¿Qué creen que hará Cora? Intrigante, ¿no? Solo puede decir que será lo peor. Regina en este fic tendrá que luchar de verdad, lo que hemos visto en la serie en peccata minuta comparado lo que leeremos. Espero que lo estéis disfrutando.
Capítulo 5
Regina había pasado la noche entera apoyada en la pared de la central, la mirada perdida en el vacío y los brazos cruzados bajo el pecho. Necesitaba una ducha y de un buen sueño, pero ahora se conformaba con no recibir miradas amenazadoras o insultos.
La entrada en escena no había sido tan dramática a parte de algunos que gruñían y otros que la miraban mal. La habían ignorado y ella había hecho lo mismo. Miraba la noche por la ventana intentando contar las estrellas. Emma es la única que la observa. Sus manos corren por el mapa de la ciudad. Los sonidos le llegan como a lo lejos, tantos eran sus pensamientos. Había comprendido solo que debían encontrar un lugar seguro para protegerse de un posible ataque de Cora, eso era todo.
Ahora que sabía qué había sucedido en el pasado entre Regina y su madre no lograba dejar de preguntarse qué haría ella en su lugar. Y ahora comprende también todo el odio hacia ella, en el fondo, es ella quien le ha destrozado su final feliz y así efectivamente había sucedido. Le había quitado a Henry que, al parecer, es lo único que la volvía humana. No puede sino sentirse culpable, al menos, un poco.
«Te ha contado su historia, ¿verdad?»
Blancanieves, que había notado la mirada de Emma sobre Regina, se le acerca cogiéndole la mano que ahora estaba posada sobre el mapa mientras los otros gesticulaban y se agitaban con lápices y gomas.
«¿Eh? ¿Regina? Sí.. sí me lo ha contado todo, extrañamente»
«¿Y cuáles son tus conclusiones?»
«Sabes, te daré una mala impresión, pero…creo que en su situación quizás hubiera cometido los mismos errores»
«No me das una mala impresión. Eres mi hija y si te soy sincera cuando vi a tu padre en el suelo herido de muerte antes de acabar aquí, en mi mente solo había un deseo. La venganza»
Emma mira a su madre a los ojos y después mira de nuevo a Regina que permanece quieta allí, apoyada contra la pared como una bellísima estatua.
«¿Por eso la defendiste cuando todos los demás la querían muerta?»
Blancanieves asiente sonriendo
«Supongo que es tremendamente difícil sobrevivir a la muerte de tu amor, completamente solo. En un mundo donde todos excepto tú están felices y contentos. Sí, creo que por eso comprendo su dolor. Pero con esto no quiero excusarla, ha hecho demasiadas cosas reprobables. Pero creo que ella misma se está castigando bastante para que nosotros empeoremos las cosas»
«¿Crees en las segundas oportunidades?»
«En este caso sí. Pero todo está en sí ella lo cree»
Blancanieves señala con la mirada a Regina que ahora está observando y escuchando el discurso de James y del resto de las personas de la central.
«¡Idiotas!» suelta, haciéndose notar.
Emma alza los ojos al cielo y mira a Blancanieves.
«Eh, maldita bruja, ¿de qué te quejas?» Gruñón ya está preparado para saltarle encima a Regina que sonriendo lo mira con aire de desafío.
«No me estoy lamentando, sólo estoy constatando un hecho, no lograreis protegeros de mi madre con esos ridículos planes»
Emma se le acerca, interponiéndose entre ella y Gruñón.
La calma de Regina de verdad da miedo. Está en la misma posición de antes, apoyada en la pared. Solo había desviado la mirada de la ventana hacia ellos y había abierto sus carnosos labios rojos en una sonrisa. Emma tiene que recurrir a todo su autocontrol para no intentar probar con su boca la suavidad de aquella.
«Calma, no sacamos nada si nos atacamos entre nosotros. Leroy, tranquilo y baja ese maldito pico»
«Es esa maldita bruja la que insulta»
Emma resopla y se gira hacia Regina que ríe satisfecha.
«Regina, nos quieres explicar en qué nos estamos equivocando, sin insultar cortésmente»
Lo de Emma es una súplica que Regina recibe sin comentarios.
Pasa por delante de ella y comienza a indicar puntos sobre el mapa
«Os estáis equivocando en todo si queréis saberlo. Os estáis concentrando en cómo proteger a la ciudad entera, cuando os bastaría con encontrar un lugar seguro donde esconderos y proteger solo ese lugar»
James se le acerca y mira los puntos del mapa que ella señalaba
«¿Qué quieres decir?»
«Quiero decir que proteger la ciudad entera es un desperdicio de energía y de magia. Cosa que además escasea. Si encontráis un sitio donde esconder a las personas más débiles puedo hacer un hechizo de protección, siempre que el hada desmemoriada esté de acuerdo en colaborar»
Al decir esto, señala a la monja con una penetrante mirada.
«Nova, no desmemoriada. Y sí, si es por el bien de la comunidad, puedo ayudarte»
El doctor Whale se acerca a Regina y le sonríe
«Entonces, ¿tú sugieres un sitio donde esconder a toda la comunidad?»
«Exactamente. Pero debe ser un lugar afín a la magia. Si no será mucho más complicado hacer un hechizo»
«¿Y cuál?»
Regina se aleja de la mesa volviendo a su posición de pocos minutos antes: brazos cruzados y espalda apoyada en la fría pared. Está pensando en el lugar ideal.
«Eh, Doctor House, ¿debo hacer todo yo aquí?»
El doctor Whale resopla, seguido de James que se apoya cansinamente sobre la mesa.
Blancanieves le aprieta una mano mientras Emma manda un mensaje con las novedades a Henry como había prometido.
«Está bien. Quizás tenga una idea. Seguidme. Hay un lugar donde la magia se ha escondido durante mucho tiempo, ¿ok? Un lugar bastante escondido para no ser descubierto por Cora y al mismo tiempo bastante grande para hospedar a muchas personas. Digamos que lo bastante grande como para contener un dragón, ¿qué me decís?»
Al escuchar la palabra «dragón», Emma levanta la mirada hacia la morena y sonríe. Regina impresionada por aquella sonrisa baja la mirada comenzando a jugar con la cadena del cuello.
«Las cavernas bajo la biblioteca»
Regina vuelve a mirarla y sonríe victoriosa. Se endereza y comienza a aplaudir
«And the winer is Emma Swan. Felicidades»
James es el primero en hablar
«¿Las cavernas donde tenías encerrada a Maléfica?»
«Sí, mi querido Príncipe, exactamente esas. Ahora que están vacías son el puesto ideal»
Gruñón junto con los otros enanitos se acerca con paso silencioso a la morena que, sin embargo, no hace ningún gesto hacia ellos.
«Nosotros no vamos donde ha estado un viejo dragón»
«No os creía tan melindrosos a ustedes siete. Bah, si tenéis otra idea, por favor, iluminadme»
Emma se pone a su lado. Con aquel movimiento se ha aproximado peligrosamente a Regina, de hecho sus hombros se rozan produciendo en ambas un cálido temblor.
«Regina tiene razón. Es un buen lugar. Y puedo aseguraros que ya no hay nada peligroso allí. Lo sé porque la última persona que ha entrado soy yo»
«Bien, y ahora que alguien tiene el buen sentido de escucharme, ¿qué me decís de ir a dormir? No me serviréis de nada si no dormís al menos ocho horas. Mi madre no esperará meses para atacar, de hecho atacará mañana por la mañana. Mañana pensareis en resguardar a todos los que no pueden combatir y la hadita y yo pensaremos en la magia»
«Ya no eres la alcaldesa. No puedes mandarnos»
«Mi querido grillo, ¿de verdad queréis discutir sobre esto? Ok, dejadlo, haced como queráis, pasad toda la noche desenvolviéndoos entre mapas y lápices. No será una gran pérdida si en la batalla morís por falta de sueño»
James le hace señas para que se calle y por una vez Regina escucha el consejo del príncipe.
Sonríe y asiente para después acercarse a la ventana y perderse entre aquellas pequeñas luces que brillaban en el cielo.
«Venga, todos a casa. Mañana pensaremos con más claridad»
James, después de hablar, acompañó a todos a la puerta. En la central, finalmente, solo quedan Emma, Blancanieves, y Regina.
«Bien, entonces, yo vuelvo a casa, ¿vienes, Emma?»
Emma se gira hacia la madre pera después levantarse, Regina está todavía allí mirado un punto impreciso fuera de la ventana.
De repente Emma se da cuenta de que la mujer no tiene un lugar a donde ir, donde poder dormir o comer algo, así que se despide de su madre y se queda ahí.
«Nos vemos mañana, ¿ok? Termino algunas cosas aquí, y me voy a la cama»
No sabe exactamente qué es lo que quiere hacer, así se toma su tiempo en ordenar los mapas y los lápices que se encontraban desperdigados por toda la mesa.
«¿Dónde irás a dormir?»
No se da cuenta de que realmente ha hablado hasta que no ve a Regina girarse y acercarse lentamente. Esta recoge del suelo un lápiz y se lo tiende a Emma que levanta la mirada de la mesa hacia la morena.
«No lo sé. Ya me inventaré algo»
Regina no sabe dónde dormir. Tiene hambre y necesita urgentemente una ducha. Cierra los ojos intentando concentrarse y estudiar una manera. Cierto, está el río, pero a la una de la madrugada ¿a quién se le ocurre darse un baño helado? Además, tiene que cambiarse, ya lleva tres días con la misma ropa, por Dios. No era para nada Regina Milla. Resopla cuando recuerda que no tiene nada. La casa está completamente quemada y por ende todos sus vestidos.
Emma como percibiendo todos esos pensamientos, retiene la respiración y después, sin pensarlo dos veces, mira a los ojos de la ex alcaldesa y le sonríe un poco asustada
«Blancanieves duerme en casa de James, hay una cama libre en mi casa, si quieres»
Regina abre los ojos desorbitadamente, la mano suspendida en el aire en el intento de apartarse un mechón de cabello de la frente. ¿Ha escuchado bien? ¿De verdad, su más acérrima enemiga, después de Blancanieves obviamente, le ha ofrecido un lugar para que se quede? Intenta un par de veces hablar abriendo y cerrando la boca, lo que la hace parecer un pobre pez agonizante.
«Perdón, ¿qué has dicho? ¿Creo que he comprendido mal? ¿Me has ofrecido un lugar donde quedarme?»
«Por lo que parece estoy completamente loca por haberlo hecho. De todas maneras, acabarías durmiendo en un banco. Además, tienes cara de tener hambre y de necesitar una buena ducha»
«No necesito tu piedad, Swan. No te olvides de a quien tienes delante. Regina no necesita ayuda»
«Dios, eres completamente testaruda… Ummm, ok, dejémoslo así, no te estoy ayudando. Es solo por precaución, la temperatura por la noche es bajísima y preferiría no tener que encontrarte mañana congelada en un banco. Te necesitamos viva contra Cora»
Regina lo piensa. Maldición, sí, es su primer pensamiento, pero después se entromete su dichoso orgullo que le hace desear mandarla a tomar viento y hacerle ver que Regina Mills es aún fuerte y poderosa como antes.
No es verdad, todo es un estúpido teatro. No está ni segura de poder destruir a su madre. Se siente cada día más vacía. Solo quiere acabar con todo, y sabe que está cerca. Sabe que lo que su madre le dijo es la verdad. Cuánto más usas el poder oscuro para el bien, este desaparece. Pero hay algo que se olvidó de decir, el poder oscuro no solo disminuye, sino que se te vuelve en contra. Eso explica aquellas dichosas punzadas en cada músculo del cuerpo cuando creó el escudo para proteger a Emma y a los demás aquella tarde en el bosque. Sabe cómo acabará esta historia.
Tiene dos posibilidades: morir vencida por su madre y dejando Storybrooke en manos del mal o morir de mano del poder oscuro, pero salvando la ciudad entera. Regina prefiere con mucho la segunda opción, solo por no darle la satisfacción a su madre de destruirla.
Un gruñido nervioso la devuelve a la tierra
«Entonces. ¿Te debo rogar? Míralo de este modo, tendrás todo el tiempo para insultarme y burlarte de mí, y mientras tanto te llenas la barriga y te das una buena ducha caliente, ¿qué me dices?»
«Si lo pintas así, la cosa es atractiva»
«Bien, pero olvídate de que yo cocine, ¿está claro?»
«Bah, tendremos que pedir algo porque yo tampoco cocino»
«Mejor una piza que una tarta envenenada»
Regina baja la mirada, culpable, volviendo a pocos días antes cuando pedía perdón ante el cuerpo inerme de su hijo.
«Touché»
Durante todo el trayecto a casa, caminan una al lado de la otra sin respirar. Se paran en una pizzería para comprar la cena y llevársela a casa. Una vez en casa, cada una se come su pizza en su sitio, después Emma muestra a Regina el baño y todo lo necesario para el aseo.
Regina cierra la puerta a sus espaldas y abre el agua caliente de la ducha. Se desnuda distraídamente mientras con una mano intenta regular el grifo del agua caliente, y después completamente desnuda se desliza bajo el fuerte chorro de la ducha. El lento repiquetear del agua caliente sobre la espalda le agarrota las articulaciones obligándola a sentarse en el suelo. Cierra los ojos y deja que la cabeza se apoye en los azulejos verde agua de la pared. El agua parece que se lleva todo los problemas y los dolores de todos aquellos años en los que había interpretado el papel de reina malvada.
Cansinamente se quita el barro y las pequeñas gotas de sangre que tenía en el cuello y en la cara. Después se lava el pelo y el resto del cuerpo. El tiempo pasa lento bajo la ducha y Regina no da señales de querer salir de aquel pequeño paraíso sin pensamientos.
Sin pensamientos.
En un momento se acuerda de aquella extraña película de dibujos animados que había visto con Henry cuando este tenía cinco años. Se llamaba «El Rey león». Lo que más recordaba era la estúpida cancioncilla del suricato y del jabalí, Hakuna Matata. La recordaba porque Henry se pasó semanas cantándola y despertando a Regina en medio de la noche para ver la película. Una lágrima se resbala por el rostro confundiéndose con las otras gotas que le acarician el cuello. En esa época, Henry era aún desconocedor de todo. No sabía todavía nada de los cuentos. No la veía como la reina malvada que había que destruir. Se echa a llorar cansada y desesperadamente, con cada sollozo intentaba parar y contenerse por miedo a que Emma, que está en la otra estancia, la escuche. Cuando lo consigue, se obliga a salir de la ducha, se seca el cabello de un modo u otro, para después envolverse en la toalla y salir del baño.
Las luces están todas apagadas y aquel tenue brillo que se reflejaba en la casa es debido a la gran luna que juguetona miraba de reojo desde la ventana del salón. Se dirige a la estancia que Emma le había indicado para dormir pasando por delante de la habitación de esta. Instintivamente, Regina se para y mira a la rubia dormir acurrucada sobre sí misma, abrazada a la almohada. Sin darse cuenta se encuentra sonriendo, es hermosa, realmente hermosa, y extrañamente es la única que, en este caos, se había mostrado gentil con ella. Mueve velozmente la cabeza y se maldice echando la culpa al cansancio cuando se detiene demasiado en el largo escote de su camiseta.
Levanta la nariz y se seca una lágrima para después correr hacia la habitación, cerrar la puerta y hundirse en la cama buscando dormirse lo más pronto posible. Lo consigue, después de un lento suspiro, cae finalmente entre los brazos de Morfeo.
Emma abre un ojo, después el otro para asegurarse de que Regina ya no estuviese en su puerta. La había escuchado llorar, oh sí, la había escuchado. Era como si aquel dolor desgarrador que destruía a la morena hubiese penetrado en su cuerpo para dañarla. Solo de pensar en aquellos hermosísimos ojos castaños enrojecidos por el llanto, se le encoje el corazón. Se tiende boca arriba y se rasca el cuello. Cierra los ojos y espera con todo su ser poder dormir toda la noche.
A la mañana siguiente un tímido rayo de sol se filtra entre las persianas cerradas y golpea en pleno rostro a Regina que se cubre rápidamente los ojos con la mano. Pasados algunos minutos, se restriega los ojos y los abre sobre la estancia que Emma le había dejado. Su mirada recae en seguida sobre una foto al lado de la cama. Eran niños, también está Henry. Pero, si es la foto de la escuela. Regina se sienta y toma el portafotos entre las manos, entre aquella multitud de niños había una mujer, una mujer con los cabellos negros y cortos. Regina abre los ojos como platos y recorre la estancia entera con la mirada
«Maldita desgraciada»
«¿Me has puesto en la habitación de Blancanieves?» Emma por poco no tira el café recién hecho sobre la camiseta, cuando Regina entra en el salón, aún envuelta en la toalla, y la mira desde el otro lado de la isla de la cocina.
«Bah, ¿qué importa? ¿Una cama es una cama, no?»
Emma no puede aguantar una risa sarcástica, mientras Regina todavía somnolienta trama algo que la haga sofocarse. La rubia la observa, los cabellos negros ligeramente revueltos, un rizo rebelde le caía sobre la frente. No puede pararse y continua por el cuello hasta llegar a la toalla que Regina tiene bien apretada. Debe estar completamente desnuda allí debajo, piensa de repente Emma, para después llamarse estúpida.
«¡Blancanieves! Su cama. Has sido mezquina, Swan. Pero esta me la pagas»
Emma estalla finalmente en una carcajada observando la mirada enojada de la morena que pareciera que la iba a incendiar con los ojos. Velozmente, intentando frenar la risa, le pasa una taza de café humeante. Regina la toma y aspira el fuerte perfume para después dejarlo deslizar dulcemente en la boca saboreando el gusto de cada trago.
«Venga, Regina, déjate de historias. Vístete y nos vamos, nos esperan en la biblioteca. Ayer por la tarde te olvidaste decir que solo tú puedes abrir las cavernas»
«Ups. Detalles»
«Date prisa. Te he dejado ropa mía en el baño ya que la tuya está directamente para tirar y tu guardarropa se ha quemado»
Regina casi se atraganta con el último sorbo de café. Respira y mueve la cabeza
«¡Ah, no! Puedes olvidarte de que me ponga alguna de tus ropas de chulo de la calle»
Emma se para mirándola ofendida y después se le acerca peligrosamente. Ella está en camiseta blanca y vaqueros, con su habitual chaqueta roja, mientras que Regina está completamente desnuda, cubierta solo por la toalla. La tensión sexual es altísima. Ambas podían negar lo que quisieran, pero había cierta atracción entre la dos.
«Escúchame bien, reina sociópata. Para tu información, ahora tienes mi toalla, pero esta no saldrá de mi casa. Así que si no quieres ir desnuda a la biblioteca, te conviene ponerte mi ropa»
Regina sonríe, una sonrisa ante la cual Emma tiembla. Lentamente lleva sus manos a la toalla y la abre dejándola caer al suelo. Emma casi muere de un infarto ante aquel gesto. Regina está ahí, desnuda frente a ella y le sonríe. ¿Qué cosa le pasaba? Emma nota un escalofrío recorrerle todo el estómago hasta acabar en el bajo vientre. Se gira repentinamente dándole la espalda a la morena que intenta aguantar la risa.
«¿Qué diablos estás haciendo?»
«Bah, tú has dicho que la toalla se queda en casa. Solo hago lo que tú me has dicho»
La fuerza de voluntad es tanta que incluso Emma se sorprende de sí misma. Las ganas de girarse son tantas que focaliza su atención en la manecilla rota del reloj de pared.
«Regina, ve a vestirte, por favor»
«No se hace nada por nada, Swan»
«Tú eres la reina malvada no Rumpelstiltskin»
«Comienzo a apreciar su particular política»
«Dios mío, está bien. ¿Qué diablos quieres?»
Regina sonríe contenta por haber puesto en jaque a la rubita
«Bah, por ejemplo tu habitación»
«¿Qué? ¡Olvídalo!»
«Bien»
Regina se coloca, con un movimiento, delante de ella que casi al retroceder se cae sobre la alfombra persa. Después de encontrar cierto equilibrio, se vuelve a inflamar ante la visión de la morena, entonces le vuelve a dar la espalda.
«Está bien, duermo yo en la habitación de Mary Margaret, pero tú vístete»
Regina se echa a reír y asiente recogiendo la toalla y metiéndose en el baño.
«Es un placer hacer negocios contigo, Swan»
