Capítulo 2
«¡Alcaldesa!» Emma entra en su oficia lanzando una mirada a Regina que desde hace días no se movía del camastro de aquella pequeña celda.
«Sheriff» responde Regina a aquella especie de saludo intentando levantar la cabeza, acción que le provoca una sensación de nausea.
«No tiene una buena cara» Emma indiferente se sienta en una pequeña silla delante del escritorio fingiendo que está mirando unos documentos. En realidad, hace varios días que se ha dado cuenta de que Regina perdía color y peso. Enormes ojeras rodeaban los ojos color chocolate. No es que le importase mucho, pero no puede permitirse dejarla morir.
«Como si te importase de verdad, Swan» Regina intenta ponerse su acostumbrada máscara de frialdad propia de la reina malvada. Se levanta del camastro, pero al sentir sus piernas débiles, se apoya en la pared. Cierra por un segundo los ojos y traga intentando sacarse de la boca aquel sabor amargo que tanto le recordaba al sabor de la sangre.
«Vaya, la Reina Malvada ya no está tan segura de sí misma» Emma se acerca a la celda para comprobar si la morena está a punto de desmayarse sobre el pavimento.
Regina, sintiendo a Emma acercarse, se endereza e intenta encontrar cierto equilibrio agarrándose a un barrote de la celda.
«Nunca he estado segura de mí, Swan, ¿Arrogante? Seguro ¿Elegante? Casi siempre. Pero segura de mí, nunca»
«Sabe, no logro comprender por qué ha llevado a cabo todo ese desastre para eliminar a Mary Margaret. De verdad, ¿solo porque era la más bella del reino?»
Dice la última frase enfatizándola y poniéndola entre comillas. Después coge una silla y se sienta frente a la alcaldesa que con los ojos cerrados intentaba todavía mantenerse de pie con los pies descalzos. Cerca del lecho estaban sus zapatos y su chaqueta.
Regina se echa a reír intentado aguantar un conato de vómito. Se seca la frente y respira. No usar la magia negra es muy doloroso. Es como una lenta acumulación de poder en su cuerpo sin poder usarlo. Estaba explotando.
«¿De verdad crees que todo ha sido una cuestión de belleza? ¿De verdad crees que durante todos estos siglos he intentado destruir a Blancanieves solo porque era más bella que yo? Vamos, la belleza desaparece para todos. Blancanieves indudablemente es una bella mujer, como lo eres tú y como lo soy yo. Pero un día todas nos encontraremos con alguna arruga de más y con algún cabello blanco que solo un buen tiente podrá disimular» Apoya la frente en el frío metal de la celda sintiendo un ligero temblor subirle por la espalda que hace que desaparezca la náusea.
«Entonces, ¿por qué, alcaldesa?» Emma observa las facciones de la mujer, los altos pómulos, las largas pestañas, los labios rosados y carnosos como una de aquellas malditas manzanas. Indudablemente, es una bella mujer. Quizás más que Blancanieves, piensa Emma. Mueve la cabeza esperando una respuesta por parte de la mujer.
«¿Por qué? Porque no se lo preguntas a tu madre, Swan. Ella sabe tanto como yo mis motivaciones. No he sido siempre malvada, sabes. Hace un tiempo fui una buena persona, como Blancanieves»
Ahora es Emma quien estalla en una risa atrayendo la mirada de Regina que no logra despegar su atención de esa esplendida carcajada
«Me cuesta creerlo, Regina» Se miran a los ojos por un intenso minuto.
Después Regina endereza su espalda y se seca la frente. Vuelve al camastro y se calza los zapatos, para después coger la chaqueta y colocarla bajo el brazo.
«¿Sabes una cosa, Swan? Aunque a mí me cuesta también creerlo, es la verdad. Ahora, por favor, déjame salir»
Emma se levanta deprisa de la silla haciendo que esta se caiga
«¿Qué?»
«No creo que estés sorda. Te he pedido que me dejes salir. No quiero usar la magia para una tontería como esta, así que tú verás»
Emma se le acerca, solo las separa los barrotes de metal.
«Si te dejo salir, sabes que podrías morir. ¡En este pueblo te quieren bajo tierra!»
Regina suspira y le sonríe. Una sonrisa que Emma no reconoce.
Regina poseía muchas sonrisas. La de rabia, la victoriosa, la de conveniencia y la mezquina. Esta era la más conocida. Pero ahora Emma se encontraba ante una sonrisa casi desesperada. Una sonrisa de alguien que se ha rendido.
«¡Sea! Quizás es mejor así»
Regina cierra los ojos y encoge los hombros.
«Pensaba que eras una mujer aferrada a la vida»
«Quizás lo era en el pasado. Pero ahora ya no tengo nada por lo que vivir»
Emma abre sorprendida la boca. Nunca habría pensado que oiría esas palabras por parte de Regina. De ella se esperaba cualquier subterfugio. Cualquier jugada mezquina que la pusiese en el centro de atención, pero no una rendición tal hasta el punto de arriesgar la vida. Se mueve como autómata y le abre la celda. Regina, lentamente, se escapa de la celda y la cierra a sus espaldas. Sacude su chaquea del polvo, se la pone y se arregla el pelo.
Mira a Emma por un instante y se da la vuelta para irse cuando siente un calor envolver su mano derecha. Un calor que penetra hasta el fondo de su alma. Se gira, es Emma quien le ha aferrado una mano reteniéndola.
«¿A dónde irás?»
Regina se suelta del agarre de la rubia y mira más allá de Emma, por la ventana, en dirección al bosque.
«Donde una persona como yo debe estar… al infierno. Tranquila, Storybrooke no tendrá que preocuparse más por Regina Mills. No regresaré del mundo de los muertos para vengarme. Creo que sería imposible»
Emma abre aún más la boca.
«¿Quieres suicidarte?»
Regina sonríe dirigiéndose a la puerta
«Beh, ¡ese es el plan! Hasta siempre»
En la oficina se produce el silencio. Emma permanece allí, quieta, inmóvil, con la mano aún suspendida en el aire. Regina quiere morir. Regina. Morir. No hubiera pensado decir esa frase con esas dos palabras juntas si no estuviera referida a Blancanieves o a algún otro. ¿Debe pararla? ¿Por qué debería? En el fondo se lo merece. Y el hecho de que se quiera suicidar es solo una variante. Y entonces ¿por qué se siente tan mal? Se deja caer sobre la silla y cierra los ojos. Dejarla ir es lo que debe hacer. Además, cuando a Regina se le mete algo en la cabeza no hay nadie que pueda pararla.
«¿Dónde está Regina?» Blancanieves entra en la oficina del sheriff junto con Henry y asusta a Emma que está intentando comprender algo del libro de cuentos del muchacho.
«Se ha ido» Emma pronuncia esas palabras dándoles un significado diverso en su mente. Blancanieves se le acerca mientras Henry, turbado, se sienta en una silla un poco más lejos.
«¿Se ha ido? ¿Qué quiere decir que se ha ido? Creía que no era capaz de usar la magia. ¿Ha desaparecido?» Blancanieves está aterrorizada. La idea de que Regina pudiese regresar para destruirle la vida no la deja respirar.
Emma se da cuenta de que junto a ellos también está James cuando este se acerca a Blancanieves y le pasa un brazo por la cintura. Emma levanta la vista hacia Henry que la mira preocupado.
«No, he abierto la celda y la he dejado salir» Silencio. Tres pares de ojos la observan de manera inquisitiva.
Después Henry se le acerca
«¿Estás loca? ¿Qué no has comprendido de la frase "ella es la reina malvada"? No es un juego de rol, ¿sabes? Ella es la verdadera reina malvada»
Emma mueve la cabeza mientras Henry se aleja para volver a sentarse en la silla.
Blancanieves se acerca
«¿Por qué has hecho eso? Estamos todos en peligro»
Emma se levanta, colocando una mano tranquilizadora sobre los hombros de Blancanieves. Después mira a Henry, a James y a Blancanieves sonriendo.
«Tranquilos. Ha desaparecido para siempre. Ya no representa un peligro para Srotybrooke. Confiad en mí. Regina Mills no volverá nunca a la ciudad»
«¡Yo creo que lo hará!» Una voz ronca, extraña en aquella oficina, asusta a todos. James instintivamente lleva una mano a la cintura, pero dándose cuenta de que en aquel mundo está desprovisto de espada, se pone a chillar
«¿Quién eres? ¡Muéstrate!»
«Oh, querido Príncipe. ¿Sientes curiosidad por saber quién soy, eh? Está bien, ¿contento?»
Una mujer de cabellos azabache, vestida con un vestido negro como la pez, que se arrastraba por el suelo, hace su aparición de la nada, directamente detrás del pequeño Henry al que no le da tiempo de alejarse.
La mujer lo agarra por un brazo y lo acerca a ella. Emma, Blancanieves y James se acercan a la mujer que alza un brazo para detenerlos.
«Si fuese vosotros no lo haría, queridos míos, o podría aplastar esta linda cabecita, sería un verdadero pecado destrozar una mente como la de mi nieto»
Blancanieves abre la boca en un jadeo
«Cora»
James cobra lucidez al unir la cara de aquella madura mujer al nombre que su mujer acaba de pronunciar. Emma mira a ambos para dirigirse de nuevo hacia la mujer que tiene prisionero a su hijo.
«¿Se me escapa algo? Cora. Bien. Pero, ¿quién es Cora?»
Blancanieves señala a la mujer que no para de reírse estrechando contra sí a Henry que asustado intentaba escapar de sus garras.
«Cora es la madre de Regina. Digamos que es como coger a Regina y quitarle hasta la última gota de humanidad que le queda» Emma sonríe cansada. Bien, otros parientes sociópatas. Los echaba de menos. A veces sentía nostalgia de su vida solitaria sin ningún lazo.
«Emma, un placer conocerte. Finalmente, la incapaz de mi hija ha sido derrotada por la hija de Blancanieves. Regina siempre ha sido una completa desilusión para mí»
Emma se acerca a Cora intentando coger a su hijo que intentaba empujar a la huesuda mujer.
«¿Por qué estás aquí, Cora? ¿Qué quieres?»
«¿Que qué cosa quiero? Divertirme a vuestra costa y dar una gran lección a esa ingrata de mi hija. Creía que la iba a encontrar aquí, pero por lo que he oído, ha escapado. Patético. De verdad, patético. Bien, confío en vuestro buen juicio. Encontradla para mí y este pequeño seguirá vivo»
Tras decir esto, Cora desaparece en una nube gris llevándose consigo al joven Henry. Emma se queda en silencio, mientras Blancanieves esconde el rostro tras los brazos de James. Este último se da la vuelta hacia Emma, agitándola por los hombros.
«¿Qué hacemos, Emma?»
Emma se endereza y cogiendo su chaqueta, sale del lugar
«Encontremos a Regina antes de que sea demasiado tarde»
