Hola a todos! Antes de continuar, quiero agradecer primero que nada a las personas que se toman un poco de tiempo para dejar un comentario, y a los que agregan a favoritos, en ésta ocasión, trate de no tardarme mucho y aquí tienen el resultado, espero que les guste, es para festejar que por fin me titule xDDDD así es gente, oficialmente soy una ISC :B así que disfruten la lectura.
CAPÍTULO XXIII
Aquello era muy simple, era su culpa.
No podía ni quería dejar de ver con hostilidad a Luna; la rubia que en ese momento pasaba su varita por el inconsciente cuerpo de Hermione, hizo uso de toda su fuerza de voluntad para no verlo a la cara, al parecer había aprendido algo los últimos días.
— También a ella le preocupa.
En ese momento recordó las palabras que su buen amigo Ron, le había dicho la primera vez que le grito a su amiga, no negaba que era evidente aquella situación preocupaba a la rubia, pero eso no la liberaba de la culpa, que él sabía, ella tenía.
Apretó los puños con furia contenida, quería levantarse y sacar a rastras a aquella mujer de la habitación de Hermione, pero no podía hacerlo, ya lo había intentado una vez y aquello no había salido bien. Después de unos minutos, la rubia termino con su trabajo y sin dirigirle ni una palabra abandono la habitación, no le preocupo, ya se enteraría por Ron del estado de salud de Hermione.
Al ver a su amiga en aquel estado, en aquella cama sin moverse, era algo que jamás pensó ver, pero ahí estaba, a un mes de su intento por devolverle los recuerdos a la castaña, y ella simplemente seguía sin reaccionar. Aun recordaba cómo fueron aquellas primeras horas, siempre pensando que de un momento a otro la castaña iba a reaccionar, quería que despertara, quería hablar con ella, quería preguntarle tantas cosas….
Pero su amiga no despertó, no despertó ni el segundo, ni el quinto, ni el séptimo día. A la semana y media, él ya estaba oficialmente preocupado, tenía miedo de que la castaña no despertara, no era normal que su amiga no hubiera mostrado señales de despertar, aun cuando Luna le había asegurado que todo en ella estaba bien. Fue cuando creyó que la había perdido de nuevo, cuando Hermione por fin abrió los ojos.
Ojalá no lo hubiera hecho.
Trago saliva mientras recordaba aquel momento, nunca antes había escuchado a Hermione gritar y chillar de aquella manera, la castaña se retorcía en la cama mientras se tocaba la cabeza gritando que apagaran el fuego.
Fue ahí que sintió autentico terror.
Fue el día que se sintió el hombre más inútil de la tierra, y es que por más intentos de su parte no logró calmar a su amiga. Luna, tuvo que ponerla a dormir para poder tranquilizarla, fue ese día que su enemistad con Luna empezó, y es que apenas Hermione se calmó, él no tardó ni dos segundos en culparla por el estado de salud de su amiga.
— ¡Es tu culpa, es tu culpa, maldita sea!
Había sido injusto, eso lo sabía, pero si no culpaba a la rubia no tenía a nadie a quien culpar y eso acabaría por volverlo loco. Suspiro mientras se ponía de pie, llevaba horas sentado en aquella silla y su espalda ya le estaba cobrando factura, no es que le importara, él sufriría con gusto cualquier dolor a cambio de que Hermione volviera a ser ella misma; tenían tantas cosas que hablar… sin poder evitarlo, recordó lo que paso entre ellos aquel día que Hermione perdió el conocimiento, ese beso que él le había robado, ese beso que Ginny había presenciado.
Un escalofrió lo recorrió de pies a cabeza al recordar aquel momento, sabía que por un tiempo iba a ser incapaz de olvidar aquella experiencia.
— ¿Harry?
Trago saliva mientras de un salto se separaba de Hermione, fue difícil, algo dentro de él lo ataba al lado de Hermione, y es que después de aquel beso algo en su interior explotó; pero se separó, se separó porque en ese momento Ginny, su novia, lo veía con furia mientras dedicaba a Hermione miradas de evidente hostilidad. Vio como la pelirroja se acercaba mientras apretando los puños, apretaba la boca hasta dejarla en una línea muy delgada. Él no sabía qué hacer. Sabía que lo había hecho estaba mal, él tenía novia, novia que lo había visto besar a su inconsciente "mejor amiga".
— ¿Qué significa esto?
Ginny, dio un paso más acercándose a ellos, algo en su mirada lo obligo a interponerse entre su novia y Hermione.
— Yo…
— ¿Por qué la besas? ¿Por qué…?
Ginny trago saliva y apretó los puños con más fuerza, era extraño, él creyó por un segundo que la pelirroja se iba a poner a gri…
— ¡Por qué demonios estás con ella!
Bien, ahora si estaba reaccionando cómo él esperaba. Sin saber que decir, se limitó a negar con la cabeza mientras suspiraba, Ginny se movió y él hizo lo propio tapando con su propio cuerpo a Hermione.
— Yo… yo…
No sabía que decir, no podía explicarle a la pelirroja la absurda necesidad que sintió de besar a Hermione, no podía explicarle lo que sintió hace un momento cuando, por los recuerdos de Hermione, él se enteró que su amiga estuvo enamorada de él por años, simplemente no podía explicárselo.
— Yo…
— ¡Dime por qué demonios la estabas besando! ¡Por qué me haces esto! ¡Tú eres mío! ¡Tú no debes estarla besando! ¡Ella no es nada tuyo….! ¡Ella, ella….!
Fue entonces que supo algo malo iba a pasar, Ginny dejó de gritar y en un rápido movimiento se lanzó hacia Hermione con varita en mano, no supo cuando la saco, lo único que supo fue que la pelirroja apuntaba enloquecida hacia Hermione; esto fue suficiente para hacerlo reaccionar. Sin permitirle a la pelirroja llegar al lado de la castaña, él la tomo con todas sus fuerzas y la aparto de su inconsciente amiga, era raro, se suponía que al que debería estar atacando era a él. Hermione no representaba en ese momento amenaza alguna, pero, al parecer, Ginny, no lo veía así.
— ¡Suéltame! ¡Suéltame! ¡Suéltame, ella debe pagar… ella! ¡La odio! ¡La odio! ¡Él es mío! ¡Él es mío!
Nada de lo que decía Ginny tenía sentido, y es que al parecer se había olvidado que él estaba ahí en esa habitación; tenía que hacerla reaccionar, tenía que hacerlo y pronto.
— ¡Ginny, cálmate!
Apretó con más fuerza el cuerpo de su novia mientras ella se debatía para soltarse y saltar sobre Hermione, le grito, le pidió que recobrara el sentido pero nada parecía funcionar, tuvo que arrastrar a la pelirroja fuera de aquella habitación y una vez que lo hizo y le grito que se calmara una vez más, la pelirroja pareció salir de su trance. Las lágrimas bañaban su rostro, tomó sus hombros con fuerza y la obligo a verlo a la cara, una vez que la zarandeo un par de veces, por fin la pelirroja pudo reaccionar, al hacerlo, lo vio como si no entendiera que estaba haciendo él ahí.
— ¿Puedes calmarte Ginevra?
La pelirroja, parpadeo un par de veces, fue entonces que ella lo recordó todo, y lo supo por la cara que puso, apretó los labios y limpiando sus lágrimas de un empujón se separó de él.
— ¿Qué demonios pensabas? ¿Por qué… por qué me engañas con esa?
Apretó los puños para no contestarle a gritos a la pelirroja, no debía hacerlo, después de todo tenía razón, él había actuado mal, pero, aun así no soportaba el tono que la chica empleaba para referirse a su amiga, después de todo, Hermione no había tenido la culpa de nada.
— No te estoy engañando, yo….
— Ah claro, y ese beso que, no me digas que vi mal porque yo sé muy bien lo que vi ¡Yo sé que me engañaste!
Bufó molesto, sentía que la paciencia se le estaba acabando y en verdad no quería perder la cabeza.
— Ginny….
— ¡Por qué con ella! ¡Por qué la besas! ¡Por qué!
La pelirroja comenzó a golpearlo en el pecho, sus golpes eran duros, dolían pero él trato de aguantarlos, solamente esperaba que aquella rabieta terminara de una vez por todas.
— ¡Yo soy tu novia! ¡Tu futura esposa! ¡Tú eres mío! ¡Tú eres mío Harry Potter! ¡Mío!
Al escuchar aquellas palabras hizo una mueca. Él no era de aquella pelirroja, si bien era cierto había sido su pareja desde hace muchos años, él no le pertenecía, y no le gusto para nada que Ginny se sintiera su dueña; no lo era.
— ¡Tú me perteneces! ¡Tú eres mío! ¡No de esa maldita desmemoriada! ¡Ella te abandono! ¡Yo no, yo soy tu novia, yo soy el amor de tu vida, yo soy…!
Aquello fue suficiente, sintiendo como la furia aparecía en sus sistema, simplemente no pudo soportarlo más.
Él no le pertenecía a aquella enloquecida pelirroja. Las cosas que vio hasta hace un momento en los recuerdos de Hermione, llegaron a su cabeza, no supo si fue eso, no supo si fue el enojo de sentirse un objeto, no supo si fueron los últimos años de su tormentosa relación con aquella caprichuda pelirroja, no supo si a lo largo de aquel tiempo solamente había estado esperando una excusa, no lo supo, lo único que supo fue que en ese momento veía las cosas claras.
Aquella mujer ya no se iba a sentir jamás con algún derecho sobre él.
Respiro profundamente e interrumpiendo a Ginny habló lo más tranquilo que pudo.
— Yo no soy tuyo, y jamás lo voy a volver a hacer.
Era extraño, jamás pensó sentir aquella… libertad, al decir esas palabras, la pelirroja tardó un segundo en asimilar lo que dijo, para cuando lo hizo, abrió los ojos a causa de la sorpresa y comenzó a llorar.
— Harry, Harry, yo…
— Vete, aquí se terminó lo nuestro, si es que quedaba algo.
— Harry…
Sintió la mano de su ex novia sobre su brazo, hacia presión, pero él la ignoró, dio media vuelta y de un movimiento brusco se deshizo de su agarre, dio unas cuantas zancadas y se alejó de aquella mujer, la pelirroja siguió gritando su nombre, él simplemente la ignoró, sabía que lo seguía, así que cuando entró en la habitación de Hermione, con un movimiento de su varita, selló la puerta y solamente escuchó como Ginny, trataba inútilmente de abrir la puerta mientras le suplicaba que hablara con ella; no lo hizo, no había nada de qué hablar; silencio la habitación y se acercó a Hermione, al verla no pudo evitar sonreír un poco, era libre…
Ahora sólo faltaba que Hermione despertara.
Hermione por supuesto no despertó, y aunque en ese tiempo la pelirroja no había parado de buscarlo, él no le hacía el menor caso, cada vez que veía a Ron, sabía que su amigo moría por hablar con él de su hermana, pero él le dejo las cosas muy claras, con Ginny, ya no había nada que arreglar. Por muchos años no se había sentido así de… libre, y aquella sensación le gustaba, lo único que faltaba para que él estuviera bien, era que la castaña abriera los ojos.
Poco a poco se fue acercando a Hermione y tomo su mano mientras la acariciaba.
— Te necesito Hermione, por favor, despierta, te necesito.
Y ahí se quedó, en aquella habitación rogándole a la que fuera su mejor amiga, despertara para así, hablar de aquel tema que tanto moría por tratar con ella.
-OOOoooOOO-
Leyó por enésima vez aquel pergamino aunque sabía que ahí no iba a encontrar nada, simplemente no podía dejarlo, aquél pedazo de papel era su última esperanza; y es que, después de buscar en muchos más, no había encontrado nada, aquel que tenía en sus manos en ese momento, era el último que le podía dar una respuesta, y la verdad era que no podía dejarlo así sin más, si lo hacía estaría aceptando que no había salvación. Y aquello no le gustaba, no le gustaba porque si todo se quedaba así, sería su culpa.
Su culpa por ser tan confiada, su culpa por no pedir explicaciones a Neville, su culpa por tratar de regresarle sus recuerdos a Hermione sin estar segura de lo que hacía o de dónde provenían sus memorias. Ahora, en aquel momento, estando como estaba, no podía culpar a Harry y su furia hacia ella, a decir verdad ella también se maldecía por estúpida.
Bufó molesta y sabiendo que no tenía caso seguir leyendo dejó aquel pergamino de lado ¿Qué iba a hacer ahora? Y es que, aunque Hermione había despertado hace unas semanas, el cómo lo había hecho era sin duda lo que le preocupaba. Si a la castaña le pasaba algo, sería su responsabilidad y sabía que no podía vivir con aquella culpa sobre sus hombros.
Maldijo por lo bajo su pesimismo y apretó el puente de su nariz, estaba agotada. Fue en ese momento que alguien toco la puerta de su oficina, sin pensarlo demasiado pidió que entraran.
Apenas vio aquel chico en el umbral de la puerta, se puso de pie de un salto y sin pensarlo demasiado saco su varita y apunto directamente a aquel que tanto le había mentido. Neville, no se sorprendió por su reacción y se limitó a bajar los hombros mientras levantaba las manos en señal de paz.
— Luna…
— Si yo fuera tú, mantendría mi tonta boca cerrada, estoy a punto de atacarte Longbottom, te va a doler y créeme que eso no me importa justo ahora.
Vio cómo su amigo sonreía tristemente, sin importarle que lo estuviera amenazando ante su atónita mirada, lo vio caminar hacia la silla más cercana y desplomarse sobre ella; fue hasta ese momento que noto las ojeras en el rostro de su viejo amigo, había envejecido unos años desde la última vez que lo vio. Aquella vulnerabilidad en el mago logro que ella bajara la varita y fuera a sentarse en su silla, estaba frente al chico y sólo espero a que él hablara. Tenía muchas cosas que explicarle y más valía que empezara de una vez por todas.
— ¿Cómo está ella?
Aunque justo en ese momento quería matar a aquel amigo suyo, no podía negar que la preocupación por Hermione era real, podía ver en su cara el dolor de saber que la castaña estaba sufriendo.
— Sigue igual, no he logrado saber qué es lo que le pasa. No sé qué le hicieron, y por lo mismo no tengo idea de cómo ayudarla.
Y ahí estaba, su indirecta de que no iba a soportar más secretismo, al parecer Neville lo entendió perfectamente, ya que suspiro pesadamente mientras llevaba las manos a su rostro.
— Yo…
— Necesito que me lo digas Neville, y necesito que me lo digas ahora ¿De dónde sacaste los recuerdos de Hermione? ¿Por qué los tenías tú? Acaso… acaso… ¿Acaso fuiste tú el que se los arrebato?
Aquella posibilidad le aterraba, por años considero a aquel mago como uno de sus mejores amigos, descubrir ahora que había sido él quien había desaparecido a Hermione y a sus recuerdos, le dolía. Pero tenía que aceptarlo, aquella era la única explicación lógica a que el chico tuviera en su poder aquellos recuerdos.
— ¿Neville?
El mago bufo por lo bajo y llevó las manos a su pelo en un gesto que por algún motivo la hizo acordarse de Harry, una vez que su amigo se maldijo supo que por fin iba a hablar, al verlo a los ojos vio un terrible dolor y un miedo que no supo cómo interpretar.
— Yo no le quite sus recuerdos.
Sintió la decepción barrer cada centímetro de su cuerpo, Neville era su última esperanza y ahora no….
— Pero sé quién se los quito.
Fue extraña la sensación que la invadió al escuchar aquellas palabras, era esperanza, era enojo, era decepción… era dolor por ver cómo aquella situación estaba destrozando al que por años, fue uno de sus mejores amigos; pero tenía que superarlo, justo ahora la vida de Hermione dependía de aquel que ahora podía decir, no conocía de nada.
— Te escucho.
Sólo esperaba que su historia fuera buena, no estaba tan segura de poder controlarse de nuevo si la sacaba de sus casillas.
-OOOoooOOO-
La imagen desapareció tan pronto como había llegado, alguien levanto su cabeza y por un absurdo motivo él sintió que se ahogaba. Esa vez no grito.
La verdad era que llevaba semanas sin gritar. La primera vez que aquella mujer sumergió su cabeza en aquel extraño artefacto sí que sintió terror, y más al ver en el aquellas imágenes que parecían obra de una película; pero sin duda lo más aterrador era verse a él mismo en aquellas imágenes, al principio no lograba entender cómo es que se veía a sí mismo en un mundo que parecía existir solamente en otro planeta. Pero ahora, después de un mes en cierto modo se había acostumbrado a lo extraño, había llegado al punto en el cual se estaba planteando la posibilidad que lo que aquella mujer le decía era verdad.
Estaba loco por creerlo pero, no le encontraba otra explicación. Siempre había sido alguien que se guiaba por la lógica, y ahora la lógica y las pruebas le decían que en efecto él era aquel que Narcissa Malfoy decía; su hijo, un mago, un sangre pura… un enemigo natural de Hermione Granger, aquella que por años, él llamó hermana.
Ante tal pensamiento paso lo de siempre, un malestar en su pecho y la negación que llegaba inmediatamente, Hermione… Jean… ella era su hermana.
Por supuesto que aquel pensamiento no lo compartía con la que se decía su madre, al parecer no sentía ningún afecto por la castaña, más de una vez había peleado a gritos con aquella mujer por los insultos que decía en contra de su castaña. Pero aquel era lo único que no le gustaba de esa verdad que se presentaba ante sus ojos; por años inculco en Jean el hecho de que la magia no existía, pero eso había sido por los sueños que ella tenía, por lo mucho que sufrió a causa de eso, ahora se venía a enterar que esos "sueños" eran al parecer muy reales.
— Draco, ¿Estás bien?
Hizo una mueca al escuchar aquel nombre, aun no se acostumbraba a eso, pero hacía un esfuerzo, después de todo, al parecer hace años él respondía a aquel nombre, o al menos eso había visto en aquellos recuerdos que le juraban, eran suyos.
Asintió lentamente mientras Narcissa suspiraba aliviada.
— ¿Qué fue lo que viste?
Demoró en contestarle, él sabía que su respuesta no le iba a gustar, y es que en aquella ocasión se había visto con Jean, ocultos en un aula, hablando en susurros de un tema que no lograba comprender. No entendía a que se debía esa clandestinidad, pero después en otro recuerdo vio como ambos se ignoraban totalmente, cuando un grupo de personas estaba a su lado, entre ellos, se encontraba el hermano perdido de Leo, aquel moreno de ojos verdes que sin saber porque razón, despreciaba con lo más profundo de su ser.
— Un castillo, clases… peleas…
Narcissa asintió mientras lo llevaba a uno de los sillones y lo obligaba a sentarse.
— Hogwarts.
— Eso creo.
Después de aquel intercambio de palabras se quedaron en silencio, por su parte él no quería hablar con aquella mujer, que cada vez que abría la boca, lo hacía para poner de cabeza su mundo un poco más, y la verdad estaba cansado. No quería enterarse de más cosas, no quería saber que Jean no era su hermana, no quería escuchar nombre de familias, de cosas, de hechizos… de nada. Estaba agotado.
Cerró los ojos y recargó su cabeza en el respaldo del sillón, pensó en lo absurdo de la situación, por años se pasó escuchando historias de su hermana acerca de aquel castillo, por años él le dijo que no existía, y ahora era él quien vivía aquellos recuerdos.
— ¿Cuándo?
Su pregunta logró que Narcissa suspirara, abrió los ojos justo para ver como la mujer lo veía con evidente preocupación.
— No lo sé.
— Dice que son mis recuerdos, entonces los quiero de vuelta… quiero… quiero recordar… si en es verdad todo esto, quiero saber quién soy, no quiero verlo a través de ese pedazo de piedra, yo… yo quiero recordarlo.
Aquello era en parte mentira, el hecho de no recordar esa vida era su última esperanza de que todo fuera un engaño, si es que esos recuerdos volvían a su cabeza… bueno, lo recordaría todo, y entonces sabría qué hacer, tal vez Draco Malfoy tuviera más idea que hacer con su vida que Benjamín Grey.
Y es que si todo lo que había visto resultaba ser verdad, eso explicaría muchas cosas, como el hecho de que siempre se sintió fuera de lugar, de que nunca se sintió a gusto con nadie más, con nadie que no fuera Jean, pero eso tenía una explicación, si todo era verdad, la castaña era el único vínculo que mantenía con aquel mundo que apenas descubría, y es que si todo era verdad, ella también era una persona mágica.
Sonrió ante ésta idea, aquello era gracioso, siempre supo que algo en su hermana era especial, era por eso que cuando le dijeron que era su hermana y aun cuando no se parecían para nada, sintió por ella un cariño que no tardó en convertirse en amor.
Él amaba a su hermana.
Y sin duda lo que más le aterraba de ser Draco Malfoy, era que ese amor que sentía por ella desapareciera, no estaba listo para dejarla ir, Draco Malfoy o no, él necesitaba a aquella castaña para sentirse completo.
— Si por mi fuera te los devolvería en este mismo instante, pero no puedo… es peligroso… Severus ha dicho que…
Apretó los labios al escuchar aquel nombre, desde el momento en el cual había descubierto el engaño de aquel hombre, había sentido una inmediata antipatía por aquel, que por años lo engaño.
Doctor Patterson, claro.
Como bien recordaba fue aproximadamente un mes cuando él entró en aquel despacio y vio aquel recetario, después el golpe que lo sumió en la inconsciencia, y cuando despertó las explicaciones.
Severus Snape, aquel que todo el mundo consideraba muerto, de algún modo se había convertido en el doctor Patterson, aquel que por un año los mantuvo, a él y a su hermana encerrados en un psiquiátrico, aquel que les había robado sus memorias, aquel que por años siguió suministrando aquella sustancia en el cuerpo de Jean para mantener a la raya los fantasmas de sus recuerdos.
Lo despreciaba.
Pero no pudo expresar ese odio, ya que en ese momento entro Severus y detrás de él venía un chico que le resulto un completo desconocido, aquel chico, tenía el rostro blanco y unas ojeras muy marcadas, mientras Severus, apretaba la mandíbula tan fuerte que por un momento creyó que se iba a hacer pedazos. Fue Narcissa la que hizo la pregunta que él no se atrevió.
— ¿Qué significa esto?
Vio como Severus sonreía con desprecio al recién llegado y sin consideración alguna lo aventaba sobre él sofá dónde él mismo estaba sentado.
— Longbottom, tiene algo que contarnos.
Espero unos segundos hasta que aquel chico pudo hablar, para cuando lo hizo sintió que el peso del mundo caía sobre sus hombros.
— Es Hermione… yo… yo…. Necesito tu ayuda Severus, ella, ella está muy mal.
— ¿A qué te refieres con mal, chico?
El tal Longbottom trago saliva ante la pregunta de Narcissa, pero aun así contestó.
— Sus memorias… ellos… ellos trataron de devolvérselas.
Al escuchar aquello, las palabras que le había dicho Narcissa esa vez y muchas otras más, llegaron a su cabeza.
Es peligroso.
Su hermana estaba en peligro.
Sintió la ansiedad en cada célula de su cuerpo, estuvo a punto de ponerse de pie y exigirle a aquel desconocido que lo llevara con su hermana, pero no pudo hacerlo, ya que en ese momento Severus bufó molesto y maldijo a aquel hombre, paseo como león enjaulado por la habitación, murmuraba palabras sin sentido y los demás, así como él, solamente esperaron. Después de unos minutos que le parecieron eternos, Severus se detuvo y apretó los labios hasta dejarlos en una línea muy delgada.
— ¿Severus? ¿Qué vamos a hacer?
— Arreglar los destrozos de este estúpido.
— ¿Eso qué significa?
— Ve por tus cosas Narcissa, vamos a San Mungo.
Aquel nombre le resultaba desconocido pero por la cara que puso Narcissa, supo que no era bueno.
— Pero… pero…
— Hermione está en peligro, y no me voy a quedar aquí cruzado de brazos sin hacer nada, éste idiota lo arruino todo y ahora debemos arreglarlo, hice una promesa, prometí cuidar a Hermione Granger y ahora no me voy a echar para atrás.
— Pero… pero…
— Y trae a tu hijo contigo, creo que tenemos una plática pendiente con Potter y compañía.
Después de esto Severus abandono la habitación, no sin antes dedicar al desconocido Longbottom una mirada de auténtico despreció. No entendía mucho de lo que ahí pasaba, pero por el rostro de alivió del pálido chico supo que no podía ser tan malo, después de todo, por fin, después de tanto tiempo, iba a ver a su hermana, y eso, eso bastaba para hacerlo feliz. Y sin duda, eso no podía ser para nada malo, ¿verdad?
-OOOoooOOO-
Nunca había sido una mujer paciente, pero ahora no tenía de otra.
Apretó los puños con fuerza mientras escuchaba el patético informe de ese inútil. No podía decir que se sorprendía, la verdad era que no tenía muchas esperanzas que esos aspirantes a magos le fueran de utilidad, pero aun así, le molestaba.
Aquel inepto trago saliva esperando su reacción, ella ya no sabía qué hacer, aquel tonto había sido el cuarto que había enviado con instrucciones de infiltrarse en San Mungo sin éxito alguno, poco le faltaba para ir ella en persona, pero claro, ella no podía. Y es que ahora, gracias a Potter y a su manía por proteger a la sangre sucia, aquel hospital era el lugar más custodiado del mundo mágico, y ella Bellatrix Lestrange, la bruja más buscada. Fue por eso que se vio obligada a usar aquellos inútiles, hijos de sus antiguos compañeros mortífagos, pero lamentablemente el talento de sus padres, no era hereditario.
Sin decir palabra alguna se levantó de aquel sillón donde llevaba sentada buena parte del día, se encaminó a la ventana y dio un vistazo al desolado paisaje, aquella casucha fue el mejor escondite que pudo encontrar; alejado de toda civilización y rastro humano, y protegido con los mejores encantamientos, sin duda estaba a salvo, pero ella no quería estar a salvo, ella quería venganza. A cada momento del día sentía como le picaban las manos en busca de acción.
Hizo una mueca mientras maldecía a todos.
En especial a Potter y a su estúpida y traicionera hermana.
— ¿Se… señora?
Por un momento se había olvidado de aquel infeliz, dio la vuelta topándose con el rostro de un chiquillo que aspiraba a hombre viéndola con evidente terror.
— Que quieres.
— Yo… yo… quería saber si me puedo retirar.
Bufó molesta, estaba harta de tanta mediocridad, pero lamentablemente por ahora no podía hacer mucho. Nunca había sido una mujer paciente pero al parecer ahora no tenía de otra. Su única esperanza era que la sangre sucia saliera al mundo real, sería ahí cuando ella atacaría, sería entonces cuando ella se vengaría, de ella, de Potter, de su estúpida hermana… de todos, se vengaría de todos.
-OOOoooOOO-
No podía creer que después de tantos años, por fin iba a volver.
Cuando acepto aquella misión se había resignado a vivir exiliado en el mundo muggle, no es que se quejara, después de todo había aprendido a encontrarle algo de sentido y gusto a aquella vida, pero ahora, ahora todo se había ido al carajo.
Frunció los labios mientras guardaba un poco de ropa en aquella maleta; no tenía idea por cuánto tiempo se iba a ausentar pero quería estar preparado. Al estar realizando aquella tarea, no pudo evitar sentir un total y absoluto desprecio por Neville, aquel estúpido mocoso lo había arruinado todo.
Bufó molesto mientras guardaba unas pociones, una voz en su cabeza le decía que estaba siendo injusto, la única culpable en aquella situación era Bellatrix, la enloquecida hermana de Narcissa, él sabía que mientras la bruja estuviera libre, ninguno iba a tener paz, ellos más que nadie. Después de todo era su castigo.
Su castigo por robarle una vida entera a dos pobres adolescentes.
Aun después de tantos años, había veces que se preguntaba por qué había aceptado aquella misión; se lo había pedido Dumbledore, eso era verdad, pero él se pudo negar, él se pudo negar y no lo hizo. Y ahí se encontraba, diez años después de aquella petición, a punto de volver al mundo que jamás pensó volver a ver.
Mientras guardaba sus pertenencias en aquella maleta, no pudo evitar recordar el momento en que todo aquello, empezó.
Terminaba su última clase del día cuando la nota llegó a su poder. Dumbledore quería verlo.
No pudo evitar sentir un poco de fastidio, los últimos días habían sido iguales, citas y citas con el mago sin que él hablara del verdadero motivo por el cual día a día lo citaba en su despacho. Esperaba que hoy por fin hablara.
Se encaminó hacia el despacho del director, en el camino se topó con aquellos alumnos que sabían le tenían miedo; aquello le causo gracia, la verdad era que ese terror que le sentían le gustaba. Dio una vuelta acercándose más al lugar citado cuando un cuerpo colapso contra él logrando que por un segundo perdiera el equilibrio, maldijo en voz alta y estuvo a punto de gritar enfurecido cuando se dio cuenta que aquella que había chocado con él y ahora lo veía asustada, no era otra que Hermione Granger, aquella sabelotodo amiga de Potter.
La chiquilla abrió la boca para disculparse, y fue entonces que se percató de las lágrimas en su rostro, por algún motivo aquel detalle lo incomodó, no quería saber por qué lloraba, así como tampoco quería escuchar sus explicaciones. Sin darle tiempo de hablar, dio un paso alejándose de ella y le pidió que se retirara, Granger, lo vio con agradecimiento y se fue corriendo de ahí, segundos después, Potter, paso como alma que lleva el diablo gritando el nombre de su amiga. Sacudió la cabeza quitándole importancia al asunto, al parecer la bella pareja de amigos se había peleado. Sabiendo que aquello no le debía importar, continúo su camino y por fin estuvo en el despacho del director.
— Severus.
— Señor.
Dio un paso y sin esperar invitación se sentó en la silla frente al escritorio del director. Así era siempre, él se sentaba, Dumbledore hablaba y siempre se quedaba con la sensación de que algo le ocultaba.
— Es curioso.
— ¿Curioso?
Hizo una mueca, la verdad era que nunca le habían gustado los acertijos de aquel hombre.
— Es curioso cómo a veces nos cegamos, es curioso cómo a veces no podemos ver la verdad que tenemos frente a nuestros ojos, es curioso cómo llegamos a ignorar esa verdad que nuestro corazón nos grita a todas horas.
— Por supuesto.
Aunque dijo esas palabras, la verdad era que no entendía nada, ¿de que hablaba ahora?
Dumbledore sonrió mientras tomaba asiento en su propia silla.
— Necesito que hagas algo por mi Snape, y necesito que me jures que vas a cumplir con lo que te encomendaré aun cuando yo no esté aquí.
— Pero de que…
— No me queda mucho tiempo mi querido amigo, es por eso que no puedo ayudarte demasiado con lo que te voy a pedir, pero estoy seguro que tú sabrás que hacer.
Aun sin entender nada se limitó a asentir lentamente con la cabeza, lo que estaba a punto de escuchar, sabía que le iba a cambiar la vida.
— Salva a la chica.
— ¿La chica?
Sin hacer caso a su pregunta, el viejo director vio a la nada mientras suspiraba.
— Hace años, cuando Lily salvó a Harry de Voldemort, sabes que fue el amor quien la ayudo, si no fuera por eso en este momento no sabría decirle lo que estaríamos pasando…
Algo en su interior se rompió cuando Dumbledore menciono a Lily Potter, aunque habían pasado muchos años, él seguía amándola como el primer día, su perdida aún calaba en lo más profundo de su ser.
— Lo sé.
No sabía a dónde se dirigía esa plática pero no le gustaba el rumbo que estaba tomando, si iban a hablar de Lily, se iría de aquél lugar.
— La batalla final se acerca, y yo necesito que la salves.
— No sé de qué…
— Hermione Granger.
Enarcó una ceja al escuchar el nombre de aquella niña, no entendía a que se debía.
— ¿Qué tiene ella que ver con todo esto?
Vio como el anciano director sonreía tristemente.
— Oh, ella tiene todo que ver.
— No comprendo.
— Necesito que la salves, necesito que me prometas y me jures que la vas a mantener a salvo, con vida… que harás lo que sea necesario para cuidar de ella.
— Yo… no entiendo, creí que Potter…
— Él es nuestra única esperanza, eso es verdad, pero también es verdad que si algo le pasa a Hermione Granger, perderemos ésta guerra antes de empezar a luchar, si algo le pasa a Hermione Granger… Harry perderá su fuerza, Harry lo perderá todo, como bien te dije, el amor es la fuerza más importante de este mundo, es la magia más poderosa.
Aquello lo confundió aún más, que él supiera Potter salía con la menor de los Weasley, y aquellas palabras le daban a entender que era más que amor fraternal al que se refería el anciano.
— Pero Potter…
— Como dije antes, a veces no podemos ver lo que tenemos al alcance de la mano, no lo sabemos apreciar hasta que lo hemos perdido.
— Acaso me estás diciendo que…
— Adolescencia mi querido amigo, adolescencia… necesito que me jures por la memoria de Lily que mantendrás a salvo a la chica, harás lo que esté en tus manos para mantenerla con vida… júramelo, júramelo y déjame descansar en paz.
Sin saber que decir, y sintiéndose completamente perdido se limitó a asentir, no le gustaba que usaran el nombre de Lily para hacerlo jurar algo, pero aun así acepto, no entendía del todo porque debía salvar a Granger, ni siquiera corría peligro alguno, pero se juró en ese momento por la memoria de su querida pelirroja, que dado el momento, haría lo que estuviera en su poder para salvarla, para mantenerla con vida.
Aun recordaba aquel momento con un sabor amargo en la boca, ese día todo había iniciado, tiempo después Dumbledore falleció y él se quedó con la promesa hecha. En ese tiempo aún no tenía idea lo que iba a pasar, en ese tiempo Granger no corría ningún peligro. Pero por supuesto, todo cambió cuando Voldemort le puso precio a la cabeza de Granger, fue cuando le encomendó aquella tarea a Draco que supo tenía que actuar rápido. Si bien era cierto había prometido mantener con vida a Granger, no prometió que Potter supiera que esto en efecto era verdad.
Y así había iniciado todo, él sabía que el dichoso amor que sentía Potter por Granger, era la clave del fin de la guerra; aun cuando el mocoso no se diera por enterado que sentía algo por su amiga, él mismo lo notó, desde el día en que tuvo esa plática con Dumbledore, se volvió más observador, y la verdad no podía creer lo ciego que estaba en engendro de James Potter.
Y desde entonces todo había sido planes y uniones con Narcissa y Neville, jamás pensó tener ese tipo de ayuda, pero por increíble que pareciera había funcionado, su plan había salido a la perfección y el mundo mágico los creyó muertos a él, a Malfoy y a Granger. Todo era perfecto, aún con la necedad de Granger a olvidar el mundo mágico, aun así estaban bien, pero por supuesto, todo se fue al demonio cuando Potter encontró a Granger por esas casualidades de la vida.
Maldito destino.
No podía creer que todo su esfuerzo se había ido a la basura.
Termino de empacar sus cosas mientras no dejaba de pensar en el pasado. Aun no comprendía del todo el por qué decidió llevar a cabo aquel plan, era verdad que tenía que mantener con vida a la muchacha, pero algo dentro de él le decía que pudo haberlo hecho sin hacerla pasar por muerta… sonrió de medio lado. Él sabía la respuesta a aquella pregunta.
Lo hizo por Potter, porque en cierto modo no estaba de acuerdo con las palabras de Dumbledore, si bien era cierto el amor era poderoso, el dolor de perder lo amado lo era aún más. Y afortunadamente no se había equivocado, al sentir la pérdida de su amiga, Potter había canalizado todo ese poder y enojo hacia Voldemort, fue por eso que la guerra termino, fue por su plan, fue por su idea… fue gracias a él que el mundo mágico estaba a salvo, por qué él, en cierto modo le había dado las armas a Potter para vencer al señor tenebroso.
Pero por supuesto, si alguien supiera la verdad, no lo entendería.
Maldijo por lo bajo mientras buscaba sus últimas pertenencias. Era hora de dejar de pensar en el pasado, después de todo no lo podía cambiar, habían pasado diez años desde que tuvo aquella platica con su viejo amigo, nueve desde que desapareció a Hermione Granger del mundo mágico, y ahora, ahora iba a volver él a aquel mundo que juró jamás volver a pisar, y todo por Granger, porque lo necesitaba, estaba seguro que si aún había salvación para la chica, era él quien podía ayudarla.
Porque era él o nadie, después de todo había sido él quien robo sus memorias, sus agridulces memorias…
-OOOoooOOO-
Estaba muy nervioso.
No pudo dejar de enroscar sus manos y limpiar el sudor de las mismas en su pantalón, la verdad, es que no era para menos.
Hoy iba a ver a su hermana.
Después de que el tal Neville llegara con aquella noticia, las cosas en la casa habían cambiado, Snape se había encerrado por horas en su habitación, el tal Neville paseaba nervioso por la casa maldiciendo en voz baja mientras la señora Malfoy no dejaba de fruncir el entrecejo y apretar los labios evidentemente molesta. Él, él estaba feliz.
Cuando Severus Snape salió de aquella habitación, al verlo, casi le da un ataque. Y es que, el doctor Patterson vestía las prendas que hasta un momento usaba aquel mago. El recuerdo de aquella tarde cuando vio el recetario de ese infeliz, llegó a su cabeza, una cosa eran las explicaciones y otra verlo con sus propios ojos. Aún no comprendía cómo aquel hombre se había hecho pasar por el psiquiatra de su hermana por nueve años.
Los había engañado.
Sentía la furia en cada célula de su cuerpo, poco le falto para saltar y atacar a aquel desgraciado. Pero por supuesto que no pudo, Narcissa Malfoy notó su enfado y coloco sus manos sobre las suyas, le dio un fuerte apretón.
— Después.
Apretó los dientes y trato de tragarse su enfado, aquella mujer tenía razón, no había tiempo para sus ataques, su hermana los necesitaba.
— ¿Cómo se supone que entraremos en San Mungo? El lugar es una fortaleza.
Un escalofrió lo recorrió de pies a cabeza al escuchar la voz de aquel hombre, no tenía nada que ver con la que sabía era la suya. Se enfureció aún más.
— Luna Weasley nos estará esperando en su despacho, tenemos un poco más de una hora para poder aparecernos.
Vio asentir al "doctor Patterson", fue en ese momento que el hombre le dedicó una fría mirada.
— No quiero que menciones mi nombre cuando estemos allá.
— Pero…
— Severus Snape está muerto para esa gente, y así se va a quedar ¿Entendido?
Abrió la boca para replicar, pero un nuevo apretón por parte de Narcissa lo hizo callar de nuevo.
Gruño y se limitó a asentir con la cabeza. No es que le importará hacerle un favor a aquel estafador, pero algo le decía que en ese mundo que hasta ahora eran sólo palabras por parte de la que se decía su madre, tenía que comportarse y confiar en aquel desgraciado que los había engañado por nueve años.
— Estamos listos entonces.
— No.
Todos voltearon a ver a Narcissa, que apretando los puños con fuerza, respiraba agitadamente evidentemente furiosa.
— Ya lo hemos hablado.
— No… ¡No! ¡No expondré a mi hijo de nuevo! ¡No permitiré que lo lleves a la boca del lobo!
Ante los gritos de la mujer, Severus se limitó a verla tan fríamente que él mismo se estremeció.
— Si quieres no vengas, pero es tiempo de hacer algo para detener a tu hermana, y tú sabes que para eso necesitamos a Potter, no puedes mantener a tu hijo a salvo sola, ni siquiera con mi ayuda, así que si no quieres no vengas, pero Draco viene conmigo.
Que hablaran de él como si no se encontrará en la habitación no le gustaba demasiado, aun así se puso de pie y se colocó al lado de aquel mentiroso, por mucho que lo despreciara en ese momento, sabía que si iba con él, podría ver a su hermana, y eso era sin duda lo que más deseaba.
Narcissa Malfoy ahogó una maldición y limpiándose las lágrimas, sabiéndose derrotada, se puso de pie.
— Sólo quiero que sepas que si mi hijo corre peligro, no lo pensaré dos veces y lo sacaré de ahí.
— Hazlo y entonces jamás te recordará.
— Pero tú dijiste que…
— Sé lo que dije, pero ahora te digo, intentaré devolverle sus memorias, pero escúchame bien mujer, si intentas algo en contra de Granger, olvídate de eso, ¿Me entendiste? Así que más te vale ir viendo a Granger como otra hija más.
Vio como la mujer apretaba más los labios y fulminaba con la mirada a Severus, aun así no dijo nada, se limitó a asentir con la cabeza; al parecer para ella era más importante recuperar esos recuerdos que ver como una hija a una chica que evidentemente despreciaba.
— Estamos listos entonces.
Sin saber que hacer o cómo se iban a trasladar a un lugar que sólo existía en su imaginación se limitó a esperar, vio como "Patterson" tomaba el brazo de Neville y como la señora Malfoy hacía lo mismo; tardó un segundo en asimilar que él debía hacer lo mismo. Una vez que lo hizo, el mundo dio vueltas.
Ahogo un grito mientras todo a su alrededor se ponía de cabeza, todo fue un borrón de colores, sentía como su estómago quería salir huyendo por su garganta, justo cuando pensó que no lo podía soportar más, todo termino.
Sus pies tocaron tierra y él tuvo que agarrarse del hombro de la señora Malfoy para no ir a parar al suelo. Vagamente escuchaba unas voces, voces que para él no tenían sentido, después de unos minutos y cuando su estómago volvió a su sitio, vio donde se encontraban.
Era un hospital.
Frente a ellos una rubia se encontraba sin dar crédito a lo que veía, o al menos eso le decía su rostro llenó de total incredulidad.
— Ne... Neville… ¿Qué significa esto?
Neville se adelantó un paso.
— No hay tiempo para explicaciones, te dije que iba a ayudar y aquí está la ayuda, ahora por favor llévanos con Hermione, tenemos que hacer esto rápido.
Él comprendía la sorpresa de aquella mujer, después de todo estaba viéndolo a él, un chico que según le habían dicho, estaba muerto para el mundo mágico; por si esto no fuera poco veía a Narcissa, una mujer que también sabía no era muy bien recibida, y a un total desconocido, un hombre que para ella no era más que un muggle, esas personas que según le habían dicho, eran todos los que no tenían magia en sus venas.
— Luna… por favor… Hermione…
Vio parpadear a la rubia e inmediatamente dibujar en su rostro una mueca de preocupación.
— No sé…
— Luna, necesita ayuda, por favor…
— No sé si pueda, yo… Harry…
Escuchar aquel nombre logró que Neville apretara los puños con fuerza.
— No hay tiempo para preocuparse cómo reaccionara, por favor Luna, es la única esperanza de Hermione.
La rubia debatió consigo misma unos minutos y después suspiro.
— Está bien, pero… tienes muchas cosas que explicarme.
Le dedico una última mirada a él, y con esto se sintió invadido. Trato de olvidar ese asunto y siguió a la rubia y al pequeño grupo por un pasillo. Minutos después estuvieron frente a una puerta.
— Déjenme hablar a mí, nadie diga una palabra hasta que yo le haya explicado…
No tenía idea de quien hablaba, pero al parecer era alguien de cuidado, o eso parecía por el temor que mostraba la rubia. Una vez que la puerta se abrió, él vio a su hermana.
A segundo plano paso el hecho que no tenía que hablar, sin hacer caso a las advertencias de nadie, corrió hacia su hermana, su pequeña e indefensa hermana que estaba inconsciente sobre una cama. Grito su nombre, estiró su mano y sintió en los dedos un hormigueo por saber que faltaban centímetros para poder tocarla, sentía en su pecho una absurda necesidad de sentirla a su lado, de ver sus ojos, de escuchar su voz y saber por ella que estaba bien.
Pero no pudo hacerlo.
En ese momento y sin saber de dónde venía, un puño impacto sobre su rostro; todo le dio vueltas, antes de perder la consciencia vio como el que podía ser el hermano gemelo de Leo lo veía con evidente furia y gritaba unas palabras que no pudo escuchar.
Después de eso, no supo nada.
Y eso es todo por hoy ¿Qué les pareció? ¿Les gustó? Como pudieron notar por fin se supo uno de los secretos de ésta historia, el por qué Snape y compañía hizo lo que hizo... se vienen mas situaciones así, explicaciones a detalles que han surgido a lo largo de la historia, y esto es porque nos acercamos al final, no quiero decir que en los proximos dos capitulos se termine esto, no, pero está proximo... así que espero que les guste, gracias por sus comentarios.
Sakura-Selene: Hola! bueno, en este capitulo por fin Ginny salió volando hahaha espero que te haya gustado eso xD se vienen cosas intensas por aquí, ahora que todos están reunidos sin duda las cosas se pondrán densas, veremos que pasa más adelante, gracias por tu comentario, un saludo.
saffuran: Gracias por comentar :)
KOSKAORU: Creo que aquí paso lo que muchos esperaban, el termino de la relación de Harry y Ginny... veremos si la pelirroja se está en paz, y bueno se vino la aparición de Draco en el mundo mágico... haha muero por escribir eso en verdad, y ojala cuando lo haga te guste el resultado, gracias por el comentario y un saludo.
Melisa Mayte: Espero que te guste el capitulo publicado y gracias por el comentario, un saludo :)
emily pineda: Me alegra mucho que te haya gustado el capitulo, ojalá este te agrade tambien :B
Drys-1: Esas peleas por Draco... bueno, sobraran, ahora que estan todos juntos se armara un drama xD ya veremos que pasa más adelante haha Harry por fin termino con Ginny y personalmente me siento feliz con eso xDD veremos que hace Ginny más adelante haha, gracias por tu comentario, un saludo.
haher: Muchisimas gracias por tu comentario, me alegró mucho leerlo, un saludo, espero que te guste la actualización.
Annie Thompson: Pues si se armo xD al menos salió algo bueno, Harry terminó con Ginny hahaha se vienen situaciones interesantes con Draco y Hermione xDD en fin, gracias por el comentario :)
LadyH. -Peverell: jajajajajaja entiendo que la situación de Hermione llegue a desesperar xDDD ahora dormidita como está no puede hacer mucho pero ya veremos más adelante, sin duda la Hermione que todos conocen hará su aparición xDD gracias por el comentario
LaOdisea: Gracias a ti por tu comentario, me alegra saber mucho que te gusto, creo que a partir de ahora los capítulos me saldrán un poco largos, pero bueno es más que necesario xDD un saludo.
Bueno, gracias en verdad a los que se tomaron el tiempo de comentar, eso sin duda anima a seguir escribiendo, y sobre todo gracias por tenerle paciencia a ésta escritora, me retiro y espero verlos pronto por aquí, recuerden que los comentarios son gratis, hasta la próxima!
