Capítulo 13
La campanilla del local de Granny sonó alegremente cuando Regina traspasó el umbral. No estaba segura de lo que hacía ni del modo en que reaccionarían las personas que estaban dentro. Se acerca lentamente a la barra con los ojos bajos y pide un café tímidamente a Granny. Siente todas las miradas de los otros clientes sobre ella.
*Te quiero muerta, ¿sabes? Tres metros bajo tierra si no más*
Regina mueve la cabeza con ímpetu ganándose una mirada confusa de parte de Granny que le servía el café. Regina lo agarra, y le da las gracias dejando un billete en la barra. Granny lo coge y en completo silencio le da el cambio y continúa con lo suyo. Regina coge el cambio, se lo mete en el bolsillo, se da la vuelta y sale del local.
«¡Quién lo viera! La reina de los fracasados»
Regina se gira, a su derecha, cómodamente sentado está Whale, comiendo un plato de huevos. Se limpia la boca, se levanta, deja el dinero y saluda a Granny.
«Whale»
Regina sigue su camino, pero Whale la coge de un brazo, agarrándola fuerte y haciéndole daño.
«Whale, ¿qué te ocurre? ¿Te han obligado a prestarme ayuda cuando tú hubieras querido dejarme allí, y te sientes ahora herido? ¿Quieres hacérmelo pagar?»
Regina saca todos sus aires de superioridad acercándose a un milímetro de la cara de Whale, mientras este la mira con odio, con la mano todavía aferrando el brazo de la mujer.
«Te lo repito, esa sonrisa desaparecerá de tu cara, antes o después»
Regina sacude el brazo intentando liberarse mientras todo el local mira la pelea entre los dos. Granny se acerca a Whale para convencerlo de dejarla
«Por el amor de Dios, Whale, no vale la pea. No somos como ella. Déjala ir. No quiero peleas en mi negocio, ¿está claro?»
«Pero dejémoslo ya con esta respetabilidad. Hago lo que quiero y Regina debe pagar por lo que ha hecho»
Granny retrocede un poco al ver la mano de Regina rodeada de una niebla violeta. Con un movimiento veloz, la lanza contra el pecho de Whale que acaba en el fondo del local contra una pared.
Regina sonríe, aquel poder es tan fuerte como para prevalecer por encima de ella misma. Se siente fuerte y poderosa. Usarlo para hacer el mal a alguien es una especie de placer, por mucho que fuese un error. En un solo movimiento se transforma en la Evil Queen temida por todos y casi volando se aproxima a Whale.
«Todavía no comprendo quién eres, mi querido doctor. Pero estoy segura de una cosa, que eres un completo imbécil. ¿No conoces el dicho de no despertar al perro que duerme?»
Regina con un gesto de la cabeza levanta a Whale del suelo, y este se encuentra colgando bajo el techo. La mirada aterrorizada, mientras la mujer alzaba la mano abierta hacia él.
«Además nunca has sido una gran cosa como doctor»
Estaba por desencadenar sobre él todo su poder cuando entran Emma, James y Blancanieves.
«Regina»
Esta última grita a la morena, haciendo que esta se gire y deje caer al suelo a Whale que arrastrándose se refugia detrás de una mesa. Emma miraba perpleja a Regina, como si no la reconociese. En la mirada una nueva luz que volvía aún más oscuros los ojos de Regina.
«¿Qué quieres Blancanieves?»
No sabe exactamente que le está sucediendo. ¿Acaso todo aquel poder oscuro la está manipulando convirtiéndola en la vieja Regina? Probablemente. Pero no hacía nada para impedirlo. Por primera vez se sentía bien. No más dolores de cabeza, no más nauseas ni agotamiento. ¿Cómo había dejado de ser la Evil Queen más temida del mundo? Después un susurro le hace recordar el motivo. Emma ha dado un paso hacia delante, una seria preocupación en la mirada. Mira a Regina mientras alarga una mano hacia ella. Cuando sus sutiles dedos tocan la piel expuesta de la espalda de Regina, esta siente un sobresalto en el corazón..
*Ella, la parte más bella de ti. Será la última en morir. Verá los horrores que traerás y morirá mirándote a los ojos*
Aquella voz estridente retumba en el cerebro de Regina que, intentando hacer que desaparezca, se lleva las manos a la nuca y se tumba en el suelo en posición fetal. Su largo vestido de reina malvada ha desaparecido.
«¡No!»
Emma se le acerca, intentando comprender qué cosa le aflige. Regina la aleja malamente para alzarse y huir del local.
«Loca, es una loca delirante»
Whale se levanta del suelo señalando la puerta e intentando recolocarse la corbata con una mano. Emma se le acerca y lo agarra por el cuello de la camisa.
«Cállate, Whale. Ella no será una santa, pero todos sabemos que a ti te gusta provocar»
James pone una mano sobre el hombro de su hija, señalándole que deje a Whale. A continuación, Blancanieves, que se había acercado a Granny para saber lo que había pasado, vuelve al lado de su marido y le coge la mano
«Venga, vámonos, James»
Emma, sin decir, una palabra, sale del local seguida de Blancanieves, mientras James ordena a los que allí estaban que se fueran a las cavernas, para poder cerrar el plan de evacuación de la ciudad.
«¿Has visto tú también su mirada?»
Emma estaba sentada en un banco meditando, ¿si lo había visto? Cierto. Por un momento, cuando tenía a Whale bajo su control, aquella de allí no era Regina. ¿Qué le había pasado? ¿Acaso ha sido el beso de la otra noche lo que ha desencadenado esto? Después la vio frágil como nunca, las pupilas dilatadas por el miedo, las manos agarrándose la cabeza como si un profundo dolor le lacerase la mente. Tenía que descubrir que estaba pasando. Se levanta, dispuesta a encontrar a Regina.
«¿A dónde vas?»
Blancanieves, que estaba al lado de James, se echa a correr detrás de la hija.
«¡Tengo que descubrir que le pasa a Regina!»
«Voy contigo»
«¿Qué? No es necesario»
«Creo que sí, ustedes dos juntas no llegáis a nada. Yo también voy»
Hace una señal a James, que la despide con un beso, y se une a su hija en la búsqueda de Regina.
Flashback
«Quizás haya encontrado algo»
Maléfica estaba sentada en el suelo rodeada de un montón de libros polvorientos abiertos, mientras Regina se mantenía en equilibrio sobre la gran escalera de la biblioteca de la rubia. Al escuchar aquellas palabras, casi se tira de las escaleras, y se sienta al lado de su amiga. Ya llevaban dos días buscando cualquier cosa para escapar del matrimonio con Byron y el tiempo no estaba a su favor.
«¿De verdad?»
«Bah, no soy el Mago Merlín, pero quizás podamos hacerlo»
«Explícate»
Maléfica señala un dibujo esquemático sobre una página del libro que sostenía en la mano.
«No podemos matarlo. Es más fuerte que nosotras dos juntas, así que lo único que podemos hacer es mandarlo a otro lugar de manera permanente»
«Perdona, pero eso ya lo sé»
«Dios, ¡qué impaciente que eres! He encontrado una fórmula o algo parecido que trasladaría a cualquiera a un lugar terrorífico al igual que la maldad de la persona que pondríamos bajo este encantamiento»
«Diría que en este caso sería un lugar muy horrible»
«¡Oh, no!»
La cara, primeramente, sonriente de Maléfica se transforma en una máscara de horror. Regina la zarandea asustada
«No me gusta ese "oh no"»
«Aquí dice que el hechizo debe hacerse sobre un objeto personal, como una joya, de la persona a la que se quiere hace desaparecer. No creo que poseas un objeto de Byron»
Regina baja la mirada, derrotada, y mueve la cabeza. Piensa en aquel hombre que pocos días antes había entrado en su vida convulsionándola para peor. Piensa en el momento en que le había besado la mano, agarrándosela con aquella mano fría y blanca. Un momento.
«¿Un pequeño anillo valdría?
Maléfica mira perpleja a su amiga alzando las cejas y asiente cerrando el libro polvoriento.
«Sí, creo que sí. Pero no creo que lo tengas Regina»
Regina cierra los ojos satisfecha, posando una mano sobre la espalda de Maléfica que continua sin comprender
«Sé cómo hacerme con él. Tú estudia la fórmula, esta tarde tendré el anillo y podré finalmente ser libre»
Fin flashback
«Emma, diablos, Emma, ¿quieres ir un poco más despacio? No consigo seguirte el ritmo»
Emma se detiene para esperar a su madre. Llevaban media hora buscando a Regina por todos lados. La ciudad ya desierta parecía un enorme cementerio polvoriento, a la que le hacía compañía solo alguna bandada de pájaros que se preparaba para emigrar.
«¿Se puede saber qué sucedió ayer entre Regina y tú? Y no me digas que nada, porque estoy cansada de que me apartes de tu vida. Soy tu madre»
Emma se gira hacia Blancanieves encolerizada
«Eres mi madre hace más o menos una semana. No te ofendas si me tengo que acostumbrar»
Blancanieves se para, decepcionada ante las palabras de la hija
«Escucha, si hubiese sido por mí, no te habría abandonado para que vivieras 28 años sola. Pero era la única solución para ti y para los demás»
«Lo sé, lo sé…pero eso no cambia que me quedé sola. Tuve que salir adelante completamente sola durante toda mi vida y después de golpe conozco a mis padres. Padres que son casi de la misma edad que yo y protagonistas de los cuentos que nadie cuando era pequeña me contó para hacerme dormir»
Los ojos de Blancanieves ya húmedos se dirigen al suelo, mientras Emma permanece mirando a su madre.
«Emma, no pretendo que de un día para otro me llames mamá, pero quisiera ser partícipe de tu vida. Sé que me he perdido mucho de ti y que todos estos años pasados en soledad no volverán. Quiero que sepas que yo estoy aquí para ti»
Emma mueve la cabeza tristemente y acercándose a la madre y agarrándole las manos, se lsa aprieta fuertemente
«Perdóname Blancanieves. Sé que estás ahí para mí. Siempre lo supe, incluso antes de descubrir que eras mi madre. Es solo…hay tanto para digerir. Quiero solo un poco de tiempo. Solo eso»
Blancanieves la abraza fuerte, para después separarse y asentir. Vuelven a ponerse en marcha, hombro con hombro
«¡Nos besamos!»
Blancanieves se detiene de nuevo, la boca abierta y los ojos en blanco.
«Blancanieves, no debemos pararnos cada vez que hablo»
«¿He entendido bien? ¿Tú y Regina? Si, en fin»
Emma asiente, la coge del brazo y la arrastra por la acera
«Ayer por la tarde, cuando te fuiste, ella se abrió a mí. Tiene tanto miedo de encariñarse con alguien que se comporta como una verdadera idiota. Y nos besamos»
«¿Y después?»
«Después nada, habíamos llegado a un cierto punto…sabes cómo va…»
Blancanieves mueve las manos
«Nada de detalles, te lo ruego. No creo que esté preparada»
Emma sonríe.
«De todas maneras, de repente gritó "No", me separó de ella y se encerró en la habitación»
Rodean el depósito de coches de Tritón, el padre de Ariel, para continuar hacia la calle principal.
«¿Y no habéis hablado después?»
«No, porque después vino Henry y no he tenido otra ocasión»
«¿Piensas que es por eso por lo que ha tenido hoy esa reacción?»
«No lo sé, pero cuando estaba en el suelo, parecía sufrir muchísimo»
Blancanieves abraza a su hija y le sonríe
«Venga, verás que la encontraremos»
Flashback
El plan ya está listo. Lo que tiene que hacer es sencillo. Conseguir el anillo que Byron lleva en el dedo. Maléfica la espera en el gran jardín del castillo, preparada para hacer el hechizo. Regina camina lentamente por los pasillos que llevan a la sala principal junto a Byron que la lleva del brazo.
«Me parecías algo asustada por el matrimonio hace unos días, mi dulce Regina»
Regina respira profundamente y saca su sonrisa más fascinante acercándose al hombre rubio.
«Byron, querido. Soy una muchacha muy joven. El matrimonio siempre da miedo. Pero he hablado de ello con mi madre, he comprendido cuán importante es nuestra unión»
«Mujer inteligente, querida. Veréis que os convertiréis en la mujer más poderosa de todo este estúpido mundo y mi ayudareis a gobernar con fuerza»
Regina asiente sonriendo e inclinándose levente para mostrar el enorme escote que le adornaba el pecho.
«Byron, solo querría una cosa»
«Dime, querida»
Regina señala el pequeño anillo que el hombre llevaba y sonríe.
«Me he fijado en seguida en ese pequeño anillo que llevas en el dedo. Ya sabes cómo somos nosotras las mujeres. Nos sentimos atraídas por los objetos preciosos. Mi única petición es llevar ese anillo»
«¿Tanto lo deseáis?»
Regina se detiene colocándose delante de Byron y apoya su mano enguantada sobre el pecho del hombre y lo mira a los ojos.
«Haría cualquier cosa por eso anillo»
Byron la toma por un brazo apretando la presa y mirándola a los ojos
«¿No estarás maquinando algo, querida?»
Regina tiene que auto controlarse lo máximo posible, esperando que el hechizo que había realizado Maléfica para que Byron no pudiese leerle el pensamiento funcionase.
«Querido, aunque no quisiese casarme, no tendría elección. Lo que quiero es algo que simbolice que me convertiré en la mujer de un hombre muy poderoso. Algo con lo que presumir delante de las amigas»
Byron la suelta y lentamente se saca el anillo del dedo meñique, haciéndole señales para que estirase ella su mano. Regina sonríe y se deja poner el anillo en la mano que rápidamente besa el hombre.
«Sois una mujer astuta y con altas expectativas, mi querida Regina. No veo la hora de hacerla mi mujer»
«Tampoco yo veo la hora, Byron. Estoy que no quepo en mí»
Fin del flashback
*sangre a raudales, Regina. Es todo culpa tuya*
Regina se había refugiado en el parque infantil que ella misma había construido para Henry. Sus manos sostienen su cabeza como si de un momento a otro fuese a explotar.
«Sal de mi cabeza»
Chilla al viento asustando a los cuervos que estaban posados en una rama.
*¿De qué tienes miedo, Regina? ¿De no ser lo bastante fuerte?*
«¡Vete!»
Regina se deja caer en la tierra, con las manos aun apretando su cabeza.
*Nadie escapa de su destino. Lo sabes muy bien, como lo sabía Graham cuando te rechazó. ¿Qué sentiste al estrujar su corazón hasta hacerlo polvo? Te sentiste herida por su rechazo*
«¡Déjalo, no sabes nada!»
*Oh, sé más de lo que puedas imaginar. Hay tantas cosas aquí, en tu cabeza. Dolor, desilusión, mentiras, sentimiento de culpa. Un verdadero banquete*
«¿Quién diablos eres? ¿Por qué no te muestras? ¿Tienes miedo de un enfrentamiento real?»
Regina se levanta y mira a su alrededor
*Es inútil que hagas eso, Regina. No me das miedo, estoy en tu cabeza, recuerdas. Sé exactamente lo que sientes. Miedo y sentimiento de culpa. Haces bien porque esta pequeña ciudad morirá por tu culpa*
«¡Déjalo, basta!»
*Y de todas maneras, ¿quién soy? Bah, me decepcionas, pensaba que eras una mujer astuta e inteligente. Pero no importa, nos volveremos a encontrar en el futuro*
«¡Acabemos ya y mátame!»
Regina siente retumbar en su cabeza una fragorosa carcajada
*No es mi objetivo. O mejor, no es el principal. A su debido tiempo, dejarás este mundo, pero primero quiero que disfrutes el final de toda esta gente. El final de Emma Swan*
«No te atreva a tocarla. O juro que…»
*¿Qué cosa Regina? No te temo. Sé quién eres verdaderamente y eres todo excepto peligrosa. Jajajaja. Será divertido destruirte*
«¡Basta!»
«¿Qué cosa?»
La voz en la cabeza desaparece, Regina se da la vuelta y ve a Emma y a Blancanieves que la miran espantadas.
«Regina, ¿estás bien?»
«Divinamente»
Regina se endereza y se arregla las arrugas de la chaqueta, haciendo retroceder las lágrimas que amenazaban con salir.
«¿Por qué mientes siempre?»
Aquella pregunta era una súplica salida del corazón. Emma se le acerca poco a poco, como antes en el restaurante. Regina recuerda las palabras de esa voz estridente que vagaba por su mente provocándole dolores alucinantes y retrocede
«Aléjate de mí»
Emma está harta. Harta de guardarse sus sentimientos. Harta de ser rechazada. Harta de luchar. Harta.
«Basta, Regina. ¿Por qué continúas caminando por este infierno sola? ¿Por qué no dejas que te ayudemos? Cada día te miro a los ojos y te veo morir, quisiera ayudarte, pero eres tan testaruda al rechazarme. Diablos, ¿por qué? ¿Por qué?»
Regina da un paso al frente, las lágrimas ya eran evidentes y corrían por sus mejillas.
«Porque todo aquel que está cerca de mí muere o desaparece en la nada. Todos»
Silencio. El único ruido que se escucha es el chirrido de los columpios movidos por el viento.
«Tienes miedo»
Blancanieves, hasta ese momento a un lado, se acerca a las dos mujeres.
«¿Qué?»
«Regina, tienes miedo de que alguien te quiera. Tienes miedo de ser amada, porque significaría arriesgarlo todo de nuevo»
«Yo no…no soy capaz»
«Amar a alguien no es algo que se aprenda en la escuela, Regina, y tú lo sabes mejor que yo. También tú amaste antes de todo esto. Y estoy segura que ahora tu corazón quiere volver a amar. ¿Por qué no lo dejas hacer?»
Emma se acerca aún más y coge la mano aterida de frío de Regina entre las suyas
«Estoy harta de luchar. Sabes muy bien que algo existe, sea lo que sea. Deja que tu corazón se abra. No desapareceremos en la nada. No desapareceré en la nada. »
Regina se tensa ante las palabras de Emma, dichas con tanta tranquilidad, delante de la madre que sonreía.
«Es demasiado. Yo no…no puedo ser amada por nadie. He pasado mi vida odiando y siendo odiada y es mejor así. Así van las cosas»
«Así van solo porque es más fácil para ti, Regina. Venga, vamos, tú no eres así, He conocido a la verdadera Regina, aquella que no dudo ni un segundo en salvarme la vida cuando era pequeña»
«Pero he hecho cosas horribles. No se puede retroceder. Estaba orgullosa de lo que hacía. Yo…»
«Regina, déjalo ya. Es inútil que te construyas un muro tan grueso para salvarte del dolor cuando está dentro de ti. Eso te está devorando viva. Has hecho cosas monstruosas en el pasado, pero, eso mismo, en el pasado. Deberás vivir con tu sentimiento de culpa, pero eso no quiere decir que tu vida no pueda mejorar»
Emma aprieta más fuerte su mano alrededor de la de Regina que imprevisiblemente entrelaza sus dedos con los de Emma, bajo la mirada feliz e incrédula de las otras dos. Regina observa sus manos entrelazadas y se asombra de sí misma.
«Yo…necesito volver a casa»
Blancanieves asiente, y precede a los dos en el camino de guijarros que llevaba a la calle, mientras Emma está decidida a no soltar la mano de Regina. No ahora que parece que algo se ha mejorado.
«¿Por qué no has actuado?»
Rumpelstiltskin saltaba de aquí para allá, presa de la agitación, rodeando al hombre que observaba a las tres mujeres en el parque de juegos.
«Era el momento perfecto»
«No, querido. Quiero que se ilusione un poco. Siempre hay tiempo y yo tengo su mente a mi completa disposición»
«Quieres hacerla sufrir»
El hombre con una larga túnica negra sonríe a Rumpelstiltskin.
«Oh, haré mucho más con ella. Se volverá loca. Lentamente perderá cada asidero y perderá la luz de la razón. Y en ese momento su madre le dará el golpe de gracia»
«Parece que la tienes cogida con ella. ¿Qué te hizo?»
«Dejémoslo así. Yo le ofrecí el poder y ella lo despreció»
