bellatrix Lestrange. En una fotografía que ocupaba casi media plana, la mujer le sonreía con sorna mientras maldecía a los aurores que la encerraban en Azkaban.
Tiro con furia el periódico mientras se ponía de pie, la oscuridad de Grimmauld Place se le antojó incomoda pero aun así no hizo nada por remediarlo, se paseó por la habitación en un inútil intento de sacar todos aquellos problemas de su cabeza, fue en ese momento que se lamentó no haber acabado con la vida de aquella bruja cuando tuvo la oportunidad, apretó los puños y maldijo por lo bajo.
Ahora su debilidad le venía a cobrar factura.
Y aunque según Kingsley, se organizaría todo un grupo para atraparla él sabía no sería tal fácil, conocía a aquella mujer y de algo estaba seguro, no iba a ser fácil atraparla.
Sacudió la cabeza ahuyentando a la vieja bruja de sus pensamientos para que cierta castaña apareciera en ellos.
Bufó frustrado y se fue a sentar en la silla que hasta hace unos segundos ocupaba, tomo de nuevo aquella carpeta y releyó la información que esta le mostraba, a cada palabra sentía como si un puñal se enterrara en su pecho, todo eso le confirmaba que Hermione lo había traicionado, los había engañado a todos.
Ante tal pensamiento, la furia se fue apoderando de su sentido común, desde que había regresado de aquella casa no volvió a decir una palabra acerca de la castaña a sus amigos, sabía que Ron sospechaba algo le pasaba pero él no le dijo lo que había visto, la verdad era que no estaba seguro de querer compartir eso con nadie, no soportaría las miradas de pena que sabía le dedicarían sus amigos al enterarse que su pena y culpa habían sido por nada.
Había llegado al punto en que la traición de la castaña dolía tanto, que supo lo único que la aliviaría y haría desaparecer, era la venganza.
Porque por muy absurdo que eso sonara, Harry Potter tenía la necesidad de vengarse de la que por años considero su mejor amiga, necesitaba vengarse de Hermione Granger.
Una triste sonrisa se dibujó en sus labios mientras se inclinaba un poco y tomaba un pequeño frasco que estaba en la mesa más cercana. Hace años que no tenía una poción como aquella en sus manos, era cómica la situación, en su juventud fue la misma Hermione quien la preparo, ahora años después la misma poción le serviría para hacerla pagar.
Se lo merecía, se lo merecía por haberlo engañado así, por haberlo hecho sufrir de esa manera.
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Olía a humedad.
Arrugo la nariz mientras continuaba caminando por aquel largo y oscuro pasillo, no le gustaba para nada estar ahí.
Primero la aparición de Potter en la vida de la sangre sucia y su adorado Draco, ahora esto. Su suerte no podía ser peor. Esa mañana cuando llego a sus oídos la noticia de la fuga de su hermana supo estaba en un grave problema.
Es por eso que ahora ahí estaba, caminando por aquel maloliente y abandonado lugar en busca de su querida hermanita, necesitaba establecer contacto con ella, plantearle la situación antes de que cometiera alguna locura, porque así era Bella, impulsiva.
Llegó a una puerta y tocó con cuidado, escucho unos pasos del otro lado e instantes después escuchó como muchas cadenas eran removidas, por puro instinto metió la mano en su túnica tomando su varita.
Con un chasquido la puerta se abrió y entonces pudo ver a Rodolphus, con una mueca saludo al esposo de su hermana y sin decir nada se adentró en la habitación, si el olor de aquel pasillo le pareció asqueroso, aquello no era nada comparado con el de aquel lugar.
Arrugo la nariz una vez más y en la oscuridad busco a su hermana.
La encontró hecha bola en un sucio catre, cuando Bella, se dio cuenta de su presencia sonrió y la invito a su lado. Los años en Bella, no habían pasado en vano. Aunque no eran muchas las canas de poblaban su cabello, si eran notorias, las arrugas eran más prominentes, debajo de sus ojos las ojeras eran muy marcadas e incluso en sus mejillas estaban marcados los huesos, estaba muy delgada, pero el verla así no ocasiono ningún sentimiento de enojo o sed de venganza por lo que le habían hecho.
Temor.
Eso era lo único que sentía al verla, temor por ella misma, pero sobre todo, temor por Draco.
Bellatrix, se puso de pie con dificultad y tomo sus manos entre las suyas, le sonrió mostrando sus dientes, había en sus ojos un toque de locura que la hizo retroceder un paso.
— Ya estoy aquí querida, ya todo va a estar bien.
No pudo sonreír, ni siquiera pudo corresponder su abrazo, el miedo la había paralizado por completo, porque ahora tenía que jugar muy bien sus cartas si quería seguir manteniendo con vida a su adorado Draco.
A partir de ese momento todo iba a empeorar.
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No había nada mejor como sentir que todo iba como debería de ser.
Después de su patética crisis, después de volver a pisar aquel hospital que juro jamás volver, ahora todo estaba bien.
Atrás habían quedado sus absurdos sueños, sus tontos temores, ahora ella volvía a ser Jean Grey, la exitosa y talentosa doctora.
— ¿Entonces, ya me puedo ir?
Sonrió con dulzura a Liz, la pequeña niña que hace unos días había ingresado a causa de una grave caída.
— Así es Liz, ya puedes ir a casa.
— ¡Eso es genial!
La madre de la pequeña Liz, le sonrió con agradecimiento y ella abandono la habitación después de haber firmado su alta.
Apenas habían pasado tres días desde que volvió al trabajo y todo iba muy bien, la verdad era que no podía estar más agradecida, continuo con sus rondas y hasta entonces todo bien, el único momento incomodo del día fue cuando se encontró frente a frente con Leo, que sin decirle palabra le sonrió de medio lado, la hizo a un lado y continuo con su camino, esta actitud por parte del chico la obligaron a morderse los labios, no le gustaba estar así con su amigo pero sabía no podía hacer mucho.
Al menos no ahora.
Después de todo Benjamín, lo había amenazado injustamente si volvía a dirigirle la palabra, esperaba que el enfado se le pasara pronto a su amigo porque lo extrañaba. Necesitaba alguien con quien hablar, y no es que con Benjamín no lo pudiera hacer, pero sabía que con su hermano había temas que era mejor no tratar.
Negó con la cabeza y continuo con su caminata, consulto su reloj y se dio cuenta ya era hora de comer, la mañana se había pasado muy rápido, en menos de media hora Benjamín pasaría por ella para ir a algún restaurant, se apresuró y fue a cambiarse, una vez que estuvo lista fue hacia el elevador mientras le mandaba un mensaje a su hermano indicándole el lugar donde la recogería. Iba tan distraída que no se dio cuenta que en el momento en el que ella ingreso al elevador alguien salía y esto ocasiono que su cuerpo chocara con el de aquella persona logrando que su celular se fuera a estampar en el piso.
Maldijo por lo bajo y se disculpó con murmullos con aquella persona.
— No importa, me pasa a menudo.
Unas finas manos tomaron su celular por ella y le ayudaron a ponerse de pie, al levantar la vista se topó con un hombre, un hombre en verdad atractivo.
Podría tener unos veintitantos, era alto, pálido, cabello castaño y contaba con unos hermosos ojos verdes que por un segundo le hicieron perder su realidad.
— Tiene los ojos de su madre.
Las palabras escaparon de sus labios sin que ella pudiera hacer algo por evitarlo, al instante tapo su boca como si una maldición hubiera salido de esta, abrió los ojos sorprendida y temerosa. ¿Qué demonios había sido aquello? Por puro instinto bajo la vista.
Quitando el hecho de que de nuevo el mundo de sus sueños tomaba el control de su realidad, seguramente aquel joven pensaría estaba loca, y por alguna razón aquello no le gustaba, avergonzada se disculpó con aquel chico mientras deseaba que se la tragara la tierra.
Levanto la cabeza buscando la mirada de aquel desconocido encontrándose con que el hombre sonreía de medio lado, aunque sonreía había algo en su risa que le ponía los nervios de punta. Irónica, su sonrisa era irónica.
— Me lo han dicho.
Alguien carraspeo robando su atención, hasta entonces se percató de que se encontraba parada en medio de la puerta del elevador impidiendo que alguien más lo usara, se disculpó de nuevo y entro en aquel pequeño lugar mientras el desconocido bajaba en el piso que ella dejaba.
Sintió la urgente necesidad de disculparse de nuevo y así lo hizo, una tonta disculpa salió de sus labios y eso hizo sonreír aún más a aquel chico.
— No te preocupes Jean, no importa.
La puerta del elevador se cerró dejándola a ella con una cara de no comprender nada ¿Cómo demonios sabia su nombre? Bajo su cabeza buscando algo que tuviera su nombre y no encontró nada, aquello era muy extraño. Negó con la cabeza y trato de quitar ese incidente de su mente, en unos minutos estaría con Benjamín y no estaba de humor para contestar un interrogatorio, Benjamín…
Recordó el mensaje que le iba a mandar a su hermano y se dispuso a seguirlo cuando se dio cuenta no traía ningún celular con ella.
— Demonios.
Él nunca le había dado su teléfono. Maldijo una vez más mientras lamentaba su estupidez, sin duda eso solo le pasaba a ella.
Y eso es todo por hoy ¿Qué les pareció? ¿Les gustó? ¿Qué piensan de esto?
Como ven, nuestro Harry, se fue por el lado malo al ver a Hermione, esta seguro que la castaña lo engaño para irse con Draco, bien no es algo que no esperaran verdad? ahora... el señor Potter quiere venganza... lo conseguirá?
Y aquí vemos que aparece un nuevo personaje que no anda tan muerta en este fic, Bellatrix *-* adoró a esta mujer y la necesito así que por eso la traje a la vida (?) xDDDDDDD ¿Qué piensan del miedo que su querida hermana le tiene? En fin, espero sus comentarios ya saben que son gratis :B Hasta la próxima y Gracias por leer.
