Hola a todos! Bueno por fin me tienen por aquí dejando capítulo, creo que en ésta ocasión no tarde mucho xD quise terminar este capítulo porque tengo un reto pendiente y dado el género debo concentrarme mucho en escribir . en fin, debo agradecer a los que se toman el tiempo de dejar un comentario, a quienes agregan a favoritos también, muchas gracias por leer, y por seguir aquí.
CAPÍTULO XXV
01 Septiembre 1997
Estaba nerviosa, a decir verdad, estaba aterrada.
Cualquiera calificaría su comportamiento como exagerado, ella misma en ocasiones sentía que así era pero, en esa ocasión sabía que algo malo había pasado.
— Hermione ¿Te puedes sentar por favor? Me estás mareando.
Con una mueca giro su cuerpo para darle la cara al buen Ron, que la veía como si hubiese enloquecido.
— No, no lo voy a hacer hasta que Harry…
— Te dije que está bien, no tienes nada de qué preocuparte.
Bufó molesta ante la respuesta de su amigo, él no entendía, el que Harry no hubiera ido a verlos desde que cruzaron la barrera de la estación, era raro, extraño y muy preocupante.
— Hermione, hablo enserio.
— Cállate Ronald, no sabemos si está en peligro, no sabemos si fue atacado…
Ante aquella posibilidad sintió como su pecho se oprimía. No, Harry estaba bien. O al menos eso quería creer, no estaría tranquila hasta que su amigo estuviera frente a ella.
— Hermione…
— Te he dicho que…
Pero no pudo terminar con sus palabras, ya que en ese momento vio una conocida cabellera negro azabache, acompañada de una pelirroja que ella conocía muy bien.
En esa ocasión el golpe y el dolor fueron incluso más insoportables que la última vez. Cerró los ojos después de ver como la pareja entre risas se metía a un compartimiento donde sabía iban a estar solos.
Con los ánimos por los suelos y tratando de superar aquella pesadilla que vivía cada vez que veía a aquel par juntos, se fue a sentar en silencio frente a Ron, su amigo, con una ceja enarcada le preguntó qué es lo que había pasado para ponerla de tal humor. Lo único que pudo hacer fue sonreírle falsamente e insistirle que no era nada, y es que, después de todo, no podía hablar con libertad ante el pelirrojo, después de todo, la pelirroja que causaba su desdicha, era su querida hermana.
Pasaron unos minutos en total y absoluto silencio, fue después de un buen rato que su amigo se aburrió de su compañía y le comunicó que iría a buscar a Luna. La mención de la rubia la hizo sonreír, como le gustaba la pareja que Ron hacía con su querida amiga. Una vez que el pelirrojo desapareció de su vista, ella se quedó sumida en la más profunda soledad, no dejaba de pensar en el cuadro que había visto hasta hace un momento, cualquiera pensaría, e incluso ella misma lo hacía, que después de un año de ver momentos como aquellos ella se había acostumbrado, incluso lo había superado, pero lamentablemente aquel amor que sentía por su querido amigo, aquel que llamaban su hermano, era algo más que un simple enamoramiento de adolescente.
Bufó molesta.
Era una estúpida. Harry era su amigo, jamás le dio muestras de sentir algo más por ella, si se había enamorado de él era por idiota. Molesta consigo misma, de un brinco se puso de pie y abrió la puerta dispuesta a dar una vuelta y aclarar su mente.
No pudo hacerlo.
Apenas dio un paso fuera de su compartimiento, choco contra alguien con tal fuerza que cayó de espaldas dándose un buen golpe. Le dolió hasta el alma, estaba por levantar la vista y reclamarle al causante de aquel accidente, cuando una pálida mano le fue ofrecida.
Su sorpresa al ver a Draco Malfoy ofreciéndole ayuda fue inmensa. Era verdad que los últimos meses el rubio no había sido tan cruel con ella, incluso había sido a su modo amable cuando la descubrió llorando a causa de Harry, las palabras que le dijo en aquella ocasión llegaron de golpe a su cabeza….
"No merece que estés enamorada así de él"
Fue la primera vez que el joven Malfoy se mostró en cierto modo amable, pero de eso a ayudar a una "sangre sucia" había mucha diferencia.
Tardó un segundo en superar su sorpresa, para cuando lo hizo y no queriendo ser grosera con el rubio acepto su mano, en un movimiento Draco Malfoy la puso de pie y le sonrió con burla, pero, en esa sonrisa había algo diferente…
— No sabía que te gustaba viajar en el suelo, Granger.
Tratando de recuperar un poco su orgullo, levantó la cara y sonrió de igual manera al rubio.
— Y yo no sabía que te gustaba ir en busca de damas en apuros para poder rescatarlas.
Apenas aquellas palabras salieron de sus labios supo que era una completa estupidez, espero las palabras de desprecio por parte del heredero de los Malfoy, pero esas palabras jamás llegaron, en su lugar, escuchó como el que fue su enemigo declarado por años, comenzaba a carcajearse.
Aquello sí que era una sorpresa.
Le dedicó una mirada de completa desconfianza al rubio, al instante que se dio cuenta de esto, él dejó de reír para verla con completa seriedad.
— Que no te sorprenda Granger, los malos también reímos.
Después de eso y sin esperarlo, Draco Malfoy hizo una absurda reverencia y se fue de ahí. Eso era extraño, muy extraño, pero…. Por alguna razón ella estaba sonriendo.
Algo le decía que ese año iba a ser diferente a los demás, aquel absurdo suceso era la prueba de ello.
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Apretó su mano con fuerza mientras recargaba todo el peso de su cuerpo en la pared más cercana. Con una mueca en los labios vio aquella mano que hasta hace un momento había ayudado a Granger a levantarse.
Maldijo por lo bajo.
No le gustaba comportarse de ese modo, no le gustaba ser el títere de nadie.
Molesto con él mismo y hecho una furia, comenzó a caminar tratando de aclarar su mente. El verano pasado cuando su madre le había dado la noticia de su misión se sintió asqueado, él no quería ser un asesino.
Pero la orden había sido clara, era Granger o él…. Y ahí estaba, haciendo de lado sus prejuicios para acercarse a aquella chica que por años despreció.
No es que le molestara estar al lado de aquella bruja… el año pasado cuando la encontró llorando en aquel rincón del castillo lo hizo por… bueno, no sabía aun porque lo hizo exactamente, pero ese momento llegó a creer que podía ser un poco menos cruel con ella, pero ahora… ahora todo era diferente.
Tenía que acercarse a ella eso era verdad, pero tenía que hacerlo porque le habían encomendado matarla…
Negó con la cabeza al sentir un extraño sentimiento que oprimía su pecho. No le gustaba, a decir verdad, odiaba aquella estúpida misión, odiaba a Voldemort, odiaba a su padre, odiaba a todos.
Pero sobre todo, odiaba ser un maldito mentiroso con aquella chica que sabía, le sonreía con sinceridad… aun cuando él, por años, la trato como basura.
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19 Septiembre 1997
Era un idiota, lo sabía, pero aun así no podía dejar de estar emocionado.
Esa mañana muy temprano había llegado el regalo que con tanto cariño escogió para Hermione, aquella compañera suya que tanto quería y que poco a poco estaba ocupando un lugar más especial en su corazón, no era de extrañarse que cualquiera quisiera a aquella mujer, después de todo era buena, incluso con alguien como él, incluso con Neville Longbottom.
Era por esa razón que ahí estaba, saltándose una de las clases para ir al invernadero a robar unas cuantas flores, deseaba darle a Hermione el mejor regalo de su vida.
No le importaba que lo acusaran con el temible director Severus Snape, podía lidiar con aquel profesor, después de todo ya tenía años de experiencia. Así pues, con mucho cuidado se encaminó a uno de los invernaderos que sabía a esa hora estaba solo y tenía las mejores flores que él había visto en aquel castillo. Al llegar a su destino, se extrañó al ver que la puerta estaba entre abierta. Sin darle importancia, entró en el invernadero y se propuso a cumplir su misión; pero no había cortado ni dos flores cuando escucho unas voces.
Con mucho cuidado y arrastrándose por el suelo, escuchó la voz de su querido nuevo director, casi le da un infarto, su suerte era pésima, el día que se saltaba una de las clases se iba a encontrar al temible Snape. Estaba por dar media vuelta y huir de ahí cuando se dio cuenta que el mago no estaba solo.
— Tiene que morir.
Sabía que no tenía que escuchar aquella conversación, pero por curioso o por tonto, se quedó ahí. Trato de controlar su respiración, no quería ser descubierto por algo tan simple.
— No, no va a morir nadie.
— Pero…
— ¡He dicho que no!
Escuchó unos pasos y entonces se animó a asomar su cabeza, misma que estaba oculta por una planta. Quería saber quién era la persona que hablaba con su ex profesor de pociones. Se movió un poco para poder descubrirlo pero no pudo ver nada.
— Severus, él es mi hijo.
— Y ella es mi protegida, no voy a permitir que tu cachorro le haga algo.
— ¡Si no lo hace me lo van a arrebatar, no quiero que maten a mi hijo!
— Ya te lo dije Narcissa, no voy a permitir que le hagas nada a Granger…
Fue como si el tiempo se hubiera detenido, el nombre de Hermione llegó a sus oídos y ahí se quedó dando vueltas, escuchaba palabras vagas de aquella pareja, no entendía mucho pero lo único que sabía era que aquella mujer quería acabar con su amiga… él no podía permitir eso, él la iba a cuidar… él daría su vida por ella…
— Pero…
— Podemos hacer otra cosa, esto va a ser complicado Narcissa pero no tenemos otra alternativa, si queremos que tanto tu hijo como Hermione estén con vida, tenemos que hacer unos cuantos sacrificios…
Más palabras sin sentido que intercambiaban aquel par, de lo poco que entendió es que en verdad no había otra salida, si Hermione quería salir con vida de aquella absurda guerra entonces…. Entonces…
No pensó demasiado, para cuando menos acordó estuvo de pie, el grito de la señora Malfoy le advirtió que se habían percatado de su presencia, él sentía que estaba en otro mundo, lo que paso en ese invernadero quedaría para siempre como un mal sueño en su cabeza.
— Entonces yo los voy a ayudar.
Escuchó gritos, maldiciones, amenazas, pero él no se inmutó, si Hermione corría peligro, él iba a hacer lo que fuera por salvar a su castaña amiga, él no iba a permitir que aquella mujer le tocara un pelo.
No sabría decir cuánto tiempo estuvieron amenazándolo, lo último que supo fue que a regañadientes el temible Severus Snape, aceptaba su ayuda.
Porque era eso o él los delataría, y algo le decía que eso no le convenía a su querido director.
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14 Noviembre 1997
Septiembre y Octubre pasó como una sueño, para cuando menos acordó estaba a mediados de Noviembre, aquello le preocupaba, y es que aunque las clases no eran un problema para ella, si lo eran las misiones que día a día Harry tenía que enfrentar, la guerra estaba cerca, lo sentía en los huesos, era por tal razón que pasaba horas en la biblioteca preparándose, si su inteligencia podía de ser ayuda a su amigo, entonces le iba a sacar el mayor provecho posible.
Un bostezo escapó de su boca y fue entonces que se dio cuenta de lo tarde que era, había pasado la mayor parte del día encerrada en aquel lugar buscando información de hechizos que le pudieran ser de utilidad, cansada tallo sus ojos, tal vez era hora de ir a la cama, no había cenado y la verdad era que no tenía apetito, así que guardo sus libros y fantaseo un poco con un buen baño caliente.
Guardaba el último libro en su mochila cuando sintió que no estaba sola, al girar su cuerpo se encontró con Draco, aquel rubio que la mirada desaprobatoriamente, esa reacción en su nuevo amigo la hizo sonreír, sabía lo que venía, muchas veces el rubio la había regañado por pasarse horas en aquella biblioteca.
Era extraño pero en los últimos meses, aquel mago que por años la trato tan mal, se había convertido en uno de sus amigos, con él pasaba horas estudiando, incluso en medio de regaños por parte del heredero de los Malfoy, y es que, lamentablemente él era uno de los pocos que conocía su amor hacia su amigo Harry Potter, y como era de esperarse, no lo veía con buenos ojos.
Aquellos meses donde Ron se la pasaba con su novia Luna y Harry repartía su tiempo entre Ginny y aquellas misiones que junto con la Orden del Fénix emprendían para derrotar a Voldemort, ella había quedado un tanto olvidada, no es que se quejara, después de todo ella entendía, pero igual le molestaba un poco, era por tal razón que ahora era normal ver a Hermione Granger acompañada de Draco Malfoy o de Neville, esos dos chicos se habían convertido rápidamente en buenos amigos.
— Sabía que estarías aquí.
— ¿Lo sabías?
— Por supuesto, cuando no te vi en el gran comedor…
— ¿Pendiente de mis movimientos, Malfoy?
Sonrió con burla al rubio, verlo rodar los ojos la hizo reír con más fuerza.
— Sabes que no es así, Granger.
Aunque se llamaban por su apellidos, era evidente que lo hacían con… amabilidad, incluso cariño, jamás pensó tener un vínculo como ese con Draco Malfoy, pero el rubio había cambiado mucho y la había apoyado como ningún otro, era curioso que una vez que el Slytherin dejaba de lado su orgullo y su arrogancia, en verdad era una persona decente.
Continúo guardando sus cosas, ahora que estaba de pie se dio cuenta de lo agotada que estaba.
— No has cenado.
— No tengo apetito.
Un gruñido se dejó escuchar por parte del rubio, ella suspiro.
— En verdad, yo no tengo…
— Potter volvió.
Aquellas palabras lograron que su respiración se parara por un segundo, hace dos semanas que Harry estaba fuera del castillo, según lo que les habían informado estaba bien, pero ella no dejaba de estar preocupada por su amigo, guardó sin cuidado sus cosas y comenzó a correr hacia la sala común. Si Harry había vuelto era obvio que lo encontraría ahí, noto que Draco seguía sus pasos, en un instante el rubio la tomo del brazo y la obligó a detenerse.
— Hermione…
— Déjame, debo ir a ver si…
— Lo llevaron a la enfermería.
No tuvo que escuchar más, sin esperar explicaciones comenzó a correr como alma que lleva el diablo, su respiración era agitada y sentía las mejillas enrojecidas, Draco la llamaba y le pedía que se detuviera pero no lo hizo, rápidamente estuvo en la enfermería y sin molestarse en tocar aquella puerta como un tornado entró en el lugar.
Ojalá no lo hubiera hecho.
Ver como Ginny devoraba a Harry como si no hubiera un mañana, era una escena que no le gustaba presenciar, se había acostumbrado, había aprendido a bajar el interruptor del dolor ante situaciones como esa, pero, igual seguía siendo molesto.
Preparó su ensayada sonrisa mientras Draco llegaba a su lado, su respiración era agitada y tardó unos segundos en recobrar la compostura, para cuando lo hizo, Ginny se separó de Harry y entonces ella pudo ver a su amigo.
Harry estaba tan demacrado.
La saludo con una sonrisa y ella se sintió destrozada, Harry tenía unas ojeras muy marcadas y cortes por toda la cara, una de sus manos estaba vendada y era evidente que le dolía hasta moverse.
— Harry…
Ginny la vio con mala cara, por algún motivo su amiga desde hace unos meses se estaba comportando de una manera muy extraña con ella, no entendía y la verdad no quería entender, sin importarle la grosería de la pelirroja, se acercó a su amigo y se puso de rodillas mientras tomaba su mano.
— Harry, que… que…
No podía pensar coherentemente ¿Qué demonios le había pasado?
Harry leyó la pregunta en su mirada, siempre habían tenido esa conexión, y ahora no fue la excepción.
— No es nada, sólo fue un pequeño ataque.
Trato de sonreírle pero lo único que consiguió fue una mueca de dolor.
— Harry, yo no…
— Harry necesita descansar Hermione, así que por favor retírate.
Entrecerró los ojos ante las palabras de la pelirroja, no es que le faltara la razón, Harry necesitaba descansar pero… ¿Por qué era tan fría con ella? Sabiendo que no tenía nada que hacer ahí poco a poco se puso de pie. Dibujó aquella falsa sonrisa en su rostro y le prometió a Harry que volvería pronto, su amigo asintió lentamente y entonces se fijó que el moreno ponía mala cara.
Sin entender a que se debía tal reacción, siguió la dirección de la mirada de Harry y entonces lo entendió todo. Harry, veía a Draco.
Sin ánimos de escuchar otra pelea entre ese par, dio media vuelta y tomó la mano del rubio para sacarlo de aquel lugar, si no lo hacía estaba segura que se pondrían a discutir y eso no era bueno para la salud de Harry, hasta que no desapareció de la enfermería no dejó de sentir la mirada de Harry taladrándole la espalda. No era un secreto que su amigo no aprobaba su repentina amistad con el rubio, según él, aquello no podría traer nada bueno, además de que él desconfiaba de Draco y aseguraba que tramaba algo, pero ella sabía que no, ella sabía que Draco jamás le haría daño.
— ¿Qué fue eso?
Se encogió de hombros.
— Ginny últimamente está insoportable pero eso no es lo que me preocupa…
La preocupación y dolor que estaba reprimiendo salió de golpe y la obligo a recargarse en una pared, le dolía ver a Harry en ese estado, cada vez que regresaba de una de esas misiones, regresaba peor, era verdad que no iba solo pero al parecer mantenerlo con vida cada vez era más complicado, eso le preocupaba, si Harry no salía vivo de esa guerra…
— Te preocupas demasiado por él.
Las palabras del rubio la tomaron por sorpresa y le preguntó a que venían.
— Potter no te valora Granger, siempre te ha tenido a su lado y creo que te da por algo hecho, creo que cometes un error al estar así de pendiente de él, no tienes ninguna obligación hacia él, no tienes por qué…
— Si lo tengo, él es mi amigo y yo daría mi vida por él, es nuestra única esperanza Draco, y no lo voy a dejar solo, voy a luchar ésta guerra con él.
Un poco molesta con el rubio, le arrebató su bolso y dio media vuelta alejándose de él, iba a unos dos metros del rubio cuando le pareció escuchar algo.
— ¿Qué dijiste?
Draco le sonrió tristemente y le dijo que nada, su amigo dio media vuelta y se alejó de aquel pasillo, ella solamente pudo enarcar una ceja, era extraño pero casi le pareció escuchar como el rubio le aseguraba que ella no iba a tener oportunidad de pelear esa guerra.
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22 Diciembre 1997
Era un completo desastre.
Mientras caminaba hacia la casa de su padres se dio cuenta que su vida no tenía remedio. Algo muy dentro de su cabeza le decía que ya era hora de dejarlo ir, no podía seguir lamentándose eternamente por un amor que simplemente no podía ser. Tenía que aprender a ser solamente la amiga de Harry Potter, tenía que superarlo.
Aquél día sin duda había tocado fondo. No podía seguir dependiendo de las migajas de aquel amor que tanto anhelaba, y sobre todo, no podía seguir soportando los ataques de celos de Ginny Weasley.
Se suponía que aquella fecha era para convivir con sus amigos, para disfrutar de la poca felicidad que tenían esos días, aquella noche no fue lo que espero, después de una cena un tanto incómoda por los comentarios groseros de la pelirroja, la fiesta se había terminado por arruinar cuando Ginny, frente a toda la familia le grito encolerizada que se alejara de su novio, y todo porque ella se había atrevido a darle un simple abrazo.
Patético.
No podía seguir soportándolo. Pero sobre todo no podía terminar de entender por qué Harry no movía un dedo para defenderla cuando su novia se ponía de histérica, si, ella sabía que estaba molesto con ella por su amistad con Draco Malfoy pero eso no era motivo suficiente para lanzarla a las garras de la menor de los Weasley.
Llegó por fin a su hogar y sin ánimos de entrar se sentó en la entrada, tenía que calmarse, no quería que sus padres vieran el desastre en el cual se había convertido. Limpió las lágrimas que habían quedado varadas en su rostro y suspiró.
Fue entonces que escuchó un ruido, levantó la vista justo para ver cómo alguien aparecía de la nada frente a ella. Abrió los ojos a causa de la sorpresa, estuvo a punto de hablar al ver ahí a su amigo Draco Malfoy, pero no lo hizo… no lo hizo porque algo en la actitud del rubio y de su adorada madre, no le gustó.
Trato de sacar su varita pero lamentablemente no fue tan rápida, en un rápido movimiento la señora Malfoy la desarmó, no entendía la situación, no comprendía por qué aquella mujer estaba fuera de su casa apuntándole con esa varita… bueno, si lo entendía, pero la verdad era que no quería creerlo, no quería creerlo porque Draco estaba con ella, el rubio estaba ahí viendo como su madre la amenazaba y él no hacía nada…. Le dolió.
— ¿Ni siquiera te vas a defender, Granger?
Apretó los labios pero no dijo palabra alguna, la sorpresa se había llevado su voz, sabía que ahí tenía un problema pero no por eso se iba a rebajar al nivel de aquella mujer, si aquel era su final… perfecto, lo aceptaría con orgullo, o al menos eso pensó hasta que desvió la vista hacia Draco… por meses creyó a aquel chico su amigo, por meses le confió sus penas… estúpida, era una completa estúpida… ahora comprendía que Harry siempre tuvo la razón, Draco se acercó a ella por un motivo… se ganó su confianza, se ganó su agradecimiento, su cariño… y todo, todo para conocer sus puntos débiles y ahora asesinarla.
Maldita estúpida, se merecía esa muerte, se la merecía por confiada.
— Veo que después de todo, nadie puede cambiar de un día para otro ¿Cierto Draco?
— ¡Cállate, estúpida sangre sucia!
Ante el grito de su madre, Draco pareció salir del trance en el que se encontraba, levantó la varita y entonces le apunto al pecho. Aquel movimiento sólo confirmo que era una ingenua… por un momento creyó ver algo en los ojos del rubio, era casi como si lamentara hacer aquello.
Vio como el rubio entre abría los labios y esto fue una señal de su final, entrecerró los ojos esperando el golpe, pero jamás llegó.
— ¿Draco, qué demonios esperas? ¡Mátala ya!
No pudo evitar reírse, había enloquecido, no sabía por qué pero la situación le causaba gracia.
— Si Draco, mátame ya.
No bromeaba, había sido engañada por aquel hombre y veía justo que tomara su vida, después de todo la engaño, además, desarmada no podía hacer la gran cosa, iba a morir aquella noche a manos de aquél que considero su amigo. Fue entonces que algo muy extraño pasó.
Draco Malfoy bajó la varita y le dedicó una mirada que la confundió.
Él la veía con vergüenza, cariño e incluso preocupación, aquello no tenía sentido. Fue cuando entendió que esa noche no iba a morir, al menos no a manos de Draco. Por un segundo todo a su alrededor desapareció, sólo fue consciente de la mirada de Draco Malfoy, aquél que considero su amigo, aquel que se veía tan arrepentido… pero entonces escuchó un grito.
— ¡Avada…!
— ¡Expelliarmus!
Aquello fue suficiente para hacerla actuar, corriendo y mientras los hechizos iban y venían tomó su varita, inmediatamente comenzó a defenderse, tardo un segundo en darse cuenta que Neville fue el que la salvó, no tuvo tiempo de agradecerle, ya que comenzó a atacar a Narcissa con la esperanza de que la bruja se fuera, no podía atacar a Draco, además, el rubio tampoco la atacaba a ella, fue una lluvia de hechizos, la pelea no duro ni diez minutos, en un instante Narcissa la miro con odio y tomando el brazo de su adorado hijo desapareció de ahí.
Tardó un rato en recuperar el aliento, para cuando lo hizo cayó al piso sin poder hacer nada por evitarlo, inmediatamente sintió unas manos que le daban pequeñas palmadas de apoyo. Al levantar la cabeza vio como Neville la veía preocupado.
— ¿Te encuentras bien?
Asintió sin poder hablar, aún no entendía que había pasado ahí.
— Gracias Neville, me salvaste.
— No tienes nada que agradecer.
Después de un momento y después de asegurarse que estaba bien, Neville se fue, antes se aseguró que estuviera dentro de su casa y segura. Una vez que su amigo desapareció no pudo evitar pensar en los acontecimientos de esa noche, aún no se reponía de haber visto a Draco, no podía creer lo ingenua que fue… la había utilizado, ahora lo veía muy claro todo, solamente se acercó a ella para que bajara sus defensas, para poder asesinarla fácilmente…
En ese momento la mirada que le lanzó el rubio llegó a su cabeza. Si no fuera porque se juró en ese momento jamás confiar en un Malfoy, casi, casi podía jurar que lo que vio en aquella mirada fue dolor, dolor por querer hacerle daño.
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23 Diciembre 1997
Siempre supo que si Severus se llegaba a enterar de su fallido ataque a Granger iba a tener un grave problema, ahora, mientras el mago se paseaba enfurecido frente a ella supo que tuvo razón.
Pero, aunque ese ataque era algo que no debía hacer, no se arrepentía de ello, ahora, gracias a eso sabía de los sentimientos de si hijo, sentimientos que tenía hacia la sangre sucia y que le asqueaban. Era verdad que hace tiempo tenía un plan con Severus y con el idiota de Neville, ese tonto que la había acusado. Pero ese plan no le gustaba, y era por eso que había intentado lo de la noche anterior, ahora, después de fallar había entendido que no tenía de otra más que aceptar las ideas de aquel mago, mismo, que justo ahora quería mandarla al demonio, pero eso no lo iba a permitir.
Severus podía amenazarla, atacarla, maldecirla, lo que fuera pero ella no iba a dejar que la sacaran de aquel plan tan fácilmente, aquel mago era la única oportunidad
— Estás fuera.
— No, no lo estoy.
Apretó los dientes y se puso de pie, encaró a aquel hombre y le dejó claro con su actitud que no iba a permitir que la sacaran de eso.
— Lo estás, casi matas a Granger ayer, no voy a permitir que la pongas en peligro.
— Eso lo sé ahora, lo de ayer fue un acto de desesperación, no me puedes culpar por querer salvar a mi hijo.
Severus bufó y le dio la espalda.
— Si Longbottom no hubiera estado ahí…
— Si ese idiota no hubiera estado ahí, tú y yo no tendríamos ésta plática.
En ese momento Severus se giró hacia ella con la furia ardiendo en sus ojos, pero, eso no la doblegó, soporto aquella guerra de miradas y algo debió ver Severus en sus ojos, ya que se limitó a suspirar y encaminarse hacia la salida. Se detuvo cuando llegó a la puerta, sin voltearse le dijo las palabras que sin duda serían el motivo de que ella jamás volviera a intentar algo contra la sangre sucia.
— Si vuelves a intentar algo estúpido como lo de ayer, yo haré lo mismo con tu hijo, tú le haces algo a Granger, y yo asesino a tu querido retoño.
Severus salió de la habitación con un portazo. Ella solamente se limitó a dejarse caer en un sillón. Con una amenaza de ese tipo iba a ser incapaz de levantar un dedo contra la sangre sucia. Furiosa apretó los dientes. No había duda que sin querer, Granger se había conseguido un protector muy comprometido con su causa.
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25 Diciembre 1997
Desde que había conocido el mundo mágico, ese había sido uno de los pocos años en los cuales no se había pasado las vacaciones en la madriguera, no es que no quisiera, no es que no lo deseara, simplemente no podía.
No podía porque aquella era la casa de Ginny, y en ese momento la pelirroja no podía verla sin gritarle que se alejara de su novio. Aunque sabía que Ginny tenía motivos para pedirle eso, no la comprendía, y es que, según ella nadie conocía sus sentimientos hacia Harry Potter, era por eso que estar ahora en su casa abriendo los regalos que sus padres le dieron, era un poco deprimente.
Podía ser una ingrata pero añoraba estar con sus amigos.
— ¿No te gustó, cariño?
Parpadeo volviendo a la realidad ante la pregunta de su preocupada madre. Sonrió y negó con la cabeza.
— Por supuesto que me gustó mamá, es adorable.
Sonrió de la manera más convincente que pudo, pero el ceño fruncido de su adorada mamá le dijo que lo había convencido.
— Los extrañas.
Ante aquellas palabras lo único que pudo hacer fue encogerse de hombros, no tenía caso negar lo evidente. Abrió la boca para decir algo pero en ese momento el timbre de la puerta se dejó escuchar.
Era un poco extraño, no esperaban visitas, y menos el día de navidad a las nueve de la mañana. Su adorado padre se puso de pie y fue a abrir la puerta, ella se quedó en la sala esperando para ver a la sorpresiva visita, fue entonces que escuchó un ruido extraño, un pequeño grito por parte de su padre y después un golpe seco al caer algo.
Trago saliva.
Ante la mirada nerviosa de su madre de un brinco se puso de pie con varita en mano. Lentamente se acercó a la puerta y al hacerlo vio el cuerpo inconsciente de su padre tirado en el suelo. Fue como si el peso del mundo le cayera encima.
Sin detenerse a buscar al atacante del cual no había ni rastro se tiró junto a su padre y con lágrimas en los ojos le pidió que reaccionara. Sintiendo el terror en cada célula de su cuerpo, busco el pulso de su padre y afortunadamente lo sintió. Fue en ese momento que escuchó unos pasos.
Al levantar la vista y al ver a Neville ahí, con varita en mano viéndola como si se estuviera disculpando de algo, fue suficiente para saber quién había atacado a su padre.
En un rápido movimiento estiro su mano hacia su varita, misma que se le había caído hace apenas unos momentos; no pudo alcanzarla. A sus espaldas escucho los gritos de su madre y entonces comprendió que su querido amigo no estaba solo.
— ¿Por qué?
Se sentía traicionada, usada, por segunda vez había experimentado el dolor de saberse engañada, primero Draco, ahora Neville… al parecer lo único que sus amigos buscaban de ella era matarla.
Neville no respondió su pregunta, se limitó a sonreír tristemente y apuntar su varita hacia ella.
— Porque te quiero.
Fue lo último que escucho, después un hechizo impactó contra su pecho y no supo más, ella no lo sabía, pero esa sería la última vez que recordaría ser Hermione Granger, una bruja, la mejor hechicera que había pisado Hogwarts en años, la mejor amiga de Harry Potter, ese día le robarían sus memorias.
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26 Diciembre 1997
— Jean Grey Simons, nacida el 19 de Febrero de 1980, Benjamín Grey Simons, nacido igualmente el 19 de Febero de 1980, hermanos; sus padres, Alan Grey y Jean Simons, muertos en accidente automovilístico 1997.
Escuchó las palabras de Severus en el más absoluto de los silencios, por dentro moría por gritarle a aquel mago, maldecirlo eternamente por hacerle eso a su hijo, pero no lo hizo, no lo hizo porque aquel engaño era la vía de escape de su pequeño, aunque no le gustara para nada que a partir de ahora aquel par se llamara hermanos, sin duda era mejor a que su hijo estuviera enamorado de esa maldita sangre sucia.
Sin saber que decir y sabiendo que Severus esperaba su opinión, dijo lo primero que se le ocurrió.
— ¿Jean? ¿Es una broma? ¿Por qué no le cambiaste más el nombre? Es muy parecido a Jane, ¿Por qué les cambiaste la fecha de nacimiento? Granger ni siquiera nació en ese año, ella no…
— Ella ya no es Hermione Jane Granger, ahora es Jean, y es un año menor a Hermione; Jean Grey Simons, 17 años, recuérdalo bien Narcissa, Hermione Granger y Draco Malfoy están muertos.
Mordió su labio ante aquellas palabras, le dolía dejar ir así a su hijo, porque estaba renunciando a él, jamás le iba a decir mamá de nuevo, estaba sacrificando a su querido hijo por mantenerlo con vida. Guardó en lo más profundo de su corazón aquel dolor que la mataba poco a poco, trato de convencerse que valía la pena, y que aquella era la única manera de mantenerlo con vida.
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01 Enero 1998
Estaba inquieto.
Habían pasado ya ocho días desde la última vez que supo algo de Hermione, su amiga nunca se había desaparecido por tanto tiempo, y aunque era normal que no quisiera saber nada de él después de lo que pasó en aquella cena y de los infantiles celos de Ginny, sentía que algo no andaba bien.
Había mandado varias cartas a su castaña amiga, hasta ahora no había tenido respuesta de ninguna.
Algo en si interior le decía que algo había pasado, y había hablado de esto con los demás pero todos le decían que estaba exagerando, él sentía en sus huesos que no era así, algo le había pasado a Hermione, lo sentía, lo presentía… y si ese presentimiento resultaba ser verdad, sabía que sería su culpa… solamente su culpa.
De un brinco se levantó de aquella cama, era hora de ir a buscar a Hermione, quería verla, saber que estaba bien… apagar aquella angustia que sentía en su pecho, abrazarla, disculparse con ella… la quería a su lado, la necesitaba a su lado…
— ¿Harry?
Al ver a Ginny no pudo evitar dibujar una mueca en su rostro, desde que le había armado aquella escena a Hermione y a él, la pelirroja no lo tenía muy contento, aún no le perdonaba que hubiera acusado a su amiga de estar robándoselo, arrebatándoselo como si sólo fuera un objeto.
— No me molestes Ginny, voy a salir.
La sorpresa en el rostro de su novia fue evidente.
— ¿Salir? ¿A dónde?
— Voy a buscar a Hermione.
Vio el enojo aparecer en su rostro; sus orejas, al igual que las de su hermano se ponían coloradas cuando se enfurecía, aun así no le hizo caso y haciéndola a un lado abandono la habitación, sintió como Ginny lo seguía y cuando iba bajando las escaleras su novia por fin le habló.
— No es tu obligación ir en su busca, no es una princesa en apuros Harry.
— No lo es, pero es mi amiga y siento que me necesita.
Sin hacerle más caso continuo bajando, la voz de su novia se escuchó en la distancia mientras se alejaba más de ella, Ginny ya no lo seguía.
— Yo también te necesito.
Sonrió de medio lado y sin detenerse giro la cabeza hacia la pelirroja.
— Pero ahora yo la necesito a ella.
Sin detenerse a escuchar el berrinche de su querida novia, sin avisarle a nadie salió de aquella casa. Entre más tiempo pasaba se sentía más ansioso, en verdad necesitaba ver a Hermione, la necesitaba tanto… solamente quería abrazarla, sentirla a su lado y saber que estaba bien, porque si algo le había pasado… no… simplemente no podría vivir sin ella, simplemente no podría…
-OOOoooOOO-
El dolor de cabeza era simplemente insoportable, hasta hace un momento se encontraba sumida en un profundo sueño, donde de vez en cuando recordaba aquella vida que le fue arrebatada… aun podía escuchar una voz que le decía que todo era verdad, aún podía sentir el dolor en su cabeza, las lágrimas, los recuerdos, todo…
Pero ahora no estaba dormida, ahora estaba de pie vagando por aquel desastre. Había fuego por todos lados. Parpadeó y sintió el humo y tierra entrar en sus ojos, tosió cuando respiro una bocanada de aquel caos.
No comprendía que había pasado, y es que en un momento estaba vagando por aquellos recuerdos y al otro había despertado en medio de un desastre; alguien la había obligado a despertar. Apenas lo hizo, vio que en la cama donde se suponía debería estar Draco… Benjamín, no había nadie.
A decir verdad en aquella habitación no había nadie más que ella, fue por eso que apenas se pudo poner de pie comenzó a vagar sin rumbo buscando respuestas, lo que encontró fue una pesadilla, gente gritando y corriendo mientras otros carcajeándose del dolor ajeno disfrutaban haciendo sufrir a los demás. Fue cuando comprendió que aquello en definitiva no era bueno, que fue a esconderse a un pequeño rincón, algo en sus venas la quería obligar a levantarse y hacerle frente a aquellos desgraciados, pero no podía, no podía porque no tenía con que defenderse.
Necesitaba urgentemente encontrar a alguien.
Necesitaba a Harry.
Y es que, por más que evitaba pensamientos pesimistas, no podía dejar de pensar en la posibilidad de que su amigo no tan amigo, necesitaba su ayuda.
Escuchó un grito.
Segundos después pudo ver como una pequeña niña corría frente a su escondite huyendo de alguien, bastaron unos momentos para ver a un hombre con la sonrisa más retorcida y malvada que había visto, levantaba una varita y apuntaba a la pequeña niña, la pequeña cayó, aquél hombre rio y ella simplemente no pudo más.
Sacando fuerzas de algún lado con un grito de impotencia se puso de pie y se lanzó contra aquel hombre, la sorpresa jugo a su favor y por eso pudo desarmar a aquel mago, pero su buena suerte no duro demasiado, antes de poder hacer otra cosa, sintió un dolor terrible en su pecho, en un segundo fue a parar al suelo y para cuando se dio cuenta se percató de que otro atacante le había lanzado algo, algo con aquella varita que con tanta fuerza sostenía.
— Pero mira que tenemos aquí.
El recién llegado lamio sus labios en un gesto tan obsceno que por un segundo estuvo tentada a desviar la vista, pero no pudo hacerlo, el dolor en su pecho era simplemente insoportable, eso, aunado a su terrible dolor de cabeza, la tenían hecha polvo. Tuvo la fuerza suficiente para percatarse que la pequeña a la cual trato de defender había escapado. Al menos eso había salido bien.
— Granger, tanto tiempo buscándote.
Que ese desconocido la llamara por su nombre fue extraño, le disgustó, quiso negarlo, quiso decirle que se equivocaba, que era no era Hermione, que ella era Jean Grey.
— Que… quién…
Le sorprendió que incluso fuera incapaz de hablar. Trago saliva mientras entrecerraba los ojos. El desconocido se puso a su altura y en un rápido movimiento colocó la mano en su cuello y comenzó a asfixiarla. Ella abría y cerraba la boca, trato de defenderse pero no pudo hacer mucho, sentía que perdía la consciencia cuando algo extraño pasó.
— ¡Expelliarmus!
Aquella mano que la asfixiaba desapareció y pudo recuperar el aliento, el mundo daba vueltas pero aun así se pudo dar cuenta que el que la había rescatado no era otro que Harry Potter, aquél amigo suyo que en ese momento se enfrentó a los dos hombres que hasta hace un momento la atacaban. Tirada en el piso vio cómo su amigo se desenvolvía con soltura en batalla, era como si hubiera nacido para eso, le sorprendió ver aquellos movimientos, aquella agilidad, era extraño verlo de ese modo, seguro de sí mismo.
Respiro profundamente mientras su amigo seguía luchando, tenía que recuperar las fuerzas, podía sentir el fuego sobre su espalda, el desastre estaba avanzando y si no se daban prisa seguramente iban a quedar atrapados. Trato de ponerse de pie y en ese momento se topó con la varita que aquel hombre había usado para atacarla, era la primera vez que tenía una en su mano….
No.
La imagen borrosa de su propia mano tomando con fuerza y seguridad una conocida varita llegó en ese momento a su cabeza.
Ahogó un grito cuando el dolor de cabeza aumento. Le dolía, se sentía fuera de lugar, sentía que flotaba… sentía…
— Hermione, Hermione…
Abrió los ojos de golpe, aún tomaba con fuerza aquella varita y vio que Harry había terminado por fin con sus atacantes y ahora estaba a su lado, viéndola con preocupación. Fue en ese momento que se percató del desastre que era su amigo, tenía sudor, sangre y mugre por todo el rostro, incluso llegó a ver una pequeña quemadura a la altura del cuello, pero al parecer eso no le importaba al moreno.
— Hermione, ¿Por qué estás aquí? ¿Quién te despertó? ¿Por qué no te quedaste con Narcissa?
— ¿Narcissa?
El nombre le sonaba extraño, nada familiar. Le basto un momento recordar que ese era el nombre de la que se decía madre de Draco… de Benjamín. Era raro, pero cada vez que pensaba en el rubio, le costaba más verlo como Benjamín Grey, algo dentro de su cabeza le gritaba que era Draco. ¿Qué le habían hecho?
— Hermione, Hermione….
Sintió las manos de Harry tomando su rostro, ella sacudió la cabeza tratando de concentrarse, no sentía bien, se sentía extraña.
— No… no había nadie, yo… yo no sé…
Fue cuando vio el rostro y la molestia del moreno que lo comprendió. Al parecer la tal Narcissa era la encargada de protegerla. Era obvio que no lo había hecho.
— Maldita mujer, seguro se llevó a Draco y te abandono.
Harry apretó los dientes furioso.
— Adam… Harry… yo… yo no sé.
— Hermione, tenemos que sacarte de aquí no estás bien, tenemos que buscar a…
Pero no pudo terminar de hablar ya que en ese momento una explosión sacudió el piso. ¿Qué demonios estaba pasando?
— ¿Harry, qué… por qué… quién hace esto?
No pudo evitar recordar aquel mensaje que habían dejado hace tiempo, algo le decía que el responsable de aquella barbaridad era el mismo que la proclamaba como suya. Vio en el rostro de Harry que no se equivocaba.
— Hermione escúchame, necesito que te concentres, necesitamos sacarte de aquí, ¿me entiendes?
Asintió lentamente, entendía las palabras de Harry pero su cuerpo y su mente parecían no querer comportarse bien, se sentía tan extraña, era como si no tuviera control de sus pensamientos y sus emociones. Fue cuando Harry la ayudaba a ponerse de pie que escucharon como alguien se reía.
— Vaya, vaya, debo admitir que no esperaba este regalo de tu parte Potter.
Se giraron al mismo tiempo, ella y Harry vieron como una mujer con una mueca de odio y despreció llegaba ante ellos, por alguna razón ella se estremeció de pies a cabeza, no le gustaba, no confiaba en aquella mujer.
— Bellatrix.
El desprecio en la voz de Harry era tan palpable… el moreno se colocó protectoramente frente a ella y este gesto logro que la mujer apretara los dientes con fuerza.
— Dame a Granger y te dejaré vivir Potter, después de todo, ésta fiesta es por ella.
Tardó un segundo en comprender que aquel desastre era por su culpa. Claro. Si la buscaban era obvio que atacaran a aquellos inocentes para poder llegar a ella, tantos niños, tantos inocentes….
— Entrégate y terminemos con esto Bellatrix, Voldemort ya no está aquí para ayudarte, tu tiempo paso, entrégate y entonces…
Pero no pudo terminar de escuchar lo que Harry iba a decir, ya que en ese momento la tal Bellatrix comenzó a chillar, maldijo, gritó y en un rápido e inesperado movimiento, comenzó a atacar.
Harry la soltó sin mucho cuidado, cayó una vez más al piso junto a aquella varita que hasta hace un momento había tomado, escuchó como la gente seguía gritando, sintió el calor del fuego en su espalda y vio como Harry y aquella mujer se debatían en una lucha que nada tenía que ver con la que había presenciado hasta hace un momento, era cierto que Harry era bueno pero aquella mujer lo era de igual manera, y por lo que pudo notar también era cruel. Lanzaban rayos a diestra y siniestra, pudo ver en los ojos de aquella mujer un auténtico despreció, vio por el semblante de Harry que no iba a permitir que esa mujer se le acercara pero a cada momento que pasaba aquella desconocida ganaba más terreno, era obvio que el odio que sentía la impulsaba a ser mejor.
Sacudió la cabeza una vez más ya que en ese momento un nuevo dolor de cabeza comenzó a aparecer, su vista se empezó a nublar y ella sólo pudo maldecir el momento, no era el tiempo de tener un ataque, quería ayudar, quería dejar de ser la pobre chica a la cual le habían robado sus recuerdos, quería volver a ser Hermione Granger, porque si algo había aprendido los últimos meses era que Hermione era fuerte, inteligente y muy, muy poderosa. Si ella seguía siendo esa mujer ¿A dónde había ido a parar esa magia, ese poder?
Pero no pudo seguir divagando ya que en ese momento una sacudida la volvió a la realidad.
Lo que vio la aterró.
Harry estaba tirado semi-inconsciente a unos metros frente a ella, aunque era obvio que estaba muy herido, el chico trataba aun de defenderse. Aquella escena le rompió el alma.
Caminando hacia él con una sonrisa de burla y despreció en el rostro estaba esa mujer.
— Creo que has perdido el toque, Potter.
Vio como paso a paso aquella mujer se acercaba hacia Harry. Tenía que hacer algo, tenía que moverse…
En ese instante la mujer volteo hacia ella y su sonrisa se ensancho aún más.
— Granger, diría que es un honor pero no es así, debí decir que yo creía que en este momento estarías ardiendo en el infierno, la estúpida de mi hermana nos engañó, pero yo haré lo que mi señor deseaba, yo me encargare de que tú, chiquilla estúpida, estés donde tienes que estar. Pero antes, tengo una cuenta pendiente con Potter.
Dejó de prestarle atención y se concentró en Harry, el moreno trataba de ponerse de pie inútilmente, verlo ahí, tan herido y con tantas ganas de defenderla le dio la fuerza que necesitaba.
Hace nueve años le habían robado su vida, hace nueve años la habían apartado de sus amigos, hace nueve años le habían inventado una vida… pero de algo estaba segura, ella seguía siendo Hermione, con recuerdos o sin ellos, ella seguía siendo una bruja, la mejor que había pisado Hogwarts en años… o al menos, al menos eso esperaba.
Todo pasó en cámara lenta.
Vio como aquella mujer sin prestarle atención levantaba la varita apuntando hacia Harry, vio como el moreno trataba de defenderse hasta el último momento, se vio a ella misma tomar con fuerza aquella varita que no le pertenecía, si aún había magia dentro de ella espera que en ese momento saliera, si aún había algo de Hermione Granger en ella, era hora de que saliera a la luz.
Solamente necesitaba ganar tiempo para Harry, solamente eso.
Abrió la boca, la cerró al instante cuando sintió aquellas palabras extrañas queriendo salir de sus labios, sacudió la cabeza y en un rápido movimiento lo hizo.
— ¡Expelliarmus!
Fue sin pensar, fue sin planearlo del todo, fue como si su brazo recordara lo que ella no hacía, se movió de una extraña manera y justo cuando esas palabras salieron de sus labios, y justo cuando aquella mujer levantaba la vista hacia ella extrañada, aquel rayó impacto en el pecho de esa mujer y con una fuerza increíble la lanzó contra la pared más cercana.
No tuvo tiempo de asombrarse por su atrevimiento, ya que en ese momento y a causa del impacto de aquel cuerpo, el suelo comenzó a moverse de nuevo. Fue cuando lo comprendió, el fuego y los destrozos de aquellos desconocidos habían dañado la estructura de aquel hospital. Justo cuando lo comprendió vio como parte del techo comenzó a venirse abajo, tuvo el tiempo suficiente para gritarle a Harry, lo último que vio fue la sorpresa en aquellos ojos verdes que tanto le gustaban.
— Harry.
Después, no supo nada más.
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Un sanador limpiaba sus heridas mientras veía como cientos de personas desfilaban ante sus ojos, entre aurores, reporteros, sanadores y toda clase de civiles, aquel lugar sin duda llamaría la atención de los muggles, pero no podían hacer otra cosa, después de todo San Mungo había sido atacado y la mitad del edificio había colapsado.
Todo por la estúpida de Bellatrix y su infantil juego de vengarse de Granger y compañía. En verdad, como despreciaba a esa mujer, y es que fue por su culpa que todo se había descubierto, fue por su culpa que su gran plan se había derrumbado, fue por su culpa que estuvo a nada de fallar la promesa que le hizo a su buen amigo Dumbledore.
Hace un momento habían sacado inconsciente a Hermione y a Potter, ambos con heridas graves y de consideración pero según los sanadores saldrían bien librados de aquél ataque.
Esas palabras solamente lograron enfurecerlo más. No podía permitir otra situación como esa, no podía poner en peligro a Granger de nuevo, y por supuesto no podía confiar en nadie más para hacerlo, ahí estaba el ejemplo, Narcissa se había largado llevándose a su pequeño retoño con ella dejando desamparada a Hermione, aun cuando él le ordenó que la cuidara, la maldita mujer la había dejado atrás sin importarle nada. No podía confiar en nadie.
El sanador siguió limpiando sus heridas mientras él pensaba que simplemente no podía permitir que Hermione volviera a ser parte del mundo mágico, aquel lugar era demasiado peligroso para ella, él había hecho una promesa y no iba a permitir que algo le pasara a aquella chica que aunque odiaba decirlo, en el paso de los años había aprendido a apreciar.
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Una pierna fracturada, un brazo hecho pedazos e incontables cortes y heridas fue el resultado de aquel ataque a San Mungo. No podía quejarse, después de todo algo le decía que le había ido bien, no a cualquiera le caía medio techo encima y podía decir que sobrevivió.
Aun así sus incontables heridas no era lo que más le preocupaba, lo que más lo hacía era que entre esos escombros donde lo habían rescatado junto con Hermione, no habían encontrado ni rastro de Bellatrix.
Seguía sin creer el modo en el cual había terminado aquello, justo cuando pensaba que sería su fin, llegó Hermione de la nada y con un simple expelliarmus salvó su vida, era cierto que a causa de esto el techo colapso pero eso no era su culpa.
Habían pasado ya varios días y afortunadamente él y Hermione se estaban recuperando satisfactoriamente de sus heridas. Pero seguía estando intranquilo. No era el hecho de que Narcissa se hubiera largado llevándose a Draco con ella, no eran esos dolores de cabeza que día a día atacaban a Hermione, no era el hecho de que había días que Hermione no dejaba de gritar y a veces, simplemente se quedaba viendo a la nada y hacían falta horas para que volviera en sí, no, lo que sin duda le preocupaba era esa extraña actitud del falso doctor Patterson, algo planeaba, lo sentía, lo presentía, y la verdad no le gustaba esto.
Desconfiaba de él pero no podía hacer nada por deshacerse del hombre, ya que era el único que podía ayudar a Hermione, la castaña no paraba de preguntar por Draco, todos le decían que no tenían ni idea de dónde estaba, algo le decía que la señora Malfoy iba a volver una vez que se asegurara de que no había peligro para su pequeño retoño, la verdad, eso era lo mejor, no tenía ganas algunas de ver a aquel rubio sin chiste.
— ¿Harry?
Parpadeó volviendo a la realidad, fue hasta ese instante que recordó a Ginny, la cual había ido aquella mañana a visitarlo, aunque había cierta desesperación en la chica por volver a su lado, lo reprimía muy bien y ahora solamente se comportaba como la pequeña hermana de su mejor amigo, o al menos así era con él, con Hermione era diferente, no la volteaba ni a ver.
— ¿Que pasa Ginny?
— Te decía que si necesitabas algo.
— Estoy bien, gracias.
— Yo no sé…
— Necesito hablar con Hermione.
Era un desconsiderado, lo sabía muy bien pero no podía controlarse, a cada segundo que pasaba separado de la castaña sentía que le faltaba el aire, se sentía solo e incluso desamparado. Era un exagerado pero era lo que sentía.
Vio como Ginny hacia una mueca e inesperadamente se ponía de pie.
— Si tanto quieres estar con ella lo hubieras dicho desde un principio y así me ahorraba la visita.
Suspiro. Ginny, tan dramática como siempre. Ignoró a la pelirroja y esto basto para que se fuera hecha una furia de su habitación.
Los últimos días cientos de personas se habían encargado de restaurar San Mungo, ahora había falta de camas pero él como auror tenía cierto trato especial. Más de la mitad del hospital estaba destrozado, pero el contar con magia era una buena ayuda en cuanto desastres se trataba.
Sin poder contenerse por ver a Hermione y sabiendo que su amiga estaba en la habitación de al lado, bien custodiada por aurores, como pudo se puso de pie y comenzó a caminar lentamente hacia la habitación de su amiga. Tardó mucho en llegar, aunque su pierna estaba prácticamente curada, aún le dolían un poco los golpes que se había dado en la cadera.
Los aurores que custodiaban la habitación de su amiga lo saludaron con una inclinación de cabeza y lo dejaron pasar, al entrar vio que su castaña amiga estaba durmiendo, a su lado y viendo hacia la ventana se encontraba el falso doctor Patterson.
— No deberías estar aquí, Potter.
Le sorprendió que aquel hombre hubiera sabido que era él sin siquiera voltearse. Sin prestarle atención y sin ganas de discutir decidió ignorar el comentario y poco a poco se acercó a la cama de su amiga. La vio dormida y eso le dio una paz que jamás creyó sentir, con Hermione a su lado se sentía tan completo. Sonrió como un completo idiota.
— ¿Cómo se encuentra?
— Podría estar mejor.
— ¿Qué quiere decir? ¿Son sus heridas o es….?
El falso doctor se volteó hacia él y vio algo en su mirada que no le gustó.
— Es esa vida que le arrebatamos y que se resiste a volver.
— Pero creí…
— No te voy a mentir Potter, me sorprende que esté reaccionando tan bien al tratamiento pero, como ya te lo dije una vez nada es seguro, hay días cuando ella se pierde en sus pensamientos que temo no pueda ser capaz de traerla de vuelta, hay días cuando grita que no sé cómo calmar su dolor.
Aquellas palabras le preocuparon, no creía que las cosas estuvieran tan mal, por un momento creyó que era cuestión de tiempo para recuperar a su amiga, ahora, con aquella declaración ese futuro lo veía lejano e imposible.
— Entonces que…
— Este mundo no es para ella.
Las palabras del falso doctor lo desconcertaron y lo obligaron a verlo a los ojos.
— No comprendo, este es su mundo, ésta es su vida.
Aquel hombre sonrió con burla.
— Bonita vida, esperar el próximo ataque, temerle al próximo loco que se crea con el poder suficiente para enfrentarse a ti y hacerle daño a ella, todo porque tú la amas.
Tragó saliva. No le sorprendía que dijera esas palabras, que él supiera que estaba enamorado de la castaña, pero, aunque le molestaba no podía dejar de pensar que tenía razón. Por un momento pensó en esa vida que su amiga llevó por nueve años, como una muggle común y corriente, con una vida y una carrera por delante, con una vida libre de amenazas, de magia negra, de locas que quisieran arrebatarle la existencia. Lo comprendía, por supuesto que sí, muchas veces se sorprendió a él mismo pensando que estaba agotado de ese modo de vivir, que estaba cansado de aquel mundo mágico donde todos lo consideraban una celebridad y ni siquiera lo veían por lo que era. Lo entendía pero, aunque lo comprendía no le gustaba que ese hombre se lo dijera.
Apretó los labios hasta dejarlos en una línea muy delgada, acarició el rostro de su amiga y habló.
— No será justo ni la vida ideal pero es su vida, ella debe recordar, ella debe de saber…
— Eres un egoísta Potter, todos sabemos que tu urgencia porque ella recupere esos recuerdos, es que sepa quién eres en verdad, es que te quiera como hace nueve años.
Esas palabras dolieron, y dolieron porque sabía que eran verdad. Aun así no lo iba a aceptar, no iba a permitir que aquel desconocido…
No pudo terminar de hablar ya que ese hombre se acercó en ese momento hacia él y Hermione.
— Tengo que pedirte algo Potter, y quiero que me escuches con mucha atención.
Hizo una mueca, algo le decía que lo que le iba a decir aquel hombre no le iba a gustar, no le iba a gustar para nada.
Y eso es todo por hoy, en verdad espero que les haya gustado, como pudieron notar este capítulo fue más que nada para explicar el como pasaron las cosas 9 años atrás, debí cambiar la fecha de nacimiento de Jean y Benjamín para que me cuadraran los años xD Si tienen alguna duda por favor no duden en decírmela, en ésta ocasión contestare directamente :) y espero sus comentarios, ya saben que son gratis :B
Por otro lado, tenemos el nombre de Hermione, sé que JK dijo que era Jean... pero vamos antes había dicho que era Jane y me gusta más ese (?) así que para mi sera Hermione Jane Granger D:
Ya para terminar, repito que nos acercamos al final, tengo planeado uno o a lo mucho dos capítulos más... así es gente, esto llega a su fin, creo que ya es tiempo... como sea gracias por leer y por comentar.
Annie Thompson: Me alegra mucho saber que te gusto el capítulo, un saludo :)
Camila: Muchisimas gracias por el comentario y por los buenos deseos, bendiciones para ti también n.n
merylune: Me dio mucha risa tu comentario y lo amé xDDD te prestaré un rato a Neville a ver si entiende el hombre xD eso de que Hermione y Draco se curen... aún no estoy segura que pase :B soy algo ingrata xD pero bueno, gracias por comentar, un saludo.
Vicky pie: Hola, muchas gracias por comentar, me alegra bastante saber que te gusto la historia y mi modo de narrar, gracias por pasarte a comentar :)
haher: En ésta ocasión trate de no tardar mucho y aquí tienes el capítulo, espero que te haya gustado, ahora, con el final... ya casi lo tengo visualizado en mi mente pero puede cambiar hahaha no puedo decir si será triste o feliz... no sé, aun me defino en eso pero como sea espero que te llegue a gustar :)
Helenil: Aquí traje el capítulo más rapido de lo planeado xD trato de no demorar pero ya sabes, la vida muggle que me agobia (?) espero en verdad que este capítulo sea de tu agrado, dejar los capítulos en el punto mas interesante como que me gusta bastante, es algo que no puedo evitar xD en fin, muchas gracias por comentar y por tus palabras, un saludo para ti
Drys-1: Hola, primero gracias por tu comentario, ufff ese beso entre Hermione y Neville... no sé, lo voy a considerar xD la verdad es que si, pobre Neville como que soy un poco mala con él hahaha pero no lo puedo evitar D: espero que el trauma de Hermione y Draco termine ya... igual ya estamos cerca del final :B hahaha un saludo y gracias de nuevo.
nenabonisjaja: Hahaha espero que el capítulo te haya quitado la ansiedad? xD ya veremos que pasa con Hermione y Harry... se viene el final!
Emily Pineda: Me alegra mucho saber que te gustó el capítulo, yo te agradezco por tu comentario, saludos :)
