Han pasado cuatro meses desde que traje a la joven Fluttershy a mi casa. He realizado algo de "investigación", pero no he llegado a ninguna conclusión. No tengo idea del por qué está aquí, y francamente no me importa. Estos pocos meses con ella han sido los más felices de toda mi vida. Ella ha abierto mi corazón al amor y la alegría, entre otras cosas. Ahora mismo ella está a mi lado, viéndome trabajar en un nuevo dibujo.

Parece disfrutar mucho de los colores y la paciencia de sentarse a ver como un espacio en blanco termina siendo un espacio lleno de color, de imágenes y belleza. Francamente no habría disfrutado tanto de dibujar desde hace años, pues cada que una de mis imágenes está terminada, ella brinca de alegría y felicidad. Aunque no solía hacerlo, ahora cuelgo mis dibujos en los muros, tapizando de a poco toda mi casa. Al verme dibujar, ella ha querido seguirme, y mientras yo escribo en mi ordenador toma prestadas algunas crayolas para transformar el blanco en color. Suele tener problemas de paciencia, pues de algún modo quiere ser como yo. Todavía no sabe que fue otro espacio en blanco el que ya ha dejado tan colorido como cualquier pintura de Picazo. El verla recostada, con la crayola en la boca garabateando la hoja de papel me hace compararla con una niña. ¿Y por qué no habría de hacerlo? Algo importante es que está empezando a aprender a hablar. No soy un profesor, o para empezar un padre, pero hago lo mejor que puedo para enseñarle a leer y escribir. No sé por dónde empezar a enseñarle. En el show, salvo por los unicornios y alicornios, escribían sosteniendo el lápiz con la boca, pero dejé ese tema a un lado por ahora. Una vez que crezca, si llego a tener el tiempo suficiente, puede que le enseñe.

Solía pensar que los años por individual pasan lentamente. Dejaba pasar las festividades de año nuevo, navidad… en resumen, dejaba ir todas las festividades por ser un día más para mí. La rutina se convirtió en un ciclo de vida al que no podía escapar. Ahora, sin embargo, siento que este año pasó demasiado rápido para mí. He decidido, dado que no tengo conocimiento de su fecha de nacimiento real, hacer del día que la encontré su cumpleaños: el tres de abril. Lo recuerdo aún más porque esa fue la fecha de estreno del capítulo "La misteriosa yegua bienhechora" en Latinoamérica. Dejé de ver el show después de que Fluttershy llegó a mi vida. Ya no tengo razones para verlo, sin mencionar que mi tiempo libre ahora lo paso con ella.

Será difícil ocultar el hecho de que veo el show. Y aún más difícil explicarle la situación si lo descubre, especialmente por su edad actual. No pude ponerle un nombre diferente al que tenía originalmente, pues me es difícil darle un mejor nombre al que llegué a conocerla: Fluttershy. Intenté ingeniármelas para darle un apodo de cariño, como con "Rainbow Dash" el "Dashie". Sin embargo, jamás fui bueno con los diminutivos. Es por ello que dejé de esforzarme, y la llamé Fluttershy, como Celestia lo querría. Ahora puede comunicarse fluidamente conmigo, aunque lo de fluido sea solo una expresión. También aprendió a leer, e incluso aprendió a escribir con… bueno, su boca.

Traté de "inventar" técnicas y aparatos para que escribiera con sus pezuñas, pero el usar su boca creo que es más natural para ella que mover su pesuña. Hay algo, sin embargo, algo que me inquieta sobre ella. Todos los días se sienta en la ventana mirando al exterior. No me preocupa que alguien la vea desde afuera, pues… no soy el mejor para atraer la atención. Además, me ayuda a dejar de preocuparme por esa parte. Sin embargo, aunque no me lo ha dicho, puedo sentir la necesidad de aire fresco en sus ojos. No puedo tenerla encerrada de por vida.

Comienzo a hablar como si de verdad se fuera a quedar conmigo por siempre. Sé que no es verdad. Algún día, en cualquier momento, tendrá que volver a casa. Bien puede ser con un simple "puf" y un lugar en el espacio se quedará vacío. Tal vez con un hechizo, o con una máquina del tiempo. Tal vez con una poción que permita a cierta pony viajar entre realidades, no estoy seguro. En mi corazón deseo que eso nunca llegue a ocurrir. Pero en mi cabeza sé que pasará. Es solo cuestión de tiempo. Espero poder llevarla fuera pronto. He revisado los alrededores, algunos sitios donde los dos podamos pasear sin ser vistos o llamar la atención en lo más mínimo. He buscado algunas rutas o parques abandonados donde poder enseñarle a usar sus alas. Por extraño que parezca, y para mi propia ironía, parece que el parque donde solía jugar con mis padres es la mejor opción. Eso es, la llevaré mañana. ¿Cómo le hago para llevarla? Sigue siendo demasiado pequeña, lo que me permite esconderla en una canasta de picnic o algo así. Mañana promete ser un gran día.

Tras de encontrar una canasta suficientemente grande y resistente, llevé a Fluttershy de paseo al parque que en mi infancia fue el mejor sitio del mundo. Mis padres solían traerme aquí par a divertirnos en familia. A veces era para un picnic, otras veces solo para correr como potros alocados. Mi actividad favorita siempre fue volar cometas. Tenía una de esas cometas comerciales, las que venden pre fabricadas de plástico y cordón resistente. Tal vez con ella logre despertar en Fluttershy el deseo de volar. Sin embargo, mis esfuerzos se vieron poco recompensados. Ella encontró nuevos amigos. Me sentí demasiado tonto en ese momento. Después de todo, Fluttershy siempre fue un pony de cuidado de animales. Quizás la mejor activista para la defensa de los derechos de los animales que he visto en un tiempo, considerando que no he visto otra. Varios ratones y aves se acercaron a ella, provocando que quedara encantada con la fauna local. Claro, me gustaría que hubiera conejos, aves exóticas y coloridas, o tan siquiera algún animal diferente a ratones y palomas. Sin embargo, es todo lo que esta zona permite mostrar. Además, no creo que le moleste del todo tenerlos a ellos.

Lo consiguió. Tras dos años bajo mi cuidado, y sin tener una remota idea de lo que le estaba enseñando, conseguí que aprendiera a volar. Bueno, lo de conseguí es tan solo un decir. Ha crecido bastante en un par de años, y cada vez es más difícil esconderla cuando vamos al parque. Estaba tan preocupado por esconderla, que incluso le compré un disfraz de gato, lo que dado mi gusto me pareció bastante tierno. Y a ella también le agradó, aunque caminaba un poco raro por la falta de costumbre en un principio. Esto despertaba algunas sospechas, pues pocos gatos llegan a ese tamaño, lo que me hizo descartar en las primeras semanas el que usara ese disfraz para pasear. Aunque ella pidió amablemente usarlo en casa como pijama, cuanto menos hasta que su tamaño le impidió volvérselo a poner.

Pedí prestados algunos libros en la biblioteca sobre ornitología. Pude optar por internet, pero tengo miedo de que despierte su interés. Hay un millón de horrores en internet, y no creo que sea tan fuerte como para afrontarlos. Ni siquiera la televisión es una opción, aunque ya comenzó a mirar telenovelas y comedias en esa caja idiota. Pero ha estado disfrutando tanto de los canales culturales y de sus drama novelas, que me parece demasiado quitárselos de un momento a otro.

De regreso al tema del vuelo, la he llevado al parque por semanas, esperando poder enseñarle a volar. Hay un árbol grande allí, con ramas que se extienden sobre una caja de arena. El punto perfecto para practicar. Si cae, tendrá una zona suave donde aterrizar. Cayó muchas veces. Sabía que caería, pues ninguno de los dos sabía lo que estaba haciendo. Sus amigas las aves podrían ayudar, pero muchas estaban empollando sus huevos, como para poder darle clases conmigo. Tuvo que recibir muchos golpes y raspones para conseguir su meta, pero finalmente (tras varias semanas de intentos) lo logró, voló. Fue solo una corta distancia en vertical, cerca de dos metros, pero aun así lo hizo. Sus golpes sanarían con nuestros cuidados, todo con tal de poder verla llegar a las ramas más cercanas al suelo para presenciar con sus propios ojos el cómo las aves empollaban a sus crías. Cuando me confesó su objetivo, sentí una ligera frustración, pero no me quitó la alegría de verla encantada con sus amigas las aves en los árboles. Tal vez ahora pueda volar por sobre los árboles encontrando más amigos, aunque con su timidez, suelo pensar que no se acercará a casas ajenas, pues sus novelas le enseñaron que no se puede confiar en todos. Incluso pienso que le teme a los demás seres humanos por temor a adivinar quienes son buenos y quienes malos. Por fortuna, me considera un buen chico.

Otra cosa que me llama la atención. Entre susurros me pregunto sobre la posibilidad de tener una habitación propia. Eso me puso a pensar, y recordé que la casa tiene una habitación más, las que mis padres llenaron con cosas que fueron dejando de usarse, como mis libros del colegio, o mis viejos juguetes. Tal vez le entretengan algunos de estos juguetes, aunque a medida que crezca podría dejar de usarlos y llenaríamos una habitación más con estos pobres abandonados. Si tiene su propia habitación, entonces tal vez pueda tener cosas propias. Quizás con esto se sienta un poco más normal. Para una potra, es bastante inteligente. Conoce la diferencia entre nuestras especies, pero no tiene idea de su origen. Aún no está lista, lo único que puedo hacer es mantenerla feliz.

Al haber aprendido a leer, se volvió común que tomara mis libros para leerlos en sus días dentro de casa. Ella es quizás mi mayor fan, y mi mejor critica. Aunque, no creo que ayude del todo a mi desarrollo como escritor. No deja de decirme que mis cuentos son las mejores historias que jamás creyó leer. Por mi parte estoy encantado de que me diga eso. Muy diferente a lo que dice mi editor. Al verla en el parque, reposando en la hierba con sus amigos alrededor leyendo mis cuentos a los animalitos me hizo pensar en las estereotipadas princesas de cuentos de hadas, que con su canción atraen pequeños animalitos dispuestos a ayudar. Su simple imagen me ayuda a inspirarme a escribir. De hecho, sin que ella lo sepa, está leyendo un cuento inspirado en ella, sobre una princesa que ayuda a un príncipe conejo a pelear contra un zorro que quiere comérselo. Aunque le aterra un poco la trama de un zorro que come conejos, no puede dejar de leer. Si tan solo pudiera mantener así a los lectores, tal vez podría ser un escritor respetado. Aunque no me gustaría ser famoso ahora. No si eso atrae la atención de fanáticos a mi localidad. Eso expondría a mi pequeña Fluttershy.