Hoy tiene que ser el peor día de mi existencia. Tal vez peor que el día de la muerte de mis padres. Debido a eventos que no podía prever, Fluttershy descubrió la verdad antes de que se lo dijera. Ya sabe lo que es: un personaje de dibujos animados creado para un programa para niños. Estaba molesta, no, furiosa más allá de sus propios límites. Se ha encerrado en su habitación, pero conozco a mi hija. No se quedó mucho tiempo en su cuarto. Abrió la ventana y salió volando, posiblemente buscando un lugar donde desahogar sus penas.

Soy un monstruo.

Debí habérselo dicho antes, pero elegir el momento me pareció imposible. Ahora ambos sufrimos por mi negligencia. Pensé que conseguir TV por cable sería algo bueno, considerando lo mucho que le gustan las novelas, tal vez con un canal lleno de ellas se entretendría un poco. Darle más que ver, mientras yo trabajaba. Pero no esperaba que recibiéramos el canal HUB. ¡No sabía que siguiera al aire, o que My Little Pony se seguía transmitiendo! Quizás fue un auge grande, y se seguía transmitiendo en repeticiones.

Recuerdo volver del trabajo con algunas compras. Las dejé en la cocina y me dirigí a la sala. Fue entonces cuando lo vi…

–…Bueno, pero eso es porque no era un dragón.

Mi corazón se hundió hasta tocar mi estómago. Doce años sin verla, y seguía recordando ese episodio: el dragón durmiente. En ese episodio, Fluttershy había mostrado todo su miedo, los miedos que mi Fluttershy más aborrecía. Por supuesto que se sintió identificada, ¿y cómo no hacerlo? Mis llaves cayeron de mis manos, alertando a mi princesa de mi presencia. Estaba llorando en silencio, sollozando como solía hacerlo cuando estaba triste, pero con un rostro rojo de ira y un labio temblante que me gritaba desesperación.

–¿Tu lo sabías? –Me preguntó al borde del llanto.

–Yo…

–¿Por qué no me lo dijiste?

–Princesa…

No podía soportar mirarla. Ni siquiera lo intentaba. No tenía palabras, coraje o cara para mirarla a los ojos.

–¡¿CUÁNTO HACE QUE SABES SOBRE ESTO?!

No pude evitarlo… una lágrima comenzó a bajar por mi mejilla mientras me gritaba. Era la primera vez en todos estos años en los que me ha levantado la voz.

Y me lo tenía merecido.

Me senté junto a ella, aun cuando ella se alejó lo más lejos que le alcanzó el sofá. Tomé el control remoto y apagué el televisor. Le hablé sobre el programa, de cómo fue que la encontré, y respondí a cada una de sus preguntas. Y fueron bastantes. La mayoría de estas relacionadas con el show, a las que respondí con lo que conocía. Aunque fueran muy similares, ella era diferente a la Fluttershy del programa. Intenté explicárselo, pero su ira reprimida la orilló a presionarme más.

Recibí de todo. Merecía incluso más. He estado guardando este horrible secreto de ella por demasiado tiempo. Ahora es una yegua completamente desarrollada, capaz de cuidarse a sí misma si estuviera en Equestria. Aquí, la sigo tratando como si fuera una pequeña potra. Me equivocaba, pero no podía evitarlo. No quería que esto pasara, pero debía pasar. Debí haber hecho lo correcto, y en cambio decidí continuar sin preocuparme. Era solo cuestión de tiempo que supiera que era diferente.

Tras nuestra discusión, descargó su ira en un grito tenue y agudo, mientras se iba volando a su dormitorio, cerró fuertemente la puerta y la escuché llorar arriba. Una hora más tarde subí a ver como estaba. Toqué a su puerta, pero la falta de respuesta me dijo que había salido volando. Solo puedo esperar a que vuelva, o por lo menos si no, que se mantenga lejos del resto de personas. En cualquier caso espero que se abra un portal y que regrese a su mundo, para que así deje de pensar en mí. En este momento lo único que puedo decirle es que lo siento. Lo siento tanto.

Han pasado tres días desde que Fluttershy dejó la casa. La noche de la partida hice algo que había dejado de hacer hace mucho tiempo: salí a caminar. No estaba seguro de a dónde me dirigía, o por cuanto tiempo caminé, pero es lo único que hice. Caminar. Ahora, tres días más tarde, me encuentro caminando nuevamente. He estado fuera por unas tres horas, y aun siendo las cinco de la tarde, ya ha obscurecido.

Se está gestando una tormenta, y pronto seré alcanzado por ella. Me doy la vuelta para volver a casa, aunque no me apresuro. Mi energía estos últimos días ha sido caso nula, ya que apenas he comido algo más que unas tostadas. Me siento tan perdido a medida que paseo por el por el bosque que rodea mi casa. No, a nuestra casa. Es suya y mía. Nada nunca cambiará eso.

Ya ha empezado a llover, pero no acelero mi ritmo. Solo camino como lo hacía hace mucho tiempo. Los lejanos recuerdos de dolor y tristeza antes de la llegada de Fluttershy comienzan a resurgir en mi mente. No he tenido esos pensamientos en años. El goteo del agua sobre las hojas de los árboles me mantiene distraído, sin embargo. Es un sonido tranquilo, algo que nunca oirás en la ciudad.

La lluvia está empeorando, y ahora estoy empapado. Seguro que mañana voy a estar enfermo, pero no me importa. He estado enfermo por tres días; una enfermedad mental que me destruye por dentro. Mi hija está en algún lugar, sufriendo, necesitando consuelo y calor en esta lluvia. Me gustaría estar allí con ella, aunque estoy seguro de que ella no querría lo mismo. Por la forma cómo actuó, es posible que no quiera volver jamás.

No la culpo, debe ser horrible descubrir tu pasado de esa forma. No puedo imaginarme cómo se siente. Sé que Fluttershy es una poni fuerte, y que puede salir adelante. Pero también sé que puede guardar rencor. No estoy seguro si, incluso si ella no volviera, me podría perdonar. O más importante, si yo puedo perdonarme a mí mismo.

Ahora está lloviendo a cantaros. Las copas de los árboles apenas detienen la lluvia torrencial mientras soy golpeado por gotas de agua. Me detengo un momento para mirar a mi alrededor y orientarme para volver a casa. No estoy perdido, es fácil recorrer esta área una vez te acostumbras a ella. Es solo que también estoy buscando a Fluttershy mientras camino. Es la única razón por la que camino en el bosque.

Sigo adelante, manteniendo un ritmo constante. De pronto, veo un árbol grande y grueso. Su estatura sobresale entre los demás, y a juzgar por el pasto apenas mojado deduzco que sus ramas están deteniendo esta fuerte lluvia. Tengo que tomar un descanso, así que camino bajo el árbol y me siento. La hierva apenas húmeda, con pocas gotas logrando llegar al suelo.

Este es el tipo de árbol en el que creo que Fluttershy buscaría refugio para la lluvia. Deseaba que fuera cierto, aunque no la vi por ningún lado mientras me acercaba.

Cierro mis ojos y me apoyo en el tronco mientras pienso en mi vida… en nuestra vida, juntos como padre e hija. Nos consideramos una familia, y hemos tenido la suerte de tener pocas peleas. Ninguna tan desgarradora como la de hace tres días.

Siento cómo las lágrimas descienden por mis mejillas mientras imagino nuevamente el rostro de Fluttershy. La ira en sus ojos, junto a la confusión, basta para destrozarme. Quiero enmendar las cosas, o volver en el tiempo y evitar que suceda. Pero no puedo hacer nada. Lo hecho, hecho está.

–Lo siento…

Hablo en voz alta, sin preocuparme de que alguien me escuche. Estoy solo en el bosque, además de la vida silvestre. Con esta lluvia, deben estar escondidos, y los que no están muy lejos de estar en mi situación.

–Lo siento mucho, mi princesa…

Sigo llorando mientras mantengo mis ojos cerrados, apoyándome en el tronco. La lluvia sigue cayendo a mí alrededor. De vez en cuando una gota golpea mi cabeza, pero eso no importa.

Crack.

Abro mis ojos por el sonido y miro a mi izquierda. Estoy sorprendido por lo que veo. Mirándome con ojos llorosos está Fluttershy. Mi pequeña princesa, cubierta de ramas, hojas y sabia de árboles por toda su cola y melena. Está de pie a un par de metros de mí, empapada de lluvia y lágrimas. Noto sus ojos hinchados por el llanto, su mirada baja y pesada, y sus orejas caídas con un aire de arrepentimiento. No la escuché acercarse, pero siendo un Pegaso es bastante silenciosa y ligera al moverse.

No dice nada. En vez de eso, se acerca a mí sin importar los ruidos que haga al caminar. No me muevo, solo me siento en el suelo y la veo con mis ojos a punto de estallar en llanto. Luce horrible, y al mismo tiempo hermosa. Tal vez solo haga falta un baño, pero esa es la menor de mis preocupaciones.

Sin decir nada se sienta a mi lado, evitando hacer contacto visual más que de reojo. Solo puedo mirarla, deseando abrazarla fuertemente y no dejarla ir. Pero me contengo, sabiendo que sería demasiado brusco. Finalmente ella es la primera en hablar.

–Yo… oí lo que dijiste –dijo en voz baja apenas audible. Y con una voz aún más baja susurro–. Yo también lo siento.

Sonrío, a través de mis lágrimas. Mantiene su actitud reprimida, incluso más cuando intenta disculparse.

Princesa, no tienes nada de qué preocuparte. Es mi culpa, y lo acepto.

Parece que mi punto no se transmite, ya que finalmente me mira con la mirada más triste y tierna que jamás veré en mi vida.

–Padre, Tu… ¿Aún me quieres?

Ahora es el momento de actuar. Me inclino y la atrapo con un fuerte abrazo rompiendo en llanto.

–Por supuesto que te quiero, princesa. Siempre te he querido. Aún te quiero, sin importar lo que pase. Ninguna pelea, por más desgarradora que parezca, cambiará lo que yo siento por ti.

Ella me devuelve el abrazo, y ambos nos sentamos allí y lloramos juntos. Seguimos disculpándonos: yo por la verdad y ella por alzarme la voz y escapar de casa. Al cabo de un rato, la lluvia disminuye, mientras seguimos bajo el árbol.

–¿Padre?

–¿Si?

–¿Podemos ir a casa? Creo que necesito asearme… unas tres veces.

Suelto una carcajada, y ella también se ríe mientras nos levantamos. Volvemos a casa, y ella sigue sonriendo, igual que yo. No es común que lo usemos, pero esa misma tarde preparé un baño de tina para ella. Es de los baños que más le agradan, pues suele quedarse allí durante horas cantando como los ángeles. Por mi parte, tras de cambiar mis ropas me detuve a ver una de las fotografías de mis padres, y frente a ellos me quedé pensando. Pronto será el cumpleaños de mi princesa, y todavía no he dado con nada. Quizás no sea una poni materialista, pero sé que es lo que le gusta. La llevaré de campamento a una zona protegida, con el permiso de las autoridades, claro está. Conozco el lugar perfecto, y sé que será inolvidable.

Con algo de tiempo, estoy seguro de que se relajará y pensará en su origen. Es una yegua lista, y sabe que es real, no el poni creado para el programa. Solo puedo ayudarla a creer en eso, y espero que haga lo mismo por mí.