Es raro estar aquí... hola a todos! Sé lo que están pensando, "ésta ingrata por fin aparece" y la verdad que si, soy una mala persona T_T pero de verdad que esta capítulo no quería salir xD el ingrato se resistió mucho... lo reescribí dos veces T_T hasta que llegue a esto, me gusto como quedo y espero que a ustedes también les guste, no sigo, sin antes agradecer a todos por su paciencia, por sus comentarios y por poner la historia en favoritos.


CAPÍTULO XXII

— ¿Y eso es seguro?

No podía evitar ser desconfiada, nadie podía culparla y al parecer nadie lo hacía, a su alrededor todos sonreían, menos Harry, el moreno, tenía en ceño fruncido mientras veía con evidente desconfianza a Luna. Al parecer no era la única que no confiaba del todo en aquel asunto.

— Totalmente.

La respuesta de Luna no la convenció.

— Pero…

— Son tus recuerdos Hermione, por fin los tenemos.

Mordió su labio para no contestar lo que pensaba, la verdad era extraño que después de días de estar buscando sus memorias robadas, ahora de la noche a la mañana llegara Luna con aquel pequeño frasco de cristal jurando que eran sus recuerdos, ella no acababa de entender cómo es que toda su vida cabía en ese pequeño frasco.

— Yo no sé…

— Estoy de acuerdo con Hermione, esto no me gusta, ¿De dónde dices que las sacaste?

Era clara la molestia de Harry ante el secretismo de la rubia, y es que desde que había aparecido con aquel frasco entre las manos, se había negado rotundamente a hablar, cosa, que no le gustaba ni a ella ni a Harry, agradeció internamente esto, ya que Harry era el que llevaba la voz cantante en aquel asunto, él lo hacía ya que ella no se atrevía a hablar.

— Ya te lo he dicho, ahora no puedo hablar, pero deben confiar en mí, son tus recuerdos Hermione.

Asintió sólo por hacer algo, pero aun así la idea de que le devolvieran sus recuerdos, si es que eran los suyos, no le gustaba demasiado, además ¿Cómo demonios lo iban a hacer? La verdad era que aún no acababa de entender el cómo lo harían.

Fue en ese momento que Luna dio un paso hacia ella, al ver esto no pudo evitar temblar un poco, pero sus temblores quedaron en el olvido justo cuando Harry, tomando por sorpresa a todos, se fue a colocar protectoramente frente a ella y la rubia.

Aquellos impulsos protectores por parte del moreno ya eran cosa de todos los días, se había comportado igual con todos desde aquél día en que la desquiciada Bellatrix dejó aquel mensaje fuera del hospital, aún recordaba el terror que sintió al ver aquella advertencia, fue gracias a aquel miedo que sintió, a los cuidados y apoyo que le brindo Harry, que en cierto modo lo había perdonado de sus mentiras y del absurdo odio que le tenía a su hermano, si bien era cierto aún era un tema espinoso entre ellos, por el bien de todos trataban de evitarlo.

— Harry, déjame acercarme a ella.

La respuesta de Harry, fue simple pero rotunda.

— No.

— Harry…

Ron, que hasta ese momento se había mantenido callado en un rincón por fin hablo, al parecer no le gustaba entrometerse en las discusiones de su esposa y de su mejor amigo.

— No Ron, no dejaré que tu esposa se acerque a Hermione, no dejaré que la ponga en peligro.

Aquellas palabras lograron que su estúpido corazón diera un brinco emocionado, sintiéndose una chiquilla, no pudo evitar el sonrojo que apareció en sus mejillas, fue una suerte que nadie notara aquella reacción en ella. Dejando de lado sus tontas reacciones, vio como Luna apretaba los labios y evidentemente molesta suspiraba.

— Algún día tendrás que dejarme hacerlo, sabes tan bien como yo que la necesitamos.

Que hablaran de ella como si no estuviera presente, ya era algo tan común que en cierto modo estaba acostumbrada, pero no por eso le terminaba de gustar.

— Pues no lo harás, no hasta que me digas de dónde las sacaste.

— No puedo hablar.

— ¿Por qué no? No te entiendo Luna, y por eso no confió en ti.

— No haría nada para dañarla.

— De eso no estoy muy seguro.

— Harry…

Ver discutir a aquellos dos era como ver un partido de tenis, pasándose la pelota de un lado a otro, mientras ella y Ron se limitaban a seguir el curso de la discusión, aunque se podía decir que era entretenido sabía que tenía que ponerle un alto a aquella situación, si bien era cierto ella tampoco confiaba en la mágica aparición de sus recuerdos, sabía que tenía que hacer algo. Y así lo hizo, sin que nadie lo esperara poco a poco se puso de pie y ante la sorpresa de Harry, dio un paso acercándose a Luna; pero por supuesto no dio ni dos pasos cuando sintió el firme agarre de Harry sobre su muñeca.

— Harry, por favor.

— No.

Dirigió al moreno una mirada cargada de súplica, quería terminar de una vez por todas con aquel asunto, quería recordar su vida, quería recordarlo todo y si eso significaba confiar en Luna y en su terquedad a no hablar, pues entonces lo iba a hacer.

— Tengo que hacerlo.

Harry, apretó los labios con fuerza.

— No.

— Es su decisión, no tuya, si ella quiere intentarlo entonces vamos a hacerlo.

Al ver que estaba en desventaja, Harry, pareció entrar en razón, o al menos así se lo dijo la mueca que se dibujó en su rostro, vio como el moreno suspiraba y derrotado soltaba su muñeca.

— Está bien, pero tengo una condición.

— ¿Y cuál es?

— ¿Estás completamente segura que son sus recuerdos?

— Yo… por supuesto.

Hasta ella lo noto, una vacilación en la voz de la rubia, vio como Harry sonreía.

— A mí no me engañas Weasley, si quieres que te deje acercarte a Hermione, entonces nos vamos a asegurar de que son sus recuerdos.

— ¿Ah, sí? ¿Y cómo planeas hacerlo si no me dejas acercarme a ella?

La sonrisa que apareció en el rostro de su amigo, logro, por alguna extraña razón que un estremecimiento la recorriera de pies a cabeza.

— Somos gente mágica ¿No es así? Entonces hagamos uso de eso, utilizaremos un pensadero.

Las palabras de Harry no sólo la tomaron por sorpresa a ella, pero a diferencia de ella, Ron y Luna si entendieron lo que decía, vio como a regañadientes la rubia aceptaba el trato y sin decir más abandonaba la habitación en busca de aquel aparato o lo que sea que Harry había nombrado.

Mientras esperaban, Ron sin decir ninguna palabra abandono la habitación detrás de su esposa mientras ella y Harry esperaban el regreso del matrimonio Weasley.

— ¿Harry?

— ¿Qué pasa Hermione?

Siempre que le hablaba, no podía evitar que su corazón latiera como un tonto.

— ¿Qué… qué es un pensadero?

Una vez más Harry sonrió de ese modo que le ponía los pelos de punta.

— Algo que nos permitirá estar seguros de que esos en verdad son tus recuerdos.

Asintió sólo por hacer algo, sintiéndose fuera de lugar y sintiendo los nervios por estar a solas con su amigo, comenzó a caminar en círculos, había un detalle que no dejaba de dar vueltas en su cabeza, y sabía que si no lo preguntaba, entonces no iba a poder seguir adelante con eso.

— Harry, ¿Tú también los vas a ver? Me refiero a mis recuerdos.

Aquella pregunta tomo por sorpresa a su amigo, se limitó a encogerse de hombros.

— Por supuesto.

— Pero…

— ¿Qué pasa Hermione?

— Son mis recuerdos, no se supone que debo tener un poco de privacidad.

— Hermione, fuimos los mejores amigos, no hay un recuerdo que no haya compartido contigo, créeme, no hay nada que hayas vivido que yo no conozca.

Le sonrió tratando de calmarla pero no logró mucho, algo le decía que Harry estaba equivocado, algo le decía que en su vida robada había algo que el moreno no conocía y no sería nada bueno que lo conociera.

-OOOoooOOO-

Gritó.

Su garganta se desgarró en un grito tan potente que por un segundo creyó que iba a perder la voz, pero cuando de su boca salió una maldición supo que afortunadamente no se había quedado mudo.

Frente a él, aquella mujer lo veía preocupada y con miedo, pero ella no sabía lo que era el miedo, aquí el aterrado era él, porque era él y no otro el que en ese momento veía como aquellos objetos flotaban, todo parecía un acto de magia.

Al instante desecho ésta idea, la magia no existía.

Trato de convencerse de aquella verdad que por años inculco en su hermana pero estaba confundido, si no era magia entonces ¿cómo explicaba aquel espectáculo y los otros que aquella mujer que se decía su madre, le había mostrado?

Había enloquecido, seguramente era eso.

— Draco…

— ¡No me llame así!

Estaba cansado, estaba harto de que aquella mujer siguiera llamándolo de ese modo y de que siguiera diciendo que era su madre, que él era un mago, un mago de la más pura sangre y muy poderoso, lo único que él quería era volver a casa, estar junto a Jean y largarse de aquel país, ya que al parecer estaba lleno de dementes.

— Hijo, por favor…

— ¡No soy su hijo!

Dio un paso alejándose más de aquella mujer, no tenía escapatoria eso lo sabía, pero entre más distancia existiera entre aquella loca y él, mejor.

Vio como la señora Malfoy, si ese en verdad era su nombre, abría la boca para responder, pero no pudo escuchar su respuesta, ya que en ese momento una carcajada se dejó escuchar por la habitación, instantes después aquel hombre que era un completo desconocido para él y según aquella mujer se llamaba Severus, entró en la habitación riendo ante el espectáculo que él y aquella señora estaban dando.

— Creo que alguien está de mal humor.

La señora Malfoy enarcó una ceja al ver a su compañero y levantó la cara orgullosa, mientras él, se limitó a alejarse más de aquel par, en los días que había estado encerrado en aquella casa había aprendido a no meterse en las discusiones de aquellos dos.

— Todo esto, es tu culpa, así que déjate de estúpidas burlas.

— ¿Mi culpa?

Y ahí iban de nuevo, los gritos, los reclamos, las humillaciones… estaba cansado.

— Si, es tu maldita culpa, si tan sólo intentarás ayudarlo, si tan sólo…

— Ya te he dicho que es imposible, además no intentaré nada mientras Hermione no aparezca.

— Ya apareció, la tiene Potter, así que déjate de estúpidas excusas.

Hermione; al escuchar aquel nombre no pudo evitar estremecerse, y es que según aquellos dementes, Hermione, era el nombre de su hermana, y por supuesto, ellos no eran hermanos, o al menos eso decía aquella mujer. Para él era imposible creer esas palabras, él amaba a su hermana, él sabía que la castaña era la única familia que tenía, la única persona en la cual confiaba y la única que estaba ahí para él, así que ahora que le venían a decir que no había sangre de por medio entre ellos ni ningún lazo de hermandad, se le hacía absurdo. Es verdad que siempre se les hizo extraño que entre ellos no hubiera parecido físico, pero de eso a no ser hermanos, había un mundo de distancia.

—… eso no importa ahora, vengo a darte malas noticias.

Se perdió la mitad de la conversación pero aquella parte sí que le interesaba.

— ¿Problemas? ¿Qué clase de problemas?

Sin decir palabra, Severus, sonrió de medio lado y de uno de sus bolsillos saco un pequeño frasco, mismo, que puso en la mesa más cercana mientras la elegante señora Malfoy abría la boca evidentemente sorprendida.

— Eso no será…

— Lo es, los recuerdos de tu hijo.

— Pero cómo… yo… Neville…

— Ese es exactamente el problema, ese mocoso estúpido…

Era evidente la furia contenida con la que hablaba el hombre, él no sabía quién era Neville pero era evidente que ese chico estaba en problemas.

— ¿Acaso…?

— No sé qué demonios está pensando, lo único que sé es que el muy estúpido volvió al mundo mágico y ahora está tratando de llevarse a Hermione de ahí, pero al parecer es tan bueno que antes nos devolvió las memorias de Draco, lo que me preocupa es lo que haga con las memorias de la chica.

— No creerás que intentara devolverlas.

— Eso es justamente lo que creo y si intentan devolverlas a la mente de Hermione, bueno, ya sabes lo que puede pasar.

Vio como una mueca se dibujaba en el rostro de aquella mujer, segundos después la vio sentarse en uno de los sillones de aquella habitación, mientras el tal Severus tomaba aquél frasco y lo guardaba una vez más en su bolsillo, la señora Malfoy al ver esto una vez más se puso de pie.

— ¿Qué crees que haces?

— ¿Disculpa?

— Tenemos sus recuerdos, tenemos que devolvérselos.

Una vez más aquel hombre rio a carcajadas, pero a diferencia de la primera, ésta estaba cargada de amargura, y así se lo confirmo la mueca que se dibujó en su rostro.

— Ya te lo he dicho, no voy a…

— Es mi hijo, me lo debes.

— Yo no te debo nada.

— Si no fuera por mí, Granger no estaría con vida.

— Si no fuera por mí tu estúpido hijo no estaría con vida tampoco, así que, a como yo veo las cosas Narcissa, no nos debemos nada.

Narcissa Malfoy perdió los colores de la cara y sin que nadie lo esperara en un segundo, estuvo tirada a los pies de aquel hombre, un sollozo no tardo en escapar de su garganta.

— ¿Narcissa, que…?

— Severus, tienes que ayudarlo… tienes que… es mi hijo… por favor… es lo único que me queda… yo no sé…

— Sabes que es peligroso…

Cansado de dramas y sabiendo que aquello no iba a parar a ningún lado, se dio media vuelta y se alejó de aquel par, camino hacia otra habitación lejos de las palabras que llegaban a sus oídos, no quería seguir escuchando tonterías, estaba harto de aquellas mentiras, sabiendo que la discusión de aquel día iba a durar bastante, vago por aquella desconocida casa, se pasó por cada una de las habitaciones, por el comedor, la cocina, todos y cada uno de esos lugares ya le eran conocidos y eso era en cierto modo patético, pero entonces, justo cuando estaba por dar media vuelta vio aquella puerta abierta.

Trago saliva, desde el día en el cual había llegado aquel despacho era el único lugar que no había pisado, y todo porque el tal Severus pasaba horas encerrado ahí, y cuando no era así, lo cerraba con llave. Agudizo el oído tratando de escuchar, al parecer aquellos dos seguían discutiendo, suspiro profundamente y con mucho cuidado dio un paso hacia aquel lugar. Las manos le sudaban cuando por fin logró llegar y poner una mano sobre aquella puerta, con un lento y silencioso movimiento abrió de par en par la puerta y por fin entro. El primer sentimiento que experimento fue el de la decepción, a primera vista aquél despacho no tenía nada de extraordinario y por supuesto no veía el motivo por el cual el tal Severus lo cuidaba tanto. Después de un rápido vistazo y de no encontrar nada fuera de lugar, se dispuso a dar media vuelta y largarse de ahí, estaba por hacerlo cuando algo llamó su atención.

Era un papel, dio unos pasos y por fin tuvo una mejor vista. Al verlo, casi se cae de espaldas. Aquel no era un simple papel. Con las manos temblorosas lo tomo, y casi sin creerlo lo leyó una vez más.

Doctor Patterson, psiquiatra.

Una vez más.

Lo leyó una vez más.

Aquello tenía que ser una maldita broma.

¿Qué demonios hacia un recetario del psiquiatra de su hermana en aquella maldita casa?

Trago saliva, las manos le temblaron con más fuerza y sintió que perdía las fuerzas en las piernas, ¿Quiénes eran en verdad aquellas personas? ¿Qué querían de ellos? ¿Qué…?

Pero no pudo seguir haciendo conjeturas, ya que en ese momento sintió un duro golpe en la nuca, antes de caer en la inconsciencia le pareció escuchar una maldición y unas palabras que simplemente no acabo de entender.

— Lo sabe, maldita sea, lo sabe…

Después de eso, no supo nada.

-OOOoooOOO-

— Es suficiente para dos.

Asintió lentamente mientras inútilmente trataba de sonreír, algo muy dentro de ella le decía que tenía que detener esa locura, algo muy dentro de ella le pedía a gritos que no dejara que Harry, viera sus recuerdos. Pero no habló, no habló porque sabía que no podía hacer mucho por evitarlo, aquella había sido la condición del moreno; una vez que estuviera seguro de que aquellos recuerdos en efecto le pertenecían a ella no se interpondría entre Luna y la castaña, antes, ni hablar.

Es por eso que resignada suspiro profundamente mientras esperaba que hicieran los preparativos de todo, aun no comprendía que es lo que iban a hacer, después de tratar de adivinar por horas, se dio por vencida, después de todo por más que intentaba jamás acertaba, todo empeoro cuando trajeron a su habitación aquel pedazo de piedra, aunque, decir que era un simple pedazo de piedra era quedarse corto. Tenía algo que lo hacía especial, lo supo apenas lo vio, según Harry, aquello era un pensadero.

— ¿Están listos?

Tanto ella como Harry asintieron, ellos eran los únicos que iban a ver sus memorias, Ron y Luna respetaron su privacidad y dijeron que no era necesario que ellos vieran, cosa que por supuesto no aplicó en Harry.

— Gracias Luna.

La rubia hizo una extraña mueca ante las palabras de Harry, era obvio que aún no perdonaba del todo su terquedad.

— Agradécele a Hermione, si yo fuera ella no te dejaría ver mis recuerdos.

Todos incluida ella dibujaron en su rostro una sonrisa forzada, trato de quitarle importancia al asunto, no era tiempo de preocuparse por las discusiones de aquellos dos, olvido el asunto y se concentró en su miedo; porque lo tenía, lo tenía y mucho. No todos los días le ponían en bandeja de plata aquellos recuerdos que le aseguraban le habían robado hace años.

— Empecemos.

Vio como Luna y Ron acercaban aquel pensadero hacia ella y Harry, era lo suficientemente grande para los dos, o eso había escuchado.

— Hermione, lo que vas a ver a continuación son tus memorias, así que es normal que te veas a ti misma en varias etapas de tu vida, no puedes intervenir, sólo eres un observador, si hablas no te escucharan, quiero que entiendas que esto es como ver una película.

Asintió lentamente mientras limpiaba el sudor de las palmas de sus manos en su ropa.

— ¿Y Harry?

— Yo estaré ahí pero, no me vas a ver.

— ¿No?

— Veré lo mismo que tú pero no me podrás ver, aun así quiero que sepas que ahí estaré.

En un rápido movimiento el moreno tomo su mano y le dio un suave apretón, trato con todas sus fuerzas de ignorar el estremecimiento que la recorrió de pies a cabeza, hizo uso de toda su fuerza de voluntad para dibujar una sonrisa.

— Gracias.

Luna, vertió un líquido extraño en aquel pensadero, trato de ver alguna imagen en aquella sustancia pero no vio nada, no pudo evitar sentirse decepcionada, la rubia repitió el proceso un par de veces.

— Son algunos de tus recuerdos, no todos, no sé qué verás porque los tome al azar pero es tú vida, esto es tuyo y tienes que verlo.

Asintió una vez más sin poder decir palabra alguna.

— Muy bien entonces, adelante.

Se quedó quieta por un segundo antes de comprender que tenía que inclinar su cabeza, una vez que lo hizo todo fue muy confuso. Luna y Ron desaparecieron, todo era un borrón de colores, por un segundo sintió que caía al vacío, quiso gritar pero de sus labios no salió sonido alguno, antes de poder lamentarse haber empezado aquello, todo comenzó a tener sentido. Ante sus ojos una imagen comenzó a formarse, casi se va de espaldas al verlo, y es que, ante ella una pequeña castaña con el cabello alborotado y vestida con una extraña túnica negra, lloraba desconsolada en un baño. Mientras la niña lloraba ella se dedicó a estudiar el lugar, y aunque era un lugar completamente desconocido para ella, un vago recuerdo que no tenía que ver con el que veía ahora, cosquilleo en su cabeza.

— Tonto Ron.

Sorprendida por aquellas palabras, se giró hacia la pequeña mientras la veía limpiar sus lágrimas y maldecir al que ella suponía era su mejor amigo. No tenía sentido, pero no pudo continuar preguntándose qué pasaba ahí, ya que un fuerte sonido se escuchó por el baño tomándola a ella y a su pequeña yo, por sorpresa, fue increíble ver aquella criatura entrar por la pequeña puerta gruñendo y destrozándolo todo a su paso. Un grito de la pequeña Hermione se dejó escuchar, no pudo evitar ponerse frente a la criatura, aun cuando sabía que podía morir, tenía que salvar a la pequeña, pero cuando la criatura paso a su lado y ella en un intento desesperado la golpeo, y su mano atravesó la enorme pierna del monstruo, recordó lo que Luna le había dicho; no podía intervenir, así que ahí se quedó, impotente mientras la pequeña Hermione aterrorizada gritaba por ayuda, fue en ese momento que la puerta del baño se abrió una vez más y por ella entraron dos chicos, dos pequeños niños, un moreno y un pelirrojo que al instante comenzaron a luchar con la criatura. Abrió la boca sorprendida, no fue la criatura ni verse ella de pequeña, lo que más le sorprendió fue saber que desde una edad temprana ella conocía a aquel par de amigos; no pudo evitar sentir un malestar en su pecho y garganta. Lamentablemente no pudo ver como terminaba aquella locura, ya que en ese momento el recuerdo cambio una vez más, en ésta ocasión se encontraba en un oscuro y largo pasillo, tuvo que forzar la vista para poder ver algo, no pudo ver nada, las antorchas que iluminaban en lugar no hacían muy bien su trabajo, estaba por dar media vuelta y vagar por ahí hasta encontrar algo que ver, cuando escucho un sollozo. Enarcó una ceja y siguió el sonido de aquel llanto, no tuvo que caminar mucho, a unos pasos de ella se encontraba una chiquilla de unos dieciséis años, una vez más y para su sorpresa vio que era ella. No entendía a que venían esas lágrimas, pero por lo que pudo ver en aquel rostro supo que dolía, así se lo confirmo cuando su yo más joven llevó la mano a su pecho e inútilmente trataba de controlar las lágrimas, vio como aquella joven estaba por levantarse de aquel rincón cuando se escucharon unos pasos en la distancia.

No le sorprendió ver el terror en su joven rostro, incluso ella lo sintió, vio como la joven Hermione se levantaba rápidamente y comenzaba a huir del lugar, pero no pudo hacerlo, ya que entonces para sorpresa de las dos, la joven Hermione choco con alguien y no pudo evitar caer al suelo de espaldas.

— Maldita sea, ten más cuidado.

Aquella voz se le hizo muy conocida, al ver a aquel rubio con la ceja enarcada y con aquella vestimenta tan extraña, no pudo evitar sentir como su mundo se venía abajo. Benjamín.

— Malfoy, yo… no te vi.

— Eso me queda muy claro.

Era extraño, esa frialdad con la que ambos se hablaban no le gusto para nada, aquel rubio era su hermano, ¿por qué la trataba de esa manera?

Vio como poco a poco la joven Hermione se ponía de pie, vio también como hacia un gran esfuerzo para que aquel chico no viera sus lágrimas ni sus ojos hinchados, pero por supuesto no pudo hacer mucho.

— ¿Y ahora qué te hizo Potter?

Ambas, la joven Hermione y ella levantaron la vista rápidamente evidentemente aterradas, ambas vieron como Benjamín, o Draco… o como se llamase aquel rubio, sonreía de medio lado y al parecer le causaba gracia su situación.

— Yo no… él no…

— No soy ciego Granger, me sorprende que a éstas alturas Potter, no se haya dado cuenta.

Vio autentico terror en el rostro de la joven Hermione, pero no pudo ver más, ya que en ese momento al final del pasillo se escucharon unas risas y unos pasos, sin perder tiempo la joven Hermione, tomo con fuerza el brazo de Benjamín y lo arrastro hacia un rincón de aquel pasillo, lo estampo contra la pared y ella hizo lo propio, al parecer no quería ser vista con aquel chico. No tuvieron que esperar mucho para ver como una pareja pasaba frente a ellos riendo a carcajadas y dándose pequeños besos en los labios, casi se va de espaldas al ver que aquella pareja no eran otros que Harry y Ginny, pero sin duda lo que más le sorprendió fue ver como la joven Hermione desviaba la vista de aquella escena y el cómo Benjamín la veía con una ceja enarcada y una mueca extraña en los labios.

Una vez que aquella pareja se perdió de vista, ambos salieron de aquel rincón y un incómodo silencio se apodero del lugar.

— ¿Y así te atreves a negarlo?

— No sé de qué hablas, yo… yo… debo irme.

La joven Hermione comenzó a caminar rápidamente alejándose de aquel rubio, pero antes de perderse de vista escucho como le gritaba unas palabras que al menos a ella le sonaron absurdas y por algún motivo tuvo autentico miedo de ellas.

— No merece que estés enamorada así de él.

La joven Hermione dio media vuelta bruscamente y abrió la boca para decir algo, pero no pudo hacerlo ya que en ese momento, Benjamín habló.

— No es que me interese, después de todo si sufres es porque quieres, sangre sucia.

Sabía que aquellas palabras eran malas, pero por algún motivo no le molestaron del todo, había algo en el rostro de Benjamín que le hacían creer que incluso a él le molestaba decir aquello.

— Gracias, Draco.

Benjamín o Draco, o como sea, sonrió de medio lado y dio media vuelta, la joven Hermione hizo lo propio, y ella simplemente no entendió, algo le decía que ahí había empezado algo, si era bueno o no, no estaba segura.

Y la imagen cambio de nuevo, ahora se vio a ella misma un poco mayor, no podía ser mucho, al parecer tenía de nuevo dieciséis o diecisiete años, se encontraba en una casa, una casa que al parecer era normal, veía a la nada por una ventana cuando alguien grito su nombre.

— ¡Hermione, baja!

Se vio sonreír mientras daba media vuelta y rápidamente bajaba como le habían pedido, al llegar al final de las escaleras vio como una pareja la esperaba sentada en una mesa.

— Hija, ven a comer, se enfriará.

Al entender quiénes eran aquellas personas, no pudo evitar sentir un duro golpe en su pecho, no pudo evitar las lágrimas, se puso a ver el lugar y con sorpresa se dio cuenta de que esa era su casa, aquellas eran sus fotos de niña, aquellos eran sus padres.

Una vez más el recuerdo cambio, y una vez más vio a Benjamín con ella, pero ahora a diferencia del primer recuerdo no había rastro de hostilidad ni de incomodidad entre ellos. Se encontraban en una biblioteca, pero por algún extraño motivo no se sentaban juntos, estaban en diferentes mesas, con docenas de libros a su lado, pero al parecer aunque no estaban juntos, sí que hablaban.

— Es inútil, Granger.

— Hermione.

Benjamín bufo por lo bajo.

— Hermione.

— Así está mejor.

— Aun así, es inútil.

— No lo es, sólo es un examen y lo vas a aprobar.

— Lo dudo, aunque me ayudes a estudiar no creo que sirva de mucho.

— Serviría si te sentaras a mi lado.

Y ahí estaba, pudo sentir el reproche, vio como Benjamín hacia una mueca.

— Hermione…

— Lo sé, sólo estaba bromeando.

Pero aunque esas fueron sus palabras, era obvio que en parte lo decía enserio, y al parecer el rubio se dio cuenta de esto.

— Hermione yo…

— Lo entiendo Draco, no te preocupes.

Vio como el rubio abría la boca para contestar, pero no pudo escuchar lo que decía ya que en ese momento el recuerdo cambió una vez más.

— ¿Neville? ¿Qué significa esto?

Neville seguramente era aquel joven que estaba parado frente a ella, se encontraban en su casa, pero no pudo ver por ningún lado a sus padres, pero sin duda lo que más le sorprendió no fue eso, fue el hecho de que su yo más joven veía con evidente desconfianza a aquel chico, mientras con una varita en mano apuntaba a aquel desconocido.

— Hermione… es necesario.

— Aléjate de mí, no quiero hacerte daño.

— Hermione, por favor, es por tú bien yo… yo lo hago por tu bien.

Vio como el tan Neville daba un paso hacia ella, pero fue entonces que ella levanto la varita aún más.

— ¡Aléjate!

Fue en ese momento que la puerta se abrió de un golpe, ante ellos una mujer rubia los veía con los labios apretados.

— Creí que ya tenías todo bajo control, no tenemos tiempo, apúrate.

— Pero… pero…

— ¿Señora Malfoy?

Era evidente la sorpresa en el rostro de la joven Hermione, incluso ella misma se sentía confundida al ver aquella escena.

— No tenemos tiempo.

Grito una advertencia que no sirvió de nada.

Supo lo que aquella mujer iba a hacer, la Hermione joven lo supo demasiado tarde, unas extrañas palabras salieron de los labios de aquella mujer e instantes después un rayo impacto en su pecho, después de eso, todo se volvió negro.

Aun cuando el recuerdo desapareció del todo ella continúo gritando. Sentía su garganta arder pero sabía que lo único que podía hacer en ese momento era gritar. Sintió unas manos que la tomaron por los hombros y la recostaron en la cama.

— Hermione, Hermione.

Escuchar aquella voz fue peor, Harry, no podía ver a Harry.

Sentía la vergüenza en cada célula de su cuerpo, desde hace tiempo tenía la sospecha de que Hermione Granger estaba enamorada de Harry Potter, pero de eso a estar cien por ciento segura y verlo en aquellos recuerdos robados, era peor. Ahora entendía muchas cosas, ahora entendía el por qué apenas vio a Harry sintió la absurda necesidad de estar a su lado, si bien era cierto habían pasado muchos años y ahora no conocía a su amigo, aquel amor que al parecer sintió por él por años, aún estaba en alguna parte de su cabeza, y eso no le gustaba, no le gustaba porque Harry tenía novia, él tenía una vida dónde no había lugar para ella.

Sintió las lágrimas viajar por sus ojos, sus gritos cesaron para dejarle paso a los sollozos, sintió los brazos protectores de Harry abrazándola, mientras Luna y Ron preguntaban qué había pasado. Ni ella ni Harry contestaron, hicieron falta unos minutos para que ella se pudiera tranquilizar, se sentía culpable al estar en los brazos de su amigo, se sentía culpable y muy confundida. Después de que Luna estuvo segura de que no iba a llorar de nuevo, se acercó a ella y le ofreció un pañuelo con el cual limpiar sus lágrimas. Una vez que lo hizo, lentamente y sintiendo como algo en su interior se rompía, se deshizo del abrazo de Harry, no pudo verlo a la cara, así que no supo que expresión tenía su amigo. No quería verla, no quería ver la decepción por saber de qué su mejor amiga estuvo enamorada de él por años.

— ¿Hermione?

Sentía en su interior algo extraño, algo que no le gustaba, algo que dolía, ahora al ver aquella vida que perdió se sentía absurdamente vacía. Tenía que acabar con eso de una vez por todas, tenía que tener sus recuerdos de vuelta, para así, poder poner en orden sus ideas, sus sentimientos.

— Regrésamelos.

Luna asintió lentamente y dirigió un rápido vistazo a Harry, no supo que vio en el rostro de su amigo, no se atrevió a voltear, pero Luna, suspiro.

— Empecemos.

Sintió como Harry se bajaba de la cama dejándole todo el espacio, se recostó mientras Luna hacia los preparativos, vio como tomaba sus recuerdos y los devolvía a la pequeña botella, Harry se situó frente a ella, no pudo evitar su mirada, su amigo tenía el rostro más serio que jamás le había visto y la veía de una manera tan extraña…

— ¿Estás lista?

Parpadeo mientras desviaba la vista de Harry, el moreno apretaba la mandíbula mientras la veía sin pestañear, asintió a Luna y cerró los ojos, aquello estaba a punto de terminar, tenía miedo, la verdad era que estaba aterrada pero se consoló pensando que por fin le iban a devolver su vida.

Escuchó a la rubia trabajar pero no se atrevió a abrir de nuevo los ojos, escucho unos pasos y supo que Ron se acercaba al moreno a preguntarle que había visto, sólo esperaba que Harry no dijera nada. Segundos después sintió como Luna llegaba a su lado y le pedía abrir los ojos, lo hizo a regañadientes y cuando lo hizo vio como Harry y Ron hablaban en susurros entre ellos.

— No te dolerá.

Se obligó a despegar la vista de sus amigos, sonrió a la rubia y suspiro.

— Eso espero.

Luna, asintió lentamente y con la punta de su varita levanto aquella sustancia extraña que eran sus recuerdos, sintió el sudor en las palmas de sus manos cuando la rubia levanto la varita a la altura de su cabeza.

— Aquí vamos.

Lentamente su amiga acercó el recuerdo a su cabeza, ella no podía estar más nerviosa, respiro tratando de calmarse e hizo un esfuerzo sobrehumano para no levantarse y salir corriendo; fue en ese momento que se permitió buscar la mirada de Harry, no tuvo que buscar mucho, la encontró al instante, el moreno la veía sin pestañear. Y entonces, pasó.

Fue perfectamente consciente de como aquel hilo de plata tocaba su cabeza, era de locos pero sentía como aquel recuerdo se retorcía hasta entrar en su cabeza, fue cuando estuvo dentro de ella, que lo sintió.

Fuego.

Dolor.

Agonía.

Aquello quemaba.

Un dolor insoportable apareció de la nada, era como si hubieran metido en su cabeza un millón de bombas y éstas estallaran al mismo tiempo.

Una vez más en aquel día gritó, gritó hasta que sus pulmones se quedaron sin aire, gritó hasta que el dolor fue tan insoportable que perdió la consciencia.

-OOOoooOOO-

Fue el grito más aterrador que escuchó en su vida.

Justo cuando Hermione perdió la consciencia el sintió como su corazón latía enloquecido mientras sin saber que hacer se quedaba de pie sin poder mover un músculo.

Vio como Luna, quien había perdido todos los colores de la cara, retiraba la varita de la cabeza de Hermione y haciendo uso de toda su habilidad comenzaba a tratar a Hermione.

Él se quedó ahí, de pie observando como entraban unas enfermeras y ayudaban a la rubia con la inconsciente Hermione, no entendía que había pasado ahí. Nada tenía sentido.

Sintió autentico terror cuando vio que los esfuerzos de Luna por despertar a Hermione no dieron frutos. La iba a perder.

No supo de dónde vino aquel pensamiento fatalista, pero fue suficiente para hacerlo reaccionar, de un segundo a otro paso de un estado catatónico a perder completamente el control. Sin importarle nada ni nadie, rápidamente llegó al lado de Hermione, y haciendo de lado a una enfermera, tomo el rostro de su amiga entre sus manos y le suplicó que despertara.

— ¡Hermione, Hermione, despierta!

— Ron…

No le importo que es lo que la rubia le quería decir a su esposo, a él sólo le importaba que la castaña despertará, aquél grito que salió de los labios de su amiga no era humano…

— ¡Hermione, Hermione!

Sin importarle los esfuerzos de Luna por apartarlo del cuerpo de Hermione, comenzó a zarandear a su amiga por los hombros, él la haría despertar, él lo iba a lograr.

— ¡Hermione, Hermione!

— ¡Sácalo de aquí!

Hasta que Luna dijo eso, no se había percatado que ella quería que él se apartara del lado de Hermione…. No lo iba a permitir.

Cuando Ron tomo su hombro y lo obligo a girarse hacia él, sin pensarlo demasiado dio un empujón a su amigo que lo tomó por sorpresa, una vez que se deshizo de su amigo volvió a su tarea de reanimar a Hermione, ella tenía que despertar, ella tenía que explicarle… no podía ni pensar en eso.

— Harry…

— ¡Aléjate de mí!

Escuchó un gruñido, e instantes después un rayo que impacto sobre su pecho, lo último que vio fue a Luna verlo con pena mientras guardaba su varita…

Le dolía la cabeza.

Abrió los ojos y al hacerlo sintió que el mundo giraba sobre su propio eje. Tuvo que esperar unos diez minutos antes de poder ponerse de pie de nuevo, una vez que lo hizo y al ver que se encontraba en una de las habitaciones de San Mungo, entendió lo que Luna había hecho.

La bruja lo había mandado a dormir. Sintiendo la furia en cada célula de su cuerpo sin importarle que aun su cabeza diera vueltas, rápidamente se puso de pie y fue a buscar a la rubia. No tuvo que buscar mucho, apenas salió de la habitación se encontró en la pequeña sala que por días había visitado al estar al cuidado de Hermione, sabía que su amiga estaba a unos metros de él. Camino la poca distancia que le faltaba recargándose en la pared, estuvo por fin frente a la habitación de Hermione, al recordar como su amiga había gritado y el cómo había perdido la consciencia, sintió autentico terror de abrir aquella puerta, no sabía con lo que se iba a encontrar…

— Ella está bien.

Al girar la cabeza se encontró con Luna, no pudo evitar el reproche en su mirada y al parecer su amiga se dio cuenta de esto.

— Tenía que hacerlo.

— No tenías derecho, yo tenía que…

— Me estorbabas Harry, nadie puede hacer reaccionar a otra persona a base de sacudidas.

Vio como la rubia dibujaba una triste sonrisa en su rostro.

Sabía que tenía razón, ahora que lo pensaba fue estúpido lo que hizo pero no lo pudo evitar, dejando de lado su enojo, suspiro.

— ¿Qué… qué le paso, por qué ella, ella…?

No pudo terminar la pregunta, la verdad era que no sabía ni que preguntar, lo único que quería saber era como estaba Hermione y porque había pasado eso, afortunadamente Luna, entendió su intento de pregunta.

— Al parecer devolverle sus recuerdos no es tan fácil como pensamos.

— ¿Qué quieres decir?

— Cometimos un error al llegar y tratar de devolverle sus recuerdos así como si nada, quien fuera que se los llevó, hizo un buen trabajo, no sólo se los arrebataron, prepararon su mente para que nunca más pueda tenerlos de regreso.

Fue como si el piso se desmoronara a sus pies, aquello tenía que ser una broma, aquello no podía estar pasando, aquello…

— Pero….

— Hasta que no sepa que es lo que hicieron con ella, no podré ayudarla.

Era obvio que decir aquello era muy complicado para la rubia, quiso decirle más, quiso preguntarle más, pero algo dentro de él le dijo que no tenía caso, de la nada se sintió agotado, se despidió de Luna con una mueca en los labios y sin detenerse a escuchar más sus palabras, entro a la habitación de su amiga.

No podía explicar con palabras el alivió que sintió al ver a su castaña amiga respirando, por algún motivo aquel día sintió que la perdía y eso le daba miedo. Le daba miedo y le aterraba porque después de lo que vio en los recuerdos de Hermione, ellos tenían una plática pendiente.

Quería que la castaña le explicara lo que vio, tal vez, después de todo él vio mal, él escucho mal… negó con la cabeza y lentamente se fue acercando a la cama dónde Hermione dormía tranquilamente, al verla ahí, tan frágil no pudo evitar que su corazón diera una voltereta. Aquello no le gustó.

— Es tu mejor amiga.

No supo a que se debían aquellas palabras, todos sabían que la castaña era su mejor amiga, entonces ¿Por qué decirlo ahora, cuando nadie lo escuchaba? Negó lentamente con la cabeza mientras daba otro paso hacia la castaña. Las imágenes que había visto en los recuerdos robados de su amiga no dejaban de dar vuelta en su cabeza.

No merece que estés enamorada así de él.

Aquellas benditas palabras. Trato saliva justo en el momento que llegaba al lado de Hermione. Sin duda Draco Malfoy no sabía de lo que hablaba… pero entonces si no lo hacía, ¿Por qué Hermione no lo había negado? ¿Por qué vio en su rostro el terror de que alguien más supiera esa verdad?

Eran muchas preguntas, eran muchas preguntas sin contestar, trato de recordar cómo era Hermione en aquel entonces, por supuesto no pudo hacer mucho, tenía mala memoria pero, algo le decía que aquello no tenía sentido, Hermione jamás dio muestras de estar enamorada de él, si las hubiera dado, si él se hubiera enterado…

Negó con la cabeza rápidamente, se estaba haciendo ideas que bien no podían ser verdad, tal vez todo eran imaginaciones suyas, tal vez…

No, no tenía sentido.

Nada en su cabeza tenía sentido en ese momento, la verdad era que si aquello que había visto era verdad, sin duda el premio al idiota del siglo, era para él.

Porque era de idiotas no darse cuenta que tú mejor amiga estaba enamorada de ti, era de idiotas no conocerla lo suficiente para saber que aquellas sonrisas que te dedico por años al verte con otras, eran falsas.

— Hermione, yo…

No pudo continuar hablando, la verdad era que no tenía caso, Hermione no lo escuchaba y aquel tema era algo que tenían que tratar cuando ella estuviera despierta. Además estaba el asunto de Neville y Narcissa Malfoy, al recordarlos y al saber lo que le habían hecho a su amiga, logro que unas ganas locas de matar a aquel par llegaran de la nada a su cabeza, habían sido ellos, o si no, al menos sabían algo del asunto. Negó con la cabeza, saco esas ideas de su mente y una vez más se concentró en el rostro de su amiga, fue entonces que sin poderlo evitar llevo una de sus manos al delicado rostro de su amiga, rozo su mejilla y se sorprendió al darse cuenta lo suave que era su piel. Ahora que lo notaba, la verdad era que Hermione era muy hermosa, no es que antes hubiera sido fea, al contrario, siempre considero a su amiga bella pero ahora…. Ahora había algo diferente.

Por algún motivo sus manos comenzaron a sudarle, por un segundo se perdió en el rostro de Hermione, en cada uno de sus rasgos, los años no habían pasado en vano en ella, ya no era la chiquilla que por años estuvo a su lado, ahora ella era toda una mujer… fue entonces que sus manos fueron a parar a los labios de su amiga, aun recordaba lo que sintió aquella vez que la beso. Si bien era cierto aquel beso fue solamente para calmarla, aun no olvidaba las sensaciones que ese beso despertó en él.

Y ese fue el momento exacto en que su cerebro se desconectó, de la nada, sintió la necesidad de probar de nuevo aquellos labios, lo necesitaba, necesitaba sentirla cerca…

Sin importarle nada ni nadie, lentamente fue bajando hacia los labios de su amiga, sentía su respiración agitada, se sentía como un niño pequeño, uno que estaba a punto de hacer una gran travesura…. Y entonces pasó, deposito sus labios sobre los de su amiga e inexplicablemente se sintió en paz, o al menos así fue por un segundo, ya que sin saber de dónde una voz se escuchó por la habitación logrando que de un brinco se separara de su amiga.

— ¿Harry?

Al girarse vio a Ginny Weasley que sin poder creer lo que veía, abría los ojos a causa de la sorpresa, para segundos después, lanzar fuego por los ojos.

Algo le decía que estaba en problemas.


Y eso es todo por hoy, espero en verdad que les haya gustado D: como ya dije antes el capítulo no quería salir y siento que me salió muy largo xD pero bueno no le quise quitar nada, muchas gracias a:

Lena, Sakura-Selene, LaOdisea, Helenil, Amy Tsubasa, Guest, koskaoru, merylune, Drys-1, saffuran, Annie Thompson y a maru por tomarse el tiempo de dejar un comentario, muchas gracias, en verdad que me animan mucho sus comentarios :)

Ahora, ¿Qué creen que pase con Hermione? Como vemos ya supieron que hacen mas mal que bien devolviendole sus memorias pero... ¿Qué consecuencias traera este intento? ¿Y que hará Harry ahora que sospecha de Neville y Narcissa? Muchas preguntas, y más que faltan pero esas dejo que las formulen ustedes :B en fin, gracias a todos y nos vemos pronto.