Hola chicas. ¿Qué tal? Como ya habéis leído, teníais razón, Daniel no era quien decía ser. Pero aún quedan muchas sorpresas, algunas buenas y muchas malas por las que Regina tendrá que pasar y vencer. Ella es la verdadera heroína de este fic (y yo creo que de la serie también)
Buena lectura.
Capítulo 11
La tarde pasa tranquila, sin muchas charlas, sino con el silencio sepulcral que se puede esperar después de haber arriesgado la vida. Emma, Blancanieves y James hablan alrededor de una mesa sobre alguna gracia de Gruñón, sucedida esa mañana mientras intentaba unir los cables de la luz.
La única que está en su mundo es Regina, el plato inmculado y la mirada en el vacío. Emma, cada cierto tiempo, la mira esperando algún sarcasmo que habría abierto la puerta a las acostumbradas afrentas verbales, pero nada. Está allí, la espalda contra el respaldo de la silla y sus manos apoyadas, cansadas, en la mesa. Emma y los otros habían intentado incluirla en la conversación, gastándole alguna broma, pero ella se limitaba a asentir o a responder con monosílabos.
«Disculpad, pero creo que me iré a la cama»
Regina se levanta de la silla, recoge su parte y mete todo en el lavaplatos, y desparece en el baño. Todo en el más completo silencio.
Emma suspira, y recoge también su parte. James mira elocuente a Blancanieves sonriendo mientras se levanta para recoger el resto.
«Blancanieves, ¿vienes a mi casa esta noche?
«Como si no fuese obvia la respuesta»
Emma se había levantado y sonriente se había acercado a su madre que estaba intentando quitarle los restos a un plato
«¿Qué quieres decir?
«Quiero decir que si es por mí puedes mudarte con James. De todas maneras, estáis casados, ¿no?»
«No, es decir, sí… Cierto, solo es que no hemos tenido tiempo de pensarlo»
«Lo he pensado yo. Así que, te vas a hacer las maletas y te mudas con tu maridito. ¿Algo en contra James?»
James mueve la cabeza, un poco confuso, pero feliz.
«No, en verdad. Si Blancanieves quiere… No quiero que…»
«Está bien. Pero…espera un segundo. No será que me quieres quitar de en medio para quedarte a solas con…en fin»
Emma se inflama y se pone del mismo color que el paño de la cocina, haciendo reír a James a Blancanieves.
«¿Qué?...Ehm no, no. ¿Qué dices?»
Viendo que no dejaban de reír, Emma se lleva una mano a la frente y se deja caer en el sofá.
«¿Y vosotros sois mis padres? Dios, ¡qué suerte!»
«¡Hey!»
«Venga, ve a preparar la maleta, yo acabo aquí»
Blancanieves toma la mano de James arrastrándolo a la habitación, mientras Emma se queda mirando la puerta cerrada del baño. Se queda mirándola fijamente hasta cuando James y Blancanieves salen de la casa saludándola. No se da cuenta de que está imaginándose a la morena delante del espejo.
¿Quién es esa mujer? ¿Dónde está Regina? ¿A quién pertenecían esas ojeras y esa piel pálida? Regina, con las manos apoyadas en el lavabo, se mira en el espejo. Delante de ella, la realidad de los hechos, deben acabar con su madre rápidamente o ella moriría antes y todo lo que había sucedido no habría servido para nada. Más poder, necesitaba más poder, cierto, pero, ¿de dónde lo podría obtener? No es algo que se venda de forma líquida en la sección de congelados o entre las estanterías de un supermercado. Necesita urgentemente ese poder, el suyo se está convirtiendo en algo inútil y más se esfuerza en utilizarlo, más aquel proceso avanza rápidamente. La cabeza le duele de tanto pensar. Abre el pequeño armario encima del lavabo, coge una única aspirina que allí se encuentra y se la toma sin preocuparse en disolverla en agua. Comienza a chuparla lentamente, saboreando el gusto ácido del limón. Poder, poder. Las únicas personas que poseen poder oscuro en Storybrooke son Cora y Rumpelstiltskin, la primera la descarta. Rumpelstiltskin. Para Rumpelstiltskin todo tiene un precio. ¿Qué podría cambiar para obtener poder? Ya no tiene nada, a no ser esa mínima cantidad de poder que le queda y su vida…Vida. Pero, claro, piensa Regina. De todas maneras moriré.
Cierra los ojos y respira. Lo que le falta es encontrar a Rumpelstiltskin, si, porque ese ser asqueroso, después de haber abierto un portal para su madre hacia el mundo real, ha desaparecido en la nada junto a Belle.
«Bien, dudo que se haya ido de Storybrooke, querrá disfrutar del espectáculo de mi caída»
Mañana comenzará a buscarlo.
«¿Todo bien?»
Del otro lado de la puerta, Emma toca un par de veces, preocupada por el silencio del otro lado. Regina se recompone, se echa un poco de agua en la cara, y sale casi chocando con Emma que la mira perpleja.
«Perfectamente Swan»
«¿Segura?»
«¿Qué no has comprendido de la palabra "perfectamente"» Dios, tú y tu familia toda azúcar sois tan desesperantes»
Emma se ofende y agarra a Regina por un brazo, haciéndola detenerse y mirarla a la cara.
«Pues resulta que esa familia toda azúcar te ha salvado la vida y te ha dado un techo bajo el que vivir»
«Pongamos las cartas sobre la mesa, Swan. No estoy aquí porque os hayáis despertado un día con ganas de hacer caridad. Me necesitáis para destruir a mi madre. Solo por eso estoy aquí, incluso en esta tierra»
Emma resopla, y le da un empujón que hace que Regina choque con la pared.
«Regina eres insoportable. Cuando parece que damos un paso hacia delante en la relación, tu das diez mil hacia atrás. ¿Por qué?»
Regina se siente en una trampa, no por el hecho de encontrarse contra la pared con la mujer que, quizás, amara a pocos centímetros de ella, sino por el hecho de tener tantas cosas que decir, muchas de las cuales no quería decirle a aquella rubia. La insolencia le parece un mejor modo para salvarse
«Porque sois unos idiotas incompetentes con quienes no quiero tener nada que ver. Haces preguntas estúpidas Swan para ser la que ha salvado a la ciudad»
Emma se rinde, es inútil hablar con esa mujer. Retrocede mirándola de reojo y resoplando, mientras la máscara de Regina se agrieta.
«Basta, renuncio, es inútil. Eres…eres imposible. Pensé que eras diferente. Lo creí de verdad…Al infierno tú, y todo lo demás»
Se gira para entrar en la cocina, pero escucha un susurro que proviene de esa mujer que, aún apoyada en la pared, mira al suelo
«Te sientes pedido»
Regina ya no puede más, está cansada de luchar contra sí misma, contra la madre y contra las personas que, por una vez, la tratan con amabilidad. Está cansada de todo. Emma se gira hacia ella.
«¿Qué?»
«Te sientes perdido. Ese es el problema cuando te aferras a alguien. Si este desaparece, te sientes perdido»
La voz de Regina ha cambiado, el tono ya no es acido o cínico, más bien es derrotado. La misma voz que Emma había escuchado el día que la había sacado de la cárcel.
«El amor es debilidad, Swan. Entregas tu corazón, para después encontrártelo hecho pedazos. Dime qué sentido tiene intentar ser amigo de alguien si te arriesgas a perderlo todo. Porque es lo que sucede. Todo pierde sentido y a veces, da también sentido. Lo que primero veías como tu final feliz se convierte en un cementerio de esperanzas y sueños donde incluso los hierbajos se niegan a crecer»
«No creía que tú…»
«No soy tan insensible como se cree. Lo querría ser, de verdad. Durante cada día de mi vida he protegido a menudo mi vida de los otros. Estaba tan llena de esperanzas que, como un enorme escarabajo, fue más sencillo aplastarme. Acercarme a vosotros, acercarme a ti, significaría arriesgar todo de nuevo. Y perder de nuevo todo. No ceo que pueda soportarlo, no ahora»
La luz de la luna ilumina a Regina que, cansada, se gira hacia Emma, mostrando un rostro anegado en lágrimas. Habían salido sin preaviso, sin que Regina hubiese tenido tiempo de detenerlas o de esconderlas.
Emma está ahí, delante, a pocos metros de distancia. Ahora comprende completamente el dolor de Regina, de una mujer herida tan profundamente hasta el punto de mostrar cicatrices visibles también en la superficie. Ve sus lágrimas caer lentamente mientas una mueca de dolor le desdibuja el rostro. No, no puede permitirlo.
Con dos zancadas veloces acorta la distancia y sin pensarlo dos veces, le toma el rostro y la besa. El beso es desesperado. Regina no tiene tiempo para comprender qué está haciendo cuando Emma se separa bajando la mirada. Se va a excusar cuando Regina, agarrándola por el cuello de la camisa, la atrae hacia ella estrechando su cuerpo al suyo para besarla de nuevo. Sus labios se mueven lentamente, degustando cada pequeño momento. A continuación, la lengua de Emma roza los labios de Regina que se abren en una enorme sonrisa. Las dos lenguas comienzan una batalla llena de palabras no dichas y de sentimientos jamás expresados. Emma nota que Regina le muerde el labio y sonriendo se separa de ella para dedicarse al cuello de la morena que, a cada toque, gime. Las manos de Regina vagan ansiosas por la espalda de Emma, mientras que las de esta están bien aferradas a las nalgas de la Evil Queen. Regina cierra los ojos extasiándose con aquel roce, sintiéndose viva por primera vez. Siente un ligero mordisco en su cuello y sonríe.
*Morirá ella también, ¿sabes? Cualquiera que se acerque a ti tendrá un pésimo final*
Una voz, una voz extraña resuena en su mente. Regina abre los ojos, de repente, asustada.
«No»
Chilla y Emma, confusa, se separa del cuello de Regina. Esta la aleja de sí balbuceando, y huye para encerrarse en la habitación, el rostro empapado por las lágrimas y aquella voz estridente que le rebotaba en la cabeza.
Emma le da una patada a la silla, tirándola al suelo. Continua pensando en ese momento cuando se había hundido en los labios de Regina. Amabas lo quieren, eso está claro, pero cada vez que dan un paso adelante, por un problema u otro, toda acaba en desastre. Y, dios, aquello sí que era un enorme paso hacia delante.
«¿Qué diablos le pasa?»
Se ha pasado un cuarto de hora delante de la puerta de Regina, tocando y pidiendo explicaciones, para después darse por vencida e ir a ahogar su rabia en la cocina frente a una buena copa de whisky. Mira la silla en el suelo, y ve que la ha roto. Siempre es así con Regina, cuando la hacía enfadarse, acababa rompiendo algo. Primero la tostadora, ahora la silla. Se está agachando para recoger los fragmentos de madera cuando tocan a la puerta.
Va a abrir y se encuentra frente a Henry.
«Hey, muchacho, ¿tú no deberías estar con Ruby?»
Henry se encoge de hombros y entre en la casa encaminándose a la nevera.
«En teoría, pero he venido a buscarte. Eres mi madre, ¿no? Debería dormir contigo»
«Henry, por favor»
El muchacho la mira divertido, antes de morder un trozo de tara encontrada en la nevera.
«Tranquila Emma, una vez acabada la operación Black Mumba, pensaremos también en eso»
«¿Black Mumba?»
«Sí, nombre en clave de la operación "destruyamos a la segunda Evil Queen de turno"»
«Creo haber escuchado ese nombre en una película que tu no deberías conocer, Henry»
«¿Kill Bill? La he visto con Ruby la otra tarde. Tranquila, en todas las escenas fuertes le he tapado los ojos a Ruby. Palabra de Boy Scout»
«Eres increíble. De todos modos, ¿has venido solo a buscarme y a comer de gorra de la nevera de Mary Margaret?»
«¿Quieres decir la abuela?»
«Henry…»
«Sí, sí, vosotros los adultos. Sin embargo, no, he venido a vigilarte. No me siento seguro al dejarte con Regina»
«¿Desde cuándo ya no es tu madre?»
«Nunca lo ha sido. Tú eres mi madre, ella es la reina malvada de los cuentos. Emma, ¿estás?»
«Henry, Regina, a pesar de lo ocurrido, te quiere mucho. Te crio cuando yo no estaba»
«Pero ahora estás. Hey, espera un segundo, ¿por qué tienes los labios rojos?»
Emma se lleva una mano a la boca, recordando los besos de hace poco. Se inflama.
«Ehm…agrietados. Con este tiempo»
«Um, ok»
«Escucha, chico, se ha hecho tarde, es hora para todos de irse a la cama. Así que, deja que me ponga la chaqueta y te acomp…»
«Tranquila, Ruby me lleva»
«¿Te ha traído Ruby?»
«Sí, ¿por qué?»
Emma se asoma a la ventana y divisa el coche de la muchacha. Esta estaba echada sobre el capó mirando las estrellas. Cuando la ve, sonríe y la saluda alegremente.
«Ok, entonces me voy, pero estate atenta con Regina»
«¿Debe por fuerza ser parecido a mí?»
Emma resopla mientras Henry, después de un abrazo, sale por la puerta.
El pozo en medio del bosque es un lugar oscuro y tétrico, ni siquiera la luz logra penetrar entre las ramas de los árboles que ofrecen un seguro resguardo ante la intemperie. Un enorme estruendo luminoso hace entrecerrar los ojos a Cora y a su socio en los negocios. A continuación, el silencio vuelve a dominar en el bosque, dejándolo inalterado. Quizás no del todo.
«Un placer volver a verte, querido»
Una pequeña mancha grisácea y casi transparente se inclina delante de Cora y de su socio que alegremente se sentaba en una rama.
«El placer es mío, su Majestad. ¿Qué puedo hacer por usted o por su amigo?»
«Matar a Regina»
Cora indica a su socio que se esté callado y se acerca a la mancha
«Te acuerdas de mi hija, ¿verdad?»
La macha parece agitarse
«Ciertamente, es ella quien me condenó a aquel mundo horrible del que me habéis salvado»
«Bien, querido. Es el momento de la venganza»
«¿De verdad me dejareis matar a vuestra hija? ¿Sangre de su sangre?»
«Sangre impura. De todas maneras, sí. Con una condición»
«¿Cuál, su Majestad?»
«Quiero que sufra, quiero verla enloquecer»
«Hecho»
El socio de Cora baja de la rama saltando como un juglar en la corte y bate las manos alegremente
«Oh, sí, tendremos un buen espectáculo»
