PRIMER DISTRITO

Un FanFic de Mai-HiME por Ms. Kanzaki

Advertencia Legal: Sunrise es dueño de Mai-HiME y su amplio universo; Miles Davis sólo contribuyó con los títulos y la música que empleo para escribir esta historia. ¿Mío? Sólo mi pobreza y locura.


CAPÍTULO TRES - So What

Arkhangelsk. Rusia. Trece años atrás...

Me había mudado aquí hacia apenas unos meses. Después de una inesperada recaída, mi madre había fallecido de complicaciones relacionadas con el cáncer, y mi padre, postrado por su dolor pero incapaz de conciliar familia y negocios en el forzosamente rediseñado triángulo de obligaciones, me entregó a mi abuela materna, una anciana con valores más romanos que una matrona romana, a quien apenas había visto un par de veces en mi vida.

Claro, vivir con mi abuela implicó cambiar también de ciudad y hasta de país. Adiós mi Japón, adiós a tus bosques y volcanes, adiós a tu austeridad y amor al rito, a lo civilizado. Para absorber el impacto de la mudanza, me imaginé que había descendido de la cabaña en Rausu hacia la playa de arena negra y abordé una lancha que en cuestión de minutos me llevaba hacia Kunashir, territorial y politicamente rusa, históricamente ainu y japonesa por conquista.

¿En verdad el cambio fue así de sencillo?

Así como suena lo previamente expresado, sobra decir que adaptarme fue un proceso confuso: aunque conocía el idioma porque mi madre insistió en que lo aprendiera, la falta de práctica volvió excruciantes mis primeros intentos de comunicarme con gente que no fuera mi abuela Elizaveta. Aunque en cuestión de semanas, mediantes horas y horas de estudio, logré expresarme con la fluidez necesaria para mi nueva vida, en particular mis condiscípulos de la Academia Naval, quienes seguían siendo tan comunicativos cuales veranos breves e inviernos largos: calor cortante y gelidez absoluta.

La abuela Elizaveta, mujer de porte aristocrático, y de quien dicen que heredé la belleza de su juventud, me aseguraba que era la envidia la que impulsaba a mis compañeros a no tratarme. "No es sólo tu inteligencia la que les causa desconfianza, amadísima niña, eres toda tú... tu hermosura, tu talento, tu sangre doblemente noble Fujino y Tarakonov, tu bondad de espíritu, y una voluntad que nadie puede resquebrajar... Déjalos decir misa, M-".

"Mejor siéntate frente al viejo piano Rubinstein, y toca algo para mí, pues la magia de tus dedos es capaz de aliviar el dolor de mis huesos con sólo escucharte". Siempre cerraba cada día con complacer aquella petición de mi sobriamente gentil abuela.

Empero, no era mas que una pre-adolescente cuya madre hace menos de un año había muerto, abandonada en la práctica por un padre dedicado al prestigio social y financiero del clan, un crisantemo que había sido abruptamente transplantado a las tierras pantanosas de la estepa rusa, a una ciudad cuyos edificios más significativos eran una monasterio de madera milenario infestado de termitas milenarias y un fuerte de piedra negra que dominaba el acceso a las instalaciones portuarias, sede de la academia naval más antigua del mundo y cuyo plan de estudios también en piedra se había convertido desde la última década de la era imperial Romanov-Holstein-Gottorp.

No crecía mi mente como debía, pero mi corazón se hallaba con alimento suficiente gracias a una anciana chapada a la antigua sobrecontenta de tener a su lado a la evocación viva de su hija. Mi mundo, en resumen, era benditamente anticuado para mi alma, y condenadamente insípido para mi intelecto.

Todo cambió cuando la enviada/cazaprodigios del nuevo proyecto de la omnipotente oficina de Primer Distrito llegó a la Benemérita Academia Naval de Arkhangelsk vistiendo tan sólo su uniforme y armadura de combate, como si pudiera pelear contra el feroz clima subártico de la ciudad, hacer a cualquiera arrodillarse con la fuerza de su mirada.

Se presentó como la teniente coronel Kuga. Y al posar sus ojos néctar ámbar sobre mí, sonrió ampliamente. Se afinó la garganta, manteniendo la mirada suave a medida que se iba acercando al parcialmente rayado y astillado mesabanco. Dijo que había hallado a quien buscaba.

Extendió su mano y pidió sin ambages que la llamara Saeko. Saeko Kuga.

o - o - o

Desde aquel día en que la tragedia arrancó en vilo su corazón (fibra por fibra, arteria por vena y viceversa), nunca supo a ciencia cierta cómo es que sin embargo su persona seguía respirando, llorando, riendo, VIVIENDO. Lo más que a veces dilucidaba es que algo en ella, seguro dotado de una voluntad superior a la de su cuerpo y su alma, un capricho nada menos que divino, a fuerza de encapsular su dolor hizo que éste adquiriera la forma y funciones de aquel órgano pulsador.

Respirando. Shizuru Fujino, aunque erguida con mayor naturalidad que sus colegas y superiores presentes, pensó que por un instante su respiración se cortó un poco. Las palabras de la Procónsul pesaron también en el aire que los demás preferían llenar de chasquidos de lengua o de gargantas que se aclaraban con insistencia.

Para decir cualquier cosa. Lo que fuera. Todo menos lo que ya sabían que sería anunciado.

- Asuman sus funciones como si nada hubiese ocurrido, señoras y señores. Pero vayan observando, evaluando... PREPARANDO, eligiendo entre sus respectivas raciones de cadetes. La Honorable Comandante Madame Cónsul Lemesurier ha expedido con la aprobación de su Majestad Imperial la orden #10, y mientras ustedes hacen su selección los demás oficiales técnicos e investigadores de la sección de Ciencias prepararán todo lo necesario-, y pasaron apenas 5 segundos cuando la mismísima Sugiura sacudió su larga cabellera, como si el latigazo de aquel destello rojo fuera capaz de cortar el aire inmóvil de la tensa habitación.

¡Snap! Incluso oficiales más jóvenes como la Sargento Mayor Mai Tokiha entendieron sin mayor explicación. Aún así, Midori Sugiura, cuyos ojos nunca revelaban vacilación, parpadeó para terminar la reunión de emergencia dentro de la sala de mando en los sótanos del mausoleo Hadrianus:

- Ahora, si me disculpan, debo ir con Sobieska para visitar a los soldados heridos en la última misión. Hagan lo mejor posible.

La artificialidad que la tragedia creó hace años dentro del enrejado de los pulmones de la general brigadier Fujino saltó fuera de ritmo. Sabía que su regreso habría de relacionarse con la situación creada por los atentados, mas ya podía contar con la absoluta seguridad de que así era. En la superficie de su estanque mental, las algas formaron con claridad las letras de su rechazo a ello.

Al llegar a su nuevo apartamento -las clases estaban a poco de iniciar, y debía alistarse con la mayor prisa-, casi quiso golpear algo, lo que fuera. O llorar. Ella no creía en segundas oportunidades, sino en que el infierno existe y siempre vuelve para recordarnos que nunca ha de dejarnos.

¿Para qué entonces, abuela Elizaveta, he vivido?

¿Para qué, Saeko, acepté venir aquí?

Suspiró resignada. Era una lástima que no había una máquina expendedora de cajas de cigarros en las instalaciones de Primer Distrito.

o - o - o

Para nadie es un secreto que en la milicia toda palabra, sea en imagen o sonido, es transmutada a un código, y que dicho código consiste en números, números al que se les asigna un valor y significado. Los números son un lenguaje y en su uso contribuyen a moldear el estilo de vida sencillo y poco o nada amante de las complicaciones que poseemos. Los números nos dicen el éxito o el fracaso de alguna táctica y el desempeño de los elementos que la ejecutaron.

Hay algo que la Procónsul Midori Sugiura sabía de antemano, aún con el terrible insomnio que traía a cuestas, y es que los números también te gritan en su modo tan particular y venenosamente silente cuántos heridos, cuántas muertes el raciocinio de tus superiores y tu deferencia a seguir órdenes han provocado:

- ... el reporte reza del modo siguiente, Procónsul Sugiura. Saldo final de la misión de ayer: 15 soldados heridos con quemaduras de primer y segundo grado tratables para volver a servicio en 3 días; 7 con quemaduras de tercer grado, mediana gravedad, el examen previo señala que podráan regresar a las filas en 10 días; 1 soldado agente especial clase C, perteneciente a la 6ta Diarquía, con quemaduras de segundo y tercer grado extendidas al 42% de la superficie de su cuerpo, actualmente en estado comatoso...-, la doctora Yelena Sobieska se detuvo en su lectura, y lo hizo porque el verdor brillante de la mirada de Midori se oscureció, acompañado de una mueca triste en la que se torció su boca y se refugió su voz.

- No te detengas por mí, Yelena,- alentó con resignada tranquilidad la pelirroja clara, japonesa por su padre y semejante a él en su inquebrantable apego al orden, mas irlandesa como su madre en su cultivo secreto del romanticismo y amor a la bohemia en sus ratos libres.-Haz el favor de continuar.

Digo, querida amiga, por algo te cité a ti antes que a los demás, y así no traslucir mis emociones en la reunión, murmuró ligeramente la máxima autoridad de la heroica y siempre leal Diócesis Central.

- ... 7 bajas enemigas, incluyendo los niños bomba... y 1 una baja de nuestras fuerzas. Capitán del regimiento 12 de Diócesis Central, Deus de la 6ta Diarquía, Yuri Grigorievich Rostoff. Los exámenes periciales preliminares señalan que Rostoff saltó en el último momento enfrente de su colega la subteniente Minagi, y gracias a su iniciativa salvó las vidas de sus colegas, reduciendo el daño de las explosiones.

- Triste heroísmo, si me preguntas. Dudo que una medalla y mención honorífica vayan a consolar a su familia y a su joven viuda; empero, madame Cónsul Lemesurier insiste no sólo en entregar esos premios sino incluso en que el Imperator debe permitir la transmisión del evento a todos los habitantes. Propaganda para atizar más los ánimos contra los nihilistas, supongo.

- ¿Esperabas algo menos de nuestra venerable Cónsul?

Midori no suprimió en su rostro unas arrugas sardónicas al medio sonreír ante las palabras de la doctora:

- No. Recuerdo que algo similar montó cuando era subalterna de su padre el anterior cónsul, precisamente cuando un nihilista intentó asesinar al entonces joven Imperator, y sólo las acciones de las integrantes de la 1era Diarquía impidieron el caos en que todo el Estado se habría precipitado. Fuegos artificiales. Carros alegóricos con flores tan hermosas como caras por ser muchas fuera de temporada. La presencia de la honorable Imperial Gran Banda Militar. Representantes de todas las Diócesis de Primer Distrito e incluso de las demás ramas militares... Ha sido el funeral público más espectacular que he visto. Seguramente el hecho de que la general Kuga fuera amiga y compañera de regimiento de Lemesurier contribuyó mucho.

- Así como lo platicas me suena al gesto de amistad más hermoso que una colega haya hecho por otra-, dijo Sobieska mientras se levantaba del asiento primero frente al escritorio de la Procónsul.

- Sólo que hubo dos detalles que hasta este día me saltan de aquel acontecimiento,- suspiró la principal autoridad de la única e insuperable Diócesis Central de Primer Distrito, dirigiendo su vista hacia la ventana- uno siendo que nunca se le dijo al público civil que el ataúd de la general brigadier Kuga iba vacío. El otro punto fue lo que sucedió después de la ceremonia de otorgamiento de la medalla Militiae Invictus, la máxima presea de todas las que el Imperium posee... Jamás olvidaré cómo la recién ascendida al mismo rango que Kuga y la Dominus de dicha diarquía, Shizuru Fujino, sin pronunciar palabra alguna caminó hacia Lemesurier y le arrojó en pleno rostro la medalla. Hasta este día, nunca he sabido el por qué de una u otra cosa, ¡y eso que en aquel entonces yo era capitán, brazo derecho del jefe Gleeson de la sub-sección de Informática!

La jefa de la sección de Ciencias de Primer Distrito se quedó unos momentos frente a la puerta, esperando que su amiga añadiera algo más:

- Eso al menos explica el por qué Fujino fue obligada a únicamente hacer labores de escritorio antes de que renunciara años después a la organización. Vaya castigo a semejante audacia.

- Claro, mi querida doctora. Por eso creo que si en efecto acudo a la ceremonia de entrega de medalla a la esposa de Rostoff, será mejor que lleve un caso.

Midori, ¡pero qué momento eliges para invadir con tu ironía!, rió para sus adentros Yelena.

- ¿Puedes llamar a todos los altos oficiales e instructores, por favor, general doctora Sobieska?

Pudo haber sonado algo formal, mas la serena chispa en los ojos de la Procónsul Sugiura hizo saber a la polaca que su amiga ya no hallaba tan sombría como al principio de su conversación.

o - o - o

Amanecer.

Ir a la reunión de emergencia.

Regresar.

Abrir puerta y derrumbarse sobre sillón.

Cerrar los ojos y descansar la vista unos segundos.

Arreglarse.

Desayunar.

Revisar que llevo lo necesario en mi porta estela.

Tomar aire, salir del apartamento de diseño curiosamente suburbano, y subir al transporte con Haruka, Yukino y Miriam Grier, de presencia glacial mas sonrisa amable si se le brindaba el espacio y confianza para ello.

Cinco a siete minutos. Hemos llegado.

Puedo claramente oír mi voz interior decir "aunque temía volver a una rutina como esta, creo que es preferible a lo que Sugiura pidió de nosotros". De hecho, creo que casi por accidente lo murmuro al descender del vehículo...

Es mi segundo día de vuelta en Primer Distrito. También es el primer día en que imparto clases para una materia que aunque es interesante, se me antoja meramente como enciclopédica y de aplicación práctica reducida.

Debo admitir que el salón en el que haré gala de mi academicismo es impresionante. Cuarenta almas sentada en una distribución tipo auditorio, con ningún otro centro de atención mas que mi escritorio y mi persona propiamente.

Mi persona...

En realidad, ¿dónde preferiría estar?

Hay dos lugares en el planeta donde aislarme de los demás es la tarea más sencilla. El primero es Rausu, Hokkaido, donde los Fujino poseían una cabaña, con una vista tan hermosa al bosque y el mar que uno no podía evitar sentirse sobrecogido por un temor casi reverencial. Cada paso que uno daba ahí uno sentía la necesidad de ir rogando perdón por la osadía de manchar esa natural virginidad, y aunque mis padres y yo nos hallábamos aliviados de no sufrir el agobiante calor de Kyoto no podíamos quitarnos la impresión de que los ojos de los árboles no cesaban de vigilarnos. El carácter inamovible de la isla de Kunashir, eterno mudo y obstinado centinela, solamente reafirmaba esa sensación.

El otro es Arkhangelsk, en Rusia, cuya bahía en el verano se llenaba de troncos talados provenientes de los aserraderos cercanos; y en el invierno se volvía tan blanca como la tierra a su alrededor, dando razón de por qué sus aguas eran llamadas "el Mar Blanco".

Es cierto, uno no ve mas que absoluta blancura durante meses ahí...

¿Y por qué pienso en la blancura? ¿Por qué creo que justo ahora ante mis ojos se ha corrido un velo de colores ausente? ¿Será acaso la intensidad de la luz que se filtra por el cristal de arena blanca de esta aula? No dejo de ser toda una profesional, pues no me despego del tema sobre el concepto de heroísmo en la milicia griega del mundo antiguo. Sólo hago que mis ojos se entornen hacia un lugar cualquiera y nadie notará la diferencia...

Empero, miento cuando aduzco a una imagen la causa de mi distracción de mili-segundos.

Es más bien una palabra. ¡Qué una palabra! Es un nombre que sustituí con un número al inicio de la clase...

Regreso a la blancura. Al heroísmo. A la blancura que da lugar al heroísmo. Y cómo éste de nuevo se vuelve blancura cuando ya no se le necesita...

Kuga.

Un nombre esculpido tercamente en el tejido endurecido de mi corazón.

Kruger, anotado en la lista de cadetes asignados a mi clase. Un nombre junto a un número de identificación. Kruger. Recuerdos. Teniente Capitán Stephen Kruger.

Kruger.

Bueno, eso me obligará a cambiar mi estilo personal, pero pensándolo bien está en acorde con mi plan de no involucrarme demasiado con los proyectos de esta milicia intrigante y entregada al deber a la vez.

¿Que cuál es el cambio que haré?

Muy sencillo: al pasar lista leeré sus números de identificación. Serán sólo eso para mí...

Y para terminar la clase, les recuerdo las páginas donde habrán de leer el tema de nuestra próxima reunión en esta aula. Números de nuevo.

Velozmente apago la p.v. Lo último que se exhibía en ella era sobre la batalla de Leuctra, cuando el batallón sagrado tebano de Epaminondas, fundado en el amor entre camaradas como su fuerza principal, derrotó al previamente invencible ejército espartano. Año 371 a.C. Otro número. Y salgo deprisa pensando sólo en números.

o - o - o

En estos momentos, mi lenguaje interno es el de un reloj mecánico de engranaje sin aceitar: Escriiich. Escriiiichh. Eescrriiiichh. Cada vuelta entrega un sonido aún más hórrido que el anterior.

Fujino-sensei, seguro que estás consciente de que tu curso no sirve mas que para responder preguntas oscuras sobre historia militar en ultra pretenciosos juegos de Maratón, o Trivial Pursuit. Pero seré una buena alumna, intentaré tomar nota con el mismo esfuerzo que Nao se dedica a trazar garabatos tipo manga en su pantalla.

Un minuto.

Desde esta distancia puedo distinguir que has elegido presentarte ante nosotros con el uniforme tan anticuadamente elegante de los académicos: blusa en tono blanco hueso, de cuello alto almidonado, acompañado de una corbata negra y el largo abrigo ceñido hasta la cintura y que -poseyendo una caída como de catarata nocturna- casi toca las puntas de tus botas, y también negro como el mencionado calzado.

Dos minutos.

Al darte la vuelta, puedo apreciar que tu abrigo trae bordado en la espalda el escudo de esta rígida y compleja institución, y a los lados en las mangas vienen las insignias de tu sección y rango. El cabello, desde mi posición, es una series de hilos y puntos de grano dorado atados en la forma del brazo de un río de rayos de sol.

Cinco minutos.

No dejo de notar que tu voz ha adoptado un tono sobrio, cuidadoso aunque ligero. ¿Crees que así mantendrás la atención de casi cuarenta chavales más ansiosos por la clase de combate cuerpo a cuerpo que por conocer si los tebanos siempre lograban buenos resultados con su "batallón sagrado"?

Diez minutos.

Ya.

Es frustrante. Mientras tú esperas con perfecta naturalidad que cada uno de nosotros tome nota de la sabiduría que en estas dos horas impartes, yo apenas presiono dos o tres teclas. Si algo deseo escribir es solamente las declaraciones o pistas que con toda seguridad de ti obtendré sobre la desaparición de mi madre.

Pero lo que más me molesta, Fujino-sensei, o general Fujino -¡diablos! ¡¿es que sería verdaderamente una tragedia si rompo el protocolo y te digo Shizuru, como siempre lo hacía en casa?!-, es que tus ojos no se aventuraron a verme, y si te generó siquiera un poco de emoción reconocer mi nombre brillando desde tu estela personal, no lo mostraste. Además, diste un número, y a todos sin excepción nos leíste como si esa serie de símbolos matemáticos pudieran en verdad reflejar lo unidimensional que somos bajo el techo de esta institución.

De ahí, dirigiste la atención del grupo hacia la pizarra virtual y una cascada ininterrumpida de blah blah blah desde entonces ha ocupado el espacio del aula.

¡Shizuru! ¡Es en serio! ¡Estoy aquí!

¡Y quiero saber sobre mi madre!

Bueno, no espero que la búsqueda sea algo como una tragicomedia española, mucho menos se convierta en un dorama coreano, pero seguro que hay una mejor explicación que "desaparecida en el cumplimiento de su deber"...

- ... ya que hoy pudimos cubrir en buena medida algunas de las actitudes y creencias detrás de la conformación de los ejércitos de la antigüedad clásica y la evolución de sus tácticas, creo que, además de leer el siguiente capítulo del texto de Sommerfeld -páginas 69 hasta 96, ¡e intenten leerlas, por favor!-, les encargaré de tarea que redacten un ensayo sobre la aplicación y resultados de haber ejercido alguna de las estrategias en el escenario de la anterior guerra nihilista. Sobra decir que pueden elegir la que ustedes desean...

¡Oh Dios! ¡Tarea!

- ... sugiero, para quienes deseen aplicar un modelo griego, que lean los dos primeros capítulos de "Los Héroes" de Thomas Carlyle...

Seré lo que sea, pero tonta jamás. He estado lo suficiente en el sistema escolar imperial para percatarme que cuando un profesor recomienda cierta lectura o aproximación al tema en clase, es mejor que hagas exactamente lo que te pide. Mi estela me advierte que "Los Héroes" está ya tomado, que no puedo hacer una reservación electrónica. ¿Comprarlo? No sé. Creo haber aclarado previamente que mi estipendo es reducido y que ya me gasté la mitad antes de arribar ayer a las instalaciones premier del generador de esparciatas legalistas que es Primer Distrito.

Pero puede que alguien en un grado superior me lo pueda prestar o vender. Si le hablo bonito a a la Sargento Tokiha-

Zuuuuum, zu zu zu zuuuuummm. El anormalmente notorio zumbido de una pv modelo silente (que seguro con tanto uso que le dan aquí ya lo silente lo perdió para siempre) siendo desactivado.

- Natsuki, vamos a la expendedora de bebidas del nivel C antes de la lección de combate. Me dice aquí la pequeña Shiho, alias la Takoyaki, que el profesor Tanner es un cabeza dura que no te deja descansar ni para revisar tus propios signos vitales.

Ya estaba lista para descender los escalones del anfiteatro hacia el escritorio del profesor, cuando echo un vistazo y observo cómo Shizuru abandona el aula como alma que lleva el mismísimo diablo.

¡DEMONIOS!

A medida que me abro paso hacia la salida, y veo los rostros azorados de mis compañeros, es cuando comprendo que mi algo censurada maldición se escuchó por todo el lugar... superando incluso la en contraste no censurada expresión que mi fina y estimada Juliet Nao acaba de soltar, y justo porque no le contesté hacia dónde iba.

¿Profesora Fujino?

No hay respuesta.

General Fujino.

Sólo registro que la distancia aumenta.

6, 7 metros.

10, 12 metros.

¡General Brigadier Fujino!

Elevo la voz, ¿qué serán? ¿Una decena de decibeles?

15, 18, 20 metros.

¿De qué huyes?

Es todo por el nada.

¡SHIZURU!

20...

15...

Prisa, muchacha, que se te va, dijo alguna vez el abuelo Kruger cuando me llevaba de cacería.

10...

7...

3...

¿Han tenido alguna vez la sensación de que el tiempo y el espacio se interrumpen, de tal modo que hasta las personas y el eco de la voz y la respiración no se mueven ni un ápice más? Creí, en efecto, que todo y todos en el pasillo se habían congelado; sus estornudos, risas, y bufidos no alcanzaban ni a rozar un cuadrito de mi ropa, ni mucho menos penetraban y contaminaban mis orejas, que únicamente ansiaban escuchar mi propio nombre en la voz de mi antigua amiga. O ser tocada, siquiera saludada. Cualquier gesto de reconocimiento.

Cualquier afirmación de que no sería para ella un número más.

Cero.

Sin embargo, lo que llegué a sentir fue un sordo más fuerte ¡CRASH!

Hénos aquí, arriba una de la otra, miembros enredados y músculos adoloridos, justo cuando el universo -con todos sus números y letras- se pone de nuevo en marcha.


Nota de Autor: Solamente puedo decirles que las entregas posteriores tardarán pero tengan la plena seguridad de que terminaré este fic. Sí que sí, y más que nada porque le tengo fe a mi particular visión de Mai HiME. Dudas y comentarios (¡vamos! ¡no tengan miedo, no muerdo!), pueden hacerlos a mi Inbox o donde el sitio marque.