Hola chicas. Llegamos al capítulo 20, el más extraño de todos, el que se desarrolla en el País de las Maravillas. Tengo que pedir perdón de antemano por si cometo algún fallo de traducción en este capítulo, porque hay un personaje que no he localizado su versión en español así que he mantenido el nombre en italiano (en cursiva) y además la intervención del gato en italiano está en rima, y aunque lo he intentado creo que no me han salido muy bien esas rimas. Pero como son meras cuestiones formales que no afectan al contenido de la historia, no creo que sea un gran problema. Este viaje al País de las Maravillas se desarrolla en este capítulo y en el próximo.
Capítulo 20
«Vaya mierda de vuelo»
Ruby se sienta masajeándose la espalda con una mano mientras intentaba ver dónde se encontraban.
«La otra vez fue más sencillo, creo que se debió a que Jefferson estaba conmigo. ¿Todo bien?»
Ruby se estira los dedos y resopla todavía con la vista nublada
«Creo que sí. Afortunadamente he caído sobre algo blando»
Regina abre finalmente los ojos, y se palpa después la cabeza que le estaba doliendo. Mira alrededor, frunce el ceño y pellizca a Ruby en un hombro.
«Has caído sobre mí»
Ruby se gira hacia la mujer y descubre que está sentada sobre las piernas de Regina, mientras que esta la mira confusa. Se levanta de un salto y ayuda a Regina a levantarse.
«Ehm, perdona»
Regina sacude la cabeza e intenta estirar las arrugas de la camisa, después mira a su alrededor. Se encuentran en una sala circular con el suelo de parqué y alrededor de ellas más de millar de puertas de formas y de colores diferentes.
Ruby se acerca a una puerta de color teja y acaricia el pomo de oro
«No la abras»
Regina la coge de un brazo alejándola de aquella puerta, para a continuación detenerse delante de un enorme espejo, y señalárselo a Ruby.
«Esta es la entrada al País de las Maravillas»
Ruby toca con el índice la superficie reflectante que, como un espejo de agua que se encuentra con una piedra, se encrespa un momento para volver a la calma.
«Wow, creo que nunca he visto algo parecido»
Regina le sonríe como si sonriese a un niño pequeño que por primera vez ve las luciérnagas.
«Escúchame Ruby, cuando pasemos al otro lado, debes prometerme que me escucharás y que harás todo lo que te diga. El País de las Maravillas parece un lugar estupendo donde estar, pero todo es una máscara»
«¿Qué quieres decir?»
Regina permanece un momento en silencio eligiendo las palabras adecuadas para describir el mundo que iban a visitar en seguida.
«Imagínate todas los miedos y las locuras que se pueden encontrar en la mente humana. Mételas todas juntas en clave de ironía, añade un poco de sarcasmo y quítale toda la razón. Lo que aparece es el País de las Maravillas. Puede parecer divertido, pero cuando comprendes que es lo contrario ya es demasiado tarde»
Ruby mira el espejo acariciando el marco taraceado, después se gira hacia Regina que la miraba con ansia.
«Ok, prometo ser buena»
Regina sonríe y asiente, para a continuación ver que Ruby la coge de la mano y le guiña un ojo.
Atraviesan a la vez el espejo y, de repente, se ven transportadas a un enorme prado en el que se aprecia un estrecho camino de tierra que se perdía a lo lejos. El cielo era azul sin sombra de nubes, y frente a ellas se extendía una grandísima llanura hecha de altísima hierba, enormes setas y flores altas como rascacielos.
Ruby abre la boca soltando la mano de Regina y dando unos pasos hacia delante para tocar la hierba, para asegurarse de que fuese real. Se gira hacia Regina abriendo los brazos y abriendo aún más la boca sonriendo
«¡Es fantástico!»
Regina mira alrededor, controlando que no hubiese ningún peligro cerca, y después sonríe a Ruby que no dejaba de mascullar alegremente mientras con la mano tocaba cualquier cosa que se encontraba a mano.
«Venga, date prisa. Antes encontremos esa especie de oruga, antes nos vamos»
Ruby se aclara la voz, intentando encontrar el control para seguir a Regina que había comenzado a caminar.
«Es…todo…todo enorme»
«Ya…no confíes demasiado»
Ruby frunce el ceño, mirando alrededor
«¿En quién? No hay nadie»
Regina sacude la cabeza, acercándose a un grupo de begonias que le llegaban al pecho
«Necesito hablaros»
Ruby se acerca a Regina intentando comprender con quién hablaba, y se da cuenta de que efectivamente la mujer estaba hablándole a las flores.
«Ehm…Regina, son flores. No hablan»
«Eso es lo que tú dices flacucha»
Ruby da un salto hacia atrás al sorprenderse de que una de las flores le respondiese.
«Matilda, ¿cuántas veces te he dicho que no se usa ese tono con los recién llegados?»
Una begonia más grande golpea dulcemente su hoja sobre el tallo de la begonia que le había hablado primero a Ruby.
«Mamá…»
«Nada de mamá. Ahora calla, que hablo yo con este amable ser de dos tallos»
La begonia más grande se dirige a Regina que se había doblado para encontrarse de frente a la flor.
«Pido perdón por mi hija. Pero ya sabe, cuando son tan jóvenes y fértiles tienen tantos pétalos en la cabeza y no saben lo que dicen»
Regina sonríe asintiendo, mientras Ruby está con la boca abierta justo detrás de ella.
«No se preocupe querida. Entiendo perfectamente. Pido perdón por haber interrumpido vuestra diaria fotosíntesis, pero necesitaría indicaciones»
Ruby decide acercarse al grupo de flores, y se sienta delante de la que antes le había respondido mal.
«No se preocupe, estamos a vuestra disposición, y Matilda, discúlpate ante la señorita»
La begonia más pequeña tiende a Ruby una hoja
«Perdón, no quería faltarte el respeto»
Ruby sonríe, sorprendida, pero al mismo tiempo divertida al encontrarse hablando con una flor.
«Tranquila. En realidad soy una flacucha. Soy Ruby»
Le aprieta suavemente la hoja, y se ponen a hablar de moda y colores, discurso que Regina deja de escuchar porque intenta hablar con la begonia más grande.
«Yo soy Gilda, encantada de conocerla. ¿Cómo podemos ser útiles?»
«Yo soy Regina. El placer es todo mío. Querría preguntarle si conoce el camino para llegar hasta la Oruga azul»
La begonia asiente señalando un camino en mitad del prado a su derecha.
«Ese es el camino, ciertamente. La acompañaría encantada, pero sabe cómo es, en este lugar hemos echado…raíces»
Tras decir esto, comienza a reír seguida por las otras begonias. Regina pinta su cara con una sonrisa de circunstancia seguida de Ruby que querría haber mostrado la piel de gallina después de aquella horrible intervención. Se alzan para mirar el camino señalado por las flores.
«Tendréis que recórrelo entero, y por desgracia tendréis que atravesar los territorios de la Reina. Conservad pegadas vuestras cabezas»
Las begonias se echan otra vez a reír, mientras Regina levantaba la mirada al cielo.
«¿Cuánto cree que se tardará en llegar a la Oruga azul?»
La begonia mueve las hojas y toca a otra flor
«Eh, Britilde. ¿Cuánto crees que se necesite para llegar de aquí a aquella chimenea de la Oruga azul?»
La flor en cuestión se estira, para a continuación sacudirse y perder un pétalo.
«¡Valor! Creo que con esos pétalos que tenéis, un día. O más, o menos»
Regina se aproxima de nuevo al grupo de flores
«¿No conocéis un modo para llegar en menos tiempo?»
La begonia más pequeña chilló contenta y Ruby se pregunta cómo una flor puede chillar
«Claro, basta con los palli pedoni»
Todas las flores suspiran asustadas y algunas de ellas se encierran en sus capullos provocando la curiosidad de las mujeres
«¿Los palli pedoni?»
«Matilda, qué idea más mala has tenido»
«¿Qué son los palli pedoni?»
«Son las monturas de la Reina de Corazones. Con ellos solo tardaríais una tarde, pero arriesgaríais la cabeza. La reina no quiere que nadie utilice sus criaturas»
Ruby mira a Regina que le asiente y se acerca después a la última flor que había hablado
«¿Dónde encontramos esas cosas?»
«Si seguís este camino, llegareis a una enorme plaza. Normalmente dejan estacionadas las monturas ahí»
«Muchas gracias. Adiós»
Ruby se pone al lado de Regina que ya se había puesto en marcha hacia el próximo destino cuando una pequeña margarita llamó su atención
«¿Te llamas Regina?»
Regina asiente
«Sí, soy yo. ¿Por qué?»
«Porque nuestra reina, hace muchos años, emitió un mandato en el que dice que quienquiera que encuentre a una mujer de nombre Regina debe avisar a la guardia real. Quiere cortarle la cabeza»
«No soy yo»
«Lo espero por usted»
Ya llevaban una hora caminando bajo el sol, completamente en silencio.
«¿No crees que empezarán a preocuparse en casa?»
Regina intuyendo la preocupación de Ruby le sonríe tranquilizándola
«Aquí el tiempo transcurre de manera distinta. Un día aquí, en nuestro mundo solo serían unas tres o cuatro horas»
Ruby asiente
«¿Quieres decir que también las fases lunares son distintas aquí?»
«Eso no lo sé, lo siento»
Ruby mira al cielo aún azul. El sol relucía esplendido mientras una pequeña nube, de color verde, paseaba alegre a su lado.
«¿Así que podría transformarme en este mundo?»
«Si la luna llena se presenta, sí. Pero no te preocupes, el anillo que di funcionará»
«No es eso lo que me preocupa»
Regina se para y se gira hacia la muchacha.
«¿Qué es entonces?»
«Es que no espero con ardor el momento de la transformación. Será rápida y muy dolorosa»
Regina no sabe qué hacer. Consolar no era realmente uno de sus gestos más utilizados, pero después de haber comprobado que durante ese período Ruby y Blancanieves la habían consolado bastante, prueba a hacerlo. La toma de la mano estrechándosela fuertemente
«Estaré yo a tu lado. Te ayudaré a afrontar el dolor»
Ruby sonríe.
«Wow»
«¿Qué?»
«Si me hubiesen dicho que en un futuro me encontraría siendo consolada por Regina Mills, me habría partido de risa»
«Por si te ayuda, si me hubiesen dicho que en un futuro me enamoraría de mi peor enemiga, que fraternizaría con Blancanieves y que te tendría como ayudante, me habría partido de risa también yo»
Se miran durante un momento y se echan a reír de verdad, después Ruby estornuda y Regina hace aparecer un pañuelo de la nada.
«¿Todo bien?»
«Sí, es que soy alérgica a los…»
Un gato violeta y rosa aparece delante de ellas, felizmente echado sobre una rama
«gatos»
Regina mira al gato que de manera horrorosa le sonríe
«No, tú no»
«La mujer de negro se ha asustado y para protegerse un pequeño lobito ha portado»
Regina mira de forma hostil al ser que acababa de hablar en rima.
«Regina, dime que eso no es un gato que habla en rima»
Regina sacude la cabeza
«Ruby él es el Gato de Cheshire. Uno de los seres más enervantes de este mundo»
«Cuánta mala educación, cuánto tiempo ha pasado desde que a su padre liberó de esta prisión»
El gato gira 360 grados la cabeza emitiendo un grito que asusta a Ruby que entre un estornudo y otro había retrocedido algunos pasos
«Ha pasado algo de tiempo, saco de pulgas. Me gustaría conversar contigo, pero debo irme. Vamos Ruby»
Toma a la muchacha de la mano y se aleja, pero vuelve a encontrarse al extraño gato sentado cómodamente sobre una piedra, y sonriéndole mientras la miraba
«Cuánta prisa tiene mi querida amiga, pero de una cosa sé que va a ser advertida, este viaje será su ruina si a salvar a su amada está decidida»
Regina se tensa, parándose de repente, mientras Ruby se acerca al gato manteniendo una mano en la nariz intentando no estornudar.
«¿Qué quieres decir?»
El Gato de Cheshire la mira a los ojos
«Digo solo que Regina ha de morir si salvar a Emma ha de decidir. Pequeño lobo, no te desesperes, de tu vida preocuparte no debes»
«Primero, no me llames pequeño lobo, si no juro que te castro. Y segundo, ¿qué quieres decir con que morirá si quiere salvar a Emma?»
«Déjalo Ruby. Es mejor seguir. Antes encontremos a la Oruga azul, antes nos vamos»
Ruby pasa por encima del gato seguida de Regina que lo empuja con un pie sin preocuparse por si le hace daño.
Este último aparece de nuevo frente a ellas
«¡Qué cojones! Empiezo a odiar este sitio»
Regina asiente
«Eh, queridas mías. Estamos todos locos aquí, en este país. Pero en fin, nos lo decimos, mejor estar locos que estar sanos y pagar la cuenta. De todas maneras para responder a la pregunta de tu amiga peluda, ¿pensabas de verdad que llegar a la Oruga azul resultaría un camino de rosas? La Reina de Corazones quiere hace tiempo tu cabeza y espera solo tu visita para hacer fiesta. Será divertido verte escapar del caballero sin alma, él tomará tu energía penetrándote con una lanza del todo anónima»
Regina resopla masajeándose las sienes e intentando no perder el control, mientras Ruby intenta no darle una bofetada al gato. Continua haciendo alusiones a su mitad lobo, alusiones que Ruby odia.
«La Reina de Corazones me quiere muerta, ¡qué novedad!. Ahora, tus rimas me están dando ganas de hacerte explotar, pero te daré la posibilidad de irte y de que nos dejes en paz. ¿Un caja de Friskies?»
Ruby sofoca una carcajada, mientras el Gato de Cheshire desaparecía en la nada
«A mí no me debes nada Regina cara, sepas solo que para los guardias de su majestad tu vida es una cosa preciosa y bastante rara»
Tras decir esto desaparece en la nada dejando a las dos mujeres con la boca seca y en completo silencio. Ruby se mueve y toca el hombro de Regina.
«¿Hablaba en serio?»
«Espero que no Ruby. Espero verdaderamente que no»
«Creo que esta es la plaza»
Después de caminar durante una media hora larga, el camino había desembocado en una pequeña extensión llana y de tierra, en el centro de la misma hay una fuente enorme en forma de corazón.
«Regina, no veo caballos por aquí»
Regina rodea la plaza asintiendo a Ruby. No había animales por allí. Solo enormes columnas pintadas, tiradas en el suelo.
«¡Demonios!»
«¿Y si aquel grupo de hierbas nos han mentido?»
«Espero por nuestra vida que no Ruby. Calla, alguien viene»
De un pequeño sendero lateral, aparece un caballero con una túnica blanca con corazones rojos sobre la armadura. Regina y Ruby tienen tiempo de esconderse detrás de un seto. El guardia se acerca a la fuente para beber un sorbo de agua.
«¿A qué adivino? Este es un guardia de esa lunática Reina de Corazones»
Regina asiente divertida
«Bien, probemos a preguntarle dónde podemos encontrar esas monturas»
Regina se transforma en la Evil Queen y sale al descubierto. El guardia escupe el agua que tiene en la boca y la abre ante la vista de la mujer. Obviamente sabe quién es. Detrás de ella, una muchacha con largos cabellos y extraños ropajes estaba sentada en el suelo. El guardia intenta sacar su espada, pero Regina con un veloz movimiento de la mano le desarme sonriéndole.
«Oh, pobre. Espero no haberte asustado, pero verás tengo algo de prisa»
De forma lasciva, se acerca al hombre que paralizado miraba el profunde escote del corsé de Regina.
«Tú..tú…tú eres…»
«Intenta decirlo con todas las palabras, mono tartamudo»
«¡Tú eres Regina!»
«¡Tómbola!»
Ruby sonríe y se acerca a Regina que con un gesto de la cabeza había levantado al guardia del suelo.
«Siento el olor del miedo desde aquí Regina. Venga, bájalo»
Regina obedece dejándolo caer. El guardia se alza recuperando la espada y apunta con ella a Regina, que se echa a reír.
«Hombres, si no mostráis algo largo y peligroso no sois felices. Solo quiero información»
El guardia permanece en silencio mirando primero a Ruby y después a Regina. La espada que temblaba.
«Dinos dónde están los palli pedoni y te dejaremos vivo»
«Pero. ¿Para qué querríais las monturas de la reina?»
Ruby avanza. La mirada famélica sobre el guardia, se lame los labios, y pasa, sonriente, una mano sobre la espada.
«Asunto nuestro. Entonces, ¿quieres decirnos dónde están o prefieres que te deje aquí, con mi amiga? Ella sabe ser una verdadera malvada»
Regina sofoca una carcajada para sostener a Ruby, mientras el guardia se piensa la idea de abrir la boca para hablar.
«La reina quiere tu cabeza, si os ayudo, perderé la mía»
«¡Qué novedad! La reina quiere lo que nunca podrá tener. La cuestión es si tú quieres morir lentamente sufriendo las penas del infierno o ayudarnos y fingir que no nos has visto»
Ruby asiente dando valor al guarida para que hablase.
Este suspira, derrotado, enfunda la espada y señala las columnas que estaba en el suelo. Y silba. Poco a poco, las columnas comienzan a temblar, y se levantan arqueándose.
«Son ellos los palli pedoni»
Regina mira sorprendida esas especies de enormes gusanos amarillos, rojos y azules, que emitían rebuznos y que corrían de un lado a otro alrededor de ellos. Ruby se acerca a uno de ellos y le acaricia una extremidad
«¿Y estos son los caballos?»
El guardia asiente y señala la parte que Ruby estaba tocando.
«Para ser exactos, eso es el trasero»
Ruby se pone roja, Regina reía burlonamente mientras se acercaba a otro de los palli pedoni. Este se le acerca rebuznando y mostrando enormes ojos azules. Como si la química que tenía con los caballos funcionase también con estos extraños seres, monta en la grupa de esta insólita criatura que emite un chillido divertido.
Ruby tose incómoda.
«Si no abre los ojos es imposible detectar cuál es el derecho o el revés»
Detectada la cabeza, sube lentamente también ella a la grupa, pero mira confusa al animal.
«Solo tengo una pregunta Regina ¿Cómo diablos los guiamos?»
Regina se había pedido en hacer caricias sobre lo que debía más o menos ser el cuello del animal cuando vuelve a poner atención a Ruby
«Tienes razón»
Con un gesto de la mano hace aparecer encima de las criaturas unas especies de riendas a las que las mujeres se agarran. El guardia levanta la mano y señala un sendero secundario detrás de los arbustos.
«Bien. Te doy las gracias. Ahora te estás aquí, digamos que una hora, una hora y media. A continuación, si quieres avisar a la reina, eres libre de hacerlo. Aunque, si fuese tú, no me arriesgaría»
Cuando termina de hablar, comienza a trotar, seguida de una torpe Ruby, hacia el centro desapareciendo de la vista del guardia.
«Diablos, es más fácil conducir una moto sin carnet»
Ruby intentaba que el animal caminase derecho, que, sin embargo, saltando de aquí a allá, se salía cada dos por tres del sendero. Regina se le pone al lado, y acaricia la cabeza del animal calmándolo.
«Shhh, tranquilo. Venga, Ruby, no es tan difícil. Como montar a caballo»
Ruby observa a Regina que sin sujetar las riendas hacía caminar a las dos criaturas a paso ágil
«¿Quién te enseñó a cabalgar?»
«Daniel»
Regina sonríe tristemente, mientras Ruby se llama mentalmente estúpida.
«Perdona»
«Tranquila. Después de lo que ha sucedido es un capítulo cerrado. Amé a Daniel con todo mi corazón, de verdad, pero ahora lo que siento por Emma me ha hecho comprender qué es el verdadero amor. Por eso estoy aquí montando una especie de bastoncillo gomoso. Por ella»
Regina abre la boca sorprendida
«¿Qué ocurre?»
Ruby la mira confusa mientras Regina baja la mirada.
«Nada, es solo que no estoy acostumbrada a exteriorizar así mis sentimientos. Pensaba que era una debilidad»
«De las dos la más fuerte eres seguramente tú, y eso no cambiará solo porque me hayas dicho que amas a Emma. Además, el amor es la cosa más poderosa del mundo»
Regina sonríe y comienza a cabalgar más rápido seguida de Ruby que ante el miedo de caer se ha abrazado al palli pedoni que alegre y feliz seguía a Regina a lo largo del camino.
