Hola a todos!

Llegó la ingrata del siglo. Por fin me tienen por aquí para ponerle ahora si punto final a ésta historia.

Ni yo misma puedo creer que por fin este terminando esto... vamos, fueron años... años! siempre he sido tardada para terminar las historias pero todo es con el fin de traerles lo mejor posible, y así fue en ésta ocasión, aunque ya tenía el epílogo en mi cabeza se negaba a salir; creo que no estaba mentalmente preparada para decirle adiós a esto, pero ahora lo estoy y aquí tienen el resultado.

No los entretengo más y los dejo con la lectura.

No sin antes agradecer a todos, todos los que se tomaron el tiempo de leer ésta historia, de comentar, de ponerla en favoritos, gracias, gracias a todos ustedes, espero verlos pronto por aquí con algo nuevo. Tengo algunas ideas pero mejor les avanzo antes de publicar nada xD


EPÍLOGO

Dos años después.

Aquello no podía ser posible. Sin poder creer su mala suerte tiró aquellos papeles que por tanto tiempo estuvo esperando; y es que, no le informaban nada nuevo, siempre le decían lo mismo, siempre le gritaban a la cara que no la iba a volver a ver jamás. Habían pasado ya dos años desde la última vez que la vio, dos años desde aquel terrible ataque de Bellatrix, dos años desde que la habían arrebatado de su lado.

Sintió la furia y frustración que últimamente no lo dejaba ni un segundo de su existencia recorrer cada célula de su cuerpo y descargando esa frustración comenzó a destrozar la habitación. Gritó, pateo, lloró; maldijo a Snape por no tomarlo en cuenta en aquel nuevo plan. Porque a él no lo engañaban, él sabía que fue el mago quien se encargó de desaparecer una vez más a su castaña, y no sólo eso, también lo había cambiado… porque si bien era cierto a él no lo tomó en cuenta, sí que tomó en cuenta al estúpido de Harry, aquel mago que tanto daño le había hecho a su Hermione.

Y desde que entendió lo que estaba pasando, se había dedicado cada segundo de su vida a tratar de encontrarlos; por supuesto sin éxito alguno. Porque si algo había que reconocerle a Snape era su habilidad para dar por muerta a las personas. Si le funciono nueve años, estaba seguro que lo iba a volver a hacer… pero no, él no lo iba a permitir, iba a hacer lo que estuviera en sus manos para encontrarlos, para poder tener en sus brazos de nuevo a Hermione, porque ellos tenían una historia pendiente, porque ellos eran el uno para el otro y nada ni nadie de iba a quitar eso, porque él era Neville Longbottom y si tenía que pasar lo que le quedaba de vida buscando a la castaña entonces lo iba a hacer, no le importaba que la vida se le fuera en eso, después de todo le había regalado ya nueve años de su vida a aquella mujer, ¿qué tanto era darle unos cuantos años más?

-OOOoooOOO-

Dejó la carpeta de lado y con una mueca en sus labios, suspiró.

No le sorprendía para nada lo que leyó en aquel informe, después de todo desde hace dos años venía leyendo lo mismo.

"Sin ningún rastro ni pista de dónde puedan estar, o qué es lo que pasó aquella noche"

Muchos lo tachaban de necio, la mitad del mundo mágico había aceptado el rumor de que ellos estaban muertos, para la falta de cuerpos se conformaban con decir que Bellatrix los había desintegrado hasta hacerlos polvo.

Estupideces.

Él sabía que no era así, algo en su corazón le decía que sus dos mejores amigos seguían vivos, y aunque esto significaba que lo habían dejado de lado… bueno, prefería seguir creyendo esto aunque doliera a aceptar el hecho de que ellos estaban muertos.

No podían estarlo, se negaba a aceptar esa injusticia.

Sabiendo que no podía hacer más hasta que llegar el siguiente informe, lentamente se puso de pie y guardó aquel documento junto con los demás, aquella enorme pila de carpetas que no hacían más que deprimirlo cada vez que les daba un vistazo. Porque si llegaba el día en que volviera a ver a aquel par… bueno, ya verían lo que les esperaba.

Fue en ese momento que una lechuza llegó con un mensaje que lo obligó a salir corriendo y olvidarse por un pequeño instante del hecho de que sus dos mejores amigos estaban por algún lado escondiéndose de todos, dándose por muertos incluso para él, incluso para su buen amigo Ronald Weasley.

-OOOoooOOO-

Siempre había odiado los hospitales, desde aquel año en el cual estuvo encerrado en aquel psiquiátrico, había desarrollado un desprecio hacia aquellos edificios; y aun así, ahí se encontraba.

Suspiro profundamente mientras se preparaba mentalmente para entrar, no le agradaba para nada la idea de poner un pie dentro de aquel infierno, pero tenía que hacerlo, después de todo lo hacía por alguien que significaba mucho en su vida.

Hermione… Jean… su amiga…su hermana, aquella mujer que por años amo, aquella mujer que ahora lo era todo en su vida. Porque ella era lo único real que tenía, la única persona a la que le confiaría su vida, bueno ella y también el idiota.

Sin poderlo evitar una sonrisa de dibujó en su rostro. Habían pasado dos años ya desde que aquella nueva vida empezó, dos años desde que se despertó con sus memorias de vuelta y con la angustia de saber que aquello que funciono en él, no lo hizo en Hermione. Mientras entraba en aquel edificio no pudo evitar recordar todo lo que sufrieron a causa de esto, todas las noches que pasaron desvelados escuchando a la distancia los gritos y sollozos de Hermione, todos los intentos fallidos por traerla de vuelta, todas las suplicas, todas las peleas, todo el dolor que a lo largo de seis meses tuvieron que pasar para que al fin, una tarde de Octubre todo por fin diera resultado.

Casi podía sentir de nuevo ese alivio que lo invadió cuando Hermione abrió los ojos después de tanto tiempo y lo reconoció como Draco, como Benjamín… como su amigo y como su hermano.

Y tenía que admitirlo, aquella recuperación tuvo un sabor agridulce, porque si lo reconoció a él, también reconoció a Potter, y con eso llegó todo ese amor que la castaña sentía por el idiota de Potter y su absurda adoración y confianza en él. Fue ella quien lo convenció de que lo que había hecho por ellos era lo mejor, fue ella quien los obligó a sentarse en una mesa y arreglar sus diferencias… no lo había logrado del todo pero por lo menos ya soportaban estar en la misma habitación sin lanzarse uno contra el otro.

Potter.

O más bien dicho, Ian Black.

Dibujó una mueca en su rostro al pensar en la nueva identidad del mago más famoso de los últimos tiempos. Aún le costaba creer que fuera capaz de renunciar a todo por ellos… bueno, a todo por Hermione, porque a él no lo engañaba, todo había sido por Hermione, si él también estaba incluido en aquel plan, fue cosa de suerte.

Sacudió la cabeza tratando de quitar aquellas ideas de su mente, no era ni el momento ni el lugar para ponerse a pensar en eso, ya habían pasado dos años, ahora todo había quedado atrás, ahora tenían una nueva vida lejos de todo lo que alguna vez conocieron, porque con esa nueva vida también vino un nuevo hogar, un nuevo país, un nuevo continente.

Porque dejar Londres para irse a instalar a Alberta, Canadá, sólo podía ser resultado de un desesperado intento por darse por muertos para el mundo entero, y había funcionado, dos años después nadie los había encontrado.

Fue en ese momento que se encontró frente a frente con el culpable de sus desgracias y alegrías, con la persona que había decidido por él y en cierto modo, aunque odiara admitirlo le había salvado la vida. Fue en ese momento que se encontró con el culpable de que Hermione estuviera una vez más en un hospital, porque si, de un modo u otro él siempre era el culpable.

Harry Potter, ahora Ian Black, se paseaba como un poseso frente a una habitación, mientras el viejo de Snape, ahora llamado Alaric Crosszeria leía algún viejo libro sin prestarle demasiada atención al hombre que hizo su plan de darlos por muertos, una realidad.

— ¿Cómo está?

Trato de sonar indiferente, trato de dejar aquella preocupación que había aparecido de la nada de lado, pero no pudo hacerlo, y así se lo confirmo la mueca que apareció en el rostro de Alaric, su ahora "tío"; porque si, él y Hermione habían dejado de ser Grey para convertirse en Crosszeria, un par de huérfanos que desde pequeños fueron cuidados por su buen tío Alaric… a veces no podía dejar de extrañar la magia, ya que fue gracias a la magia que todos sus papeles y asuntos estuvieron en regla, era una ventaja que Snape… que Alaric aún tuviera sus trucos bajo la manga.

— Bien, y espero que tú me creas, llevo horas tratando de explicarle a P…a Black que lo que está pasando es lo más normal del mundo.

— ¡No es para nada normal!

Levantó la vista ante la evidente histeria del moreno, él lo entendía, cada vez que Hermione pisaba un hospital como paciente nada bueno pasaba. Así que sin poderlo evitar comenzó a contagiarse de esa preocupación e histeria, fue tal el grado que tuvo que ponerse de pie y acompañó al idiota a pasear como un loco por todo el pasillo.

— Par de niños.

No le importó el pequeño insulto del mago, la verdad era que se recriminó por no haberse preocupado antes, se sintió un mal hermano, un mal amigo.

— Por favor, ella solamente está…

Pero no pudo escuchar que decía el viejo hombre, ya que en ese momento una enfermera salió de la habitación de Hermione… de Jean y logró que los tres presentes se quedaran congelados donde estaban.

— Es hora.

Su mundo se tambaleo, las manos comenzaron a sudarle y trago saliva. Por fin, aquella pesadilla iba a terminar.

Ian, Alaric y él asintieron lentamente con la cabeza.

— Necesito que alguien acompañe a la señora Crosszeria…

— Black, es la señora Black.

La enfermera sonrió tiernamente ante la estúpida aclaración de Po… de Ian, claro, el mundo tenía que enterarse que Hermione y él estaban casados, como si no se lo recordara cada cinco minutos, y no es que le molestara, ya lo había aceptado, ya había aclarado sus sentimientos y sabía que aquella molestia que llegó a sentir no se debían a los celos de un enamorado, su amor por Hermione había quedado enterrado y olvidado en aquella vieja vida como Draco, ahora lo que la unía a ella era un amor fraternal que nadie podía negar. Simplemente su molestia se debía a que al parecer la naturaleza no dejaba que a él le cayera del todo bien el idiota; no lo odiaba, simplemente se sentía bien peleando con él de vez en cuando. Tal vez era normal, tal vez eso quería decir que en cierto modo por fin lo veía como parte de su vida y de su familia.

Tal vez así tenían que ser las cosas.

Ian acompañó a la enfermera y antes de cerrar la puerta se giró hacia a él y asintió con la cabeza mientras trataba de sonreírle, él hizo lo propio, sus sonrisas eran forzadas y nerviosas; no era para menos. Segundos después Ian entró en la habitación y él simplemente se quedó esperando. Sabiendo que no ganaba nada paseándose como un loco por el hospital se sentó al lado de Alaric, el viejo mago continuó leyendo su libro pero pudo ver como una sonrisa amenazaba con aparecer en su rostro.

Bufó.

No le gustaba ser el chiste de nadie. Así que se levantó una vez y comenzó a pasearse de nuevo. Iba tan distraído que no se dio cuenta que alguien venía y sin poderlo evitar chocó contra un pequeño cuerpo que cayó al suelo sin que él pudiera hacer algo por ayudar.

— ¡Maldita sea!

Aquella maldición dicha por aquella dulce e inocente voz fue suficiente para hacerlo girar la cabeza. Una pequeña mujer con rostro de ángel, con el cabello más negro que haya visto jamás, con unos enormes ojos azules y con la piel más pálida que la suya, lo veía con enojo desde el suelo. Tardó demasiado en entender que debía ayudarla, para cuando lo hizo la pequeña mujer se puso de pie sola.

— Gracias por nada, ten más cuidado, no debes ir matando gente por ahí.

Abrió la boca para decir algo pero algo le impedía a las palabras salir de sus labios, era extraño, sentía como si algo encajaba en su interior… era como… como sentirse completo con sólo ver a aquella mujer.

— Yo… yo…

La chica enarcó una ceja mientras lo estudiaba, tal vez trataba de averiguar si era un tonto o fingía serlo.

Después de unos interminables minutos la mujer sonrió por algún motivo y tomándolo completamente por sorpresa se acercó a él y extendió su mano. De nuevo tardo un momento en captar que él debía ofrecerle la suya.

Aquella sonrisa lo desarmo.

— Cloe O'Neal, mucho gusto.

La voz se negaba a salir, se sentía un idiota parado ahí sin poder decir palabra alguna.

— Yo… yo…

Fue en ese momento que un llanto interrumpió el incómodo silencio que se había apoderado del lugar, aquel llanto lo sacó de su estupor; segundos después aquella puerta por donde había desaparecido Ian y su hermana se abrió de golpe dejando a la vista a un eufórico Potter… Black… como fuera.

— Alaric, Benjamín… es niño, tenemos un hijo.

Después de eso desapareció una vez más mientras aquel llanto se seguía escuchando en la distancia. Un bebé. Su hermana había tenido un bebé… aquel desastre había terminado… porque no había nada peor que una Jean alterada por las hormonas…

Sonrió.

En ese instante recordó a la chica que le había dejado sin habla. Cloe lo veía con una ceja enarcada.

— ¿Tenemos un hijo? ¿Acaso tú y ese hombre…?

— ¿Qué…? ¡No!

Se puso rojo ante la insinuación de que él y el idiota eran pareja, ¿Qué clase de mente retorcida pensaría eso?

— Es el idiota… es decir el esposo de mi hermana, él y mi hermana tienen un bebé, yo no… él y yo…

Se escuchó una carcajada por parte de Cloe.

— Sólo bromeaba, relájate Alaric, o Benjamín, como sea tu nombre.

— Benjamín, Benjamín Crosszeria, mucho gusto.

Y por fin pudo tomar esa mano, apenas toco esa piel supo estaba perdido, ahora entendía a qué se refería Hermione cuando le decía que al estar con la persona indicada todo lo demás no importaba, ahora sabía que por fin la vida le estaba empezando a sonreír, porque, quien sabe, algo le decía que no era la última vez que iba a ver a aquella pequeña e impertinente Cloe.

Algo le decía que por fin la vida lo iba a empezar a tratar bien.

-OOOoooOOO-

Lo iba a matar, apenas se pudiera levantar de aquella cama, lo iba a matar con sus propias manos.

Un terrible dolor la atacó de nuevo y ella solamente pudo maldecirlo.

— ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Es tu culpa! ¡No me vas a volver a poner un dedo encima!

Un nuevo grito y una disculpa que se escuchaba lejana. Al instante sintió como alguien apretaba sus manos y ella sabiendo de quien se trataba las apretó con todas sus fuerzas. Escuchó una maldición y no pudo evitar alegrarse.

Se lo merecía.

— Jean, debes respirar, ya casi está aquí, sólo un poco más.

Aquellas palabras lograron que por fin abriera los ojos, al hacerlo lo vio a él tomando sus manos mientras lo veía con aquella cara de preocupación y miedo que ella conocía muy bien, aquella mirada que le dedico por tanto tiempo cuando estaba perdida en su propia mente, en los seis meses más duros y horribles de su vida.

— Ha… Ian, te odio.

El moreno le sonrió de medio lado y beso su mano.

— Lo sé.

Sabía que si aquellas palabras fueran ciertas, su querido esposo no tendría aquella sonrisa dibujada en su rostro, al parecer él creía que estaba alucinando.

— No… es… es enserio… te odio.

Harry, o más bien dicho Ian, se carcajeó mientras le besaba la frente con cariño.

— Lo supe la primera vez que lo dijiste.

Abrió la boca para decir algo pero un nuevo dolor apareció de la nada, fue en ese momento que supo el momento había llegado.

Días después recordaría muy poco de aquel momento, en su mente solamente estaba claro el dolor, fueron los momentos más dolorosos de su vida para después sentir el alivio y la inmensa dicha de saberse madre.

No supo lo que era sentirse plena hasta que pusieron a su pequeño bebé en sus brazos, no podía creer que estuviera viviendo ese momento, no después de todo lo que paso, no después de todos esos años robados, de todos esos recuerdos perdidos, no después de que sufrió tanto por poner en orden su cabeza.

Sabía que todo aquello era posible gracias a Severus, el mago la había cuidado desde hace tantos años y fue gracias a él que ahora se encontraba cargando a su pequeño hijo, fue gracias a él y gracias a Harry… porque él había renunciado a todo por ella, porque él había dejado todo atrás sólo por ponerla a salvo.

Porque sólo él la amaba de aquel modo.

Sentir el peso de aquel pequeño ser en sus brazos la desarmó, sin poderlo evitar comenzó a llorar de dicha pura, sólo para después sentir el protector abrazo de su Harry, de su Ian.

— Te amo tanto, mi Jean… mi Hermione.

Sonrió al escuchar su viejo nombre, ese que jamás iba a volver a usar, ese que por el bien de todos debía quedarse en el olvido. Bajo la vista hacia su pequeño bebé y se topó con un pequeño cuerpo rosado que derrochaba ternura. Y fue entonces que lo supo, lo había planeado desde hace tiempo pero pensaba darle a su querido Harry el mejor regalo de todos.

— Ha… Ian.

— ¿Qué pasa?

Hasta ese momento el moreno no había despegado los ojos de su bebé. Se veía inmensamente feliz, porque ella sabía que aquello fue lo que siempre soñó, deseo tener una familia, una familia que por fin después de tanto tiempo tenía a su alcance.

— Harry.

— ¿Si?

No pudo evitar sonreír al darse cuenta de lo que parecía aquello, así que se limitó a negar con la cabeza.

— No, lo que quiero decir es que… él es Harry.

El moreno enarcó una ceja sin entender a qué se refería, hicieron falta unos segundos para que por fin pudiera entenderlo, para cuando lo hizo abrió los ojos a causa de la sorpresa y la veía con evidente incredulidad.

— Estás… estás…

— Estoy completamente segura, Harry Black; me gusta cómo suena eso.

Porque ella más que nada sabía lo que aquello significaba para Harry Potter, significaba no olvidar del todo lo que alguna vez fue, lo que dejó atrás por ella… porque ese era su modo de agradecerlo, porque ese era su modo de honrar a aquel hombre que simplemente adoraba con cada fibra de su ser.

Ian Black, antes Harry Potter, sonrió de oreja a oreja y en un inesperado movimiento deposito un beso en su frente sin soltar la pequeña mano de su pequeño Harry, que comenzó a reír sin razón aparente.

Fue en ese momento que la puerta se abrió y por ella entro Benjamín, su querido Draco iba acompañado de Severus, su ahora "tío" Alaric. Los dos hombres se quedaron congelados en la puerta al ver al pequeño nuevo miembro de la familia. Pudo ver como la preocupación se esfumaba de aquellos ojos para dejar paso a la dicha.

Y fue entonces que ella se sintió completa.

Porque aquella era su familia, aquella era su vida, aquellos hombres lo eran todo para ella, porque con magia o sin magia, con recuerdos o sin recuerdos, ella sabía que podía confiarles su vida y la vida de su pequeño Harry.

Porque ahora, gracias ellos y a sus esfuerzos, podía tener un orden en su cabeza, ahora podía tener bajo control a Jean y Hermione, ahora podía ser la bruja sin magia a la que le robaron nueve años de su vida y podía ser Jean, aquella simple muggle que ahora vivía una nueva y maravillosa etapa de su vida, porque ahora simplemente no importaban sus agridulces memorias, en ese momento sólo importaba el ahora y el futuro que esperaba fuera igual de perfecto que ese momento.

-OOOoooOOO-

Siempre había querido ser padre, desde que se casó con Luna aquel había sido su sueño, siempre creyó que cuando tuviera a su primer hijo todo sería perfecto.

Y entonces nació Anne.

No es que se quejara, Anne era su pequeño tesoro y la amaba con cada fibra de su ser, pero su pequeña de apenas un año era el demonio.

Y la prueba era aquel día.

Y es que, ¿Qué niña de un año era capaz de alterar de ese modo a una mujer adulta? Estaba seguro que Anne estaba a punto de ser vetada del sindicato de niñeras, si es que existía alguno.

— En verdad que lo siento tanto.

Escuchar las disculpas que Luna le ofrecía a la pobre mujer encargada de cuidar a su hija sólo logró que se mordiera los labios intentando no reírse.

Su querida Luna se había hecho experta en disculparse en nombre de su pequeño y adorado demonio.

— No es cuestión de disculpas señora Weasley, esto no puede seguir así, lo que hizo Anne es imperdonable.

— Sólo es una estúpida planta.

Ante su comentario Luna y aquella pobre mujer le dedicaron una mirada cargada de incredulidad.

Bien, no debió decir nada.

— Tal vez para usted señor Weasley, pero lo que Anne quemó es una especie muy rara que me heredó mi abuela, y espero que entienda que tenía un valor sentimental incalculable.

Y entonces vinieron las lágrimas.

Él no pudo más que rodar los ojos, aquella mujer estaba exagerando, además no era culpa de Anne, su pequeña bebé no tenía la consciencia suficiente para controlar su magia y por lo tanto los incendios que provocaba en inservibles plantas.

— Lo siento tanto…

Bufó. Estaba cansado de escuchar disculparse a Luna por aquella tontería.

— Por favor, dígame dónde puedo conseguir su planta y con mucho gusto se la traigo, pero por favor, deje esas lágrimas.

Fue en ese momento que las lágrimas cesaron y fue así como obtuvo la ubicación exacta donde crecían aquellas ridículas plantas. Al parecer, tenía que hacer un viaje más largo de lo que pudo haber planeado.

Tomo a su pequeña y pelirroja Anne en brazos y dándole un beso en la frente, la deposito en brazos de Luna, que le sonreía con cariño.

— ¿Te espero para cenar?

— Por supuesto, Canadá no está tan lejos.

Se despidió de las dos mujeres más importantes de su vida y sin despedirse de nadie más se dirigió al ministerio a solicitar un traslador. Porque no había nada mejor que ser auror, podía tener pequeños privilegios cuando su a pequeña Anne le daban complejos de pirómana.

Odiaba Canadá, odiaba a las niñeras, odiaba las estúpidas plantas.

Después de pasar días enteros buscando la estúpida planta de aquella mujer sin éxito alguno, supo que tenía que darse por vencido.

Y es que, si tardabas tres semanas en buscar una planta sin duda tenías un problema. Cuando llegó a Canadá lo amo todo, el clima, la gente, el paisaje… pero eso cambió cuando se enteró lo complicado que era conseguir aquella plantita que a su querida hija le había dado por quemar. Para la próxima le aconsejaría que destrozara algo más común y corriente.

Sintiéndose cansado de caminar y sin saber exactamente dónde se encontraba se sentó en la banca más cercana, tenía que pensar un modo de hacer las paces con aquella mujer de la planta y evitar que su querida Anne quedara vetada de su "sindicato".

Suspiró.

Aquello sólo le pasaba a él. Después de unos minutos y sabiendo que tenía que continuar buscando se puso de pie. Fue cuando estaba por dar media vuelta que vio algo que simplemente paralizó su corazón y puso su mundo de cabeza.

Eran ellos.

Sintió las lágrimas querer escapar de sus ojos mientras un inmenso dolor aparecía en su pecho expandiéndose por cada rincón de su cuerpo.

En verdad eran ellos.

Sin poder creer lo que veía y creyendo que se trataba de una absurda alucinación, se sentó una vez más en aquella banca mientras veía a la distancia un extraño cuadro.

Harry.

Hermione.

Harry y Hermione…

Sus dos mejores amigos se encontraban saliendo de un edificio que al parecer era un centro comercial. Los dos venían riendo por algo que simplemente le era imposible adivinar. Su castaña amiga apretaba contra su pecho un pequeño bulto de mantas que con sólo imaginar de lo que se trataba logró que su pecho se paralizara por un segundo; Harry, sonreía como idiota mientras veía con infinito amor a aquella mujer que cargaba al que él suponía era el hijo de ambos.

Las lágrimas se hicieron presentes y sin poderlo evitar, comenzaron a viajar por sus mejillas.

Por si fuera poco segundos después detrás de sus amigos apareció Draco Malfoy, el rubio cargaba un par de bolsas mientras le gritaba algo a Harry, su amigo giró la cabeza y le contestó algo que logró que Hermione riera a carcajadas. Pudo ver la molestia en el rostro del rubio pero por increíble que pareciera se veía contento.

Estaban vivos.

Todos ellos estaban vivos.

Sintió el deseo de salir corriendo a su encuentro, de lanzarse a sus brazos y decirles que él jamás dejó de buscarlos, quiso ir a su lado y reclamarles por haberlo dejado sin decir nada, por dejarlo con aquella incertidumbre de no saber si estaban bien.

Pero no lo hizo.

No lo hizo porque simplemente no se podía mover.

Sus amigos y Draco continuaban su paseo sin percatarse que él estaba a unos metros de ellos. Harry abrazó a Hermione mientras el rubio contestaba su celular. Los vio llegar hasta una camioneta y subir sus compras sin dejar de hablar entre ellos. Draco se subió al asiento del conductor mientras Harry le abría la puerta a Hermione para que subiera, antes de hacerlo vio a su amigo depositar un beso en aquel pequeño bebé. Vio la dicha y la felicidad en el rostro de su amigo y entonces lo entendió.

Por eso lo había hecho.

Por eso se había dado por muertos.

Fue en ese preciso momento que Hermione levantó la vista y lo vio.

Fue evidente la sorpresa y el reconocimiento, todo, para dejarle paso al miedo.

Por increíble que pareciera su amiga tenía miedo de él.

Sin poder creer que eso estuviera pasando se puso de pie de un brinco, estaba por dar un paso cuando la mirada de Hermione cambió una vez más. Vio cariño, vio amor.

Harry le preguntó algo a la castaña y ella negó con la cabeza, le sonrió a distancia y mientras le daba el bebé a Harry lo obligo a subir a la camioneta. Su amigo jamás se enteró que él estaba ahí.

Sabiendo que aquella sería tal vez su última oportunidad comenzó a caminar hacia ellos sintiendo que si no se apresuraba los perdería para siempre. Estaba a unos pasos, unos cuantos metros y por fin se encontraría con ellos. Fue en ese momento que Hermione le sonrió una vez más y entonces dijo algo que logró que se quedara prácticamente pegado al suelo, ella dijo, y él lo entendió perfectamente "Estamos bien"

Vio como la castaña se limpiaba las lágrimas que habían aparecido y sin darle tiempo de reaccionar subió a la camioneta y desapareció en la distancia dejándolo con el sentimiento de abandono; de traición.

Querido Ron:

Sé que en estos momentos debes estar odiándome, sé que he sido injusta contigo pero no podía permitir que te acercaras aquel día. Aunque lo deseara con cada fibra de mí ser simplemente no podía dejar que pasara.

Hoy le he hablado a Harry de eso, y él lo entendió perfectamente.

Han pasado muchas cosas Ron, desde aquel día donde Bellatrix casi le quita la vida a Harry he aprendido mucho, por fin, después de tanto tiempo he recuperado mis recuerdos, por fin puedo tener un orden en mi mente, por fin Jean y Hermione están en paz.

No ha sido fácil Ron, quiero que sepas que Harry hizo un sacrificio enorme por mantenerme a salvo, incluso a Draco, y es en nombre de ese sacrificio que te suplico nos entiendas. Ahora tenemos un hijo; Harry, nuestro pequeño Harry. Él ha sido eso que nos faltaba para ser completamente felices. Pero aun así la vida no es perfecta Ron y por eso no podemos volver al mundo mágico, no podemos volver a ti.

Me duele en el alma escribir éstas palabras pero creo que lo entenderás, por años Harry deseo tener una familia, una vida donde no fuera el centro de atención y donde pudiera vivir en paz. Ahora la tiene, ahora es un simple muggle más cuya única preocupación es buscar el modo de molestar a Draco.

Si Ron, Harry, Draco y yo no somos más que unos muggles más. El precio por recuperar nuestros recuerdos fue perder nuestra magia, el regalo de Harry fue renunciar a la suya por estar conmigo.

Sabiendo esto creo que entenderás la gravedad de la situación, nadie se puede enterar que seguimos con vida, nadie debe saber que el gran Harry Potter está indefenso, tiene muchos enemigos y no puedo permitir que le hagan daño.

Pero tú eres nuestro amigo, nuestro querido amigo y sé que jamás traicionarías nuestra confianza. Hemos hablado largo y tendido acerca de esto, fue por ésta razón que te escribo éstas líneas, sé que hemos sido injustos y te debemos muchas explicaciones, pero no lo haré de este modo, es por eso, por el cariño que te tengo que te pido te reúnas con nosotros en la dirección que viene en éste sobre. Pecaré de paranoica pero te pido que una vez que termines ésta carta la quemes para que nadie se pueda enterar de su contenido.

Con cariño, Jean Black.

Suspiró mientras las cenizas de aquella carta se perdían en la distancia. Sin poder creer que en verdad estuviera a punto de ver a sus dos mejores amigos, continuó caminando hasta llegar a la dirección que Hermione le había proporcionado.

Una vez que llegó, se quedó parado en el umbral de la puerta sin saber qué hacer.

Tuvieron que pasar cinco minutos para reunir el valor necesario y tocar aquella puerta.

Ver de cerca a Hermione fue una impresión muy fuerte; su castaña amiga le sonrió con timidez mientras lo invitaba a pasar. Él no pudo hacerlo. Era irreal que por fin después de dos años la tuviera frente a él. Sin poder contenerse más se lanzó a los brazos de su querida amiga y comenzó a llorar como un pequeño bebé.

Estaba viva, su amiga estaba viva.

Escuchó unos pasos y al levantar la vista vio como Harry entraba en la habitación con un pequeño bulto entre sus brazos. Hermione lo liberó de su abrazo y él prácticamente se arrojó hacia su amigo, teniendo mucho cuidado de no aplastar al pequeño Potter le dejo claro a su querido hermano lo mucho que lo había extrañado.

Y fue ahí, al bajar la vista y ver el tierno rostro del pequeño Harry que supo todo el dolor y preocupación que aquel par le habían hecho pasar estaba perdonado. Porque ahora lo entendía perfectamente, ahora sabía por qué lo habían hecho.

Querían una vida, querían un futuro juntos y si para eso tenían que darse por muertos para el mundo mágico él no los iba a juzgar, y mucho menos los iba a traicionar.

Fueron las mejores horas que paso a su lado, disfruto cada segundo, cada broma, cada palabra, incluso se divirtió con el sarcasmo de Draco que llegó minutos después que él. Se alegró al saber que eran felices, que por fin después de tanto tiempo tenían lo que siempre habían soñado y que la vida siempre les había negado.

Y fue en ese momento, cuando veía como su querido Harry cargaba a su hijo para llevarlo a dormir que lo decidió.

Tomando por sorpresa a todos se puso de pie y se encaminó hacia la puerta, estaba por girarse a despedirse para siempre de sus amigos, cuando vio una extraña planta cerca de la puerta.

No pudo evitar reír.

— ¿Ron?

La voz de su querido Harry estaba cargada de preocupación.

— Hermione ¿Me podrías regalar ésta planta?

Su castaña amiga asintió lentamente con la cabeza sin entender aun lo que planeaba.

— Por supuesto.

Sonrió con tristeza mientras les daba un último abrazo. Porque sería el último, nunca más los iba a volver a ver… porque él conocía el peligro al que los exponía si alguien descubría dónde estaban, porque si eso pasaba sería solamente su culpa, porque su escondite fue perfecto hasta que llegó él a ponerlos en evidencia. Porque no había nada más peligroso que tener un amigo auror… y si ellos se alejaron del mundo mágico para estar a salvo, entonces él se encargaría de que eso siguiera así.

— ¿Ron?

— Cuida mucho al pequeño Harry.

Y así, atravesó aquella puerta dejando atrás a sus dos mejores amigos, se alejó dejando en el olvido a Harry y Hermione, los dejó con sus nuevas identidades, con su nueva vida dónde simplemente no había lugar para él, porque él no era Harry, él no podía darle la espalda al mundo mágico, la magia era parte de él y ahora la usaría para proteger y respetar la decisión de aquellos que eran como sus hermanos.

Salió de aquella casa donde no dejaban de llamarlo, cerró los ojos y se apareció en el pequeño hotel donde se estaba hospedando, dejó la maldita planta en el buró más cercano y suspiró. Escribió una pequeña nota que más tarde le haría falta. Conto hasta diez y entonces llevó su varita hacia su cabeza, murmuró unas cuantas palabras y las últimas horas de su vida de esfumaron, y con ellas el recuerdo de haberse encontrado con sus queridos amigos.

Parpadeó sintiendo un terrible dolor de cabeza, sin saber cómo había llegado a su habitación se sorprendió al ver la bendita planta en el buró. Vaya, al parecer lo había conseguido.

Sintiéndose mentalmente agotado se fue a tirar a la cama sabiendo que si no lo hacía iría a parar al suelo. Se sentía tan mareado.

Fue cuando se recostó en aquel mullido colchón que sintió algo extraño en el bolsillo de su pantalón, metió la mano y se encontró con un pedazo de pergamino. Sin saber de qué era aquello extendió la extraña nota y al leer su contenido casi le da un ataque, era su letra, su propia letra contándole algo que debía ser una broma.

Ellos están bien.

Ellos están con vida.

Vuelve a casa y respeta su decisión.

Son tus mejores amigos y merecen tener una vida.

Ellos están en un lugar dónde no puedes seguirlos.

Ellos merecen y deben alejarse de todos, ellos, a partir de ahora no serán más que una parte de tus agridulces recuerdos.

Protégelos.

Las lágrimas se hicieron presentes y él no entendió muy bien de dónde venían, aquello no tenía sentido, si él había escrito eso ¿Por qué no recordaba nada?

Fue entonces que un fugaz y borroso recuerdo apareció en su memoria, era Harry cargando algo que no podía ser más que un bebé, era Hermione, abrazándolo de esa manera que tanto extrañaba. Eran ellos, riendo y bromeando a su lado como hace tanto tiempo no lo hacían… más y más lágrimas aparecieron, y entonces lo supo…

Los había encontrado.

Pero por algún motivo nadie tenía que saberlo… nadie, incluso él.

Y así, aunque no tenía mucho sentido pero confiando en él mismo, quemó la nota que había leído, tomó la estúpida planta y sin dar vuelta atrás volvió a casa donde lo esperaban su esposa y su hija, dónde lo esperaban su vida, su mundo, su realidad. Una realidad sin sus dos mejores amigos, porque sentía en su interior que era el momento de dejar de buscarlos, porque ahora en cierto modo sabía que ellos estaban bien, y que sin duda necesitaban que el mundo dejara de buscarlo, y él, él se iba a encargar de eso.

Fin.

Y si, eso es todo ¿Les gusto? ¿Qué les pareció?

En verdad espero que haya sido de su agrado, a mi me gusto, estuve tentada a dejarlo de otro modo... ya saben, con una Hermione más loca que una cabra, pero... no sé, supongo que aunque me gusta el drama no soy tan cruel (?) al menos no para dejar a nuestro par favorito separados... Ron.. bueno, él si que se aleje un rato xD

Como ya dije anteriormente, quiero agradecer a todos ustedes por tomarse el tiempo de leer ésta loca historia, por la paciencia, sobre todo por eso, porque aunque me tarde siglos en publicar siempre estuvieron aquí pendientes, gracias a todos ustedes! me alegró mucho saber que la historia fue de su agrado, eso es lo que motiva a seguir escribiendo, saber que a alguien le gusta las historias extrañas que llegas a escribir, en verdad MIL GRACIAS.

Es la despedida de ésta historia, espero en verdad estar pronto de vuelta con algo nuevo, que la santa cachucha los proteja y hasta la próxima!

PD: La mente "retorcida" que se llega a imaginar a Draco y Harry juntos, soy yo :B