El capítulo anterior fue algo light aunque a mí me pareció muy romántico lo que contaba Daniel sobre la joven Regina. ¿Qué habrá pensado Regina escuchando a escondidas en la puerta sobre las palabras de Daniel?
Capítulo 8
Caminar le hace bien. No en lo que respecta a la salud, no, esa se podía obtener con horas de gimnasio o algo parecido. Caminar le hace bien al espíritu, Regina está segura, desde pequeña, cuando algo la turbaba o la afligía, caminaba. No importaba hacia dónde, lo importante era caminar. Y es eso lo que hace.
Ya está en el límite de la ciudad, en el puente en el que tiempo atrás había "encontrado" a James. Aquel dichoso puente que separa Storybrooke del resto del mundo.
El viento le acaricia el cabello y la cara, trayéndole algo de frescura a sus pensamientos. Se siente sucia, no en el sentido físico de la palabra, se siente sucia por toda la sangre y el dolor que había versado por la muerte de Daniel. Era un monstruo, había asesinado a muchas personas: al padre de Blancanieves, a su padre, a Graham y a tantos otros, y sin embargo, Daniel todavía la amaba, es más la ama aún más. Se siente extraña, como si hubiese preferido que Daniel la odiase.
Y además no logra deshacerse de las múltiples sensaciones que experimenta cada vez que está cerca de Emma. Es como una descarga eléctrica que velozmente le atrapa el cuerpo y hace que se le ponga los pelos de punta, cuando la mira a los ojos es como si de repente el mundo fuera en blanco y negro y lo único que emanase fuera calor de su mirada de un verde casi irreal, luminoso. También Emma es amable con ella, como si el hecho de casi haber matado a Henry hubiese pasado a un segundo plano.
Se siente tremendamente confusa, es como si el amor que sentía por Daniel fuese solo un recuerdo. El recuerdo del amor arrancado con injusticia por su madre. Su madre. Con aquel estúpido plan a largo plazo que la había transformado. ¿Por qué ha vuelto? Regina se paraliza de repente con un pensamiento preciso en la mente ¿Cómo ha vuelto? El hecho de que la hubiese estado controlando durante toda la vida, en este mundo, es comprensible, dado que, se sabe, todos los mundos están relacionados entre ellos. Incluso Jefferson lo ha demostrado muy bien. Pero lo que no comprende es cómo ha llegado hasta aquí. Cuando realizó la maldición, supo a quién o qué se dejaba atrás. A parte de Emma y de August, sabe muy bien a quiénes les había caído la maldición, así que ha tenido que encontrar otro camino para llegar hasta aquí, pero ¿cuál?
«Si te estás peguntando cómo he hecho para llegar a esta realidad puedo responderte, querida»
Regina tiembla e intenta reunir valor, girándose secamente hacia la madre que tranquila permanece en una esquina, frente a ella.
«Tranquila, tesoro, no estoy aquí para el segundo round. Solo quiero charlar con mi hija»
«Creo que el tiempo de las charlas se acabó desde hace mucho tiempo, madre»
«Oh, Regina, ¿entonces no quieres saber cómo he hecho para llegar hasta aquí?»
«¿Cambiaría algo el saberlo?»
«No, pero sería un buen inicio para romper el hielo, tesoro»
«Escuchemos»
«Rumpelstiltskin»
«¿Qué?»
«No me digas que no se te había pasado por lo más recóndito de tu mente que yo me haya podido aprovechar de la magia de Rumpelstiltskin para llegar aquí»
«¿Lo has hecho?»
«Un ofrecimiento para viajar no se rechaza nunca, querida Regina»
Regina resopla, dándose la vuelta para marcharse. Aquella estúpida conversación es infructuosa y solo está perdiendo el tiempo.
«Regina, deberías pasar todo el tiempo que puedas con Daniel»
Su madre ríe de placer cuando su hija se para, se gira y la mira con una mirada enfurecida.
«¿Qué quieres decir?»
«Solo digo que lo de esta mañana solo fue una pequeña trifulca y por supuesto no has ganado tú»
«¡Cuándo ataques estaré preparada!
«¿Qué te hace creer que no he atacado ya? Y con eso no me refiero a lo de esta mañana, Regina»
«¿De qué estás hablando?»
«No juego a cartas descubiertas, tesoro. No sería divertido si te reveló todo»
«¿Es solo lo que es para ti? ¿Un juego? ¿Fingir que matas a Daniel, destruirme la vida y perseguirme allá donde vaya es solo un juego?»
«Es tu final feliz, hijita. Solo que todavía no lo sabes. Para eso estoy aquí»
«Basta madre, márchate. No quiero seguir escuchando tus estúpidos desvaríos. Márchate»
«Como quieras, hija mía. Pero quiero darte un consejo que espero que aceptes. Nada es como parece. Nada ni nadie»
«Márchate»
Regina chilla con todo el aire que tiene en el cuerpo, mientras su madre desaparece en la nada con una estruendosa risa. Del cielo comienza a caer una ligera llovizna que le resbala por el cabello, para aterrizar sobre los pliegues del chaquetón. Se queda allí, quieta, observando un punto impreciso más allá del puente, después se gira y se encamina hacia el centro de la ciudad.
«¿Dónde diablos está?»
Blancanieves y Emma ya llevaban unos cuarenta minutos en el coche amarillo, dando vueltas por la ciudad. Habían pasado por el ayuntamiento, por el hospital, por su casa y por lo que quedaba de la casa de Regina, pero nada. Ninguna huella de ella.
«La encontraremos Emma»
Blancanieves ve a su hija muy agitada, como si encontrar a Regina fuese una cuestión de vida o muerte. Continúa acelerando, después ralentiza ante pequeñas calles envueltas en la sombra, la mano que velozmente cambiaba de marchas, mientas los ojos escrutaban cada ángulo de Storybrooke.
«¡Para!»
Emma frenó de golpe, y para evitar chocar contra una farola, el coche casi gira de sentido. Cuando se para, ambas suspiran.
«¿Qué pasa? ¿La has visto?»
Blancanieves resopla y mira intensamente a su hija
«No, pero de aquí no nos movemos hasta que no te hayas calmado»
«¿Qué? ¿Me has hecho frenar para esto?»
«Sí, para esto y para evitar que nos estampes contra una pared. Escúchame bien, Regina no puede haberse ido muy lejos, y además es bastante grande para cuidar de sí misma, así que, calmémonos»
«Pero…»
«Nada de peros, Emma. Si no se presentó en Granny's quiere decir que necesita estar sola. Lo que me hace sospechar. He escuchado a Whale y ha dicho que se hizo dar el alta de malos modos»
«¿Y entonces?»
Emma intenta mirar hacia todos lados, excepto a su madre. Afrontar aquella conversación quiere decir tener que afrontar la confusión que desde hace días alberga en su mente y sinceramente no se siente preparada.
«Siento curiosidad por saber qué os dijisteis cuando se despertó»
«Nada. Sencillamente fui amable con ella y ella, como siempre, se comportó de forma arisca»
«¿Es todo?»
«Digamos que me sentí ofendida y le dije algo con respecto a Daniel y a todo el mal que había hecho»
«Ahora se entiende todo»
Blancanieves sonríe a la hija que finalmente había tenido el valor de mirarla a los ojos.
«Dime por qué le dijiste todo eso»
«¿Porque me ofendió?»
«O…»
«No, no hay un "o", me ofendió y perdí los papeles»
«Sí, como no. Y yo tengo los cabellos larguísimos y James los utilizó para trepar y salvarme de la torre que era mi prisión»
«¿Qué quieres decir?
«Quiero decir que me habré perdido 28 años de tu vida y que he recordado que tenía una hija hace pocos días, pero reconozco cuando dices mentiras. Pones la misma e idéntica cara que pongo yo cuando miento. Así que sé sincera…»
«¿Qué tengo que decir? No sé por qué le dije esas cosas. No las pensaba de verdad. No sabría decirte por qué lo he hecho»
«Celos»
Un golpe de tos corta la respiración a Emma que pone los ojos en el cielo intentando comprender qué le ha dicho su madre
«¿Qué? ¿Celosa? Pero no tiene sentido»
«Sí, como no tienen sentido las miradas que os lanzáis tú y Regina demasiado a menudo. Como no tiene sentido la escena que tuve que presenciar en aquella cabina bajo la biblioteca o como la mirada aterrorizada que tenías en la cara cuando Regina se desmayó esta mañana»
«Yo…»
«No soy tonta, y sobre todo sé qué quiere decir estar enamorada»
«Oh, no, Mary Margaret, yo no estoy enamorada de Regina. Te equivocas completamente»
«Ciertamente, Emma, ¡cómo no! ¿Por qué no lo admites? Al menos podrás retomar la respiración ya que estás completamente roja»
Emma expulsa el aire y retoma su color natural, para ponerse a juguetear con el colgante en forma de lobo que tiene en el llavero, regalo de Ruby.
«No lo sé, de verdad»
Emma se rinde a la evidencia y en el fondo, piensa que si hay alguien que la pudiera ayudar, seguro sería su madre.
«¿Qué no sabes, tesoro?»
«Lo que siento. Nunca la he odiado. Enfurecida con ella, un montón de veces, pero nunca la he odiado. Pero, de un tiempo a esta parte, no sé, la he llegado a conocer mejor. He comprendido sus razones, su dolor y algo ha surgido. Lo sé, es un error»
«Si es amor, no es un error»
«No sé si trata de eso, Mary. Y además, ahora está Daniel y Regina está feliz, así que…»
Vuelve a encender el coche y reemprenden la búsqueda de Regina.
Regina está completamente empapada, ya es tarde avanzada, la lluvia ha dejado de caer y el sol dibuja pequeños arcoíris en los charcos cercanos a sus pies. Tiene hambre y lo único que quiere hacer es dormirse entre los brazos de Daniel.
Está delante del ayuntamiento cuando un clakson la saca de sus pensamientos. Es el coche de Emma que aparca y desciende de él junto con Blancanieves.
«Mamá e hija al rescate»
Dice sarcástica Regina escurriéndose las gotas de lluvia del cabello liso y negro.
«¿Dónde estabas Regina? Hace casi una hora que te estamos buscando.
«Tranquila, Blancanieves, no tengo intención de escaparme de la ciudad»
«Daniel está preocupado»
«Swan, entonces debo apresurarme»
Tras decir esto, da la espalda a las dos mujeres y sigue caminando.
«¿Te alcanzamos?»
Regina se gira hacia Blancanieves, sonriendo, asiente y se mete rápidamente en el coche.
Emma y Blancanieves la siguen en silencio y un poco sorprendidas. Regina nota la mirada y se frunce el ceño
«¿Qué pasa?»
«Ha sido fácil convencerte»
«Swan, siempre se acepta un ofrecimiento de viaje. Siempre»
En su cabeza las palabras de su madre resuenan como una campana de fiesta.
Llegan a casa de James en un abrir y cerrar de ojos. James está en el portal preparado para acoger a su amada. Blancanieves, al ver a su marido, sale del auto y le salta a los brazos y lo besa apasionadamente.
Emma y Regina pasan por delante de ellos y entran en la casa, ambas un poco asqueadas.
«Dios mío, tendré diabetes»
«¡Muchachos, calmaos que traumatizareis a vuestra hija!»
James y Blancanieves se echan a reír, después entra y cierran la puerta. La sala de estar es grande y muy luminosa. Regina desliza un dedo por el papel pintado mientras mira alrededor, acordándose de cuando, en aquella casa, había festejado junto a Kathryn el regreso del marido de esta. También una apariencia de amistad había desaparecido en la nada.
«¿Daniel?»
James observa a la mujer que distraídamente miraba las fotos colgadas en el pasillo que daba a la escalera por la que se subía a la planta de arriba. Los cabellos ligeramente húmedos le dan un aspecto desenvuelto, mientras la ausencia de su típico carmín rojo le dulcificaba el rostro ligeramente delgado y cansado.
James se apresura a indicarle el piso de arriba, mientras Blancanieves se sirve algo de beber para ella y para Emma.
«Piso de arriba, segunda puerta a la derecha, es su habitación»
Regina sin agradecer trepa por las escaleras impaciente por encontrar a Daniel y poder alejarse del dulce perfume de los cabellos de Emma.
«Oh, gracias, James, oh, de nada, Regina»
James imita a Regina que, como única respuesta, gruñe algo incomprensible desde el piso de arriba.
Emma, mientras tanto, baja la mirada y tristemente apoya el vaso del que ha bebido sobre la mesita de madera, y se deja caer en el sofá de detrás. Blancanieves se sienta a su lado, rozándole dulcemente la mano.
«Deberías hablarle» le susurra al oído, recibiendo una mirada de sorpresa de Emma y un mirada confusa de su marido.
«¿Qué?»
«Nada James»
«Déjalo, cariño»
«¿Estáis quizás hablando sobre el hecho de que Emma debería hablar con Regina de lo que siente considerando que, en mi opinión, la misma confusión la siente ella?»
Ambas mujeres abren la boca desmesuradamente, Emma se gira amenazadora hacia Blancanieves que alza las manos en señal de rendición y mueve la cabeza velozmente.
«Yo no le he dicho nada, lo juro»
«Hey, ¿acaso tengo una venda yo sobre los ojos?»
Emma se levanta incómoda ante esta repentina conversación
«Ok, esto es algo bastante incómodo. Estoy sentada en la sala de estar con mis padres, cuya existencia me era desconocida hasta hace pocos días. Padres que por una maldición tienen apenas un par de años más que yo. Los mismos padres que conversan conmigo sobre el hecho de que yo me haya enamorado de la mujer más despiadada y malvada que conozco. Necesito un trago»
«¡Ajá!»
Emma se estaba dirigiendo al minibar, se para, se gira hacia Blancanieves que satisfecha la apunta con un dedo
«¿Qué?»
«Acabas de admitir que estar enamorada de Regina»
Emma salta sobre el sofá, asustando a Blancanieves que se encuentra con una mano de su hija sobre su boca, mientras que James se ríe por lo bajo.
«Si quieres poner carteles, hazlo cuando yo no esté. Evitarás que muera de vergüenza»
Blancanieves se quita la mano de Emma de la boca, para echarse a reír
«Perdona, pero es verdad»
Emma se gira hacia el padre que la mira amorosamente, para después mirar a su mujer
«Está bien. De todas maneras ya no importa»
Emma alza la mirada hacia el piso de arriba, refiriéndose a Daniel. Después vuelve a la idea del trago y se dirige al minibar sacando el whisky y sirviéndose una copa.
«Oh, sí que importa, hija mía»
«Daniel, ¿puedo entrar?»
Regina se desliza tímidamente tras la puerta entrecerrada que da a una pequeña habitación de tonos marfil. Hay un escritorio vacío y un pequeño taburete rojo al lado de un baúl de factura muy antigua. Frente a la puerta hay una gran cama de matrimonio donde, pensativo, está sentado Daniel. Regina se da cuenta de que lleva la ropa que James le ha prestado: vaqueros claros, una camisilla gris y una camisa de cuadros que ha dejado abierta. Daniel sonríe y asiente a la mujer que, ágilmente, entra y cierra la puerta detrás de ella.
«Me he preocupado hoy cuando no te vi llegar»
Regina se sienta a su lado, con las manos en los costados y la mirada perdida en el marco del espejo colgado en la pared al lado del escritorio.
«Disculpa, es que tenía mucho en lo que pensar»
Daniel sigue la mirada de Regina hasta el espejo y se pierde mirando el reflejo de la mujer.
«Lo supuse, la excusa de la ropa no era muy buena»
«¿Qué?»
«Nada. Déjalo. Dime, ¿en qué has pensado?»
Regina suspira abatida bajando la mirada hacia la vieja moqueta que recubre toda la habitación.
«Imagino que ya te han contado en lo que me convertí. Lo que he hecho»
«Sí»
«He destruido familias»
«Sí»
«torturado personas»
«Ya»
«y matado a muchos inocentes»
«Lo sé, James me lo ha contado todo»
El silencio comienza a llenar la habitación. Regina no sabe cómo continuar, las reacciones de Daniel son extrañas y ella no logra descifrarlas.
«Di algo, te lo ruego»
Daniel se alza de la cama, se gira velozmente hacia Regina que asustada se endereza, pero para tranquilizarla, el muchacho le coge ambas manos y se las aprieta fuerte
«El hecho es, Regina, que ya no te reconozco. Al menos, por lo que me han contado, creo que escucho hablar de otra Regina, después te miro a los ojos y lo que veo es a Regina, mi Regina que se ahoga en el dolor y en el resentimiento»
«Cuando te vi en el suelo, muerto, yo… Mi madre… Tu corazón estaba en sus manos y ella lo aplastó delante de mí»
Cálidas lágrimas comienzan a descender veloces por el rostro, mientras breves sollozos le roban la respiración. Daniel suelta sus manos, que van a apretar convulsivamente las sábanas, y le toma la cara atrayéndola a pocos centímetros de la suya.
«Tu madre es un monstruo, pero reaccionar como lo has hecho tú ha sido un error garrafal. La venganza y el odio te han excavado la fosa sin que tú te dieses cuenta. Te amo, pero…»
Regina abandona aquel toque y se levanta de la cama
«¿Cómo puedes amarme después de todo lo que he hecho?»
Daniel se acerca y le coge otra vez las manos. Regina baja la mirada hacia sus manos entrelazadas tratando de recordar las sensaciones que esas creaban tanto tiempo atrás cuando ella y Daniel se encontraban furtivamente.
«Regina, te amaba, te amo y te amaré para siempre. No importa lo que suceda. Tendrás que pagar las consecuencias de lo que has hecho, pero lo afrontaremos juntos porque no podría darte la espalda. Eres todo para mí y en todos estos años separados, lo he comprendido aún más»
«Pero…»
«Nada de peros, no te dejaré nunca. Si también tú me amas…»
«esa es la cuestión»
Regina se grita, airada, a sí misma, haciendo sobresaltar a Daniel que le suelta las manos para mirarla intensamente a los ojos.
«¿Ya no me amas?»
«No es eso Daniel. Yo ya no soy capaz de amar. Cuando te perdí, cerré totalmente mi corazón a todo tipo de emoción, dejé que la rabia, el dolor y el odio me consumieran. Estoy tan destruida que tengo miedo de volver a sentir esas hermosas sensaciones de las que se escriben en los cuentos. No sé si aún seré capaz»
«Aprenderás, amor mío. Solo necesitas tiempo y paciencia. Tus heridas sanarán como las de todos y poco a poco regresará la Regina que tanto amo. Estoy seguro de ello»
«Daniel…»
«No, Regina, ten fe. Lo que había entre nosotros no ha desaparecido, solo lo perdimos e vista»
«Iremos con calma…»
Daniel sonríe a la mujer y se sienta en la cama atrayéndola a él y rodeándola con un brazo. Regina se acomoda en sus brazos y cerrando los ojos, apoya su cabeza en el pecho del hombre.
«Amor mío, todo el tiempo que necesites, Todo se arreglará, lo prometo»
Con estas palabras en la mente y la camisa de él entre sus manos, Regina se duerme. Las lágrimas aún surgían lentas de sus ojos enrojecidos, en su mente solo un pensamiento dirigido hacia aquel ángel rubio de ojos verdes.
