Hola a todos! Por fin me tiene por aquí y como prometí les traigo el final de ésta historia... si gente, el final, después de mil años pude terminar esto. Es el segundo fic que escribo, al menos así de largo... y aunque me gusta hacerlo a veces la vida y la inspiración nada más no me dejaban escribir, como bien sabrán xD
Quiero agradecer a todos aquellos que me acompañaron en éste viaje, por sus comentarios y por sus buenos deseos. Para el capítulo y en especial para el final les recomiendo que escuchen Say my name - Within Temptation. Y les voy a decir por qué... ya tenía el final terminado pero escuche de nuevo ésta canción que es de mis favoritas y me volví loca (?) en fin, espero que lo disfruten.
CAPÍTULO XXVIII
Aquello era el infierno.
No podía creer que en tan poco tiempo su querida hermana hubiera armado aquél caos. Era imposible. Una bruja y aquel grupo de magos no podían causar tanto daño.
Hace tiempo que no visitaba Hogsmeade, desde que la guerra había terminado no se atrevía mucho a dejarse ver por el mundo mágico, no era para menos si consideraba que la mitad de la población mágica la repudiaba por ser la esposa de uno de los mortífagos que arrebató tantas vidas. No le importaba, ella no necesitaba a aquellos idiotas, pero aun así le impresionó mucho aquél espectáculo.
Siempre que pensaba en Hogsmeade, venía a su cabeza la imagen de un tranquilo pueblo donde muchos magos y brujas pasaban un buen tiempo juntos, sabía que de ahora en adelante, cuando pensara en Hogsmeade, lo único que vendría a su cabeza sería fuego, gritos y sangre.
Apenas puso un pie en el pueblo, no pudo evitar girar la cabeza hacia todos lados buscando a los aurores, a esas alturas ya tendrían que haber llegado, o eso pensaba, era extraño que no estuvieran ahí protegiendo a los inocentes. Lo único que podía ver era a la gente corriendo despavorida, dónde unos pocos se defendían de los ataques mientras el pequeño pueblo ardía.
A Bella siempre le había gustado quemar cosas.
Por un momento no pudo evitar recordar la batalla que tuvo lugar en Hogwarts, donde un panorama similar atormentó a la comunidad mágica por muchos años.
Trago saliva, tenía que encontrar a Bella, después de todo esa era su única misión; encontrarla y tratar de detenerla, hacerlo antes de que le hiciera daño a Draco. Con éste pensamiento en la cabeza respiró profundamente y trato de ver más allá de aquel intenso humo negro que cubría las calles, no logró mucho. Por más que forzó su vista lo único que alcanzó a ver fueron hechizos que iban y venían por todos lados mientras los gritos se continuaban escuchando con fuerza.
Tomó su varita entre sus manos y comenzó a caminar, tenía que hacerlo con mucho cuidado, después de todo no sabía a quién se iba a encontrar en aquel lugar, lo ideal sería toparse frente a frente con Bella y terminar todo de una buena vez por todas, pero no tenía tanta…
Un extraño movimiento la distrajo de sus pensamientos, el humo era más denso en aquella parte pero le pareció ver que algo se movía a la distancia; alguien corría. Para confirmar ésta sospecha segundos después pudo ver un rayo violeta que viajo de un lado a otro. Estuvo a punto de dar media vuelta y alejarse de ahí cuando escuchó una carcajada que ella conocía mejor que nadie.
— Bella.
Su corazón comenzó a latir enloquecido, sintió un fino sudor en las palmas de sus manos y apretando con fuerza su varita se preparó para atacar. No veía mucho con aquel denso humo pero se guiaba por el sonido de la risa de su hermana. Tenía que ser cuidadosa, su mejor ventaja era la sorpresa, Bella no sabía que estaba ahí y si lograba que esto siguiera así… bueno todo acabaría rápido.
Unos cuantos pasos más fueron necesarios para que pudiera ver a su querida hermana. Bella seguía riendo a carcajadas mientras apuntaba a un par que ella conocía muy bien.
Siempre creyó que cuando viera a Potter y a Granger a punto de morir sentiría un peso bajar de sus hombros, pero no fue así. Cuando vio lo indefensa que estaba aquella sangre sucia y cómo trataba inútilmente de proteger a un inconsciente Potter, lo único que vino a su cabeza fueron esos nueve años que compartió con su hijo, esos años donde esa chiquilla se creyó hermana de su precioso Draco, nueve años donde sólo aquella sangre sucia fue su único apoyo.
Maldijo por lo bajo y dejando de lado cualquier prejuicio que pudiera tener por aquél par, levantó su varita dispuesta a salvar a aquellos mocosos cuando algo que no esperaba para nada, pasó.
Un hechizo que vino de la nada le dio de lleno a Bellatrix logrando que su hermana se girara furiosa buscando a su atacante. Era una tarea complicada, después de todo el humo que invadía el pueblo no ayudaba para nada. Vio cómo Granger, tratando de aprovechar la distracción arrastraba a Potter tratando de salvarlo, eso le sorprendió; después de todo la mocosa no era estúpida. Pero no había avanzado ni dos metros cuando la sangre sucia se detuvo de golpe viendo con evidente pavor algún punto en la distancia que ella no lograba distinguir.
Sin saber qué había puesto así a la chiquilla, se puso a maldecirla; era estúpida, esa era su oportunidad…
Todo pensamiento cesó de golpe en su cabeza, y es que ahí, frente a su desquiciada hermana se encontraba el que era su razón de vivir, el único ser vivo en el planeta por el daría la vida; su hijo, su querido Draco.
Sintió el terror recorrer cada célula de su cuerpo, era evidente que Draco tenía problemas para sostener su varita, se veía incómodo sosteniéndola. Ella no entendía qué es lo que hacía su hijo ahí, ella pensaba que estaba seguro en San Mungo… era normal que su hijo tuviera ese titubeo al apuntar con su varita, después de todo en ese momento y por nueve años fue Benjamín Grey, y los muggles no tenían ni idea de lo que era la magia.
— Vaya, vaya, un milagro nos visita.
Draco apretó los labios hasta dejarlos en una línea muy delgada, era claro que aunque no sabía quién era esa mujer no le gustaba que nadie se burlara de él, siempre había sido así, después de todo con memorias o sin ellas seguía siendo un Malfoy.
— Siempre tan graciosa querida tía.
Una carcajada por parte de Bella mientras ella sentía que el mundo bajo sus pies se derrumbaba. Lo recordaba, Draco recordaba a Bella y si la recordaba a ella entonces…
Olvidando por completo su plan de permanecer oculta o aprovechar el elemento sorpresa y sintiendo cómo su corazón latía enloquecido en su pecho, dio unos pasos al frente acercándose a ellos.
Granger fue la primera que la vio, aunque la chiquilla seguía sin despegar la vista de Draco, notó su presencia al instante en que atravesó aquel humo que la ocultaba. Escuchó a la perfección su expresión de sorpresa, pero no se detuvo ante ella, continuó su camino mientras su hijo y su hermana seguían viéndose con evidente desafío.
Fue Draco el siguiente en notarla. Y poco falto para que fuera corriendo hacia él. Su hijo la veía con evidente sorpresa y cariño. La veía como si supiera que ella era su madre, como si recordara quién era ella… la veía como muchas veces soñó, como pensó jamás iba volver a verla.
— Madre.
Apenas aquellas palabras salieron de sus labios el rubio se dio cuenta que había sido un error, ya que Bella se giró bruscamente hacía ella sin dejar de apuntar a Draco. Una mueca se dibujó en el rostro de su hermana, ya que aunque era evidente la desventaja que se le acababa de presentar, era más fuerte el odio con el que la veía la que en su tiempo fue su querida Bella, su querida hermanita.
— Y así la familia se reúne, fantástico, simplemente fantástico.
Antes de que pudiera hacer nada, Bella lanzó un hechizo a la nada e inmediatamente un enorme circulo de fuego los rodeo separándolos del resto del mundo, algo le decía que aquél fuego no era nada común y para apagarlo se iba a necesitar más que agua; escuchó como Granger maldecía por haber perdido la oportunidad de escaparse de ahí.
— ¿Qué se supone que has hecho?
La pregunta de Draco arrancó una carcajada por parte de Bella.
— Deberías saberlo querido, después de todo cualquier mago oscuro que se jacte de ello debería saberlo… oh espera, lo olvidaba, tú no eres más que un parásito que se hizo pasar por muerto nueve años.
Era más que evidente el desprecio que sentía Bella por ellos, aquello le preocupó, tenía que apurarse, tenía que ponerle punto final a aquella historia, si había un oportunidad de terminar con aquello era esa.
Y así lo hizo, sin detenerse a pensar en alguna estrategia se lanzó contra su hermana y la atacó. Bella se percató de esto y se defendió. Hace años que no se batía en duelo contra nadie, pero esa vez lo iba a hacer y lo iba a hacer bien, después de todo si fallaba podría dar por muerto a su querido hijo, porque sabía que Bella no se tentaría el corazón al asesinar a su propio sobrino.
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Sentía en su interior un cosquilleo que lo recorría de pies a cabeza, sentía en su interior el deseo de ayudar a su madre; pero no podía.
Aquellos años le habían cobrado factura y ahora ahí se encontraba, con una varita que sentía era incapaz de utilizar, hace unos momentos cuando ataco a Bella tuvo suerte. No supo de dónde llegó aquella inspiración para atacarla, tal vez tuvo que ver con saber que Hermione estaba en peligro, pero ahora todo era diferente. Aunque sabía los hechizos estos se negaban a salir de sus labios, aunque sabía que tenía magia… sentía que no podía controlarla. Y por eso ahí se encontraba, observando como su madre y Bella se batían en un duelo que jamás pensó ver.
Pero aquel duelo dejo de importarle cuando vio a Hermione tirada a unos metros de donde él se encontraba, estaba muy cerca de la pared de fuego que su no tan querida tía había levantado entre ellos y el mundo. Sin importarle nada ni nadie corrió hacia la castaña, la cual se aferraba a Potter tratando de protegerlo del ardiente fuego y de los hechizos que iban y venían en todas direcciones.
— Hermione…
Le gustó ver el alivió que se dibujó en el rostro de la castaña, le agradaba saber que le preocupaba su bienestar, pero su gusto duró poco. Ya que en ese momento y respondiendo ante una lluvia de escombro que llegó de la nada, Hermione se agachó cubriendo con su cuerpo el de Potter, logrando con esto que una piedra le hiciera un profundo corte en la mejilla.
— ¡Hermione!
Su castaña gimió de dolor mientras un hilo de sangre viajaba por su mejilla.
— Tenemos que sacarlo de aquí.
No pudo evitar la mueca que se dibujó en su rostro al escuchar sus palabras, y es que aún después de todo ella se seguía preocupando por Potter, porque eso era lo que pasaba, sabía que su bienestar y el de ella no le importaban, ahí el único que importaba era el maldito Potter; siempre Potter.
— No podemos, éste maldito fuego…
Hermione mordió su labio y ahogó un sollozo.
— Por favor Draco, debemos… yo… no sé…
Fue en ese momento que se percató de las temblorosas manos de Hermione que trataban de encontrar el pulso del inconsciente mago que tenía en su regazo. Trago saliva, no se había detenido a pensar en la posibilidad de que Potter estuviera muerto.
Maldijo por lo bajo.
Aunque la idea de que Potter estuviera muerto no le desagradaba del todo, no quería ser él quien le confirmará a Hermione sus sospechas, no quería ser él quien le diera aquella noticia que sabía la iba a devastar. Así que ignoró la súplica de Hermione y tomó sus temblorosas manos entre las suyas.
— Hermione, escúchame. Tenemos que salir de aquí, tenemos que ponerte a salvo.
— Pe… pero Harry…
— ¡No me importa Potter!
Se arrepintió al instante de aquellas palabras, Hermione le dedicó una mirada cargada de desprecio e incredulidad.
— Es mi amigo, él…
Pero no pudo escuchar que más iba a decir, ya que en ese momento se escuchó un grito que le heló hasta la sangre.
Vio su miedo reflejado en el rostro de Hermione, ya que con ese grito se escapaba su última oportunidad de salir vivos de aquél lugar. Él por su parte sintió también el dolor de saber que la que gritaba en ese momento era su madre.
Giró bruscamente su cabeza hacia aquellas mujeres que hasta hace unos momentos luchaban. Ahora todo había cambiado, ya que para su sorpresa y miedo vio como Bellatrix tenía en el suelo a su querida madre; Narcissa Malfoy gritaba de puro dolor mientras se agarraba el abdomen. Su no tan querida tía limpiaba la sangre que escurría de su rostro sin dejar de apuntar a la que hace tiempo fue su amada hermana.
En ese momento captó la mirada de su madre y supo todo se había ido al demonio.
Iban a morir, su madre estaba agonizando y con esto se llevaba la última oportunidad que tenían de salir vivos de aquel desastre.
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Las pociones chocaban entre ellas mismas en el interior de su bolsillo; no era para menos, después de todo si se corría a la velocidad que él lo hacía en ese momento, era normal que aquellos frascos hicieran aquel molesto y estresante ruido.
Y aunque le molestaba no hizo nada para detenerlo, no tenía tiempo. Aún le faltaba bastante para llegar. El denso humo que rodeaba el pueblo dificultaba la visibilidad, pero aun así podía ver aquella enorme columna de fuego a lo lejos. Ahí es a dónde tenía que ir, ahí es donde tenía que llegar.
Apretó los labios y continuó corriendo. Fue cuando estaba por llegar a aquel enorme círculo de fuego cuando notó algo extraño. Con una maldición vio como el efecto de la poción multijugos se terminaba y su rostro quedaba expuesto. Fue una suerte que nadie le prestara atención, todos huían de aquél enorme circulo.
Sabiendo que no podía hacer nada por remediar aquel imprevisto, acortó la distancia que lo separaba de su objetivo. Y apenas llegó una nueva maldición escapó de sus labios. Conocía aquél fuego, él mismo había cometido el error de enseñárselo a Bella.
Fuego demoniaco.
Con una mueca en los labios trató de ver más allá de aquellas columnas de fuego, como era de esperarse no vio absolutamente nada. Levantó su varita y comenzó la tarea de extinguir un poco de aquel fuego, sería tardado y solamente esperaba poder hacerlo a tiempo.
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Ver el terror en el rostro de Draco fue como ver el suyo propio. Cuando Narcissa apareció de la nada a ayudarlos, creyó por un segundo que tenían una esperanza, ahora… ahora todo había acabado.
Sin ser consciente de lo que hacía, apretó a Harry con más fuerza. Aún no podía encontrarle el pulso y la idea de que estuviera muerto le aterraba. Aunque lo abrazaba con fuerza no podía verlo; se negaba a posar sus ojos sobre él y descubrir el color de la muerte en su rostro. Por eso ahí estaba, observando como miles de emociones cruzaban el rostro de Draco Malfoy, de su amigo… del que por nueve años fue su hermano.
— Draco…
Extendió su mano hacia el rubio en un intento de consolarlo, después de todo aquella que agonizaba era su madre.
Su rubio amigo alejó su mano impidiéndole tocarlo, lo vio apretar los puños con fuerza mientras las lágrimas luchaban por salir de sus ojos.
— Draco…
Sus propias lágrimas viajaban por sus mejillas nublando su vista, apretó aún más a Harry tratando de no pensar en el hecho de que aquellas iban a ser las últimas horas de su vida.
Era injusto, justo cuando pensó que todo se iba a arreglar llegó aquella desquiciada mujer y mando al demonio su esperanza de vida. Siempre había sido así, en el mundo mágico ella jamás encontró la paz… estaba segura que cuando era Jean todo era diferente; por un segundo hasta extraño aquella vida que no recordaba.
Draco seguía apretando los puños con tal fuerza que éstos se pusieron blancos, abrió la boca para decir algo pero una punzada en su cabeza le impidió hablar. Sacudió la cabeza tratando de ahuyentar aquel malestar cuando un nuevo pinchazo la atacó con más fuerza.
No.
Ahora no.
Sabía lo que aquél dolor de cabeza significaba. Jean Grey luchaba por mandar en su cabeza y aquellos dolores de cabeza eran su modo de anunciarlo.
Haciendo uso de toda su fuerza de voluntad trató de concentrarse, si lo lograba podía rechazar a Jean, si tan solo pudiera…
Un desgarrador grito la obligó a abrir los ojos. Narcissa gritaba mientras la sangre escapaba de aquella herida que tenía en el abdomen, todo, porque Bella se había hincado frente a ella y con una mueca de burla en el rostro le picaba con su varita logrando que la sangre saliera a borbotones.
Sintió la impotencia atacar cada célula de su cuerpo, todo porque ahora era incapaz de ayudar a nadie, no cuando su magia era un desastre y su cabeza estaba a punto de explotar. Mientras veía cómo Bellatrix torturaba a su hermana el dolor en su cabeza se hizo simplemente insoportable. Casi sintió a Jean entrar en su cabeza, casi la vio ahí, frente a ella reclamando su cuerpo, y mientras ella se iba a la deriva, lo último que alcanzó a ver fue como Draco, presa de la desesperación y el odio hacia su tía, se ponía de pie y con un grito se lanzaba contra una bruja que evidentemente sorprendida se giraba demasiado tarde hacia aquél nuevo e inesperado atacante.
Después de eso no supo nada más.
Si moría o no… al parecer ya no iba a ser capaz de averiguarlo.
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Sus pies se movían sin que él recordara haberles ordenado hacerlo. Mientras avanzaba entre aquel mar de gente, dónde todos sin excepción alguna lo veían con lástima, no pudo evitar recordar las palabras que Harry le había dicho un día, cuando su vida no era tan complicada.
— Te lo juro Ron, a veces quisiera simplemente desaparecer.
— ¿Desaparecer? Harry, no es para tanto.
El moreno había negado lentamente con la cabeza.
— No lo entiendes, simplemente no soporto sus miradas… sé lo que piensan, sé que lo único que les inspiro es lástima, a veces solamente quisiera irme donde nadie me conozca, usar mi capa de invisibilidad y no quitármela jamás.
Ahora sí que entendía a su amigo. Nunca había sido el centro de atención y aunque pensó que aquello le gustaría, ahora entendía que no era así, llamar la atención no era lo suyo. Quería su propia capa y desaparecer entre aquella gente que lo veía de esa estresante manera.
Fue en ese momento que sintió un suave apretón en su mano y justo cuando se topó con los hermosos ojos de su esposa, se calmó un poco. Suspiró profundamente y se concentró en seguir caminando.
No faltaba mucho, sólo unos metros más y entonces él podría ver aquello con sus propios ojos y sacar sus propias conclusiones, porque simplemente se negaba a aceptar las que sus compañeros aurores le habían dado.
Ellos no podían estar muertos.
No ahora… no después de todo lo que habían pasado.
Sin poderlo evitar las lágrimas aparecieron en sus ojos y tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no ponerse a llorar; respiró profundamente y simplemente continuó caminando.
— Es un error, ellos están bien.
Asintió distraídamente ante las palabras de Luna. Por supuesto que era un error. La vida no podía ser tan cruel e injusta; no con ellos, no después de haberles robado tantos años.
Dio un último paso y se encontró al filo de un enorme circulo negro; aquellas cenizas era lo único que quedaba de aquel enorme fuego que había visto hace unas horas, ese dónde sabía sus mejores amigos se enfrentaban a una desquiciada bruja y donde él, simplemente no pudo ayudarlos.
Apretó los puños con furia contenida, sabía que no tenía caso lamentarse, si no fue en su ayuda fue porque los demás necesitaban de él en ese momento. Sacudió la cabeza y quito esas ideas de su mente, ya tendría tiempo de lamentarse.
Tomó con fuerza la mano de Luna y juntos atravesaron aquel círculo de ceniza donde los aurores trataban de mantener a raya a los curiosos. Llegaron al lugar donde un pequeño grupo de magos rodeaban un cuerpo. Por más que intentó no pudo ver de quien se trataba. Hicieron falta unos metros más para poder enterarse de quien era.
Casi se sintió culpable por el alivió que lo recorrió de pies a cabeza al ver a Narcissa en el suelo rodeada de sangre. Era extraño, pero aunque evidentemente había sufrido; la bruja tenía una sonrisa en el rostro. No quiso darle muchas vueltas al asunto, ya después se enteraría de qué le había pasado.
Continuó caminando, a unos metros de Narcissa se encontraba el cuerpo de la bruja más buscada en los últimos años.
El cuerpo de Bellatrix Lestrange estaba calcinado por el fuego. Y sólo se sabía que era ella porque la mitad de su rostro, aunque desfigurada por una vieja cicatriz, se encontraba sin una sola quemadura. Era extraño que la mayor parte de su cuerpo se encontrara quemada y aquella minúscula parte no.
Se estaba preguntando qué es lo que había pasado en aquél lugar cuando se dio cuenta un detalle muy importante. Ahí no había ningún cuerpo más.
Sólo Narcissa y Bella. Ni Harry ni Hermione se encontraban ahí… entonces ¿Por qué le habían dicho que sus dos mejores amigos estaban muertos? Pero sin duda lo más importante era que si no estaban ahí… ¿Dónde demonios estaban?
No puedo evitar sentir que un gran peso bajaba de sus hombros, no estaban muertos… estaban con vida… estaban bien… ahora lo único que faltaba era encontrarlos y eso no le podría llevar mucho tiempo ¿Verdad?
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Un grito se escuchó a la distancia mientras en un inesperado movimiento él se levantaba de golpe y abría los ojos logrando que la luz lo cegara por un momento.
Tardó un segundo en asimilar que aquél grito que se escuchaba provenía de su propia boca, y tardó aún más en darse cuenta que aquél grito era más bien un nombre.
Hermione.
Lo último que recordaba era haberla visto entrar en su campo de visión mientras un punzante dolor le atravesaba el pecho. Después de eso no supo nada más. Fue por eso que sentía aquel terror invadir cada rincón de su cuerpo. Y fue por eso que en ese momento giraba la cabeza frenéticamente tratando de averiguar dónde se encontraba.
No pudo evitar enarcar una ceja al verse en aquella pulcra y ordenada habitación que le era totalmente desconocida. Con evidente sorpresa vio los vendajes que cubrían parte de sus brazos y que sentía en su abdomen. El dolor en su cabeza le advirtió que seguramente su rostro estaba igual de magullado que el resto de su cuerpo.
Pero aquello no lo detuvo.
Sintiendo la fuerte necesidad de averiguar dónde y cómo estaba Hermione, ignorando su propio malestar trató de ponerse de pie.
Apenas puso un pie en el suelo el mundo le dio vueltas y tuvo que recostarse para no ir a parar al suelo.
— Maldita sea.
— Si yo fuera tú, no intentaría eso Potter.
Giró bruscamente la cabeza sólo para ver como un fantasma entraba en la habitación. Sin poder creer lo que sus ojos veían parpadeó un par de veces tratando de ahuyentar la ilusión óptica que le hacía ver a aquél hombre.
Y es que no había otra explicación para que Severus Snape estuviera frente a él en ese momento.
Aquel mago había muerto muchos años atrás, no había explicación lógica para que él estuviera ahí en ese preciso momento. Sin importarle su evidente confusión, aquel hombre que creyó muerto por tantos años, dibujó una media sonrisa en su rostro y se acercó un paso más hacia él.
— Sé que tienes muchas preguntas.
— Usted está muerto.
Era estúpido aclarar lo evidente pero sentía la absurda necesidad de hacerlo, sentía que debía dejarlo claro. Snape hizo una extraña mueca y suspiró.
— Si, eso es verdad.
Frunció el entrecejo, algo le decía que aquel hombre se estaba burlando de él.
— Exijo una explicación.
La mirada que le dedicó su ex – profesor le puso los cabellos de punta, aun así no bajo la mirada y lo desafió a contarle la verdad.
— No hay tiempo para eso.
Sin poder creer lo que decía abrió la boca para decir algo, pero por supuesto no pudo hacerlo, ya que en ese momento se escuchó un desgarrador grito que él conocía a la perfección.
Sin importarle nada ni nadie una vez más trato de ponerse de pie fracasando terriblemente. Aun así lo siguió intentando, ya que aquella que gritaba no era otra que Hermione.
— Potter…
Fue hasta que sintió una pesada mano sobre su hombro que se detuvo. Severus Snape lo veía con un extraño brillo en la mirada que lo exaspero, ya que él conocía muy bien aquella mirada. Lo veía con lástima, como todo el mundo mágico lo veía.
— Tenemos que hablar.
— Sea lo que sea no me interesa, quiero ver a Hermione.
— Es de ella de quien quiero hablarte, Potter… yo…
— ¡No me interesa!
— Yo soy el doctor Patterson y perdón si me equivoco pero creo que tú y yo tenemos muchas cosas de qué hablar.
Aquellas palabras bastaron para dejarlo mudo, mientras eso pasaba una vieja promesa que había hecho hace no mucho tiempo pasó por su cabeza recordándole que su vida estaba a punto de cambiar para siempre.
Sin detenerse a decir o explicar nada más, Severus Snape, aquel mago que por años se hizo pasar por el doctor Patterson sacó de su bolsillo dos pociones; una color rojo escarlata y otra color dorado. Apenas las puso frente a él supo que había llegado el momento más importante de su vida, porque su decisión iba a afectar su vida, la de Hermione y la de Draco Malfoy, en sus hombros estaba el peso de saberse responsable de la vida de dos personas.
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Su garganta y cabeza estaban en llamas.
Se sentía en una extraña dimensión donde sólo había oscuridad. Voces extrañas y sin sentido se escuchaban en su cabeza pero por más que lo intentaba simplemente no podía entenderlas.
Algo en su interior le decía que estaba en peligro, algo muy dentro de ella le decía que estaba pasando algo muy, muy malo.
Imágenes en su cabeza pasaban a una velocidad que le era imposible saber de qué o de quién eran. Sólo unos ojos verdes estaban claros, sólo un nombre estaba presente.
Harry.
Harry Potter.
Un vacío en su pecho y aquella sensación de sentirse abandonada era lo único que importaba. Sin saber que hacer o cómo actuar ante aquella confusa y extraña situación, se limitó a respirar profundamente y tratar de dejarlo ir todo… no pudo, sin poder quitar a aquél chico de su cabeza, comenzó a llorar sintiendo por algún motivo que con aquellas lágrimas dejaba parte de su vida.
— Hermione.
Levantó la cabeza de golpe al escuchar su nombre, aunque no sabía de dónde venía conocía muy bien aquella voz y sabía que le pertenecía a Harry, él la llamaba y por el tono de su voz era evidente que la necesitaba.
Sintiendo la desesperación y frustración en cada célula de su cuerpo comenzó a correr sin rumbo, tratando de seguir aquella voz que le suplicaba fuera a su lado.
Fue cuando comenzaba a creer que jamás saldría de aquel profundo abismo que vio una luz a lo lejos que la invitó a seguirla, sabiendo que no tenía muchas opciones comenzó a correr hacia aquella brillante luz; para cuando la atravesó sus recuerdos simplemente se perdieron, su mente se quedó en blanco.
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El grito de su madre retumbó en su cabeza logrando que las lágrimas hicieran acto de presencia, sentía la mirada de Hermione fija en su rostro pero no le importó, aunque no sabía exactamente qué hacer, no iba a dejar a su madre en manos de aquella desquiciada bruja.
De un salto se puso de pie y comenzó a correr hacia su enloquecida tía, le pareció ver que Hermione se desmayaba pero aquello no lo detuvo. Tomando por sorpresa a Bellatrix levantó su varita y lanzó aquellos hechizos y maldiciones que venían a su cabeza, rayo tras rayo y sin darle tiempo suficiente a la ex mortifaga de defenderse, cada uno fue a impactar a su pecho. Escuchó gritos de dolor y frustración por parte de aquella mujer que justo ahora quería matar, pero por más que se concentraba la maldición asesina se negaba a salir de sus labios. No importaba, totalmente fuera de sí siguió atacándola por el mero placer de hacerla sufrir.
Su madre seguía en el suelo, desangrándose y gimiendo de dolor, levantó la varita una vez más para atacar a su tía cuando una explosión en los límites de aquel círculo de fuego lo obligó a desviar la vista.
Le sorprendió ver a Severus Snape en aquel lugar, desde que había recuperado sus memorias nadie le había hablado de él, así que verlo ahí en ese momento fue una gran sorpresa. No tuvo tiempo de asimilar aquella inesperada aparición, ya que en ese momento Bellatrix chilló y olvidándose por completo de él comenzó a correr hacia el recién llegado, que, con una sonrisa en los labios levantaba su varita para defenderse.
— ¡Tú también, maldito traidor! ¡Los odio, los odio a todos!
Después de eso la batalla comenzó. Sin importarle mucho aquel detalle, corrió hacia su madre y en un rápido movimiento se puso de rodillas y la acunó en sus brazos. Narcissa sonrió de medio lado mientras una mueca de dolor aparecía en su rostro evidenciando el mal estado en el que se encontraba.
En un inútil y desesperado intento comenzó a presionar la herida que hacía que su querida madre se desangrara.
— Tenemos que buscar ayuda, yo no sé… yo no…
Comenzó a llorar sin control alguno, se sentía inútil, no sabía qué hacer para ayudar a su madre, si continuaba así… no quería ni pensarlo, había recuperado su vida y a su familia ese mismo día y no podía permitir que el maldito destino se la arrebatara.
— Es inútil.
Su madre tomó sus manos y manchándolas con su propia sangre, las apartó de la herida, las llevó hacia sus labios y comenzó a besarlas con una ternura que lo desarmó por completo.
— Creí que este momento jamás iba a llegar, creí que moriría sin tener la dicha que me… me recordaras.
Negó con la cabeza sólo por hacer algo, no tenía palabras, no sabía que decir.
— Madre yo…
Narcissa comenzó a toser y pequeñas manchas de sangre mancharon la comisura de sus labios. No tenía tiempo, tenía que salir de ahí como fuera. Dio un rápido vistazo a la batalla que tenía muy entretenidos a su tía y a su ex profesor y vio con frustración que no había modo de salir de ahí.
— Draco… Draco… escu… escúchame.
Sintió un suave apretón sobre su mano y bajo la vista hacia su agonizante mamá.
— Quiero que sepas que… que lo hice por tu bien, quiero que sepas que nunca te dejé solo estos nueve años, siempre estuve… estuve ahí… aunque tú no lo supieras yo… yo…
Un nuevo ataque de tos.
—… te amo, eres mi hijo… mi amado hijo y por eso te suplico que te vayas de aquí… no es vida para ti Draco, éste mundo es cruel y no es para ti…
Negó con la cabeza una vez más, su madre estaba desvariando. Necesitaba un sanador.
— No, te sacaré de aquí, yo…
— ¡Tienes que olvidarte de todo esto!
Las lágrimas se hicieron presentes por parte de los dos y ahí se quedaron, llorando en silencio por algo que simplemente era imposible arreglar, aunque se negara a aceptarlo su madre iba a morir y él se iba a quedar solo en aquel mundo que lo creía muerto.
— Prométemelo, júrame que te iras de aquí.
Asintió lentamente, esperando que con eso su madre dejara de hablar y guardara sus fuerzas, en la distancia escuchó un grito y no necesito levantar la vista para saber que Bella iba perdiendo aquél duelo.
— Te quiero mamá.
Su querida madre sonrió y asintió lentamente con la cabeza, después de eso y sin quitar la sonrisa de su rostro, suspiro profundamente y después se quedó inmóvil.
Lo había dejado.
Con los gritos de Bellatrix a la distancia y el horrible olor a quemado, abrazo con fuerza a su querida madre y comenzó a llorar por su perdida, por su abandono.
Se levantó de golpe y comenzó a limpiar las lágrimas que habían logrado escapar de sus ojos. Sintiendo el ya conocido dolor en el pecho a causa de aquel horrible recuerdo, abandono aquella incómoda cama y dio un vistazo al reloj.
Maldijo por lo bajo mientras lamentaba el haberse dormido; sin perder tiempo rápidamente se vistió y abandono aquella habitación sabiendo que posiblemente se había perdido uno de los momentos más importantes de su vida.
Trato de ignorar el dolor que apareció en su pecho ante ese pensamiento, no era ni el momento ni el lugar para lamentaciones, ya había tenido una semana entera para eso.
Apretó el paso y continuó caminando, aunque iba a una velocidad considerable le pareció eterno el tiempo que tardó en llegar a aquella habitación. Una vez que lo hizo y sintiéndose incapaz de atravesar aquella puerta comenzó a respirar profundamente tratando de ahuyentar las lágrimas que amenazaban con salir. No podía permitirse llorar, no cuando sentía aquella culpa que lo carcomía por dentro.
Porque si bien era cierto él no había tomado aquella estúpida decisión, él si había logrado salir bien librado de aquella locura. Él sí y ella no.
Todos sabían muy bien quien era el culpable.
Haciendo uso de toda su fuerza de voluntad, respiro profundamente una vez más y entró en aquella habitación.
Apenas puso un pie en ella, sintió que el alma se le iba a los pies.
No había funcionado.
Lo supo al verla a ella en aquella cama conectada a esos malditos aparatos mientras el culpable de aquel desastre tomaba su mano llamándola con una insistencia que le puso los cabellos de punta.
Y entonces la furia y el odio se hicieron presentes. Sin pensar en nada más se abalanzó contra aquel hombre que simplemente no hizo nada por defenderse.
Harry Potter levantó la cabeza sólo para ver como lo empujaba con fuerza contra la pared mientras desquitaba su frustración y pena con un fuerte golpe en la mandíbula.
Continuó golpeándolo, continuó descargando su odio. Porque si Hermione estaba así ahora era su culpa.
Porque si alguien se había equivocado había sido Potter, porque sólo él era el culpable de haberles dado aquellas malditas pociones, porque había sido el culpable de que funcionaran en él y no en Hermione. Porque si la castaña estaba en coma ahora era por culpa de aquel maldito hombre. Porque él no tenía ningún derecho a decidir por ellos, porque ellos jamás pidieron ayuda. Porque todos sabían lo peligroso que era tratar de arreglar sus recuerdos y el idiota de Potter lo había intentado. Porque había sido un maldito egoísta que sólo pensó en su bienestar y no en el de Hermione.
— ¡Lárgate de aquí! ¡No tienes ningún derecho! ¡Vete!
Potter se limitó a encogerse de hombros mientras bajaba la vista, ocultándole aquellos ojos cargados de culpa y dolor, porque aunque odiara admitirlo él también sufría viendo a la castaña en aquella maldita cama sin poder despertar.
Fue en ese momento que la puerta se abrió de golpe y por ella entró Severus Snape, que, con una ceja enarcada y con un simple movimiento de su varita lo separo de Potter.
Ya no se molestaba en llamarles la atención, después de una semana entera había aprendido a ignorar sus peleas y a concentrarse en Hermione, porque si algo había que reconocerle a ese hombre era el esfuerzo por traer de vuelta a la castaña. Ninguno perdía la esperanza que un día aquellas pociones funcionaran y ella volviera, porque él más que nadie deseaba que aquellas pociones funcionaran tan bien como en él, que en ese momento recordaba su vida como Draco Malfoy y como Benjamín Grey.
A un precio muy alto pero, lo recordaba todo.
Porque el precio que tuvo que pagar y que nadie le preguntó si estaría dispuesto a ello, fue el perder su magia.
Porque según Severus había sido la única manera, porque según él era el único camino para poder armar el complicado rompecabezas de su cabeza. Había ganado algo que ansiaba recuperar pero había perdido otra cosa igual de importante. Su magia y su oportunidad de volver al mundo mágico.
Al principio aunque se enfadó no le vio ningún problema, había vivido nueve años como un muggle, le había prometido a su madre que se alejaría de aquel mundo, casi se imaginó aquella nueva vida al lado de Hermione, casi lo agradeció, o al menos así fue hasta que se enteró de que Potter también iba en el paquete y de que Hermione no había reaccionado tan bien como él, así fue hasta que descubrió que aquellas pociones que tanto le habían ayudado a él, habían sumido a la castaña a un coma que simplemente les era imposible despertarla.
— Les sugiero que se dejen de sus estúpidos juegos.
Con un gruñido se separó de Potter y puso la mayor distancia posible entre ellos. Mientras el moreno se quedaba en un lado de la cama de Hermione, él ocupó la otra.
Sin decir nada más, Severus tomó una jeringa de su bolsillo e inyecto su contenido al suero que bajaba a la muñeca de Hermione, vio como aquel oscuro líquido entraba en el cuerpo de su amiga, de aquella que por nueve años fue su hermana, aquella que amó como hombre hace tanto tiempo, aquella que lo confundía tanto por no saber qué clase de amor sentía por ella en ese momento y contuvo el aliento.
Había perdido la cuenta de los intentos fallidos por despertarla, lo único que tenía presente era el dolor que surgía de su pecho al percatarse de que habían fallado. No quería ser pesimista pero se preparó mentalmente para otro intento fallido. O al menos así fue hasta que Hermione comenzó a mover la mano.
Contuvo el aliento sintiendo que el alma le volvía al cuerpo, estuvo a punto de lanzarse hacia la castaña cuando vio que Potter tomaba la mano de la chica y la apretaba con fuerza mientras sollozaba como un niño pequeño.
No podía culparlo, él mismo lloraba como un bebé, pero ver aquel gesto lo detuvo y simplemente se quedó observando. Por extraño que pareciera y aunque le molestaba, sentía que si interrumpía aquel gesto estaba alterando algo en el universo.
Una completa locura.
Después de lo que pareció una eternidad Hermione abrió los ojos y al ver a Potter y lo que dijo después de eso, supo había derrumbado el delgado suelo donde pisaba el moreno, lo que dijo sabía acababa de derrumbar completamente su mundo.
— ¿Quién eres tú?
-OOOoooOOO-
Respirar por respirar.
Vivir solamente por la promesa de un futuro mejor.
Levantarse día a día solamente por el deseo de que todo por fin fuera a salir bien.
Desde hace un mes que él solamente hacía y comía lo necesario para resistir sólo un día más, desde hace un mes todo para él había dejado de tener sentido; todo, por una simple pregunta, todo porque ella no lo recordaba… no recordaba nada.
Aun revivía aquel momento cuando por fin abrió ojos, aún sentía aquella estúpida esperanza que lo invadió al soñar por un segundo que todo por fin se había arreglado.
No fue así, la vida jamás había sido justa con él y ese momento no fue la excepción.
Como pago de su egoísmo y su estupidez había tenido toda una semana de incertidumbre sin saber si su castaña despertaría, para después derrumbar completamente su existencia con una simple pregunta… "¿Quién eres tú?"
Apretó los puños con fuerza tratando de olvidarse sólo por un segundo de la culpa que lo carcomía por dentro. Continuó caminando sólo por hacer algo, la verdad era que ya no tenía fuerzas de nada más. Porque dolía, dolía en el alma ver a su castaña en aquel lamentable estado.
Sacudió la cabeza para quitar aquellas ideas de su mente, trató de dibujar una sonrisa en su rostro y abrió la puerta de aquella habitación. Apenas entró vio a Hermione acurrucada en un rincón viendo a la nada. Verla así le dolió en el alma, verla así le recordó que si ella sufría de ese modo era por su culpa, porque él fue lo suficientemente estúpido como para decidir por ella, porque sin la magia para ayudarla su mente simplemente se había perdido. Porque no lo recordaba ni a él ni a Draco, no recordaba ni quien era ella, vivía en un mundo donde sólo importaban aquellas cuatro paredes.
Con un nudo en la garganta caminó lentamente hacia ella y se sentó a su lado como siempre lo hacía a lo largo de aquel mes donde no habían faltado los intentos por volverla a la normalidad sin éxito alguno.
Suspiró.
— Hoy Draco me golpeó de nuevo.
Torció la boca en una extraña mueca al confesar aquello, desde que había despertado el rubio se la había pasado desquitando su coraje a golpes, peleas dónde él no metía las manos porque sentía que merecía aquel castigo. No sabía que esperaba al contarle aquello a Hermione, no es que fuera a reaccionar de la nada para reprenderlos a los dos por comportarse como dos niños pequeños.
— Hermione, vuelve por favor… te necesito tanto…
Aquella era su realidad, necesitaba que su Hermione volviera, la necesitaba a su lado y que lo perdonara por su egoísmo, porque en su patético intento de cuidarla y apartarla del peligro, había arruinado su vida.
Porque ya no era ni Jean ni Hermione, ahora sólo era alguien sin nombre que se pasaba los días viendo a la nada perdida en un mundo que él no conocía. Rara vez hablaba, rara vez se molestaba en alimentarse.
No había día que Severus no le inyectara alguna poción tratando de regresarla a la realidad.
Sintió un agudo dolor en su pecho e inmediatamente las lágrimas comenzaron a viajar por sus mejillas. No hizo nada por detenerlas, últimamente su especialidad era esa, llorar y lamentar su estupidez mientras rogaba por un milagro.
— Quiero que entiendas… quiero que sepas que lo hice pensando en tu bien, quería una vida común y corriente para ti, quería que no tuvieras que preocuparte por ningún mago o bruja desquiciada, no quería más Bellatrix para ti, no podía soportar la idea de perderte… de saberte en peligro… porque esa era nuestra vida Hermione, sólo unos momentos de paz para después pasar a ser el blanco de algún desubicado que quisiera vengarse. Viviste nueve años de paz, nueve años muerta para el mundo mágico fue lo mejor que te pudo haber pasado. Y eso quería para ti, deseaba que cuando salieras de tu casa en las mañanas tuvieras la certeza de que ibas a volver; lo deseaba porque te amo, porque lo más importante para mí es tu bienestar, tu seguridad… y mírate ahora, perdida en un mundo donde yo no puedo llegar… te seguí hasta aquí Hermione, renuncia a mi magia para estar a tu lado y ahora te vas a un lugar donde me es imposible seguirte… regresa por favor, por favor recuérdame… por favor solamente di mi nombre. Regresa y dime que me amas tanto como yo a ti, regresa y recuérdame que vale la pena vivir.
Silencio.
Solamente silencio.
Sin poder soportarlo más y sintiendo como su corazón terminaba de hacerse pedazos, comenzó a ponerse de pie maldiciendo su vida y el maldito destino que simplemente no lo dejaban ser feliz con la persona que más amaba en el mundo.
Se levantó y sin poder ver a la castaña en ese estado, caminó hacia la puerta deseando poder perderse en su propio mundo y olvidar por sólo un segundo su miserable existencia.
No pudo irse, ya que en ese momento escuchó un sollozo que lo obligó a girarse rápidamente sólo para ver como la castaña lloraba mientras abrazaba sus rodillas.
Sin poder creer lo que veía corrió hacia Hermione y le levantó la cara. Aquel era la primera emoción que demostraba en semanas, aquél era el primer indicio de que podía dejar su mundo, de que todo podía volver a ser como antes.
Pero apenas vio sus castaños ojos supo que no era lo que pensaba. Su vista seguía en la nada, llorando tal vez por algún recuerdo perdido, por algo que él simplemente no conocía. Y una vez más su mundo se vino abajo. Y fue ahí, mientras lamentaba su estupidez que pasó algo que por un segundo renovó sus muertas esperanzas.
Hermione tomó su mano y la apretó con fuerza, lo hizo como si su mano fuera lo único que la mantenía a flote, como si aquello fuera lo único que la podía salvar. Y él lo único que pudo hacer fue suspirar, besar la frente de su castaña y enterrar en un lugar muy profundo su dolor, enterrarlo mientras una vez más se tumbaba al lado de Hermione sin soltar su mano, rogando de nuevo por un milagro, suplicando de nuevo no perderla.
Porque aunque quisiera salir corriendo, aunque quisiera devolver el tiempo y no darle aquellas pociones sabía que de eso se trataba la vida, y en especial la suya; se trataba de luchar, de perder… y de tener aquella pequeña y absurda esperanza de que todo por una vez iba a estar bien.
Porque lo único que esperaba y necesitaba era que ella dijera su nombre. Que lo viera a los ojos y lo reconociera, que le mostrara con una sola mirada que la vida por fin sería justa con ellos, que el pasado no importaba, que ya tendrían toda una vida por delante para llenarse nuevos recuerdos, quería que ella volviera a él y que todos esos años perdidos se quedaran como simples recuerdos agridulces.
Fin.
Si aquí se acabó todo... les dejo un final abierto... ¿Se recupera? ¿No lo hace?
Lo dejo a su imaginación...
...
...
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Es broma!
No soy tan cruel (?) como verán el epílogo es más que necesario y lo bueno es que desde que empecé la historia lo tengo visualizado en mi cabeza, así que espero no tarda mucho :B
Mientras eso pasa piensen en qué les gustaría que pasara, comenten en un review y veremos si es lo que pasa de verdad... mucha intriga? lo sé, pero como que me gusta haha, en fin, gracias de nuevo por seguirme en éste viaje, por tenerme paciencia en mis largas ausencias y sobre todo por leer ésta historia.
Hasta la próxima.
