Capítulo 21

«¿Henry estás seguro de que no quieres volver a casa? Tienes cara de cansado»

Blancanieves se había acercado al nieto que, algo adormilado, estaba sentado en el suelo con las piernas cruzadas al lado de Belle, que leía el libro del muchacho.

Henry levanta la vista hacia la abuela sonriendo y aguantando un bostezo.

«No, me quedo aquí»

«Pero te avisamos si tienes que volver»

«No, abuela, quiero estar aquí»

Blancanieves sonríe al nieto despeinándole la cabellera morena y mirándole a los ojos.

«Al menos, intenta dormir un poco»

«Tu abuela tiene razón. ¿Qué te parece si te cuento una bella historia, ¿eh?»

Belle, que quiere ser de ayuda, rodea los hombros de Henry con un brazo, mientras con la otra mano alejaba el libro de cuentos.

Henry mira primero a la abuela y después a Belle que sonreía alegre. Asiente cansadamente y se deja caer apoyando la cabeza sobre las piernas de Belle. Blancanieves coge su chaqueta y cubre a Henry, y le pone la mano en el hombro a Belle para darle las gracias.

«Un placer»

Belle comienza a contarle una historia al pequeño que, debido al cansancio, ya había cerrado los ojos y había partido al mundo de los sueños.

Blancanieves se endereza y mira alrededor. Jefferson, silencioso, está al lado del sombrero/portal, que continuaba girando ininterrumpidamente, mientras sorbía su deseado té, a su derecha James y Emma charlaban en voz baja. Se acerca a estos dos últimos.

«En mi opinión estáis todos locos»

«Emma, dios, eres testaruda como tu madre»

Blancanieves arruga la frente y mira al marido

«¿Yo qué tengo que ver?»

James se gira hacia Blancanieves que con los brazos cruzados esperaba una explicación.

«Nada, Nieves, es solo que tu hija se niega a creer todo lo que ha sucedido después de que la maldición fuera deshecha»

Emma resopla, y se sienta en el suelo con las piernas cruzadas.

«Si me contáis cosas imposibles, ¿cómo hago para creeros?»

«¿Ves? ¡Dios mío!»

Blancanieves sonríe al marido y le toma una mano para tranquilizarlo. Él la mira y le sonríe a su vez, para después acariciarle una mejilla y darle un beso en la frente.

«Hey, ¿se han acabado los bizcochos? ¿Qué es un té sin bizcochos?»

A lo lejos, Jefferson movía los brazos señalando la taza que tenía en las manos. James pone los ojos en blanco y mira a su mujer, le suelta la mano y se dirige hacia Jefferson.

Blancanieves lo observa alejarse, y focaliza su atención en su hija que distraídamente deshojaba una margarita. Se sienta a su lado.

«¿Cuál es tú último recuerdo Emma?»

Emma suspira. Se siente extraña. Alberga una gran rabia en el pecho que, sin un buen motivo, desemboca en un odio profundo hacia Regina. Sí, la odia, pero racionalmente no sabe por qué. Al mismo tiempo se siente vacía, como si hubiese perdido algo por el camino, algo esencial.

Mira a la madre

«Me acuerdo de Henry enchufado a las máquinas del hospital y de cómo Regina le había envenenado. Me acuerdo de haber matado a un dragón y de Henry que se despertada de pronto. Después, nada»

«Uhm, es…»

«Te lo ruego, no me repitas aquello que según vosotros ha sucedido en estos últimos días, porque de verdad es imposible de creer»

«No, tranquila, quiero saber…¿cómo te sientes?»

«Bien»

Blancanieves mira a la hija, le apoya una mano en las piernas y la mira directamente a los ojos. Emma resopla.

«Ok. Me siento extraña. Como si debiese recordar algo, pero no sé qué cosa. Es frustrante, porque pienso en ello todo el tiempo»

«¿Te sientes como si te faltase algo importante, verdad?»

«Sí, exactamente. Además, tengo esta sensación horrible que corre por dentro cada vez que Regina está cerca. La odio con todo mi corazón, pero al mismo tiempo siento que este odio me trae solo dolor. No sé»

«Para mí está todo claro»

Emma mira a su madre un momento y después aparta la mirada para dirigirla a las estrellas ya altas en el cielo. Regina y Ruby se habían marchado hace solo una hora, pero todos deseaban que regresaran ya para cerrar este asunto.

«¿Qué comprendes?»

«Lo sabes muy bien Emma. Es inútil que te lo diga, porque me replicarías»

«Pero…»

«Prueba a unir lo que te llevamos contando desde hace días y lo que te sucede por dentro. Me parece que se puede llegar a una conclusión bastante simple»

Emma resopla de nuevo, en la mente una gran confusión.

«Vamos a dejarlo»

«¿Cuánto falta?»

Ya se había hecho de noche en aquel extraño mundo y de la Oruga azul ni la sombra. Regina resopla mientras mira hacia atrás donde estaba Ruby que, una vez en confianza con el palli pedoni, estaba estirada sobre la grupa mordisqueando una espiga.

«Si me lo preguntas otra vez, te juro que…»

«Perdona, es que estoy muy cansada»

Regina detiene a los caballos y mira al cielo cubierto de estrellas de diferentes colores.

«Quizás es mejor que acampemos»

«¿Qué? ¿Pero no vamos a coger eso que necesitamos? ¿Y si la Reina de Corazones nos está siguiendo?»

Regina baja del palli pedoni acariciándole el cuello y recibiendo como respuesta un alegre rebuzno.

«Llevamos algo de ventaja con respecto a la reina y además estamos cansadas. Agotadas no serviremos para nada»

Da unos pasos hacia delante, hacia el bosque que las rodeaba mientras Ruby se enderezaba sobre la silla. Pero, apenas hubo salido del camino, Regina siente que sus pies se hunden lentamente en un eco de risas proveniente del terreno. Maldice e intenta volver sobre sus pasos.

«Arenas movedizas, maldición»

En poco segundos el terreno con sus risas histéricas se traga a Regina hasta las rodillas.

Ruby se baja del caballo y corre hacia Regina cuando esta la detiene.

«Para, no me sirves si te quedas atrapada también tú»

«¿Por qué no usas la magia?»

«Ya lo he probado, pero según parece, sobre esta cosa mi magia no funciona»

Ruby mira alrededor, volviendo a sentarse en el palli pedoni.

«Espera una momento»

Ruby pone oído percibiendo las risas divertidas que provenían directamente de aquel terreno arenoso.

«¿Son arenas movedizas que ríen»

Regina pone los ojos en blanco, las arenas ya le llegan al vientre.

«¿Caballos con forma de gusanos, flores parlantes y gatos cantarines que te hablan en rima y de verdad te sorprendes de un par de manchas de tierra que se parten de risa mientras yo soy absorbida más rápido de lo que creía?»

Ruby corre de nuevo hacia ella pidiéndole perdón con la mirada y comenzando a preocuparse seriamente cuando del cuerpo de la morena solo quedaba sin cubrir el pecho.

«Estate completamente quieta. Si estás completamente inmóvil, te hundirás más lentamente»

«¿Desde cuándo eres una experta en arenas movedizas?»

«Y yo qué sé. Siempre dicen lo mismo en las pelis de Indiana Jones»

Regina desencaja los ojos levantando los brazos para que la tierra que ya le estaba tragando lentamente el pecho no lo hiciese también con estos.

«Indiana, ¿qué?»

«Indiana Jones, ese arqueólogo atractivo que debe recuperar tesoros escondidos. Quién sabe cómo, pero siempre cae en arenas movedizas»

Regina histérica comienza a gritar

«¿En serio me estás contando la trama de una película mientras estoy plantada como una flor en un jardín?»

Ruby se asusta ante la mirada furibunda de Regina, pero una idea le viene a la cabeza.

«Para, para, quizás tenga una idea»

Con un movimiento casi inhumano sube al palle pedoni que anteriormente cabalgaba Regina, mientras esta intentaba de todas las maneras mantener la cabeza alta, las arenas ya le llegaban al cuello. Ruby toma por las riendas a ambos caballos y con un movimiento que le había enseñado James hace que los palli pedoni se echen.

Al tenderse, se convierten en una enorme columna sobre la cual Ruby se estira y alarga una mano hacia Regina que ya estaba casi totalmente sumergida.

Después de varios intentos, en uno de los cuales casi cae también Ruby en la trampa, sus manos se tocan cuando de Regina ya solo quedaban estas. Ruby con toda la fuera que tiene tira hacia sí haciendo emerger a Regina. Después, poco a poco, retrocede hacia el sendero arrastrando consigo a la morena que mientras tanto intentaba respirar normalmente.

Se dejan caer una al lado de la otra, extenuadas. A continuación Regina, algo temblorosa, apoya el dorso de su mano sobre el pecho de Ruby y sonríe

«Te debo la vida. Gracias»

Ruby agarra la mano de Regina que se mantenía en su pecho y la estrecha.

«De nada. Ahora sí que estoy de verdad cansada»

Regina, lentamente, se levanta y va a recuperar los palli pedoni.

«También yo. Pero esta vez más a buscar un lugar más tranquilo, ¿te parece?»

«De acuerdo, también porque las arenas que ríen me inquietan un poco»

«Oh, pero todavía no has visto las truchas y las tortugas que bailan el tango»

Ruby desencaja los ojos mientras sube al palli pedoni

«¿También existen?»

Regina sonríe

«No lo sé, pero me espero de todo en este maldito lugar»

Después de otro cuarto de hora de viaje, finalmente se detienen en un pequeño claro a lo largo del camino. Después de haber comprobado que no había otras sorpresas, atan los palli pedoni a un árbol y encienden un fuego.

La luna sonriente se asomaba en el cielo

«¿Cómo te sientes?»

Ruby, que se estaba calentando las manos cerca del fuego, mira perpleja a Regina que estaba sentada a su lado. Esta señala el cielo.

«Hay luna llena»

Ruby observa la enorme bola brillante que se suspendía sobre sus cabezas.

«Relativamente bien. Me siento como si por primera vez tuviese una elección. Mi cuerpo está listo para transformarse, pero espera mi orden. Es algo fantástico»

Regina sonríe observando a la muchacha que continuaba mirando la luna con la boca abierta. La dentadura perfecta que resaltaba en aquel rostro circundado por larguísimos cabellos morenos.

«Estoy contenta de que el anillo esté funcionando»

Ruby baja la mirada hacia la mujer que se le sentaba al lado. El fuego reflejándose en sus enormes ojos color chocolate. Los cabellos, que ondulados, enmarcaban aquel rostro ligeramente ambarino.

«¿Regina?»

Regina se gira hacia Ruby, mirándola a los ojos. Ruby sonríe dándole un dulce y alegre empujón.

«Gracias. De verdad, Para mí es muy importante lograr controlar esta cosa»

Regina asiente y vuelve a observar el fuego que, alegre, chisporroteaba en la noche.

«Lo sé. De todas maneras no tienes que darme las gracias. Es lo mínimo que puedo hacer después de todo el daño que he causado»

«En el fondo, no ha sido tan grave»

Regina se gira de nuevo y mira perpleja a la muchacha que se había puesto a juguetear con una rama

«No me malinterpretes. Has hecho cosas erróneas, eso sí, pero comprendo tus razones. Estabas completamente sola y las personas que debían protegerte te hirieron»

Hace una larga pausa y continúa

«Cuando yo…yo maté…sí, en fin maté a mi novio, estaba perdida. Quería morir y al mismo tiempo hacérselo pagar a quien estuviese detrás de mi "enfermedad". Algo imposible de todas maneras. Si no hubiese estado mi abuela, si no hubiese estado Nieves quizás hubiese perdido la razón como tú»

Regina escuchaba perdida la historia de Ruby que lentamente se le estaba abriendo como una flor en primavera.

«La soledad es la causa de todo mal. Si hubiese estado alguien a tu lado. Alguien que realmente te hubiese querido no hubiéramos llegado a esta situación»

«¿Tú crees?»

Ruby le toma una mano, sin dejar de mirar el fuego

«Estoy segura»

Regina sonríe intentando mantener un bostezo.

«Venga, durmamos un poco, mañana tengo la intención de encontrar a esa maldita Oruga azul y volver con Emma y Henry lo más rápido posible»

Ruby asiente echándose cerca de Regina que reaviva el fuego y se echa ella también.

«¿Regina?»

«¿Mmm?»

«Quiero decirte que la mayor parte de nosotros te ha perdonado. Nieves, James, yo y otros. Para mí el pasado está cerrado»

Una lágrima se desliza por el rostro de Regina, mientras se abrazaba a sí misma

«Gracias Ruby, gracias»

Regina mueve la nariz. Oye extraños ruidos que provienen del bosque que tienen cerca, se levanta para ir a ver. Es difícil apartar a Ruby de su cuerpo, ya que por la noche la muchacha se había alargado apoyando cabeza y brazo sobre Regina. La separa rápidamente recibiendo como respuesta un gruñido adormilado. Después de haberse alzado, se restriega los ojos y se estira la espalda lanzando una ojeada a los palli pedoni, que tranquilos, dormían felices.

Presta atención al bosque y a los extraños ruidos que provenían de allí. Intercepta algo brillante entre las hojas y maldice. Corre hacia Ruby y la despierta en seguida.

«¡Despierta! Los caballeros de la Reina de Corazones nos han encontrado»

Ruby se quita velozmente de encima la somnolencia y mira alrededor. Ya es casi de día, aunque la luna todavía se balanceaba alegre sobre ellas.

«¿Qué hacemos?»

Regina le pone una mano sobre la boca haciéndole señas para que se quede callada cuando cuatro guardias con largas espadas las rodean.

Se coloca a su lado y le susurra al oído

«Te he hecho invisible a sus ojos. Ellos me quieren a mí»

Ruby va a replicar, pero Regina le señala de nuevo que se esté callada.

«De alguna manera, me la apañaré, encuentra a la Oruga azul y hazte con el humo. Nos encontraremos después»

Uno de los guardias agarra a Regina por un brazo haciéndola levantarse y la apunta con el arma

«Estaos quieta, su majestad quiere desde hace tiempo vuestra cabeza. Mostradme vuestras manos»

Regina obedece, y es esposada

«¡Seguidnos!»

Los guardias comienzan a caminar, en el medio Regina, que no había dejado ni un minuto de mirar a Ruby que, desconcertada, se había quedado en silencio sentada en el suelo. Desaparece en el bosque del mismo modo en que habían aparecido los guardias para atraparla.

La Reina de Corazones esperaba a Regina sentada en su trono con forma de corazón. Se encontraba en el centro de su enorme jardín donde flamencos rosas y extraños pájaros con forma de bola de varios colores saltaban de aquí para allá. La corte susurraba asustada ante la vista de Regina, que orgullosa, atravesaba la pequeña lengua de cemento que llevaba ante la presencia de la mujer de rojo. Su vestido negro resaltaba sobre los azulejos blancos y el rápido martilleo de sus tacones hacia sobresaltar a los guardias que tenía al lado.

La Reina de Corazones, detrás de su enorme velo rojo, escudriña a Regina, mientras que esta se niega a inclinarse ante su presencia. Habla al criado que tiene al lado y este repite las mismas palabras de su majestad.

«Inclinaos ante mi presencia»

Regina sonríe

«No me he inclinado nunca en mi vida, no comenzaré ahora»

La mujer de rojo habla de nuevo a través de su criado

«No podéis faltarle el respeto a quien os tiene en un puño»

«Ya me escapé una vez de esta jaula de locos»

«No creo que escapéis ahora»

Regina intenta usar la magia, pero se queda con la boca abierta. Había pensado alejarse para salvar a Ruby, y a continuación usar la magia para escapar, pero no había previsto que los guardias le atasen las manos con una cuerda que le bloqueaba sus poderes.

«Estáis atrapadas, Regina»

Regina esconde su sorpresa y sonríe burlona

«No soy tan fácil de capturar»

Opta por un movimiento más drástico, de repente se gira hacia los guardias, que la mantenían, arrastrando la larga capa por el suelo y los golpea. Estos se doblan de dolor permitiendo a Regina escapar hacia el laberinto. Iba a entrar en él seguida de los guardias cuando la mujer de rojo se alza del trono y habla

«No os conviene, querida. Sabes al igual que yo que sin ayuda es difícil atravesar mi laberinto»

Regina se detiene, tiene razón. Sin ayuda de la magia no tiene salida. Los guardias la atrapan y la vuelven a llevar ante la reina.

«Llevo siglos esperando este momento. Ahora tendré vuestra cabeza, querida»

Regina resopla intentando liberarse del férreo agarre de los guardias.

Una mujer gordezuela, llena de granos y verrugas, maquillada exageradamente se le acerca y le pone la mano sobre su vientre plano

«Su majestad, de este cuerpecito todo huesos solo se podrá hacer caldo. Podremos cebarla, pero se necesitara tiempo»

La mujer regordeta es callada en seguida

«Calla, harás tu dichoso caldo a su tiempo»

La mujer de rojo baja la escalinata que la separaba de Regina y se le acerca. Le acaricia una mejilla y después el cuello.

«Será divertido ver cómo te cortan la cabeza, querida mía»

Regina se aleja del agarre de la mujer.

«Y entonces, acabemos ya»

«No, querida. Este es un gran acontecimiento. Será una fiesta. Todo el País de las Maravillas reunido para admirar tu cabeza en una pica, ¿qué te parece?»

«Un poco macabro»

«Tranquila, añadiremos festones de colores y confeti»

La mujer, a continuación, se dirige a los guardias

«Llevadla a las mazmorras»

Ruby se había puesto en camino a lo largo del sendero que el día anterior recorría con Regina. Los palli pedoni estaban agitados, quizás porque sentían la ausencia de aquella mujer que con un solo toque sabía tranquilizarlos. Ruby está preocupada, pero al mismo tiempo se fía de Regina. Sabe que encontraría un modo de escapar y unirse con ella.

Ahora su objetico es encontrar el ingrediente que faltaba y estar al acecho. Mientras pensaba, comienza a escuchar una extraña cantinela que provenía del final del sendero. Baja del palli pedoni, lo ata a una rama y se acerca a aquel sonido.

Se sorprende al ver que aquella cantinela formada por extraños sonidos la hacían dos hombres. Dos hombres con sobrepeso. Dos gemelos que llevaban extravagantes pantalones con tirantes rojos, una camisa amarilla, una enorme pajarita azul y un sombrerito rojo con una banderita amarilla que serpenteaba a cada movimiento.

Los dos hombres la ven y se acercan, mientras Ruby retrocedía indecisa sobre qué hacer. La rodean, y asustada sonríe

«Ok, ¿quién sois vosotros?»

Se da cuenta de que sobre sus puños están grabados sus nombres

«¡Pinco…Panco y Panco…Pinco!

Ruby desencaja los ojos, indecisa si reír o comenzar a preocuparse de verdad.

Uno de los dos da un empujón al otro que emite un sonido semejante al de un claxon.

«Si nos crees títeres, deberías pagarnos para vernos»

El otro responde rápido al empujón con otro empujón, Ruby mira a su alrededor asustada

«Y si nos crees personas vivas deberías saludarnos»

Tras decir esto, comienzan a improvisar un golpeteo produciendo sonidos extraños con la boca como trasfondo. Saltan de aquí para allá, en el sendero, dando vueltas alrededor de Ruby que no puede dejar de reír. Acabada la danza, se vuelven a colocar delante de Ruby.

«Esto es lógico»

Ruby da unos pasos hacia atrás para alejarse

«Bieen. Adiós»

Se gira para volver hacia los palli pedoni, pero aquellas dos extrañas criaturas le corta el camino y comienzan a cantar.

«Tú comienzas al revés…»

«Y ya la primera cosa que hacer teniendo conocimiento es…»

Juntos entonan un canto, mientras improvisan un giro cogiendo de las manos a Ruby.

«Aprieta la mano, placer, placer, placer. Este es mi placer y después presentación. ¡Esta es la educación!»

Dejan caer a Ruby al suelo, que enfadada se levanta e intenta arreglase el pelo que durante aquella payasada había acabado sobre los ojos.

«Bien, yo soy Ruby y me voy»

Pinco Panco y Panco Pico la toman por el brazo y la detienen.

«Ah, no, marcharte no puedes»

«…Estás de visita en nuestra casa!»

Ruby resopla, ya cansado de aquella broma

«Lo siento, pero tengo cosas que hacer»

Los dos seres desaparecen antes sus ojos, para después multiplicarse y aparecer detrás de los setos

«¿Quieres jugar al escondite?»

Después vuelven a aparecer antes sus ojos riendo y enseñando la lengua

«¡Cordero que bello cabello!»

Ruby comienza a preocuparse de verdad. Disparan palabras sin sentido.

«Escuchad, debo irme»

«¿Quieres asistir a un encuentro de boxeo?»

Tras estas palabras, los gemelos comienzan a pegarse frente a Ruby que los mira asustada.

«Sois muy amables, pero de verdad debo marcharme»

Ruby los pasa y continua caminando hacia los palli pedoni que tranquillos pastaban la hierba bañada de rocío.

«¿Por qué?»

«Porque debo encontrar a la Oruga azul»

«¿Por qué?»

Comienza a hacer enervante esto, piensa Ruby mientras intenta dejar atrás a los dos gemelos que continuamente le bloqueaban el camino.

«Porque necesito una cosa que él tiene, para después encontrar a mi amiga»

«Oh, tiene una amiga»

«Sin cabeza»

Ruby se detiene ante aquellas palabras, se gira hacia lo gemelos que permanecen en silencio.

«¿Qué?»

«Tu amiga perderá la cabeza. Barco de vela, una vela enorme con diseño de langosta»

«Las langostas no bailan el limbo»

Ruby se acerca peligrosamente a los dos

«¿Qué queréis decir?»

«Las langostas no logran doblarse hacia atrás, así que no son óptimas aliadas para una competición de limbo»

Ruby pone los ojos en blanco

«Me refiero a lo que habéis dicho sobre mi amiga»

«Oh, tiene una amiga»

«Basta ya»

«Tu amiga perderá la cabeza hoy»

«La Reina de Corazones dará una fiesta en su honor. Donde habrá una competición de limbo. ¿Eres capaz de bailar?»

Ruby desencaja los ojos. Regina no puede salvarse. Corre hacia los palli pedoni, ignorando las reclamaciones de los dos gemelos.

Salta a la grupa del primero y vuelve sobre sus pasos lo más rápido posible. Tiene que salvarla.

El tiempo pasa y no consigue liberarse. Aquellas dichosas cuerdas son más gruesas y resistentes que lo que había pensado.

«Bravo, Regina, has calculado todo a la perfección y ahora te encuentras aquí, sola, hablando contigo misma cuando deberías estar allí fuera intentando volver a casa»

La celda en la que se encuentra es una especie de habitación de juegos, en el suelo había coches y muñecas y la pintura de la estancia es rosado peladilla y verde claro. Dentro de poco llegarían los guardias y se no encuentra un modo de escapar tendría que decir adiós a su vida. Oye un movimiento de llaves detrás de la puerta. Aquí estamos, piensa.

Los guardias abren la puerta, la cogen en peso y la sacan de la celda. Las luces del día la envuelven obligándola a cerrar los ojos y agarrase a los guardias para no caer al suelo. Cuando se habitúa a las luces mira alrededor. Se encuentra en una gran plaza octogonal en la que, clavada en el centro, se halla una lanza.

«¿Quieres familiarizarte con tu nuevo emplazamiento, querida?»

La mujer de rojo se pone a su lado y la precede en su camino hacia el centro de la plaza. Alrededor de ellas, una muchedumbre exultante compuesta de diferentes seres mágicos. Había mujeres barbudas y hombres con carmín y peluca. Conejos con grandísimos relojes como collares y jarrones de flores que saludaban a su paso.

Una vez en el centro es obligada a arrodillarse, mientras la Reina de Corazones se sentaba enfrente en su pequeño trono brillante.

«¿Algo que decir antes de encontrarte colgada?»

Regina sonríe levantándose y mirando con ojos retadores a la Reina de Corazones.

«Querría saber por qué la tenéis tomada tanto conmigo»

La mujer ríe de gusto detrás de su velo rojo.

«Simplemente porque habéis llegado a ser la mujer más poderosa de todos los mundos existentes. No quiero que me hagáis competencia»

Regina sonríe.

«¿A vos? ¿Vos que ni siquiera habéis salido nunca de vuestro palacio? Yo he atravesado mundos, vos no lográis atravesar esta plaza sin pedir ayuda a uno de vuestros criados»

La Reina de Corazones da orden a un guardia para que abofetee a Regina que, después de escupir la sangre que provenía de un corte en el labio, continua riendo.

«Vuestra majestad, es sencillo gobernar un mundo como el vuestro. Donde la locura no se oculta y donde el delito más grave es hacer pasar rosas blancas por rosas rojas pintándolas. Mi mundo es diverso, los locos no se distinguen de las personas normales y el mal podría esconderse en un amigo fraterno, antes bien que en un acérrimo enemigo»

La mujer le señala que se calle, mientras dirigía una mirada a los setos de rosas que goteaban pintura roja en el suelo. A continuación indica a los guardias, comenzado a gritar, seguida de la muchedumbre en delirio.

«¡Cortadle la cabeza!»

Un verdugo se acerca a Regina agarrándola por el pelo, y en la otra mano una enorme hacha. Regina cierra los ojos convencida de su ya cercano fin.

Escucha el veloz movimiento del brazo del verdugo que, sin embargo, se detiene a la mitad. La muchedumbre se calla y Regina nota disminuir el agarre sobre sus cabellos, y luego desaparecer. Cae de rodillas, y mira a sus espaldas. El verdugo está en el suelo, con una espada clavada en la espalda. Detrás de él un guardia con una capucha.

«¿Qué…?»

El guardia se baja la capucha dejando ver larguísimos y lustrosos cabellos morenos que rodean una sonrisa socarrona.

«¡Ruby!»

Ruby corre hacia Regina y usando un pequeño cuchillo la libera de las cuerdas, y la ayuda a levantarse.

«Hey, Regina. ¿Me equivoco o es ya la segunda vez que te salvo la vida?»

Regina, ya en pie, comienza a usar sus poderes para arrojar lejos a todos aquellos que intentan acercárseles.

«Pero, ¿cómo has podido…?»

«En el camino me encontré con dos gemelos verdaderamente cansinos. Me dijeron que había una fiesta en honor de tu cabeza»

«Pinco Panco y Panco Pinco»

Regina sonríe y se acerca a Ruby que, espada en la mano, controlaba que nadie se acercase.

«¡Guardias, cogedlas!»

La Reina de Corazones gritaba como una loca desde su sitio mientras la muchedumbre asustada corría a su lado escapando.

Regina mira más allá de la mujer de rojo y se da cuenta de que los refuerzos estaban llegando.

«Ruby, no sé si lo lograremos. Son demasiados incluso para mi magia»

Ruby mira a la masa de guardias que, rápidamente, se acercaban a ellas. Siente dentro sí una fuerza extraña, una fuerza que le hace tener una idea.

«Quiero probar una cosa»

Deja caer al suelo la espada y se quita la armadura, para ponerse a correr hacia el enemigo. Regina abre los ojos y comienza a gritarle

«¡Ruby!, ¿qué haces? ¡Vuelve!»

Ruby la ignora y sigue corriendo, mientras dentro de sí siente que la fuerza continua agrandándose. Cierra los ojos y emprende un salto humanamente imposible.

Regina abre desmesuradamente la boca al ver que quien aterriza en el suelo ya no es Ruby sino un enorme lobo castaño oscuro. Había aterrizado sobe los guardias que sorprendidos intentan escapar de sus fauces.

«Bravo, Ruby»

La Reina de Corazones se acerca Regina, mientras esta miraba a Ruby que bajo la forma de lobo parecía divertirse.

«¿Cuál es tu secreto? Dime. ¿Cómo logras siempre todo lo que quieres?»

Regina sonríe cogiendo por la garganta a la mujer y lanzándola lejos.

«Las personas fuertes logran siempre obtener lo que necesitan, querida. No es ningún secreto»

Se aleja de la mujer que chillaba desesperada que le cortaran la cabeza. Lanza a lo lejos a un par de guardias, pero enseguida se encuentra rodeada. En aquel momento, un tremendo aullido corta el estrépito de los gritos y Ruby aparece junto a Regina a la que empuja con su morro sobre su lomo.

«No querrás que… Oh, sí que lo quieres. ¡No voy a subir sobre tu lomo Ruby!»

Ruby resopla con su enorme hocico, para después gruñir y empujar otra vez a Regina.

«Ok, está bien, tú ganas»

Con un salto, sube a la grupa de Ruby que se echa a correr hacia el bosque, olisqueando el aire y reconociendo el olor de los palli pedoni que había dejado en el sendero. Detrás de ellas, los guardias tienen serias dificultades para seguirlas.

Aparecen de nuevo en el sendero, delante de ellas los palli pedoni, un poco intranquilos por el enorme lobo que los miraba. Regina desciende lentamente de Ruby, y espera que esta se transforme.

«Ha…sido…magnífico»

Ruby están tan exaltada que salta de aquí para allá, mientras Regina la contemple entre perpleja y divertida.

«Debo admitirlo, ha sido una buena jugada. ¿Quieres una galleta? Te lo mereces, Fido»

Ruby la mira enfurruñada, para luego echarse a reír seguida de Regina.

Era tanta la adrenalina en sus cuerpos, tanta que necesitan un tiempo para que Regina se dé cuenta de que Ruby está totalmente desnuda. Enrojece y la señala todavía riendo.

«¿No tienes frío?»

Ruby la mira confusa y al momento se da cuenta de a qué se refiere.

«¡Mierda!»

Regina hace un gesto con la mano y le coloca nuevas ropas.

«Con esto estamos iguales»

«¡Qué! Yo te he salvado la vida dos veces»

«Y yo he tenido que subirme a tu espalda peluda, valdrá algo»

«Suena mal, Regina»

«Lo sé. Venga, andando, casi hemos llegado. No veo la hora de dejar este maldito lugar»

«Idem»

Suben a la grupa de los palli pedoni y se ponen en marcha

«De todas maneras, Ruby. Gracias»

«¿Eh?»

«Estoy en deuda contigo. Me has salvado de nuevo la vida»

Ruby le sonríe y mira hacia delante

«Tranquila. Sabes, debes admitir que formamos una buen equipo»

Regina sonríe

«¿Ah sí? La Evil Queenn y la Wolf Girl. Parece el título de una película de fantasía»

Se echan a reír, y a continuación ambas se callan y miran hacia delante.

En un lateral del camino, se encuentran con una seta gigante, tan alta como ellas, de la que emanaba una nube densa y grisácea.

«Creo que hemos llegado»

Bajan de los caballos y liberan a los palli pedoni de las riendas.

«Gracias pequeños. Gracias por todo»

Regina pellizco amorosamente la espalda de los dos animales que, contentos, se ponen a correr para volver a casa.

Después, junto a Ruby se acerca a la nube de humo.

«Ni siquiera en la zona de fumadores del restaurante de la abuela hay tanto humo»

El olor acre era más persistente cuanto más se acercaban.

Cuando se encuentran delante de la seta, lo que ven sorprende aún más a Ruby. Hay un enorme ciempiés con semblante humano que, tranquilamente, fumaba de un gran narguile cerca de la seta.

«Eeee iii ooo uuu»

La Oruga azul cantaba alegremente, mientras que con dos patas se abanicaba, con otras dos se masajeaba la espalda y con una fumaba de la boquilla del narguile.

«Eee, iii, ooo, uuu»

Pronunciaba todas las vocales, mientras expulsaba por la boca el humo apenas inspirado, haciendo que este tomara la forma de las letras pronunciadas.

Regina rueda los ojos ante esa payasada, quiere acabar lo más rápido posible. Echa una mirada al final del camino, allí está el otro portal a través del cual había accedido la otra vez a este mundo con Jefferson

«Al menos, tenemos la salida cerca»

Señala a Ruby el espejo.

Mientras observaban el portal, el Oruga se da cuenta de su presencia y se les acerca silencioso, para después echarles encima una bocanada de humo ante la que Ruby comienza a toser, mientras que Regina con aire de superioridad agita la mano delante de la cara.

«¿Qué ser vosotros?»

Regina se da prisa en responder

«Visitantes»

«Yo no comprender. ¿Quiénes ser vosotros?»

«¿Vos sois la Oruga azul?»

«Yo soy una incógnita. Por ahora, la Oruga azul»

Ruby se entromete

«¿Oruga azul? Parece un enigma»

La Oruga mira a la muchacha, aspira otra bocanada de humo y lo echa fuera en forma de nudo

«Resuélvelo»

«No lo lograría»

«¿Por qué?»

«Nunca he sido muy buena con los enigmas»

Regina da un codazo a la muchacha que se está perdiendo en tonterías.

«Ruby, la guardia real nos están persiguiendo, mejor ir al grano»

La Oruga ignorando a la mujer se dirige a Ruby

«Tú parecer muchachita que en el pasado venido aquí. Ella no sabía quién era o cosa era. Alicia ese era su nombre»

Ruby acordándose del viejo cuento que había leído en uno de los libros de la biblioteca sonríe

«Imagino que ahora ella se ha despertado y ha vuelto a casa con su gatito»

La Oruga se acerca al rostro de la morena inundándola de una bocanada apestosa de humo, mientras una pequeña nube rosada en forma de niña bailaba alrededor de ellos.

«Ella, yo creer, muerta»

Ruby abre la boca y Regina pone los ojos en blanco entrometiéndose de nuevo.

«Pido perdón, pero debemos pedirle prestado un poco de humo de su narguile»

La Oruga pasa la boquilla del narguile a Regina

«Siempre dispuesto para ayudar a resolver los enigmas»

Del narguile, en cambio, no sale nada y Regina, que mientras tanto había sacado una pequeña ampolla, mira atravesado a la Oruga, que, a su vez, confuso observa el objeto que sujetaba entre las patas.

«Quizás es por esto»

Ruby ríe señalando hacia un par de patas de la Oruga que están apretando con fuerza el tubo que unía la boquilla al narguile. La Oruga destrenza rápidamente las patas del tubo, acercando de nuevo la boquilla a Regina que captura el humo y lo encierra en la ampolla.

«Bien, podemos irnos»

«Antes, escuchad mi canto»

La Oruga, echando el humo por las enormes narices, sonríe y comienza a recitar una extraña estrofa.

«El cocodrilito un día por el río desciende y nadando sorprende a unos peces en un grupito»

Ruby escucha extasiada al extraño ser mientras Regina no puede sino sonríe ante aquella imagen. Ruby parece una niña, se sienta con las piernas cruzadas y las manos apoyadas en los pies.

«¿Es todo…»

La Oruga se queda perpleja, mientras sus patas, dotadas de vida propia, intentan trepar, deslizándose, a la hoja en la que se había apoyado. Después de colocarse bajo la mirada divertida de Ruby continúa

«Y sus garras afiló, sus fauces abrió y los peces se comió»

Ruby se queda con la boca abierta desilusionada ante aquel final que le parece de todo menos adecuado para una estrofa infantil.

Va a hablar cuando Regina la toma por los hombros asustada y la levanta en peso señalándole a un par de guardias que detrás de ellas estaban acercándoseles.

«Demonios, corre»

Ambas a echan a correr hacia el portal, mientras a su lado sentían zumbar las flechas y las lanzas que afortunadamente caían al suelo.

«Dame la mano Ruby»

Ruby toma la mano de Regina y a poco metros del espejo saltan hundiéndose en su interior. No hubo necesidad de regresar a la gran sala circular. Sienten que son elevadas del suelo. Están volviendo a casa.

Emma estaba harta de estar ahí sentada. Habían pasado cuatro horas y el sol ya estaba apareciendo. Henry todavía estaba dormido entre los brazos de Belle que leía el libro del pequeño, Jefferson y James, que se había rendido a beber una taza de té con el sombrerero, charlaban sobre la innatural duración de la hora del té.

«Basta, me he hartado»

Emma se había levantado despertando a Blancanieves que se había dormido a su lado.

«¿A dónde vas?»

Emma se da la vuelta hacia la madre que se había despertado y la estaba siguiendo.

«Me marcho a casa y me llevo a Henry»

Henry, al escuchar los gritos de su madre, se despierta y observa a las dos mujeres discutir.

«No puedes marcharte, estarán de vuelta dentro de poco y después…»

«¿Después qué? ¿Qué?»

Jefferson al notar movimientos en su sombrero se aclara la garganta

«Emma, no seas cría, ¿qué te cuesta esperar un poco más?»

«¿Qué me cuesta? Debería estar buscando un modo de destruir a Cora y en lugar de eso estoy aquí esperando el regreso de Regina. ¿Qué me importa ella?»

Jefferson se aclara de nuevo la voz llamando la atención de Belle y de Henry que se acercan intuyendo lo quiere hacer notar.

«Perdonad»

Las dos mujeres no lo escuchan

«Te importaba Regina antes de esa maldita poción Emma»

«Basta ya con esa historia de la poción por favor»

«¡No, basta ya contigo!»

De repente un fuerte silbido hace que las mujeres dejen de pelear y se giren hacia el lugar de donde provenía. Belle, un poco temerosa, saca los dedos de la boca y sonríe, mientras Jefferson le hacía una inclinación.

«Gracias querida. Ahora si vosotras dos habéis acabado el espectáculo, creo que ha llegado la hora»

Jefferson señala el sombrero que iluminándose arroja hacia fuera a Regina y a Ruby haciéndolas caer en el suelo.

«¿Por qué el aterrizaje es siempre así?»

Ruby se levanta rápido lo que hace que se maree un poco. Regina mira alrededor para convencerse de que estaba en casa.

Todos sonríen y suspiran de alivio, mientras se acercan a las dos mujeres. Ruby corre a abrazar a Blancanieves.

«Al fin habéis vuelto. ¿Todo bien?»

Ruby asiente alegremente, mientras detrás de ella Regina observaba perdida los ojos de Emma. No puede creerlo, ella está ahí, en todo su esplendor. Cuánto la había echado de menos, sus largos cabellos rubios, sus ojos verdes y aquel aroma que aún a esa distancia la hace sentirse bien.

Pero Belle grita

«¡Cuidado!»

Regina, instintivamente, se da la vuelta y se encuentra cara a cara con un guardia de la Reina de Corazones. Siente una punzada de dolor en el vientre, mientras el guardia se alejaba feliz. Se mira las manos, manchadas de sangre. Su sangre. La punta de una lanza hundida en su estómago.

Cae de rodillas, mientras todos se le acercan y James empuja al guardia hacia el portal.

«¡Cierra ese maldito abismo Jefferson!»

Jefferson obedece inmediatamente, mientras Regina se siente rodeada por un cálido abrazo.

*Será divertido verte escapar de su caballero sin alma, tomará tu energía atravesándote con una lanza del todo anónima*

Dichoso Gato de Cheshire, tenía razón, pensó.