Capítulo 10. Final
—¿Qué tu qué? —gritaron.
—Lo que escucharon, me voy a Estados Unidos —decía la azabache agarrando rápidamente la ropa del closet y metiéndola dentro de su maleta.
— ¡Estás loca! —le dijo su amiga Sango sacándole la ropa de la maleta.
—Sango tiene razón señorita Kagome, ni siquiera sabe en donde vive Inuyasha no puede irse así como así —le aconsejo sabiamente Miroku.
—No me importa, yo lo amo —gruesas lagrimas resbalaban de sus mejillas.
—Si es así voy contigo Kag —le dijo Ayame sintiendo pena por su amiga la ayudaría a recuperar a Inuyasha aun si eso ameritaba traérselo atado en el baño del avión.
— ¿En serio, Ayame? ¿Harías eso por mí? —le pregunto limpiándose las lagrimas con la manga de su blusa.
—Claro que si tontita para eso estamos las amigas —la azabache la abrazo efusivamente.
—Muchas gracias Ayame.
—Está dicho vámonos todos —las apoyo Sango.
—Gracias, gracias chicas de verdad no se qué haría sin ustedes —chillo feliz de saber que tenía un par de amigas extraordinarias que no cambiaría por nada del mundo.
—Yo las puedo ayudar chicas tengo un avión privado podemos viajar esta misma tarde —les dijo sonriendo aunque algo le decía que se les olvidaba algo ¿pero qué? Se rasco la cabeza pensativo.
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—Sesshy ¿Tu hermano está seguro de querer casarse con la señorita Akira? —le pregunto Rin sosteniendo su mano sentados en una banca de un parque.
—No lo sé Rin yo creo que lo hace mas por obligación y despecho que por otra cosa —le contesto a s novia.
—¿No se puede hacer nada para evitarlo?
—Lamentablemente creo que no, mi padre ya le ha dado un ultimátum a Inuyasha en cuanto a la boda —dio un suspiro al cielo lo único que podría salvar a su hermano sería un milagro del cielo de otra forma lo miraba imposible.
Ella se recargo en el hombro de su novio lamentando el hecho de que su futuro cuñado fuera a casarse con alguien por la simple imposición de su padre.
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—Joven Inuyasha tiene visitas —le dijo su mayordomo entrando a la habitación.
—¿Quiénes son Totosai? —le pregunto recostado en la cama dejando un libro de lado.
—Unos muchachos, si desea puede observarlos desde la ventana pero dicen que es urgente hablar con usted.
Le hizo caso abrió levemente la cortina y observo a su amigo junto con sango ¿Qué hacían ellos ahí? Enfrente de su casa tan temprano se preguntócuándo estaba por cerrar la cortina observo una melena muy familiar su corazón se detuvo ¿Qué hacia Kagome ahí? ¿No se suponía que estaba saliendo con Koga? Al imaginarse aquello una enorme furiarecorrió su cuerpo y rápidamente cerro las cortinas y se dirigió a su mayordomo se manera brusca.
—No los conozco, no los dejen pasar—exclamo furioso recostándose en su cómoda cama retomando la lectura en la que estaba cuando vio a Totosai aun parado enfrente —¿Pasa algo, Totosai? —pregunto despegando su vista del libro.
—Pero joven ahí está su amigo, el joven Miroku.
—Que parte de no los dejen pasar ¿No entiendes? —pregunto irritado —Márchate y has lo que te digo —vio como salía su mayordomo y suspiro cansado.
—Jóvenes lo sentimos pero se nos prohibió darles la entrada.
—¿Qué? ¿Por qué? —pregunto triste Kagome.
—Lo sentimos pero son indicaciones de nuestros superiores —él se encogió de hombros —De verdad lo siento jóvenes.
—Definitivamente entrare a esa casa —la señalo —cueste lo que me cueste soy una Higurashi y la familia de Inuyasha no sabe con quién se está metiendo ya encontrare la forma de entrar.
—Muy buen discurso señorita Kagome, pero lamentablemente Ayame y Sango no la escucharon —señalo hacia la calle y vio a sus amigas comprando helados.
—Kagome —grito —¿De qué sabor lo quieres? —pregunto –sango sonriente con dos helados en su mano.
—Sanguito ¿No le piensas comprar un helado a tu flamante novio? —pregunto Miroku indignado y recibió de lleno un helado en su cara.
—Mmm… sabor vainilla
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—¿Qué paso Totosai? —pregunto Sesshomaru entrando a la mansión y enseguida escucho ruidos en la habitación de su hermano.
—Pues desde hace rato vinieron unos jóvenes a buscar al joven Inuyasha y desde ahí anda hecho una furia —exclamo preocupado su mayordomo dirigiendo su mirada hacia las escaleras.
— ¿Unos jóvenes? ¿No dejaron sus nombres? —pregunto antes de subir a la escalera y totosai negó con la cabeza hizo una pequeña reverencia y se marchó.
Sesshomaru camino por los largos pasillos de la mansión escuchando cristales romperse, debía arreglar eso en cuanto antes Izayo no tardaba en regresar y no quería que encontrara a su hermano en aquella situación tan inmadura.
—¡Inuyasha! —grito furioso —Me puedes explicar ¿Qué carajos te pasa? —pregunto viendo el desastre en la habitación y su hermano con unas gotas de sangre en su mano debido que un puño había ido a parar al espejo de un mueble.
—Piérdete Sesshomaru—respiraba entrecortadamente recargándose del mueble que sufrió su furia —Lárgate quiero estar solo, su hermano se acercó a él y lo tomo del brazo.
—Ya madura Inuyasha no puedes seguir con esta actitud que dirá muestra madre si te ve así ¿Acaso quieres matarla de un infarto?—pregunto irritado —¿Acaso estas así por la chiquilla que abandonaste en Japón?
—No quiero hablar de eso —volteo el rostro hacia la ventana su hermano le había dado en su punto débil.
—Porque si es así lucha por ella tráela a los Estados Unidos y acaba tu compromiso con Akira—le aconsejo.
—No puedo hacer eso, ella quiere a otro hombre —apretó los dientes fuertemente.
—Ella… ¿Te lo dijo? —le pregunto.
—Si —apretó los puños —No me lo recuerdes.
—Entonces en vez de estar haciendo todo este desastre ve y lucha por su amor.
—No, me casare con Akari pasado mañana no hay vuelta de hoja —contesto resignado sabía que nunca iba a poder amar como se merecía su futura esposa pero haría el esfuerzo por tomarle cariño después de todo ella sería la futura madre de sus hijos y daría lo mejor de el para llevar un muy buen matrimonio.
—Entonces adelante haz lo que quieras —y azoto la puerta.
—Ya llegue —entro una señora muy refinada con unas bolsas en sus manos —Sesshomaru querido ve y dile a Inuyasha que baje para que mire el traje de novio.
Le iba a contestar que no pero se acordó que su hermano tenía su cuarto hecho un desastre y fue avisarle.
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—Kagome ¿Estas segura que va a funcionar? —preguntaron todos viendo como su amiga sostenía una pizza familiar entre sus manos.
—¡Oh! Claro que si lo vi en una película ¿Qué es lo que podría salir mal? —pregunto con una enorme sonrisa.
—Este señorita Kagome permítame decirle que… —se vio abruptamente interrumpido.
—Después me dices Miroku ahora vámonos a la mansión Taisho—prácticamente se llevó a rastras a todos sus amigos y Miroku se encogió de hombros.
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—Buenas tardes señor venimos a entregar pizza a domicilio a nombre de InuyashaTaisho—sonrió Kagome mostrando la pizza.
—Su cara me es muy familiar ¿No ha venido antes? —pregunto Totosai examinándola de pies a cabeza.
—Bueno a lo mejor y he venido antes a repartir la pizza —sonrió aunque internamente estaba nerviosa y si la reconoció no eso no podía ser se había puesto una peluca rubia y lentes de contacto así que rápidamente desecho ese pensamiento.
—Señorita lamento decirle que eso no es posible —contesto Totosai observando como la chica fruncía el ceño.
—¿Y eso porque? —pregunto.
—Porque al joven Inuyasha no le gustan las pizzas —contesto simplemente divertido ante la mirada atónita de la chica.
—Bueno creo… creo que me he equivocado de casa —se encogió de hombros —Después de todo debe haber muchos Inuyashas en Estados Unidos —y se fue corriendo avergonzada.
—No puede ser —respiraba agitadamente enfrente de sus amigos que la habían esperado en la esquina de la calle.
—¿Qué paso, Kag? —pregunto Ayame.
—A Inuyasha no le gustan las pizzas —grito enojada ni todo lo que había tenido que hacer.
—¿Qué? ¿Es broma? ¿Cierto? —pregunto Sango y su amiga negó con la cabeza —¿Cómo es eso posible? ¡Absolutamente todos amamos la pizza!
—Todos menos el querida Sanguito, nuestro amigo no le gustan, eso es lo que le he intentado decir a la señorita y simplemente me ignoro —se encogió de hombros y las 3 se abalanzaron hacia él.
—Todo este tiempo lo has sabido y viendo que llegue tan lejos —lo jalo de la camisa Kagome.
—Esperen, esperen —respirada el pobre entrecortadamente —Ustedes me ignoraron todo el camino yo no tengo la culpa.
—Ahora si te mato Miroku —le advirtió su novia.
—Espera Sango aun no lo mates tengo otra idea.
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—Inuyasha hijo ¿ya estás listo? —pregunto su madre detrás de la puerta.
—Ya casi madre estoy acomodando la corbata —suspiro mirándose en el espejo —Hoy es el gran día y sin embargo siento una enorme tristeza.
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—Si esto definitivamente tiene que funcionar —suspiro contenta mirándose junto con sus dos amigas vestidas de sirvientas.
—Sango —le susurro Miroku a su novia —¿No crees que deberíamos decirle a la señorita Kagome que mi amigo se va a casar hoy?
—¡Estás loco! Yo no voy hacer semejante cosa, tal vez el estúpido de tu amigo recapacite así que olvídalo —se cruzo de brazos y Ayame les guiño un ojo.
—Sango tiene razón Kagome no debe saber nada —observo a la aludida mirándose en el espejo recogiéndose su cabello en una bonita cebolla.
—¿Qué pasa chicos? —les pregunto ella sonriendo.
—No, nada ya vámonos.
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—Ven les dije que funcionaria —exclamo contenta al estar en el interior de la mansión que está adornada con rosas blancas naturales como si de una boda se tratara —Aquí habrá una boda —soltó Kagome de golpe mientras la ama de llaves le daba una bandeja y le reñía el estar paradota en medio del gran jardín —Seguro se va a casar el hermano de Sesshomaru —sonrió y sus amigos suspiraron aliviados —Chicos voy a buscar a Inuyasha —le paso la bandeja a Ayame y se fue corriendo adentro de la mansión.
Camino por la grande mansión había tantas puertas que no sabía a cual entrar o por cual pasillo pasar y camino hasta que dio con una puerta y escucho ruido e iba entrar pero algo la detuvo.
—Inuyasha ¿Estás seguro de querer casarte? Aun estas a tiempo de acabar con el compromiso —le aconsejo su hermano del brazo de su novia.
—Sesshomaru ya te dije que si me voy a casar con Akira, si eso es todo lo que tenías que decirme, ¡márchate! Estas perdiendo tu tiempo.
—Eres un estúpido Inuyasha —y salió del brazo de su novia ignorando a cierta chica al lado de la puerta que sin más entro a la habitación y fue observada por el ojidorado.
—¿Se le ofrece algo señorita? —pregunto aun sin darle la cara.
—Si… bueno yo… realmente.
Esa voz ¿No puede ser realmente era ella? Se volteo lentamente y la vio ahí parada con los ojos brillosos reteniendo lagrimas de sus achocolatados ojos.
—Kagome ¿Qué haces aquí? —pregunto.
—Ni yo misma lo sé Inuyasha —se acerco a la enorme cama de él y se sentó —Por cierto he oído que te casaras —el asintió y vio como juntaba sus manos nerviosamente —Realmente hasta hace pocos minutos me he enterado de ello, sabes ahora me he dado cuenta de algo —avanzo hacia la ventana siendo seguida por el
—¿De qué? —pregunto dolido ¿Qué hacia ella ahí? ¿Es que acaso no sabía que su presencia le dolía?
—De que a veces uno tiene tan cerca todo lo que siempre ha buscado en una persona y en cuestión de tiempo lo ves perdido —contesto ella aguantándose las ganas de llorar —Antes de que te cases tienes que saber algo… algo que hace mucho tiempo debí decirte y que mi orgullo me lo impedía ver —lo vio directamente a los ojos.
—No, no lo digas —le dijo el volteando a ver hacia la pared.
—Tienes que saberlo, yo… yo te amo —le soltó de golpe caminando hacia la puerta —Pero sin embargo te deseo lo mejor en tu matrimonio —y salió corriendo por las escaleras sin esperar respuesta de el empujando a la gente e incluso a la novia quien venía entrando.
—¿Pero qué demonios le pasa a esa tipa? —exclamo furiosa Akira tirada en el suelo con su impecable vestido blanco.
—Espera, Kagome —gritaron sus amigos.
—Déjenme sola ustedes lo sabían y no me dijeron nada —corrió hacia la calle.
—¿Dónde está Kagome? —pregunto Inuyasha agitado vaya que la chica tenia condición física.
—Se fue corriendo hacia la calle, alcánzala ella no conoce estos lugares —le suplico sango antes de que pudiera marcharse alguien lo agarro bruscamente del brazo.
—¿A dónde vas? —le pregunto Akira enfadada.
—Suéltame —y se fue corriendo.
—Kagome, Kagome —gritaba hasta que por fin la visualizo del otro lado de la calle.
Se emociono tanto al verla que no le importo cruzarse la calle sin mirar a los lados.
—¡Inuyasha! ¡Cuidado! —grito horrorizada y escucho un golpe seco se acerco hasta él y lo sujeto entre sus brazos —Una ambulancia por favor —lloraba dándole golpes en su mejilla para que despertara.
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—Familiares de Inuyasha Taisho —llego el doctor y rápidamente Izayo e Inu No Taisho se levantaron de su asiento.
—¿Qué pasa doctor?
—Pasen a mi consultorio por favor —y se perdieron en los pasillos del hospital.
—Señores su hijo tiene unas cuantas fracturas y moretones en el cuerpo pero con un tiempo de reposo estará como nuevo no hay nada de que lamentarse, su hijo insiste a ver a una señorita llamada Kagome para que la localicen, eso es todo —los acompaño hasta la puerta.
—De ninguna manera esa muchachita entrara al cuarto de mi hijo —le advirtió Inu No a su esposa.
—Por favor Inu No no es el momento ya deja ser su vida a mi hijo al lado de una mujer que realmente escoja y realmente quiera el por una vez en tu vida deja los prejuicios a un lado —le suplico y el asintió con la cabeza ese accidente le había dejado a su hijo y la enseñanza de ver las cosas de una manera diferente ya su hijo mayor y su esposa no tendrían que preocuparse por esconderle a Inuyasha.
—Es mi culpa Ayame si no hubiera salido corriendo nada de esto estaría pasando —lloraba Kagome siendo consolada por sus amigos.
—No amiga tú no tuviste la culpa —la dijeron todos hasta el mismo Sesshomaru junto con su novia Rin que había demostrado ser una buena persona.
—Señorita Kagome Higurashi el paciente Inuyasha Taisho desea verla —al escuchar eso se levanto rápidamente limpiándose las lagrimas con el dorso, el doctor la dirigió a la habitación abrió lentamente la puerta y ahí lo vio con moretones en el cuerpo y una pierna enyesada.
—¡Oh! Inuyasha lo siento tanto —le agarro la mano y toco suavemente su rostro —Te prometo que si te recuperas me alejare de ti por mi culpa estas así —sintió un toque en su mejilla.
—No kag, no es tu culpa hermosa —le dijo Inuyasha acercándola a él para abrazarla.
—Si es mi culpa no podemos estar juntos tenemos que separarnos este amor solo lastima —se acerco y rozo sus labios suavemente con los de él
—Me haces tan feliz ahora si podre irme en paz —le susurró en el oído y ella se exaltó
—Vamos Inuyasha deja de jugar eso no pasara—le apretó la mano y vio como Inuyasha lentamente cerraba sus ojos.
—¡Inuyasha no me dejes! ¡Por favor te lo ruego! Te juro que me quedare por el resto de mi vida contigo pero no te vayas —lloraba arrodillada junto a la cama cuando la puerta se abrió lentamente —¡Oh! Miroku… Inu-Inuyasha se esta muriendo.
—¿Eh? —pregunto extrañado —¿Muriéndo? —volvió a preguntar inseguro ya que los padres de Inuyasha habían dicho que estaba estable y fuera de peligro y vio el aparato que marcada el ritmo del corazón y estaba estable —Señorita Kagome si mi amigo Inuyasha estuviese muriendo ese aparatito —lo señalo —Estaría haciendo un ruido extraño —era su venganza ya que su amigo lo había estado ignorando todo ese tiempo.
Ella cayó en la cuenta y rápidamente se levanto del suelo mirando a Inuyasha quien ya se había despertado.
—¡INUYASHA TAISHO! —grito roja del coraje e Inuyasha hizo el juramento de hacer sufrir lenta y dolorosamente a su gran amigo.
—¿Entonces aun sigue en pie la oferta de quedarte conmigo por siempre —pregunto inocentemente guiñándole un ojo.
¿FIN?
Lo sé he tardado mucho pero la flojera no me dejaba terminarlo en ¿Ustedes que dicen? ¿Hago un epilogo o dejo el final abierto? Les dejo la decisión en sus manos hasta la próxima.
