Y llegó la ingrata número uno de éste 2013... yo!

Hola a todos! Hace como mil años que no me pasaba por aquí ¿verdad? lo sé, sé lo que están pensando, que soy una malvada por perderme tanto tiempo, pero ya saben, la falta de inspiración está extrema estos días :c he sufrido mucho por éste capítulo, al menos para poder terminarlo, y es que, como saben, nos acercamos al final, creo que por eso ando tardando mucho, quiero darle un buen final a ésta historia... así que bueno, por lo pronto aquí les dejo éste capítulo, que en verdad espero que es guste :)


CAPÍTULO XXVI

Un gemido se escuchó por aquella habitación y ella sintió que las pocas fuerzas que le quedaban, la abandonaban por completo. Sin saber qué hacer, se limitó a mojar una vez más aquel trapo y colocarlo con mucho cuidado sobre la frente de su amado hijo.

— Hermione.

Escuchar una vez más aquél nombre de los labios de Draco, le dolió y despertó un odio que llevaba nueve años sintiendo por aquella maldita sangre sucia. Y es que, se lo había robado, ella había cambiado a su hijo, para después disfrutar de su compañía creyendo que era su hermano.

Bien, eso no era del todo culpa de la castaña, pero, para ella era igual.

Todo era culpa de Hermione Granger. Fue por ese desprecio que cuanto atacaron San Mungo, ella no lo pensó dos veces y la abandonó a su suerte. Ahora sabía que las cosas habían salido bien para ella. Lamentablemente.

Pero, gracias a su decisión de dejarla, no podía volver a ese lugar, no podía volver al lado de Severus, sabía que el mago iba a estar furioso, y sabía que gracias a ese desprecio que seguramente ahora sentía por ella, le iba a negar la ayuda a su amado hijo.

Draco gritó.

Y ella solamente lloró y se lamentó.

No sabía qué hacer, no tenía ni idea de cómo ayudarlo.

En ese momento se maldijo no ser una experta en pociones, su magia no podía hacer mucho para arreglar el desastre que era su hijo en ese momento.

Sintiéndose agotada de la nada, se fue a desplomar en el sillón más cercano. Se encontraban en la antigua casa de los Grey, aquel lugar fue el único que llegó a su cabeza cuando escapaba con su hijo, aquél lugar que por años fue el hogar de Hermione Granger y Draco Malfoy cuando el mundo los creyó muertos.

Estaba en la habitación de Draco, le sorprendió ver los pequeños detalles que adornaban en lugar, y es que, aunque no era evidente, él seguía teniendo algunos de los gustos que tenía cuando era joven, eso le animó un poco, ya que aunque se había perdido nueve años, aún podía decir que conocía a su hijo.

Se fue recargando en aquél sillón, viendo como Draco se movía intranquilo entre sueños, hecho la cabeza hacia atrás y suspiró. No podía seguir escondiéndose ahí, el temor de que todo se saliera de control y sin la ayuda de Severus, el rubio se volviera loco sin remedio alguno, no la dejaba en paz.

Tenía que volver.

El problema era que no tenía idea de cómo hacerlo.

Si, podía ir a San Mungo y hablar con Luna Weasley para pedirle que le dijera el paradero de Severus y Granger. Pero algo la detenía.

Era miedo, era el terror de exponer una vez más a su hijo. Según lo que sabía su hermana seguía libre y eso no le gustaba, le aterraba que le hiciera algo a Draco, le daba miedo que se lo arrebatara, porque lo haría, Bella estaba tan desquiciada y sedienta de venganza, que poco le importaría que ese que atacaba fuera su sobrino.

Draco gritó una vez más y ella supo que el poco tiempo que tenía se le estaba agotando.

Pero no podía. Simplemente no podía.

Gimió de pura frustración y apretó sus puños con fuerza. Tenía que pensar, tenía que encontrar una salida.

Y entonces, de la nada. Obtuvo su respuesta.

Lo que necesitaba era la confianza de Severus y su perdón. Ya una vez lo había traicionado, ya una vez había atacado a Granger sin su consentimiento, ahora no la había atacado, pero la había abandonado y sabía que para Severus era lo mismo. Así que lo que necesitaba era un acto de fe, una prueba de que estaba comprometida con la causa, y lo único que podía hacer para ganarse esa confianza, era encontrar a su hermana, encontrar a Bella y entregarla a Potter.

Ahora, el único problema era dónde buscarla, conocía a Bella y sabía que la mujer se sabía esconder muy bien, pero tenía que intentarlo, tenía que hacerlo por su hijo, tenía que hacerlo por él.

-OOOoooOOO-

Tragó aquella poción que le dio su viejo doctor y con una mueca pasó el líquido por su garganta. Ya se había acostumbrado al sabor, ya no le molestaba el calor que sentía cuando tragaba, ya casi no le importaba la punzada de dolor que aparecía en su cabeza apenas aquella poción llegaba a su estómago. Ya no le importaba.

Había pasado dos semanas desde el ataque a San Mungo, sus heridas iban mejorando satisfactoriamente, y es que, una ventaja de tener magia, era contar con aquellas pociones y hechizos que lograban que una fractura, fuera cosa de risa.

Ante su atónita mirada, había visto como con unos cuantos movimientos de varita, unas cuantas pociones y uno que otro vendaje, su aventura en aquel hospital había pasado a ser un mero recuerdo, ya casi no había evidencia física de lo que paso en aquel lugar. Pero ella sí que lo recordaba.

El doctor Patterson salió de la habitación sin decirle palabra alguna mientras ella recordaba aquella sensación que la recorrió de pies a cabeza cuando lanzó aquél hechizo. Aún no podía creer del todo que ella hubiera hecho eso, y es que, después de tantos años no había evidencia de que ella tuviera magia en sus venas, ahora, al parecer, con los recuerdos también había vuelto la magia.

O al menos eso le habían dicho, porque, aquellas pociones que tomaba todos los días, además de tratar de arreglar el caos que había en su cabeza, liberaban aquella magia que encerraron y que siempre estuvo con ella.

Con una sonrisa de medio lado, se recostó en aquella cama que llevaba una semana habitando, después del ataque a San Mungo, todos habían acordado que el lugar más seguro para ella era Grimmauld Place, aquella casa donde empezó todo, y la habitación que ella ocupaba no era otra que la de Harry. El moreno muy gentilmente se la había oficialmente cedido, mientras él, se quedaba en esa que hace años le perteneció a ella.

Al pensar en Harry una sensación extraña la recorrió de pies a cabeza, ahora sabía que ese amor que sintió por él en su juventud, seguía ahí. Si bien era cierto no recordaba del todo su vida, Harry se las ingeniaba de un modo u otro para, fueran cuales fueran sus recuerdos, o su vida, ella se enamorara perdidamente de él. Tal vez era cosa del destino, tal vez así tenían que ser las cosas.

Aunque últimamente las cosas no eran como ella hubiese querido. Para empezar, Draco, ese que creyó su hermano por tantos años había desaparecido y nadie sabía nada de él ni de Narcissa. De ahí derivaba otro de sus problemas; cada vez le resultaba más fácil llamarlo Draco, cada vez era más sencillo aceptar que no era su hermano, y cada vez, los dolores de cabeza eran más insoportables. Así como aquellos lapsos donde se perdía, donde se quedaba viendo a la nada y cuando reaccionaba habían pasado horas.

No le gustaba para nada no tener el control de su vida, pero sin duda eso no era lo que más le molestaba, lo que más le molestaba era Harry.

Harry, que en esos días se había comportado de una manera tan extraña con ella.

Porque, por más que lo había intentado la conversación más larga que habían tenido desde hace unos días, fue de tres minutos, y eso le bastó para saber que algo le ocultaba, el moreno rehuía su mirada, o se quedaba ahí, sentado en aquella habitación viendo a la nada mientras pensaba en algo que ella moría por saber que era. Había ocasiones que la veía con pena, vergüenza, incluso con dolor. Como si la estuviera perdiendo, como si ella no fuera lo que él esperaba.

Le dolía, le dolía porque no sabía que es lo que pensaba y así poder arreglar las cosas con él.

Tal vez estaba cansado, tal vez la carga de recuperar sus recuerdos era demasiado para él, tal vez estaba agotado de escucharla gritar, de esperarla, tal vez se había dado cuenta que ella no era lo que él quería.

Una solitaria lágrima viajo por su mejilla. Con un rápido movimiento la limpió justo en el momento que alguien tocaba a su puerta.

— Hermione ¿estás despierta?

Como si fuera una adolescente su corazón comenzó a latir con fuerza al escuchar a Harry. Sin molestarse en arreglar su desaliñado aspecto, se recostó en las almohadas y le hizo saber al moreno que no dormía. Segundos después la puerta se abrió y por ella entró Harry. Tal vez eran ideas suyas pero su amigo se veía demacrado. Ella creía que era por las heridas que sufrió en aquel hospital, después de todo le había caído medio techo encima.

Ajeno a los pensamientos que la embargaban, Harry la saludo con una extraña sonrisa. Sin decir palabra, su amigo se fue a parar a la ventana más cercana y dándole la espalda se puso a estudiar la calle, ella sabía por qué lo hacía, seguía esperando que Bellatrix apareciera de la nada y comenzara a atacar el lugar. Pero eso no había pasado, aun así Harry no bajaba la guardia.

Y ella se lo agradecía, en verdad que lo hacía, le agradecía que cuidara de ella, que se preocupara por su seguridad, pero lo que no le gustaba era esa actitud del moreno, no le gustaba que no le hablara, no le agradaba que se quedara horas a su lado sin decirle palabra alguna, viéndola como si de un momento a otro fuera a desaparecer.

Estaba cansada.

— Harry.

Escuchó un suspiro y entonces, él se giró hacia ella.

— ¿Qué pasa Hermione, te sientes bien?

La preocupación por su bienestar fue evidente, pero eso no le alegró.

— Sí, estoy bien.

El alivio en el rostro de Harry fue evidente, para después dibujar de nuevo aquella mueca extraña que llevaba tiempo grabada en su rostro.

— Me alegra saber eso.

— Harry…

— Después de todo es importante que lo estés, no debe ser fácil estar en tu situación…

— Harry…

— … tu recuperación es importante, tú debes de estar…

Aquello fue suficiente, no soportaba que le hablara de ese modo, no le gustaba que fuera un robot cuando hablaba con ella, porque eso parecía, desde hace días no había emoción alguna en el rostro de aquel chico que ella quería.

— ¡Harry, detente de una vez!

El moreno se detuvo de golpe, lo vio apretar los labios y suspirar. Y una vez más verla con aquel dolor que simplemente no entendía.

— Por favor, detente de una vez.

Mordió su labio mientras cerraba los ojos. Había algo que había querido preguntarle a aquel chico desde hace días, algo que tenía miedo de saber, y es que, no había otra explicación para la actitud de Harry.

— Harry, estoy muriendo, ¿verdad? Éste tratamiento me está arrebatando la vida…

Harry abrió los ojos como platos y lo vio perder los colores de la cara. Sabía que su deducción era un tanto fatalista, pero, no tenía otra explicación, estaba muriendo y por eso Harry la veía de ese modo, por eso la veía como si fuera a desaparecer de un momento a otro.

Espero la respuesta del moreno, casi lo vio arrodillarse a su lado y confesarle entre lágrimas que efectivamente estaba muriendo, pero eso no pasó. Vio a Harry apretar los puños con fuerza y sintió una corriente de aire despeinar sus cabellos. Bien, ahora Harry estaba furioso, ¿Por qué? Eso tal vez jamás lo iba a saber.

Hicieron falta unos cuantos minutos para que Harry se calmara, para cuando lo hizo y sin decirle nada más, se limitó a dar media vuelta y caminar hacia la salida, ella abrió la boca para decirle algo, pero no pudo hacerlo, antes de abandonar por completo el lugar, Harry se detuvo y habló.

— No Hermione, no estás muriendo, así que deja tus estúpidas conjeturas.

Y sin más salió de la habitación dejándola más confundida que antes, si no estaba muriendo, ¿por qué Harry se comportaba así con ella?, ¿por qué la trataba como si de nuevo la estuviera perdiendo?

-OOOoooOOO-

Los trabajos de reconstrucción en San Mungo avanzaban a una velocidad excelente, del ataque que habían recibido hace unos días, solamente quedaba el recuerdo. Las paredes habían sido resanadas, el techo que se vino abajo había sido construido de nuevo, las camas, paredes y todo aquello que se había quemado ahora estaba como nuevo, como si nada hubiese pasado.

Ella, como medimaga, se encontraba ahora checando a sus pacientes, pero aunque realizaba ésta tarea no podía dejar de pensar en Hermione y su recuperación. Hizo una mueca al pensar en su castaña amiga. No le gustaba como estaban sucediendo las cosas con ella, y es que, algo en su interior le decía que no confiara del todo en el tal doctor Patterson, algo en su interior le gritaba que alejara a su amiga de aquél hombre. Pero no podía, no podía porque aquél desconocido por muy poco que confiará en él, era el único que sabía cómo tratar la mente de la castaña.

Con un suspiro continuó su camino tratando de quitarse de la cabeza a aquellos que tanto le preocupaban. Ahora lo que importaban eran sus pacientes, ya tendría tiempo suficiente para lamentarse por sus amigos. Estaba por ingresar a una habitación cuando notó que algo estaba pasando; y lo supo por todas esas personas que corrían hacia la entrada del hospital, siguiendo su instinto corrió hacia ese lugar pensando que había pasado una nueva tragedia. En pocos minutos llegó al lugar y casi se va de espaldas al ver lo que causaba la preocupación y conmoción de la gente. Ahí, tirado en el suelo e inconsciente se encontraba Draco Malfoy.

Le bastó una inspección rápida al lugar para darse cuenta que Narcissa no estaba cerca. Enarcando una ceja y pasando entre los curiosos llegó al cuerpo del que ahora se hacía llamar Benjamín Grey y checó su pulso.

Estaba vivo.

Un par de órdenes fueron suficientes para pedir una camilla para el heredero de los Malfoy. Justo cuando levantaron el cuerpo del chico, un sobre cayó de entre las ropas del mago. Se agachó, tomo aquel sobre entre sus manos y lo abrió.

No sabría explicar la sorpresa que sintió en ese momento al leer aquellas líneas. Tenía que ser una broma, en verdad, aquello tenía que ser una broma.

-OOOoooOOO-

Luna Weasley abrió su carta y entonces supo que no tenía nada más que hacer ahí. Aunque lo sabía, sus pies se negaban a moverse, quería quedarse ahí, parada en aquella esquiva viendo cómo se llevaban a su hijo y la chica Weasley salía disparada su oficina seguramente a avisar de su carta.

No quería irse, no quería dejar a su hijo.

Pero tenía que hacerlo. Si quería la ayuda de Severus, tenía que irse, tenía que alejarse de él una vez más y terminar de una buena vez con toda esa situación que se desató cuando Bella escapó de Azkaban.

Con una lágrima recorriendo su mejilla, dio media vuelta y se obligó a avanzar, quería pensar que pronto iba a volver a ver a su hijo, en verdad quería creerlo pero, no podía ser tan optimista. Bella nunca había sido débil, y aunque suponía ahora no se encontraba muy bien de salud, matarla seguramente no iba a ser fácil.

Pero estaba preparada, estaba lista para dar la vida por su hijo, estaba más que dispuesta a sacrificarse para que su pequeño Draco no tuviera que preocuparse más por su enloquecida tía.

Uno a uno sus pies se fueron moviendo, avanzando, paso a paso se alejaba de la única familia que le quedaba, uno a uno, dejaba atrás aquél por el cual daría todo por proteger.

-OOOoooOOO-

Un grito de puro dolor escapó de sus labios, no hizo nada por detenerlo, después de todo no importaba, en aquella vieja casucha nadie la iba a escuchar, a nadie le importaba que ella estuviera desgarrándose la garganta a causa del dolor que sentía en ese momento, a nadie le importaba que ahora la mitad de su cuerpo estuviera desfigurado y quemado por culpa de Potter y Granger, a nadie más que a ella le importaba.

Con una mueca llena de frustración, dejo su inútil intento de ponerse de pie, no tenía caso, llevaba días sin poderse mover, al menos, no sin sentir un terrible dolor en cada parte de su cuerpo, el ardor no se iba, al igual que no se iba ese molesto olor a carne quemada; su carne.

Se encontraba tumbada en un viejo y maloliente catre, aquél lugar había sido su salvación cuando escapó de San Mungo, casi no lo logra, pero ella se aseguró de salir con vida de aquel hospital, ella no iba a morir a manos de Potter y Granger, ella no les iba a dar ese gusto. Pero aunque había logrado escapar, no se encontraba muy bien de salud, estaba segura que si no se atendía rápido iba a perder alguna parte importante de su cuerpo. Y por increíble que pareciera eso no le preocupaba demasiado, lo que sin duda la tenía enloquecida era no haber podido terminar con Potter, lo tenía casi acabado, casi pudo ver la vida escapando de aquellos horribles ojos, pero no fue así, no fue así porque la estúpida de Granger se entrometió; y eso, sin duda, la había puesto en el puesto número uno de su lista de personas a asesinar.

Acabaría con ella y después con Potter; su hermana, y el idiota de Draco tendrían la misma suerte que la sangre sucia. Acabaría con todos, pero primero tenía que recuperarse. Así que concentrándose en ese desprecio que sentía respiro profundamente y lo intentó una vez más, sólo una vez más.

— Acabaré con todos, lo juro por mi señor que lo haré.

Un nuevo grito se escuchó en aquella vieja casa, y ella lo siguió intentando, tenía mucho que hacer, pero lo primero era poder ponerse de pie.

-OOOoooOOO-

Muchos dicen que no terminas jamás de conocer a una persona, dicen que por mucho que convivas con alguien, nunca puedes asegurar que conoces a alguien como la palma de tu mano, pero él lo hacía, él conocía a Harry.

Tal vez era el hecho de que estuvo a punto de morir; de nuevo. Tal vez era el agotamiento de todos aquellos años de lucha interminable, o tal vez solamente era la preocupación por Hermione. No sabía que era, pero de algo estaba seguro, Harry traía algo entre manos, lo notaba en sus cambios de humor, en cómo se quedaba viendo a la nada mientras fruncía los labios y enarcaba sus cejas, lo notaba en su tono de voz, en sus interminables momentos de silencio, lo notaba en su comportamiento hacia Hermione, algo había cambiado y no estaba seguro si eso era bueno o no.

Justo ahora, mientras su amigo leía aquel expediente sabía que no estaba concentrado para nada en lo que hacía, mordió sus labios para no decir algo de lo que tal vez se arrepintiera, se quedó ahí, observando como el moreno suspiraba mientras fingía leer aquel pedazo de pergamino. Pero en un momento, aquello fue suficiente para él.

— Harry.

Tuvo que repetir el nombre de su amigo al menos dos veces más para llamar su atención, para cuando lo hizo, Harry se limitó a observarlo como si no tuviera idea que estaba en la misma habitación con él.

— ¿Ron?

Cansado de esa extraña actitud, se puso de pie y se encamino hacia el escritorio de su amigo, tenían días encerrados tratando de encontrar pistas de Bellatrix, y es que, después de la carta de Narcissa, donde aseguraba entregaría a su hermana, ninguno estaba tranquilo con la situación. La querida tía de Draco Malfoy era un peligro y tenían que acabar con ella de una vez por todas.

— Quiero que me digas de una vez por todas que es lo que te pasa.

— ¿De qué hablas?

Fue gracioso, si no conociera tan bien a Harry se habría sentido estúpido por preguntarle eso, pero lo conocía y sabía que su amigo tenía algo, algo lo atormentaba y era grave.

Bufó molesto y ante esto, Harry se limitó a verlo evidentemente sorprendido, no había duda, Harry era muy buen actor, pero no lo engañaba, a él no.

— Te conozco desde hace años, y sé muy bien cuando algo te preocupa, ¿Es Hermione? ¿Se puso peor?

Ante la mención de su castaña amiga, el rostro de Harry perdió todos los colores y él pudo ver el dolor gravado en aquel rostro. Era un golpe bajo hablar de la castaña con Harry, pero no había de otra.

— No sé de qué me hablas.

— ¡Harry, por favor!

Era desesperante lo terco que podía llegar a ser su amigo, él sabía que era difícil, después de todo no era sencillo ver a Hermione sufrir de aquel modo, había pasado un poco más de un mes desde el ataque a San Mungo y la castaña no mejoraba, llevaba días dormida, la tuvieron que poner a dormir cuando, después de tomar su ya rutinaria poción, se puso a llorar y a gritar como loca, aquello no suponía ningún problema, ya estaban acostumbrados, pero lo complicado se presentó cuando a causa de su desequilibrio, la magia de Hermione comenzó a causar estragos por toda la casa; ventanas que explotaban, libros que salían disparados de sus libreros, cuchillos que salían volando por todo el lugar…

— Estoy bien Ronald, todo está muy bien.

Y le seguía mintiendo, sintiéndose frustrado, caminó frente al escritorio de Harry, mientras el moreno lo veía sin expresión alguna en el rostro.

— ¿Sabías que Draco por fin despertó?

Harry negó con la cabeza.

No le sorprendía que no estuviera enterado, después de todo Draco se encontraba hospitalizado en San Mungo, mientras Hermione, seguía en casa de Harry, su amigo se había negado a llevarlo con ella, se negaba a juntar a aquellos que se creyeron hermanos por tantos años.

— Fue ésta mañana, como te imaginarás no se encuentra muy bien, y todavía no hay noticias de Narcissa, creemos que sigue en busca de Bellatrix, pero no podemos estar seguros, tenemos que…

— ¿No te cansas, Ron?

La pregunta de Harry lo tomó por sorpresa ¿A qué venía eso?

— ¿Disculpa?

Harry suspiró y se puso de pie, lo vio darle la espalda y encaminarse a la ventana más cercana.

— ¿No te cansa ésta vida? ¿No te desgasta tener que luchar contra toda ésta porquería?

Aquella declaración lo sorprendió con la guardia baja, no es que le gustara pero era su vida, desde siempre había querido ser auror, al igual que Harry.

— No es que me guste pero, siempre quise ser esto, al igual que tú.

Harry dio media vuelta y él vio una extraña mueca en el rostro de su amigo.

— No me refiero a eso exactamente.

— Entonces a que…

— ¿Sabías que antes de que la encontrara, Hermione se podía considerar alguien normal? ¿Sabías que ella no tenía que preocuparse por enloquecidos magos o brujas?

— No, pero es normal, los muggles no tienen por qué preocuparse de nada de eso, ellos tienen sus problemas.

— Exactamente, sus problemas parecen un chiste cuando los comparas con los nuestros.

Ahora fue él quien enarcó una ceja, no le gustaba para dónde estaba yendo ésta conversación.

— Puede ser, pero Harry… de un modo u otro, todos tenemos problemas, no importa si eres muggle o mago, la vida no es fácil para nadie.

Harry sonrió de medio lado y vio algo en los ojos de su amigo que le preocupó.

— En eso estoy de acuerdo amigo, para nadie lo es.

Sin decir más, Harry tomó su capa y lo dejó ahí, con la sensación de que lo que habían hablado en aquella oficina, llevaría a su amigo a una decisión, lo vio en sus ojos, Harry había decido algo, solamente esperaba que cualquiera que fuera esa decisión, no acabara de destrozar a su amigo, a su casi hermano.

-OOOoooOOO-

Una molesta luz lo cegó por unos segundos, gruño molesto y lo único que pudo hacer fue alejarse sólo unos centímetros que aquella brillante luz.

— No te muevas.

Parpadeó y entonces vio una cara conocida; Luna Lovegood.

Enarcó una ceja ¿Qué hacía aquella bruja en su habitación?

Movió los labios para cuestionar a su compañera de curso, pero de su boca no salió palabra alguna, era como si no tuviera cuerdas vocales, o éstas estuvieran destrozadas.

La rubia murmuro algo entre dientes y con unos movimientos de su varita una luz violeta fue a parar a uno de sus brazos. No entendía ¿Qué estaba pasando?

— ¿Cómo te sientes? ¿Te duele la cabeza?

Hasta ese momento no se había percatado del dolor que efectivamente sentía. Gruñó como respuesta, seguía sin poder hablar.

Luna le sonrió con compasión y eso molestó. No le gustaba que nadie le tuviera lástima, él era un Malfoy, él no podía inspirar lástima.

Fue cuando éste pensamiento cruzaba por su cabeza que notó algo ahí no andaba bien. De un movimiento brusco se alejó de aquella mujer que ahora sabía era una desconocida. Porque, ella no podía ser Luna Lovegood, la Luna que él conocía era una simple adolescente ¿Ésta mujer? Ésta mujer era una adulta, una medimaga. Pero era imposible, era su rostro, era el rostro de la lunática.

— ¿Benjamín?

La mala copia de Luna, lo veía preocupada y sin entender su actitud. ¿Por qué lo llamaba Benjamín?

— A… aléjate de mí Lovegood.

Escuchar su voz fue extraño, fue como si alguien más hablara a través de su boca, esa no era su voz, y es que además de sonar ronca y cansada, aquella era la voz de un adulto, y él no era ningún adulto, él tenía sólo diecisiete años.

Sintiendo el miedo aparecer de la nada, se fue alejando más de aquella mujer que ahora lo veía como si estuviera frente a un fantasma, había perdido totalmente los colores de la cara, la vio tragar saliva y acercarse un paso hacia él, paso que retrocedió al instante.

— ¿Sabes quién soy?

¿Qué si lo sabía? ¿Qué clase de pregunta era esa?

— Porque no lo haría, eres la lunática de Hogwarts.

Habló con desprecio, arrastrando las palabras, habló como lo hacía un Malfoy, habló como él mismo.

— No puede ser.

Sin entender las palabras de la rubia, y sin importarle que lo viera de aquella extraña manera, él se alejó más de ella, fue entonces que sus dedos tocaron una fría superficie, se giró y entonces su mundo se derrumbó. Fue cuando se encontró frente a aquél espejo y vio su reflejo que supo estaba soñando.

Porque él no podía ser aquél desconocido, él no podía tener aquella cara, aquellos rasgos que aunque se parecían a los suyos se veían diferentes…

— ¿Draco?

Aterrado se giró bruscamente hacia aquella mujer, abrió la boca para decir algo pero una vez más no salió palabra alguna, paso a paso aquella desconocida se acercó a él, mientras sentía que cada célula de su cuerpo quería salir corriendo de ahí.

— Draco, ¿Te encuentras bien?

— Estoy soñando, esto es un maldito sueño ¿Quién eres tú? ¿Quién… quién…?

La pregunta murió en su garganta, sentía unas ridículas ganas de llorar, pero no lo hizo, él era un Malfoy y los Malfoy no lloraban. Fue entonces que vio la triste sonrisa en el rostro de aquella desconocida.

— Draco ¿Recuerdas a Jean?

— ¿De qué Jean me hablas?

La respuesta a aquella pregunta era no, no conocía a ninguna Jean, pero entonces algo muy extraño pasó, un extraño recuerdo cosquilleo en su memoria, y por algún motivo la vio a ella, Jean, su hermana… pero, él no tenía hermanas ¿O sí? Y mucho menos hermanas que eran iguales a Hermione.

Vio a su castaña amiga en un extraño atuendo blanco, la vio sonreírle con desconfianza mientras estrechaban sus manos y una extraña voz decía "Él es tu hermano, Jean"

Y entonces el fuego empezó.

Gritó con fuerza mientras extrañas y absurdas imágenes pasaban en su cabeza, sintió el frio piso golpear su cabeza y lo último que supo fue que el nombre de Hermione salía de sus labios, después de eso no supo nada más.

-OOOoooOOO-

Sintió que se ahogaba.

Un grito escapó de su garganta y buscó desesperadamente su varita; tenía que defenderse. Neville la había traicionado, él había atacado a sus padres, aún podía ver su rostro, aún podía ver el dolor en aquél que llegó a considerar su amigo.

Luchó contra él, luchó contra esos fuertes brazos que la aprisionaban.

— ¡Suéltame! ¡Suéltame!

Las lágrimas lograban que su vista fuera borrosa y no pudiera distinguir más allá de su nariz, tardó unos minutos en darse cuenta que se encontraba en una cama, y tardó aún más en comprender que no era Neville el que la tomaba con fuerza de los hombros. Fue hasta que escuchó su voz, que se calmó.

— Hermione, respira, cálmate.

Harry.

Harry estaba con ella.

Sin importarle nada más, se calmó un poco, sólo lo suficiente para arrojarse a los brazos de su amigo, era extraño, siempre había sentido que encajaba en aquellos brazos, y aunque seguía así, algo había cambiado.

Sintió como Harry sin decir palabra alguna acariciaba su cabeza y la abrazaba con fuerza, después de unos minutos él habló y dijo algo que no entendió a que se debía.

Él se disculpaba.

Totalmente desorientada se separó del moreno y limpió sus lágrimas, fue al verlo que un nuevo grito salió de sus labios, aquel no era su amigo.

Luchó una vez más contra aquellos fuertes brazos, al sentirlos sobre ella se sintió aún peor, y es que, aunque definitivamente aquellos no eran los brazos de Harry, si sentían como tales. Estaba tan perdida.

— Hermione ¡Hermione, escúchame!

Aquel hombre la inmovilizó por completo y la obligó a mirarlo a la cara. Era extraño, aquellos también eran los ojos de su amigo, esos que amó por mucho tiempo, esos que conocía tan bien.

— ¿Quién eres? ¿Dónde estoy? ¿Dónde está Harry?

Sintió las lágrimas resbalar por sus mejillas, aquello tenía que ser un mal sueño, tal vez estaba muerta, tal vez Neville había acabado con ella y ahora se encontraba en una especie de infierno, o de cielo, ya no sabría decirlo.

— Hermione ¿Me recuerdas?

Era evidente la sorpresa en aquel hombre, ¿Qué si lo recordaba? No podría asegurarlo, pero lo que sí, es que le recordaba mucho a su amigo.

— Yo no te conozco, déjame en paz, quiero ver a mis padres, quiero… quiero ver a Harry, él vendrá por mí, él sabrá…

Las palabras murieron en su garganta, un viejo recuerdo se abrió paso por su cabeza, era ella siendo encerrada en una celda, en una blanca habitación donde hombres sin rostro llegaban a drogarla, era ella gritando y luchando por escapar, era ella hablando con un hombre de su mundo, de su vida, era ella suplicando por ayuda, suplicando por Harry.

Más lágrimas se hicieron presentes y ella no hizo nada por detenerlas, aquellas imágenes trajeron consigo un dolor que barrió con todo, que acabo con cualquier pensamiento coherente que le quedaba.

Sintió un apretón sobre sus hombros y entonces se encontró con la mirada de aquél hombre, era extraño pero la veía preocupado y con miedo, la veía como si no pudiera creer que ella estuviera ahí.

— Hermione ¿Me recuerdas?

— Necesito ver a Harry, por favor, necesito verlo.

Tal vez lo estaba imaginando pero le pareció ver un profundo dolor en aquellos ojos que se le hacían tan familiares, escuchó un suspiro e inesperadamente aquel desconocido la estrechó entre sus brazos.

— Volviste, eres tú de nuevo.

Se quedó de piedra ante aquél abrazo, era demasiado íntimo, era como si él la conociera, como si la necesitara, quiso luchar por liberarse pero sabía que era inútil, así que ahí se quedó, sin moverse mientras aquel extraño sollozaba sobre su hombro. Le dolió escucharlo, sintió la extraña necesidad de consolarlo, de acabar con su dolor.

Fue en ese momento que la puerta se abrió y ella lo vio.

Aquel hombre que había visto hace un momento en sus recuerdos. Sintió el terror en cada célula de su cuerpo, por puro instinto escondió el rostro el pecho de aquel que hasta hace un momento consideraba una amenaza, pero, sin duda aquel que acababa de entrar a la habitación la aterraba más. Lo recordó hablando con ella en un sillón de cuero negro, lo escuchó en su cabeza asegurándole que la magia no existía, lo escuchó llamándola Jean y asegurándole que Harry Potter era sólo un producto de su imaginación.

— ¿Qué está pasando aquí?

Se encogió de miedo con sólo escuchar aquella voz, sintió como aquel que la abrazaba apretaba más su cuerpo contra ella, sintió como se separaba de ella lo suficiente para poder hablar, pero ella siguió sin levantar la cara, siguió con la cabeza enterrada en aquel pecho.

— Ella volvió, ella regresó.

Era extraño escuchar la emoción en aquella voz, era raro que se sintiera tan bien… no entendía nada.

Escuchó un suspiro y unos pasos.

— No será por mucho tiempo, además, eso no cambia nada.

Supo cuál fue el momento exacto en que aquel desconocido que la abrazaba como si un hubiera un mañana se ponía tenso. No le gustaba lo que esos dos hablaban, algo le decía que hablaban de ella y no le agradaba para nada.

— Lo sé, tomé una decisión.

Sin entender palabra alguna se separó lentamente de aquél hombre, al verlo y ver aquella mueca en su rostro, se desmoronó.

Había dolor y agonía pura en aquellos ojos.

Sintió como él depositaba un dulce beso en su frente y entonces una lágrima más escapó de sus ojos, fue entonces que lo comprendió, él era Harry… él era su Harry… y si él se veía como un adulto entonces eso quería decir que… lentamente bajo las manos hacia sus manos, se veían diferentes… al igual que su cuerpo… en un acto de desesperación se puso de pie de un brincó y busco un espejo. No tuvo que buscar mucho, lo encontró a unos metros y al verse en aquel reflejo casi se va de espaldas.

¿Qué demonios le habían hecho?

Jean.

Tu nombre es Jean.

Sin poder soportarlo más, cayó de rodillas al piso, lentamente levanto su temblorosa mano y tocó su desconocido reflejo.

Levantó la vista y entonces vio al adulto Harry viéndola con pena y dolor, más atrás aquel doctor o lo que fuera la veía apretando los labios, más y más recuerdos llegaron a su cabeza y en algún punto aquello fue suficiente. Un agudo pinchazo en su cabeza la obligo a tirarse al suelo y suplicar ayuda.

No supo si la obtuvo, no supo si alguien se apiadado de ella, lo último que supo fue que alguien le decía que ella no era Hermione Granger, lo último que supo fue que le revelaban que tenía un hermano, después de eso, todo se redujo a nada.


Y eso es todo por hoy, ¿qué les pareció? ¿les gustó? iba a hacerlo más largo, pero no sé, estoy segura que iba a tardar más en escribir, así que mejor aquí lo dejo para que al menos tengan algo que leer, trataré de darme prisa, no prometo nada porque la sequía de inspiración está muy fuerte T_T

En fin, espero sus comentarios, si es que sigue alguien leyendo esto... hahaha haré lo posible para terminar la historia antes de que termine el año... es como mi reto personal xD ya veremos como me trata da señora inspiración... en fin, ya saben, los comentarios son gratis :B

Hasta la próxima.