Capítulo 9
Los tres días siguientes pasaron relativamente tranquilos. Poco a poco, todos los habitantes de Storybrooke habían sido trasladados bajo la biblioteca organizando una pequeña ciudad subterránea. Geppetto junto con Archie y los siete enanos se habían ocupado de la electricidad, potenciando el contador de la biblioteca haciendo que miles de cables serpentearon por las cavernas.
Ahora en grupos se dedican al abastecimiento, mientras James pasa los días coordinando las operaciones en el interior de las cavernas ayudado por Blancanieves que se ocupa de los niños y de Emma que patrulla la ciudad a la búsqueda de más personas y de objetos que podrían ser útiles.
Regina, en cambio, se pasa el tiempo encerrada en casa, intentando encontrar alguna estratagema mágica para parar a su madre. Sale solo para tomar algo de aire y pasear con Daniel. Desde aquella tarde en casa de James no habían hablado sino de cosas relativas a lo que está pasando. Se limitaban a abrasarse y mirarse a los ojos. Un par de veces, Daniel, cuando estaban echados en la cama, había intentado acercarse a Regina acariciándole las piernas o el vientre, pero la mujer lo rechazaba siempre como si tuviese miedo de cualquier otro contacto que no fuera el abrazo. Pero Regina no tiene miedo de eso, de hecho había tenido una relación con Graham en el pasado. Se siente extraña cada vez que Daniel la toca, como si desease que las manos que sabiamente le acariciaba la piel fusen las de otra persona. No puede permitirse tales errores, no sin antes comprender qué significan todo esos pensamientos que le giran en la mente y hacen que siempre le duela la cabeza. Y como ni so fuera suficiente, en su cabeza resuenan las palabras ácidas de su madre «Nada es lo que parece. Nada ni nadie» Es enervante intentar entender qué le había intentado decir su madre con ese velado consejo. «¿Qué te hace pensar que yo ya no haya atacado?» Regina sabe que Cora está tramando algo. Algo tremendamente peligroso y casi seguramente ya en proceso. Pero, ¿qué?
«¿Has encontrado algo?»
Totalmente inmersa en sus pensamientos, Regina no se había dado cuenta de que Emma estaba en la puerta de su habitación. Un café en la mano y una sonrisa estampada en la cara. Regina mueve la cabeza negando mientras la rubia entra y deposita el café sobre el escritorio, al lado del libro de magia de Regina, que pocos días antes había recuperado de la caja fuerte del banco.
«A parte de que el poder oscuro se alimenta del odio. Bla,bla,bla. Que es como una forma separada de los otros, bla bla, bla. Pacto con los humanos, etc, etc… Nada. Nada que yo ya no sepa»
Regina coge el café y cierra sus manos alrededor de la taza para calentárselas mientras ve cómo la figura rubia se sienta en la cama. Desde que Daniel había vuelto, la había evitado de todos los modos, tenerla al lado era una tortura. Cuando observa sus cabellos que ondean ligeros y rizados, cuando la mira morderse los labios al sentirse incómoda y cuando observa sus ojos que, según el tiempo, cambian de tonalidad de verde, siente que su cuerpo es recorrido por corrientes eléctricas. Es como si todo su cuerpo y su mente la empujasen a acercarse a aquel cuerpo, a aquella mujer tan fuerte como frágil. Después se acuerda de Daniel y todo se complica.
«Dime qué estás buscando, quizás puede echarte una mano»
«¿Qué sabes tú de magia? Sin ofender»
Emma se echa sobre su cama que en estos momentos es la de Regina. Cuando su cabeza toca la almohada, una ola de perfume la envuelve, cortándole la respiración. Es el perfume de Regina, aquel perfume fuerte, pero al mismo tiempo, dulce con una nota de frescura, tan perceptible que la haría ser percibida desde los márgenes de una escollera. Respira a pleno pulmón, para después ponerse de lado y mirar a la mujer que lentamente bebe su café. Los cabellos un poco más largos de lo habitual dibujan curvas sinuosas que caen sobre el suéter de cuello alto que lleva puesto. Las piernas largas y sensuales, cruzadas una sobre otra, que acaban en dos bellísimos pies decorados con esas uñas pintadas con un esmalte rojo fuego. Emma se ve tragando saliva, después de haberse lamido los labios.
Al darse cuenta de que Regina la mira perpleja, se repone y aparta la mirada.
«Nada, no sé nada de magia, pero quizás explicándome lo que buscas te viene a la mente alguna idea»
«Um»
«Venga, Regina, ahora somos un equipo, lo quieras o no, así que déjate ayudar»
«Uff. Digamos que estoy intentando comprender de dónde coge el poder mi madre»
«¿En qué sentido?
«La magia oscura no es como la magia blanca. Te acercas a ella cuando en tu alma albergas cualquier emoción malvada. En fin, si estás enfadado, desesperado o envidioso»
«¿Así que no se nace con poderes oscuros?»
«No, para nada. Por ejemplo, yo conocí ese poder a causa de mi dolor por la muerte de Daniel. Basta un sencillo hechizo, una especie de contrato por el cual el mal te permite usar sus dones a cambio de algo»
«¿Qué cosa?»
«Es diferente en cada persona»
Para pensar mejor, Regina se levanta comenzando a caminar de aquí para allá seguida por la mirada de Emma que, mientras hablaban, se había sentado en la cama con las piernas cruzadas.
«El mal está hambriento. Hambriento de emociones que transforma en energía. Yo le prometí mi dolor y mi odio, el odio hacia Blancanieves, hacia mi madre y hacia todo aquel que era feliz en mi lugar. Se alimentó de mis emociones dándome el permiso para llegar a ser más poderosa. Se alimentó durante todo este tiempo dándome libertad sobre qué poderes quería usar y de qué modo. El único problema es que continúa alimentándose aunque ya no exista aquello por lo que se ha pactado. Como ahora. Por eso estoy débil, el mal, al ya no encontrar el odio o el dolor para alimentarse, coge directamente mi energía vital»
«Pero es peligroso»
«No si consigo mantenerlo a raya entregándole algo para que me deje vivir. El odio hacia mi madre es una buena moneda de cambio»
«¿Así que estás diciendo que el mal ocupa el cuerpo de una persona y se alimenta de emociones específicas para después entregarle esos super poderes?»
Regina emite un gritito divertido, y se para para mirarla
«¿Super poderes? Digamos que sí. Más o menos es así. Pero las emociones cambian según las personas. En mi caso fueron el odio y el dolor, en el caso de Maléfica la envidia, pero en el caso de mi madre…»
«¿Codicia?»
«No creo que sea suficiente. Deben ser emociones más fuertes, muy fuertes. Es demasiado poderosa para haber alimentado su mal con avaricia. Así que lo que intento es comprender cómo lo ha obtenido para encontrar un punto débil»
Regina se deja caer en la cama al lado de Emma y comienza a masajearse la sien
«Piensa en tu vida»
«¿Qué?»
Emma pone una mano sobre el hombro de la morena para llamar su atención.
«Piensa en todo lo que has hecho tú desde que la mataste. Al menos desde que lo intentaste. Sabemos que ella ha continuado controlándote, ha seguido tus pasos, entonces quizás ha visto algo de lo que tú no te has dado cuenta. Algo que tu odio por Blancanieves no te ha dejado ver y que ella ha usado para aumentar su poder»
Regina está con la boca abierta. Pocos centímetros las separan y ambas pueden sentir la respiración de la otra sobre el rostro.
«Debo admitir que es una gran idea»
«Bah, no soy solo músculos y canela»
Regina se echa a reír seguida de Emma que se ha sorprendido de la actitud de la mujer.
«Músculos y canela, ¿en serio? Si un día renunciaras al puesto de sheriff, tienes las puertas abiertas para hacer de cómico»
Emma asiente divertida, pero Regina se pone seria y la mira intensamente a los ojos. La mirada castaña de esta adquiere un matiz más oscuro.
«Gracias»
Esta vez es el turno de Emma de abrir la boca
«¿Qué?»
«Oh, Swan, no me lo hagas repetir»
«No comprendo. ¿Por qué?»
«Estoy aquí y no encerrada o muerta. Y gran parte del mérito es tuyo»
«Solo hago lo que creo que es más justo»
«Usarme como arma contra mi madre»
Emma acerca peligrosamente su rostro al de Regina y mueve la cabeza
«No, me estoy fiando de ti»
La situación está que arde. Las bocas están tan cerca que, con un veloz movimiento, en una milésima de segundo, se rozarían.
«¿Y por qué te fías de mí?»
Unos pocos centímetros más y finalmente ambas habrían saboreado la boca de la otra, lo que ambas desean desde hace tiempo.
«Porque me lo dice mi corazón»
Regina se sobresalta al sentir cómo su corazón comienza a latir, entonces, ¿es verdad? En aquel ascensor no lo había soñado. Apaga su cerebro, intentando callar aquella vocecita que le dice que se pare. Emma traslada su peso a sus manos que están apoyadas delicadamente en el colchón y se inclina hacia la mujer. Los ojos fijos en aquellos labios carnosos y apetitosos.
«¡He llegado!»
La voz de Blancanieves suena como un mensaje de alarma en Emma y en Regina, tanto que la primera impreca silenciosamente, mientras la segunda se alza de la cama de un salto, consciente de lo que casi hace.
«Yo…me voy…»
Sin dejar a la rubia posibilidad de respuesta, Regina sale de la habitación, y en la sala de estar se encuentra con Blancanieves a la que le dice que se va a dar un paseo. Y sale de la casa.
La sombra camina hacia la mujer, lentamente, casi arrastrándose.
«Ya es la hora»
La sombra inclina la cabeza en señal de reverencia hacia la mujer que indiferentemente mira más allá de la sombra, hacia la ciudad.
«Sí, mi señora»
«Todo está listo, sabes lo que debes hacer y de quién te debes ocupar en primer lugar»
«Ciertamente, mi señora»
La mujer mira a la sombra que se encuentra ahora inclinada ante ella. Le hace una señal para que se alce.
«Ella es la primera. Te lo advierto, quiero que no haya ningún obstáculo en el plan. O pagarás las consecuencias»
La sombra asiente.
«Mi señora, no la defraudaré»
La mujer sonríe malignamente señalando hacia la ciudad.
«Ahora vete»
Después de una última reverencia, la sombra se dirige hacia la ciudad. Un plan muy preciso en la mente.
«Emma, ¿todo bien?»
Blancanieves, desde que está mañana Regina dejara la casa con aquella cara de turbación, respira en el aire cierta tensión. Después de haber tomado una ducha, vuelve a la cocina donde se encuentra con su hija intentado lavar los platos como si en vez de lavarlos los quisiese consumir poco a poco.
«¿Quién? ¿Yo? Todo bien, ¿por qué?»
«No, ehm, solo que me pareces un poco…digamos que turbada»
Emma continua restregando con el estropajo un plato ya suficientemente limpio, Blancanieves se le acerca cautamente.
«¿Turbada? No, ¿qué te hace pensar eso?»
Blancanieves señala el plato
«¿El hecho de que desde que me ido a duchar estás fregando el mismo plato?»
Emma, al darse cuente de lo que hacía, deja el plato en el fregadero y apoya el trapo sobre la encimera.
«No, solo estaba pensando en todo este jaleo, las cavernas, la magia y…»
«¡Regina!»
Emma por poco se tropieza y cae, antes de recuperar el equilibrio y secarse las manos en un paño de cocina que se encontraba apoyado en una de las sillas cercanas a la mesa.
«¿Qué?»
«También Regina me pareció algo turbada, te diré»
Emma se deja caer sobre la silla, antes ocupada por el paño que ahora descansa sobre la encimera.
«No comprendo»
«¿Qué ha pasado entre Regina y tú esta mañana?»
Emma pone los ojos en blanco, pero intenta buscar algo de contención, buscando acordarse de respirar. Se siente enrojecer ante el recuerdo de los labios de Regina tan cercanos a los suyos.
«Nada, nada»
La escena es embarazosa. Blancanieves escruta a su hija, mientras esta se balancea en la silla sacudiendo la cabeza y las manos. Blancanieves de repente abre la boca, y los ojos casi fuera de las órbitas.
«¡Oh, Dios mío! Habéis.. es decir.. Habéis estado. En fin no me hagas decirlo. Oh, cielo, ¿Has entendido, no?»
Para ella es embarazoso hablar de esas cosas con una hija ya grande. Blancanieves se corrige, es difícil hablar de esas cosas, punto.
Emma, intuyendo los pensamientos de su madre, se levanta de un salto de la silla haciéndola caer hacia atrás, todavía más roja que antes y comienza a hablar descontroladamente
«¿Qué? Dios. Pero estás loca, no. Casi nos besamos, pero nada m…»
Se para, observando la cara de satisfacción de Mary Margaret y con una mano sobre la boca al darse cuenta de lo que acababa de decir. Enfadada, se acerca a su madre
«Eres mezquina, ¿lo sabes?»
«¿Qué quieres? No me lo habrías dicho, así que he optado por algo más…psicológico»
«Te odio»
«No me odias»
«Te digo que sí»
«Y yo te digo que no»
«¿Cómo has hecho para engañarme?»
«Te conozco mejor de lo que crees, a decir verdad, más de lo que ambas creeríamos»
«No se lo digas a James»
Blancanieves sonríe a la hija y le hace señas de que se siente junto a ella en el pequeño sofá de la sala de estar.
«Uff, todo es un lío»
«Beh, yo no diría eso si también ella iba a participar en el beso»
«Aunque lo hiciese, está Daniel. El amor de su vida. Por el que casi destruye Storybrooke»
«Emma…»
«No, nada de Emma…solo fue un momento. Cuando todo esto acabe todo volverá a la normalidad, yo podré estar más tiempo con Henry y ella podrá volver con Daniel. Fin de la historia»
Emma no quiere escuchar más. Había cruzado los brazos bajo el pecho y la mirada se había pedido en la pared de ladrillos, al lado de la puerta de entrada. Blancanieves le pone una mano sobre la rodilla con gesto cariñoso.
Iba a decir algo, cuando el timbre suena
«¿Esperas a alguien?»
Blancanieves se levanta y va a abrir-
«No, James todavía tiene para rato en las cavernas»
Cuando abre la puerta, se encuentra con Daniel que sonriente la saluda, inclinándose para saludar también a Emma que se había quedado sentada en el sofá. Esta última, después de haber saludado sin ser vista, levanta los ojos al cielo. Fantástico, solo faltaba eso, piensa.
«Hola, chicas, perdonad si molesto, busco a Regina, me había dicho que viniera a buscarla aquí»
Blancanieves lanza una mirada a su hija que, en el sofá, con los ojos ligeramente brillantes, mira a través de la ventana.
«Lo siento, Daniel, ha salido a hacer recados y todavía no ha vuelto, quizás si vienes más tarde…»
«Puedo esperarla aquí»
Amas mujeres lo miran.
«Si no molesto, claro. Disculpadme, pero no se conducir y he venido a pie. Me llevaría mucho tiempo yendo y viniendo de casa de James»
Blancanieves, a pesar de la situación, sonríe al muchacho y le hace entrar, sin mirar a su hija que se levanta para seguir lavando los platos.
«Claro, qué maleducada, entra. ¿Quieres algo de beber?»
Daniel entra rápidamente en la casa, y se sienta en una silla de la cocina.
«No, gracias, estoy bien. Ah, Blancanieves, lo olvidaba, James me ha dicho que si podrías reunirte con él en el ayuntamiento, necesitaba algo…no sabría decirte»
Blancanieves mira primero al muchacho y después a Emma que detrás de Daniel gesticulaba como una loza para hacerle comprender que no quería que la dejase sola con él.
«Ah, ok, entonces me voy»
«Voy contigo, Daniel, ¿no te importa si te dejamos en casa solo?»
Daniel sonríe a la rubia, y mira otra vez a Blancanieves
«A mí no me importa, pero según lo que me ha dicho James, quiere solo a Blancanieves. Creo que se trata de algo entre marido y mujer»
Blancanieves, muy turbada, comienza a balbucear sobre el hecho de que debe entonces ir sola. Se despide rápidamente de los dos jóvenes y sale de la casa.
Emma se gira hacia la puerta cerrada, y después hacia Daniel
«Ok, Daniel, ¿te apetece un trago?
El día es bastante cálido respecto a los días precedentes, de hecho Regina pasea por delante del ayuntamiento con solo su camisa de cuello alto. El sol está alto en el cielo y sus rayos se reflejan, como jugando, en sus cabellos. Regina se sienta en un banco meditando sobre lo que casi ocurre un poco antes. ¿De verdad iba a besar a Emma Swan? De verdad. Y nunca había querido algo tan ardientemente. Si no hubiese sido por Blancanieves, quizás Regina habría saboreado aquellos labios. Quizás. Su voz continuaba diciéndolo que es un error, que Emma no merece una persona como ella, que Daniel debía ser su amor. Y es verdad, piensa Regina, mientras con sus recuerdos vuelve a aquella habitación, a aquella cama. Es algo más que físico, Regina lo ha comprendido. Que si fuese… No, imposible. ¿Ella enamorada? ¿Enamorada? No hubiese pensado nunca que usaría de nuevo aquella palabra refiriéndose a sí misma. Pero en el fondo, puede mentir a todos, pero no a sí misma. Siente algo fuerte por Emma. Daniel. Cielos, ¿en qué lío te has metido, Regina? Piensa mientras las manos se cierran alrededor del pequeño anillo que todavía está sujeto al collar que lleva al cuello.
«Eh, James, ¿por qué…? Oh, hola Regina»
En la esquina de la calle, aparece Blancanieves completamente jadeante. Regina se levanta sacudiéndose la camiseta de un polvillo imaginario.
«Blancanieves»
«Disculpa, he visto que había alguien y pensé que era James, me ha dicho que venga»
«Tu príncipe estará todavía bajo la biblioteca junto a Daniel»
«No, Daniel está en nuestra casa con Emma. Ha dicho que había ido a buscarte»
«Ah, me dijo que iba a estar todo el día ayudando a James»
Blancanieves asiente confusa y mira alrededor, constatando que exceptuando a ellas dos, no había nadie por allí. Viendo que Regina se sienta, ella hace lo mismo.
«Quizás James llegue pronto. Lo esperaré»
«Bien»
«Escucha, Regina…»
«¿Sabes que no tenemos que hablar por fuerza?»
«Sí, pero…»
«Si lo sabes, ¿por qué me hablas?»
«Porque…»
«Dios mío, eres irritante»
«Oh, déjalo ya Regina»
Ante aquellas palabras, la evil queen se calla girándose hacia Blancanieves que la mira contrariada.
«¿Por qué te comportas así? Siempre a la defensiva, no estoy aquí para ofenderte»
«Y entonces, ¿qué quieres?»
«Sé lo que ha sucedió esta mañana entre tú y Emma»
Regina se levanta aterrorizada, pone los ojos en blanco y pliega la comisura de los labios en una mueca.
«Nada, no pasó nada»
«Testaruda como mi hija. Sé que casi os besasteis y lo que quiero decirte es que, a pesar de todo lo que ha sucedido entre nosotras, no seré un obstáculo. El verdadero amor…»
«Ahora déjalo tú. Amor, amor un cuerno. No sucedió nada y nunca sucederá nada, Blancanieves. Yo amo a Daniel y basta»
«Dilo con un poco más de convicción y te creeré»
«Sí, sigo pensando que eres irritante»
Blancanieves resopla. No sabe el motivo por el que se queda ahí hablando con Regina. Quizás porque quiere mucho a Emma y quiere ayudar de algún modo o quizás porque finalmente está comprendiendo qué hay detrás de la máscara de la Regina malvada.
«Vamos a dejarlo. Solo digo que deberías vivir un amor y no el recuerdo de un amor»
Regina se siente golpeada de pleno. ¿Es lo que está haciendo? Evita pensarlo, pero quizás es así. El amor por Daniel quizás no es más que un viejo, pero bellísimo recuerdo. Quizás su madre tenía razón en parte. Nada es para siempre. Quizás, poco a poco, el amor desaparece como todo en ese mundo. ¿Su madre que tenía razón? Regina rueda los ojos volviendo a la conversación de pocos días antes con Cora.
«Regina, ¿todo bien?»
«¿Eh? Sí, estaba pensando en la conversación con mi madre»
«¿Qué? ¿La has vuelto a ver? ¿Por qué no nos lo has dicho?»
Regina resopla
«A parte del hecho de que no estoy obligada a contaros todo, fue el mismo día en que Daniel apareció. Cuando desaparecí en la nada, después del hospital. Tranquila, no fue una conversación tan emocionante»
Blancanieves, preocupada, se inclina hacia ella, sabiendo que, con aquel gesto, solo la iba a irritar más. De hecho Regina resopla y la mira de reojo, pero continua
«Mencionó algo sobre que debería parar el mayor tiempo posible con Daniel antes del fin y algo sobre que nada ni nadie es como parece»
«¿Qué?»
«Sus palabras exactas fueron: "Nada es como parece. Nada ni nadie"»
«Tengo la vaga impresión de que está tramando algo»
«Creo que ya ha actuado. Pero no sé decirte, es muy hábil mi madre»
«Así que, ¿crees que tiene otro plan a largo plazo? Un plan que ya ha comenzado»
«Absolutamente sí. Motivo por el que me conviene pasar más tiempo con Daniel»
Tras decir esto se levanta, pero Blancanieves, aún sentada, la detiene llamándola. Regina se gira hacia la muchacha, las manos en los costados, el aspecto cansado. Blancanieves quiere decirle que aunque Daniel es un buen chico y la ama, non debe dejar huir aquello que siente por Emma.
«Escucha, Daniel es una muchacho dulce y te ama muchísimo. Lo demostró cuando nos contó cómo te hiciste esa herida en el labio por salvar aquel pajarito entre las zarzas. Tenía la mirada soñadora. Y…»
Regina se queda perpleja. ¿Salvado un pajarito de entre las zarzas? ¿De qué está hablando Blancanieves? Regina se le acerca, mientras Blancanieves ya se está levantado.
«¿De qué estás hablando?»
Blancanieves como si fuese obvio señala la parte del labio que mostraba la pequeña cicatriz.
«¿Cómo que de qué hablo? De cómo te hiciste la cicatriz del labio. Daniel nos dijo que entraste en un zarzal para salvar a un pajarito»
Regina mueve la cabeza, en su mente tantos pensamientos que como un puzzle lentamente se unen.
«Esta cicatriz me la hizo mi madre con la magia. Mucho antes de que Daniel fuera nuestro palafrenero»
Blancanieves abre y cierra la boca, para después agitar las manos velozmente y mirar directamente a Regina a los ojos
«Pero… ¿por qué ha tenido que mentir?
«Por el mismo motivo que me ha dicho que pasaría todo el día con James»
De repente todo estaba claro. Nada ni nadie es como parece. Su madre lo había dicho algo importante y ella no lo había comprendido. Daniel. El pajarillo entre las zarzas. Las mentiras. La invitación misteriosa a Blancanieves. Emma.
Regina comienza a agitarse notablemente. Agarra a Blancanieves por los hombros y la sacude
«¿Dónde has dicho que está Daniel?»
Blancanieves no comprende a dónde quiere ir a parar Regina.
«En…en casa con Emma»
Regina la suelta aterrorizada. Si realmente está sucediendo lo que está pensando, se siente como una estúpida. Debía haberlo comprendido antes. Su madre es ingeniosa, pero aquello es un plan estúpido. Un plan en el que había caído.
«¡Diablos!
«Regina, ¿qué está pasando?»
«Daniel…Emma está en peligro»
Blancanieves comienza también a agitarse
«¿Qué?»
«Llama a James y reuniros conmigo en tu casa, ¡rápido!»
Regina desaparece en una nube de humo violeta para trasladarse rápidamente a casa de Emma. Espera en el alma llegar a tiempo. No quiere perder. No de nuevo. No lo soportaría.
