Capítulo cuatro, chicas. Gracias por todos vuestros comentarios. Sí, es un fic intenso y más que se va a poner. Yo cuando lo leí la primera vez, me acuerdo que le comenté a la autora que tenía más imaginación que los de la serie, porque la verdad es que lo merece. Es una historia de esas de aventura en las que hay de todo. La cosa se pone interesante. Se habéis sufrido por Regina en estos tres capítulos primeros, os aconsejo que cojáis un paquete de pañuelos cuando y lo tengáis a mano con este fic. Bueno, sin más, os dejo que disfrutéis.
Capítulo 4
Ya era tarde. En el cielo la luna brillaba intensamente iluminando el rostro húmedo de una Regina inclinada sobre las ruinas de lo que una vez había sido su casa.
Se había dirigido directamente allí y se la había encontrado destruida y quemada. No es que eso la preocupara. Solo era una casa. Nada más y nada menos. Lo que le preocupaba era encontrar aquel pequeño cofre cuyo contenido la había sostenido en los momentos más oscuros. Estaba terriblemente preocupada. No lo encontraba por ningún lado. Después de haberlo podido recuperar de Jefferson, se había convertido en más valioso.
Llevaba horas escavando en las cenizas, hiriéndose las manos con las astillas. Las lágrimas habían empezado a descender más veloces por la desesperación de haber perdido esa pequeña parte de sí que aún la hacía temblar de amor. Está tan absorta buscando en lo que una vez había sido su dormitorio que no se da cuenta de la presencia de alguien detrás de ella.
«¿Buscabas esto?»
Regina se sobresalta y se gira de golpe asustada encontrándose a una Emma agotada, pero sonriente.
Regina se alza y mira hacia el contenido de su mano. Allí está su tesoro. Un pequeño cofre de acero, algo destrozado, pero todavía cerrado.
«¿Cómo es que lo tienes tú?»
Regina la mira con odio y Emma se siente herida. No está ahí para burlarse de ella o para infringirle ningún tipo de dolor. Estaba harta de la violencia. Sobre todo contra Regina. Desde que está en Storybrooke no habían hecho otra cosa que pelear y ya está cansada.
«Después del incendio vine a ver si había algo que se pudiera salvar y encontré esto. Pensé que debía ser muy importante para ti debido a cómo lo has protegido. Acero resistente a las altas temperaturas. Buena idea»
Regina resopla y sale de esos restos para sentarse en un banco de la calle. Detrás de ella, Emma hace lo mismo.
«Dámelo, por favor, me pertenece»
«Solo si me cuentas toda la historia»
«¿Qué quieres decir?»
«Entre Blancanieves y tú. ¿Qué tiene que ver tu madre? El motivo de todo este odio hacia la ciudad entera»
Regina se gira hacia Emma. Están sentadas cerca la una de la otra, las respiraciones forman pequeñas nubes blancas en el frío de la calle.
«Ya te lo he dicho, vete y pregúntaselo a Blancanieves»
«Te lo he preguntado a ti, no a mi madre»
«Podría mentirte. ¿Qué te asegura que te contaré toda la verdad?»
«Lo que ocurrió todavía te hace sufrir. No ganas nada mintiéndome»
«¿Puedo?»
Regina señala el pequeño cofre cuadrado que Emma apretaba todavía entre sus manos. Emma aleja la mano.
«Tranquila, te contaré todo, pero necesito eso para hacerlo»
Emma, convencida, se lo da y Regina lo abre sacando un pequeño anillo de oro.
Nada extraordinario, pero al mismo tiempo de una elegancia centelleante. Regina le da vueltas tristemente en la mano para hacérselo ver a Emma.
«Es un anillo»
«Ya. Precisamente un anillo de compromiso. Mi anillo de compromiso»
«¿Estabas comprometida?»
«Podemos decir que sí. ¿Qué pasa? ¿No me imaginas enamorada?»
«Si tengo que ser sincera, me suena como mucho extraño»
«Te he dicho que no siempre fui así»
Emma coloca el anillo sobre la palma de Regina. Esta al volver a tenerlo, lo aprieta convulsamente y continúa con su historia.
«Nací en un pequeña casa de un pequeño terrateniente. Nada importante. No éramos pobres, pero tampoco nadábamos en oro. Sin embargo, estaba bien, era feliz. O mejor dicho, era feliz cuando mi madre no me atosigaba con estúpidas reglas sobre lo que una muchacha debía hacer. Ella era hija de un molinero, figúrate. No se casó con papá por amor. Siempre quiso más de la vida, a costa de usar a los demás. Crecí bajo su sombra, temiéndola. Siempre fue hábil con las artes oscuras. Y las usaba sobre cualquiera, sobre los criados, sobre mi padre, sobre mí. Por eso nunca me rebelé»
Emma la interrumpe sonriendo mientras miraba un punto impreciso en la noche
«Parece tu versión más malvada»
«Ah, era mucho más. Era sádica. Sin sentimientos. Hacía el mal para divertirse. Yo no soy nada frente a ella. A pesar de eso, vivía bien, sin contar algún esporádico castigo o insulto por su parte. Amaba cabalgar. Libre. Sin bridas, sin silla. No es difícil, sabes. Basta confiar en el caballo y en sus capacidades. Él te comprende, Siente tu confianza. Fue Daniel quien me enseñó a cabalgar. Era tan paciente, incluso cuando me caía del caballo y juraba que nunca más volvería a subir. Lo que sucedió muchas veces»
Al nombrar a Daniel, Emma nota la humedad en los ojos de Regina. Ya no parece la reina malvada que todos conocen. Parece solo una mujer enamorada.
«¿Quién es Daniel?»
Regina se gira para mirarla y se pierde en los ojos verdes de la rubia. La máscara de super malvada ya había caído.
«¿Quién era? Era la persona más fantástica que haya conocido»
Al decir esto, abre la mano y vuelve a juguetear con el anillo.
«Era el palafrenero. Tenía algunos años más que yo. Era alto y tenía el cabello castaño. Los ojos eran claros. Fue lo que me impresionó la primera vez que lo vi. Fue un flechazo y pronto nos enamoramos. Una rica que se enamora de un pobre palafrenero. Un cliché, ¿no crees?»
Emma sonríe
«Los clichés son la historia más hermosa. ¿Qué pasó después?»
«Mantuvimos nuestra historia en secreto. Mi padre se hubiera alegrado, pero mi madre, bah, ella hubiera tenido otra opinión. Pensamos esperar un poco y encontrar el momento justo para desvelarlo. Pero las cosas cambiaron»
«Blancanieves»
«Blancanieves. Sí. Le salvé la vida. Estaba cabalgando con Daniel cuando la escuché gritar, su caballo se había desbocado. Si no hubiese intervenido, hubiera muerto seguramente. Su padre era el Rey y para agradecerme mi coraje pide mi mano. Mi madre aceptó en mi lugar, mientras que yo ni siquiera pude abrir la boca. Esa misma tarde corrí en lágrimas hacia Daniel. Estaba desesperada y juntos decidimos huir. Era la única manera de poder estar juntos. Fue él quien me pidió matrimonio»
Regina se pone lentamente el anillo en el dedo, los royos de la luna se reflejan en él, y cierra los ojos. Frente a ella, la imagen de Daniel que le coloca el anillo sonriendo. Siente una punzada en el corazón y algo humedece la mejilla, una lágrima. Se la seca rápidamente, pero el gesto no se le escapa a Emma que, finalmente, está comprendiendo cómo es en realidad Regina.
«La pequeña Blancanieves nos descubrió, pero prometió que no se lo dirá a nadie, sobre todo a mi madre, cuando le expliqué que yo estaba verdaderamente enamorada de Daniel. Pero deseosa de tener una nueva madre toda para ella, se dejó engañar por mi madre y le reveló todo. Por la noche, escapé de mi dormitorio y me encontré con Daniel en el establo. Estaba preparando los caballos para huir. Mientras ya nos estábamos marchando, ¿adivina a quién nos encontramos delante?»
Emma suspira y se abate sobre el banco
«Cora»
«Exacto. Estaba furiosa. Con un solo movimiento de la mano nos empuja dentro del establo y cierra las puertas. Intenté hablarle, hacerle comprender cuánto amaba a Daniel. Estaba convencida de poder resolverlo todo. Ella, como única respuesta, mató a Daniel delante de mis ojos»
Regina no logra mantener un sollozo
«Le arrancó el corazón delante de mí. Lo redujo a cenizas, después me tomó en peso y me separó del cuerpo. A fuerza de bofetadas y magia negra, me puso el traje de novia y me empujó hacia el altar, hacia un hombre que no amaba y que en el fondo, nunca me quiso, sumergido en el recuerdo de su difunta mujer. ¿Y sabes lo más patético? Continuaba repitiéndome que ese era nuestro final feliz. No, la cosa más patética era el hecho de que Blancanieves estaba feliz de tener una nueva mamá, mientras yo hubiera querido dejarla morir sobre aquel caballo»
Emma se despierta del entorpecimiento que el frío y el relato le habían producido.
«Pero era solo una niña»
«Y yo solo era una muchacha, ¿sabes cómo se siente una muchacha de solo 18 años al tener que casarse con un hombre que no ama? ¿Tener que acostarse con él muchas veces para darle un heredero?»
Regina furiosa se levanta. Las manos le tiemblan. El anillo todavía puesto en el dedo.
«¿Sabes cómo se siente al vivir infeliz mientras los otros te escupen en la cara su final feliz? Desde aquel momento, juré venganza contra Blancanieves, por eso la odio tanto»
Emma se levanta, encontrándose a un palmo del rostro de Regina. Ambas sienten cómo el perfume de la otra les acaricia el rostro.
«¿Si eras solo una muchacha, por qué cuando te hiciste adulta no acabaste con todo esto?»
«No puedes comprender. Juré fidelidad a las fuerzas oscuras y cuando las fuerzas oscuras penetran en ti no puedes hacer nada más que alimentarlas con tu dolor y odio. Y yo tenía tanto. Es como un círculo vicioso. Más potente es el odio más los poderes crecen. Es por eso que ahora soy débil. El odio hacia vosotros ha disminuido. Ahora solo queda odio hacia mí misma»
«¿Por qué?»
« ¿Que?»
Emma se aleja de ella unos pasos. Es como si esos labios la llamasen y se siente bastante confundida. Aleja la mirada y se pone a jugar con una pequeña piedra sobre la acera
«¿Por qué ya no nos odias?»
Regina mira a la rubia por un instante interminable. Siente la insana necesidad de acariciarle la cara y sentir su delicadeza bajo los dedos. Sacude la cabeza y se concentra en la pregunta.
«No lo sé. De verdad que no lo sé. Lo único que sé es que atormentaros ya no me hace estar bien. Sabes, cuando las artes oscuras se unen a ti es como si se te oscureciese el corazón. En su lugar, deja un enorme agujero que se rellena de todos los actos malvados que realizas. Pero ahora solo siento el vacío. Un completo vacío en el pecho y tanta rabia contra mí misma»
Emma alza la mirada encontrándose con los ojos color chocolate de Regina. Regina por su parte se siente envolver por el verde esperanza que colorea los ojos de la rubia. Permanecen unos minutos interminables observándose. Después Emma se aclara la voz y Regina aleja la mirada. Se quita el anillo y lo prende en la pequeña cadena que lleva al cuello.
«Sin embargo, no creo que hayas venido solo para escuchar mi historia. No soy tan interesante. Así que, desembucha. ¿Por qué estás realmente aquí escuchando los recuerdos de tu acérrima enemiga?»
«¡Una coalición!»
«¿Una qué?»
«No creo que estés sorda. Una coalición. Toda la ciudad quiere unirse a ti en el intento de destruir a Cora»
Regina estalla en carcajadas comenzando a caminar por la calle, con Emma pegada a ella que no dejaba de mirarla.
«Divertido, de verdad. Esta sí que es buena. ¿Una coalición? ¿Storybrooke quiere ayudarme a matar a mi madre? Pero si todos me odian»
«Eso es verdad, pero todos conocemos muy bien tu deseo de venganza sobre tu madre. Eres poderosa, pero necesitas ayuda y nosotros necesitamos magia para protegernos de Cora»
«Imagino que la idea ha sido tuya, Swan»
«Debo admitir que es toda mía, sí. Entonces, ¿qué dices?»
«¿Qué te hace pensar que aceptaré la propuesta?»
«El hecho de que no eres realmente la que quieres hacer ver»
«¿Y eso es?»
«No eres tan malvada»
«¿Estarías dispuesta a fiarte de mí, sheriff?»
«Parece que sí, Alcaldesa»
Regina le sonríe, para después sacudir la cabeza
«Ex alcaldesa, Swan, ex alcaldesa»
Cora se ha instalado bien. En lo más profundo del bosque se ha creado un mini reino con todas las comodidades que un castillo podría tener.
El encuentro de esa tarde con su hija la había divertido. Verla allí gatear dolorida mientras los tres conejillos la miraban desesperados era la satisfacción que quería. Pero ciertamente no había acabado. Apenas ha comenzado, de hecho tiene en reserva muchas sorpresas, sobre todo, para su hija. O no habría sobrevivido a su ira. Intentar suplantarla de esa manera. Intentar matarla. Alguien le acerca una copa de sidra de manzana que Cora bebe ávidamente para después mirar a su criado.
«¿Está todo listo?»
«Sí, señora»
«¿Sabes lo que debes hacer, querido?»
«Ciertamente, señora. No se preocupe, el plan está claro como el agua»
«Bien, tráeme otra copa de sidra y después, vete, quiero que el plan comience desde mañana»
«Claro, señora, en seguida, señora»
Tras decir esto, el criado le sirve otra copa a la mujer y después atraviesa el umbral de la estancia real y desaparece en la nada. Oh, sí, para Regina habrá un montón de sorpresas. Y ella desde su pequeño reino gozará del espectáculo. Un espectáculo espléndido.
