Bueno, después de la intensidad y las sorpresas del capítulo anterior, seguimos. No se me asusten, ya avisé que esté fic es muy intenso, pero que es SwanQueen. Vamos a ver qué pasa con Daniel, con los sentimientos de Emma, pero sobre todo con los de Regina. ¡A disfrutar!

Capítulo 7

Despertarse es mucho más difícil respecto a desmayarse. Había sido algo veloz, de hecho en un momento las piernas habían cedido y su cerebro se había apagado. Ni siquiera había sentido realmente el golpe, lo único que había percibido era el sonido de una voz que gritaba su nombre. La misma voz que ahora percibe de fondo.

Intenta abrir los ojos, pero es más difícil de lo que hubiera pensado, y cuando lo consigue, su visión es completamente borrosa. Ve una mancha roja delante de ella que le está hablando. Cierra una par de veces los ojos para intentar apartar la dichosa niebla que le entorpece la visión. Cuando lo logra, ve que la mancha rosa es una chaqueta. Esa famosa chaqueta, adornada por esos hermosos cabellos rubios.

«Hey»

Emma está sentada a su lado. Apenas se da cuenta de que la morena se está despertando, se coloca a su lado sonriéndole. Regina bate varias veces sus párpados y comienza a mirar a su alrededor. Está sobre una cama, cubierta por una ligera sábana blanca. El olor a desinfectante llena el aire y el hombre, en bata blanca, que reconoce como Whale, le hace entender que se halla en el hospital.

«Qué..»

«Te has desmayado, Regina. Te desplomaste al suelo con una fruta madura»

Regina se sienta, llevándose una mano a la cabeza.

La habitación le da vueltas en la cabeza y tiene un sabor amargo en la boca.

«¿Quién diablos ha utilizado mi cabeza como un saco de boxeo?»

Intenta levantarse y bajar de la cama, pero dos manos delicadas, pero al mismo tiempo fuertes, la empujan para que se vuelva a echar.

« ¡Tú no te mueves de aquí, Regina!»

«Sheriff Swan, ¿quién te crees que eres para ordenarme nada?»

El doctor Whale se acerca a la cama, fingiendo controlar las máquinas, claramente apagadas.

«Ella no se cree nadie, pero yo, a pesar de todo lo sucedido, soy su doctor y por mucho que no quiera, estoy obligado a hacer todo lo necesario por su salud. Así que, su majestad, se quedará aquí por un tiempo»

Emma sonríe al doctor, para después girarse hacia la morena que la miraba fieramente. Regina suspira y vuelve a mirar a su alrededor, dudosa y un poco asustada.

«¿Dónde está Daniel?»

El terror de haberlo soñado todo, de haber soñado con la lucha, pero sobre todo con Daniel la invade e inconscientemente comienza a temblar. Emma lo percibe y le toma la mano para tranquilizarla. Esos gestos para ella han llegado a ser algo demasiado habitual. ¿Qué le está pasando? Cogerle la mano, preocuparse por ella. Se siente extraña.

«El doctor Whale le ha hecho un examen hace unas pocas horas y como no te habías despertado aún, James se lo ha llevado a Grany's a comer algo, parece que no ve la comida desde hace bastante tiempo»

«¿Hace unas pocas horas? ¿Desde cuándo estoy aquí? ¿Qué ha sucedido?»

Intenta de nuevo levantarse echando a un lado de malos modos a Emma que se aleja de la cama dejando que Regina se alzase torpemente.

«Has tenido un shock, estrés y mala alimentación, supongo. Has pasado las últimas cinco horas sin conocimiento, así que le aconsejo un poco de reposo»

Después de haber recuperado el equilibrio, Regia se estira las mangas de la chaqueta y mira por la ventana. Quiere ir con Daniel y estar con él el máximo de tiempo posible. Se gira hacia Emma que la mira con expresión de no aceptar un no como respuesta.

«¿Qué pasa, Swan?»

«Has permanecido desmayada toda la mañana, así que ahora te llevo a casa y te quedarás allí hasta que estés mejor»

Regina se le acerca peligrosamente.

«Abre bien los oídos y escucha, porque solo lo diré una vez. Tú no eres nadie para decirme lo que debo o no debo hacer, y que le doctor Whale se guarde sus palabras y su sonrisa deslumbrante para cualquier pobre enfermera a la caza de los hormonas perdidas en el reparto psiquiátrico. Ahora yo saldré de este hospital y me iré con Daniel. ¿He sido lo bastante clara?»

El dedo de Regina está a pocos centímetros de la cara de Emma que mira a la morena con renovado odio. ¿Cómo había podido ser tan idiota con ella? Se había ilusionado. Eso era. El objetivo de Regina había sido destruir a su madre, pero no para evitar que Storybrooke desapareciera. Es la misma Regina de siempre, la que había hecho desaparecer a Kathryn para culpar de su muerte a Mary Margaret, la misma que había separado a dos niños inocentes de su padre y sobre todo la misma que había intentado matarla.

Nada ha cambiado. Una nueva rabia la golpea con fuerza en el corazón mientras Regina le da la espalda para salir del hospital.

«¿Y quieres ir con Daniel después de lo que has hecho? ¿Después de las personas a las que has engañado, torturado y asesinado? No creo que te ame después de conocer la verdad, ¿no crees?

Regina ante aquellas palabras, se para en el umbral, una mano apoyada en el marco, otra rodeando su anillo. Cierra más el puño hiriéndose la palma con las uñas, después se sobrepone y con la cabeza alta sale de la habitación, pero no hacia Daniel.

«Querréis decir que Regina, mi Regina, os ha condenado a vivir en este lugar sin final feliz»

Daniel había acabado de comerse un pastel de chocolate que la abuela premurosamente le había casi ordenado comerse. En frente de él, James que, una vez llegados al lugar, le está contando todo lo sucedido desde su muerte.

«Desgraciadamente sí, la maldición de Regina era muy poderosa y estábamos sin memoria. Mi hija Emma y mi nieto Henry, afortunadamente, la rompieron»

«No puedo creeros, Regina no ha podido ser capaz de hacer una cosa parecida»

«Daniel, lo siento, pero es la verdad. Pero algo sí puedo decirte, cuando una persona pierde el amor es capaz de todo, incluso de perder la razón. Y creo que es eso lo que le pasó a Regina. No puedo excusarla por los actos reprobables que hizo, pero puedo quizás entenderla. Si perdiese a Blancanieves no sé qué haría»

James apoya la espalda en la silla y cruza los dedos de las manos, apoyadas en la mesa.

«¿Qué crees que debo hacer?»

«¿A qué te refieres?»

«Regina, veo que ha cambiado, que ya no es la muchacha dulce que hubiera dado la vida por el prójimo. ¿Cómo puedo estar cerca después de todo lo que ha sucedido? ¿Después de todo lo que ha cambiado?»

James resopla abatido

«¿La amas?»

«Con toda mi alma»

«Entonces bastará con eso. No digo que sea fácil, que todo volverá a ser como antes. Eso no. Nada es ya como antes, para nadie. Lo que quiero hacerte comprender es que os adaptareis, de alguna manera, de algún modo, lograreis reencontraros. El verdadero amor es la magia más poderosa que existe un cualquier mundo. Blancanieves y yo somos la prueba»

«Gracias, James. De verdad. Espero que Regina sea de tu misma opinión. Parece tan triste, tan apagada. No sabría…»

«No puedo decirte que la conozca bien. Regina es bastante críptica como persona, con nosotros nunca ha dejado ver cómo es realmente, pero en mi opinión, detrás de la máscara de mujer enfadada con el mundo hay todavía algo bueno. Ten fe»

«La tendré, James»

Blancanieves entra en el local, saluda a la abuela y a los dos hombres sentados en la mesa.

«Emma me ha mandado un mensaje, Regina se ha despertado»

James sonríe, cogiendo la mano de la mujer, y Daniel se levanta para ir al encuentro de su amada. Cuando se había desmayado entre sus brazos, casi muere de miedo y cuando aquella muchacha, Emma, la había llevado al hospital, había intentado despertar por todos los medios a Regina.

«Tranquilo, cowboy, como era de esperar, Regina se ha despertado lanzando improperios a todo el mundo y creo que está viniendo para acá»

Blancanieves había puesto una mano sobre el brazos de Daniel para pararlo, y más relajado se sienta y bebe un sorbo de jugo de su vaso.

«¿Te ha gustado el pastel, hijo?»

La abuela se había acercado lentamente al trío y después de haber puesto una mano sobre el hombro de Daniel, le sonríe alegremente.

«Sí, muchas gracias, señora, estaba exquisita, de verdad»

«Te ruego, muchacho, trátame de tú, no soy tan vieja. Mejor dicho, lo soy, pero preferiría no darlo a conocer por ahí»

La abuela ríe haciendo que todos estallen también en una carcajada. La campanilla de la puerta anuncia la llegada de Ruby con el pequeño Henry, seguidos de otros habitantes de Storybrooke que, curiosos, se han reunido para conocer al recién llegado.

Ruby, deja ir a Henry, y toma una silla y se sienta a horcajadas delante de Daniel que, perplejo, mira a la muchacha de largos cabellos negros y rojos.

«Dime una cosa. ¿Cómo era Regina de joven?»

Como respuesta, la abuela le da un coscorrón en la cabeza a la muchacha que masajeándose el lugar mira inocentemente a la abuela.

«Diablos, ten modales. ¿No te he enseñado nada?»

«Pero, ¿qué he hecho?»

Daniel mueve la cabeza, divertido, ante la escena, pero se da cuenta de que todos están esperando una respuesta, entonces se acomoda en la silla y sonríe.

«¿Cómo era? Regina era la persona más buena y más fuerte que yo nunca había conocido»

Todos se paralizan convencidos de que aquel joven está hablando de otra Regina. Blancanieves sonríe ante la mirada de Daniel, la mirada de una persona que vagaba por recuerdos felices. Se estrecha más fuerte a James que está escuchando con curiosidad a Daniel.

«Era perfecta. Cuando la conocí, tenía la fuerza de ánimo de mil caballeros, habría podido afrontar los monstruos más espantosos, pero tenía miedo de subir a un caballo. Era divertido ver la frente fruncida cada vez que se caía de la silla. Enamorarme de ella fue más fácil que respirar, parecía algo tan espontáneo que lo viví con toda la intensidad posible. Ella conseguía volver positivo el día más desastroso. Tenía una madre que la torturaba y la aterrorizaba, sin embargo, cada tarde tenía la fuerza y el coraje para salir a escondidas de su habitación solo para subirse a un árbol y observar las estrellas. Era una persona que siempre se levantaba, a pesar de todas las caídas. No se desmoralizaba nunca, cogía aire y recomenzaba. Era testaruda y orgullosa de una manera adorable»

Todos los presentes parecen haber caído en un trance, como si estuviesen escuchando un nuevo cuento. Henry intenta con dificultad creer lo que dice Daniel. Intenta con dificultad creer que una persona ínfima y malvada como Regina pudiese ser aquella persona de la que Daniel hablaba. ¿En qué se había de equivocado? Desde que Blancanieves le había regalado el libro había dado a cada habitante de Storybrooke una identidad sin hacerse tantas preguntas. Miraba los rasgos generales y así daba con el estereotipo. Nunca se había preguntado ni por qué ni cómo. Como si todo fuese normalísimo. Se siente bastante confuso, la reina malvada era malvada y basta. Pero para ser sinceros, y pensándolo bien, Regina no respondía a esos cánones.

«Sabéis, una vez vio un pequeño pajarito atrapado entre las zarzas, le dije que no entrase, que encontraríamos otro modo de ayudarlo, pero ella no me escuchó. Simplemente, tal y como estaba vestida, atravesó las zarzas hasta dar con el pobre animalillo herido. Salió con el vestido completamente destrozado y una pequeña herida sobre el labio. Y su única preocupación, ¿sabéis cuál fue? Preguntó si todavía me iba a gustar con una cicatriz sobre el labio»

Todos sonríen ante esta historia. Blancanieves había notado aquella pequeña e insignificante cicatriz que sobresalía del labio superior de Regina, era algo que la caracterizaba. Y siempre se había preguntado qué habría hecho para producírsela. Se da cuenta de que está empezando a ver a Regina de manera diferente, con un lado mucho más humano que antes.

«¿La amas de verdad?»

Daniel sonríe y asiente a Blancanieves.

«¿Cómo puedes amar aún a una persona que ha destruido todo un reino para lograr su venganza?»

Gruñón se adelanta, rodeado de todos los otros enanos, con un corneto de crema en la mano.

«Regina, según lo que me habéis contado, ha hecho cosas horribles y pagará por ello. La respuesta al dolor no es la venganza, estoy seguro y ella se ha equivocado. Lo que sé es que ahora ya no la amo como antes…»

Daniel baja la mirada y sonríe. Nadie se da cuenta de la presencia cansada y parada en la puerta de entrada, apenas entrecerrada

«…la amo todavía más. Porque es eso lo que hace el amor. En lo bueno y en lo malo, estaré a su lado. La reñiré, la aconsejaré, la consolaré. Haré todo lo que esté en mis manos para ayudarla a levantarse. Será algo estúpido…»

«No es nada estúpido, te comprendo»

Daniel sonríe a Gruñón, mientras la presencia se aleja del local silenciosamente, bajo un solo que se reflejaba en las pequeñas gotas saladas de su rostro.

«Hola, gente»

«Emma»

Henry corre hacia su madre y la abraza fuerte. Después, se separa y le sonríe, mientras todo el grupo se gira hacia la puerta para ver al recién llegado.

«Eh, muchacho, ¿a qué debo este abrazo?»

«Me acabo de dar cuenta de que todavía no habíamos festejado el buen resultado de la Operación Cobra»

Emma se echa a reír, mientras Ruby, que se les ha unido, se queda algo perpleja.

«¿Operación Cobra?»

«Larga historia, Ruby. ¿Te puedo pedir una taza de chocolate caliente con nata y…»

«…canela? En seguida, sheriff»

Ruby se esfuma hacia la cocina ondeando su nueva falda vaquera.

Emma se une a los otros y mira alrededor

«¿Dónde está Daniel?»

James le hace sitio en el banco rosa y le dice que se siente

«Ha ido al baño. Pero, ¿y Regina?»

«¿Cómo? ¿No ha llegado?»

Blancanieves mueve la cabeza, seguida de Henry y de los otros.

Ruby le lleva el chocolate.

«Pensaba que vendría contigo»

«No, se marchó del hospital por lo menos media hora antes que yo»

Emma comienza a preocuparse, sinceramente no quiso decirle aquellas cosas, había exagerado. Estaba enfadada, solo eso. El porqué todavía le era desconocido, aunque tiene algunas sospechas. Continúa recordando la manera en que Regina había mirado a Daniel cuando se encontraron. ¿Era la misma mirada que veía entre James y Blancanieves? Probablemente. Pero no veo cuál es el problema, continúa repitiéndose. ¿Qué siente? ¿Celos? ¿Y de quién? ¿Daniel? No. O quizás…

Se bebe de un trago la bebida caliente casi abrasándose la lengua y manchándose el labio superior de nata. Henry se echa a reír seguido de Ruby que le señala la boca. Emma se limpia rápidamente el labio y sonríe intentado parecer lo más natural posible.

«Oh, Emma, y Regina, ¿dónde está?»

Daniel ha vuelto del baño y ha vuelto a sentarse en su lugar, mirando alrededor, buscando a Regina. El silencio retumba en el pequeño local. Emma no sabe qué decir. Regina. No sabe ni siquiera dónde buscarla. Blancanieves acude en su ayuda, con un plan muy preciso en la mente.

«Emma nos acaba de decir que ha ido un momento a casa a cambiarse. Vamos nosotras a buscarla»

Tras decir esto, se levanta, tirando consigo a Emma que intenta todavía armar un pensamiento coherente.

«¿Qué? ¿Regina? Ah, sí, cierto, sabes cómo es, nosotras, las mujeres, podemos llegar a ser algo presuntuosas si no estamos bien vestidas. Vamos a buscarla»

«Voy yo también»

Daniel se levanta, seguido de James que tras una mirada elocuente a la mujer, agarra el codo del muchacho.

«Déjalo, sabes, cosa de mujeres. Mientras tanto te llevo a ver tu nueva casa. Te ofrezco una habitación en la mía y te presto algo de ropa, ¿ok?»

Daniel desconsolado asiente viendo cómo las dos mujeres salen rápido del lugar.

Henry mueva la cabeza hacia Granny

«¿Soy el único que no ha entendido lo que ha sucedió aquí?»

La anciana sonríe y se acerca al asiento, y le hace señas para que siente.

«Déjalo estar, jovencito, ¿quieres una trozo de tarta?»