Capítulo 19
«¿Por qué estamos aquí Regina?»
Habían entrado en el mausoleo de la familia Mills y ahora James, Blancanieves y Regina se encuentran de frente a la tumba del padre de esta última.
«Necesito una cosa»
Blancanieves se apoya en la pared mirando confusa a Regina y recuperando el aliento después de la larga carrera.
«¿Qué cosa? Aquí no hay nada»
Regina apoya las manos en un lateral de la tumba, haciendo primero un corto saludo a los restos de su padre, para después empujar con toda su fuerza sobre el mármol. La tumba rechina, y lentamente se mueve bajo los empujes de Regina, revelando una trampilla con una pequeña escalera. Con una agitación de las manos, las antorchas de los lados de la escalera se encienden y Regina comienza a descender.
«¿Qué diablo es este lugar?»
James la estaba siguiendo y ayudando a Blancanieves a descender las empinadas escaleras.
Regina caminaba deprisa sin preocuparse de lo endeble que eran aquellos escalones ya viejos y agrietados. Cuántas veces había bajado por aquellas escaleras buscando un poco de paz entre sus baratijas y sortilegios.
«Es una especie de tienda. Aquí he conservado muchos hechizos y objetos mágicos que me han pertenecido durante años»
«¿Y qué es aquella pared?»
James señala una pared hecha de millares de cajones de bronce, todos del mismo tamaño. De la pared provenía un lento, pero regular sonido, como un latido o un ruido sordo lejano. Regina se gira a observar aquellos cajones que señalaba James. Traga saliva un par de veces, antes de responderle
«¡Mi error más grande!»
Continúan y atraviesan un arco de piedra, para llegar a una estancia con multitud de estantes, sobre los cuales descansaban cientos de cofres de distintos tamaños.
«No toquéis nada»
«¿Se puede saber qué buscas?»
Regina se pone a buscar, recorriendo a lo largo y ancho toda la estancia, mientras James y Blancanieves curioseaban entre varios estantes.
«Mira, cariño»
Blancanieves señala una caja de madera bastante grande de manufactura árabe. James la coge y la deja en el suelo, y hace saltar la pequeña cerradura.
Cuando la abre, ambos saltan hacia atrás ante la vista de una especie de serpiente de dos cabezas. O mejor dicho, es una serpiente que en el lugar de la cola tiene otra cabeza, y ambas se dirigían hacia ellos letalmente.
«Os he dicho que no tocarais nada»
Regina había llegado en su ayuda y cierra velozmente la caja y la vuelve a poner en su lugar.
«¿Qué era?»
Regina calla. No sabe qué responder. ¿Qué mentira inventar? Suspira rendida. Diría la verdad.
«Es la serpiente más venenosa del territorio de Agrabah»
Blancanieves recuerda dónde había oído ese nombre, mientras Regina la miraba y notaba que el sentimiento de culpa le cortaba la respiración.
«Agrabah. ¿Es la criatura que mató…?»
Regina asiente silenciosa bajando la mirada, acordándose de cómo había manipulado al genio para convertirlo en un asesino y de cómo había matado prematuramente al padre de Blancanieves.
La situación se hiela por un instante. James, que había intuido el recuerdo ligado a esa serpiente, permanecía aparte, mirando a su mujer que con tristeza observaba a Regina. Esta, con ojos húmedos, se gira hacia las estanterías buscando el objeto que tanto deseaba, al final toma una caja cilíndrica y sonríe.
«Encontrado»
Rápidamente, sale de aquel angosto lugar subiendo de dos en dos los escalones, seguida fatigosamente por James y Blancanieves que dejaba atrás el triste recuerdo.
«¿Entonces?»
Regina abre la caja y saca un viejo y harapiento sombrero de copa negro por fuera, mientras que en su interior se puede apreciar un tejido suave y rosado. Blancanieves se acerca examinando el sombrero que Regina tiene aferrado entre las manos.
«¿Un sombrero? ¡Toda esta exaltación por un sombrero!»
«Es más que eso Blancanieves. Es un portal. El portal que nos permitirá coger el humo de la Oruga azul»
James se acerca a las dos mujeres, y es agarrado por el brazo por Regina
«Necesito que me hagas un favor. Debes encontrar a un tal Jefferson. ¡Rápido!»
James la mira confuso, después toma el sombrero entre las manos, y le hace señas para que se calle.
«Para Regina. ¿Nos puedes explicar que estás maquinando?»
Regina resopla, y comienza a hablar.
«Este sombrero pertenece a Jefferson, el sombrerero loco de Alicia en el País de las maravillas»
«¿De verdad existe?»
«Por lo que parece. El sombrero es un portal hacia otros mundos, entre ellos, al del País de las maravillas. El único problema es que solo su creador puede controlar este portal. Por eso necesito a Jefferson»
«Has dicho que ya has estado»
«Sí, antes de Storybrooke. La reina de ese mundo, la Reina de Corazones, tenía prisionero a mi padre porque me consideraba una gran amenaza»
«Comprendido. Entonces, ¿por qué no vas tú a buscar a ese Jefferson? Yo no sé cómo es»
Regina baja la mirada.
«Entre Jefferson y yo no hay un buen entendimiento. Rige una regla para ese portal. El mismo número de personas que entran debe salir. Ni uno más ni uno menos. Al liberar a mi padre de la Reina de Corazones abandoné a Jefferson en aquel mundo para regresar a casa con mi padre»
«Penosa jugarreta»
«Ya»
Blancanieves da unos pasos hacia atrás.
«Así que, ¿quieres encontrar a Jefferson, hacerle abrir el portal, ir hacia el otro lado donde te espera una mujer que te odia, recuperar ese dichoso humo de la Oruga azul y regresar?»
«Sí, ese es el plan. El único problema es encontrar a Jefferson y convencerlo para que abra el portal»
James asiente
«Ok, está bien, ¿y quieres ir sola? ¿Crees verdaderamente que la poción de Rumpelstiltskin funcionará?»
«James, obvio que iré sola. Vosotros debéis quedaros aquí para proteger la ciudad de un eventual ataque de mi madre. Por lo que respecta a Rumpelstiltskin, es de todo menos un mentiroso. Sellado un trato, mantiene su palabra, así que, sí, la poción funcionará»
Blancanieves se acerca de nuevo a Regina que había vuelto a meter el sombrero en su caja.
«A propósito de tratos. ¿Qué le has dado a cambio a Rumpelstiltskin?»
Regina se encoge de hombros indiferente
«Nada importante»
«¡Regina!»
«James, ¿me harías el favor de ir a buscar a Jefferson? Pregunta a Henry, en su libro estará su historia y su retrato»
James mira a su mujer que con la mirada suplicante asiente, le da un beso en la frente y corre fuera del cementerio.
Regina suspira, y con su magia empequeñece la caja que contiene el portal y se la mete en la chaqueta.
«Así será más cómodo. Ahora vamos a buscar los otros ingredientes de la lista. Para algunos debemos ir al bosque, para otros bastará el supermercado»
Blancanieves corre hacia Regina y la toma por un brazo deteniéndola.
«¿Qué le has dado a cambio?»
«No ceo que…»
«Dímelo»
Regina suspira de nuevo. Lo hacía demasiado a menudo, inconscientemente se lleva una mano al vientre recordando el toque de Rumpelstiltskin.
«Me ha quitado la posibilidad de tener un hijo»
«¿Qué? ¿Y tú has aceptado Regina? ¿Cómo has podido?»
Esta vez Regina en vez de suspirar, resopla sonoramente, echando a un lado a Blancanieves y continuando su caminata fuera del cementerio. Blancanieves en seguida volvía a estar detrás de Regina
«¿Qué no has comprendido de la frase "moriré pronto"? No cambia nada el que pueda o no tener hijo, ¿no crees?»
Blancanieves detiene de nuevo a Regina, tirándole de la chaqueta.
«Pero, encontraremos un modo de evitarlo»
«No hay ningún manera. ¿Crees que ya no lo he pensado? Ok, en principio quería morir, pero después de Emma, he pasado horas intentando descubrir cómo sobrevivir a todo esto. Y ¿sabes qué he descubierto?»
Blancanieves se queda parada, con la mano aún en la chaqueta de Regina que con la mirada encendida la miraba a los ojos
«No se puede. No puedo escapar. Es mi destino. Moriré, así que si para pasar los restantes días de mi vida con Emma debo renunciar a tener hijos, pues ok, adelante»
Sacude rápidamente la mano de Blancanieves de su chaqueta para girarse de nuevo y continuar su camino.
«Pero, ¿no desearías un hijo?»
Regina se detiene de repente, dando de todas las maneras la espalda a Blancanieves que, un poco más allá, se aferra su chaqueta esperando una respuesta.
«Está Henry…»
«No es eso lo que te he preguntado. ¿No querrías que una vida creciese dentro de ti poco a poco, que te hiciese saber su presencia con una patadita cada mañana, que se alimente de ti y que se duerma entre tus brazos cada noche?»
¿Qué si lo quería? Claro que sí, diablos. Antes de adoptar a Henry había pensado en la inseminación artificial. Sí, también había pensado en los tobillos hinchados, las náuseas matutinas y en el peso de un hipopótamo, pero no le importaba. La idea de poder crear una vida con sus ojos o su cabello. Una pequeña vida que se le pareciese en los movimientos y en el carácter. Sangre de su sangre. Después, había pensado en la adopción solo por el simple hecho de que jugaba un papel importante y temible en Storybrooke. Era la dura y con una barriga y los antojos sería todo menos dura.
«No»
Una respuesta seca y sin entonación que hace tambalear a Blancanieves. Ella ha dicho "no" mientras el temblor de sus piernas, la rigidez de su columna y los puños cerrados chillaban a voz en grito "Sí"
«Entonces Blancanieves, ¿quieres echarme una mano con esta lista o piensas estar ahí como una farola todo el día?»
James ha vuelto a casa y esperándolo estaban Emma y Henry, inmersos en una partida de ajedrez.
«Jaque mate»
Emma resopla, mientras el muchacho golpeaba su rey haciéndolo caer fuera del tablero.
«Hey, chico, ¿dónde has aprendido a jugar tan bien al ajedrez?»
Henry se deja caer de mala manera en una silla mientas bebe un vaso de jugo de pera.
«Me ha enseñado mamá»
Se endereza al ver a Emma que lo mira con un extraño gesto en el rostro.
«¡Henry!»
«Sé que me has dicho que no hable de ella, pero siempre será mi mamá»
«Yo soy tu madre. Escucha, el darte en adopción fue la mayor estupidez que he hecho en este mundo, pero el error más grande fue permitir que una mujer como Regina te adoptase»
«Sin embargo, y a pesar de todo, ella ha sido una buena madre»
«Por favor, no hablemos de eso, ¿ok?»
Henry asiente en el momento en que el abuelo entra en la casa.
«Hola abuelo»
«Hola Henry, Emma. ¿Qué estáis haciendo?»
«Hola. Tu nieto me acaba de dar un paliza al ajedrez»
«Oh, bravo, Henry»
Henry sonríe, mientras Emma se levantaba de la mesa con el tablero en la mano y una sonrisa estampada en la cara.
«Bien, después de esta derrota, yo y mi vergüenza nos vamos a esconder en la habitación a guardar este juego infernal»
Tras decir esto, desaparece tras la puerta, y James se acerca al nieto.
«Henry, ¿cómo va?»
Henry se encoge de hombros, derrotado, y se echa como un peso muerto en el sofá, seguido del abuelo.
«No quiere creer un palabra de lo que le he dicho con respecto a ella y a mamá. Cuanto más hablo más antipática se pone»
James abraza fuertemente al nieto, antes de sonreírle.
«Tranquilo, encontraremos una solución para traer de vuelta a Emma»
Henry asiente triste.
«A propósito de eso, necesito de tu ayuda para encontrar a una persona»
«¿A quién?»
«Jefferson»
«No sé quién es»
«Me ha dicho tu madre que es la única persona que nos puede ayudar. Debe abrir un portal. A través de un sombrero. Ha dicho que es muy probable que su historia esté en tu libro de cuentos. Tiene que ver con el País de las maravillas o algo parecido»
Henry se pone a pensar en a quién puede estar refiriéndose James, y de pronto tiene una idea. Pero, ¡claro!
«El sombrero loco»
James lo mira confuso, su nieto saca el libro y pasando rápidamente las hojas señala una imagen de un hombre que intentaba coser un sombrero.
«Sin embargo nunca lo he visto en la ciudad»
James sonríe orgulloso al nieto
«Yo sí Henry, después de la maldición vino en búsqueda de su hija, Grace.
«¿Grace? Está en mi misma clase»
James se levanta.
«Pero, ¿qué quiere hacer mi madre con Jefferson?»
«Hemos encontrado una poción para deshacer el hechizo de Byron, pero necesitamos un ingrediente que se encuentra es ese mundo de las maravillas. Tu madre quiere a Jefferson para que abra el portal e ir a buscarlo. Ahora debo encontrar rápidamente a este sombrerero loco»
Henry se levanta sonriendo y coge la chaqueta, pero al mirar al abuelo se vuelve a sentar desilusionado.
«Henry…»
«Sí, lo sé, debo estar con ella. Está bien. Pero al ajedrez no juego más, es dura de engañar.
James abre los ojos.
«¿Qué? ¿Has hecho trampas? Pensaba que Regina te había enseñado a jugar»
«Sí, pero ella siempre me ganaba»
«Mi señora»
Cora y Rumpelstiltskin están alegremente sentados, bebiendo un té y charlando de esto y lo otro como viejos amigos. Byron acaba de entrar en la estancia, vestido elegantemente con un semblante un tanto preocupado.
«Byron, has llegado justo a tiempo para las anécdotas de Rumpelstiltskin»
«Mi señora, tenemos un problema»
Cora deja sobre la mesa la taza de té, y mira al rubio.
«¿Qué tipo de problema?»
«Regina ha encontrado el modo de liberar a Emma de la maldición. Alguien le ha dado la receta para una especie de antídoto. Ahora quiere abrir un portal hacia el País de las maravillas para recuperar un ingrediente de la lista»
Cora frunce el ceño mirando divertida a Rumpelstiltskin que tranquilamente sorbía su bebida caliente y aromatizada.
«Y ¿quién le habrá dado la receta? Poco importa. Repito, no es importante lo que haga Regina para salvar a aquella buena para nada. Cuanto más poder consuma, mejor para nosotros»
«¿Así que la dejamos hacer?»
Cora se acerca a Byron y, sonriente, le apoya una mano en el pecho y lo mira directamente a los ojos.
«No veo por qué no. Ya tendrá suficientes problemas para permanecer con vida en aquel mundo de locos. Se dice que la Reina de Corazones no aprecia mucho a mi hija. Qué se las apañe con ella»
Cora se echa a reír, seguida por Byron que había hecho aparecer de la nada una copa de sidra, mientras Rumpelstiltskin permanecía en silencio bebiendo su té.
« Rumpelstiltskin te noto ausente»
«Sencillamente, vuestra majestad, prefiero reír victoriosamente al final»
«¿No será que aquella muchachita llamada Belle te está ablandando?»
Rumpelstiltskin se levanta tirando al suelo la tetera y acercándose peligrosamente a Cora que no dejaba de sonreír, mientras el hombre la amenazaba con el dedo índice.
«Su majestad no debe ser tan descarada. Acuérdese de quién soy. Belle es asunto mío y por lo que a mí respecta no me estoy ablandando»
Tras decir esto, desaparece en la nada regresando a su vieja casa en los límites de la ciudad. Belle, su adorada Belle, obviamente no está. En el fondo, era también su culpa. Totalmente su culpa. ¿Por qué se estaba metiendo en tantos problemas? Tratos a diestro y siniestro. Pasaba sus días con Cora, para después pactar con Regina mantener la ciudad a salvo. Quizás estaba perdiendo el norte. Se sienta en una silla y mira la pequeña taza desportillada en la vitrina de enfrente. Quizás deba cambiar. Pero Regina le había hecho tanto daño. En primer lugar, escondiéndole a Belle. Hay que decir que también él ha hecho de lo suyo. Se masajea las sienes intentando poner en orden sus ideas. Lo único de lo que está seguro es de Belle. En su vida quiere a Belle. Absolutamente.
Jefferson se encuentra fuera de casa, intentando arreglar junto a su hija algunas flores, cuando delante de él aparece James.
«Si es porque no estoy en el refugio, olvídelo. Dentro de poco mi hija y yo nos iremos de Storybrooke»
James permanece un momento aturdido ante ese hombre de verdad extraño. Está de rodillas delante de una maceta con un traje de chaqueta, un largo abrigo de color ciruela y una gran pajarita fucsia. Una ropa inusual para hacer jardinería. La hija, Grace, está a su lado: las manos escondidas en dos guantes amarillos y en sus ojos unas gafas demasiado grandes para la cara de la niña, con la montura amarilla y con lunares rojos. Una familia extravagante.
«No estoy aquí para eso»
Jefferson mira a James, se levanta y se limpia las manos en el abrigo. Sonríe a la hija que alegremente se había puesto a recitarle una poesía a una pequeña begonia que no quería florecer.
«Entonces, ¿por qué estáis aquí?»
«Necesito vuestra ayuda»
«Solo soy un sombrerero, y no creo que hayáis venido hasta aquí para haceros un sombrero a medida»
«Regina me ha hablado de vos. Necesitamos que abráis el portal hacia el País de las maravillas»
Jefferson se pone de repente serio, y después se echa a reír. Se detiene de repente y mira a James.
«No»
James, desconcertado ante la reacción de Jefferson, insiste.
«¡Por favor!»
«No. Regina ya me ha engañado una vez. Abandoné a mi hija y no lo haré de nuevo. Además, odio el País de la maravillas, está tan…tan lleno de maravillas. En fin, patético»
Tras decir esto, sonríe a James y se pasa las manos por la cabeza y se arregla la pajarita.
James da un paso hacia delante con las manos alzadas y la mirada suplicante.
«No tenéis que atravesar el portal. Solo debéis mantenerlo abierto el tiempo necesario para permitirnos llegar hasta allí y volver. Nada más»
«¿Por qué queréis ir a esa jaula de locos?»
«Hay una cosa que una vez recuperada nos dará la posibilidad de deshacer el hechizo bajo el cual está mi hija»
Jefferson cierra y abre la boca, jadeando, para después voltear el abrigo y girarse a pensar
«No, no…Pero quizás… Broma, no. Te cortan la cabeza, ¿sabes? De verdad. Lo sé porque me sucedió a mí. Miraba mi cuerpo en el suelo, mientras un imbécil me sostenía por los cabellos. Traumático. Nunca me había visto desde atrás»
James le suplica
«Se lo ruego. Sé que Regina os separó de vuestra hija, pero si ahora no nos ayuda perderé a la mía. Sé que puede comprenderme»
Jefferson se pierde mirando a su hija Grace, que, hundiendo los dedos en la tierra, se había hecho pequeñas líneas marrones bajo los ojos y había declarado la guerra a los insectos que se divertían comiendo las hojas de sus flores. Titubeante, mira a James.
«¿No tendré que atravesar el portal?»
«Exacto»
«¿Solo tendré que controlar que permanezca abierto durante vuestro viaje?»
James asiente otra vez
«Está bien. Pero os advierto, a la primera señal de problemas, me marchó con mi hija. ¿Trato hecho?»
James sonríe y le tiende la mano que fue estrechada por Jefferson que reía feliz
«¡Trato hecho!»
Al terminar el día, cuando el sol ya había desaparecido y en su lugar resplandecía la luna, Blancanieves y Regina, ayudadas por Belle y Ruby, habían conseguido todos los ingredientes.
Habían apenas llegado al jardín público donde James y Jefferson las esperaban. Regina baja la mirada, no es capaz de mirar a Jefferson a los ojos sin culpabilizarse por todo. Continua con la mirada baja hasta que se ve obligada a levantarla para ver qué está sucediendo a su alrededor.
Abre desorbitadamente los ojos cuando junto al grupo ve también a Emma y a Henry.
«Emma ha insistido en venir»
James se le acerca susurrándole en un oído.
«Bien, entonces, ¿nos damos prisa?
Jefferson está impaciente, salta de aquí para allá, mientras Ruby y Belle se sientan con las piernas cruzadas en el suelo.
«¿Dónde está el sombrero? Sin sombrero no puede hacer nada»
Regina saca de la chaqueta la pequeña caja, y la vuelve a agrandar y se la da a Jefferson que feliz de volver a tener el sombrero entre las manos sonríe.
«Bien, entonces, que os quede claro una cosa. En el País de las maravillas no hay reglas, Es decir, sí las hay, pero la Reina de Corazones se las inventa en el momento solo para tener una excusa para córtale la cabeza a la gente. Consejo: no os dejéis atrapar. En cuento entréis en el sombrero, os encontrareis en frente de un centenar de puertas. Atravesad la del espejo y no toquéis las otras. No podréis regresar. Una última cosa que al parecer Regina no comprendió en su momento. El mismo número de personas que entra debe también salir»
Regina asiente y habla
«Sobre eso no hay ningún problema. Iré sola»
«Eso ni se menciona»
Blancanieves se entromete acercándose a Regina.
«Voy contigo»
«Oh, ¡está si es que buena! Tú no irás a ninguna parte. No con Regina»
Emma se acerca alejando a Blancanieves de Regina.
«No podemos dejarla marchar sola Emma»
«Dejando de lado que no comprendo el motivo de toda esta payasada, tú no irás con Regina»
Regina asiente a Blancanieves.
«Tiene razón, debéis quedaros aquí para proteger este mundo de Cora. Me las arreglaré, ya he estado allí, sé cómo moverme»
«Mamá, no quiero que vayas sola»
Henry se acerca a su madre de forma suplicante, mientras Belle y los otros se habían reunido en círculo alrededor de ellos. Regina se arrodilla ante su hijo, y le sonríe.
«Hey, ¿tienes o no tienes una mamá que sabe usar la magia? Estaré de vuelta en un abrir y cerrar de ojos»
«No me dejes»
«Te perdí una vez. No te volveré a dejar Henry. Pero esto tengo que hacerlo, por Emma»
El silencio había calado en aquel pequeño parque de juegos. Henry apretaba la mano de su madre y esta le sonría llena de esperanzas.
«Disculpad, no quisiera interrumpir este gran momento, pero dentro de poco es la hora del té y no quiero perdérmela»
Belle lo mira extrañada
«¿Té? Pero si son las diez de la noche»
«Siempre es hora para un buen té. Así que Regina, date prisa»
Regina se acerca a Jefferson que se estaba preparando para abrir el portal dejando en el suelo el sombrero de copa
«Te acompaño yo»
Ruby se había levantado de un salto y corre hacia Regina y Jefferson.
«¿Qué?»
«Te acompaño yo. Venga, siempre he soñado con marchar fuera de Storybrooke y ahora tengo la posibilidad»
«¿Te das cuenta de que no serán unas vacaciones Ruby?»
«Sí, Blancanieves. Pero, en fin, razonemos, ¿quién podría acompañarla? Tú y James seguro que no. Henry, lo descartamos a priori. Emma, sería extraño y Belle, bueno, Belle, sin ofender, ha estado encerrada en un manicomio durante 28 años, no creo que lo consiguiera»
Belle alza el pulgar sonriendo.
«Totalmente de acuerdo»
«¿Así que quieres acompañarme?»
«Regina, no creo que sea analfabeta. Sí. Admítelo, tendremos más posibilidades si somos dos»
«Es peligroso»
«Por eso te será útil una dulce muchacha lobo»
Regina suspira mientras Jefferson ya ha abierto el portal que se agrandaba poco a poco frente a ellos, como un enorme agujero negro. La Evil Queen asiente, mirando primero a todo el grupo, regalando una larga mirada llena de amor a Emma.
«Haré que vuelva la verdadera Emma»
A continuación entrelaza sus dedos a los de Ruby, que, en el momento antes de saltar, sonríe
«¡Kawaboonga!»
Ambas caen un par de metros hacia abajo para encontrarse después en la completa oscuridad.
