Capítulo 16

La tensión es alta mientras Regina y Byron están quietos, uno frente a otro, mirándose a los ojos. Regina se había transformado en la Evil Queen mientras poco a poco el poder maligno le corre por las venas. Se siente poderosa, y en su cabeza solo las ganas de destrozar a Byron.

Al fondo de la sala, Emma y los otros, en un grupo, miran la escena aterrorizados. James había intentado intervenir para ayudar a Regina, pero con un simple movimiento de dedo, el rubio enemigo lo había lanzado nuevamente al suelo.

«Has cometido un gran error, Byron»

Regina abre la mano, que había mantenido bajada, para hacer aparecer una pequeña nube violeta. Mira a Byron que se limita a sonreír elegantemente.

«¿Eso crees Regina? ¿Qué error he cometido?»

«Me has subestimado. Ya no soy aquella muchachita inocente que apenas conocía el significado de la magia. Te destruiré como a un pequeño insecto»

Byron se echa a reír

«No te das cuenta Regina, pero eres la misma. Con estas ridículas personas te has ablandado, si puedo decirlo. ¿Todo ese poder y lo utilizas para protegerlos?»

Regina da un paso hacia delante. La larga capa negra que rozaba el suelo. Los pantalones de piel, del mismo color que la capa, brillaban bajo las lámparas de neón del ayuntamiento.

Byron hace lo mismo sin abandonar la sonrisa sarcástica que le había acompañado durante todo el día.

Emma está preocupada, siente que Henry se aferra más a su brazo, mientras el grupo mira a Regina dispuesta a luchar. Regina emana un aura potente y al mismo tiempo maléfica.

Byron se mueve velozmente a la derecha levantando un banco y lanzándolo contra Regina que con un movimiento de la mano lo hace cambiar de trayectoria, para después lanzarle la bola de fuego al centro del pecho que hace que se doble en dos debido al dolor. Regina levanta las manos hacia el cielo y una pequeña nube negra se va creando encima de ella, mientras un gruñido divertido, que hiela la sangre de Henry, nace en su garganta. Pero antes de que poder descargar su hechizo, tiene que echarse al suelo para evitar otro banco lanzado por Byron que se había levantado y alisado la camisa negra.

Regina se encontraba en el suelo mientras Byron creaba una pequeña descarga eléctrica que sin embargo golpea en el vacío, ya que Regina se desmaterializa justo para evitar la descarga, y se aparece a la espalda de Byron para intentar golpearlo con una bola de energía. Sin embargo, Byron es rápido, le agarra el brazo deteniendo el ataque y aproximando peligrosamente sus rostros.

«¿No te he dicho que estás más hermosa?»

Regina se desmaterializa de nuevo, para volver a la posición inicial. Durante ese movimiento no percibe un veloz ataque de Byron que la golpea en el pecho cortándole la respiración y dejándola contra la pared.

Siente cómo le duele cada pequeño músculo, mientras una insana rabia le va creciendo en el interior. Está acalorada, siente que el mal está tomando posesión de ella, de nuevo, como había pasado en el restaurante. Sabe que es una equivocación, habían pasado muchas cosas que la habían ayudado a liberarse de esa forma malvada y ahora está recayendo. Sabe que no es justo, pero al mismo tiempo se siente tan ligera, tan fuerte, ¿cómo rechazarlo? En el fondo, se dice, es por una buena causa. Matar a ese malnacido de Byron es una excusa bastante aceptable.

Se levanta del suelo sujetándose un brazo con una mano. Le duele mucho pero hay cosas más importantes que hacer.

Emma mira toda la escena con la boca abierta, de ambas figuras se desprende un enorme poder. Mitad del ayuntamiento ya está destrozado, mientras Regina y Byron se disponen a destruir lo que queda. Emma está perpleja ante la habilidad de la morena a la hora de moverse en el combate. Volaba de una parte a otra con extrema facilidad sin perder, sin embargo, de vista al enemigo. La capa, como la larga cola de un gato, le daba el empuje y el equilibrio necesario en cada movimiento. Parece una mínima ventaja hasta que Byron la lanza con fuerza contra la pared.

Ante ese gesto, Emma deja el agarre de Henry, que al igual que los otros la llama preocupado, y corre hacia la morena que lentamente ya se estaba levantando.

«Regina»

Pocos pasos entre las dos mujeres, pocos pasos que no son recorridos porque Emma se queda paralizada ante la mirada de Regina. Gira la cara hacia ella, la mirada furibunda, los ojos velados por una niebla violeta heladora y una mueca maligna en los labios. Con un gesto de la mano, Regina la empuja hacia atrás prestando atención a no hacerle daño. Después, sin girarse hacia aquellos ojos verdes, si lo hubiera hecho toda su concentración y su rabia se hubieran esfumado, se acerca velozmente a Byron que la miraba divertido.

«Debo admitirlo, eres resistente. Muy resistente, y esos pantalones apretados me distraen la mayor parte del tiempo. Un punto a tu favor. Pero me pregunto si también tus amigos son tan resistentes como tú»

Byron con un movimiento de su cabeza hace explotar en mil pedazos los cristales y dirige todos los fragmentos hacia el pequeño grupo que asustado no podía hacer otra cosa sino mirar aterrorizados la escena. Blancanieves y James, instintivamente, se ponen delante de Henry que, aterrado, se había escondido entre los brazos de Ruby, mientras Emma está todavía paralizada mirando al vacío. ¿De quién era aquella mirada? No era Regina. Alguien, alguna cosa había poseído a su Regina. Sí, porque ahora podía decirlo. Por muy testarudas y orgullosas que fueran las dos, se pertenecían. Ya podían todos irse al diablo si decían lo contrario.

Siente que alguien la agarra por un brazo y empujada hacia Blancanieves que la estrecha entre sus brazos antes de agacharse completamente en el suelo como los otros. Los fragmentos de cristal se paran a pocos centímetros de ellos. Cuando Emma abre los ojos y mira alrededor, lo que ve son unas largas piernas delante de ella. Regina, veloz, se había puesto delante del grupo y parado el golpe de Byron deteniendo los cristales. Regina respiraba entrecortadamente, los ojos en blanco y los brazos abiertos ante ella. A pocos milímetros de su rostro, los fragmentos tiemblan, y caen al suelo tintineando. Baja los brazos, mientras un pequeño arañazo se abría en su mejilla.

Se gira hacia el grupo para comprobar que todo estaba bien y recibe una mirada de agradecimiento por parte de Ruby que se levantaba para mostrarle que Henry estaba sano y salvo. A continuación mira a Blancanieves y a James que asienten, y deja caer la mirada sobre su rubia. Abra la boca en un gemido ahogado cuando la ve en el suelo dolorida. Un fragmento de cristal incrustado en el brazo. Se acerca rápidamente para comprobar la gravedad.

«Perdona. No puede controlarlos todos»

Regina estaba verdaderamente enfadada consigo misma. Emma le da una palmada para reconfortarla, mientras Blanca se ocupaba de cubrirle la herida taponando la sangre.

«Nos has salvado Regina. Esto no es nada, estoy bien»

Regina y Emma se pierden una dentro de los ojos de la otra. ¡Qué fácil era perderse! Era como un náufrago que de pronto es rescatado por un barco de pesca. La seguridad, la felicidad, el amor por la vida estaban encerrados en aquellas miradas.

«¡Oh, qué linda escena! Veo que no has podido salvar a todos Regina»

Byron avanza hacia el grupo señalando el brazo de Emma. Regina siente de nuevo esa inmensa rabia hervirle en la sangre y explosionar en su corazón. Se levanta lentamente ignorando los susurros de Emma que, dolorida, intentaba mantener a la morena a su lado.

«Has despertado algo que era mejor dejar dormido Byron»

El hombre rubio lanza de nuevo una fragorosa carcajada haciendo enfadar aún más a Regina que siente un dolor que, poco a poco, del estómago se abría pasa en todo su cuerpo.

«De verdad que eres divertida, Regina. Nunca habría pensado divertirme tanto, pero qué se le va a hacer, ya hemos llegado casi al final. Conoces el dicho, ¿no? "Lo bueno si breve, dos veces bueno", y esto ya ha durado suficiente.

Regina sonríe sorprendiendo a Byron que pensaba que ya la tenía en jaque.

«Tienes razón Byron, es hora de acabar. Me he aburrido bastante»

Poco a poco, esa neblina que velaba los ojos de la morena se expande fuera de ellos recubriendo a Regina y lentamente toma forma de un enorme dragón. Transparente y vaporoso, el dragón era gigantesco y en el interior de su barriga está Regina que lo guiaba moviendo las manos en una lenta danza. Los ojos ya completamente privados de pupilas.

«¿Qué?»

Byron se queda con la boca abierta. Se espera todo de Regina. Todo excepto esa extraña magia que en toda su vida se había encontrado. Retrocede mientras el enorme dragón movía lentamente su cabeza de derecha a izquierda. Regina ya no era ella, se siente atrapada en un pequeño rincón de su mente, mientras alguien guiaba su cuerpo y practicaba una magia que siempre había intentado crear, pero sin éxito.

«¿Qué está pasando?»

James miraba aquel enorme dragón hecho de vapor violáceo que lentamente danzaba hacia su víctima que estaba paralizada contra la pared.

«No lo sé, nunca había visto a Regina de esa manera»

Blancanieves aprieta la mano de su marido.

«Bueno, sea lo que sea lo que esté haciendo es una pasada»

Ruby recibe la mirada contrariada de todo

«¿Qué pasa?»

«Esa no es Regina»

Emma, ligeramente pálida debido a la herida, se acerca a Henry que con los ojos desorbitados miraba a su madre adoptiva.

«¿Qué has querido decir?»

«Mary Margaret, ¡mírala! Mira en sus ojos, ¡Esa no es Regina!»

Blancanieves lo piensa un momento y después asiente. Regina está a punto de atacar al indefenso Byron,

«¿Qué pasa Byron? Ya no eres tan jactancioso. Me he hartado de todo esto, ya es hora de acabar.

«Te lo ruego, ¡no!»

Riendo Regina entrelaza rápidamente sus dedos a los de él, mientras el enorme dragón se separaba de ella y rodeaba a Byron que, presa de lacerantes dolores internos, se plegaba en el suelo. Todo duro menos de un segundo. Byron está en el suelo sin conocimiento, sus ropas desgarradas y con heridas por todas partes, mientras que el dragón había vuelto a su posición. Alrededor de ellos un enorme abismo, el resto del grupo en el suelo, aterrorizado, y un fuerte viento que entraba por las cristaleras rotas.

Oscuridad. El último neón muere lentamente, la única luz proviene de las ventanas abiertas que ilumina solo pequeños espacios. Con un movimiento de la mano derecha, Regina levanta a Byron del suelo, mientras que con la otra destruye los bancos en mil pedazos atrayendo hacia ella un millar de trozos de madera puntiagudos preparados para descargar el mortal golpe.

Byron abre los ojos aterrorizado. No había calculado esto. No estaba en los planes y Cora no le había dicho la verdadera fuerza de Regina, por eso él la había subestimado.

«¿Qué quieres hace conmigo?»

Regina sonríe y con un gesto de la cabeza encaja dos palos en la ropa de Byron para dejarlo colgado de la pared. Mientras tanto, Blancanieves y el resto se habían levantado y se habían acercado a la pareja.

«¿Qué quiero hacer? Simple. Quiero hacerte sufrir hasta que implores que te mate. Simple como promesa, ¿verdad?»

Byron abre aún más los ojos de forma desorbitada al ver cómo los trozos de madera se acercaban cada vez más. A continuación, grita. Uno se le ha clavado en la mano, mientras Regina reía divertida ante la escena. Está a punto de lanzarle otro trozo de madera, esta vez directo al ojo, cuando la voz de Henry hace resurgir a la pequeña Regina que se encontraba encerrada en un rincón de su mente.

«Mamá»

El madero se detiene a pocos centímetros de la cara de Byron que estudiaba un modo para escarpar de las garras de Regina. Esta se gira enfadada hacia el motivo que la había retrasado en su decisión de matar a Byorn.

«Mamá, déjalo»

«¿Ahora me llamas mamá?»

Henry retrocede preocupado, y los demás se le acercan.

«Para Regina. No tienes que matarlo»

«¿Qué quieres de mí Blancanieves? ¡Sé lo que hay que hacer!»

«No es verdad. Por algún motivo no eres tú. Es un gran error lo que vas a hacer. Sabes tan bien como nosotros que ya no podrías volver atrás»

«Escucha, Principito. No quiero escuchar tus sermones, ¿está claro?»

Regina se gira hacia su víctima preparada para acabar su trabajo cuando el susurro de Emma, que se había acercado, le hace helar la sangre.

«Si lo haces perderás todo. A todos nosotros. ¿De verdad, quieres perder a Henry? ¿De verdad quieres perderme a mí? Tú no eres como él»

«Soy peor que él. Sabes muy bien lo que he hecho. Lo has visto con tus ojos. ¿Qué diferencia hay entre este ser y yo?»

El muro que el poder malvado había creado entre Regina y el resto del mundo lentamente se estaba derrumbando y aquella niebla violácea estaba desapareciendo con el viento.

«Escúchame Regina. Eras una mujer desesperada, cometiste tus errores y pagarás las consecuencias el resto de tu vida, pero no eres como él. No eres una persona sádica, hambrienta de poder y de sangre como él. Eres mejor que él. Puedes ser mejor que todos nosotros»

También la nube en la mirada de Regina desaparece lentamente revelando sus grandes ojos castaño oscuro, ligeramente brillantes

«Yo…»

Emma la agarra por un brazo, ante aquel toque Regina deja libre a Byron. El agarre sobre el brazo no desaparece, es más, se intensifica cuando Regina acaricia inconscientemente la mano de Emma. Sus miradas una vez más encadenadas.

«¡Atención!»

Ruby grita indicando que Byron, liberado, intentaba lanzar descargas eléctricas directamente a Emma. Regina se da cuenta a tiempo y se mete entre Byron y Emma, recibiendo el golpe en pleno vientre y cayendo hacia atrás junto con Emma.

En el suelo, la adrenalina que corría por su cuerpo le da la posibilidad de golpear a Byron arrojándolo lejos, para verlo desaparecer en una nube. Había acabado. Byron había escapado, eso es verdad, pero por hoy se había acabado.

«¿Estáis bien?»

Regina se levanta, un enorme agujero en su vestido a la altura del vientre dejaba al descubierto buena parte de la piel, roja y sangrante. Tiende una mano a Emma que primero la estrecha fuerte antes de levantarse.

«¿Oh, Dios, Regina estás sangrando!»

Blancanieves, después de haber constatado que Emma estaba bien, se acerca a Regina para examinar la herida de la morena. Regina la empuja ligeramente, se pasa una mano por la herida curándola del todo.

«¿Cómo…»

«¿Magia?»

«Pregunta estúpida»

A continuación, Regina toma el brazo de Emma que reacio lo descubre. Regina hace el mismo gesto precedente dejando solo un ligero enrojecimiento donde antes había una gran herida. Henry aparece al lado de las dos mujeres, abraza a Emma fuertemente quien responde al abrazo, sin abandonar la mirada abatida de Regina que observa melancólica la escena.

«Hey, chico, me estás ahogando»

Henry sonríe separándose de Emma y mirando a Regina. De repente, se lanza a los brazos de la mujer que sorprendida pierde el equilibrio y cae al suelo, mientras que el muchacho no da señales de querer separarse de ella.

Blancanieves abraza a James mirando la escena y sonríe. Henry con los ojos cerrados hunde su rostro en el hueco del cuello de Regina, mientras que esta lo abrazaba con los ojos y la boca abiertos de par en par. Una lágrima le surca la cara. Ruby sonríe a Emma alzando el pulgar.

Regina no sabe cómo explicar aquellas emociones. Era una fuerte agitación que le revolvía el estómago, mientras en la cabeza miles de pensamientos viajaban a gran velocidad. Allí donde sentía el cuerpo de Henry, el calor venía triplicado y Regina se sentía quemar. El corazón latía tan rápido que quería salirse de la caja torácica.

Es la primera vez que Henry la abrazaba así. Rodeando con sus pequeños brazos el cuello y respirando el perfume de su mamá adoptiva. Henry se siente finalmente feliz. Ha comprendido. Se había pasado una vida buscando a su verdadera madre pensando que Regina no lo quería y pensando que solo era una mujer malvada. Por una lado le estaba agradecido a Byron, le había abierto finalmente los ojos. Finalmente ha comprendido quién es su madre, quién es verdaderamente. Él que había buscado a su verdadera mamá, no había comprendido que tenía dos. Dos estupendas, dos fantásticas mamás que lo amaban incondicionalmente.

«Eres un incompetente»

Una bofetada vuela en el bosque, mientras Rumpelstiltskin se ocupa de sanar las heridas de Byron.

«¿Incompetente yo? Sois vos quien no me habéis informado de la verdadera fuerza de vuestra hija. Aquel hechizo. ¿De dónde provenía?»

Cora mueva la cabeza intentando no perder el control, y mira al hombre

«No lo sé, pero te dije que no la subestimases. Desgraciadamente ha crecido muy rápidamente y por lo que parece muy bien»

Rumpelstiltskin, terminado su trabajo, se sienta en una rama canturreando.

«Si el sentimiento de culpa no logra funcionar, en un modo más brutal tú debes pensar»

Cora resopla mientras Rumpelstiltskin reía alegremente

«Calla. No estoy de humor para cancioncillas con rima»

«Pido perdón, querida. ¿Qué queréis hacer ahora?»

Byron se levanta y se acerca a Cora, mientras que con una mano se lleva sus rubios cabellos hacia atrás.

«¡Podría probar con algún otro horrible recuerdo!»

Cora le señala que se calle

«No. Hemos visto que ese tipo de ataque no funciona. Encontraré algo»

«Por lo que parece la madre de las crueldades está sin ideas»

«No hagas que me arrepienta de haber hecho un trato contigo Rumpelstiltskin»

«¿Debo recordarte Cora con quién estáis hablando? No es nuestro primer pacto, y quizás me debáis a mí el estar todavía con vida»

«Entonces, ¿por qué me habéis salvado de una muerte segura?»

«Vedlo así. Amo la letra pequeña de las cláusulas. Aquella letra pequeña que no se sabe que existe hasta que es descubierta y destruye la vida de las personas. Bien, ella es mi letra pequeña»

Habían dejado el ayuntamiento reducido a escombros, y mientras Regina, Blancanieves y Emma se dirigían a casa, James acompaña a Ruby y a Henry a las cavernas.

«¿Me explicáis por qué todos los malvados de los cuentos la tienen cogida con nosotros?»

Henry estaba tan cansado que no tuvo fuerzas para replicar por enésima vez cuando Emma lo había obligado a irse al refugio.

«¿No crees que no seríamos los héroes del cuento sin nuestros malvados?»

Ruby asiente divertida mientras conduce su coche hacia la biblioteca, y James y Henry, detrás, miran por la ventana.

«Sin embargo, ¡qué coñazo!»

«Eh, ese lenguaje. Sin embargo, es verdad, es un poco estresante como vida»

El silencio vuelve a hacerse protagonista, el rumor del coche era el único ruido perceptible junto al tintineo de los numerosos brazaletes de Ruby. Henry es el primero en romper el silencio.

«¿Mis madres están juntas?»

James se pone rojo con un tomate y Ruby casi pierde el control del coche. Esta se aclara la voz.

«Pero, ¿qué cosas dices Henry?»

Henry pone los ojos en blanco, resoplando

«Soy un niño, pero no soy estúpido. Por lo normal la gente se besa cuando se quieren, ¿no?»

Ruby mira por el espejo retrovisor a James que intenta por todo los medios dar con las palabras adecuadas.

«Verás Henry. Emma y Regina ha estado muy juntas durante este tiempo y…»

«…se han enamorado?»

James se aclara la voz asintiendo

«Sí, supongo que sí. Pero…supongo también que ni siquiera ellas saben qué están sintiendo, así que mejor no hablar de eso delante de ellas. Mejor no hablar en general»

«Yo sería feliz»

«¿Qué?»

Habían llegado a la biblioteca y Ruby frenó de golpe. Se gira hacia el muchacho que la miraba asombrado

«Pensaba que odiabas a Regina»

Henry se encoge de hombros

«Siempre pensé que era la reina malvada, pero nunca me paré a pensar por qué. Ha sufrido mucho y ha cometido muchos errores, como hemos hecho nosotros. Y además Regina es mi madre, a pesar de todo, se ha pasado su vida ocupándose de mí»

Ruby tiene la boca abierta, para ser un niño, Henry es muy inteligente y sobre todo muy maduro. También ella ha cambiado de opinión con respecto a Regina después de aquel pequeño viaje a sus recuerdos. Y además, ¿quién era ella para juzgar? Sobre todo ella que había descuartizado al amor de su vida. Sonríe mirando a James que dulcemente despeinaba los cabellos de Henry

«Estoy orgulloso de ti, Henry»

«¿Por qué? ¿Qué he hecho?»

James sonríe mientras descienden del coche y entran en la biblioteca.

«Nada. Esa es la cuestión. Eres un muchacho fantástico»

Habían llegado a casa y Blancanieves se había precipitado a la cocina para preparar una chocolate caliente para las tres. Emma y Regina están sentadas en el sofá, una al lado de la otra, visiblemente incómodas. Ambas querían hablar del beso delante de todos y de otras muchas cosas, pero con Blancanieves por medio resulta un poco difícil. Permanecen en completo silencio, también cuando Blancanieves sirve el chocolate y comienza a hablar de lo odiosa que es Cora y de lo horrible que es que haya encontrado un nuevo aliado. Emma y Regina se limitan a asentir y a sorber el chocolate, mientas que miran convulsamente el reloj.

«¿Me estáis escuchando?»

Las dos mujeres retornan al mundo de los vivos mientras Blancanieves las observa perpleja. Emma mira a Regina recibiendo de esta una mirada elocuente.

«Sí, es decir, no, realmente no. Disculpa, Regina y yo tenemos que hablar»

Blancanieves asiente no comprendiendo.

«Solas. En privado. En fin de cosas privadas»

«Ok, ya entiendo, está bien»

Regina se levanta, harta, y señala a Blancanieves con un dedo

«No quiero ser siempre la antipática de turno. Pero si no lo hago, aquí nadie se da por enterado. Lo que Emma está intentando decirte es que te deberías marchar y dejarnos solas. No sé, tontea con tu príncipe o canturrea junto a tus pajaritos, tú verás»

Blancanieves se pone roja como un tomate intuyendo de qué quieren hablar en privado. Se levanta rápidamente y sonriendo incómoda agarra el abrigo.

«Ah, eh.., comprendido. Debéis hablar en privado. De cosas privadas, solo vosotras dos. Creo…creo que iré con James… No a tontear, que quede claro. De todas maneras…ehmmm, adiós»

Como un rayo sale de la casa, dejando a las dos mujeres aliviadas y divertidas al mismo tiempo.

«No me acordaba de que tu madre era tan divertida»

Emma se echa a reír, mientras Regina toma las tazas ya vacías y las coloca en el fregadero.

«Divertida y desesperante»

Emma se levanta de la silla y se acerca a Regina que le daba la espalda

«Lo siento»

Regina no se da la vuelta. Emma sabe que la ha puesto en un aprieto. Besarla así, delante de todos, cuando ni siquiera ellas saben qué cosa está pasando. Regina suspira cerrando los ojos.

«Lo siento, en serio. Sé que.. en fin…besarte delante de todos no ha sido muy apropiado, pero no sabía qué otra cosa hacer y…»

No tiene tiempo de acabar la frase, porque Regina, girándose rápidamente, le agarra la cara con sus manos y la besa. Un beso dado con empuje y con pasión, pero que encerraba tanto miedo y tanto dolor. Emma, en un primer momento, se queda sorprendida y desconcertada, pero recordando a Regina presa de las alucinaciones, la acoge entre sus brazos, estrechándose a ella y empujándola contra la encimera.

Sus labios se mueven al unísono redescubriéndose de nuevo y permitiéndose una acogida con más calma. Las lenguas se encuentran de repente recomenzando su eterna lucha mientras las manos de Regina se hunden entre los rizos rubios de Emma haciendo presión para recibir más contacto. Cuánto había echado de menos esos labios, solo había bastado un único beso para volverla dependiente. Regina no sabe a dónde conducirá esto, pero en ese momento le da igual todo, solo quiere concentrarse en el sabor de la rubia y en sus manos que sabiamente le provocan escalofríos a lo largo de la columna.

De pronto, la rubia, agarrándola por los lados, levanta a Regina en peso para sentarla sobre la encimera, e incrustar su cuerpo entre sus piernas. Se separan cuando ambos cuerpos comienzan a tener necesidad de oxígeno, pero no se alejan, apoyan sus frentes, una contra la otra y abren los ojos mirándose cada uno en la mirada de la otra.

«¿No debíamos hablar?»

«Fuiste tú la que me interrumpiste»

Emma se acerca al rostro de Regina restregando su nariz con la de la morena que frunce el ceño

«¡Qué maleducada!»

Ambas suspiran empapándose de las sensaciones que sus cercanos cuerpos crean. Las manos de Emma todavía aferradas a las caderas de Regina, mientras las de esta provocan ligeros temblores a la altura del cuello de la rubia.

«Lo que quiero entender es qué es todo esto»

«Yo, yo no lo sé…o quizás sí»

«¿En qué sentido?»

Una mano de Emma viaja desde la cadera de Regina hasta su rostro acariciándoselo

«En el sentido de que sé lo que siento, pero tengo miedo a sentirlo. La última vez mi madre mató a la persona que amaba. Y…no lo sé»

Emma se separa de la frente de Regina para mirarla a los ojos

«En aquella época estabas sola e indefensa contra tu madre, Regina. Te aseguro que esta vez no tocará ni un pelo a nadie. Además tengo intención de quedarme a tu alrededor algo de tiempo. Justo para hacerte recordar cuándo odias al sheriff Swan»

Regina sonríe alzando la mirada hacia la rubia, para después cerrar los ojos y aspirar a pleno pulmón su perfume. Regina baja de la encimera, se separa de Emma y se arregla el pelo

«Creo que me iré a la cama un rato. ¿Vienes?»

Emma la mira perpleja

«¿De verdad tienes intención de acostarte a esta hora Regina?»

Regina eleva la mirada resoplando. Mira a Emma con una mirada maliciosa.

«¿En serio Swan, le he ofrecido un sitio en mi cama y se preocupa por la hora?»

Emma se ilumina y al verla desaparecer detrás de la puerta corre tras ella riendo.

«¡Cómo no he caído!»