Se complica la cosa, ¿no? Ya os dije que este fic tiene de todo, mucho mejor que la serie. ¿De verdad no sabéis quién puede ser ese socio saltarín de Cora? La sombra que apareció al final del capítulo anterior será desvelada en este, o eso creo. Jajajajajaj. Buena lectura
Capítulo 12
Flashback
Regina estaba cómodamente tumbada en su cama, su estancia iluminada débilmente por las luces del día.
«Venga, Regina, sal de la cama y arréglate»
La madre había entrado en su habitación con cierto ímpetu comenzando a abrir las cortinas y a retirarle las mantas a su hija. Regina coge la almohada y se la pone sobre la cara cubriéndose también los oídos.
«Pero, madre, hoy estoy libre. No tengo ninguna clase y más tarde Maléfica me espera para tomar el té. Pensaba dormir un poco más»
«Levántate rápido, señorita, ¿no sabes que a quien madruga, Dios le ayuda? Además ya he avisado a Maléfica de que irás más tarde»
Regina se incorpora, sentándose y observa perpleja a su madre envuelta en unos de sus habituales vestidos negros.
«¿Qué? ¿Pero, por qué?»
Cora le hace señales a la hija de que salga de la cama y de que se vaya a lavar.
«Tenemos cosas que hacer. Tengo que presentarte a una persona que nos cambiará la vida»
Regina se mete en la bañera que sus sirvientas habían preparado con anterioridad y comienza a lavarse.
«¿Quién?»
Estaba curiosa por saberlo. Aunque en todos esos años las personas que su madre le había hecho conocer eran poco recomendables.
«Ya lo verás, hija mía. Ahora date prisa, está llegando. Ponte estos vestidos»
Regina mira el largo vestido color burdeos decorado en la cintura con algunas gemas preciosas y bastante escotado en ambos lados. El estilo propio de la madre.
«Pero, madre, no creo que…»
«Calla y haz lo que te digo, por el amor de Dios. Te espero en el salón de baile, date prisa»
Una vez acabado el baño, Regina se seca el cabello y deja que las sirvientas la vistan y le acomoden los cabellos en un moño. A continuación, la maquillan siguiendo las indicaciones dejadas por Cora. El maquillaje es pronunciado y oscuro. Su rostro es resaltado por un carmín rojo escarlata. Regina se mira en el espejo y no se reconoce. Parece que todo su cuerpo chillase «soy malvada», encerrado en ese vestido.
Sale de la habitación y recorriendo los largos pasillos de su morada llega al salón de baile donde la madre la está esperando con un hombre que ronda los treinta, rubio y con unos ojos negros que asustan.
«Oh, aquí está mi hija»
Regina se acerca a su madre, haciendo una inclinación al desconocido, mientras este último le sonríe lascivamente.
«Es más bella de lo que habéis contado, mi querida Cora»
Cora sonríe, mientras las mejillas de Regina se enrojecían. ¿Quién era aquel hombre?
«Permitid que me presente, mi querida Regina, soy Byron Richard»
«Un gusto conocerle, señor Richard»
«Oh, no. Llámame Byron, querida Regina»
Regina sonríe, una sonrisa de circunstancia, para después mirar confusa a su madre que disfrutaba del espectáculo.
«Regina, estoy feliz de presentarte al nieto de Sarah Cole»
Regina pone los ojos en blanco. ¿Sería de verdad posible que ese hombre fuese pariente de Sarah Cole?
«¿Aquella Sarah Cole?»
Byron sonríe
«Si estás pensando en la primera bruja de Salem, si no la primera bruja de todas. Más poderosa que cualquier otro ser mágico, sí. Era mi abuela»
Regina se queda con la boca abierta. Desde pequeña, su madre la había obligado a estudiar la historia de magos y brujas de todo el mundo, pero nunca habría pensado encontrarse con un descendiente directo de una de las primeras mujeres del mundo que utilizó las artes oscuras. ¿Qué estaba maquinando su madre?
«Soy feliz de haberla sorprendido, querida Regina, y espero seguir sorprendiéndola después de nuestro matrimonio»
Regina abre los ojos aún más y comienza a balbucear girándose hacia su madre que la miraba sonriente
«¿Ma…ma…matrimonio?»
«Ciertamente, hija mía, Byron necesita una mujer y tu encajas en sus gustos»
«¿Qué?»
«Le explico mejor, querida Regina. Necesito un heredero. Soy el último descendiente de Sarah Cole, y se perdería una estirpe muy poderosa»
«¿Por qué..Por qué yo?»
Byron sonríe, le coge una mano y la mira a los ojos. Regina siente un frío temblor recorriéndole la espalda cuando la toca.
«Querida mía, simplemente porque usted es hija de una bruja muy poderosa. No habéis entrado aún en el mundo de las artes oscuras, pero eso no quita para que tengáis un talento natural para el mal. Lo tenéis en el ADN. De nuestra unión nacerá una criatura con tal poder mágico que me hará volver a ser el centro de atención. Gobernaremos este mundo gracias a nuestros hijos»
Si en primer momento aquel hombre rubio le había dado miedo, ahora Regina tiene auténtico terror. Byron se inclina ante ella, y le besa la mano, mostrándole un pequeño anillo con una gema negra. La mirada de Regina no logra separarse de aquella pequeña joya que adornaba el meñique de Byron. Cierra los ojos intentando aguantar las lágrimas y esperando despertarse en su cama.
«Ahora, pido disculpas, pero debo despachar otros asuntos, así que debo dejaros, mi querida Regina. Pero cuando nos casemos, os mudareis a mi morada. Un poco lúgubre, pero llena de poder, ya verá. Ahora, señoras»
Byron se inclina de nuevo ante las mujeres, para después girarse y desaparecer tras la puerta. Regina se había olvidado de cómo se respira, una mano puesta en el corazón. ¿Debe casarse con ese hombre? ¿Con ese ser malvado? No.
«No»
«¿No, qué, querida?»
Cora se había girado hacia su hija, con una mirada decidida en el rostro-
«No me casaré con ese hombre. Es malvado»
Regina siente cómo su pecho se acelera, mira a la madre que con una mano abierta la estaba elevando del suelo
«Hija mía, no me importa lo que quieras tú. Esto es lo que yo quiero. Si te casas con Byron, yo seré más poderosa y finalmente gobernaré sobre este mundo de estúpidos»
«Pero…»
«Nada de peros, hija mía. Decido yo por ti. Ahora, ven, tenemos que encontrarte el vestido de boda perfecto para ti»
Fin del flasback
El bosque estaba húmedo y fresco, pero al menos los pocos rayos de sol que le golpeaban la espalda la calentaban. Aquella mañana se había despertado antes que Emma y había salido a la búsqueda de Rumpelstiltskin. No ha dormido nada, toda la noche perseguida por aquella voz estridente que la había detenido el día anterior cuando estaba con Emma. Continuaba repitiéndole que cualquiera que se le acercase estaba en peligro.
*Morirás tú y todas las personas a las que quieres, ¿lo sabes?*
«¡Basta!»
Regina se toma la cabeza entre las manos, chillando al viento y asustando a un par de cuervos que estaban posados en el pequeño pozo de piedra que tenía delante. Aquella mañana había tenido la brillante idea de buscar el pozo donde todo había comenzado. Pensaba que allí podría encontrar a Rumpelstiltskin.
«¿Algo te preocupa, querida?»
Regina se pone en guardia levantándose y encontrándose con Rumpelstiltskin que la mira divertido.
« Rumpelstiltskin»
«Sí, aquí estoy, Su Majestad. Pero, ¿cómo es que se encuentra por aquí?»
Rumpelstiltskin saltaba por aquí y por allí, alegre, para después sentarse sobre un tronco. Sin duda ya no parecía el tranquilo y críptico Mr. Gold.
«Sabes por qué estoy aquí, idiota»
Rumpelstiltskin se levanta de repente, la mirada de piedra y un dedo señalándola.
«No, no, no. ¿Dónde has dejado las buenas maneras? ¿Quizás sobre la piel de la sheriff?»
Regina puso los ojos en blanco. ¿Cómo lo sabía?
«Cómo…»
«¿Cómo lo sé? Yo sé todo, Majestad. Pero no estamos aquí para eso, ¿verdad?»
«Quiero hacer un trato contigo»
Rumpelstiltskin se le acerca, maledicente
«¿Y qué le hace pensar que yo quiero hacer un trato con usted?»
«Escucha lo que tengo para ofrecerte»
Rumpelstiltskin, sonriente, asiente, se sienta y con el meñique hace un gesto de destaponarse un oído
«Bien. Soy todo oídos»
«Necesito más poder para enfrentarme a mi madre. Y quiero que protejas a Storybrooke y a sus habitantes para siempre»
«Hasta ahora no he escuchado nada interesante»
«A cambio te ofrezco, a su debido tiempo, mi vida y todo el poder oscuro»
«¿En qué sentido?»
«De todas maneras, yo moriré. Mi destino ya está decidido gane o pierda la batalla contra mi madre. Así que, cuando muera, tú estarás allí y podrás hacer lo que quieras con mi cuerpo y con todo mi poder»
«Debo admitir que es interesante. Siempre he soñado con colgarla de una pica, Su Majestad»
«Lo podrás hacer solo si aceptas el trato»
«¿Quién le dice que me interesa proteger esta absurda ciudad?»
Regina se le acerca, sonriendo, y se le inclina
«¿Por qué? Porque tu amada Belle forma parte de ella»
Rumpelstiltskin abre los ojos al escuchar el nombre de su amada. Asiente sonriente.
«Está bien. Acepto el trato»
«Una última cosa»
Regina saca de la chaqueta una pequeña navaja y se hace un corte en la palma de la mano, le pasa la navaja a Rumpelstiltskin mostrándole la mano.
«Quiero estar segura. Demasiadas veces me has engañado Rumpelstiltskin. Este será un pacto de sangre»
Rumpelstiltskin se encoge de hombros y se hiere la mano, y la estrecha con la mano de Regina.
Esta siente una fuerte ola de poder entrar en su pecho. Cae al suelo, inesperadamente, por el dolor.
«Bien. El trato está firmado. Buena suerte»
«No me sirve, idiota. Solo me enfada el no poder hacerte pagar el que hayas traído de vuelta a mi madre»
Rumpelstiltskin rompe a reír
«Oh, pero yo no he traído a vuestra madre. No voluntariamente. Ese portal lo abrí para otra persona»
Regina logra, a duras penas, ponerse de pie, pero Rumpelstiltskin ya ha desaparecido en la nada.
«¿Quién?»
Lo único que se escucha en ese bosque es el crujido de las hojas que acompañaba la risa maléfica del hombre.
Flashback
«Ya era hora de que llegases. ¿Así se tratan a las amigas?»
Maléfica ha hecho acomodar a Regina en el salón, mientras un mayordomo les servía el té.
«Sé que no es hora del té, pero te he esperado porque beber el té sola no es lo mismo que beberlo en compañía, ¿no crees Regina?»
Regina, sentada en la silla al lado de la mesita, tiene la mirada perdida en el vacío. Las manos apoyadas en el regazo a las que no hacía más que estrujar.
«¿Regina? ¿Regina, pero que te pasa? ¿El gato te ha mordido la lengua?»
Maléfica le pasa las manos por delante de la cara para capturar su atención
«Me caso»
Fue un susurro, pero que llegó rápidamente y sin problemas a los oídos de Maléfica que puso los ojos en blanco y casi se atraganta con el té.
«¿Qué? ¿Con quién? ¿Cuándo? ¿Tú, casarte?»
«Byron Richard. El nieto de Sarah Cole»
«¿Aquella Sarah Cole?»
Regina asiente, para bajar nuevamente la mirada, y Maléfica para calmarse continua acariciando el pequeño unicornio negro, su compañero de vida.
«Mi madre me ha dado como esposa a ese hombre solo para tener la posibilidad de llegar a ser lo suficientemente poderosa para destruir a todo el que ose acercarse a ella»
«¿Y cómo llegaría a ser tan poderosa?»
«Byron dice que de nuestra unión nacerá la criatura más poderosa de este mundo, hasta el punto de poner de rodillas a cualquier otro ser mágico o no»
Maléfica enrojece ligeramente ante aquellas palabras
«Oh. ¿Has intentado rebelarte?»
Regina alza la mirada. Los ojos casi llameantes, las manos que apretaban convulsamente la tela del vestido.
«Es inútil con mi madre. No tengo esperanzas. No quiero convertirme en malvada y menos tener un hijo que traería el Apocalipsis a este mundo»
Maléfica cierra los ojos para pensar. El silencio había calado en la estancia, mientras tanto ella como Regina permanecían sentadas en esas sillas acolchadas cercanas a la mesita con las tazas de té ya frío.
«Te ayudaré yo»
«¿Qué?»
«Soy bastante experta en magia como para echarte una mano. Podemos hacerlo desaparecer o mandarlo a alguna otra parte. Así, no estarás obligada a casarte y yo podré seguir tomando el té con mi mejor amiga, sin arriesgarnos a un Apocalipsis»
«¿De verdad? ¿Estarías dispuesta a ayudarme?»
«Hey, ¿soy o no soy tu mejor amiga?»
«Eres mi única amiga, Maléfica»
«Lo tomaré como un sí»
Maléfica se levanta de la silla, coge la mano de Regina y la saca de la estancia.
«Venga, adelante, no tenemos tiempo que perder. Derechas a la biblioteca. En los libros de mi madre habrá algo útil»
Regina aprieta fuerte la mano de su amiga para darle las gracias, pudiendo ver en su futuro un pequeño destello de esperanza.
Fin del flashback
Emma se había despertado tarde esa mañana. Se había dormido profundamente soñando continuamente con los pocos momentos de intimidad que la noche anterior había vivido con Regina. Está bebiendo su café cuando alguien toca a la puerta.
«¡Hey!»
«Hey, Blancanieves, ¿qué haces aquí?»
Blancanieves entra seguida de James y de Ruby que agitaba una pequeña bolsa llena de croissants de Granny's.
«Primero, un "Mamá" se agradecería. Pero vamos a dejarlo. De todas maneras he venido porque esta es mi casa todavía. ¿Dónde está Regina?»
Emma señala la habitación, mientras, junto con Ruby, da cuenta de un brioche de crema.
«¡Todavía en la cama!»
«¡Vete a despertarla!»
James mira a su hija que movía la cabeza, mientas intenta que la crema del brioche no se caiga al suelo.
«¡Ve tú!»
Blancanieves se le acerca lentamente, mirándola de reojo.
«¿Pasó algo ayer por la tarde que debería saber?
Emma, roja como un tomate, casi se atraganta con la crema. Ruby mira la escena divertida, sentada con las piernas cruzadas en un escalón. Ya había acabado su desayuno.
«No, nada. Solo es que si ella es arisca durante el día, no me imagino recién levantada»
Ruby resopla saltando del escalón y estirándose todos los huesos
«Oh, dios que cobardes. Voy yo. Si hay que hacer algún trabajo sucio, llega Ruby Redhood»
Sin dejar tiempo para rebatir, Ruby corre hacia la habitación de Regina, abre y entra.
«Ha pasado algo, no lo niegues
Blancanieves se había sentado al lado de su hija, mientras James se había echado en al sofá.
«Y me lo dirás»
Ruby llega poco después, perpleja
«¿Despierta?»
«Bah, es difícil despertar a alguien si no hay nadie durmiendo en la habitación»
Emma abre la boca.
«¿Qué?»
«Regina no está en la habitación»
Blancanieves y James se miran, mientras Emma se levanta y corre a coger su chaqueta.
«¿A dónde diablos se ha ido ahora?»
Regina apenas había salido del bosque cuando escucha que una rama se rompe, y al girarse se encuentra con el pequeño Henry que la miraba.
«¿Qué haces aquí, Henry?»
«¿Qué haces tú aquí, Regina?»
Regina al escuchar su nombre pronunciado por Henry se siente mal.
«¿Ya ni siquiera me llamas mamá? Fantástico»
«Tú eres la reina malvada y mi madre es Emma»
«Para mí tú eres y siempre serás mi hijo»
Henry se pone a su lado, mientras ella camina con paso acelerado hacia la ciudad.
«Lo que no entiendo es cómo una persona malvada como tú decide ser mamá»
«No entiendes muchas cosas, Henry, pero no importa»
Henry resopla, intentando seguir el paso de su madre adoptiva, mientras que esta intenta por todos los medios no llorar
«¿Quieres traicionarnos de nuevo? ¿Estás del lado de tu madre?»
Regina se para y se gira hacia el muchacho que la mira a los ojos. Se baja a su altura y lo agarra por los hombros.
«No, no estoy engañando a nadie, Henry. Lo sé, he cometido tantos errores en mi vida que no merezco tu confianza. Pero todo lo que hice, justo o errado, ha sido luchar por ti. Por ti, que has sido el único destello de felicidad en mi vida. Yo te quiero y te querré siempre»
Henry se zafa de su madre, confuso, y saca de la mochila el viejo y polvoriento libro de cuentos que Blancanieves le había regalado
«Pero aquí dice que tú eres el mal»
«El mal es solo cuestión de puntos de vista, Henry»
Apoya la mano sobre el libro y siente una pequeña sacudida en sus yemas.
«Henry, nada es blanco o negro. Todo tiene un porqué, incluso las cosas más malvadas o más terroríficas»
Quita la mano del libro, se levanta y comienza a caminar
«De todas maneras, tranquilo. Cuando todo esto acabe, no me verás más. No haré ningún mal a nadie. Es una promesa»
Tras decir eso, desaparece en la niebla, dejando a un Henry confuso con aquel libro de cuentos entre sus brazos.
