Hola chicas. Continuamos con esta historia. Como habéis podido leer, nuestro querido Rumpel está jugando a dos bandas, ya veremos por cual se decanta, y sí la voz en la cabeza de Regina es el del nieto de Sarah Cole. ¿Qué querrá hacerle a nuestra Regina? ¿Volverla loca? ¿Matarla? Ya veremos. Hay muchas más sorpresas preparadas.

Buena lectura.

Capítulo 14

La cabeza le dolía, y muy fuerte. Agarra fuertemente con la mano la sábana como si así todo el dolor pudiese salir y quedarse en ese trozo de tela. Regina se gira en la cama y alarga la mano para pasar la tela por debajo de la otra almohada. Pero lo que su mano roza no es el suave tejido de la funda de la almohada. Media soñolienta, Regina percibe un olor agrio, y con la mano toca algo rígido y húmedo. Abre los ojos y espera a que estos se acostumbren a la oscuridad, pero después los abre desorbitadamente y emite un jadeo estrangulado. Delante de ella, con los ojos desorbitados y la boca abierta en un grito silencioso, está Emma. Un pequeño río de sangre le descendía de la boca y en medio del pecho tenía clavado un enorme cuchillo, parecido al que había usado para matar al falso Daniel.

Regina, aterrorizada, salta de la cama, y retrocede hasta la ventana mirando con pavor la escena. La cama está llena de sangre y el cuerpo de Emma yace inerme y pálido entre las sábanas, ya rojas. Regina, aún sin respiración, cae de rodillas al suelo, las lágrimas en los ojos y el corazón a mil. La mirada se dirige a sus manos empapadas de la sangre de la mujer tendida en la cama.

«¡No!»

Regina grita, sentándose en la cama. Con los ojos desorbitados, busca a su derecha el cuerpo con el que había soñado. Con una mano en el colchón se da cuenta que no hay nadie nada más que ella en la cama. La habitación está en penumbras y el reloj de la pared marca las dos de la mañana.

Regina, en plena crisis de pánico, comienza a llorar, y los sollozos le impiden casi respirar. Emma. Había sido tan real que a Regina le parece que aún puede sentir el olor de la sangre. Cierra los ojos y está intentando regularizar la respiración cuando la puerta se abre ruidosamente y deja ver a una Emma en pijama, tremendamente asustada.

Emma estaba acostada en su habitación cuando un grito helador la había arrancado del sueño. En un momento comprendió qué había sido, y se precipitó a la habitación de Regina encontrándosela a lágrima viva y acurrucada sobre sí misma. Regina, al ver a Emma, abre más los ojos, llevándose los brazos al pecho e intentando respirar.

«¿Qué ha pasado?»

Emma se acerca a la cama velozmente, y apoya una mano en la espalda de Regina que intentaba proferir alguna palabra.

«Tú…Sangre…Yo…Tanta sangre»

Entre una palabra y la otra, una respiración que se cortaba por un sollozo. Las lágrimas que, ya libres, caían y bañaba el rostro de Regina parecían pequeños diamantes.

Emma, al intuir que Regina está teniendo un ataque de pánico, hace la cosa más lógica que su instinto le dice. Rodea la cama, se sube y toma entre sus brazos a Regina que aún estaba rígida, hecha un ovillo sobre sí misma. Emma comienza a acunarla, mientras que con una mano le acaricia lentamente sus oscuros cabellos. Es tan frágil, piensa. No es la Regina fuerte que había conocido y mucho menos la Regina cruel que toda la ciudad temía. A sus ojos parece una pequeña niña desesperada buscando a alguien que la quiera.

«Estoy aquí. Ssssh»

Comienza a hablar, mientras Regina, poco a poco, se va relajando entre sus brazos. El perfume de Emma es algo paradisiaco. Siente que lentamente el terror se esfuma con su rostro apoyado en el pecho de la rubia que dulcemente le pasa sus suaves dedos por su cabello. Regina, de repente, se siente segura. Y no le importa nada más sino respirar a pleno pulmón el aroma de Emma.

Las manos, antes cerradas, se apoyan en el pecho de la mujer percibiendo bajo ellas el lento latido. Emma enrojece ante ese toque. Nunca hubiera pensado encontrase en una situación en la que su acérrima enemiga la estrechase contra ella. Cuando se da cuenta de que Regina se ha calmado, se tiende en la cama y la atrae hacia ella, sin dejarla de abrazarla.

Regina cierra los ojos, la frente apoyada en Emma, los cálidos brazos de esta última estrechándola contra ella. Emma cierra los ojos, la lenta respiración de la morena acariciándole el pecho, las piernas entrelazadas a las suyas. Ambas suspiran y se duermen.

Flashback

Después de comer, Regina se escusa pretextando un leve dolor de cabeza. Una vez lejos de miradas curiosas, corre hacia los jardines, hacia Maléfica que, con un pergamino en la mano, la esperaba impaciente.

«¿Sabes desde cuándo estoy aquí congelándome?»

Maléfica resopla abrigándose con su cálida capa. Regina la abraza y le da un beso en la mejilla

«Lo sé, lo sé y me haré perdonar por esto»

«¿Tienes el anillo?»

Regina le muestra orgullosa la joya que lleva en el dedo, mientras una enorme sonrisa socarrona aparece en el rostro de su amiga.

«He visto a ese Byron. ¿Estás segura de no quieres cambiar de idea? Es atractivo. Hermoso y tenebroso»

Como única respuesta, Maléfica recibe una amable torta por parte de la amiga que la mira contrariada.

«Oh dios, ni siquiera se puede desdramatizar. Bien, pongámonos a trabajar»

Regina se quita el anillo, y lo pone sobre uno de los bancos de piedra del jardín. Maléfica pone una mano sobre él y se prepara para pronunciar el hechizo, cuando una enorme ola de poder la envuelve.

Delante de ellas se encuentran Byron y la madre de Regina que con oscuridad en sus rostros miraban a las dos muchachas.

«Cora, debo decirlo, tu hija es muy astuta»

«Por desgracia sí, mi querido Byron. Solo siento que lo hayas descubierto en estas circunstancias»

Regina, a la defensiva, se levanta y se pone delante de Maléfica para protegerla.

«Pequeña Regina, ¿pensabais de verdad que no había sospechado nada después de aquella payasada en el pasillo para conseguir el anillo?»

«No cuesta nada desear»

«Regina, cállate y muestra buenas maneras a Byron»

«¿Buenas maneras, madre? Ok, entonces con buenas maneras rechazo gentilmente la propuesta de matrimonio»

Cora se pone roja de furia ante aquellas palabras y avanza algunos pasos. Byron le indica que se pare, y se pasa detrás de la oreja un mechón rubio.

«Yo me encargo, mi querida Cora. Regina, aquello no era una propuesta de matrimonio, era un orden»

«Entonces declino la orden»

«¿Ah sí? ¿Queréis declinarla? ¿Y pensáis que yo os lo permitiré?»

Maléfica, lentamente, se había aproximado, sin ser vista, al amillo y con una mano suspendida sobre el objeto, estaba pronunciando el hechizo mientras Regina la cubría con su cuerpo.

«¿Y si la rechazo? ¿Qué queréis hacer? ¿Matarme? Bah, sería mejor que estar aquí en este mundo»

Byron da unos pasos hacia delante mirándola directamente a los ojos, mientras Maléfica pasaba discretamente el anillo a Regina.

«Mi querida Regina. Vos no tenéis idea de lo que soy capaz. No me limitaría a matarte. Sería demasiado sencillo. Amo entrar en las mentes. Destruirlas lentamente desde el interior hasta matar el alma. Con un solo gesto podría haceros ver alucinaciones tan reales que moriríais de un infarto»

«Y entonces, ¿por qué no lo hacéis? Porque no me hacéis enloquecer»

«¡Regina!»

«Déjalo, madre, preferiría estar loca si tengo que afrontar una vida entre vuestras garras»

«¡Oh, qué valiente sois Regina! De todas maneras, no os mato porque me sois útil. Todo aquí. Ahora dadme la mano y volvamos al banquete. Fingiremos que nada ha pasado y vuestra amiga se salvará»

Byron le tiende la mano abierta, Regina mira rápidamente a Maléfica que le asiente divertida.

«Ciertamente, mi señor»

Con un veloz movimiento de la mano, planta en el centro de la palma el anillo que poco antes le había dado Maléfica. Byron abre los ojos desorbitadamente, mientras del anillo brotaba una intensa y cálida luz. Maléfica agarra a Regina por el vestido y ambas retroceden y Cora, que en un primer momento se había acercado al hombre, hace lo mismo. Byron comienza a gritar ante el dolor, mientras aquella luz lo arrastraba hacia el interior del anillo.

«¡Regina, me las pagarás!»

Fueron las últimas palabras antes de desaparecer junto con el anillo en una nube negra.

El silencio cala en el jardín, Maléfica aún apretaba el vestido de la morena, mientras esta intenta darse cuenta de lo que habían hecho.

«Lo hemos hecho»

Susurra mientras Maléfica soltaba su vestido para entrelazar su mano con la de Regina y sonreírle. Lo habían logrado. Regina era libre. Pero por poco.

«Sí, queridas, lo habéis conseguido»

Cora se había aproximado lentamente a su hija, y la miraba malignamente a los ojos. Después mira del mismo modo a Maléfica.

«Vuelve a tu casa y no te atrevas a entrar en nuestras tierras. Y considérate afortunada de que no te haya matado inmediatamente»

Las dos muchachas se miran aterrorizadas y Regina suelta la mano de Maléfica asintiendo.

«Ve, Maléfica»

«Pero…»

«No te preocupes…y gracias. Has sido la mejor amiga que nunca he tenido»

Maléfica sonríe a la amiga para después escapar del jardín, lejos de aquella terrible familia. Lejos de su única amiga.

Fin del flashback

«¿Estás segura de que podemos entrar así?»

James está apoyado en el marco de la puerta, mientras Blancanieves sacaba del bolso las llaves y abría la puerta.

«Amor mío, esta es aún mi casa. Y además quiero prepararle el desayuno a Emma»

James la agarra por la cintura y le da un beso en la nuca

«¿Sabes? Me gusta tu lado materno»

Blancanieves sonríe mientas deja el bolso y el abrigo en el salón y se dirige a la cocina.

«Menos mal, porque te debes ir acostumbrando. He perdido 28 años de su vida. Quiero recuperarlos»

James sonríe y la acompaña a la cocina.

«Venga, te echo una mano»

Blancanieves abre la nevera, pero después se queda parada. James la mira perplejo.

«Un momento. No sé qué le gusta. Es decir, a parte del chocolate con nata y canela»

Se queda parada pensando mientras la mirada iba de la nevera a la encimera buscando alguna sugerencia

«Lo tengo. Le prepararé un poco de todo»

James sonríe mientras Blancanieves le pasa los huevos y la harina.

En una hora preparan un desayuno para un pelotón militar. Tortitas con sirope de arce, chocolate caliente, leche caliente con miel, creps de nutella, fruta, café, huevos y bacón. En suma, la mesa estaba abarrotada de un montón de delicias.

«¿No crees que has exagerado, Nieves?»

James contemplaba la mesa, mientras Blancanieves sacaba lo último después de haber limpiado la cocina. Se acerca al marido sonriendo y colocándose el paño de cocina sobre el hombro.

«Pero, ¡no!. Verás que le gustará. Ve y despiértala. Y ya que estás, despierta también a Regina, también tendrá hambre»

«¿Por qué tengo que hacerlo yo?»

«Porque eres un príncipe, ¿o me equivoco? Venga, nada de resoplar»

James se ve empujado por Blancanieves al pasillo. Se acerca a la puerta de Regina acordándose del dicho "muerto el perro se acabó la rabia". Abre la puerta, y abre tanto la boca que siente un dolor en la mandíbula.

Blancanieves, al ver que nadie llegaba, va en busca del marido que se había quedado paralizado delante de la puerta de Emma.

«¿Se puede saber por qué…»

Las palabras mueren en su boca cuando dirige su mirada hacia la cama de su hija.

Regina estaba echada rodeada por los brazos de Emma. Sus rostros estaban a pocos centímetros de distancia mientras que las piernas estaban totalmente entrelazadas. Una pierna de Regina rodeaba completamente la cintura de Emma atrayéndola hacia ella. Blancanieves, aunque la imagen que tiene delante es un poco desconcertante, no puede sino sonreír seguida por James.

Inesperadamente, Regina se mueve y desliza su mano por la espalda de Emma, escondiéndola bajo la camiseta de esta, directamente en contacto con la piel de la rubia. Emma gruñe de satisfacción, estrechándose aún más a Regina, sonriendo en el sueño. Blancanieves da un paso hacia delante para agarrar la puerta y cerrarla.

Lentamente, la pareja se va al salón donde se sientan en el sofá.

«¿Has visto lo que creo haber visto, Nieves?»

Blancanieves suspira

«Si te refieres a nuestra hija completamente arrimada a Regina, creo que sí. No creo en las alucinaciones colectivas»

«¿Qué hacemos?»

James la mira a los ojos.

«Nada. Están tan monas juntas. No me permitiría meterme en medio. No es que de saltos de alegría, pero…»

James le pone una mano en la rodilla calmándola.

«Me refería a qué hacemos para despertarlas»

Blancanieves sonríe pensando en las dos mujeres abrazadas en la cama, se levanta, va hacia la cocina y coge una cacerola.

«¿Para despertarlas? Tengo una idea»

Tras decir esto, con un gesto divertido en la cara, tira la cacerola al suelo.

«Umpf»

Emma gruñe restregando la nariz en la almohada. Se ha despertado con un fuerte ruido que provenía de la otra estancia. Abre un ojo y después el otro, para darse cuenta de dónde se encuentra, pero sobre todo con quién. A pocos centímetros de su nariz, está el rostro de una Regina que dormía feliz. Estaba sonriendo, Emma siente que su corazón se hincha de felicidad al verla de esa manera, así, abrazada a ella, serena y tranquila.

Regina tuerce un poco la nariz, y abre los ojos lentamente

«Pero, qué diablos…»

Abre desorbitadamente los ojos al ver tan cerca los ojos verdes de Emma que se había enrojecido ligeramente por la situación. A su vez, Regina también enrojece y baja la mirada

«Hola»

«Hola»

Regina se da cuenta de la mano que aún tenía bajo la camiseta de Emma y enrojece aún más, sacándola rápidamente.

«Disculpa»

Emma aferra a Regina por la cintura cuando nota que esta intenta deshacer el abrazo. La mira a los ojos

«No. Por favor. Hemos hecho pasos de gigante. No retrocedamos»

Regina se paraliza ante aquellas palabras. ¿Qué debe hacer? ¿Darle igual todo y todos? ¿Y cómo puede hacerlo si era evidente que Emma le importaba? Tiene que ser honesta con ella misma, honesta. Basta ya de endosarse la máscara de la malvada, sobre todo porque en aquellas circunstancias es poco creíble. Sonríe a Emma, volviendo a colocar la mano donde estaba antes, provocándole un agradable escalofrío a la rubia. Permanecen en silencio, mirándose hasta que otro ruido metálico rompe la atmosfera obligándolas a levantarse.

Emma iba delante de ella cuando entran en el salón. Se detiene provocando que la morena chocara contra su espalda.

«¿Por qué diabl…Oooh»

Una mesa repleta de delicias estaba esperándolas solo a ellas, mientras James y Blancanieves ya estaban sentados a la misma sonriéndoles entre divertidos e incómodos. Sí, porque Regina sin darse cuenta, cuando chocó contra Emma la había rodeado con brazo.

Viendo a la pareja, las dos mujeres se alejan algunos milímetros, sonrojándose y tragando saliva un par de veces. A continuación Emma habla

«¿Qué hacéis aquí?»

Blancanieves se levanta de la mesa sonriéndole

«Pensé en darte una sorpresa y hacerte el desayuno. Conociéndote, te hubieras hecho un café, y ya está. Queríamos darte una sorpresa»

Emma mira perpleja primero a la madre y después al padre, que encoge loa hombros en señal de excusa.

Regina se apoya en el marco de la puerta

«Blancanieves, la sorpresa implica no hacer ruido si no se quiere ser descubiertos»

La mordaz frase llega directa al blanco, pero Blanca en vez de callarse la mira divertida

«Mi querida Regina, quisimos despertaros con mucha tranquilidad, pero no pudimos. Estabais muy absortass»

Regina enrojece de un golpe, tragado saliva fatigosamente y bajando la mirada, mientras Emma, por poco no se ahoga con una tortita que se estaba comiendo.

James también se había puesto rojo, mientras Blancanieves, satisfecha, había vuelto a sentarse a su lado y le servía una taza de café. Emma mira desolada a Regina que está roja como un tomate, le hace señas para que se siente a su lado.

«Comamos, será lo mejor»

Flashback

Hace tres días que se encuentra encerrada en los calabozos del castillo. Tres días que no veía la luz del sol, si no aquella franja clara que entraba por la rejilla. Su madre iba a verla cada tarde para gritarle insultos. También llega esa tarde.

«Entonces Regina. ¿Cómo es tu estancia aquí?»

Regina, sentada en un montón de paja, alza la mirada hacia la madre.

«¿Por qué me odiáis tanto, madre? ¿Por qué no puedo ser yo misma y aun así recibir vuestro amor?»

Cora sonríe a la hija para después arrodillarse a su nivel.

«Bambina mía, ¿cuántas veces tengo que decirte que puedes ser más que tú misma? ¿Por qué conformarse con ser una patética dama cuando podrías llegar a ser la mujer más poderosa de este mundo?»

«Porque no quiero. Quiero ser feliz, pero no a costa de otras personas. Quiero casarme con el amor de mi vida. Quiero vivir bien junto a la persona que amo sin hacerle mal a nadie»

Cora se levanta, y mira a su hija asqueada

«Eres una estúpida, hija mía. No existe nada de lo que estás diciendo. Lo único concreto es el poder y lo quieras o no, llegarás a ser exactamente como yo. Aunque te tenga que tener aquí encerrada para la eternidad»

«La estúpida sois vos, madre»

Como respuesta, Cora le da un bofetón hiriéndole el labio con el anillo que lleva. Regina se tapona la herida con un trozo de tela del vestido, mientras la madre abandonaba la celda.

«Antes o después comprenderás qué es lo verdaderamente importante. Hasta ese momento, este es tu lugar»

Fin del flashback

Una vez acabado el desayuno, todos salen para ir a buscar a Henry a casa de Ruby para llevarlo debajo de la biblioteca.

«Emma»

«Hey, chico»

Henry acoge a su madre y a los abuelos con una sonrisa encantadora, reservando una mirada perpleja a Regina, que apoyada en el coche, retira la mirada.

«No quiero ir a las cavernas con los otros. Quiero luchar también»

James coge la mochila del muchacho y la mete en el coche, haciendo señas para que todos bajasen.

«Hey, Henry, ya hemos hablado de eso. No quiero luchar sabiendo que te tengo al lado. Tengo, tenemos que estar concentrados»

Henry se pone de morros

«Pero no quiero arriesgarme a perderte otra vez»

Regina se le acerca de repente y lo agarra dulcemente por los hombros

«No la perderás Henry. Volverá sana y salva. Todos lo harán. Lo prometo. Y esta es una verdadera promesa Henry. A costa de mi vida a Emma no le pasará nada. »

Ha dicho todo tan rápido que no estaba segura de haber hablado de forma correcta, gramaticalmente hablando, pero los ojos llenos de confianza del muchacho le hace comprender que todo había sido escuchado con mucha atención. Henry asiente, se separa de Regina que se alza mirando a los ojos a Emma que le acaricia el costado

«Gracias»

*¿Estás realmente segura que sobrevivirán, Regina?*

Todos abren los ojos desorbitadamente, espantados. Regina mira al grupo

«¿Lo habéis escuchado también vosotros?»

Emma asiente, mientras James y Blancanieves estrechan a Henry y Ruby se acerca a las mujeres.

«¿Quién diablos es?»

«No lo sé, pero hace un tiempo que escucho su voz en mi cabeza»

Emma abre la boca sorprendida y coge la mano de la morena

«¿Por qué no nos lo has dicho?»

*Porque tiene un miedo espantoso a perderos, ¿no?*

James grita al viento

«¿Quién eres?»

*Oh, si tenéis un poco de paciencia lo descubriréis*

Todos caen al suelo desmayados. Emma y Regina todavía dadas de la mano.