A caballo
Emma se queda buena parte del día almorzando con Regina y Henry, ya que éste había insistido tanto que Regina no pudo hacer otra cosa sino invitarla. Comparten entonces los tres juntos los primeros platos y Henry está más que curioso: preguntando a una y a otra, queriendo saber el plan de su madre e insistiendo para que Emma los acompañase a todos lados.
Y finalmente, Emma se encuentra al día siguiente en las caballerizas. El olor a heno y a caballo se le mete por la nariz, es muy desagradable. Regina la había llamado para citarla y no dudó ni por un segundo, hasta ahora, que la bella morena pudiese ponerle una trampa.
Pero, cuando siente dos pequeños brazos rodear su cintura, sonríe y suspira, tranquila. Se gira y ve a su hijo que le sonríe ampliamente.
E: «Hey, hola»
H: « ¡Has venido! ¿Estás preparada?»
E: «Euh… ¿Dónde está tu madre?»
H: «Ella está allí…»
Emma alza la mirada y ve a Regina, luciendo unos pantalones ajustados negros, una camiseta entallada blanca, así como guantes y botas negras. Se sorprende al verla así: efectivamente, ver a Regina llevar ese tipo de ropa no hubiera sido posible en Storybrooke.
R: «Miss Swan»
E: «Regina…»
R: « Permítame que deje su cargo en estos momentos»
E: «Puede llamarme Emma también» dice ella con una sonrisa, pero Regina ya se había girado y puesto su atención en un pura sangre de pelaje negro azabache.
***: «Tenga, miss Mills. Se llama Falco. Es fácil de montar
R: «Dele a mi hijo un pony, nunca ha montado»
***: « Bien, señora»
El palafrenero se va en busca del pony, y Emma ve otra cara de Regina: la de una mujer apasionada y atenta: la sonrisa que enarbola muestra todo el respeto y el amor que les tiene a estos animales.
E: «Ama a los caballos…»
R: «Se dice que son la más hermosa conquista del hombre… En mi opinión, creo que son los caballos quienes nos han conquistado» dice ella acariciándole el hocico
E:«Ya veo…»
El palafrenero regresa con un Pottok, un pequeño pony negro y blanco, así como con un Shagya de pelaje blanco inmaculado.
***: «Este para su hijo, se llama Rainbow, y este otro para su amiga, White Knight»
E: «No, lo siento, yo no voy a montar»
H: «¡Debes intentarlo!»
E: «Muchacho, prefiero ampliamente correr detrás de ustedes que montar ese caballo, y ¿por qué no tengo yo un pony también?»
Ella no ve la disimulada sonrisa de Regina, medio divertida, medio orgullosa.
H: «¿Tienes miedo?»
Ella suspira: es considerada como la Salvadora, como a él le gustaba decir, y tener miedo de algo, sobre todo de algo tan inofensivo como un caballo, no forma parte de la idea que se hacía Henry de un héroe.
R: «Inténtelo al menos…»
E: «Fácil de decir para usted. El único peligro que ha afrontado es sentarse en la hierba…» dice ella con una mueca en su cara
H: «Mi madre te ayudará»
R: «Por supuesto» dice ella con una sonrisa tan depredadora como sádica
Emma cree que ella la dejaría arreglárselas sola si el caballo partiera al galope, se encabritase o alguna otra cosa poco tranquilizadora.
Pero no tiene elección, porque Regina y Henry están ya sobre sus monturas. Ayudada por el joven, ella monta también más mal que bien. Ella se equipa con un casco y unos guantes para sujetar las riendas firmemente.
R: «Bien, Henry… Para que ande, le das un pequeño golpe, y para guiarlo, las riendas te serán útiles»
***: «Yo me quedo con él, señora. Hemos organizado vuestro recorrido como usted lo había pedido»
E: «¿Recorrido?
Como única respuesta, Regina sonríe y se aleja sobre su caballo, seguida torpemente por Emma y Henry que, finalmente, se las arregla mucho mejor que ella.
Salen de los boxes para llegar a un terreno abierto. Las vallas están colocadas un poco por todos lados y Regina entra con su caballo. Emma está hipnotizada por la gracia y la agilidad de la mujer que encadenaba las vallas con una habilidad que podría parecer que las maniobras eran fáciles.
Ni un error, ni una caída, Regina hace el recorrido perfecto bajo la mirada de admiración y de envidia de Emma. Descubre otra faceta de la joven mujer: su rostro parece relajado, en contra de su sempiterno aire grave, incluso sonríe, disfrutando del aire que le daba en la cara, que le desordenaba los mechones de cabello que se habían escapado de su moño. No lleva casco, lo que es totalmente irracional y peligroso, pero ella y su montura parecen ser solo uno. Ella está simplemente magnífica.
H: «Vas a tener problemas en hacer lo mismo, eh…»
E: «No sabía que tu madre montaba así de bien»
H: «Yo tampoco lo sabía»
Decididamente, todavía tiene mucho que aprender de esta mujer… Esta semana será interesante e instructiva…
Sale de su embotamiento cuando Regina acerca su caballo, apenas jadeante.
E: «Bravo»
H: «¡Sí, bravo!»
R: «Gracias» dice ella humildemente, como si fuera natural en ella «Venga, Henry, diviértete»
H: «¿Dónde vas tú?»
R: «Voy a iniciar a miss Swan en el paseo ecuestre»
E: «Euh, ¿puedo tener también una o dos clases antes…con un pony?»
R: «No se preocupe, no será tan malo. Venga»
Emma no está del todo tranquila, pero sigue a Regina en su caballo
H. «¿Podré ir la próxima vez?»
R: «Prometido» le contesta ella antes de alejarse en compañía de Emma
Algunos metros más adelante, salen del establo para encontrarse en medio de un inmenso prado.
E. «¿Acaso habrá una próxima vez?»
R: «Se desenvuelve muy bien, respire…»
Es fácil decirlo para ella, ¡amaba los caballos! Emma se endereza y, viendo que efectivamente todo iba bien, coge algo más de confianza y se acerca a Regina que había avanzado algunos metros.
E: «No sabía que hacía equitación»
R: «Cuando era joven, sí…»
E: «¿Por qué lo dejó?»
R: « No tenía tiempo… Tuve que hacer elecciones. Después llegó Henry y mi cargo en el ayuntamiento»
E: «Se ve que ama esto…»
R: «Pero amo a mi hijo mucho más»
Emma sabe que ella insiste sobre ese hecho, como para darle a entender que nunca abandonaría sin luchar con uñas y dientes y Emma sabe de lo que Regina es capaz.
E: «Finalmente… No es tan terrible…»
Regina se gira hacia Emma, divertida de ver cómo la joven intenta controlar la situación.
R: «En efecto. ¿Miss Swan?»
E: «¿Sí?»
R: «Me gustaría que comprendiera que, aunque Henry no es mi hijo biológico, seguirá siendo mi hijo pase lo que pase»
E: «Yo… lo sé, pero por qu…»
R: «… Entiendo por eso que, si él viene a hacer una elección más tarde, cuando él sea mayor y en edad de comprender todos los hechos, yo…»
E: «Regina, lo comprendo. He cometido errores, los asumo. Usted lo ha criado durante diez años, sola, con todas las responsabilidades que eso conlleva. Sé todo lo que ha hecho por él, y aunque él ahora no lo vea, Henry lo sabe también. Solo me gustaría…»
R: «¿Reparar las cosas?»
E. «No sé si mis errores y mis ausencias podrán ser reparadas, pero en todo caso, hoy, conozco a Henry y, usted lo sabe mejor que nadie, cuando se le conoce, es difícil olvidarlo»
R: « Estoy de acuerdo…»
E: ¿Sabe? También podemos hablar de otra cosa que no sea Henry…»
R: «Ha venido para eso»
E: «Sí, pero nuestras disputas verbales podemos dejarlas para Storybrooke… ¿Por qué no disfrutar de este escenario y de… nuestras monturas?»
R: «¿Disfrutar? ¿En serio?» dice ella divertida, sabiendo que Emma no parece muy a gusto sobre su montura
Ella da algunos golpes y parte al galope, dejando a Emma detrás.
E: «Super…» gruñe ella «Voy a estar obligada a mostrar agallas si no quiero parecer ridícula, ¿eh, White Knight?»
Pero de un golpe el caballo relincha y se embala ligeramente
E: «¡Oh, despacio… Hey…HEY OH!»
Pero el caballo parte en una carrera desbocada, Emma no puede hacer nada. Se agarra a las riendas como puede, aferrándose al caballo: puede sentir los músculos del animal contra ella y cómo su velocidad aumenta…
Regina no comprende al momento hasta que ella no ve al caballo pasar por delante tan rápido que ella misma casi cae al suelo. Sin reflexionar, parte al galope, fustigando los flancos de su caballo. Le cuesta llegar a la altura de la joven que había cogido una velocidad considerable.
Llegando a su altura, intenta coger las riendas pero no lo consigue, ya que la velocidad reduce su movilidad.
R: «¡Miss Swan, póngase recta!»
E: «¡Es…fácil de decir para usted!»
R: «¡Coja mi mano! ¡Swan, MI MANO!»
Emma está petrificada: ¡sabía que era una mala idea! Pero inspira profundamente, toma valor, y se endereza. Es en ese momento que ve a Regina galopando a su lado y tendiéndole su mano.
E: «Me…voy a…caer»
R: «¡No diga tonterías, querida!»
¡Qué flema…! Emma está casi celosa.
R: «¡Levántese! ¡Emma!»
La joven se levanta y agarra el brazo de Regina, de una manera más fuerte de lo que hubiera querido, haciendo casi caer a la mujer. Y a pesar del cuerpo débil de Regina, Emma es testigo de la fuerza sobrehumana que demuestra la joven al arrastrarla hacia ella. Emma salta de su caballo y, levantado los pies, se agarra como puede al cuello del caballo de Regina, así como a la cintura de esta. Una vez segura de que estaba sobre su caballo, Regina ralentiza, sintiendo a Emma deslizarse entre las manos.
El caballo va al trote cuando Emma cae al suelo, Regina da un golpe seco a las riendas, para el caballo, y se baja con rapidez y agilidad.
R: «¡Emma!»
Esta, tirada de espaldas, se endereza con dificultad, frotándose la parte de debajo de la espalda. Regina se agacha delante de ella:
R: «¿Estás bien?»
E: «S…sí, sí, gracias»
Regina resopla, aliviada y mira a los dos caballos: un poco más lejos, ellos pastan la hierba.
E: «Lo que hay que hacer para me llame por mi nombre» dice ella para aliviar la atmosfera.
R: «Sí, y bien, intente no arriesgarse tanto la próxima vez»
E: «¿La próxima vez? ¿Otra vez? Lo dejo, el caballo es mucho para mí»
R: «¿Supongo que está fuera de toda cuestión que vuelva a montar sobre el caballo? ¿Aunque sea para volver al establo?»
E: «¡De ningún modo! Prefiero caminar, pero si quiere montar, vaya. Nos encontraremos más tarde.»
Regina, como única respuesta, se levanta, va a recoger a los caballos y al pasar por el lado de Emma le tiende la mano. Ella se levanta, dándole un «gracias» con una señal de cabeza. Regina le tiende las riendas que Emma acepta y a pie continúan el camino. Y mientras caminan, Regina ve que Emma cojea un poco.
R: «¿Está herida?»
E: «No, no, Solo es… la caída»
R: «Monte sobre el caballo»
E: «No volveré a subir nunca más ahí arriba»
R: «No sea ridícula. El mejor modo de superar los miedos es encararlos. ¡Venga, monte!»
Emma no puede discutir: su muslo le duele hasta quemarle y su tobillo también le molesta. Ella no puede volver a pie, a no ser que contara con regresar de noche cerrada. Se aproxima al pura sangre y coloca su pie en el estribo sintiendo las manos de Regina sobre su cintura.
R:« A la de 3»
E: «…»
R: «¡1...2…3!»
La levanta como si fuera una ramita y Emma se coloca confortablemente. Regina monta sobre el caballo blanco y sostiene las riendas de las dos monturas.
E: «Lo siento»
R:«No es nada grave, su caballo quiso seguro seguir al mío, debo ser yo la que se disculpe. Suelo olvidarme que la equitación no es algo innato para todo el mundo»
E: «Escuche… La voy a dejar sola con Henry esta tarde»
R: «¿De verdad? ¿Por qué?»
E: «Yo… He estropeado claramente su semana de vacaciones… y esta mañana… Es lo menos que puedo hacer»
R: «Petición denegada»
E: «¿Por qué?»
R: «Henry pensará que yo la he echado, lo que es falso, pero en cuanto se trata de usted, Henry no quiere escuchar, solo ve y escucha por usted»
E: «Oh…»
R: «Entonces, oficialmente, yo se lo pido: quédese»
Emma está emocionada, aunque sabe que lo hace por obligación. Encuentra agradable este fin de paseo, lanzando furtivas miradas a Regina, tan graciosa sobre su caballo. No tiene vergüenza de decirlo, Regina es una hermosa mujer, con una prestancia y aplomo que casi le envidia.
Ella se pregunta cómo una mujer como ella ha podido permanecer soltera….
Ella ve a los lejos las caballerizas y casi le da pena que ese paseo acabe.
Cuando ven a Henry sobre su pony intentar el trote, esbozan una sonrisa:
E: «Felizmente, él no ha heredado mi aversión a los caballos»
R: «Sí, ya ha heredado mucho de usted…»
E: «¡Hey!»
R: «¿He dicho yo que sea negativo?» dice ella con una solapada sonrisa que desestabiliza completamente a Emma: ¿acaba Regina de hacerle un cumplido? ¡Ella misma no sale del asombro!
H: «¡Hey, mamás!»
Él baja del caballo y ve las manchas de tierra sobre el pantalón de Emma:
H: «¿Te has caído?»
E: «No, gracias a tu madre»
R: «¿Te ha gustado la clase?»
H: «Mucho sí, gracias. ¿Podré volver a hacerlo cuando regresemos a casa?»
R: «Ya lo pensaremos. Volvamos»
E: «Euh, yo también voy a volver a la pensión… Necesito,,, cambiarme»
H: «Sería más práctico si durmieras en el chalé» lanza inocentemente, o no, el muchacho.
Regina cree ahogarse por el estupor, en cuanto a Emma, se queda muda ante la sorpresa.
E: «Euh, escucha, chico, yo… No creo que sea…»
H: «¿Por qué no? ¡Tenemos una habitación de invitados! ¡Mamá, por favor! Podríamos hacer muchas más cosas si no necesitáramos esperarla por la mañana. ¡Por favor, por favor!»
Regina frunce el ceño y mira a su hijo, después a Emma… Y finalmente suspira.
R: «Si le parece bien, sea bienvenida» dice ella entre dientes
E: «No, escuche, Regina…»
R: «Miss Swan, insisto»
E: «Con una condición»
Regina, sorprendida de que la joven piense que pude pactar, sin embargo acepta:
R: «¿Qué?»
E: «Que me llame por mi nombre»
Regina alza la mirada al cielo, mientras que Henry sonríe ampliamente, satisfecho… Sí, decididamente, estas vacaciones serán prometedoras.
Emma regresa a la pensión sin creer verdaderamente en lo que acaba de pasar. Pero, ¿qué se le pasaría por la cabeza a ese pequeño de diez años para pedirle que se quede con ellos en el chalé? Es lo que se llama «imponerse con todas las de la ley» Evidentemente había visto cómo la mirada de Regina la fusilaba, pero no había sido ella quien lo había propuesto… No, tenía que ser su hijo. Traicionada por su propio hijo… ¡Magnífico, la odiaría ahora un poco más!
Y sin embargo, en el fondo de ella, parece estar encantada con la perspectiva de pasar un poco más de tiempo con Henry ese ese paisaje magnífico… Con Henry… Por supuesto.. ¿Con quién otro?
Una vez sus maletas hechas, sale en dirección al chalé donde Regina y Henry la esperan, poniendo la mesa en la terraza.
H: «¡Ya está aquí!»
R: «Cálmate y pon la mesa»
Regina lanza una mirada hacia el escarabajo amarillo y hacia la bella rubia que sale con una bolsa en la mano
E: «Re…» dice ella con una sonrisa ladeada
R: «Bien, la comida estará lista en un momento, supongo que una visita a la casa no estará de más»
E: «La sigo»
R: «Aquí el salón, aquí la cocina…»
El interior de chalé es todo de madera, una chimenea de piedra presidiendo, la cocina de estilo americana que daba directamente al salón. Unas escaleras conducían a la planta de arriba donde se encontraban tres habitaciones y dos baños.
R: «La habitación de invitados es sobre todo un despacho, pero el sofá cama será perfecto»
E. «¡Por supuesto, claro!»
R: « Mi cuarto de baño está en mi habitación, el de Henry es justo ese. Supongo que usará el de mi hijo»
E: «Sí. ¿Puedo ducharme antes de comer? No he tenido tiempo de cambiarme…»
R: «Dese prisa»
Emma le da las gracias y da una ojeada al lugar donde va a dormir: una habitación, al menos un despacho, todo de madera lacada, un poco sombría, pero espaciosa. Una gran biblioteca con una impresionante colección de libros de cuentos: Blancanieves, La sirenita, La Bella durmiente…
Percibe un agradable olor a manzanas asadas. Sale de su ensimismamiento y se da prisa en tomar su ducha. Pero una vez dentro, se da cuenta de algo…
E: «Mierda… ¿Regina?¡Regina!»
Regina sube, visiblemente molesta por perder el tiempo:
R: «¿Qué?»
E: «Euh, he olvidado coger una toalla…»
R: «¿Puedo?»
E: «Sí»
Regina entra en el cuarto de baño, una nube de vapor con efluvios florales la envuelve rápidamente, ella tantea antes de encontrar el armario de las toallas. Toma una al azar y se gira hacia la ducha: detrás de la mampara empañada por el vapor, Regina puede distinguir el contorno del cuerpo de la bella rubia, intentando, sin resultado, esconderse.
R: «To…Tome»
Emma estira el brazo y coge la toalla, sus dedos se rozan, intercambian una breve mirada antes de que Regina suelte la toalla y se escape del baño cerrando la puerta. Le dice que se dice prisa, una vez más.
Emma asiente, se seca y se viste a la rapidez del rayo, antes de descender y ver que ya estaban a la mesa, y su plato ya servido.
E: «Lo siento…»
Regina esboza una pequeña mueca antes de tenderle el plato
E: «Esto huele verdaderamente bien»
H: «Mamá es una de las mejores cocineras de Storybrooke, ¿no, mamá?»
Regina se sorprende una vez más de que su hijo la llame así, ella que no estaba acostumbrada desde la llegada de Emma, ya hace más de un mes.
R: «Sí…sí»
H: «Ella también hace una deliciosa tarta de manzanas. ¿La harás?»
El entusiasmo de su hijo la sorprende: seguro que es debido solo a la presencia de Emma en la mesa o al hecho de que haya decidido instalarse en el chalé. Regina no cree en absoluto que sea una cambio de actitud por parte de su hijo hacia ella.
R: «Acaba tu ensalada»
Henry vuelve a meter la nariz en su plato y la comida transcurre en calma, pero durante el postre Henry se aventura con un nuevo tema:
H: «¿Qué hacemos esta tarde?»
R: «No sé… Sé que hay un zoo no muy lejos…»
H: «¡Oh, sí, el zoo!»
R: «Miss Swan, ¿le apetece?»
La joven se sorprende de que Regina le pida su opinión, mientras que ella cree que no la necesita en lo que concierne a su hijo.
E. «Encantada»
H: «¡Genial1 ¡Voy a buscar mi cámara de fotos!»
Henry sale disparado de la mesa, pero Emma lo reprende y le ordena que recoja su plato, cosa que él hace con un pequeño gesto de disgusto. Por supuesto, eso no se le escapa a Regina que esboza una ligera sonrisa de satisfacción.
R: «Gracias»
E: «Soy la mamá guay, pero tampoco olvido la autoridad»
R: «¿La mamá guay? ¿Y yo qué soy? ¿La mama severa?»
E: «No, no es eso lo que quería decir…»
R: «Sé lo que quería decir, miss Swan» dice ella despacio
E:« Emma» rectifica la joven.
Regina la mira, un poco tensa, antes de relajarse:
R: «Emma…»
La joven siente escalofríos: nunca había escuchado a Regina pronunciar su nombre, excepto esta mañana, pero era más gritar o chillar que pronunciar con dulzura como ahora. Ella no puede sino sonreír.
R: «¿Qué?»
E: «No, nada. Bueno, voy a prepararme»
Y mientras entraba en la casa…
R: «¡Emma!»
E: «¿Sí?»
R: «Su plato…»
Por primera vez, intercambian una sonrisa sincera, ligera, sin mezquindad… Era agradable que la atmosfera se suavizase un poco.
Cuando la hora de compartir el mismo coche llega, es extraño ver a Emma y a Regina delante y a Henry detrás, sonriendo completamente.
E: «Le molesta si…»
Ella señala la radio y Regina encoge los hombros. Emma la enciende y da con una vieja canción de Madonna.
E: «Guay… ¿La conoces, Henry? Demasiado vieja para ti, ¿no?»
H: «Sí…»
Regina se inclina y lleva la mano hacia la radio, Emma piensa que, solo para contradecirla, va a cambiar de emisora, pero para su sorpresa, ella sube el volumen.
R:«No se equivoque, es que no quisiera escucharla más, es todo»
E: «Por supuesto…» sonríe Emma, sabiendo muy bien la verdad.
Emma se imagina a Regina bailando como loca el «Vogue» de Madonna y no puede creer que la joven pueda ser tan desvergonzada y jovial. De hecho, Emma no creía que Regina pudiera tener una vida díscola, ni en su juventud. La imaginaba siempre con esos trajes chaqueta y un peinado impecable…
Pero desde ayer todas esas imágenes austeras han caído una a una, para el gran placer de Emma.
