Hola!
Bien, creí que iba a estar aquí mucho antes... cómo les había comentado mi idea era terminar esto hace tiempo... pero ya saben, la inspiración es mala e ingrata conmigo T_T así que hasta ahora estoy aquí... tenía un poco más de tres semanas sin poder pasar de lo que están a punto de leer... así que decidí partir el capítulo en la mitad y así publicar algo, para que noten que me esfuerzo (?) haha en fin, espero que les guste, gracias a todos los que se toman el tiempo de comentar y aquellos que ponen la historia en favoritos.
CAPÍTULO XXVII
Sus pies tocaron tierra y por un instante casi pierde el equilibrio.
Hizo uso de toda su habilidad para no ir a caer al suelo, la nieve que cubría el lugar no ayudaba para nada, con una ceja enarcada estudió el lugar donde había aparecido. Al ver aquel desolado lugar, y aquella casucha a lo lejos no pudo evitar sonreír un poco.
Aquel lugar era tan propio de Bella… solamente esperaba que su hermana efectivamente estuviera ahí.
Habían sido unos meses interminables, no había tenido ni un momento de descanso desde que decidió cazar a su hermana, sus contactos y averiguaciones la habían llevado ahí, dos meses después, a esa solitaria casucha. En verdad esperaba que su querida hermana estuviera ahí, estaba agotada de perseguirla.
Sin perder tiempo se lanzó a sí misma un hechizo desilusionador y entonces estuvo lista, con mucho cuidado se fue acercando a aquella casa que parecía en verdad abandonada. El olor era desagradable, había animales e insectos por cualquier lugar, no se veía una carretera a la vista, si efectivamente Bella se escondía ahí, ahora comprendía por que le fue tan difícil encontrarla.
Unos pasos más fueron suficientes para notar que aquella casa no estaba tan sola como aparentaba. En el interior brillaba la luz de una o varias velas, sintió el corazón latir con fuerza en su garganta, se agachó quedando oculta en un matorral y entonces esperó.
Unos pasos dentro de la casa le advirtieron que quien fuera el que la habitaba, se encontraba paseando como un poseso por el lugar, un gruñido y después un golpe seco. Podía escuchar murmullos pero nada coherente. Con una mueca de fastidio se acercó un poco más, había una ventana cerca, lo único que necesitaba era poder ver a través de ésta, solamente eso, sólo un poco para confirmar.
Llegó a la ventana y con sumo cuidado, procurando no hacer ruido estiró un poco el cuello para poder ver lo que pasaba, fue entonces que algo pasó. Un extraño objeto llegó volando de la nada y con un golpe seco destrozó el vidrio de la ventana en mil pedazos. Al ver aquello, se agachó lo más que pudo y aguantando la respiración, se quedó helada. La habían descubierto.
Entrecerró los ojos mientras se despedía de su hijo, no lo iba a volver a ver, no iba a poder…
— ¡Idiotas, eso es lo que son, completos idiotas!
Abrió los ojos a causa de la sorpresa mientras contenía la respiración, era Bella, había encontrado a su hermana. Que la bruja no fuera por ella le dio a pensar que tal vez no la había descubierto.
Expulso con mucho cuidado el oxígeno que estaba reteniendo.
— ¡No pueden hacer nada bien! ¡Sólo les pedí que los vigilaran, sólo eso, mocosos estúpidos, todo lo tengo que hacer yo, todo yo!
Un nuevo gruñido y el sonido de algo rompiéndose llego desde el interior.
— ¡No puedo quedarme más aquí, no puedo, tengo que hacer algo, esos dos imbéciles no pueden quedarse sin castigo por lo que me hicieron, no pueden!
— Pe… pero señora…
— ¡Cállate!
La casucha quedó en silencio y ella solamente espero, su hermana estaba acompañada, no le convenía para nada atacarla ahora, si tenía suerte tal vez la dejaran sola, si tenía un poco de suerte podía terminar con aquello de una buena vez por todas y regresar con su amado hijo.
Esperó, respiró profundamente mientras ahí dentro su querida hermana destrozaba todo a su paso mientras chillaba.
— ¡Estoy harta, voy a terminar de una buena vez con todo esto, se acabó!
— Pero… mi señora, yo… que…
— ¡Dije que te calles!
Un gemido de dolor se dejó escuchar por la habitación, tenía que hacer algo, si continuaba así Bella se escaparía una vez más y sabía que encontrarla de nuevo no iba a ser nada fácil. Contó hasta tres, tenía que moverse, tenía que acabar con todo eso de una buena vez por todas… uno… dos…
— Se acabó, prepárense, tenemos una visita que hacer.
El corazón se le detuvo por un segundo, algo le decía que lo que estaba a punto de decir su querida hermana no le iba a gustar para nada.
— ¿Ir a dónde mi señora?
Casi se imaginó a Bella sonriendo de esa manera tan cruel que a ella le salía muy bien.
— Es hora de recordar viejos tiempos, todo terminará donde empezó, después de todo hace años que pongo un pie en Hogwarts.
Contuvo el aliento mientras su cerebro trabajaba rápidamente, tenía que detenerla, tenía que impedirle que se le escapara, porque si Bella iba a Hogwarts era por algo, estaba segura que algo sabía, y fuera lo que fuera, sin duda no sería bueno para nadie.
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Una última vuelta y la poción estuvo lista. Apenas se dio cuenta de esto, de la nada sintió el agotamiento en cada célula de su cuerpo, habían sido unos meses muy complicados, se sentía mental y físicamente cansado, su único consuelo es que aquello estaba por terminar.
No podía creer que estuviera haciendo eso, no después de todo lo que paso, cuando Hermione recordó aquél día su vida tuvo la oportunidad perfecta para abandonar todo, después de todo su misión había sido cumplida. Pero no lo hizo, no pudo porque él sabía aquella mejoría en la castaña era temporal, días después de aquel milagroso momento su presentimiento se hizo realidad, Potter le habló histérico para decirle que Hermione había recaído, él tuvo que sedarla de nuevo para que no lastimara alguien con esos extraños ataques de magia que le daban, para días después despertar como Hermione Granger de nuevo. Era agotador.
Y ahora ahí se encontraba. Terminando por fin su plan maestro. Hace años juró proteger a Hermione Granger y eso iba a hacer, la iba a proteger de toda la porquería que era el mundo mágico; si había una oportunidad de terminar con todo de una buena vez por todas era esa. No habría más, era ahora o nunca.
Guardó sus pociones en pequeños frascos, una era color dorado, la otra rojo escarlata, eran irónicos aquellos colores, hasta él lo sabía, aunque tenía sentido, después de todo para hacer lo que tenía planeado se necesitaba mucho valor y valentía.
El gran reloj que adornaba su casa; aquella donde vivió por años como un simple muggle más, comenzó a tocar doce campanadas y supo era hora de irse a dormir, necesitaba descansar, después de todo faltaba poco para ponerle punto final a esa historia y sin duda iba a necesitar de todas sus fuerzas.
Guardó aquellas pociones en un lugar seguro y se fue a la cama, con el pensamiento de que faltaba poco, un poco más de esfuerzo y entonces él por fin podría descansar.
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Dejó el mundo de los sueños y abrió los ojos.
Tardó un segundo en asimilar dónde se encontraba, para cuando lo hizo no pudo evitar dibujar una sonrisa en su rostro; era ella.
Sin poder creer su buena suerte suspiró, el día anterior pecó de fatalista cuando aseguró el día que por fin pisaría Hogwarts de nuevo, sería Jean y no ella quien estuviera al mando en su cabeza.
Porque si, desde aquél día en el que milagrosamente recuperó sus memorias, también había empezado el caos en su cabeza. Todo porque no pudo retenerlas, horas después de que sus recuerdos volvieran, cayó en la oscuridad y según le dijeron volvió a ser Jean Grey.
Hermione y Jean. Dos personalidades en su cabeza que día a día colapsaban. No podría soportar mucho con ese estilo de vida, lo sabía, día a día se agotaba más, era como si alguien chupara sus fuerzas, sus pensamientos y sus ganas de seguir luchando.
Pero hoy no era un día de esos, hoy era Hermione y por fin iba a volver a pisar aquel lugar que por años consideró su hogar.
No pudo evitar sentirse emocionada, no era para menos, aquél día empezaba su largo viaje para tratar de entender todo, para tratar de enmendar su vida. Sería una aventura complicada, lo sabía pero tenía que hacerlo, no podía seguir de ese modo, no podía seguir lamentándose y arrastrándose por la vida como lo había hecho hasta ahora, ella era Hermione Granger y nadie la iba a doblegar.
Se puso de pie y sin saber exactamente qué es lo que hacía estuvo lista. Mientras trataba de acomodar su cabello alguien toco su puerta.
Ver a Harry nunca había sido fácil, no desde aquél momento que despertó entre sus brazos y descubrió su horrible realidad. Ya no era ningún niño, ya no era su mejor amigo del que estuvo tontamente enamorada por años, por quién sufrió como nunca antes imaginó.
Así que al verlo cruzar esa puerta, no pudo evitar sentirse nerviosa y un tanto ansiosa, por algún motivo no se sentía del todo cómoda con su presencia, era por el modo en el cual la veía, por como la trataba. Como si fuera una niña pequeña que necesitaba su cuidado y protección. No lo era, y por supuesto no necesitaba de sus cuidados. No es que no lo agradeciera, simplemente sentía que Harry la estaba sobreprotegiendo, y no le gustaba para nada. Además… además estaba esa extraña y triste mirada en sus ojos cuando la veía… le daba escalofríos, si bien era cierto no conocía como antes al moreno, apostaría su mano derecha a que algo grave le ocultaba.
— Harry, buenos días.
Apenas escuchó su saludo, Harry expulsó el aire que evidentemente estaba reteniendo, hasta ese momento entendió el temor del moreno, temía que fuera Jean y no ella quien estuviera frente a él en ese momento.
— Hermione.
No pudo evitar sonreír al escuchar cómo sonaba su nombre en aquellos labios. Le gustaba, le gustaba y mucho.
— ¿Pasa algo?
Tuvo que preguntarlo, ya que en ese momento aquella mirada que últimamente era común ver en Harry, apareció de la nada, aquella mirada cargada de pena y tristeza.
Harry, sonrió de medio lado y negó con la cabeza. Ella no era tonta, aquella sonrisa no llegaba a los ojos, aquella sonrisa no era sincera; estuvo a punto de preguntar de nuevo cuando Harry la interrumpió.
— Te traje algo.
No pudo evitar enarcar una ceja cuando Harry le ofreció aquel extraño paquete, no podía adivinar que era, así que la curiosidad pudo más que ella y olvidando cualquier pregunta que le quería hacer al moreno, se acercó a él y tomo su obsequio.
Ahogó un sollozó apenas sus dedos tocaron lo que Harry le había traído.
Treinta y dos centímetros, núcleo de corazón de dragón.
Fue hace más de nueve años que vio por última vez aquel objeto, fue cuando le arrebataron sus memorias la última vez que tuvo entre sus manos su vieja y querida varita.
Con lágrimas en los ojos y sin poder creer que tuviera de nuevo en sus manos su varita, levantó la vista hacia Harry. El moreno sonreía mientras la veía tomar con anhelo algo de lo que le habían arrebatado hace tantos años.
— Pero… ¿Cómo… cómo?
Le costaba hablar coherentemente, pero al parecer Harry entendió sus monosílabos.
— Neville.
Fue lo único que dijo y eso le bastó para entender, al parecer su ex amigo quería ganar puntos con ella devolviéndole su varita, por la expresión de Harry supo que a su amigo tampoco le gustaba el hecho de que el mago quisiera hacer las paces con ella, no después de que ayudara con el robo de sus memorias y con que el mundo la diera por muerta por años.
— ¿Y Patterson está de acuerdo con eso?
Harry hizo una extraña mueca. Las cosas entre el tal doctor Patterson y Neville no estaban muy bien que digamos, los dos se la pasaban discutiendo y viéndose con desprecio, al parecer aquel compañerismo que pudo existir entre los dos se había esfumado cuando Neville entregó sus memorias.
— No, él ni siquiera lo sabe.
Y ella sabía porque, el doctor estaba convencido que saturar su cabeza con información era una mala idea. Idea que ella por supuesto, no respaldaba.
— Gracias Harry, gracias por todo.
Aquel agradecimiento salió desde lo más profundo de su corazón, sabía que toda esa situación no era fácil para Harry, en verdad le agradecía a su amigo que estuviera ahí para apoyarla, que incluso le cediera su habitación cuando ella, sin saber por qué sintió esa absurda necesidad de estar en aquél lugar.
Vio cómo su amigo sonreía de medio lado.
— No tienes que agradecer nada Hermione, eres lo más importante para mí y quiero que estés bien, daría lo que fuera porque fueras feliz.
Aquello fue suficiente, en un arrebato de su parte y sintiéndose agradecida con Harry, dejó su varita de lado y un rápido e inesperado movimiento se encontró en los brazos del moreno. Harry se quedó paralizado de la sorpresa, aquellas demostraciones de cariño no eran muy comunes en ella, no después de que descubriera el caos que era su vida. Mientras estaba ahí, con la cabeza enterrada en el pecho de su amigo y sin atreverse a verlo a los ojos, escuchó el latido del corazón de Harry que cada vez iba más y más rápido. Justo cuando creía que Harry jamás iba a corresponder a su abrazo, sintió los fuertes brazos de su amigo apretarla con fuerza y cariño, como si no quisiera que jamás abandonara ese lugar.
— Gracias Harry.
Se separó un poco y por fin levantó la cara. Su amigo la veía con un extraño brillo en la mirada, por un momento aquella tristeza que siempre lo acompañaba desapareció, lo vio mojar sus labios con su húmeda lengua y sintió que las piernas la traicionaban.
No lo había superado, aunque prácticamente no conocía a ese nuevo Harry, ella seguía enamorada de él, de la persona que conoció hace años y que esperaba aun estuviera dentro de aquel hombre que simplemente no conocía.
— Harry…
Tenía que decir algo, no se podía quedar ahí de pie como una completa idiota, tenía que…
Todo pensamiento abandonó su cabeza cuando notó que Harry se inclinaba hacia ella sin dejar de ver sus labios. Sintió los desbocados latidos de su corazón al entender lo que Harry pretendía.
Podía girar la cabeza, podía hablar y decirle que eso no era lo que ella quería. Pero estaría mintiendo, aunque su cabeza fuera un caos de una cosa si estaba segura, daría lo que fuera por sentir esos labios, por probar por fin aquel fruto que por años le estuvo prohibido.
Un último segundo de vacilación por parte de Harry y entonces lo sintió. El peso de aquellos labios sobre los suyos. El roce de aquella piel que por años soñó con tocar. El beso fue tierno, lento y romántico. Pero eso cambió rápidamente cuando abrió un poco la boca y Harry tuvo acceso total a su lengua.
Su amigo la abrazó con más fuerza y la pego incluso aún más a su cuerpo mientras sus lenguas danzaban en un baile que rayaba en la desesperación, en el deseo de hacerle sentir al otro lo mucho que se necesitaban.
Fue entonces que el oxígeno se hizo necesario y se separaron. Vio como Harry tenía hinchados los labios, aquel seguramente era un aspecto que ella misma presentaba, pero no le importó. No pudo evitar dibujar una sonrisa en su rostro cuando vio como Harry hacía lo mismo.
Abrió la boca para decir algo pero en ese momento alguien entró en la habitación.
Ron Weasley entró en el cuarto y simplemente enarcó una ceja al ver el abrazo que aún los unía.
— Harry, estamos retrasados.
El moreno asintió sin soltarla y sin quitar aquella sonrisa de su rostro.
— Cierto, en un segundo voy.
— Harry…
El moreno suspiró y a regañadientes la soltó, cuando lo hizo ella sintió que algo le faltaba, sintió que se tambaleaba en su realidad. Era extraño, al parecer necesitaba a Harry para sentirse segura.
— Hablaremos después.
— ¿Hablar, de que tenemos que hablar?
Harry y ella rieron cuando Ron dijo aquellas palabras.
— No contigo Ronald.
— ¿No? ¿Y por qué no?
Harry bufó y ella se carcajeó.
El moreno tomó su mano y sin despegar los ojos de su rostro le hizo la pregunta que hace tanto tiempo esperaba.
— ¿Lista para volver a Hogwarts?
No pudo evitar sentir un hormigueo en su estómago, estaba lista pero tenía miedo, miedo de no recordar cosas, de perderse de nuevo en su mente cuando estuviera ahí. Ese miedo se vio reflejado en su rostro ya que tanto Ron como Harry se acercaron a ella y le brindaron su mudo apoyo.
Tenía que hacerlo, tenía que empezar a poner orden en su vida y el primer paso era visitar aquel castillo que por años fue su hogar.
— Estoy lista.
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Apenas puso un pie en aquellos jardines supo era un error, él no debería estar en aquel lugar, él no tenía nada que hacer ahí.
Estuvo a punto de dar media vuelta y alejarse de aquel castillo cuando sintió como alguien posaba una mano sobre su hombro y todo intento de largarse de ahí, supo, ya no iba a ser posible.
Luna Weasley le sonrió como si fueran viejos amigos y lo invitó a continuar caminando, él solamente dibujó una mueca en su rostro y sin decirle palabra alguna a esa mujer que en esos meses lo había cuidado como si en verdad fueran cercanos, continuó caminando acercándose cada vez más a aquella escuela en la que hace años él estudio.
No podía creer que después de todo lo que le había pasado estuviera de nuevo en Hogwarts, la última vez que estuvo ahí, él tenía sólo diecisiete años, él era solamente un adolescente con una vida propia. Ahora, ahora no era más que una sombra de lo que fue, un completo desquiciado que un día se convertía en Benjamín Grey, aquel muggle que por años estuvo en su cabeza mientras sus memorias y su verdadera vida quedaban en el más profundo olvido.
Sin duda su vida no podía ser más patética.
Con un suspiro y tratando de quitar aquellas ideas pesimistas de su cabeza continuo caminando, en aquellos enormes y conocidos jardines de Hogwarts no había nadie, al parecer el frío en aquella mañana era demasiado para los jóvenes que en ese momento seguramente se encontraban en clase o resguardados en sus salas comunes. No pudo evitar un sentimiento de nostalgia ante éste pensamiento, después de todo, él había sido arrancado de aquel mundo de una manera muy cruel.
Con una extraña sonrisa en los labios se recriminó por sentir lástima por él mismo. Ya era hora de dejar aquellas lamentaciones de lado y concentrarse a recuperar su vida. Y eso es lo que hacía, al menos cuando Benjamín Grey no estaba al mando en su cabeza.
Los últimos meses en San Mungo habían sido muy duros, con la única compañía de Luna y de aquel extraño doctor que en ocasiones lo visitaba, no podía evitar sentirse solo.
Su madre había desaparecido y Hermione…
No pudo evitar suspirar al pensar en la castaña.
Y es que, ya fuera como Benjamín o como Draco, él seguía necesitándola… después de todo o era su hermana o era aquella amiga que él en su juventud amó.
Detuvo sus pasos y respiró profundamente cuando aquél pensamiento cruzó por su cabeza. Si bien fue difícil despertarse un día y saber lo que le habían hecho, más difícil fue saber que por nueve años vivió al lado de Hermione viéndola y queriéndola como una hermana, aun cuando en su vida como Draco Malfoy, él comenzó a sentir algo más que cariño por aquella castaña que en poco tiempo se había convertido en alguien muy importante en su vida, alguien que él traiciono.
No podía evitar recordar aquel ataque del que la castaña fue víctima, dónde su madre y él la habían atacado a traición, no podía olvidar la mirada que le dedicó Hermione, aquella mirada cargada de decepción y dolor.
Y con esa simple estupidez había acabado con la confianza y el cariño que ella pudo sentir por él. Por si fuera poco la vida fue tan injusta como para no darle tiempo de disculparse. Esa fue la última vez que la vio, al menos como Draco Malfoy.
Soltó un bufido.
Se estaba extralimitando con sus pensamientos, según Luna aquello era malo por su situación. Lo mejor era dejar pasar las cosas y no pensar demasiado en ellas, después de todo aquello era pasado y no podía hacer nada por remediarlo, según Luna tenía que aprender a vivir el presente, a calmar sus emociones para así, retomar poco a poco el control de su vida.
Así que eso hizo, dejo el pasado de lado y comenzó a pensar en su presente…
Fue peor.
Estaba solo, sin nadie más que Luna para acompañarlo, porque por supuesto, Hermione no se había dignado a visitarlo ni una vez.
Apretó los puños a causa de la furia contenida, si bien era normal que la castaña estuviera molesta con él, eso no justificaba para nada su falta de tacto hacía él, después de todo por nueve años habían sido hermanos, y por bastante tiempo amigos.
No podía creer que…
— ¿Draco?
La voz de Luna lo sacó de sus pensamientos a tiempo, lentamente se giró hacia la rubia que le sonreía mientras tomaba su brazo impidiendo que continuara caminando.
— ¿Qué pasa?
Giró su cabeza hacia el castillo, no entendía porque lo detenía ahora que estaban a punto de llegar.
— Debemos esperar a alguien.
Sin entender a quién se refería, se limitó a enarcar una ceja. Abrió la boca para preguntar de quién se trataba pero no pudo hacerlo, ya que en ese momento vio cómo, detrás de Luna y justo en los límites de los terrenos de Hogwarts aparecía alguien. Estaba demasiado alejado para saber de quien se trataba, solamente alcanzaba a ver tres cuerpos que se acercaban a la distancia.
Bastaron unos segundos para atar cabos, un viejo recuerdo se abrió paso en su cabeza, asocio inmediatamente aquel recuerdo al presente y entonces supo quiénes eran los que se acercaban.
Instintivamente dio un paso hacia atrás. Luna no se percató de esto ya que estaba demasiado ocupada sonriendo al que él sabía, era su esposo.
Porque si, aquellos que se acercaban no eran otros que Harry, Ron y Hermione….
Sintió la garganta seca y un estremecimiento de pies a cabeza al saber que en unos segundos iba a ver por fin a aquella castaña que fuera cual fuera su personalidad, ponía su mundo de cabeza.
Quiso huir, quiso largarse de ahí pero no pudo, al parecer el deseo de ver a aquella castaña era suficientemente fuerte como para dejarlo plantado en aquel lugar esperando su encuentro.
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Aquello iba a ser un completo desastre, ella no debería estar ahí, al menos no con él.
Apenas distinguió la conocida silueta de Draco Malfoy a lo lejos, no pudo evitar respirar agitadamente mientras detenía se detenía de golpe, logrando que tanto Ron como Harry la vieran con una ceja enarcada.
— ¿Hermione?
Era ilógico ese temor que sentía crecer en su interior, ella no debería sentir miedo, sólo era Draco… Draco, aquel que por mucho tiempo fingió ser su amigo, Draco, aquel que la traiciono de la manera más cruel posible… Draco, aquél que vivió a su lado por nueve años como su hermano… si sólo era él, entonces, ¿Por qué quería salir huyendo de ahí? ¿Por qué no soportaba la idea de tenerlo frente a ella?
— Hermione ¿Te encuentras bien?
Se limitó a asentir con la cabeza mientras trataba de controlar su respiración, hizo uso de toda su fuerza de voluntad y continuó caminando, era absurdo su comportamiento, el rubio no podría hacerle nada, Harry no lo permitiría… pensándolo bien ese no era su temor, simplemente sentía que no podía soportar hablar con él como si nada hubiese pasado… era verdad que él había sido una víctima como ella en todo aquel circo, él la debería entender más que nadie o al menos eso creía… pero simplemente no podía… simplemente no…
Sus pensamientos cesaron de golpe cuando dio el último paso y tuvo frente a ella a aquel rubio que fuera cual fuera su personalidad, tenía un lugar importante en su vida.
Draco Malfoy dio instintivamente un paso hacia atrás alejándose de ella y eso le bastó para saber que estaba tan aterrado como ella.
Un incómodo silencio cayó sobre todos. Nadie se atrevía a romperlo, nadie sabía que decir.
— Bueno, estamos aquí.
Luna trato inútilmente de aligerar la evidente tensión que existía entre ellos; no logro mucho.
Vio como Draco hacía una mueca y desviaba la vista, al parecer no podía verla a los ojos y ella sabía por qué, después de todo lo último que supo de él es que la había traicionado ese día que trato; junto con Narcissa, de asesinarla.
— Creo que deberíamos…
— ¿Podemos hablar a solas?
Las palabras de Draco no fueron bien recibidas por nadie, aun sin ver supo que Harry se puso tenso y veía con furia al rubio, ella, ella simplemente no sabía que decir, sabía que tarde o temprano tenía que hablar con aquel hombre pero no se sentía preparada para eso, al menos no aún. Pero Draco Malfoy tenía otros planes, sin importarle la evidente hostilidad de Harry, dio un paso hacia ella y sin despegar la vista de sus ojos se lo preguntó de nuevo.
— Hermione, por favor, ¿Podemos hablar a solas?
No supo que parte de su cerebro fue la que le ordeno a su cabeza moverse afirmativamente, para cuando menos acordó se encontraba dando otro paso hacia aquél rubio dispuesta a tener esa temible charla. No pudo hacerlo, antes de poder dar otro paso más, una mano le impidió seguir continuando. No tuvo que voltear para saber que se trataba de Harry, que, en un intento desesperado la retenía para que no se alejara de él.
— No tienes que hacerlo, él no tiene ningún derecho…
— Lo sé.
Con aquellas simples palabras cortó de tajo el intento de Harry de convencerla para no ir con aquel mago. Vio cómo el moreno dibujaba una mueca en sus labios y sin poder hacer más, la soltaba para que fuera con Draco.
El rubio ante tan escena, se limitó a apretar los labios y a burlarse en silencio de Harry. Nunca se iban a llevar bien, lo sabía, algo en los huesos se lo decía.
Sin ánimos de querer perder más el tiempo, se alejó del pequeño grupo y caminó hacia el bosque prohibido, ahí donde sabía estaba el cementerio que había sido construido en memoria de los caídos en batalla, de los caídos de aquella guerra que ella se perdió. Sentía la presencia de Draco a sus espaldas, caminando tras ella sin despegar los labios. Continuaron caminando en silencio, al menos así fue hasta que llegaron a la tumba de Dumbledore. Sin poderlo evitar se detuvo ahí recordando los tiempos cuando aquél mago fue su director y su vida era normal.
Draco se detuvo a su lado y lo escuchó suspirar.
— Fue su culpa.
Sin entender a qué se debían las palabras del rubio, se giró hacia él. Draco Malfoy apretaba los labios y los puños mientras observaba la tumba de uno de los magos más importantes de la historia.
— ¿A qué te refieres?
Draco torció los labios en una sonrisa irónica, sin quitar esa mueca de su rostro volteo la cabeza y por primera vez la vio a los ojos.
— ¿Potter no te lo ha contado? Dumbledore fue el culpable de que tú y yo perdiéramos nueve años de nuestras vidas.
— Yo no…
— Eso ahora ya no importa.
Ahora fue su turno de hacer una mueca, no le gustaba para nada ignorar algo que el rubio sabía, y era evidente que de algo estaba enterado, estuvo a punto de preguntárselo una vez más, cuando el rubio habló de nuevo.
— ¿Por qué no has ido a verme a San Mungo?
Tal pregunta le sorprendió, lo último que esperaba era que Draco le preguntara aquello, no tenía sentido, en esa vida ellos ya no eran amigos, él la había traicionado y si pensaba que si ella iba a hacer como si nada hubiese pasado, estaba muy equivocado.
— No tenía por qué hacerlo, no somos nada.
Sus palabras fueron crueles, hasta ella lo sintió, pero al ver la cara que puso Draco supo que tal vez se había extralimitado. El rubio perdió los colores de la cara y dibujó en su rostro una mueca de dolor.
Por extraño que pareciera sintió la absurda necesidad de disculparse y hacer lo posible para que no estuviera triste. Era tonto, ella no tenía por qué sentir aquello por ese hombre que había jugado con ella.
— Tal vez en ésta vida Granger, pero que no se te olvide que por nueve años fuimos hermanos.
Aquellas palabras le afectaron, no podía quitarse la sensación de que tenía razón, cuando era Jean lo más normal era que quisiera ver a su hermano ¿Por qué no lo había hecho? No podría decirlo, la verdad era que cuando Jean estaba al mando en su cabeza su personalidad como Hermione se perdía y no podía recordar nada de esos momentos, así como Hermione no podía recordar lo que Jean hacía. Era confuso y desesperante.
Pero algo le decía que conocía la razón por la cual no lo había ido a ver aun cuando estaba segura, Jean había luchado y pedido eso.
— Harry.
Draco asintió y desvió su vista, notó como es platinada mirada se perdía en el horizonte, ella no pudo despegar los ojos de aquel rubio que por mucho tiempo consideró su amigo.
— Potter siempre metiéndose dónde no lo llaman, su complejo de héroe no cambia con los años.
No se atrevió a defender a su amigo, y es que gracias a esos nueve años no lo conocía del todo, así que se quedó con la boca cerrada tragándose las ganas de defender al moreno.
Abrió la boca para decir algo, pero la cerró cuando se dio cuenta que no tenía nada que decir, se empezó a sentir incómoda en la presencia del rubio, no podía quitarse de la cabeza que en otra dimensión, en otra vida ellos se amaban y querían como consanguíneos.
— A mí también me pasa.
Draco Malfoy giró su cabeza y pudo ver en aquella mirada algo que hace mucho no veía. Cariño, amor y comprensión.
Él la entendía; a pesar de todo él la quería.
Y a su cabeza llegaron todos esos momentos cuando él estuvo a su lado, cuando lloraba por los pasillos por un amor imposible, cuando nadie más quiso estar con ella, cuando lo necesitó más que nada; él estuvo ahí. Si bien era cierto al parecer todo fue parte de un plan, esas miradas, ese sentimiento que era tan fuerte que casi se palpaba no podía ser mentira.
Tal vez estaba pecando de ingenua pero no le importó. Todo lo que ese rubio había significado para ella llegó de golpe, él era una víctima al igual que ella, él la entendía más que nadie, él era como ella.
Para cuando menos acordó y ante la sorpresa de Draco se encontró entre sus brazos, lo estrechó contra ella en un abrazo donde todo quedó olvidado, donde todo quedó perdonado.
Sintió las cálidas lágrimas escapar de sus ojos y no hizo nada por evitarlo, Draco Malfoy correspondió su abrazo y aun sin ver supo él también estaba llorando.
Lloraban por sus memorias perdidas, lloraban por su vieja amistad, por esos momentos que pasaron juntos, lloraron por esos nueve años donde vivieron como hermanos, lloraron por el caos en el que se había convertido su vida, porque ambos lo sabían, volver a ser lo que eran antes era imposible, fuera lo que les habían hecho en la cabeza no tenía remedió. Estaban condenados a una media vida, donde un día eran Jean y Benjamín Grey y al otro Hermione Granger y Draco Malfoy, dos personas a las que les habían dejado unas memorias agridulces.
Fue entonces, cuando sintió que todo estaba perdonado entre ellos que la magia se esfumó, escuchó un grito a los lejos y supo lo que venía no era bueno.
Se separó de golpe de Draco que evidentemente sorprendido ante la interrupción, veía a la distancia quien los había interrumpido.
Luna llegó como alma que lleva el diablo a su lado, se veía agitada y preocupada; aquello no le gustó para nada, sentía un extraño cosquilleo en su interior, como una advertencia que todo estaba a punto de cambiar.
Sin molestarse en limpiar sus lágrimas se separó de Draco y fue al encuentro de la rubia, que con el miedo dibujado en el rostro la tomó con fuerza del brazo.
— ¿Luna, qué es lo que pasa?
Luna se limitó a apretar con más fuerza su brazo, le estaba causando daño pero al parecer la rubia no era consciente de ello.
— ¿Luna?
La rubia abrió la boca para decir algo pero de ésta no salió palabra alguna, fue al segundo intento que por fin logró decir algo, apenas lo dijo deseo por un momento que jamás lo hubiera hecho.
— Bellatrix, Bellatrix está aquí.
Luna por fin soltó su brazo y ella sintió que caía al vacío. Por supuesto que esa bruja estuviera en aquel lugar, en aquel momento no era bueno. Si bien era cierto no pudo estar hace años en aquella guerra, justo ahora estaba por comenzar una batalla por su vida, porque eso quería la mortífaga; pero no lo iba a permitir, ya que, con memorias robadas o no, ella seguía siendo Hermione Granger, la mejor bruja que haya pisado Hogwarts en años y eso es lo que iba a demostrar justo ahora.
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Un chillido de frustración pura salió de sus labios, parecía una niña pequeña en medio de una rabieta y no era para menos. Su plan se había ido al demonio. Al parecer después de la guerra se habían tomado muy enserio eso de la seguridad en Hogwarts, era imposible aparecerse en los terrenos o entrar a ellos sin el permiso necesario ¿Qué se habían creído?
— ¿Mi señora, y ahora que hacemos?
La estúpida pregunta de aquel mocoso la sacó de quicio, sin importarle nada ni nadie y desquitando con él toda su frustración, le lanzó un Cruciatos que logró que aquel inútil chillara como un cerdo. Sólo cuando estuvo un poco más tranquila lo dejó en paz. Los demás se limitaron a reír por lo bajo y otros a bajar la vista temiendo molestarla.
Suspiró profundamente y tomó con fuerza su varita, no, aquello no iba a terminar ahí, si bien era cierto no podía entrar a Hogwarts, sí que podía ir a Hogsmeade a hacer de las suyas, el maldito pueblo iba a llevar las de perder en su venganza, no variaba mucho, ya fuera Hogwarts o Hogsmeade, sabía que Potter era lo demasiado idiota para ir a buscarla y eso iba a hacer, Potter y compañía estaban tan cerca que casi podía sentirlos, si bien no podía atacarlos en aquellos terrenos, los atraería al pueblucho y ahí encontrarían su muerte.
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Corrió sabiendo que su vida dependía de ello, corrió sabiendo que si no lo hacía, si no llegaba a tiempo todo iba a terminar.
Alguien gritó su nombre, a ella no le importó. Tenía que llegar, tenía que estar con él…
A su alrededor todo era fuego y gritos.
Aquel humo llegaba a sus pulmones impidiéndole respirar, trato de concentrarse, tenía que seguir corriendo.
— ¡Hermione, detente!
No podía hacerlo, no podía abandonarlo; no de nuevo.
Hace unas horas cuando se enteró de que Bellatrix estaba en Hogsmeade fantaseo por un momento con la idea de que ella iba a detenerla, de que iba a ser lo suficientemente fuerte como para acabar con todo de una vez por todas.
No pudo.
Esos nueve años perdidos le habían cobrado factura, estaba fuera de forma, su cabeza era un caos y ni hacer un hechizo decente podía, pero correr sí que podía seguir haciéndolo, y eso iba a hacer, lo iba a hacer hasta que lo encontrara a él.
— Harry.
Giró a la izquierda mientras su cabeza se movía de manera frenética hacia los lados, alguien chocó contra ella y no se molestó en disculparse. Tenía que encontrarlo y tenía que hacerlo rápido.
Cuando Ron llegó con ella hace unos momentos y le dijo que Harry había ido tras Bellatrix supo tenía que estar a su lado, tenía un mal presentimiento, algo le decía que no podía dejarlo solo con aquella bruja, tenía que ayudarlo, tenía que estar con él. Y ahí estaba, recorriendo todo el pueblo en busca del moreno y la enloquecida mortifaga.
Ríos de gente corrían aterradas tratando de salvarse, levantó la mirada lo suficiente para ver que un poco más adelante el fuego era más intenso y los hechizos más frecuentes. Lo supo al instante. Los había encontrado.
Sólo Harry y Bellatrix eran capaces de mantener aquel ritmo en batalla. Unos metros fueron suficientes para confirmar sus sospechas. Frente a ella estaban Harry y la enloquecida bruja batiéndose en duelo. Le asustó ver al moreno, su amigo tenía profundos cortes en el rostro y brazos, su ropa estaba hecha jirones y su rostro era un desastre. Al parecer antes de enfrentarse a la bruja había hecho lo propio con un gran número de enemigos, o al menos eso le había dicho Ron.
Se detuvo de golpe sin saber qué hacer, ya que los había encontrado no tenía idea de cómo actuar, no podía ayudar a Harry en el duelo, no estaba lista, pero tampoco podía irse de ahí, no lo iba a dejar solo, aquella opresión en el pecho no desaparecía, algo grave estaba a punto de pasar.
Así que ahí se quedó, viendo como aquel par luchaba a muerte. Porque eso hacían, Bellatrix no perdía el tiempo y lanzaba maldiciones asesinas a diestra y siniestra, Harry se defendía como podía y trataba de terminar aquello de una buena vez por todas, sintiéndose completamente inútil apretó con fuerza su vieja varita. Si sólo pudiera ayudarlo…
Fue en ese preciso momento que alguien gritó su nombre una vez más.
Después de eso, todo lo vio en cámara lenta.
Harry se distrajo por aquel grito y giró su cabeza una fracción de segundo hacia ella…
Aquello fue suficiente.
Un rayo impacto de golpe en el pecho del moreno y salió disparado hacia atrás, para después caer con un golpe sordo sobre el suelo.
Y fue entonces que ella supo lo que era el terror.
Su corazón se paralizó por completo mientras sin importarle nada ni nadie corría hacía Harry, escuchó una carcajada a lo lejos pero no se detuvo a pensar en nada.
— Por favor, que esté vivo, por favor…
Tardó demasiado en llegar al moreno, para cuando lo hizo se lanzó con fuerza a su lado, se puso de rodillas colocando la cabeza del moreno sobre su regazo mientras buscaba alguna señal de pulso, no podía estar muerto, él no podía…
— Vaya, vaya, Granger, que sorpresa verte.
No se molestó en levantar la vista, no le importo que Bellatrix se estuviera acercando a ella mientras hablaba, lo único que le importaba era encontrar el pulso de Harry, él no podía estar muerto, él no debía morir así. Se maldijo internamente por ser tan estúpida y permitir que distrajeran de esa manera a Harry, ella no debió estar ahí, ella no debió…
Siguió buscando el pulso del moreno, pero sus estúpidas manos no se estaban quietas, temblaba tan fuerte que le era prácticamente imposible sentir algo.
— Harry, por favor, por favor…
— Está muerto Granger.
Negó con la cabeza aún sin levantar la mirada, no, Bellatrix mentía, él no podía estar muerto.
— Harry…
Era su culpa, si ella no se hubiera lanzado en su búsqueda, si ella no…
— Son patéticos.
Abrazó con fuerza a Harry tratando de protegerlo de aquella mujer. Levantó la vista justo para ver cómo Bellatrix con una mueca de asco dibujada en los labios se paraba junto a ellos y les apuntaba con su varita.
Y entonces lo supo; aquél día iban a morir.
— Gracias por ponerlo todo tan fácil maldita sangre sucia.
Bellatrix levantó abrió la boca para dar el golpe final y entonces, un milagro pasó.
Un rayo rojo salió de la nada impactando a la bruja en un costado, logrando que ésta perdiera el equilibrio y por lo tanto desviando su atención de ellos hacia el misterioso atacante.
Un chillido de frustración salió de la boca de la mortifaga, el denso humo negro que los rodeaba le dificultaba la tarea de averiguar quien se había atrevido a atacarla, a ella no le importaba demasiado, tenía que sacar a Harry de ahí en cuanto pudiera, tal vez esa era su última oportunidad de salir con vida de aquel lugar.
Tratando de no llamar mucho la atención se puso de pie y comenzó a arrastrar el cuerpo de Harry. Bellatrix estaba demasiado ocupada buscando a su atacante. Fue entonces, cuando había avanzado unos metros que el atacante de Bellatrix salió de su escondite.
Y aquello fue suficiente para mandar al demonio cualquier plan que tuviera de escapar, y es que ahí, frente a una bruja que ella sabía muy bien era capaz de matar a cualquiera se encontraba Draco Malfoy, aquél mago que al igual que ella no tenía mucha idea de la magia, aquél que estaba tan oxidado como ella y que en ese momento se enfrentaba a su querida tía con una varita que ella sabía, no recordaba muy bien cómo utilizar.
Y eso es todo por hoy ¿Qué les pareció? ¿Les gustó?
Cómo notarán esto apesta a final xD y esa era la idea... quería publicar todo ya de una vez pero la inspiración no me lo permite :c así que aquí tienen una pequeña parte, espero que les gusté y gracias por seguir leyendo, nos vemos pronto por aquí, haré todo lo posible porque así sea :)
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