Ya había avisado que íbamos a sufrir. La pobre Regina no gana para disgustos. Este odio de Emma le rompe el corazón en mil pedazos, pero no se rendirá, traerá a su amor de vuelta así le cueste la vida. ¿Qué hará?

Capítulo 18

Blancanieves y James apenas habían salido de la biblioteca para volver a casa, cuando un asustado Henry, seguido por Emma, Ruby y Regina, por poco no le salta encima.

«Hey, ¿qué ocurre, campeón?»

James se arrodilla frente a Henry, agarrándolo cariñosamente por los hombros, mientras Blancanieves se acercaba a Emma y a Ruby.

«Mamá...»

Emma interrumpe al hijo, señalando asqueada a Regina que estaba a un lado, separada, los ojos húmedos y la mano en el pecho.

«¿Alguno me puede explicar por qué acabo de descubrir que esa está viviendo en mi casa?»

Blancanieves abre desorbitadamente los ojos desplazando su mirada confusa de Emma a Ruby.

«Creo que estoy perdida»

Regina suspira y da la espalda al grupo para sentarse en un banco. Blancanieves mira a Ruby mientras Emma furiosa entra en la biblioteca con Henry. James se acerca a la loba.

«¿Qué ha tramado Regina?»

Ruby sacude rápidamente la cabeza

«¡Byron!»

La pareja abre asustada la boca

«¿Qué?»

«Nieves, ¿te acuerdas de la poción que Rumpelsriltskin te dio para ayudarte a olvidar a James?»

Nieves asiente recordando aquel periodo de su vida en el que había tomado aquella tremenda decisión.

«Byron capturó a Emma, y mientras intentábamos salvarla se la hizo beber»

Blancanieves posa su mirada en Regina, que, sola. en el banco, había recogido sus piernas hasta el pecho y escondido su rostro entre ellas.

James, con tristeza en su rostro, coge a su mujer por la mano y vuelve su mirada hacia Ruby que no había acabado de hablar.

«El problema es que Cora la ha potenciado. No solo Emma no recuerda haber amado a Regina, sino que la odia de una manera que nunca he visto. Le ha deseado la muerte»

«Dios mío. Mi Emma, James…»

«Tranquila, Nieves. Encontraremos una solución»

Blancanieves abraza a su marido, mientras que con una mano estrechaba la de Ruby.

«Ruby. ¿Cómo está Regina?»

Ruby baja la mirada, y después mira a la morena que, inmóvil, parece una estatua apoyada en el banco.

«No ha dicho una palabra desde que Byron desapareció. Nos ha seguido como un peso muerto, mientras Henry intentaba convencer a Emma de lo que había pasado. Me preocupa. No expresa ninguna emoción. La he visto enfadada, divertida, desesperada, pero así…No lo sé, es como si estuviese apagada»

James mira primero a Ruby, a Regina, y finalmente a Blancanieves.

«Vamos a casa. Estar aquí cogiendo frío no ayudará a resolver nada»

«¡No la quiero en mi casa!»

Emma había aparecido de la nada seguida de Henry que miraba a los abuelos tristemente

«Pero, ¿dónde va a dormir? No podemos dejarla en medio de la calle»

«Por mí estaría bien»

«¡Emma, déjalo ya, esta no eres tú!»

«¡Dios, Mary Margaret, después de todo lo que nos ha hecho, ¿quieres darle un techo bajo el que vivir?»

Ruby se entromete

«Viene conmigo. Henry, ¿te va bien mudarte con Emma? Así Regina puede dormir en mi casa»

Henry asiente, mientras Ruby se gira hacia Regina

«Bien, entonces, vamos. Regina, vienes conmigo»

Regina, sin proferir una palabra, se levanta de un salto del banco dando una rápida mirada a Emma y dirigirse hacia el coche rojo de la loba y subir en él.

Ruby se gira hacia Blancanieves que se encoge de hombros, a continuación corre por las escaleras y sube al coche partiendo a toda velocidad hacia su casa.

Blancanieves se vuelve hacia su hija enfadada que la mira confusa

«Henry, vete al coche»

«Pero…»

James toma al nieto de la mano acompañándolo al coche amarillo.

«Vamos Henry»

Emma mira confusa a la madre, para después sentarse en los escalones de la biblioteca. Está cansada y muy enfadada. Enojada por algo que no llega a comprender.

«No puedes comprender, Emma. Byron te ha hecho un hechizo. No eres tú esta persona»

«Oh, basta ya. ¿Qué hechizo me ha hecho? ¿Olvidar el amor de Regina? Pero, ¿quién la ha querido alguna vez?»

«Tú, por ejemplo»

«Mary Margaret, Regina casi mata a mi hijo y destruye vuestra felicidad, ¿cómo podría enamorarme de una persona así? Es un monstruo»

«Pero, ¿te estás escuchando? Aunque no hubieses amado a Regina, no hablarías así. No la odiarías tanto. No eres tú»

«Quizás eres tú la que no conoces»

«Soy tu madre Emma»

«Una madre que no me ha visto en los últimos 28 años»

«Sabes muy bien por qué»

«Nada cambia el saberlo o no. Así que ¡cerremos la conversación! Necesito ir a casa y dormir»

Blancanieves cierra los ojos y suspira asintiendo. No puede hacerla razonar, no ahora que está bajo los efectos de aquella maldita poción. Sigue a la hija hasta el coche y parte con James.

Encontrarían un modo para hacer retornar a Emma a la normalidad, aunque a Blancanieves en ese momento le preocupa más el estado de salud de Regina. Ha sido un duro golpe.

«Así que, aquel es el baño. Te he dejado preparadas toallas, una bata y ropa limpia para mañana. Tranquila, he elegido la ropa menos apretada que tengo en el armario, espero que vayan bien. El sofá se abre y se convierte en una cama de dos plazas. Las sábanas son estas, te las dejo aquí»

Ruby saltaba por toda la casa indicando a Regina las diferentes estancias y dejando sábanas de diferentes y encendidos colores sobre una mesita al lado del sofá.

Regina miraba alrededor, pero sin mirar en realidad. Simplemente sigue con la mirada los dedos de Ruby, mientras las palabras de esta llegan atenuadas a sus oídos.

«Para cualquier cosa, aquella es mi habitación. La nevera está llena de bebida fría y si quieres algo más fuerte aquel es el mini bar. ¿Ok?»

Regina asiente, y se sienta lentamente con movimientos casi robóticos sobre el sofá negro que era el protagonista de la estancia decorada modernamente y con colores muy vivos.

Ruby la mira durante un instante, indecisa sobre qué hacer, pero avanza hacia ella y se sienta a su lado y la mira durante un largo minuto.

«Regina, ¿todo ok?»

Regina no responde, se limita a mirar a través de la ventana. Su dolor es tan grande que le impide cualquier movimiento, se gira hacia Ruby que con sus grandes ojos de cachorro la mira preocupada. ¿Por qué? ¿Por qué merecía ella un final feliz? ¿Qué había hecho mal? Primero Daniel, después Henry y finalmente Emma. Todos, de alguna, manera, se alejaban de ella. ¿Por qué tenía que sufrir tanto? Siente el calor invadirle los hombros cuando premurosa Ruby coloca allí su mano.

«Hey…»

Regina se aclara la voz, apartando lentamente la mano de Ruby de su hombro. De nuevo se endosa la máscara fría y calculadora y sonríe

«Bien. Ahora es mejor ir a dormir»

Ruby se da cuenta del cambio, pero no se preocupa. Se levanta mirando el pequeño anillo que hace poco le había dado Regina y velozmente se va a asear y echarse en la cama.

Regina, cuando está segura de que Ruby duerme profundamente, se levanta y se encierra en el baño. Lo primero que nota es la moqueta rojo fuego por todo el baño. Inusual como pavimento. Se quita los zapatos y saborea la sensación que aquella blanda superficie le provoca en la piel de los pies, mira a su alrededor.

El baño es bastante grande: por un lado había un enorme espejo rodeado de muchas lamparitas cono los de las estrellas de la televisión, por otro había diversas repisas llenas de objetos dispares. Lo que la sorprende es la pequeña bañera de hidromasaje que presidía el baño, sobre ella una alcachofa de ducha bastante amplia como para cubrirla entera.

Con calma se quita toda la ropa, la dobla y la deja a un lado. Desnuda, comienza a dejar correr el agua caliente en la bañera. Lentamente, se acerca al espejo para observar su reflejo desnudo. Respira profundamente, y se cubre el pecho derecho y constata que está tan delgada que puede ver las costillas. Se pasa una mano sobre el vientre acariciando la linera que todavía aparecía sobre la piel después del encuentro con Byron en el ayuntamiento.

Mientras que una mano se paseaba por el vientre, con la otra toca la pequeña cicatriz del labio rememorando el día en que la madre le había levantado la mano. Cierra los ojos, cerrando sus brazos alrededor, en un abrazo, intentando auto consolarse.

Se separa del espejo y se aproxima a la bañera para dejarse sumergir en el agua caliente y espumosa. El vapor que salía del agua le humedece las mejillas enrojecidas por el calor. Apoya la cabeza en el borde y cierra los ojos intentado poner en orden sus propios pensamientos. ¿Cómo podría deshacer aquel hechizo? Quizás algún antídoto o alguna fórmula mágica pudieran funcionar. Pero para hacerlo debía sin embargo volver mañana a casa de Blancanieves y recuperar su libro de magia. Regina no sabe si será capaz de mantenerse ante la mirada disgustada de Emma, después de lo que le había dicho antes de transformarse. También ella la amaba, pero por miedo no se lo había dicho todavía y ahora se encuentran en esta situación.

Respira profundamente y sumerge la cabeza bajo el agua abriendo los ojos. Se siente tan perdida, tan sola que por un momento piensa en no emerger y quedarse ahí para siempre, bajo aquella pátina traslucida. Sin embargo, cuando le falta la respiración, sale a la superficie mirando alrededor. Nada ha cambiado. Toma una pequeña esponja y después de mojarla comienza a lavarse.

Sale de la bañera cuando el agua comienza a enfriarse. Coge el demasiado corto albornoz y se lo pone intentando gotear lo menos posible sobre la moqueta. Velozmente se viste la bata de Ruby, deja arreglada la bañera y se seca el cabello.

Antes de salir, echa una mirada al espejo y abre los ojos desorbitadamente. Vestirse había sido algo tan mecánico que no se había dado cuenta del tipo de bata que Ruby le había prestado. Era tan corta que con un simple movimiento habría revelado la ropa interior negra que llevaba. Sacude la cabeza ante la idea de que aquella ropa fuese en verdad la menos corta del armario de aquella extraña muchacha.

De vuelta al salón, mira el sofá. Aleja el pensamiento de abrirlo y prepararlo para dormir. Coge una manta, se rodea con ella y se sienta. Delante de ella, un enorme ventanal a través del cual la luna destacaba esplendida iluminando toda la estancia. Cada mínimo movimiento le parece un esfuerzo enorme, mientras en su mente la imagen de Emma, que la llamaba "monstruo" continua rebotándole.

También abandona la idea de echarse y dormir, y se pierde contemplando la oscuridad que siente en su corazón mientras la luna se refleja en sus lágrimas.

«Voyyyy»

Blancanieves está a punto de perder la paciencia, ya llevaba un cuarto de hora tocando en la puerta de Ruby. Ya conoce a la muchacha, cuando le abre la encuentra todavía en pijama y el pelo todo revuelto.

«Hey, Nieves, entra»

Blancanieves sonríe y entra en la casa. Mira alrededor.

«Eh, Red, ¿dónde está Regina?»

Ruby se entristece de pronto señalando la puerta que daba al balcón. Allí, sentada en una pequeña tumbona, está Regina intentando leer un libro.

«Esta mañana se levantó temprano y se ha atrincherado ahí fuera. Ni una palabra. Nada de nada. En mi opinión, hace mucho que se ha vestido»

«¿Ha dormido al menos?»

«No creo, he encontrado el sofá y las sábanas dobladas, intactas donde se las había dejado anoche»

Blancanieves continua mirando a Regina que ni siquiera se había dado cuenta de su presencia. Después se acerca a su amiga.

«¿Tú cómo estás?»

«¿Yo? Bien ¿Por qué?»

Muerde un croissant que nunca faltan en su casa.

«Dentro de poco es luna llena. ¿No tienes miedo…»

«Sí, un poco. Pero gracias a Regina estoy más segura de mí misma»

Blancanieves la mira extrañada

«¿En qué sentido?»

Ruby levanta la mano mostrando el pequeño anillo de plata.

«Me lo ha dado ella, lo ha hechizado. Si me transformo en lobo, seré capaz de controlarme al cien por cien. Fantástico, ¿no?»

Blancanieves mueve alegremente la cabeza, sonriendo confusa. Regina la sorprendía cada día más.

«Sí, es en realidad fantástico Ruby. Nunca me lo hubiera esperado de Regina»

Ruby toma un trozo de papel y se limpia la boca sucia de azúcar, y bebe un vaso de jugo.

«Yo tampoco. Pero, ¿qué te parece? Regina nos está sorprendiendo a todos en estos días. No quiero que lo que acaba de suceder vuelva a hacer que se encierre. No dice nada. Parece la misma Regina Mills que hacía de alcaldesa algún tiempo atrás. Casi da miedo»

Baja del asiento donde estaba sentada, y Blancanieves deja su bolso en el sofá de piel.

«Hablaré con ella»

«Bien. Nieves. Qué se yo. Hazla llorar o algo parecido. Debe desahogarse»

Desaparece en su habitación para cambiarse de ropa, mientras Blancanieves sale al balcón.

«Hey, Regina»

Regina no se mueve y continúa leyendo.

«Blancanieves»

«¿Cómo estás?»

«Bien»

«¿Segura?»

«No veo en qué te puede interesar, pero de todas maneras sí, estoy segura»

Blancanieves resopla y vuelve a entrar en la casa seguida de Regina que tiene la piel de gallina. Esta coloca el libro en su lugar en la estantería de donde lo había cogido, y se gira hacia Blancanieves.

«¿Qué pasa?»

Blancanieves la mira de a través

«Me explicas por qué actúas así»

Regina alza una ceja intentando no dejar transparentar ni una emoción en su máscara. Había decidido ser así. Sufriría menos, en apariencia al menos.

Blancanieves se le acerca

«Te pones a la defensiva cuando te suceden cosas malas. Encontraremos una solución para Emma»

«Lo sé»

«¿Lo sabes? ¿Solo me sabes decir eso?»

«¿Y qué debería decirte? Encontraremos una solución y Emma volverá a ser tu Emma de siempre»

«Regina, vete al infierno»

«Estás extraña hoy Blancanieves. ¿Te has despertado mal?»

«Eres tú la extraña Regina. El amor de tu vida se ha olvidado de que te ama y tú ni siquiera versas una lágrima»

Se le aproxima lentamente, mientras Regina retrocede. Si Blancanieves hubiera insistido, se hubiese derrumbado como una hoja en otoño.

«¿Por qué no lloras Regina? ¡Desahógate, diablos!. Ya sabemos quién eres verdaderamente, ¿por qué no expresas lo que sientes? Quizás es porque no te importa nada. Quizás porque nunca te ha importado Emma. Solo era un pasatiempo, ¿eh?»

Blancanieves no piensa lo que está diciendo. Solo es un modo para hacer caer a Regina. Puede ver el dolor escavar en el corazón de Regina a través de sus ojos. El temblor de las manos, los nudillos blancos de apretar demasiado los puños en claro contraste con su rostro estatuario e inmóvil.

«¡Basta! ¡Yo la amo!»

Regina había gritado, un ligero temblor en los labios y los ojos húmedos.

«Yo…yo la…amo»

Esta vez es un susurro, mientras la mirada bajaba y sus manos caían a los lados. Había explotado.

Ruby, al oír aquel grito en el salón, había entrado silenciosamente, mientras Blancanieves se estaba acercando amorosamente a Regina que la mira confusa.

«No te acerques»

Da unos pasos hacia atrás, mientras Blancanieves la estrecha entre sus brazos.

«¡Déjame, déjame, por favor!»

Blancanieves, ante aquellas palabras, la estrecha más fuerte hasta sentir las piernas de Regina ceder y sus manos apretar su bufanda.

«Por…favor»

Ambas están arrodilladas, Blancanieves comienza a acariciar la espalda de Regina, mientras esta estalla en un llanto desesperado y cargado de dolor. Regina se aferra convulsivamente a la bufanda de Blancanieves, mientras esta le susurra que toda irá bien, que todo mejorará.

«Yo…no puedo. Yo…»

«Shhh, ya no estás sola Regina. Ya no»

Ruby se había acercado a la pareja y se había sentado con las piernas cruzadas al lado de ellas, apretando una mano de Regina entre las suyas.

Cora sonreía satisfecha, mientras Rumpelstiltskin insólitamente silencioso permanecía sentado en una silla en la morada de la mujer. Byron se está sirviendo el té cuando Cora le da una palmada orgullosa

«Bravo. ¿Has visto que si te empeñas y me escuchas las cosas van mejor?»

Byron asiente, alegre, soplando en el té hirviendo.

«Ha sido más fácil de lo previsto, debo decir»

«Ahora solo nos queda esperar»

Rumpelstiltskin se levanta de la silla para acercarse a los dos

«No creo haber comprendido vuestro plan, querida»

«Sencillo, Regina estará tan atenta en deshacer el hechizo que canalizará su energía y su poder en ese objetivo»

«¿Queréis agotarla?»

«Exactamente. No sé cómo ha adquirido poder, pero lo ha hecho. Si consigo que lo malgaste en cosas inútiles como salvar a esa muchacha, estaremos en ventaja»

«¿Y si encuentra una solución para deshacerlo?»

«Querido mío, no me interesa si esa rubita vuelve a amarla o no. De todas maneras morirá. Estará convencida de haber ganado una batalla»

«Mezquina»

«Oh, sí, mi querido Rumpelstiltskin. Y aún no has visto anda»

Belle deambula por la ciudad. Está completamente desierta y hace media hora que busca la biblioteca donde sabe que encontraría el refugio y a los soberanos. Ve un coche al final de la calle que se dirige hacia ella, y comienza a hacer señales para que se detenga.

El coche se detiene dejando ver en su interior a una joven mujer rubia, un niño y otro hombre joven.

«Perdonad, pero estoy buscando la biblioteca

«¿Quién eres?»

«Mi nombre es Belle»

El hombre se mueve y la mira a los ojos

«¿Aquella Belle?»

«¿Disculpa?»

«La sirviente amada por Rumpelstiltskin»

«Sí, soy yo»

«Ok»

«No os preocupéis, no soy una espía ni nada parecido. He venido porque quiero ser útil y porque tengo información»

La rubia le sonríe señalándole que suba.

«Tranquila, no lo pensábamos. Sube que te llevamos a la biblioteca»

Belle sonríe subiendo al coche.

El niño la escruta alegre, mientras ella lo mira confusa

«¿Tengo algo que no va?»

«No, no, solo que eres más bonita de como te imaginaba»

Belle enrojece ante ese cumplido

«Oh, gracias. ¿Tú eres?»

«Soy Henry»

«Hey, Nieves»

James se acerca a su mujer que apenas había entrado en la biblioteca con Ruby y Regina. La besa apasionadamente.

«Esta mañana te has escapado temprano»

«Perdona querido, es que quería ver cómo estaba Regina»

James alza la mirada para mirar a la mujer en cuestión. Caminaba lentamente casi arrastrándose, los hombros doblados y la mirada baja revela unos ojos rojos y enormes ojeras.

«No creo que esté bien»

Blancanieves asiente tristemente, y se va a saludar a Emma y al pequeño Henry que está al lado de una muchacha de cabellos castaño claro y ojos clarísimos. Le da la mano.

«Creo que no te conozco»

La muchacha se la aprieta alegremente.

«Un placer conoceros, yo soy Belle»

Dice mirando también a Ruby que se había acercado interesada en la recién llegada. Blancanieves sonríe.

«Ella es Ruby y yo soy Blancanieves»

Blancanieves se da cuenta de que la joven Belle se pone rígida

«¿Su majestad?»

Belle entonces se agacha en una reverencia balbuciendo algo sobre el hecho de no haberla reconocido antes

«Tranquila Belle, llámame solo Blancanieves. Aquí no hay ningún reino que gobernar. Estamos todos al mismo nivel, ok»

La muchacha asiente cuando escucha que es llamada por Regina, que desde el fondo la había reconocido.

«Belle»

«Regina»

La morena se acerca a la muchacha incómoda y confusa sobre qué hacer. Regina se martiriza la mano durante un cuarto de hora antes de proferir una palabra.

«Belle, te debo…sí, en fin…»

«Acepto tus disculpas, Regina»

Regina abre los ojos, confundida y aún incómoda, cuando Belle la toma de la mano y la mira a los ojos.

«¿Cómo has…»

«¿Sabido que te estabas disculpando por haberme encerrado en un manicomio? Por tus ojos. No he vivido en la ciudad, pero los rumores de lo que sucedía me llegaban. Y sé que has cambiado y ahora que te veo, tengo la certeza»

«¿Y no me odias?»

«No. Y no creo que sea capaz de odiar a nadie»

Regina suspira, los ojos húmedos y las mejillas rojas. ¿En serio no la odiaba? ¿Qué les estaba pasando por la cabeza a todas estas personas que, después de todo el mal que había hecho, lograban aún sonreírle y perdonarla?

«Gracias»

Susurra ligeramente mientras James y los otros conversaban entre ellos.

Emma está a parte y mira torvamente a Regina. ¿Por qué todos eran amables con ella? ¿Por qué no estaba en la cárcel? ¿O es más, a tres metros bajo el suelo? ¿Y por qué ella no logra apartar sus ojos sin experimentar un sentimiento de vacío en el corazón? Está tan confundida que no se da cuenta de que Regina ha percibido su mirada y se estaba acercando.

«Swan»

Emma se levanta de un salto encontrándose a pocos centímetros de la morena que, como una niña inquieta, jugueteaba con la cremallera de su chaqueta. El odio la invade haciéndole emitir un gruñido espantoso

«¿Qué quieres?»

«Sé que nunca me creerás, pero Byron te ha hecho beber una poción que te ha hecho odiarme. Pero encontraré el modo de volverte a la normalidad. Prometido»

Emma frunce el ceño y se acerca a Regina

«Solo una cosa Regina. Mantente alejada de mí y de mi hijo. Habrás podido engañar a los demás, pero no me trago este supuesto cambio tuyo. Estate atenta, al primer paso en falso…»

Emma levanta el índice apuntándola, mientras Regina, asustada, da unos pasos hacia atrás.

«Al primer paso en falso te mataré»

«Tú no eres una asesina»

«No me pongas a prueba»

Tras decir esto, pasa por su lado, empujándola por el hombro y adentrándose en la biblioteca.

Henry se acerca rápidamente a Regina, que paralizada miraba fijamente el espacio vacío donde antes estaba Emma.

«Todo irá bien, mamá»

Henry toma la mano de Regina, y la abraza, mientras esta le corresponde.

«Perdona, Henry»

Henry levanta la mirada, sorprendido

«¿Por qué motivo?»

Regina se arrodilla para poder estar a su altura y suspira

«Por todo. Te he tratado mal haciéndote creer que estabas loco con las historias del libro. Perdóname por no haberte tratado como a un hijo, perdóname por haberte usado contra Emma y perdóname por no haber sido la madre que merecías»

Henry se abalanza para abrazarla y estrecharla fuerte

«No pasa nada mamá. Has sido la mejor mamá que se pueda tener, quizás un poco posesiva, pero estabas asustada. Ahora que sé toda la verdad, lo entiendo. Y yo te quiero mucho. Perdóname tú por no habértelo demostrado nunca»

Regina se echa a reñir de felicidad estrechando contra ella a ese pequeño ser por el cual había luchado tanto. Se llama estúpida, si se hubiera comportado así desde el principio, Henry hubiera sido suyo.

«Gracias Henry. Gracias»

Se separa del abrazo sonriendo y enjugando con el pulgar una lágrima del hijo.

«Ahora vete con Emma»

¿Qué?»

«Quiero que estés con ella. Cuéntale todo lo que ha sucedido desde que la maldición se rompió. Quizás la ayude a recordar. Mientras tanto buscaré una manera para ayudarla»

El muchacho asiente y se marcha corriendo hacia Emma.

James llamo a Regina.

«Regina, pensábamos ir donde Granny para hablar sobre algunas cosas. Belle nos trae novedades»

Regina asiente y sigue al grupo preparándose psicológicamente. Seguro que han descubierto su trato con Rumpelstiltskin.

Una vez en el restaurante, Ruby sirve a cada uno un refresco, y se sienta junto a los otros. James se dirige a Belle que comía con gusto una rosquilla glaseada.

«¿Entonces?»

«Buenísima. Sea lo que sea está buenísima. Nunca he probado nada parecido»

James frunce el ceño divertido mientras Blancanieves se echa a reír y Regina pasa una servilleta a Belle que se está chupando los dedos.

«No quería decir la rosquilla. Quería decir las novedades»

Belle enrojece ante la incomodidad, mientras Ruby, sonriendo, le traía otra rosquilla.

«En realidad, no son propiamente novedades. Es información que he descubierto por Rumpelstiltskin»

«Pero, ¿quieres traicionar a Rumpelstiltskin?»

Blancanieves se había acercado más, sorbiendo su té caliente mientras Ruby, sentada sobre el borde del asiento rojo del local se arreglaba el maquillaje.

«No, él sabe que estoy aquí»

Todos la miran extrañados

«Hemos peleado porque no quiero que se comporte así y le he dicho que venía a unirme a ustedes para ayudar. Sabe que he venido para contar todo lo que ha hecho»

James asiente

«¿Y qué has descubierto?»

Belle se muerde la rosquilla, la mastica y rápidamente se la traga con un sorbo de jugo de naranja.

« Rumpelstiltskin, desde que la magia ha vuelto, ha hecho tratos importantes, uno obviamente con Cora. No sé precisamente de qué se trata, pero conociéndolo debe ser algo para quitar de en medio a Regina. Sin ofender»

Regina se encoge de hombros y sorbe su café, mientras Ruby se sienta a su lado y le quita el azúcar que no había usado para endulzar su cappuccino.

«¿Y el segundo trato?»

Belle traga saliva, tomándose tiempo, después mira a Regina que no separaba los ojos de su taza de café ya vacía

«Ehm…»

«Conmigo»

Todos se giran hacia Regina que distraídamente dejaba la taza sobre su plato. Blancanieves la mira con furia

«¿Qué? ¿Cómo has podido?»

«Nieves tiene razón, pensábamos que estabas con nosotros»

Belle se entromete alzando la voz

«Ha prometido su vida a cambio de la posibilidad de salvaros a todos»

Un silencio gélido apaga las acusaciones. Regina se hunde en el asiento mirando más allá de la ventana.

«Explícate»

Belle iba a comenzar a hablar cuando Regina la calla sonriéndole

«Yo me hago cargo»

A continuación se dirige a los demás

«Necesitaba más poder para destruir a mi madre. Así lo pacté con Rumpelstiltskin»

Blancanieves se inclina nuevamente hacia delante

«¿Qué le has prometido a cambio?»

«Mi vida»

Ruby abre los ojos de forma desorbitada, tirando la taza de cappuccino que tenía delante. Coge rápidamente el trapo y seca el líquido antes de que acabase en el suelo.

«¿Qué?»

«La verdad es esta. Venza a Cora o no moriré igualmente. Así que al menos habrá que buscar la manera de ganar y salvaros»

James la detiene

«¿Qué quiere decir que de todas maneras morirás?»

«Usar la magia oscura para el bien tiene un precio para aquellos como yo»

«¿Y el precio sería…»

«Mi vida. Por eso cada vez que uso la magia para algo bueno me sangra la nariz o me desmayo. El poder oscuro es un ser vivo que concede a quien lo desea el poder usarlo. Pero solo para el mal. Su naturaleza. Yo estoy haciendo exactamente lo contrario y no me lo permitirá por siempre»

Todos permanecían en silencio durante la explicación de Regina. Completamente aturdidos ante el comportamiento casi heroico de la mujer, Blancanieves estaba verdaderamente preocupada. Emma no se acuerda de que ama a una mujer que durante toda su vida había sufrido y que por amor ha cambiado su vida salvando a las personas que amaba.

Tiene que hacer algo. No puede permitir tal cosa.

«Pero habrá un modo para evitar todo eso»

«Si dejo de practicar magia, esta se acumula en mi interior y explotaría. Preferiría no experimentarlo»

De nuevo el silencio

«Tranquilos, cuando me haya ido, Rumpelstiltskin os protegerá de cualquier amenaza»

«¿Cómo puedes saberlo?»

«He pactado también por eso. Mi alma y mi poder restante a cambio de la fuerza y de su promesa de proteger siempre Storybrooke. Ha aceptado»

Belle mira a la mujer sorprendida. Aquella parte de la historia no la sabía.

«¿De verdad ha aceptado?»

«Sí, Belle. Rumpelstiltskin es exactamente como yo. Solo que un poco más enervante. Te ama con todo su corazón, sabe que protegerte a ti y a Storybrooke es lo justo»

Ruby, una vez acabado de limpiar, se vuelve a sentar al lado de Regina.

«¿Ahora qué hacemos?»

«Querría encontrar un modo de pasar junto a Emma mis últimos días en esta tierra»

James mira a su mujer, la mirada perdida en el vacío y los dedos golpeando en la superficie clara de la mesa. Conoce esa mirada, está maquinando algo. Después se le ilumina la cara, y aprieta la mano de James.

«¡El arco!

«¿Qué arco?»

«El arco que Rumpelstiltskin me dio para matar a Regina. ¿Recordáis? Me hizo volver a ser la Blancanieves de siempre cuando por error herí a James. Podría funcionar si hacemos que Emma hiera a Regina. Es drástico, pero…»

«No funcionará»

«¿Por qué?»

«Porque, primero, el arco se quedó en el Bosque encantado, y segundo, aquel objeto tiene la capacidad de restituir al cazador como a la presa. Sin ofender, pero ¿en qué se transformaría Emma al herirme? ¿Una mujer confundida, depresiva y desesperada, pero sobre todo llena de rabia? No. Emma debe volver a ser la misma»

El brillo en los ojos de Blancanieves desaparece ante aquella razonable explicación. Belle interviene un poco confundida.

«Perdonadme, sé que no es asunto mío, pero creo que me he perdido algo»

Ruby le sonríe y comienza a explicarle todo. De Cora y Byron y de cómo este último engañó a Emma. Belle, al acabar la explicación, mira a Regina que silenciosa, se había levantado para abrir una ventana y tomar algo de aire.

«Lo siento. Pero me habéis dicho que la poción que han usado con Emma es la misma creada por Rumpelstiltskin»

«Sí, solo que potenciada»

«Entonces, ¿por qué no preguntarle a él? A lo mejor conoce un modo de destruir su efecto»

Regina se acerca a Belle, le aprieta un hombro y le sonríe

«Óptima idea. Cierto, será difícil sacarle algo a Rumpelstiltskin, pero al menos es un comienzo»

Tras estas palabras, se pone la chaqueta, nerviosa y feliz, y sale del restaurante, seguida por todos excepto Belle y Ruby.

«¿Tú no vas?»

«No estoy preparada para volver a él. ¿Y tú?»

«Te hago compañía. ¿Has probado los muffins?»

«Tienen un nombre extraño. ¿Qué son?»

«Ya lo verás»

«¡ Rumpelstiltskin!»

Regina grita entrando en la tienda. Es el último lugar donde buscar y espera de verdad encontrarlo ahí.

«Mi querida Regina. Soy muchas cosas, pero no sordo»

Rumpelstiltskin aparece desde detrás de la cortina verde que separaba la tienda de la parte posterior.

«Veo que ha venido todo el equipo Scooby»

James se adelanta y se pone al lado de Regina

«Vamos al grano. Estamos aquí para saber si existe un modo de anular los efectos de tu poción. La que Byron ha utilizado con Emma»

Rumpelstiltskin continúa sonriendo y mirando a Regina.

«Oh, he sabido de tu desgracia. ¿Ya no os ama? ¡Qué enorme desgracia!»

Regina, presa de la rabia, lo coge del cuello y lo levanta en el aire

«Veo que habéis olvidado las buenas maneras»

« Rumpelstiltskin cállate. Estoy harta de tus subterfugios. Quiero saber si hay un modo para que Emma vuelvas a ser la de antes»

«¿Sabes que el cerebro necesita oxígeno para trabajar?»

Regina, harta, lo deja en el suelo, mientras Blancanieves la toma por un brazo para calmarla.

«Muchas gracias»

«Ahora, habla»

«Tranquilo, príncipe. Sí existe un especie de antídoto que anulará sus efectos»

«Dámelo»

«Desafortunadamente no lo tengo. Pero poseo la receta, por así decir»

Regina está perdiendo la paciencia, se acerca de nuevo al hombre que no deja de sonreírle.

«¿A qué esperas para decírmela?»

«Pensaba que me conocías Regina. No hago nada por nada»

Regina resopla.

«¿Qué quieres a cambio?»

Él le hace señas para que se acerque, le toma la cabeza y le susurra al oído algo incomprensible para James y Blancanieves. Cuando Regina se separa tiene los ojos en blanco.

«¿No crees que ya has tomado bastante?»

«A mí me parece que no Regina. Os recuerdo que si sobrevivís a vuestra madre y al poder oscuro a mí no me quedaría nada. Así que lo que pido, a mi parecer, es más que lícito»

Regina lo piensa. Es demasiado, pero por Emma esto y mucho más. Cierra los ojos y asiente

«Acepto»

Rumpelstiltskin apoya su mano sobre el vientre sonriendo mientras Regina siente un ligero calor allí donde él tiene la mano apoyada. Con la otra mano hace aparecer un folio de pergamino sobre el que estaban escritos los ingredientes

«Adoro hacer tratos con vos»

Regina le arranca de la mano el folio junto con James y Blancanieves, para a continuación palidecer.

«¿El humo de la Oruga azul?»

Traga saliva varias veces.

«Pero se encuentra en el País de las Maravillas, no hay manera de llegar allí»

Rumpelstiltskin sonríe

«Me he limitado a mostraros cómo se hace el antídoto. Es vuestro problema encontrar los ingredientes. Si hay un modo o no para llegar al País de las Maravillas no es asunto mío»

Regina empuja al hombre, para después salir enfadada seguida de James y Blancanieves.

«¿Qué le has prometido Regina?»

«Nada importante Blancanieves. Ahora déjame pensar»

James se acerca cogiendo la lista y volviéndola a leer

«Todos estos ingredientes se pueden conseguir fácilmente menos el humo de la Oruga azul? ¿Qué cosa es?»

«Es un ser extraño que se encuentra en la País de las Maravillas. Es un mundo paralelo al nuestro y al de los cuentos. He estado una vez, un lugar de locos»

«¿Cómo piensas llegar allí?»

Regina cierra los ojos, y los abre en seguida para echarse a correr al mausoleo del cementerio

«Quizás tenga una idea»

Si al menos funcionara. Pero necesitaría dos cosas. El sombrero y a Jefferson