Llega el momento en la vida de todo padre en el que debe dejar ir a su hijo. Ya sea para bien o para mal, tiene que ocurrir en cualquier momento. Ahora me siento en la sala, solo, contemplando las fotografías con las memorias, mías y de mi princesa. En su vigésimo cumpleaños, había planeado una salida especial a un espectáculo acuático. Ella por fin conocería a las ballenas y su enorme densidad. Mientras nos preparábamos para salir, alguien tocó a la puerta.

En todos los años que he vivido aquí nunca nadie ha llamado a mi puerta. Para empezar, ni siquiera nos habíamos preparado para una contingencia en caso de que alguien se presentara. Simplemente le dije que se retirara a su habitación mientras me hacía cargo de la situación. Cuando oí que se cerraba la puerta, pregunté calmadamente quien llamaba, esperando que se tratase de una persona perdida en su viaje. Una voz femenina habló de forma elegante, pero al mismo tiempo con un tono que casi me obliga a prestarle mi atención. Preguntó si podía pasar, y aunque normalmente me negaría con toda mi voluntad, había algo que me resultaba familiar. No me quedó otra alternativa que dirigirme a la puerta y abrirla.

Cuando vi la figura en el porche de mi casa, no estaba seguro si estaba soñando o alucinando. Allí, de pie, se encontraba la radiante y majestuosa princesa Celestia en persona. Estaba sin palabras; luchando por un lado con mi antigua emoción Brony que no había sentido desde el día que encontré a mi pequeña Fluttershy quince años atrás; y por el otro con la tristeza de anticipar el motivo de su presencia. Se quedó allí por unos momentos, haciendo contacto visual mutuo, su cuerpo teniendo el tamaño del de un caballo completamente crecido. Di un paso atrás, y le permití entrar. Lo que me tomó por sorpresa fueron las otras cinco ponis que le siguieron. Primero Twilight Sparkle, y luego el resto del grupo: Applejack, Rarity, Rainbow Dash y por último Pinkie Pie, quién ingresó dando saltos.

–¡Oooh! ¡Así que es así como luce una casa alienígena por den…

–¡OH VAYA! ¡TIENES UNA COCINA! Tengo hambre. ¿Tú tienes hambre? Puedo preparar algunos…

Pinkie Pie fue detenida por la pezuña de Rainbow Dash.

–Tranquilízate, Pinkie. Estamos aquí por Flutters, así que no tenemos tiempo para comer –El estómago de Rainbow Dash rugió con fuerza suficiente para asustar a un pequeño ratón–. Sin importar lo hambrientas que estemos.

Seguía sin estar seguro de cómo reaccionaría a todo esto, pero no quería ser grosero.

–Hum, tenemos unas sobras de anoche. Si ustedes tienen algo de tiempo, y no les molesta, pueden comérselas.

Pinkie lo tomó como una autorización directa y corrió a la cocina. Incluso sin mi permiso, es lo más esperado en ella. Ni siquiera le tomé atención hasta mucho después de que ella sabía dónde estaba todo. Asumí que debía ser suerte, o que era Pinkie Pie y no debía cuestionar sus habilidades. De hecho elegí esta última opción.

–Yo la vigilo –Dijo Applejack, caminando para unirse a la hiperactiva poni. Al pasar a mi lado, me inclinó su sombrero cortésmente. Encontré extraño que los ponis no estuvieran nerviosos frente a un ser humano. Lo mismo se podía decir de mí, pero al tener a Fluttershy por quince años me he llegado a acostumbrar a tener ese tipo de personajes a mí alrededor. Ahora tengo cinco ponis y una diosa equina mirándome con la misma curiosidad que yo tenía hacia ellas.

Hubo un momento de silencio mientras observaba cómo las dos ponis entraban en mi cocina y hurgaban en mi nevera.

–Estoy sorprendida –Dijo Celestia captando mi atención–. Esperaba un poco más de resistencia para que ingresáramos.

–¿Por qué? Sé quiénes son.

Celestia asintió con la cabeza.

–Así que lo entiendes.

–Que son personajes de ficción de un programa de televisión para niños, pues sí. Por otro lado, el por qué están aquí… escapa a mi entendimiento.

–Oh, creo que lo sabes.

Mi corazón cayó a mi estómago. Yo lo sabía, y ella fue directamente al grano. Por todos estos años, me había intentado preparar para este momento, pero el tiempo comenzó a afectar ese pensamiento como una droga, hasta que solo quedó como una pequeña nota en mi mente. Es lo que siempre pasa, ya sabes, cuando todo finalmente es perfecto y no debes preocuparte más.

–Hum, disculpe, señor –intervino Twilight–. Pero por lo que pudimos averiguar, Fluttershy debería estar por aquí. ¿Lo está?

Miré a la yegua morada. Quería decirle que no, pero sabía que era inútil.

–Está… ella está arriba, en su habitación.

–¿En su habitación? –Preguntó Rarity.

–Sí. Fluttershy está en su habitación. No estaba seguro de quien estaba en la puerta, y no quería que nadie la viera.

–Increíble, tiene su propia habitación. ¿Tan amable eres con ella?

En ese momento deseaba golpearla intensamente, tomé su respuesta como un insulto.

–¿Amable? Eso ni siquiera es el principio. Y soy yo quien debería preguntarles a todas ¿Qué demonios le hicieron?

Celestia alzó una ceja un poco sorprendida por el cambio en mi voz.

–Verás, mi estudiante…

–¿Podríamos saltarnos las presentaciones e ir directo al punto? –Fui algo duro con ella. En mi furia, deseaba saber por qué enviaron a Fluttershy como una potrilla a otro mundo.

Twilight se mordió el labio mientras su mentora continuaba.

–Sí, claro. Ejem, estaba trabajando en un hechizo para ayudar al equipo del clima con el desarrollo de una tormenta. Bueno, hicieron una tormenta ligeramente demasiado grande, y cuando Twilight intentó usar su magia para dispersarla, un rayo entró en contacto con su magia. El rayo hizo que su cuerno se sobre cargara de energía, expulsándola en un rayo oscilante. Fluttershy tuvo la mala suerte de haber sido golpeada por este rayo, y la envió, bueno, aquí. Por eso, estamos aquí para recuperarla, una tarea bastante simple imagino.

Antes de que pudiera contestar, Fluttershy habló desde su habitación.

–¿Padre? Hum, ¿Está todo bien allí abajo?

En ese segundo mi corazón dejó de latir, mientras miraba a cada poni. El rostro de cada una de ellas estaba en shock y confusión total. Ellas reconocieron la voz de su Fluttershy, pero ella me llamó "padre".

–Disculpa, dulzura –dijo Applejack al volver desde la cocina–. ¿Pero acabo de escuchar a Fluttershy llamándote "padre"?

Antes de que pudiera responder, Celestia añadió.

–¿Te importaría explicarnos?

Estaba perdido. Muchas cosas estaban pasando por mi mente al mismo tiempo. Solo había una cosa que podía hacer… y tenía que hacerlo, pero sé que no me gustaría.

–Diríjanse a la sala y pónganse cómodas. Estaré allí en un momento.

No permití que me respondieran; me di la vuelta y comencé a subir las escaleras lentamente.

–¿Padre?

–Sí, princesa. Ya voy. Tenemos… –Miré al grupo de ponis que observaban cómo subía–…Tenemos que hablar.

Y eso hice. Le dije quienes estaban abajo, y que estaban allí para llevarla de vuelta. Ella había visto el programa de vez en cuando, y encontraba las locas aventuras entretenidas. Había renunciado a cualquier pensamiento de que la Fluttershy del programa era ella, y solo lo veía como un programa. Mientras habla con ella, intentando explicarle que los ponis en los que no creía estaban abajo, ella comenzó a reírse. No creía y pensaba que le estaba jugando una broma. Así que la llevé a la sala.

–¡Fluttershy! –Gritó Pinkie saltando hacia su amiga.

Futtershy gritó asustada y corrió a cubrirse a mis espaldas, dejando caer a Pinkie en el suelo.

–¡Aléjate de mí!

Se sorprendió un poco por la repentina cantidad de ponis en nuestra sala. Todas la miraban preocupadas sobre por qué estaba alejándose de su amiga.

La melena esponjosa de Pinkie Pie pasó a ser lacia instantáneamente, mientras la miraba confundida.

–Tú… no me reconoces…¿cierto?

–Hum, no. A ninguna de ustedes –continuó Fluttershy. Me dolía en muchas formas. Sabía que eran sus amigas, pero tantas cosas habían ocurrido de forma distinta que ella no sabía toda la verdad. Y ellas tampoco, así que procedí a aclarar las cosas.

–Princesa, toma asiento –Le sugerí caminando al centro de la sala.

Eso fue lo que hizo, se sentó en su reclinable, Todo el tiempo estuvo mirando a las ponis que ocupaban los sillones alrededor de la chimenea. Empecé con una pregunta.

–¿Hace cuánto tiempo la enviaron aquí?

La pregunta las tomó desprevenidas, y fue Twilight quien aclaró su garganta antes de responder.

–Hace quince días. ¿Por qué?

–Bueno –continué–. Ha sido mucho más tiempo aquí.

–¿En serio? ¿Cuánto?

–Quince años.

Todas las ponis, excepto Celestia, estaban boquiabiertas.

–Eso no explica por qué no nos reconoce –Comentó Rainbow Dash.

–Bueno, ese es el problema. Cuando la encontré era solo una potra.

–¿Disculpa?

–Según mis cálculos, no debería tener más de cuatro o cinco años.

Ahora Celestia estaba sorprendida.

–¿Quieres decirnos que has estado cuidando de Fluttershy por quince años, desde que era una pequeña potra?

Asentí con la cabeza, y miré que Fluttershy no tenía una sola expresión en su rostro.

–Nosotros… ella es… –Comencé, pero no pude seguir conteniendo mis lágrimas–… Ya sé que no es verdad… dios, me gustaría que fuera…

–Ahora entiendo el motivo por el que Fluttershy te llama "padre" –Celestia interrumpió con una mirada severa en su rostro. Estaba pensando, intentando reconstruir en su mente lo que había pasado. Lo atribuí a la magia que, siendo inestable, había revertido su edad.

Por unos momentos reinó el silencio, excepto por la respiración de siete Ponis y yo. Finalmente, fue Fluttershy quien rompió el silencio.

–Si no les molesta, ¿puedo saber qué es lo que debe pasar ahora?

Miré a la princesa, tratando de leer su rostro. No importaba que tan bueno fuera a la hora de leer el rostro de Fluttershy, Celestia tenía la mejor cara de Poker que jamás había visto. No tenía idea de qué estaba pensando o sintiendo en ese momento.

–Bueno, es bastante simple. ¿Twilight? –Celestia miró a su estudiante, quien al instante reaccionó a su nombre–. ¿Aún recuerdas ese Hechizo de memoria? ¿Del incidente con Discord?

Twilight simplemente asintió con su cabeza, mientras se levantaba del sillón y saltaba al suelo.

Yo sabía lo que estaba pasando, lo que Celestia tenía en mente. Quería que Twilight borrara su memoria y empezara de nuevo. O, como deseaba, devolverle a Fluttershy sus memorias de su tiempo y amistades en Ponyville. No estaba seguro sobre qué hacer, porque se sentía correcto. Sabía que era lo correcto, y que debía hacerse. Me lo venía diciendo a mí mismo por más de quince años mientras llegaba el momento. Pero había algo que debía hacerse antes que eso. Esas ponis se iban a llevar a mi hija, y yo tenía algo qué decir antes de que eso sucediera.

–¡No! ¡Espera! ¡Espera, por favor! –Twilight se detuvo y miró a su mentora–. Solo dame un momento con ella, te lo suplico. Es lo único que pido, porque… porque es la última vez que nos veremos.

Había renunciado a mis intentos por detener mis lágrimas, y ahora lloraba. Los ponis sabían que estaba sufriendo, y Fluttershy tampoco parecía estar tomándolo muy bien. Así que, pensando que no era bueno prolongar lo inevitable, me acerqué al reclinable de Fluttershy, arrodillándome para tenerla frente a frente. Apenas la pude ver a los ojos, mi faz comenzó a temblar. Emití un suspiro de desesperación, y apoyé mis brazos en el reclinable, abrazándola con fuerza. Allí comencé a confesarme.

–Mi princesa, mi pequeña Fluttershy. Te amo con todo mi corazón. Has hecho maravillas para cambiar al hombre que una vez fui. Tu… –Tuve que parar un momento para calmarme. Solté un poco el abrazo y la miré a los ojos con todo el estoicismo que logré reunir con ese abrazo–… Tú has traído alegría a mi vida que me es imposible darte las gracias.

En este punto mi corazón se rompió al ver a mi Fluttershy romper en llanto. Esto solo me dificultaba las cosas.

–Estos quince años en los que hemos estado juntos, hablando, jugando, volando; todos y cada uno han sido especiales para mí. Solo quiero que sepas que siempre te amaré. No importa si no estamos biológicamente relacionados, sigues siendo mi hija. Quiero… –Puse mi dedo sobre su pecho para mostrarle que le estaba hablando–… que sepas eso. Si surge algún problema y sientes que me necesitas, no dudes en buscar una forma de buscarme. ¿De acuerdo?

Intenté reírme, para que la última parte sonara como una broma. Funcionó, solo un poco, ya que ambos seguimos llorando. Podía oír algunos sollozos detrás de mí; solo podía imaginar a Pinkie Pie llorando como al final del segundo episodio de la primer temporada, luego de que Luna y Celestia se reunieran.

–¿D-d-de veras t-t-tengo que irme, p-p-padre?

Habían pasado algunos años desde que realmente me había llamado "padre". Se sentía bien saber que aún me quería lo suficiente como para llamarme "padre", como lo hacía hace un tiempo.

Simplemente asentí con mi cabeza, al mismo tiempo que me ponía de pie. Antes de que pudiera levantarme completamente, se abalanzó sobre mí y me abrazó fuertemente, tirándome de espaldas en el suelo, desde donde correspondí a su abrazo con llanto y amor. Podía sentir mi cabello humedecerse con las lágrimas, mientras ella se limpiaba el rostro frotándolo sobre mi camisa. Frotándole su cabello sobre el lomo intenté tranquilizarla.

–Es tu verdadero hogar, princesa. Tienes que volver a donde perteneces.

–¡Pertenezco aquí, contigo!

Me dolía mucho decirlo, pero debía convencerla como a mí de que era lo correcto.

–No, te equivocas. Aquí estás limitada, sólo puedes volar alrededor de la casa. No tienes amigos ajenos a la vida silvestre, u otros ponis con los qué relacionarte. Sólo podía cuidarte hasta que este momento llegara, pero no esperaba que fuera tan doloroso.

Nos quedamos en silencio por unos minutos, mientras nos abrazábamos. Ella no insistió más, lo que me dijo que ella sabía que debía hacerlo.

–Te amo, padre.

–Yo también te amo, mi pequeña Fluttershy.

En este punto, las otras ponis estaban llorando, incluso la princesa Celestia. Sabiendo lo que había ocurrido, lucía satisfecha por el desarrollo de las cosas, pero era evidente que la diferencia de edad era una sorpresa. Seguro que había esperado encontrar a una Fluttershy con treinta y cinco años, pero en lugar de eso encontró a una Fluttershy de veinte.

Twilight se acercó a Fluttershy, suspirando una vez más mientras su cuerno brillaba. Sabía que iba a ocurrir, y me dolía aceptarlo… pero era lo correcto. Era lo mejor para ella, para sus amigas, y de una forma retorcida para mí. Ahora sabía que ella estaba volviendo a casa, estaría acompañada por sus amigas y podría volar dónde y cuándo ella quisiera, sin restricción alguna. Podría disfrutar de la compañía de sus amigas una vez más.

–¡Espera! –Levanté la vista y vi como Fluttershy se alejaba de Twilight–. Lo siento. Si no te molesta, quisiera recoger algo antes de irme.

Antes de que nadie respondiera, voló directo a su habitación. Tardó un poco, tiempo en el que Rarity y Twilight intentaron tranquilizarme. Pronto volvió con una gran serie de cuadros y una caja de zapatos en sus cascos. No estaba seguro si podía llevarse algo con ella, y esperaba que Celestia protestara. Pero permaneció en silencio, dándole tiempo a Fluttershy a escribir algo rápidamente en un trozo de papel, el que dejó en la mesa.

Volvió a mirarme, aun llorando pero con una sonrisa en su rostro que se quebraba por el temblar de su labio inferior. Finalmente había aceptado que así debía terminar todo. Supuse que en la caja estaban sus objetos más preciados, los que guardaba en el caso de que tuviera que irse. Aunque me dolía pensar en ello, esperaba que tuviera alguna fotografía de nosotros. Por otra parte, esperaba que no, porque estaría obligada a recordarme a un mundo de distancia.

–Lo siento tanto, Fluttershy –dijo Twilight–. Ami… sinceramente, me gustaría que hubiera otra forma de hacer esto. Desearía que no tuviera que hacer esto. Pero…

–¿No puede…? –Interrumpió Fluttershy–. ¿…No puede venir conmigo?

La inseguridad en su voz me dijo que solo expresaba lo que sentía, y no estaba formulando realmente la pregunta. Twilight se limitó a negarlo con la cabeza, incapaz de hacer contacto visual con su amiga mientras lloraba frente a ella.

–Fluttershy –Comenzó Celestia–. Él no puede unirse a nuestro mundo, de la misma manera en que tú no puedes permanecer en el suyo. Esto jamás debió ocurrir, y el mundo que nos rodea no está diseñado para ser tu hogar. Y sin embargo... –Celestia me miró a mí, sonriendo, y luego repasó la sala. Incluyendo todas las fotos de nosotros dos juntos, las pinturas que estaban firmadas con su casco, y todas sus pertenencias esparcidas por la habitación–… Y sin embargo, algo hermoso sucedió aquí. Algo que no puedo explicar en su totalidad –Se detuvo un momento, dirigiendo sus paso a Fluttershy–. Cuando me di cuenta que habías terminado aquí, esperaba lo peor. Supuse que habías sido arruinada, contaminada y manchada con la crueldad de este mundo. Pero ahora veo que ocurrió lo opuesto. Este hombre, quien te crió, me ha mostrado que estuviste en buenos cascos… o manos –Fluttershy comenzó a relajarse mientras las palabras de Celestia llegaban a su corazón. Celestia volvió a mirarme, aún con una sonrisa–. No puedo hablar por usted, pero por lo que veo, la cantidad de amor que ambos comparten y han compartido, usted la ha criado como si fuera de su misma especie. A pesar de las diferencias, la crió sin importarle su especie u origen. La crió como a una hija, lo que hace que esta prueba sea más difícil.

Absorbí sus palabras, al igual que el resto de ponis en la habitación.

–Así que debo pedirle, estimado señor, que no culpe a mi estudiante por esto. No fue su intención, ni la de nadie más, la de causarle dolor a ambos. Si debe culpar a alguien, le pido que dirija su culpa hacia mí. Yo las ayudé a venir aquí para llevar a Fluttershy a casa… lejos de aquí.

No podía mirar a ninguna de las ponis. Mi respiración se rompía en sollozos. Mi mente funcionaba por su cuenta, repasando todas las cosas que Fluttershy y yo compartimos juntos. Respiré profundamente antes de responder.

–¿Cómo puedo culpar a alguien por traer a Fluttershy aquí? –Me aclaré la garganta mientras continuaba. Casi me atoro mientras intentaba hallar las palabras adecuadas para expresarme–. Estos han sido los mejores quince años de toda mi vida. En todo caso, me gustaría darte las gracias, Twilight, y a todas ustedes. Gracias por lo que hicieron, aunque no haya sido intencional. Gracias por todo lo que surgió de esto. Y por último, gracias por todos los años, mi vida y mi amor… con Fluttershy –intenté mascullar una sonrisa a Twilight entre sollozos, pero estaba al borde de las lágrimas, y sólo pudo mirar a un lado antes de llorar.

Celestia se acercó a mí paso a paso dirigiéndome algunas palabras que permanecerán conmigo eternamente.

–No hay necesidad de agradecer, señor. Al contrario, me gustaría darle las gracias por cuidar de una de mis pequeñas ponis. Jamás habría sobrevivido sin alguien como usted.

Celestia cerró sus ojos, e inclinó su cuerno hacia mí. No me moví, no estaba seguro de qué estaba pasando mientras su cuerno se conectaba con mi frente. Sentí una ráfaga repentina de calor en mi cuerpo. Retiró su cuerno, aun sonriendo, mientras daba un paso atrás.

–Gracias.

Luego otro poni habló.

–Gracias, señor –Dijo Twilight finalmente hablando a través de sus lágrimas.

–Gracias –Dijo Applejack.

–Gracias, querido. Por cuidar de nuestra Fluttershy.

–Gracias, viejo –Dijo Rainbow Dash con la mejor voz que pudo entre lágrimas.

–¡GRACIAS! –Gritó Pinkie Pie mientras saltaba y me abrazaba.

No podía hacer nada, aparte de reírme un poco por su actitud excéntrica. Mejor aún, los rumores en internet eran ciertos: su melena huele a algodón de azúcar.

Me quedé en silencio mientras asentía con mi cabeza. Entonces miré a Fluttershy, quien tomando un poco de valor por sobre el llanto, me mostró una sonrisa en su rostro.

Todos los ponis se reunieron alrededor de Fluttershy, mientras el cuerno de Twilight volvía a brillar.

–Estás lista, Fluttershy –Preguntó Twilight.

Fluttershy solo asintió, cerrando los ojos y tomando una posición estoica, preparándose para lo inevitable.

Parecía que el tiempo iba más lento a medida que el cuerno de Twilight se acercaba a la frente de Fluttershy. Mi mente comenzó a recordar al azar todas y cada una de mis preciadas memorias con ella. Recordaba vívidamente el chapoteo en la tina antes de que se bañara sola. Todavía podía saborear nuestros intentos fallidos a la hora de aprender nuevas recetas al cocinar. Aún podía oler el aire de nuestro tiempo en el parque, con todos sus amigos. Cuando aprendió a volar solo para alcanzar a ver los nidos de las aves. Había tantos recuerdos, que estuve tentado a apagar mi cerebro para concentrarme únicamente en Fluttershy.

Una última lágrima rodó por su mejilla izquierda, mientras movía sus ojos bajo sus parpados. Su mente estaba haciendo lo mismo que la mía, forzando a nuestros mejores recuerdos a surgir al mismo tiempo, porque sería la última vez que nos veríamos el uno al otro.

Finalmente, el cuerno de Twilight tocó la frente de Fluttershy. Hubo una luz brillante, y cuando pude volver a ver, todas habían desaparecido. A través de mis lágrimas, suspiré de alivio. Se sentía mal, pero también se sentía bien. Ahora era ella, la Fluttershy. Que pertenecía a Ponyville. Me quedé en la sala por varios minutos, con la mirada perdida en el suelo donde Fluttershy había estado hace unos momentos atrás. Entonces miré a mí alrededor, y vi que las cosas eran distintas. Los marcos que una vez tuvieron fotografías de Fluttershy y yo ya no estaban en las paredes.

Sus artículos personales que estaban esparcidos por la sala también desaparecieron. Estaba confundido, así que corrí escaleras arriba a su habitación. Cuando abrí la puerta, en lugar de las pinturas y fotografías de Fluttershy, junto con su cama y muebles… había una simple oficina. Un escritorio barato con una computadora y una estúpida planta en una maceta.

Me tomó tiempo entender lo que pasaba, pero cuando lo hice, fue como recibir un puñetazo en el estómago. Tenía sentido, pero no podía apartarme de mi tristeza. Para asegurarme de que nada había ocurrido en ambos mundos, Celestia debió de haber removido todo rastro de existencia de Fluttershy. Quince años, todos por el desagüe. Sentí que todos esos años fueron en vano, malgastados por no ser capaz de recordarlo.

Y sin embargo… mi mente seguía pensando en ella. Podía recordar todo como si hubiera ocurrido ayer. En ese momento hice la conexión: hizo algo con su magia, cuando su cuerno tocó mi frente. ¿Acaso… acaso protegió mis recuerdos para que la recordara? ¿Había hecho lo mismo con Fluttershy? Bajé a la sala mientras pensaba. En la mesa había un libro que reconocí al instante: mi álbum de fotos. Me senté en el sillón y lo abrí en la primera página. Allí estaban mis padres conmigo, poco después de que naciera.

Seguí pasando por las páginas, viendo mi propio pasado. Había un vacío tras la muerte de mis padres, pero para cumplir el sueño de mi madre, lo había retomado poco después. Haciendo fotos falsas de momentos felices para poner en un libro de memorias. Entonces encontré un trozo de papel. Al abrirlo, inmediatamente reconocí la letra a mano. O a boca. Supe que esto era lo que había escrito poco antes de marcharse.

"Padre

Por quince años me cuidaste. Por quince años me amaste, jugaste conmigo, y te aseguraras de que disfrutara la vida en un mundo no hecho para mí. No soy una yegua que use mucho su voz, pero aunque te lo dije en persona, sentí que debía hacerte una versión escrita para que te asegures de que fue real.

Te amo, padre. Me ayudaste a convertirme en la yegua que soy ahora. No estoy segura de qué va a pasar ahora, o si podré recordar algo de esto, pero quiero que sepas que hiciste un muy buen trabajo al criarme, incluso cuando fui un poco difícil y distante contigo.

Con el permiso de Celestia, espero que puedas mantener nuestras fotos, nuestras memorias, para que nunca me olvides. De nuevo, te amo y te agradezco.

Tu pequeña hija,

Tu princesa,

Fluttershy."

Volví a poner la nota en el álbum, mientras sentía nuevas lágrimas corriendo por mis mejillas. Leía la nota una y otra vez hasta memorizarla. Di la vuelta a la página, y fui recibido por la sonrisa de Fluttershy cuando era una potra.

Ahora estoy aquí sentado, llorando mientras veo el álbum de nuestro tiempo juntos. Su primer baño, sus primeras palabras, su primer dibujo, incluso su primera muda de plumas de sus alas, todo en este libro de memorias. Todo lo demás de la casa se ha ido, pero no lo que está en este libro. No me atrevo a cambiar eso, pero voy a seguir añadiendo fotos. Para mostrar que todos estos años no solo la cambiaron ella, también a mí.

Soy un hombre distinto al que fui hace quince años. Cambié, gracias a una oportunidad que recibí por una serie de eventos afortunados, fuera del control de alguien. Si nunca hubiera ido y comprobado la caja…si hubiera hecho algo distinto a cómo lo hice…nuestra relación hubiera cambiado completamente. Supongo que tuve suerte que todo salió bien. Ahora, con seguridad, puedo decir que cumplí el único deseo de mis padres; que fuera feliz. Aunque me entristece, estoy contento por el tiempo que pasé con ella.

Ahora estoy solo en esta casa vacía, recibiendo a algunos de los amiguitos de mi hija, alimentándolos y despidiéndolos una vez terminaron. Cada vez que los veo, pienso en Fluttershy. Debería estar llorando, debería sentirme horrible y querer a mi hija de vuelta. Y sin embargo, me siento aliviado al saber que todo está bien. Ella no se escapó, o me dejó con ambos en malos términos; ella se ha ido, a casa, dónde pertenece, y está a salvo.

Vuelvo a mirar a mi álbum, pasando la página tras nuestra última foto. La páginas están vacías. Aún me queda mucha vida por delante, y planeo hacer lo mejor con ella.

Por mí.

Y por mi princesa Fluttershy.

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No tienen un idea de las lágrimas que cayeron de mis ojos escribiendo este final. Este es el único fic en el que he hecho uso de mi propio personaje, uno que me representa a mi (por eso lo del escritor y dibujante del padre) y sentir lo que él sentía. Sin embargo, hay algo que siempre existe en mis fics de más de un capítulo: un epílogo. Si quieres leer qué pasó después de esto, nos leeremos pronto. Si no, muchas gracias por leer este fic.

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Han pasado unos meses desde que Fluttershy se fue. Vivo mi vida dia a día, deteniéndome sólo para recordar a mi princesa. Sin embargo hoy ha pasado algo que ha llamado mi atención: un grupo de mariposas han traído una carta a mis manos. Es curioso, fueron directamente a por mí. Al tener el pedazo de papel en mis manos, lo leí con curiosidad.

"Ve al colegio Canterlot"