Hola a todos por aquí! Bueno primero que nada debo pedirles una disculpa por mi retraso, y es que la verdad no pensé tardar tanto en publicar pero la escuela y todo eso robo mi tiempo y hasta ahora pude ponerme a escribir algo, creo que salio bien ya que aquí se revela un pequeño misterio (?) ahora que lo pienso pueden ser dos xD en fin, no digo más, gracias por poner la historia en favoritos y por sus reviews... disfruten la lectura.


CAPITULO X

En un segundo había perdido su celular en manos de su hermana, no es que esto fuera un comportamiento inusual en ella, lo que sin duda le preocupaba era la desesperación con la que Jean, aplastaba la pantalla de su querido teléfono, más de una vez estuvo tentado a arrebatarle el aparato para así salvar la vida de aquel artefacto, pero no lo hizo, no lo hizo porque algo en los ojos de la castaña le hizo saber que si quería seguir con vida aquello no era buena idea.

El mesero, llegó con su orden y en un segundo desapareció.

— ¿Puedes dejar eso de una vez? Tu comida se va a enfriar.

Un gruñido fue lo que obtuvo por respuesta, sabiendo que no podía hacer más, se encogió de hombros y se dispuso a comer él. Mientras cortaba su carne, le dirigió miradas a su hermana, que seguía maltratando el celular de una manera algo cruel, no entendía el comportamiento de la chica, y es que, desde que la había recogido tenía esa mirada extraña. Como si quisiera matar a alguien, por supuesto que le pregunto qué es lo que pasaba, pero ella no le dijo mucho, y es que por más que se esforzaba no comprendía el idioma de los gruñidos.

Pero no se podía desesperar, conocía a Jean y sabía que en cualquier momento ella hablaría, así que lo único que le quedaba hacer, era esperar.

Y ese momento llegó cuando estaba por terminar su platillo, masticaba con cuidado un bocado cuando su hermana explotó.

— ¡No puede ser posible!

Con un golpe brusco en la mesa, Jean, captó la atención de algunas personas más, al momento de que se percató de este hecho se disculpó en voz baja mientras bajaba la vista avergonzada.

— ¿Ahora si me vas a decir qué demonios te pasa?

Ante sus palabras las mejillas de Jean, se tiñeron de un profundo color carmín, después escucho un bufido.

— ¿Por qué a mí, Benjamín? ¿Por qué?

Negó con la cabeza mientras dejaba sus cubiertos de lado, la verdad era que no estaba entendiendo nada.

— Jean, si no me explicas que te pasa no te puedo decir, el por qué.

Su castaña hermana se mordió los labios y fue ahí cuando al parecer entendió que él tenía razón, así que la vio respirar profundamente un par de veces para después hablar lo más tranquilamente que pudo.

— Robaron mi celular.

Ante la declaración de Jean, lo único que pudo hacer fue enarcar una ceja, ¿Por eso era todo el drama? Y no es que no le molestara el hecho de que su pequeña hermana hubiera sido víctima de un robo, sino qué tratándose de algo así era un tanto ridículo que ella marcara con esa desesperación a su perdido celular.

— Entiendo, pero Jean, sabes tan bien como yo que no arreglas nada marcando a tu número, debes controlar tus nervios, créeme que mi teléfono te lo agradecería mucho.

Jean, tardo un segundo en comprender a que se refería, fue ahí que al parecer entendió que llevaba más de una hora torturando al pobre aparato.

— Lo siento, pero... Agh no es justo, ¿Por qué a mí? ¿Es un castigo divino? ¿Por qué demonios no me lo devolvió? ¿Por qué tenía que ver sus malditos ojos verdes? ¿Por qué le dije que eran como los de su madre? maldito Harry Potter, ahora me debe un celular.

Fue consciente de cómo al escuchar aquel nombre su mandíbula se desencajo y le dedico una mirada cargada de confusión y temor a su hermana, ella estaba tan molesta que al parecer no se había dado cuenta que acababa de mencionar el nombre que tanto despreciaba.

— ¿Harry Potter?

Jean, suspiro y comenzó a explicarle lo que le había pasado, él le puso mucha atención, comprendiendo de la nada el por qué ella estaba tan enojada con ella misma.

Y es que fue entonces que él comprendió lo mucho que Harry Potter estaba presente en la vida de su hermana, aun cuando ella se negara a aceptarlo, tuvo que tragar saliva, fue tal su preocupación que por un segundo dudo de su decisión de prohibirle a Jean, usar las drogas de Patterson.

La verdad era que ya no sabía cómo lidiar con ese pequeño problema, ya no sabía qué hacer para ayudar a Jean a olvidar a ese maldito Harry Potter, y el mundo que tanto ella como él, odiaban.

-OOOoooOOO-

Apenas puso un pie en su casa se arrepintió estar ahí.

Suspiro mientras con pasos lentos y pausados llegaba a la sala donde sin ánimo alguno se dejó caer pesadamente en el sillón. ¿Qué estaba haciendo?

El celular del cual se había apoderado hace tan solo unas horas se encontraba en el bolsillo de su pantalón con un peso que le parecía el de una tonelada, sabía que esa sensación se debía a la culpa.

Él no era así.

Se puso de pie y se encamino hacia el espejo que estaba a unos metros de distancia, el ver su reflejo solo ayudo a que la culpa aumentara de manera considerable, ver aquel color castaño en su siempre negro azabache cabello, lo deprimió. Suspiro de nuevo y dio un vistazo a su reloj, gracias a merlín el efecto de la poción multijugos estaba por desaparecer, unos minutos después pudo ver como su rostro cambiaba, el color de su cabello volvía a la normalidad y su vista empeoraba, rápidamente se puso sus gafas y el verse a él mismo en el espejo lo hizo sentir un poco mejor, y al menos así fue hasta que sintió una vibración en su bolsillo.

Con fastidio saco casi con furia aquel artefacto muggle de la seguridad de su pantalón, en la pantalla apareció la molesta foto de Malfoy con el nombre "Benjamín, llamando" sin consideración alguna apretó el botón rojo de "ignorar llamada" y el bendito aparato dejo de sonar.

Fue entonces que a su mente llegó el momento en el cual se había encontrado frente a frente con Hermione, la verdad es que tuvo mucha suerte, no esperaba para nada encontrársela en aquel lugar, y es que según sus cálculos pasaría por lo menos una hora buscándola y buscando informes de ella, no fue así, el destino se la había puesto fácil y la había visto apenas llegó al edificio.

Inconscientemente llevo una de sus manos hacia su pecho, aun recordaba el latir de su corazón al saberse tan cerca de la que fue por años su mejor amiga, tenía que aceptar que tuvo que reprimir las ganas de abrazarla y llorar sobre su hombro mientras ella lo consolaba. Se sentía tan débil.

Aquel choque que hubo entre ambos por supuesto fue su culpa, apenas la vio se lanzó contra ella logrando llamar su atención, aun cuando iba disfrazado con la poción multijugos ella lo había recordado, y es que sus ojos seguían tan verdes como los tenía en ese momento.

Tiene los ojos de su madre.

Apretó los labios hasta dejarlos en una línea muy delgada, la furia hizo acto de presencia y sin saber exactamente porque se descargó con su más reciente adquisición, sin pensar en las consecuencias, aventó el teléfono de Hermione, el cual fue a parar a unos metros de la puerta, al momento de que toco el piso el pequeño aparatito se hizo pedazos.

Tardó un segundo en asimilar lo mal que estuvo eso, necesitaba aquella cosa para averiguar más de Hermione y su vida con aquel rubio, por no contar el hecho de que era su pretexto para acercarse a ella.

Rápidamente fue por el teléfono mientras se ponía de rodillas y buscaba por todo el lugar las posibles piezas que se hicieron pedazos, en eso estaba, buscaba lo que al parecer era la pila del celular debajo de una pequeña mesita cuando una voz lo tomo tan de sorpresa que al escucharla no pudo evitar darse un golpe en la cabeza, logrando con esto que unas pequeñas lágrimas aparecieran en sus ojos.

— ¿Harry?

Tomando en cuenta el hecho de que él se pensaba solo en la casa, escuchar la voz de Ginny, le sorprendió un poco, se fue poniendo de pie mientras se sobaba la cabeza, en una de sus manos estaba el destrozado celular de Hermione, Ginny, se percató de esto y con una ceja levantada lo interrogo con la mirada, él lo único que pudo hacer fue esconder el aparato con su cuerpo.

— ¿Qué es eso? ¿Qué haces?

La pelirroja inclino su cuerpo tratando de ver que es lo que escondía con tanto empeño, él hizo todo lo posible para que no viera nada, así que tratando de restarle importancia al asunto se encogió de hombros.

— Nada importante, solo buscaba algo, ¿Qué haces aquí?

Al parecer la menor de los Weasley no tomo como buena ni educada su pregunta ya que inmediatamente apretó los labios como sólo lo hacía cuando se molestaba y enarcaba aún más su ceja.

— Vine a visitar a mi novio, ya que al parecer a él no le importa nuestra relación.

La amargura en el tono de la chica no pasó desapercibido para él, aunque por alguna extraña razón no se sintió mal por este hecho que comentaba la joven, que sabía era verdad, desde que había encontrado a Hermione, nada había vuelto a ser como antes, ni siquiera con Ginny, la mujer que hasta hace no mucho lo había ayudado a salir a flote.

— Lo siento Ginny, eh tenido mucho trabajo.

— ¿Mucho trabajo? ¿Esa es tu excusa? Harry, pensé que por lo menos serías imaginativo, primero lo de tu fiesta y ahora esto.

— ¿Mi fiesta? Ginny, por si no lo recuerdas me atropellaron.

— ¿Y eso qué? Eso no me ayuda para nada a callar las habladurías que se dieron ese día.

No pudo evitar rodar los ojos ante ese comentario, la verdad era que esa actitud de Ginny, fue algo que nunca le había gustado, su temor "al qué dirán"… su preocupación por que todos pensaran que su vida era un cuento de hadas donde se suponía él era el príncipe.

— Ginny, no tengo ganas de discutir.

Sabiendo que si continuaba con esa plática algo no muy bueno podía resultar hizo lo que a su parecer era lo mejor: huir. Sin importarle los desplantes que escucho por parte de su novia, se encamino hacia su habitación donde azotando la puerta le dio a entender no quería que lo molestaran, minutos después escucho como la chica abandonaba la casa azotando también la pobre e inocente puerta.

Un suspiro escapó de sus labios y se fue a tirar a su cama, se quedó un minuto observando el techo cuando recordó que tenía que reparar el teléfono de Hermione, y es que destrozado no le servía para nada.

Se sentó y puso todas las pequeñas piezas frente a él, sacó su varita y con un Reparo tuvo para quedar como nuevo.

Nunca había tenido la oportunidad de tener un celular, no es que lo necesitara, así que lo uso por puro instinto, como si se tratara de un juguete en el cual tenía que experimentar se la pasó aplastando las teclas hasta que por fin la pantalla se iluminó.

Un malestar en su estómago apareció apenas vio lo que Hermione, tenía como imagen de inicio, no era otra cosa que una fotografía de ella con Draco, la chica besaba la mejilla de un sonriente Malfoy mientras él sonreía con picardía a la cámara. Apartó la vista de la pantalla, con la esperanza de que una vez que iniciara el teléfono aquella tortura terminaría, por supuesto no fue así, otra imagen de la pareja fue lo que obtuvo de respuesta a sus plegarías, dándose por venido y haciendo uso de toda su fuerza de voluntad, respiro profundamente y se dispuso a espiar aquel aparato.

Después de una hora de aquella tarea pudo descubrir un poco más de la inventada vida de Hermione, supo por ejemplo que al parecer su único contacto real con el mundo muggle era un chico llamado Leo Cooper, trato de no prestarle importancia al hecho de que el tal Leo, podría pasar como su hermano perdido, la idea de que todo se trataba de una absurda broma por parte de Hermione, llegó a su cabeza, pero al instante se dio cuenta de lo tonto que era este hecho, así que lo desecho.

Cuando menos acordó la noche se hizo presente, sorprendido por este hecho y dándose cuenta de la nada lo hambriento que estaba guardo el celular de Hermione en el bolsillo y fue hacia la cocina donde preparo lo primero que se le ocurrió, un sándwich. Estaba por la mitad cuando de nuevo y después de no haber sonado en toda la tarde el teléfono de Hermione, se escuchó de nuevo, fastidiado y sabiendo que tenía que contestarlo una vez para así poder dar en marcha su plan, tomo un largo trago de agua y trato de cambiar un poco su voz, necesitaba acercarse lo más que se podía a aquella que tenía cuando tomaba la poción multijugos.

— ¿Diga?

— ¡Por fin, Jean, el maldito por fin contestó!

No esperaba para nada escuchar la molesta voz de Draco Malfoy, el escucharla y el que él lo llamara maldito acabo con sus ya destrozados nervios, estuvo a punto de darle su merecido cuando escucho la voz de Hermione, reprimiendo al rubio.

— ¡Benjamín, te va a oír!

— Como si me importara.

Después de eso escucho un extraño ruido y un quejido por parte del menor de los Malfoy, segundos después, escucho la delicada voz de Hermione.

— ¿Bueno?

Para él fue claro que la castaña estaba un tanto nerviosa, tal vez se debía al hecho de que aun recordaba cómo había cometido un pequeño error frente a un desconocido.

— Jean, un gusto poder hablar contigo.

Cambio lo más que pudo su voz, no podía darse el lujo de ser descubierto por un detalle tan simple, Hermione, devolvió su saludo y al parecer no noto nada extraño, o al menos no le comento nada, su plática duro no más de cinco minutos, dónde la chica le explico su deseo de recuperar su teléfono incluso le ofreció una suma de dinero por él, fue hasta que la castaña hizo esto que él entendió que ella pensaba se trataba de un robo, tardo por lo menos un minuto en explicarle que no era así, y después de un suspiro de alivio quedo con la castaña al día siguiente para devolverle su preciado teléfono, una vez que colgó no pudo evitar sentirse extraño, y es que aún estaba a tiempo.

Aún estaba a tiempo de echar por la borda su plan, aún estaba a tiempo de no vengarse de su amiga, aun podía dejar todo en el pasado y como la persona civilizada que era sentarse a hablar con la chica y pedirle explicaciones, pero… aunque aún estaba a tiempo él no quería dejar de lado nada, Hermione merecía un castigo por su engaño, y él se lo iba a dar.

Porque él se encargaría de que Hermione sufriera lo que él, él le daría un amigo, un alma gemela… un complemento, que de un día para otro le arrebataría y seria entonces que ella entendería lo que él paso por esos años.

-OOOoooOOO-

— Entonces ¿Es verdad?

Ante la pregunta de aquel joven lo único que pudo hacer fue bajar la vista, apretar los labios hasta dejarlos en una línea extremadamente delgada y dar vuelta con una lentitud casi desesperante al café que hace casi una hora le habían traído.

Sin poder decir palabra alguna, solamente asintió lentamente y suspiro sin poder evitarlo. Pudo escuchar un suspiro cargado de frustración y temor por parte de aquel que por años había sido su cómplice, sabía que la noticia no le había gustado para nada ya que tanto él como ella sabían que no les convenía que Bella, anduviera suelta por ahí sedienta de venganza.

Escucho unos pasos y eso le bastó para levantar la vista y encontrarse con aquel joven paseando desesperadamente por la habitación, pudo notar que buscaba algo, ella tenía una pequeña idea de lo que era aquello.

— ¿Qué se supone que buscas?

— ¿Dónde está?

— ¿Dónde está, que?

— Sabes a lo que me refiero, lo quiero ahora, no creo que este lugar sea seguro por mucho tiempo.

— ¿A qué te refieres con eso?

— Sabes a lo que me refiero, no falta mucho para que ella se venga a esta mansión, no voy a correr el riesgo de que los encuentre.

Un suspiro escapo de sus labios y poniéndose lentamente de pie se encamino hacía un viejo retrato que adornaba aquel salón, en esta pintura dos pequeñas niñas jugaban con una muñeca, al verla acercarse ambas giraron sus cabezas y le sonrieron delicadamente.

— Vienes por ello ¿Cierto?

Asintió a la pregunta de aquellas niñas, estas le sonrieron.

— Sólo dime la contraseña y será tuyo.

— Vox sanguinis est

Las pequeñas niñas sonrieron de nuevo y con una inclinación de cabeza el retrato se hizo a un lado, dejando al descubierto una pequeña caja fuerte, con un movimiento de su varita por fin abrió aquella caja que contenía su más preciado tesoro. Con el mayor cuidado saco el pequeño cofre que ahí se encontraba, bajo la atenta mirada de aquel chico depósito el cofre negro en la mesita de centro, con mucho cuidado abrió la tapa dejando al descubierto dos pequeños frascos que en su interior contenían una mezcla extraña y espesa de color blanco.

— Están seguros en esta casa, Bellatrix no tiene por qué encontrarlos.

Al nombrar a su hermana, no pasó desapercibido para ella que aquel joven se estremecía y apretaba sus labios en señal de odio puro, no lo culpaba y en cierto modo lo entendía, después de todo su hermana, había torturado a los padres de aquel chico hace muchos años.

Se inclinó hacia aquel cofre y tomo uno de los frascos, al tenerlo entre sus manos no pudo evitar sentirse extraña y un poco vulnerable, podía sentir las lágrimas queriendo escapar de sus ojos, nunca había sido una mujer débil pero cuando se trataba de su hijo aquella mascara de frialdad con la que vivía día a día desaparecía. Y es que después de todo lo que estaba en ese momento en sus manos eran los recuerdos de toda una vida de su pequeño Draco, recuerdos que ella por su bien le había extraído, recuerdos que simplemente le había robado por su bien, y no sólo eso también lo había condenado a un año encerrado en un lugar donde día a día recibía hechizos y tomaba pociones con el único fin de borrar por completo de su cabeza el mundo al que una vez había pertenecido.

No pudo más y un sollozo escapó de sus labios, no se avergonzó que aquel chico la viera llorar, después de todo no era la primera vez, habían llegado a un punto en que ambos compartían en cierto modo el mismo dolor, pasaron unos segundos para que ella sintiera como aquel joven palmeaba su espalda dándole el consuelo necesitado.

Tardo unos segundos en controlarse y para cuando lo hizo le lanzo una mirada cargada de agradecimiento a aquel compañero suyo.

— Gracias, Longbottom.

Neville Longbottom, enarcó una ceja y sonrió de medio lado al escuchar su apellido.

— ¿Longbottom? Pensé que habíamos pasado ya esa etapa de llamarnos por nuestros apellidos señora Malfoy.

— Lo siento Neville, tienes toda la razón.

Sonrió a aquel chico que por extraño que pareciera se había convertido en su cómplice, ya que tanto él como ella, por muy diferentes que fueran tenían en común el deseo de querer proteger a alguien amado, porque fue eso y no otra cosa lo que los había orillado a aquella farsa, su vista se perdió en la nada y comenzó a recordar que los había llevado a aquel momento…

Era el momento perfecto, sabía que no muchas veces tendrían una oportunidad como aquella, después de que el señor tenebroso le ordenara a su pequeño Draco aquella misión supo la única intención de aquel despreciable ser era arrebatarle todo. Primero Lucius, su amado esposo y ahora su pequeño hijo. Pero no lo permitiría, ella haría todo lo que estuviera en sus manos para que Draco, cumpliera la misión que le habían encomendado, no era nada sencilla, lo sabía, es por eso que ahora después de estar vigilando aquella casa por horas tenían su recompensa.

Porque, matar Hermione Granger, no era una tarea fácil.

Escondidos en las sombras pudieron ver como la despreciable sangre sucia llegaba a la que fuera la casa de sus padres, aun a la distancia pudo notar no se encontraba bien, no es que le importara pero le llamo la atención lo arreglada que estaba y lo mal que se veía. Sin importarle el frio que hacia aquella noche, la chica Granger, se sentó en uno de los escalones de la puerta de su casa, era claro que había estado llorando y al parecer sus planes eran continuar con esto. Como pensó antes, no podían desperdiciar aquella oportunidad.

Draco, ahora… tienes que hacerlo ya.

Al no obtener respuesta por parte de su hijo, confundida dirigió su vista hacia el menor de los Malfoy, no es que al hacer esto lo entendiera ya que Draco, observaba a detalle a Granger, mientras por alguna razón se estremecía, no supo por qué, pero algo en el rostro de su hijo no le gusto. No le quiso dar más vueltas al asunto y tomo con fuerza el brazo de su pequeño, con un crac desaparecieron y en un segundo estuvieron frente a una muy sorprendida Hermione Granger.

No le dieron tiempo de defenderse, en un rápido movimiento ella misma desarmo a la sangre sucia mientras instantes después le apuntaba con su varita, era evidente la sorpresa de la chica, pudo ver en su rostro la aceptación de morir, no habían dicho una palabra pero era claro que ella sabía a lo que iban.

¿Ni siquiera te vas a defender, Granger?

La chica apretó los labios pero no dijo palabra alguna, aun en desventaja la chiquilla idiota no perdía el orgullo, la muy tonta levantaba la cara orgullosa y la desafiaba con la mirada, o al menos así fue al inicio, después la sangre sucia desvió la vista hacia su hijo Draco, y por alguna razón su gesto cambio, no supo por qué, pero pudo ver en aquel rostro el dolor de la decepción.

Veo que después de todo, nadie puede cambiar de un día para otro ¿Cierto Draco?

¡Cállate, estúpida sangre sucia!

Por fin, Draco, pareció reaccionar ya que en ese momento levanto la varita y le apuntaba a una resignada Granger, sintiéndose un poco más tranquila no pudo evitar sonreír, faltaba muy poco para que su hijo pudiera salir bien librado de aquella situación.

Pero paso un minuto… dos… tres y Draco, no terminaba con aquello.

¿Draco, qué demonios esperas? ¡Mátala ya!

Ante sus palabras la tonta Granger, sonrió tristemente.

Si Draco, mátame ya.

Al escuchar la petición por parte de Granger, pasó algo que jamás pensó que sus ojos verían, su hijo, temblando bajo la varita y entonces ella vio algo que simplemente no le gusto, algo que incluso la hizo sentir asco... repulsión... Su hijo, se preocupaba por la estúpida Granger, y fue ahí que supo él no la mataría.

No podía describir con palabras la decepción que en ese momento recorrió todo su ser, porque no sólo era preocupación lo que vio en los ojos de su amado hijo, vio cariño… vio admiración, Draco… quería a la estúpida Granger.

Aquello tenía que ser un castigo divino, aquello tenía que ser una broma, un Malfoy no podía estar enamorado de una sangre sucia, y mucho menos de Granger, no de ella que era la mano derecha de Potter, simplemente no podía ser ella. A su mente llego la orden que hace unos meses el mismo señor tenebroso le había dado a su hijo, había sido claro… era Granger o él. Y si bien Draco, no podía matar a la sangre sucia, ella si podía.

Apunto por segunda vez en aquella noche a Granger, mientras esta no hacía nada por defenderse, es más ni siquiera la veía a ella, estaba entretenida observando a su hijo, esto la lleno de rabia, de odio…

¡Avada…!

¡Expelliarmus!

El hechizo no supo de donde llego, para cuando acordó una lluvia de rayos volaban por todos lados, Draco, había por fin reaccionado y le ayudaba a combatir al recién llegado, tardo un segundo en darse cuenta que ese no era otro que Longbottom, el chico llegaba corriendo a defender a Granger que para ese entonces ya había tomado su varita y se defendía.

Prácticamente era ella sola contra los dos, porque aunque Draco, se defendía de Longbottom, no le ayudaba para nada con la sangre sucia, así no podía ganar, así que hizo lo único que podía, huir. Tomo el brazo de su hijo y desaparecieron de ahí, con un crac en un segundo estuvieron en la seguridad de su mansión, con las respiraciones agitadas no se dijeron nada por unos minutos, una vez que estuvieron más tranquilos ella le exigió respuestas a su hijo, respuestas que él simplemente no le dio.

¿Por qué, Draco?

Le hablo dolida, decepcionada.

Draco, trago saliva y bajo la vista avergonzado, era claro que a él tampoco le gustaba la situación.

¿Por qué ella, Draco? Es una sangre…

Lo sé madre, créeme que lo sé.

Dando media vuelta, Draco, subió a su habitación dejándola a ella hecha un lió, ahora todo se complicaba, no faltaba mucho para que el señor tenebroso le exigiera resultados a su pequeño, resultados que ahora sabía jamás iba a tener, grito de pura frustración, sintiendo la desesperación en cada célula de su cuerpo, si Draco, no mataba a Granger, sería su fin… sería el fin de ambos porque sabía ella no podía vivir sin su pequeño retoño.

Derrotada se dejó caer en uno de los sillones. Tenía que pensar en algo, y tenía que hacerlo pronto.

-OOOoooOOO-

Navidad, era una fecha de festejo para todos, o al menos así se suponía que era porque para ella no era así, ese día lo único que había tenido era una silenciosa cena su hijo y ella, después de eso Draco, sin decirle más había subido a su habitación, las cosas iban de mal en peor, y es que desde aquel fallido ataque hacia Granger, su hijo no había vuelto a ser el mismo y ella se sentía tan inútil.

Pasó las siguientes horas de aquella noche dándole vueltas a una idea que no abandonaba su cabeza, era extremista, dolorosa y en cierto modo imposible, imposible porque necesitaba un cómplice y ella no lo tenía, o al menos no en ese momento aunque ya tenía a alguien en mente, sólo esperaba que ese alguien aceptara. Sin perder demasiado el tiempo tomo su capa y cubrió su cabeza, salió casi a hurtadillas de su propia casa, en un instante estuvo frente a aquella vieja casona, hace años no la visitaba, después de todo nunca fue muy amiga de la anciana que vivía ahí. Respiro profundamente y toco la vieja puerta de aquella casa, bastaron unos segundos para que un joven abriera y al verla ahí con evidente hostilidad le pregunto qué demonios quería.

Te conviene escucharme.

No había tratado mucho a ese joven, por no decir nada pero algo en aquella manera de defender a Granger esa noche le dio la esperanza de haber encontrado a su cómplice.

No me interesa.

Si no me escuchas, Granger morirá y yo te puedo ayudar a evitar eso.

Por la expresión que puso aquel chico supo le había creído.

— ¿Por qué lo hiciste? En mi caso es algo claro, él es mi hijo y daría y haría lo que fuera por él, pero tú…

— Era mi amiga, la quería y tú me ofreciste una oportunidad para salvarla.

— Siempre pensé que estabas enamorado de ella, esa determinación con la que la ayudaste aquella noche…

— No era así, en ese entonces el único cariño que sentía por ella era el de amigos.

No pasó desapercibido para ella el hecho de que hablaba en pasado de ese sentimiento, estaba a punto de preguntar si ese hecho había cambiado cuando se escuchó un fuerte golpe en la puerta, alguien había llegado, y los dos sabían quién era ese "alguien".

— Esta aquí, debes irte…ella no te debe de ver.

Sintiendo como el miedo aparecía de la nada, empujo con fuerza a aquel mago y le suplico con la mirada se fuera, no se lo dijo dos veces.

— Tenemos que hablar, tenemos que ser precavidos, debemos…

— Se lo que tenemos que hacer, ahora vete, ella te puede ver.

En un segundo guardo aquel cofre en su lugar, le dio un puñado de polvos flu a Neville y ordeno abrieran la puerta. Como había pensado era Bellatrix quien ingresaba a la legendaria mansión Malfoy, apenas la vio como si fuera una niña chiquita, Bella, corrió a sus brazos, la recibió por mera cortesía y porque no el convenía para nada que ella comenzara a sospechar.

— Ya estoy aquí Cissy.

Le regalo una sonrisa fingida y no pudo evitar suspirar, tenía miedo porque sin duda Bellatrix era una de las personas que menos le convenía estuviera suelta por ahí, porque la conocía sabía que si se lo proponía ella podría averiguar qué es lo que paso hace tantos años, y porque la conocía se preocupaba ya que ella tomaría ese engaño como una traición hacia su extinto señor tenebroso, una traición que de seguro los haría sufrir a todos.


Y si eso es todo por hoy ¿Qué les pareció? ¿Les gustó? ¿Qué piensan del capitulo? ¿Lo veían venir? Neville... quien lo diría cierto? Aunque bueno como pudimos ver tuvo sus motivos para hacerlo ¿Creen que esto lo justifica? Por otro lado, la tarea de Draco que no pudo realizar y que llevo a Narcisa a tomar medidas extremas... sé que algunos mencionaron el hecho de que Benjamin-Draco podría sentir algo mas por Hermione y bueno, no estaban tan equivocados, así fue... pero ahora, ahora ella es su "hermana" sera que ese sentimiento cambio o solo es amor de hermanos disfrazado de otra cosa? Lo sé es todo un lió xD pero bueno si tienen alguna duda ya saben comentenla y yo la responderé :P Los reviews son gratis recuerden, nos vemos hasta la próxima que espero no tardar mucho.