Y llegó la ingrata del siglo! Lo sé, sé que me desaparecí por mucho tiempo, créanme que lo sé, hice todo lo que pude para volver pronto pero ya saben como es esto, la señora inspiración se larga de vacaciones y no hay quien la traiga de vuelta u.U

Pero eso paso, al menos de momento, y aquí tienen un super capítulo de 24 páginas hahaha espero en verdad que les guste y la espera haya valido la pena... como ya dije anteriormente nos acercamos al final, fue uno de los motivos del retraso, trataba de encaminar el capitulo al final, se acerca... está muuuuy cerca, pero bueno, los dejó y también les dejó la canción que sirvió para traer de vuelta la inspiración... porque la voz de ésta mujer es genial y mágicamente me hace escribir, si pueden escúchenla, se nota que me obsesione con ella

LACUNA COIL - End Of Time


CAPÍTULO XXIV

Su puño impacto contra aquel maldito rostro.

Cuando Draco Malfoy rodo los ojos y perdió el conocimiento no hizo nada por ayudarlo, poco le importo que por segunda ocasión el rubio fuera a parar al suelo por su culpa; ahora él solamente quería gritar. Y así lo hizo.

— ¡¿Qué demonios significa esto?¡ ¡Qué hace éste imbécil aquí! ¡Qué hace…!

No pudo seguir gritando, ya que en ese momento se percató de la presencia de alguien más.

No fue Narcissa, aquella mujer que tanto despreciaba, ni siquiera fue Neville, aquel amigo suyo que por años desapareció del mundo mágico, no; lo que sin duda lo sorprendió fue ver ahí a aquel muggle que solamente en una ocasión había visto.

El psiquiatra de Hermione.

Apretó los puños con fuerza y sin importarle los gritos de Luna, de dos zancadas llegó hacia aquel muggle y sin consideración alguna tomo al hombre por las solapas de su camisa y comenzó a zarandearlo con fuerza, mientras lo hacía le gritaba y reclamaba por el daño hecho a su amiga, por haberla encerrado en un psiquiátrico cuando era evidente que ella no estaba loca.

— ¡Harry! ¡Harry, escúchame!

Últimamente Luna no era la persona que más quería en el mundo, fue por eso que ignoro completamente sus gritos, él siguió maltratando a aquél muggle que por imposible que pareciera se estaba riendo. Aquella reacción tan fuera de lugar basto para que lo soltara.

Una vez que lo hizo y una vez que vio a aquel muggle arreglarse la ropa como si nada hubiese pasado, fue entonces que sintió todo el enojo y frustración del último mes, y descarto ésta frustración con Luna.

Ignorando a los recién llegados, se encaminó hacia la esposa de su mejor amigo, y algo debió ver en su rostro ya que en ese momento sacó la varita para defenderse de él, éste hecho debería ser suficiente para calmarlo, pero no fue así, sin importarle nada ni nadie, él también desenfundo su varita y apunto a la mujer que por años fue su amiga.

— Por favor, déjense de jueguitos estúpidos.

Tuvo el tiempo suficiente para voltearse y ver como aquel muggle sin importarle la pelea que estaba a punto de empezar, caminó hacia Hermione, saltando en el camino, el inconsciente cuerpo de Draco Malfoy.

Para cuando reacciono fue demasiado tarde; aquel muggle llegó al lado de Hermione, y fue entonces que pasó algo que jamás imaginó, el tal doctor Patterson, saco una varita y murmurando unas palabras que para él no tuvieron sentido, apunto a la cabeza de Hermione, él, tuvo el tiempo suficiente para lanzarse contra él y defender a su amiga, pero, no pudo hacerlo, ya que en ese momento y sin esperarlo, Neville, le lanzó un simple petrificus totalus que lo paralizo de pies a cabeza.

Con un golpe sordo cayó al suelo, sentía la frustración en cada extremidad de su cuerpo, y ahora, sin poderse mover y ayudar a Hermione, se sentía el inútil número uno de la tierra.

Ahí tirado en el suelo, vio como Narcissa Malfoy salía disparada hacia su hijo, al parecer para la bruja no era importante que aquel hombre, que hasta ese momento creyó muggle, estuviera realizando extraños hechizos en la cabeza de Hermione, aunque, eso tenía sentido, después de todo la gran señora Malfoy jamás sintió ningún cariño por Hermione. Fue en ese momento y mientras el tal doctor Patterson ponía algo en los labios de Hermione, que Luna se agachó hasta donde él estaba y con mucho cuidado colocó su cabeza sobre un cojín, no podía hablar, pero no por eso dejó de reprocharle a la rubia, Luna, se percató de esto, ya que simplemente suspiro y tomo su mano mientras la apretaba.

— Lo sé Harry, creme que lo sé, a mí tampoco me gusta esto pero no tenemos alternativa, esto es la última oportunidad de Hermione.

Por dentro maldecía y le reclamaba a la rubia por ser tan ingenua, pero algo en los ojos de su amiga le llamó la atención, ahí no había más que preocupación, miedo, y resignación.

Así que era verdad, Luna, no tenía ni idea de cómo ayudar a la castaña y por eso permitía aquella locura.

Sin poder soportar ver más a la rubia, desvió sus ojos hacia aquella cama que por un mes entero estuvo cuidando, ahí vio cómo los hechizos seguían saliendo de los labios de aquel hombre mientras Narcissa levantaba la cabeza de su hijo y la colocaba sobre su regazo, en ese momento la mujer le lanzo una mirada de auténtico desprecio.

Bueno, el sentimiento era compartido. Así que no sentía nada mal por las miradas tan hostiles que la bruja le lanzaba.

Poco le importaba que Narcissa quisiera lanzarse sobre él y matarlo, ahora sin duda lo que más le preocupaba era Hermione y aquel muggle no tan muggle que seguramente jugaba con su mente.

Pero ya vería, cuando él…

No pudo terminar su pensamiento, ya que en ese momento escucho una voz que creyó por mucho tiempo no iba a escuchar.

— ¿Do… doctor Patterson? ¿Qué, qué está haciendo aquí?

El alivio que sintió al escuchar la voz de Hermione fue inmenso, si no hubiera estado petrificado, sin duda se lanzaría a sus brazos y la envolvería en ellos para jamás soltarla. Pero claro, no podía hacerlo.

En ese momento sólo podía ver la espalda del tal doctor, desvió la vista sólo un segundo para ver como Luna, con la sorpresa dibujada en el rostro, veía sin poder creer lo que pasaba, para cuando regreso su vista hacia Hermione, vio cómo su amiga era examinada por el muggle y seguía haciendo preguntas que nadie contestó.

— ¿Qué pasa aquí? ¿Dónde… dónde…?

Pero su amiga no pudo terminar su pregunta, ya que en ese momento, movió su cuerpo y lo vio todo. Por la cara que puso la castaña era obvio que no se esperaba ese cuadro, sabía lo que veía, unos desconocidos como lo era Neville y Narcissa, un doctor que por un año entero la mantuvo encerrada en un psiquiátrico, un amigo que por años creyó fruto de su imaginación, y un hermano que creyó suyo por nueve años, inconsciente y con un golpe que comenzaba a notarse.

Hermione abrió la boca y la volvió a cerrar sin saber que decir, fue en ese momento que sus ojos se encontraron, quiso que alguien terminara con el hechizo que lo mantenía sin poder moverse para ir a su lado, vio en sus ojos confusión, dolor, miedo y sobre todo, vergüenza. Quiso levantarse y decirle que no tenía por qué sentir aquello, que él era su amigo y siempre iba a ser así, que pasara lo que pasara siempre iba a estar a su lado.

Pero no pudo hacerlo, por un lado estaba imposibilitado para hablar y por otro, en el momento en el cual Hermione vio a Draco Malfoy inconsciente en el suelo a unos metros de él, el mundo pareció desaparecer para su amiga; ya que sin que nadie la detuviera y aunque estaba débil, se levantó de un brinco de la cama, dio unos pasos en falso antes de poder levantarse por completo, y para cuando lo hizo sin reparo alguno fue a tirarse al suelo junto al que ella creía su hermano.

Sin importarle la presencia de Narcissa ni sus labios apretados, Hermione, se lanzó sobre el cuerpo de su "hermano" y lo abrazo como si su vida dependiera de ello. Fue extraño, y es que aunque sabía que por parte de Hermione no había nada romántico hacia el rubio, él sintió algo extraño en su interior, algo que él sabía muy bien eran celos. Eso no tenía sentido, él no tenía por qué sentir celos de aquella escena, él no tenía ningún derecho… vio como Hermione depositaba tiernos besos en la frente de su hermano y aquello lo destrozo.

Hermano o no, al parecer él no podía soportar que Hermione estuviera cerca de Draco, pensó en todos esos años que esa escena sin duda se había repetido una y otra vez, sintió y recordó su dolor propio cuando sabía había perdido a su amiga. Y eso le desgarró el corazón.

Sin poder soportar más aquella escena desvió la vista hacia Luna, que le sonreía de una manera tan extraña…

— ¿Duele, verdad?

Por extraño que pareciera aquel comentario, no le dedico ninguna mirada de interrogación a la rubia, no sabía exactamente a qué se refería, si al golpe que había recibido cuando cayó al suelo, o a eso que sentía al ver esa escena, como fuera, dolía.

— Sé que duele Harry.

Al escuchar aquella afirmación lo único que pudo hacer fue cerrar los ojos, sintió como su amiga apretaba su hombro dándole apoyo, ella tenía razón, dolía, y dolía mucho… y es que, por culpa de esos nueve años perdidos, ahora el que recibía los abrazos y besos de la castaña era el rubio y no él, siempre fue él, y ahora, ahora solamente era un sueño que de la noche a la mañana se había convertido en realidad.

-OOOoooOOO-

Todo era un caos.

Con la respiración entrecortada, y sintiendo con cada bocanada de aire que daba sus pulmones estallaban, simplemente no pudo más. Sabía que tenía que seguir corriendo, y tenía que hacerlo porque simplemente ya era demasiado, tenía que huir de aquellos recuerdos, de aquellas pesadillas.

Ya no podía soportarlo.

No es que se quejara el recordar aquella vida que nueve años atrás le fue arrebatada, no era eso, lo que sin duda le ponía los cabellos de punta y lo que la hacía huir de aquella manera, era el dolor que venía con aquellos recuerdos.

Comenzó a correr mientras las lágrimas luchaban por escapar de sus ojos una vez más, hizo todo lo que pudo para evitarlo pero no pudo hacer mucho, vio un pequeño rincón oscuro no muy lejos de ahí y prácticamente se tiró en él, después, hizo lo de siempre; se sentó, levantó sus rodillas y coloco su cabeza sobre ellas mientras tapaba sus oídos con sus manos, cerró los ojos con fuerza y comenzó a tararear una canción que alguna vez había escuchado, y entonces, espero.

Iba por la segunda estrofa de aquella vieja canción cuando escucho unos pasos a lo lejos; aquel castillo, como había aprendido los últimos días era perfecto para que el eco se escuchara a kilómetros de distancia, o al menos, así le parecía a ella. Entonces, pasó.

— Draco, no.

Apenas escucho el nombre de su hermano, supo que lo que estaba a punto de ver no iba a ser bueno.

— ¿Por qué? ¿Por qué no? ¿Es por Potter, verdad? Es por él.

Suspiro y entonces, por masoquista, ladeo un poco su cuerpo, fue cuando vio a una pareja a unos metros de dónde ella se encontraba, un rubio que ella conocía muy bien tenía agarrada de las muñecas a una versión de ella, con unos años de menos.

— Draco, me lastimas.

Pudo ver en su joven rostro el dolor, pero más que dolor físico, era dolor por lastimar a ese que ahora sabía, había estado con ella cuando más lo necesitaba.

— Yo no soy el que te lastima Hermione, bien sabes que no soy yo.

La joven Hermione mordió su labio y desvió la vista de su joven amigo. En los últimos días había descubierto que algo más que amistad unía a aquella pareja, o al menos, así era por parte del rubio, lo que ella sabía hasta ahora era que Hermione Granger estaba enamorada de su mejor amigo Harry Potter, mejor amigo que salía con la menor de los Weasley, mientras Draco Malfoy, aquel que en su tiempo fue su enemigo, ahora, estaba enamorado de ella, o al menos eso le había dicho en uno de los recuerdos que hasta ese momento había vivido.

— Por favor, no hagas esto… yo… sabes que te quiero.

Una mueca burlona apareció en el rostro de Draco Malfoy, a lo largo de todos esos años ella lo había llegado a conocer bien, desde el momento en el que le dijeron que era su hermano, ella lo conocía como la palma de su mano y sabia, que aunque aquella mueca podía a llegar considerarse arrogante, no lo era; él sufría.

Y saber esto, le dolía en el alma.

Sin ánimos de querer seguir viendo lo que ahí pasaba, volvió a su escondite y escondió una vez más su cabeza entre sus rodillas, escuchaba pedazos de una conversación que no deseaba escuchar. No sabía decir el tiempo que llevaba perdida en aquel mundo que parecía ser sacado de un sueño, y es que, aunque sabía no estaba muerta, casi se sentía así.

Día tras día, noche tras noche viendo recuerdos de aquella vida que le habían robado hace años. Las primeras veces se desgarro la garganta gritando por ayuda, gritando por Harry, su amigo no tan amigo que ahora venía a descubrir, llevaba años enamorada de él.

Al recordar aquel hecho, y al saber de la patética situación que vivió por años… casi, casi estuvo agradecida con aquel o aquellos que le robaron sus recuerdos. Y es que, por lo menos se habían llevado también el dolor.

Porque ahora sabía que no había nada peor que enamorarte de un imposible, de sentirte atado y amar a alguien que simplemente te consideraba su hermana.

Dolía, dolía como nunca nada le había dolido antes.

Fue en ese momento que afortunadamente las voces se apagaron, no se molestó en moverse, ya que sabía que aunque lo hiciera una vez más el mundo sería un borrón de colores y entonces otro recuerdo empezaría. Tomo aire y se preparó para el cambio, pero después de unos minutos, nada paso. Sintió una corriente de aire que pareció venir de ningún lado, misma, que le despeino un poco un mechón de cabello, después de eso y mientras se levantaba totalmente extrañada, escucho que alguien la llamaba.

— Hermione…

Aquella voz.

— Jean…

Sin saber de dónde provenía aquel sonido, comenzó a caminar en dirección hacia aquella corriente de aire que cada vez se hacía más cálida. También aquella misteriosa voz que por algún motivo sentía que conocía.

— Hermione…

Trago saliva, se paró en seco y entonces se preguntó si ir en busca de voces extrañas era buena idea. No tuvo tiempo de dar media vuelta, ya que en ese momento sintió como su garganta ardía, aunque no estaba tomando nada, sentía un líquido caliente y amargo bajar por su boca, quiso gritar, quiso correr, pero no pudo hacer nada.

Sintiendo como las fuerzas la abandonaban sin poder hacer nada, de un golpe seco cayó al suelo.

Iba a morir.

Cerró los ojos con fuerza justo en el momento que un dolor de cabeza insoportable la atacó de golpe. Había fuego en su cabeza, y ella estaba ardiendo.

Un único grito escapó de su garganta, y entonces, el mundo se volvió un remolino.

El dolor y ahogo cesó de golpe. Sentía que flotaba, pero, era extraño, hasta hace un momento estaba tirada en el frio piso de un castillo de piedra, ahora, unas suaves sábanas la protegían del frio. Aún con los ojos cerrados tuvo esa extraña sensación de que alguien la observaba, temiendo que iba a encontrar una vez que abriera los ojos hizo uso de toda su fuerza de voluntad, y los abrió. Al abrirlos, vio a alguien que jamás creyó volver a ver.

— ¿Do… doctor Patterson? ¿Qué, qué está haciendo aquí?

Escuchar su propia voz fue extraño, la sentía rasposa, áspera, era como si tuviera semanas sin hacer uso de sus cuerdas vocales, pero sin duda, eso no fue la que la sorprendió más. Al prestar un poco más de atención vio que el doctor Patterson no era el único en aquella habitación, ahí, en la espalda de su psiquiatra pudo ver que había varias personas en el suelo. Era extraño.

— ¿Qué pasa aquí? ¿Dónde… dónde…?

Necesitaba respuestas, y le desesperaba no tenerlas, el buen doctor Patterson le limitaba a estudiar su rostro, a tomar su pulso y a hacerle tomar una extraña sustancia que por extraño que pareciera, desapareció el molesto dolor de cabeza que hasta ese momento se percató que tenía. Apenas trago aquella medicina, su mente al parecer se aclaró un poco. Eso sin duda la ayudo a actuar, haciendo caso omiso de las atenciones de su médico, ladeo su cuerpo y entonces lo vio todo.

No pudo evitar abrir la boca a causa de la sorpresa, no sabía que la confundía más, ver ahí a aquel doctor que nada tenía que ver con su mundo de fantasía, ver a Harry y a Luna tirados en el suelo, mientras el moreno evidentemente inmovilizado la veía con tanto cariño… o ver a su hermano, aquel rubio que por años amó, aquel rubio que hasta hace un momento se enteró la amaba de una manera nada fraternal… eso no importaba.

Lo comprendió de golpe; hermano suyo o no, amor olvidado o no, aquel rubio era una de las personas más importantes en su vida, y ahora, él la necesitaba. Sin importarle nada ni nadie, y sin importarle que apenas se podía mover, dio unos pasos en falso y se levantó de aquella cama que al parecer tenía tiempo usando. No le hizo el menor caso a aquella mujer que evidentemente molesta la veía, ella simplemente se tiró al suelo con su hermano y sin importarle nada ni nadie, deposito dulces besos en su frente mientras lo abrazaba. Lo había extrañado tanto.

No llevaba ni dos minutos con aquellas muestras de afecto, cuando una conocida voz se escuchó por la habitación. Al levantar la vista vio como el doctor Patterson hablaba mientras guardaba en un pequeño maletín algunos frascos con contenido sospechoso.

— Bueno, creo que tenemos mucho que hablar.

No comprendía que ocurría exactamente ahí, pero algo dentro de ella le decía que aquella platica y aquellas explicaciones iban a terminar por derrumbar su mundo.

-OOOoooOOO-

El frío viento despeino sus cabellos mientras él mantenía la vista perdida en la nada. El encapotado cielo de Londres lo saludaba.

No sabía exactamente cómo había ido a parar ahí, lo único que recordaba después de escuchar a aquel hombre hablar, fue sentir el enojo, el odio y la frustración en cada célula de su cuerpo, después, simplemente no pudo más. Sin soportar más la presencia de Hermione y su evidente preocupación hacia un chico que debería odiar, sin escuchar las palabras de Luna o Ron, simplemente salió huyendo de aquella habitación. Quería entender.

Le habían robado nueve años de su vida.

Ante tal pensamiento apretó los puños con fuerza mientras mordía sus labios para no ponerse a gritar, lo último que quería era llamar la atención, y un hombre gritando en la cima de aquel edificio, sin duda daría de que hablar.

Sentía sus piernas de gelatina, la fuerza se había ido perdiendo conforme escuchaba la historia de aquel hombre, que ahora sabía, no era quien decía.

No podía creer que todo lo que le dijo fuera verdad, no quería creerlo, no podía. Porque si lo hacía, sería aceptar que una de las personas en las cuales más había confiado, había hecho de todo para asegurarse de que su vida por nueve años fuera una miseria.

Dumbledore.

Dumbledore le había arrebatado a Hermione.

Una vocecita en su cabeza le dijo que estaba siendo injusto, ya que según aquel muggle, que no era tan muggle, Dumbledore solamente había pedido mantener con vida a Hermione, la idea de la muerte falsa y todo lo demás había sido idea de ese imbécil y de la maldita señora Malfoy. Pero él sabía que si no hubiera sido por esa absurda petición, él y Hermione…

Detuvo sus pensamientos apenas llegó a ese punto, ¿Él y Hermione, qué?

Una triste sonrisa se dibujó en su rostro mientras se sentaba al borde de aquel edificio, sus pies quedaron colgando, era una ventaja de ser apasionado al quidditch, las alturas no le daban miedo.

Entonces recobró sus pensamientos; él y Hermione nada, si la castaña no hubiera desaparecido por nueve años, seguramente a esas alturas todo sería perfectamente normal, ella sería auror, o medimaga, o tendría un puesto importante en el ministerio y ellos serían amigos como siempre, casi hermanos.

Trato de ignorar el malestar en su pecho al pensar en aquella posibilidad; ellos no eran hermanos. Y ahora, gracias a las ideas de un viejo mago, ni siquiera eran amigos.

Le dolía no saberse amigo de la castaña, por años fue una de las personas más importantes de su vida, fue por eso que con su desaparición le habían arrebatado a él mismo la vida, porque él no se podía dar por vencido, él sabía que la castaña estaba con vida, ahora se venía a enterar que siempre tuvo la razón, pero viéndolo desde cierto punto de vista, ya no sabía si esto era bueno o malo. Después de todo estaba con vida, sí, pero lo consideraba un desconocido, una pesadilla que se volvió realidad, porque ahora gracias a esos nueve años robados, era Draco Malfoy y no él, quien recibía el amor y cariño de la castaña.

Suspiró.

Estaba agotado.

Los últimos meses su vida había dado un giro de trescientos sesenta grados, había dejado a Ginny, su amiga "muerta" había vuelto sin tener idea de quien era, Bellatrix había escapado de Askaban y ahora clamaba venganza, todo en su vida era un caos. Pero sin duda lo que más le dolía y avergonzaba era venirse a enterar que por años, la mujer que muchos consideraban su hermana, estuvo enamorada de él.

¿Cómo pudo ser tan ciego?

Y ahí estaban las consecuencias, ahora, no podía ver a la cara a Hermione sin recordar el dolor que vio en aquellos ojos, ojalá nunca hubiera visto esos recuerdos, ojalá nunca se hubiera enterado, ahora se sentía un maldito egoísta, ya que por años él le hablo a su amiga de sus problemas amorosos, corría hacia ella por consejos, se los pedía cuando ahora sabía, su amiga sufría por ellos.

Su vida era tan complicada.

Sin ganas de pensar más, inclinó su cuerpo un poco hacia el abismo, ahí abajo, cientos de muggles pasaban sin enterarse que ahí arriba, había un mago desesperado por tener una vida común y corriente como la de ellos.

Fue en ese momento que un ruido le alertó que no estaba solo.

Se giró justo para ver como Hermione cerraba la puerta que daba a aquella azotea. Detuvo el impulso de ponerse de pie y meter a la castaña dentro del hospital, no le gustaba mucho la idea de que estuviera ahí afuera donde Bellatrix estaba buscándola, pero sabía que ahí estaba segura, él se había encargado de eso.

Espero unos minutos hasta que Hermione llegó a su lado. Su castaña amiga le sonrió con nerviosismo mientras colocaba una mano sobre su hombro. Fue extraño, pero con este simple gesto logro que se estremeciera de pies a cabeza. Vio como Hermione se inclinaba un poco para ver hacia abajo.

— No me gustan las alturas.

Aquella simple declaración lo hizo sonreír, sin poderse contener, llevó su propia mano hacia la de Hermione y le dio un suave apretón.

— Lo sé.

Hermione le sonrió una vez más y entonces puso aquel semblante serio que él conocía muy bien.

— Luna y Ron están preocupados.

— Y por eso te mandaron a buscarme.

Hermione, negó con la cabeza.

— No, vine por mi propia cuenta.

Con movimientos torpes, Hermione se sentó a su lado, se fijó que lo hacía con miedo, como si temiera que fuera a caer.

— No debiste hacerlo, necesitas descansar, yo estoy bien.

Hermione asintió lentamente con la cabeza, él vio de reojo como la castaña apretaba los labios.

— Ya descanse mucho Harry, fue un mes de descanso en esa cama, además yo…

— ¿Tú qué?

— Yo sé que no estás bien. No me preguntes cómo lo sé, sólo lo sé.

Aquella declaración lo hizo sonreír, le gustaba saber que había una persona que lo conocía más que nadie, más que incluso él mismo.

— Yo soy el que debería estar preocupado por ti, tú eres a la que le robaron sus recuerdos, su vida.

Hermione apretó los labios una vez más mientras asentía.

— Fue extraño escuchar esa historia.

No pudo más que darle la razón, para él también lo fue. Después de todo jamás imagino saber que había pasado hace nueve años, jamás creyó escuchar aquella loca historia donde Neville, Narcissa y hasta aquel desconocido, habían hecho de lado sus diferencias para desaparecer del mundo mágico a dos personas.

— Por nueve años no dejé de preguntarme qué te había pasado, quién te había hecho esto y ahora, ahora sé que fuimos traicionados.

— ¿Traicionados?

— Neville, Neville era nuestro amigo, y eso no le importó para separarte de nosotros.

No pudo contener el odio que sentía en ese momento hacia el mago, poco le falto para lanzarse contra él y matarlo cuando se enteró de todo, el que Ron estuviera ahí para controlarlo, ayudo demasiado.

— Lo hizo por salvarme, tú lo escuchaste.

Si, lo había escuchado pero aun así quería matarlo, no se sentía para nada agradecido con el que considero su amigo.

— Pudo pedirme ayuda, pudo hablar, yo pude… yo pude…

— Tú eras un adolescente que estaba agobiado con un loco que quería matarte, no pudiste hacer nada, no pudiste saber…

— ¡Yo hubiera dado todo por ti!

No supo exactamente de dónde vino ese grito, pero Hermione no se alteró por esto, la castaña se limitó a sonreírle con cariño mientras tomaba su mano.

— Lo sé Harry, créeme que lo sé, pero no quiero que te atormentes ni te culpes por lo que paso, las cosas pasaron por algo, tal vez si lo hubieras sabido ahora no estaría aquí contigo, quiero pensar… quiero pensar que todo fue por algo, que todo tiene un motivo.

Trago saliva ante las palabras de su amiga, era escalofriante que supiera que ahora mismo, él se culpaba por su falsa muerte, pero no podía pensar como ella, no se le quitaba de la cabeza la idea de que si él hubiera sabido todo, esos nueve años no se los habrían arrebatado.

— Yo debí cuidarte, yo debí…

— Tú tenías que salvar al mundo, y ahora, por lo que me han dicho, así fue. Eres un héroe.

— No fui tu héroe.

Hermione sonrió tristemente y desvió la vista, él vio como la castaña veía a la nada mientras respiraba lentamente, perdida en sus pensamientos.

— Este tiempo… este tiempo que estuve inconsciente, yo… yo vi cosas.

Aquella declaración lo tomó por sorpresa, aquel era un cambio de tema muy drástico.

— ¿Cosas?

— Cosas como las que vimos en ese pensadero, cosas que por años creí sólo eran un sueño, vi mi vida como era antes de que me robaran las memorias.

Sin poderlo evitar, aquel recuerdo en el que se enteró su amiga estuvo enamorada de él, llegó a su mente, esto basto para ponerlo en guardia, y fue entones que recordó que tenía cosas que hablar con su amiga, cosas que se moría por decirle.

— Hermione, yo…

— Sé que viste lo que yo Harry, y sé que te enteraste que Hermione Granger estuvo enamorada de ti.

Ahí estaba, la verdad que por años se negó a ver, el amor que por mucho tiempo ignoró, el amor que ahora al pensar en él, le ponía los cabellos de punta al creer que ese amor de algún modo, había sobrevivido a nueve años de separación.

— Hermione, yo…

— Por nueve años te creí parte de un sueño, hasta hace poco supe que Hermione estaba enamorada de su mejor amigo, no te voy a mentir, esa verdad me aterró porque… dolía. Saberte enamorada de alguien que sólo te ve como tu hermana, duele, aunque sólo sea parte de un sueño.

Trago saliva, no le gustaba hacia donde estaba yendo esa conversación.

— Si te soy sincera, una de las partes que más me da miedo de recuperar mis recuerdos, es que ese dolor vuelva… yo… yo no lo quiero conmigo.

Su corazón se detuvo, dejo incluso de respirar por un segundo.

— Este mes que estuve inconsciente vi muchas cosas Harry, muchas cosas que no me gustaron y que me avergüenzan, sé que tal vez aquello fue un amor pasajero, enamorarte de tu mejor amigo es absurdo, en cierto modo patético.

— Hermione, no creo que…

— Pero hoy al despertar me di cuenta de algo, ya no soy esa Hermione adolescente, ya soy una adulta, he hecho mi vida, y quiero que sepas que si llego a recuperar mis recuerdos, tengo fe de que ese estúpido amor haya desaparecido por completo, porque después de todo, tú y yo somos hermanos ¿Verdad?

Hermione volteo en ese momento y le dedico la más sincera de sus sonrisas, sonrisa que él no correspondió, las palabras de Hermione retumbaban en su cabeza, logrando que su pecho doliera.

Ellos no eran hermanos.

Él no quería ser su hermano.

Él quería ser algo más en la vida de su amiga, quería cuidarla, matar a cualquiera que se atreviera a mirarla, la quería para él, sólo para él. Estaba seguro que ese sentimiento no podía ser amor de hermanos.

— No soy tu hermano.

— Lo sé Harry, sólo es…

— No quiero ser tu maldito hermano.

Estaba siendo grosero y egoísta, después de lo que había pasado la castaña, se merecía un regreso a su vida limpio y sin problemas, el amor que sentía por su amigo sin duda sería un gran peso que ella no quería cargar, pero la idea de que ese amor se perdiera, le molestaba, le dolía… lo odiaba.

— ¿Harry?

Recordó el modo en el cual Hermione veía a Draco, como lo abrazaba, como lo besaba… como fue su amiga nueve años atrás, cuando él estaba muy ciego para darse cuenta, en ese tiempo, por supuesto que le molestaba, odiaba que su amiga estuviera con el rubio, pero no hizo nada por remediarlo, después de todo ella estaba en su derecho de salir con cualquiera, pero lo odió, lo odió por meses, odió ese sentimiento que lo embargaba cada vez que los veía juntos, como quería matarlo cuando sabía que la hacía reír, cuando sabía que él la podía tener y él no… en ese tiempo lo justifico con celos de amigo, celos de hermano… pero él no era su hermano… por nueve años la había perdido, dicen que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes… bien… ahora él sí que lo sabía.

Sin hacer caso a la pregunta de Hermione, giro su cuerpo y tomó a la castaña por los hombros. Su amiga abrió la boca sorprendida mientras le preguntaba con la mirada que es lo que pasaba.

— ¡NO SOY TU HERMANO!

La vio ahí, con el viento despeinando su cabellos, la vio ahí, con el rostro sonrojado por el frio, la vio ahí, al alcance de su mano después de nueve años de saberla perdida y entonces, lo supo.

La realidad lo golpeo con fuerza, fue como si un camión descargara su peso sobre él, fue como abrir los y toparse con la luz después de años de oscuridad, fue sentirse vivo después de estar muerto, fue encontrar la razón de vivir después de estar años perdido, fue entender por fin que sin ella, simplemente no estaba completo, fue saber que ella era parte de lo que era… fue saberse enamorado, fue descubrir ese amor que seguramente tenía mucho tiempo ahí, esperando, deseando ser descubierto, y ahora, nueve años después, por fin lo veía, por fin él lo entendía… Por eso siempre fue sobreprotector, por eso odiaba a cualquiera que la hiciera reír, por eso despreciaba el hecho de saberla con otro, por eso sintió que moría cuando la creyó muerta.

Hermione era de él y siempre lo había sido, saberla a su lado y darla por algo hecho, le impidió saber la grandeza de la necesidad de tenerla a su lado, pero ahora había experimentado nueve años alejado de ella y entonces supo que jamás la iba a dejar ir.

Hermione Granger era suya, y no iba a permitir que nadie se la arrebatara de nuevo, ya que ella era la otra parte de su vida, la pieza faltante del rompecabezas, su complemento, su amiga, su confidente, pero lo más importante, ella no era su hermana

— No somos hermanos.

Y así sin importarle nada ni nadie, acortó la distancia que los separaba y se fundió en un beso con la castaña. No le sorprendió encontrar resistencia, después de todo ni él mismo se esperaba ese arrebato de su parte, pero no desistió, él sabía que ese amor que Hermione sintió por él seguía ahí, deseaba que siguiera ahí, él lo iba a encontrar… si no era así… entonces él lograría que se enamorara de él de nuevo, y entonces, entonces él le daría su vida entera, la protegería de todos, lucharía contra todos, pero ella no se iba a separar jamás de su lado.

Fue después de unos minutos que Hermione por fin pareció corresponder a su beso, fue cuando la castaña abrió un poco sus labios que supo que tal vez, no todo estaba perdido.

Su lucha empezaba en ese momento, en esa azotea de hospital, dónde por fin después de tantos años, se daba cuenta del amor que sentía por aquella mujer que por años, estuvo disfrazada de su mejor amiga, o como muchos dirían, su casi hermana.

-OOOoooOOO-

Luna Weasley, o al menos así había dicho que se llamaba, acercó un extraño palo de madera a su rostro, él, no pudo más que hacerse hacia atrás alejándose de esa loca, no le gustaba su mirada, era demasiado… pura.

— No te haré daño Draco.

Al escuchar aquel nombre, solamente pudo apretar los labios hasta dejarlos en una línea muy delgada, una cosa era que Narcissa y aquel hombre lo llamaran así pero que alguien más lo hiciera sería aceptar que él en efecto era aquel que ellos conocían, y la verdad, aún no estaba muy seguro de serlo.

Pero no tenía otra alternativa, gracias al hermano perdido de Cooper, ahora tenía un golpe en la cara que dolía, y según aquella mujer con un simple hechizo todo estaría solucionado, así que sin confiar demasiado en aquella mujer dejó que se acercará a él. Había despertado en un sillón hace unos momentos, después de eso y sin explicaciones había escuchado una extraña historia, dónde el falso doctor Patterson contaba como nueve años atrás había planeado todo para desaparecer del mundo mágico a Hermione Granger y Draco Malfoy. Mientras escuchaba esa loca historia, Jean había tomado su mano y no la había soltado, él por supuesto que agradecía esto, y es que aunque les estuvieran revelando a los dos que no eran hermanos de sangre, la castaña no había aflojado su agarre y él pudo ver que el cariño que sentía por él, tampoco desaparecía. Era extraño, pero se sentía tan aliviado con esto que si no hubiera sido por las miradas hostiles del tal Harry Potter, se podría considerar feliz.

La puerta se abrió en ese momento y él no pudo evitar estirar el cuello para ver si era su hermana, hace unos minutos, la castaña había salido diciendo que iba en busca de Harry, el maldito hombre que tanto desprecio le inspiraba. No le gustaba para nada que su hermana estuviera cerca de aquel infeliz, pero no podía hacer mucho, conocía a Jean y sabía que quería estar cerca de él. No era Jean, el que entró en la habitación era aquel distraído pelirrojo, mismo que se acercó a la rubia que en ese momento checaba su pulso.

— No lo encuentro por ningún lado.

Luna Weasley suspiró mientras se giraba al que según había entendido, era su esposo.

— Me preocupa, vi esa mirada en su rostro y sé que puede cometer una locura.

— No creo que lo haga.

— Ron, lo conoces tanto como yo.

Sin ánimo de seguir escuchando a la feliz pareja, giro su rostro y se encontró con la mirada de la que se decía su madre, Narcissa Malfoy lo veía con evidente preocupación mientras Severus y Neville hablaban en voz baja a su lado, sabía que entre esos tres estaban debatiendo que hacer ahora que toda la verdad se había descubierto, la opción obvia era devolver las memorias y ya, pero él sabía que no era tan simple, tratar de devolver sus recuerdos era peligroso para él y para Jean.

— ¿Draco? ¿Draco? Benjamín.

Giró su cabeza hacia Luna, la rubia lo veía con compasión mientras el tal Ron Weasley lo veía apretando los labios.

— ¿Qué pasa?

— Te preguntaba si aún te duele.

Hasta ese momento se dio cuenta que en efecto, el rostro ya no le molestaba. Negó con la cabeza y Luna sonrió.

— Estarás mejor.

Asintió sólo por hacer algo, estaba por preguntar dónde demonios estaba su hermana cuando la puerta se abrió una vez más.

Jean y aquella pesadilla llamada Potter, entraron en la habitación. Pero eso no fue lo que le molestó, lo que sin duda termino por arruinar un horrible día, fue ver aquellas manos unidas con tal fuerza que parecía que si se soltaban, uno de los dos se derrumbaría. Ver la sonrisa dibujada en el rostro de su querida hermana no ayudó demasiado. Con una mueca vio como la pareja entraba a la habitación donde todos los veían con la sorpresa dibujada en el rostro.

La pesadilla Potter, sin perder la sonrisa del rostro, se encaminó hacia Severus, que con una ceja enarcada veía la unión de aquellas manos.

— Se puede saber ¿a qué se debe ésta fiesta?

Apenas escuchó aquel comentario, la pesadilla Potter borró la sonrisa de su rostro de golpe, se detuvo a medio camino y giro la cabeza hacia Jean, su hermana, sonrió con ternura al imbécil aquél y por arte de magia, el tipo recupero su sonrisa.

— Hermione quiere sus recuerdos de vuelta, y tú nos vas a ayudar.

Imbécil.

Fue lo que pensó apenas escucho aquellas palabras, ese Potter era un imbécil, tratar de devolveré los recuerdos a Jean era…

— De acuerdo, pero antes tienes que saber algo Potter.

Las palabras de Severus interrumpieron sus pensamientos, al escuchar lo que dijo no pudo evitar sentirse… alegre; después de todo devolverle sus recuerdos a Jean era peligroso y sabía que nadie iba a intentarlo, y la verdad, la verdad era que a él esa idea no le desagradaba del todo, después de ese tiempo se había dado cuenta de una cosa. No quería a Hermione Granger de vuelta, él quería a Jean Grey, su hermana, y no iba a permitir que una pesadilla como Potter se la arrebatara, después de todo era su hermana, era suya y de nadie más.

-OOOoooOOO-

— Lo haré.

Sus palabras fueron recibidas con el más absoluto silencio. Sabía que tenía que ser fuerte en su decisión, después de todo nadie en aquella habitación quería escuchar esas palabras de su boca.

Nadie creía que lo lograría.

Ni ella misma lo hacía.

El doctor Patterson apretó los labios hasta dejarlos en una línea muy delgada, era obvio que entre todos él era el que menos esperaba escuchar aquello, ya que hasta hace unos momentos les había explicado que tratar de devolverle sus memorias a ella y a Benjamín, podría ser desastroso, aun así, ahí se encontraba ella, diciendo aquellas palabras.

Paso la vista por cada uno de los presentes en aquella habitación, se detuvo en su hermano, que la veía con una ceja enarcada y aquel gesto de "estás completamente loca" dibujado en el rostro, pero ella no estaba loca, ella lo único que quería era recuperar esa vida que le fue arrebatada nueve años atrás.

Viendo a su hermano, pudo sentir la mirada de Harry en su rostro, hizo todo lo que pudo para no verlo a los ojos, sabía que cuando lo hiciera tal vez su fuerza se vendría abajo, pero, esa decisión era en parte debido a él, porque su amigo merecía que Hermione Granger estuviera de vuelta, él no conocía para nada a Jean Grey, y si bien era cierto hace un momento la había besado como si no hubiera un mañana, ella estaba consciente de que, a quien deseaba y creía amar era a Hermione, no a Jean Grey.

— Jean, no creo que…

— Lo necesito, necesito esos recuerdos de vuelta… yo… yo quiero recordar.

Y era verdad, algo en su interior le gritaba que si quería tener una vida plena y darle respuesta a tantas preguntas que tenía, era necesario que esos recuerdos volvieran a su cabeza; su vida había cambiado mucho los últimos meses, paso de ser una mujer normal, con un trabajo normal, a ser una bruja sin memoria que el mundo creyó muerta por nueve años. Ahora comprendía que esas dos mitades de su vida jamás iban a poder complementarse, porque era Jean Grey o Hermione Granger, una de las dos, tenía que elegir y lo estaba haciendo ahora.

Sintió la mano de Harry posarse sobre la suya, el moreno le dio un suave apretón y ella tuvo que voltear a verlo, ver aquél miedo en sus ojos casi la derrumba, sentía en su interior la necesidad de aliviar la pena de Harry, saber que era por su culpa que el moreno la pasaba tan mal, la destrozaba. Trato de sonreír a su amigo, no lo logro.

Hasta hace unos momentos, había creído que el final de aquella pesadilla estaba cerca, que por fin de nueve años iba a recuperar su vida, todo para venirse enterar ahora que no era tan simple, si quería recobrar sus memorias, tenía que correr el riesgo de quedar loca, trastornada. Pero aun así lo iba a hacer, por ella, por Harry… por esa vida que le arrebataron, porque quería amar a Harry con esa intensidad que vio en aquellos sueños, ahora que sabía que su amor era correspondido, lo necesitaba… no es que como Jean Grey no estuviera enamorada del moreno, solamente que, no podía ser las dos al mismo tiempo, simplemente no podía soportarlo.

— No lo harás.

Vio como Harry apretaba los labios, era evidente su enojo, pero, ella no se iba a echar para atrás, tenía que hacerle entender.

— Harry.

— No permitiré que te arriesgues así, olvida tus memorias, olvida tu vida.

— Debes estar bromeando.

— No lo hago, yo… sé Jean Grey, te mostrare tu vida, aunque no recuerdes serás Hermione Granger, podemos hacer esto, podemos…

— ¡No puedo hacerlo!

De un brinco se puso de pie y comenzó a pasear por la habitación, sentía los ojos de todos puestos en ella, esperando que de un momento a otro explotara, pero no iba a hacerlo, tenía que controlarse. Lentamente se giró hacia su hermano y vio en su rostro su desaprobación a aquella decisión; él tampoco estaba de acuerdo.

— Ben…

— No Jean, no voy a permitir que se metan en tu cabeza, es peligroso, juré por nuestros padres…

— No existen tales padres, tú y yo no somos hermanos de sangre.

Decir aquellas palabras le dolió en el alma, pero tenía que decirlo para que el rubio entendiera, ver esa capa de dolor en los ojos de su hermano, termino por acabarla. Ahora no podía hacerse para atrás.

— Por favor Benjamín, necesito recordar.

Su hermano apretó los labios y desvió la vista. Era obvio que estaba dolido con ella.

Giro su vista hacia Harry, Luna, Ron, Narcissa e incluso hacia aquel que la apartó de sus amigos, Neville, la veía con evidente furia. Pero, en todos esos rostros había una cosa en común, desaprobación, certeza de que lo que quería era una locura. Entonces y sabiendo que no tenía otra alternativa, se giró hacia el doctor Patterson, aquel hombre en el que confió por años, sabía que él no era quien decía, pero quien fuera, había robado sus memorias y era su deber devolvérselas.

— Devuélvemelas.

El falso doctor Patterson hizo una mueca, vio en sus ojos que se debatía entre hacerlo o no.

— Me lo debes, tú me lo debes.

Era verdad, él se lo debía. Pasó un segundo que bien pudo ser una hora, vio como el hombre suspiraba derrotado y llevaba una de sus manos hacia el puente de su nariz.

— Está bien Granger, lo vamos a intentar pero no digas que no te lo advertí.

Escuchó un gemido de frustración por parte de Harry, no se giró hacia él, no quería ver en sus verdes ojos la decepción, pero, aquella era su decisión, aquella era su vida.

— Bien, entonces yo quiero lo mismo.

Las palabras de Benjamín la tomaron por sorpresa, rápidamente se giró hacia su hermano y aquel dolor que ella ocasiono seguía ahí, pero ahora, iba acompañado de una triste sonrisa.

— Seas mi hermana de sangre o no, prometí que te cuidaría, y si tú te vuelves loca, ahí estaré yo contigo, haciendo locuras a tu lado.

Sintió en su pecho una felicidad infinita, sin poderlo evitar se lanzó hacia su hermano y lo abrazo con fuerza, amaba a ese rubio, lo amaba con todas las fuerzas de su ser, aun abrazaba a su hermano cuando capto la mirada de Harry, el moreno los veía apretando los puños, y cuando capto su mirada desvió la suya, algo le decía que no soportaba verlos juntos, algo le decía que incluso le dolía verlos. Trato de no darle muchas vueltas al asunto, trato de pensar que una vez que sus memorias estuvieran de vuelta en su cabeza todo iba a ser más sencillo, o al menos, eso esperaba.

-OOOoooOOO-

Cada célula de su cuerpo le grito que aquello estaba mal, fue por eso que insistió por horas que Hermione parara aquella locura; no logró nada.

Y ahora, ahí se encontraba, fuera de la habitación de la castaña paseando como poseído mientras el falso doctor Patterson hacía quien sabe que con su amiga y con el estúpido de Malfoy, la verdad era que el rubio no le importaba nada, si alguien se iba a quedar loco por aquel intento de devolverle sus recuerdos, a él le venía bien que fuera el rubio y no Hermione.

En ese momento Luna le preguntó si quería algo de comer, creyó escuchar que ya era tarde y necesitaba alimentarse, no supo exactamente qué le contestó, una vez que sus amigos lo dejaron solo comenzó a pasearse una vez más, quería entrar y parar aquella locura pero sabía que si lo hacía Hermione jamás se lo perdonaría, era verdad que hasta hace unas horas había sido él quien sugirió que le devolvieran sus recuerdos, pero eso fue antes de saber que si lo intentaban, la castaña podía perder la razón, ahora, sabiendo eso no quería saber nada de devolverle sus recuerdos, aun cuando eso significara jamás tener de vuelta a su vieja amiga, podía vivir con eso, podía soportarlo, después de todo la tendría a ella, y Jean Grey o Hermione Granger, ella era la mujer que él necesitaba y quería a su lado. Trato de hacerle entender esto a la castaña, pero no logró nada.

Fue en ese instante que alguien más llegó, ver a Neville tan preocupado por Hermione logró que apretara los puños enfurecido, no había hablado con aquel traidor desde que supo la verdad, no quería hacerlo, sabía que si lo hacía, se volvería loco y le partiría la cara, y no lo hacía por consideración a Hermione, después de todo ella tenía razón, de un modo u otro, él la había salvado.

Hizo una mueca y continuo con su paseo, de un lado a otro paseaba fuera de aquella puerta, no tenía idea de cuando iba a durar aquel proceso, según el falso doctor iba a ser largo y nada sencillo, aquel infierno estaba iniciando. Fue entonces que un desgarrador grito se escuchó por el lugar; tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no entrar y matar a aquel desconocido por hacerle daño a su castaña, pero no podía, ya le habían advertido que iba a haber gritos, e iban a ser muchos, aun sabiéndolo no podía quitarse del pecho ese dolor que sentía cada vez que escuchaba a Hermione sufrir de esa manera, tal vez algunos no le creyeran pero era como si ese daño, se lo estuvieran haciendo a él mismo.

Un nuevo grito de su castaña que simplemente le partió el alma, sin poder soportarlo más, fue a parar al suelo de aquel lugar; algo le decía que aquellos días iban a ser los peores de su existencia.

-OOOoooOOO-

Había perdido la noción del tiempo, ya no sabía cuánto tiempo había estado paseándose por aquél hospital, podían ser horas, días, incluso semanas, ya no estaba seguro de cuánto tiempo había pasado, de lo único que estaba seguro, era de los gritos.

No había día que Hermione y Draco no gritaran, no había día que no se despertaran gritando que apagaran el fuego, no había día que alguno de los dos se pusiera a llorar y suplicar que acabaran con todo aquello, pero no había marcha atrás, Hermione y Draco habían decidido arriesgarse y ahora ahí estaban las consecuencias. Fue una voz en su cabeza la que le dijo que parte de la culpa era suya, y era verdad, él había iniciado todo esto, él había ayudado a robar las memoras de aquel par y había sido él quien las había devuelto.

Neville Longbottom, el traidor.

No pudo evitar la triste sonrisa que se dibujó en su rostro, ahora, gracias a sus acciones del pasado era el más despreciado del mundo mágico, no tenía vida, su identidad como Leo no tenía sentido si Hermione no estaba a su lado, su identidad como Neville simplemente ya no la sentía como propia, era un completo extraño incluso para él mismo.

Había días que se atormentaba pensando que si no hubiera devuelto aquellos recuerdos todo volvería a ser como antes, pero, él sabía que no debía engañarse, si no lo hubiera hecho Hermione seguiría sumida en un profundo sueño del que tal vez nunca hubiera despertado, había hecho lo correcto, o al menos eso quería pensar.

Sin ánimo de seguir paseando por aquel hospital, encaminó sus pasos de vuelta a la habitación de Hermione, aunque, ahí nadie lo quería, era mejor eso a pasear hacia ningún lado. No tardó mucho en llegar, cuando lo hizo sin llamar a la puerta entro en la habitación donde la mujer que amaba, llevaba tres semanas sufriendo por los intentos de Severus de recuperar sus memorias.

Apenas entró a la habitación vio el mismo cuadro de siempre, Draco y Hermione en camas contiguas mientras Narcissa no se despegaba de la cama de su hijo, por parte de Hermione, era Harry quien no se despegaba de la castaña. Verlo ahí, tomando la mano de su Hermione, lograba que unas ganas locas de golpearlo le entraran de la nada, pero, no podía hacerlo, tenía que comportarse.

Ignorando aquel malestar que surgía de su pecho, fue a sentarse en uno de los sillones, mientras lo hacía no pudo evitar darle un vistazo a Harry, el moreno tenía el rostro demacrado y se veía pálido y delgado, desde que Hermione había tomado la decisión de traer de vuelta sus recuerdos, su antiguo compañero parecía haber envejecido unos años. Y eso tenía mucho sentido, ya que nunca se separaba de la castaña, él quería hacer lo mismo, estar a su lado en todo momento, tomar su mando cuando despertaba llorando suplicando que todo acabara, pero no podía, Harry no se lo permitía.

Así que se quedó ahí, tumbado en aquel sillón viendo como el amor de su vida le era arrebatado poco a poco, porque no era tonto, sabía que algo entre esos dos había cambiado, y eso, eso no le gustaba para nada.

Alguien grito.

De un brinco se puso de pie y sin importarle las miradas de Harry, se colocó al lado de Hermione, fue ella la que había gritado, fue ella la que abrió los ojos y llorando, un tanto desorientada buscaba a alguien en la habitación.

— ¡Draco! ¡Draco!

Al escuchar aquel nombre una mueca se dibujó en su rostro, estaba segura que era la misma que Harry había puesto, a ninguno le gustaba ese lazo que antes y ahora, unía a la castaña y al rubio.

— Hermione, Hermione, tranquila, cálmate.

Harry acarició el rostro de Hermione y fue entonces que ella se percató de su presencia, al verlo, una máscara de dolor apareció en el rostro de la bruja.

— Harry.

Sin poder creer que él estuviera ahí, Hermione trato de incorporarse, pero, no pudo hacerlo, aún así estiró su mano y fue a colocarla en la mejilla del salvador. Al ver este gesto solamente pudo apretar los puños con fuerza. No le gustaba.

— Estoy aquí Hermione, no me iré a ningún lado.

La castaña sonrió tristemente y fue entonces que algo cambio en su rostro, la confusión apareció, casi pudo ver el velo de aquella vida inventada aparecer en los ojos de su amiga, casi pudo ver como cambiaba la personalidad en su cabeza, sabía lo que venía, venía el fuego, el dolor, la agonía.

Segundos después Hermione comenzó a gritar, a suplicar que alguien terminara con aquella tortura, comenzó a llamar al rubio, pero ahora lo llamaba con su otro nombre, había dejado de ser Hermione para volver a ser Jean Grey.

— ¡Benjamín!

Así eran las cosas, su amiga cambiaba de un momento a otro, sus momentos como Hermione Granger estaban siendo cada vez más frecuentes, eso era verdad, pero cada vez que volvía a ser Jean… todo era peor. Él se daba cuenta, todos se daban cuenta, cada vez le dolía más, cada vez sufría más. Draco no estaba mejor, el rubio parecía pasarla peor, casi no abría los ojos, se la pasaba dormido, sufriendo pesadillas, gritando en sueños… aquello estaba saliendo mal, muy mal, si seguían así ambos se iban a volver completamente locos.

— ¡Apaga el fuego! ¡Harry, me duele! ¡Apágalo!

Lágrimas brotaban sin control de los hermosos ojos de su amada, le dolía verla así, daría lo que fuera por aliviar su dolor, daría su vida propia.

Hermione siguió gritando, lloró hasta que Severus apareció y le dio una poción para el dolor, murmuro un hechizo sobre su cabeza y todo terminó. Una vez que todo estuvo calmado, sin poderlo evitar, se inclinó y deposito un beso en la frente de la castaña.

No había terminado de posar sus labios cuando sintió como era arrancado de aquel lugar, cuando reacciono vio como Harry totalmente fuera de si le gritaba que se alejara de su amiga, sin poder soportarlo más, le planto la cara al moreno y estuvo dispuesto a contestarle; pero no lo hizo, no lo hizo porque en ese momento se escuchó una fuerte explosión.

Después, todo fue silencio.

Esperaron unos minutos.

Narcissa, Severus e incluso el mismo Harry tomaron sus varitas y se pusieron en guardia, torpemente él hizo lo mismo, respiraba agitadamente cuando la puerta se abrió de golpe. Cuatro varitas apuntaron al mismo tiempo. Detrás de la puerta pudo ver humo y polvo, después de eso vinieron los gritos.

Fue entonces que Ron apareció, venía con el rostro lleno de mugre y sangre. Aquello no era bueno.

— ¿Ron?

Era evidente el miedo de Harry ante aquel espectáculo, moría por saber qué demonios había pasado. Una nueva explosión se sintió. Maldita sea, aquello en definitiva no era bueno.

— Nos atacan Harry, nos están atacando.

Trago saliva, no tenía que preguntar de quien venía es sorpresivo ataque, siempre supo que el que Bellatrix estuviera libre, no iba a traer nada bueno.


Y eso es todo por hoy, si, soy una malvada de lo peor por dejarlo aquí, pero es necesario (?) xD Bella vuelve al juego y la mortífaga favorita viene con ganas de matar (?) xD gracias a todos por su paciencia, por sus comentarios y por seguir pendientes de la historia, gracias de todo corazón :) en especial gracias a los que se toman el tiempo de comentar:

Sakura-Selene, Emily Pineda, merylune, Drys-1, Annie Thompson, Helenil, haher, OreoFresa y maru, ustedes se van a ir al cielo haha el capítulo va dedicado a ustedes, gracias de nuevo, y nos seguimos viendo.

Recuerden los comentarios son gratis :)